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Harry... vuelve a ser el mismo — capítulo 12
¿Es que nada tenía sentido ya?
Habían pasado dos semanas desde mi entrada a Hogwarts, todos mis planes se habían desbaratado, caído, retrasado, venido abajo. Si bien planeaba dar el golpe al ministerio y matar a Fudge lo más pronto posible para salir de aquella prisión llamadaHogwartsahora todo era diferente… y sólo había una culpable, una sola razón para mi repentino cambio de parecer: Hermione Granger.
Si bien esta mujer podía ser la más humilde y gentil en el planeta también era la portadora de un poder que nunca pensé que nadie gozara, tenía un total y completo control sobre mi mente y acciones. Ella ignoraba que podía ejercer tanto poder sobre mí… pero era inevitable, cualquier cosa que ella dijera era como una orden para mí. Aunque claro, Hermione también poseía un lado oscuro… un lado que por alguna extraña razón me atraía… era tan firme, tan capaz de todo. Tenía aquel don que no muchas mujeres tienen en estos días, la decisión. Si bien un día podía venir a mí y decirme que quería escalar la cima del monte Everest no habría poder humano -o mágico- que la hiciera cambiar de opinión.
Además había hecho lo que nadie había logrado hasta ahora, una hazaña de mínima importancia, pero se había ganado mi total confianza ¡Y tan solo en una semana! Siete días fueron necesarios para que estuviera al tanto de toda mi vida.
Era imposible para mí separarme de aquella doncella de castaño cabello y ojos color miel, todo el día estaba con ella. El colegio entero siempre nos miraba con ojos de envidia cuando pasábamos a su lado… pero por alguna extraña razón nadie pensaba mal de nosotros, todos sabían que éramos simplemente amigos, ni siquiera el hecho de que nos tomáramos las manos y nos estuviéramos juntos en cualquier lugar lograba que la gente pensara que éramos novios… no, la entera escuela de Hogwarts sabía que Harry Potter y Hermione Granger eran mejores amigos y actuaban tan cariñosos por simple amistad.
Pero…. ¿Por qué aquello me molestaba tanto? ¿Por qué no podía soportar el hecho de que la escuela pensara que éramos amigos? Lo éramos, claro que si… pero una parte de mi cerebro no dejaba de sentirse completamente colérica al pensar que éramos solo eso… mejores amigos.
— ¡Harry, Harry! — la irritante voz de Colin Creevey me sacó de mis pensamientos. Odiaba cuando eso pasaba, detestaba que alguien llegara a interrumpir mis ideas— ¿Te planeas quedar ahí todo el día? ¡Vamos, hoy es la visita a Hogsmeade!
Colin… ese chico con los años no había cambiado, su rubio cabello le llegaba a media frente mientras que su rostro siempre tenía aquella sonrisa que tanto me irritaba, era bastante bajo para cursar cuarto año lo que hacía que pareciera un enanito… pero aun así habían bastante chicas que estaban tras de él. Sinceramente no entiendo el porqué, después de todo Colin era un verdadero fastidio… aunque me agradaba el chico debo admitir.
— Ya voy— musité suspirando y cerrando mis ojos.
Casi lo olvidaba, Hermione y yo habíamos quedado de vernos para ir juntos a Hogsmeade, no tenía muchos ánimos de ir a aquel pueblito… pero lamentablemente la castaña poseía total dominio sobre mí. Suspire.
Estaba tan cómodo en aquella butaca, la sala común de Gryffindor estaba totalmente desolada. Colin abandonó finalmente la habitación dirigiéndose hacia la salida, el dormitorio de chicos era donde probablemente todo el mundo se encontraba cambiándose y preparándose para la primera visita al pueblo de Hogsmeade del año. Pensaba que aquello era una total pérdida de tiempo, podía quedarme a o a planear mi golpe al ministerio… pero en lugar de eso tendría que ir a visitar un pueblo que estaría colmado de gente.
Gente… era una de las miles de cosas que no podía tolerar. No soportaba estar en un lugar que estuviera lleno de ella, Hogsmeade estaría totalmente infestado por miles de alumnos de Hogwarts. Era por eso que había optado quedarme acostado en aquel cómodo sofá descansando mis ojos, las noches eran para mí una completa tortura… por alguna razón mis parpados se rehusaban a quedarse cerrados impidiéndome descansar.
Y aquello antes no me parecía tan malo, después de todo las noches me servían para meditar y pensar cuál sería el mejor método para invadir el ministerio… pero ahora incluso mis pensamientos habían cambiado drásticamente, incluso en las noches lo único que ocupaba mi mente era ella.
— Harry James Potter — hubiera pensado que aquello no era más que una simple alucinación si no fuera por el tono iracundo que poseía su voz al decir aquello.
Y, aunque sólo había dicho mi nombre, supe que estaba molesta… muy molesta. Hermione generalmente nunca me nombraba por mi segundo nombre y, cuando lo hacía, lo decía con tanta molestia que una parte de mí quería salir pitando de la habitación… le temía, si, pero cualquier hombre mantendría una distancia prudente de una mujer con una actitud similar a la de Hermione.
Me resistí al impulso de abrir los ojos para observarla pero sabía que si llegaba a dar señales de estar despierto me las vería con su furia, así que opté por fingir estar dormido. Escuchaba como esta bajaba rápidamente las escaleras de caracol y se acercaba a mí, probablemente furiosa. Me encantaba hacerla enojar, hacía gestos bastante cómicos mientras fruncía el ceño de aquella manera que sólo ella podía, sin mencionar que aquel hermoso rostro se convertía en una cara asesina… era divertido, y a la vez peligroso… más peligroso que nada.
— ¿¡Con que ahora juegas al dormido no!? — sentí como se quedaba estática a un lado del sillón en el que me encontraba… algo pasaría si no le respondía… valía la pena. — Perfecto.
Escuché como se alejaba unos pasos de mi, al parecer se marcharía… ya la contentaría más al rato, probablemente en Hogsmeade.
— ¡Aguamenti!— exclamó la voz de Hermione a lo lejos… no tuve tiempo de reaccionar antes de que una gran cantidad de agua comenzara a caer sobre mí, mojando el sillón mis ropas y todo lo que estaba a su alcance.
— Joder— murmuré mientras, en un desesperado intento de escapar de aquel maremoto, me tiraba hacia el piso completamente empapado.
— ¿Ya estas despierto? — me preguntó usando una duce voz… que ingenuo había sido al pensar que Hermione Granger me dejaría descansar a mis anchas.
— ¿Qué demo…? ¿Pero…? ¿Por…?— de mi boca sólo salían preguntas sin terminar, me estaba ahogando, al parecer una gran cantidad de agua me había entrado por la boca.
— Me alegro, ahora solo cámbiate que ya tomaste una ducha— añadió con fingida dulzura en la voz mientras se iba nuevamente al dormitorio, no pude observar su ropa o su cara… estaba más ocupado tratando de no morir ahogado.
Cuando por fin pude estabilizarme mire como había quedado el lugar, la sala común de Gryffindor estaba totalmente mojada, los sillones, los libros, la chimenea… vaya confianza que había tomado Hermione, es decir, ates apenas me dirigía la palabra y ahora incluso me lanzaba hechizos… ¡Quien entendía a las mujeres!
Tomé mi varita y arreglé aquel caos que aquella vengadora castaña había dejado… muy a mi pesar comencé a subir las escaleras de caracol en dirección al dormitorio de chicos, necesitaba cambiarme ya que el día anterior castaña me había dejado más que claro que no podía usar mi tan amada camisa blanca y mis jeans… al parecer creía que estaba pasado de moda.
— Pasado de moda— susurré para mi mismo disgustado, sería la primera vez en mucho tiempo que cambiaria mi forma de vestir. —Pasado de moda su cabello…
Me reí de mi propio comentario, acostumbraba hacer eso cuando me encontraba solo… que era la mayoría del tiempo. Pero amaba la soledad, me encantaba estar solo con mis propios pensamientos ya que estos nunca me traicionarían… a menos que estuviera con Hermione… con ella mis ideales se venían abajo… aquella damisela tenía ese poder innato de hacer que mis pensamientos no fueran coherentes ni razonables… cosa que nadie lograba, nadie más que ella.
— Vaya Potter, ¿Te sumergiste en el lago? — Escuché que decían al momento de entrar por la puerta, Seamus Finnigan nunca perdía oportunidad de burlarse de mí, al parecer eso le subía la autoestima a aquel muchacho.
Gracias a Merlín que hacía meses había aprendido a ignorar a las personas, podría enseñar acerca de eso definitivamente. Ignorar era mi especialidad, era como una bendición… y al mismo tiempo maldición, no era muy sociable… ¿Pero qué digo? ¡Era un completo antisocial! Por alguna razón odiaba mantener una conversación con una persona, simplemente no estaba en mis venas ser simpático.
La mayoría de las veces mi actitud fría y mis comentarios sarcásticos alejaban a la gente… la mayoría, pero al parecer todo Hogwarts era la excepción. Las niñatas me seguían a todas partes sin mencionar que los chicos me miraban con envidia… pero, ¿Por qué? No entendía eso, a todo el mundo lo trataba con la punta del pie sin embargo estos volvían a ser rechazados una vez más… masoquismo era la enfermedad que tenían los alumnos de aquel colegio.
— ¿Ahora me ignoraras, Potter? — la voz de Seamus era completamente irritante, era chillona… simplemente me lastimaba los oídos. — ¿Iras a Hogsmeade con Granger no es así?
De nuevo me quede callado, todos los hombres presentes se me quedaron mirando, viendo mis mojadas ropas con dudas plasmadas en los ojos. Me dirigí con lentitud hacia mi baúl, este se encontraba a un lado de mi cama que estaba en un rincón alejado de la habitación… Dobby había elegido esa cama especialmente para mí, sabedor de que no quería estar cerca de los otros.
— ¿Por qué nunca llegas a dormir? — indagó el Finnigan, sentí las miradas de todos posándose sobre mi espalda pero no me importo, eso no era algo que les tuviera que importar.
Sin más llegue a mi valija abriéndola y hurgando en su interior, recordaba haber puesto dentro un conjunto de ropa que quizá le agradaría a Hermione, finalmente la encontré. No fue tan difícil ya que dentro solo había dos túnicas y unas cuantas camisas blancas con sus respectivos jeans. Tome aquella ropa entre mis manos y me dispuse a salir.
— Te estoy hablando. — dijo Seamus en tono quedo mientras se ponía delante de mi obstruyendo mi salida.
Era un poco más alto que yo, unos 5 centímetros pero no me intimidaba para nada. Su rostro me miraba amenazante lo que provoco que una sonrisa apareciera en mis labios, Seamus ladraba, más nunca mordía.
— ¿Por qué te interesa? — le pregunté. A mi derecha estaba Ron a un lado de su cama aun con la pijama puesta, este me miraba de manera cautelosa.
Hacía mucho tiempo que él y yo no nos dirigíamos la palabra… pero al parecer este no se metería conmigo, no se interpondría en mi camino por la amistad que alguna vez tuvimos… idiota.
— Respóndeme— me dijo con voz firme y amenazante.
— Esas no son cosas de tu incumbencia. — contraataqué, mi voz debió sonar demasiado intimidante ya que este me miró sorprendido al igual que todos en la habitación.
Esquivé a aquel sujeto y me abrí paso hasta llegar a la puerta, por fin salí y baje rápidamente las escaleras.
— ¡Zaraso!— pronuncié al llegar a la sala común y cerciorarme de que estuviera vacía. Rápidamente las ropas que traía fueron sustituidas por las que cargaba en la mano hasta ahora. No sabía si se veía muy bien… pero era lo único que tenía. (http://www.ultra.com.mx/radio/images/stories/principal/daniel—radcliffe.jpg)
Ducharse: Listo.
Cambiarse: Listo.
Cepillarse los dientes: Listo.
Peinarse: … Pospuesto.
Encontrarse con Hermione: En proceso.
Después de recapacitar una vez más mi lista de deberes emprendí marcha hacía el comedor de Hogwarts, probablemente Hermione estaría allí.
Cuando estaba saliendo por el retrato de la señora gorda un pequeño alumno chocó contra mí: Colin.
— ¡Harry!.. ¡Harry! — Murmuró exaltado y con voz entrecortada, al parecer había venido corriendo— Hermione… me dijo que te dijera… que se veían… en la biblioteca…
— Gracias— le contesté simplemente y me fui, dejando al muchacho hiperventilando recargado contra la pared.
Sentía bastantes ansias de mirar a Hermione, aunque en la mañana hubiera estado a punto de matarme (cosa que sin dudar le reclamaría) realmente quería ver cómo iba vestida/arreglada, después de todo, sólo la había visto con el uniforme y su cabello amarrado en una improvisada coleta.
Mis pies bajaban a toda velocidad aquellas escaleras movedizas, después de esquivar a unos cuantos chicos por fin llegue al pasillo que me conduciría a mi destino: la biblioteca.
Era un poco extraño que hubiera elegido ese lugar como punto de encuentro… pero eso era una de las cosas que más me gustaban de la chica, que no era nada predecible. Si bien podía fácilmente leer cual sería el siguiente movimiento de las personas o adivinar fácilmente que estaban pensando con ella era totalmente diferente. Siempre me sorprendía aquella dama.
Hablando de personas predecibles… Sirius era una de ellas. Al parecer después de mi pequeña charla con Dumbledore acerca de mis padres este le había contado todo a canuto… ¿Y que había hecho él? ¡Escribir mil y un cartas! Sobres con disculpas llegaban todas las mañanas hacia mí, al parecer a este le había remordido la conciencia al saber que estaba al tanto de la existencia de los Potter… Pero me había dejado en claro que no me podría explicar porque había actuado así… al parecer ese era un asunto que prefería hablar en persona.
— Hermione— susurré al verla justo enfrente de la puerta de la biblioteca, como era lo usual cuando la vi todos mis pensamientos se disiparon… se veía hermosa…
— Harry— me contestó un poco apenada al notar mi mirada escudriñando cada rincón de su atuendo.
La palabra "hermosa" se quedaba corta… Hermione lucía como una verdaderaveela. Llevaba un suéter color gris que le llegaba un poco mas debajo de la cintura, una mallas color negro que resaltaban perfectamente sus piernas, unas sandalias color plateado que combinaban perfectamente con su atuendo y su cabello caía libremente sobre sus hombros enmarcando su rostro y una bufanda color negro claro se enredaba alrededor de su delicado cuello… definitivamente más que hermosa…
¡Sin mencionar aquel maquillaje que estaba usando! Pequeños retoques con polvo color rosa hacían que su piel cambiara de ese color lechoso que tenía normalmente a uno cremoso realmente encantador, sus pestañas estaban cubiertas con rímel color negro haciéndolas ver aun más largas y resaltando aquellos ojos color miel tan hipnotizadores que poseía… su labios… si estos se veían provocadores sin nada encima ahora con aquel brillo rosa se veían realmente exquisitos.
Definitivamente me encantaba aquella nueva Hermione, si creía que la anterior con la túnica negra y una improvisada coleta era hermosa… entonces esta era una verdadera modelo, una veela…mi veela.
— Me alegra que uses otra ropa— me comentó medio en broma haciendo que saliera de aquel trance en el que había caído al verla, aunque su nerviosismo era latente… al parecer creía que las prendas que vestía me resultaron demasiado provocadoras… Si supiera lo que en realidad estaba pensando.
— Primero que nada, me debes una disculpa— bufé recordando lo acontecido esta mañana. Ella me miró sin entender por unos momentos, luego una sonora carcajada salió de sus labios… una melodiosa y natural risa…
— La siguiente vez no te hagas el dormido. — sugirió con una enorme sonrisa surcando sus labios. Se acercó a mí y comenzamos a caminar juntos hacia los jardines de Hogwarts donde la profesora McGonagall nos esperaba para guiarnos al pueblo.
— ¡Casi muero ahogado! — me quejé.
— Puedes combatir mil dementores pero casi mueres por un Aguamenti. — dijo con sorna mirándome con un brillo particular en sus ojos.
—Pero cuando yo te lo haga a ti…— murmuré en voz baja… pero me arrepentí al notar la mirada asesina de la ojimiel.
— ¿Qué has dicho? — indagó amenazadoramente, me había escuchado.
— Que… que en Hogsmeade iremos al lugar que tanto te gustaba — respondí mientras maldecía mentalmente mi poca imaginación.
— ¿A sí? ¿Y qué lugar es ese? — preguntó, me estaba torturando… ella estaba completamente consciente de lo que había dicho… simplemente quería divertirse.
— Las tres escobas— conteste rogándole a Merlín que fuera cierto.
Me miró con recelo durante un rato sin dejar de caminar, después me sonrió al notar lo nervioso que me ponía aquel mirar... no dudaba que Hermione me convertiría en sapo si decía alguna cosa que no le pareciera.
— Eso espero, Harry— generalmente odiaba mi nombre, realmente detestaba aquel "Harry" que tan grotesco se oía a mi parecer... pero cuando salía de sus labios se escuchaba tan… melodioso, tan distinto… incluso hacia que me gustara.
Sonreí, era tan diferente cuando estaba con ella, generalmente nunca me arrepentía de nada y, de las pocas ocasiones que lo hacía, no dejaba que nadie lo supiera… mi orgullo era muy pesado. Sin mencionar que odiaba tener contacto físico con la gente, prefería estar solo la mayoría del tiempo… pero con Hermione todo cambiaba…
Si bien era una persona completamente indiferente, y fría… con ella todo era distinto. Me comportaba más comprensivo y cariñoso por alguna razón, cambiaba totalmente ante su presencia sin siquiera notarlo.
Volví a la realidad al sentir algo cálido envolviendo mi mano, sonreí de lado entrelazando nuestros dedos como acto reflejo y acercándola un poco más a mí.
¿¡Por qué carajo nadie pensaba que éramos novios!? ¿De verdad era tan obvio?
— ¿En qué piensas? — me preguntó, al aparecer llevaba un buen rato mirándome sin que yo me percatara.
— La verdad, me preguntaba cómo es que nadie en Hogwarts piensa que somos… más que amigos— respondí con sinceridad.
Me observó sorprendida mientras su rostro se tornaba rojo carmín, adoraba cuando eso pasaba ya que la hacía ver bastante dulce y se mordía el labio inferior que era su costumbre cuando se ponía nerviosa o pensante.
— Porque… a pesar de que siempre estamos juntos no nos tratamos como… pareja— explicó algo apenada, al parecer quería evitar decir la palabra "novios" a toda costa.
— Oh… ¿Te refieres a besarnos y cosas por el estilo? — pregunté, sabía la respuesta… pero aun así me gustaba ponerla nerviosa.
— Si, Harry— contestó apenada girando su cara para esquivar mi mirada
— No entiendo— musité fingiendo frustración, entendía y perfectamente… pero quería ver que significaba para ella ser novios.
Ella suspiró, se notaba que estaba bastante incómoda pero tenía la extraña manía de que, cuando alguien no entendía algo, por mínimo que fuera… lo explicaba. Bendito sea Merlín por haberle otorgado aquella cualidad.
— Verás, cuando dos personas son… novios, se lo demuestran. Es decir, tú y yo nos tomamos de la mano pero aun así nos faltaría ponernos apodos empalagosos como "amor" "mi cielo" y cosas por el estilo— finalizó con la cara totalmente roja.
— Así que ¿eso es una relación para ti? — pregunté algo perplejo por su contestación… pensaba que Hermione era más… sensible.
— ¡Claro que no! — Exclamó alarmada, como si hubiera dicho una blasfemia— Ser pareja es depender del otro, estar completamente seguro de que él te ayudara en las buenas y en las malas, enfrentar al mundo juntos… pero eso ya lo hacemos así que…
Mi cara palideció al escuchar eso ultimo… definitivamente estaba totalmente confiado en que ella no me decepcionaría… pero ese "enfrentar al mundo juntos" no me había gustado mucho, implicaba demasiadas cosas.
— ¿Y para ti que…?
— Mira, ahí está todo mundo— la interrumpí sabedor de lo que me preguntaría, señalé hacia un gran grupo de gente que se encontraba reunida en las afueras del colegio.
La profesora McGonagall se veía bastante estresada, estar al mando de cientos de alumnos eufóricos por la visita a Hogsmeade no debía ser sencillo.
— Potter, Granger ¡Bendito sea el cielo que llegaron!— dijo mientras se acercaba a nosotros bastante acalorada al vernos llegar, definitivamente estaba fuera de sus cabales— Siendo los dos prefectos ¿Me harían el favor de ayudarme?
Una mirada de sorpresa ocupó los ojos de Hermione quienes me miraban con recelo… al parecer había olvidado contarle el pequeño detalle de que era el otro prefecto de Gryffindor… más al rato me las vería contra su furia como era obvio.
— Claro, profesora— le contestó con tierna voz, pero me estaba apretando la mano de una manera… no muy sutil… definitivamente se vengaría de aquel olvido.
La vista de Minerva McGonagall se enfocó en nuestras manos entrelazadas, en un momento paso de una mirada de completa desesperación a una llena de ternura y comprensión, una sonrisa apareció en sus labios para mi sorpresa. Aparté mi mano de la suya rápidamente, como si el contacto quemara. Sentí como me miraba con resentimiento mas no me giré para enfrentarla.
— Yo… esto… Harry tu agrupa a los chicos, yo me encargo de las mujeres— dijo hablando bastante rápido como era su costumbre cuando se ponía nerviosa, sonreí al notarlo— Chicas… ¡oigan!
Aquel era un completo caos, los alaridos de Hermione pasaban inadvertidos ante el semejante bullicio que creaban los alumnos… ahora entendía la desesperación de McGonagall. Giré para mirarla pero al parecer está ya había huido a algún otro lugar más tranquilo… que inteligente.
Me quedé ahí observando como Hermione se acercaba a la multitud intentando controlarlos… pero ¿Enserio pensaba que unos alumnos inmaduros y excitados por el viaje le pondrían la mínima atención?
— ¿Disfrutas la vista? — me preguntó con ironía al notar el poco interés por mi parte, al parecer le estaba contagiando mi sarcasmo.
— No realmente, sería más bella si pudieras hacer que se callaran— le respondí de igual manera, su mirada colérica me hizo entender que no estaba de humor para bromas.
Nuevamente me dio la espalda y continuó tratando de calmar aquella frenética multitud, notaba como comenzaba a desesperarse… solté un largo suspiro, normalmente no me metería en aquel tipo de situaciones… pero ella me mataría si no lo hacía.
— ¡Sonorus! — Exclamé el hechizo, este hacia que mi voz sonara bastante fuerte como si tuviera un micrófono por delante—Estamos a punto de partir, por favor formen una fila de hombres y otra de mujeres… ¡Ordenadamente!
Fue innecesario adherir aquella última palabra. Si antes aquello era un alboroto se había convertido en un auténtico caos, chicas empujando chicos, chicos maldiciendo a las chicas, chicas empujándose unas con otras… demonios, aquello no había sido tan buena idea.
— Gracias— dijo con sinceridad mientras se acercaba a mí, completamente exhausta de tanto gritar. Tomé nuevamente su mano como acto reflejo al tenerla cerca, aquello se había convertido en una clase de necesidad.
Esperamos un buen rato a que estos se calmaran, cuando por fin lo hicieron y se formaron en dos filas (algunas mujeres estaban completamente despeinadas mientras que los hombres tenían algunos arañazos en la cara) la maestra McGonagall salió convenientemente de su escondite con una gran sonrisa en sus labios.
— Gracias— murmuró por lo bajo hacia nosotros— dicho esto, ¡Que comience el viaje!
Comenzó a caminar en una dirección desconocida para mí, noté como Hermione caminaba con la total intención de seguirlos… pero la detuve reteniéndola de la mano sin moverme del lugar donde estaba, ella me miró bastante sorprendida por lo que solo le dediqué una sonrisa tranquilizadora. Espere pacientemente a que todos se alejaran.
— Harry, ¿nos acompañas? — preguntó una voz a mi lado, me giré a observarla… era Cho. Estaba acompañada de un grupo de sus amigas de Ravenclaw que me miraban como… desquiciadas… como completas lunáticas.
Seguía sin entender el porqué, ni siquiera el año anterior había sido tan popular y perseguido por tantas chicas… y justo ahora, justo el año que deseaba estar aislado y trataba a todo el mundo con desprecio era cuando se interesaban. ¡Mujeres, quien las comprendía!
Noté como la mirada de Hermione observaba a Cho y viceversa. Eso era algo que completamente me aterrorizaba, podía combatir mil dementores, pelear contra Voldemort, luchar contra un basilisco sin morir, sobrevivir un mes en el bosque más peligroso del mundo… pero definitivamente eso era lo más peligroso, algo que le tenía completo pavor: una pelea de mujeres. Estas eran tan inteligentes que en lugar de iniciar con contacto físico como los hombres, observaban a su contrincante con una mirada de desprecio… cosa que estaban haciendo en ese momento la castaña y la oriental… sentí como se me ponían los pelos de punta al ver aquellas miradas… completamente escalofriante…
— Lo siento, está conmigo— le respondió Hermione con una sonrisa fingida sin apartar los ojos de la pelinegra quien la observaba con absoluto odio y rencor… ¿Por qué me había gustado tanto aquella frase?
— El podrá decirlo si es así— rebatió Cho mirándome con un extraño brillo maniático en los ojos.
— Sería un placer… pero estoy con ella— repetí, sentí la mirada de todas las presentes sobre mí.
Cho soltó un bufido molesta al escuchar aquello mientras se iba siguiendo el camino de la profesora McGonagall sin decir una palabra más, seguida por su club de amigas que me miraban de soslayo.
Hermione se giró a verme… imaginé que tendría una gran sonrisa en los labios por mi contestación… pero su rostro poseía una mueca iracunda en su lugar.
— ¿Entonces no vas con ellas simplemente porque estás conmigo? ¿Si no fuéramos a ir juntos las hubieras acompañado? — preguntó con voz impregnada de ira.
Caminaba hacia mí de manera intimidante, no pude evitar flaquear y retroceder ante semejante rabia que reflejaba su rostro… ¿Qué demonios? ¡Pensé que había respondido lo más inteligente!
— ¡Puedes irte con ellas Potter, yo iré con Lee Jordan!
Dicho esto inició una furiosa caminata hacia los rumbos por donde los demás habían partido… ¿Qué tenía que ver Lee en todo eso? ¿Por qué me molestaba tanto aquello? ¿Por qué no podía soportar la idea de que Hermione fuera con el Jordan?
¿Quién entendía a las mujeres? ¡Por Merlín, necesitaba un manual para aquello!
Tan tan.
¿Qué les parecio?
Intenté ponerme en el lugar de Harry, pero esta será la ultima vez que lo haré... prefioro seguir relatando la historia como antes...
¿O quieren un capitulo con Pov. Hermione también?
¿Creen que Herms sentía celos?... naah no creo.... ¿o sí? :O
¿Creen que Harry este enamorado?.... naah no creo.... ¿o sí? :O
PD: ¿Ven las imagenes en la portada?... es que en algunas compus se ven y en otras no T_T
Miles de millones de gracias a los que comentan!
Realmente esta historia sin ustedes no sería nada