← El mordisco de la serpiente · de
El mordisco de la serpiente — capítulo 23
Habian pasado seis meses desde la batalla contra Voldemort y su séquito en el castillo de Hogwarts. Ron y Ginny insistieron para que sus amigos se trasladaran a la Madriguera indefinidamente ya que ambos no tenian hogar en el Londres muggle. Hermione que estaba fuera de cuentas y a la espera de la llegada de su primer hijo descansaba en la cocina de la madriguera mientras tomaba un té. Harry, Ron y Ginny junto al resto de la familia Weasley, excepto Molly que se habia quedado cuidándola, estaban en el castillo ayudando a su reconstrucción, ya quedaba menos para que de nuevo abriera sus puertas a los jóvenes magos pero aún quedaban detalles sin zanjar.
-Hermione querida voy a tender la ropa ¿Necesitas algo, cielo?-le preguntó Molly con su habitual amabilidad materna.
-No, estoy bien.-le sonrió la castaña con el semblante muy cansado.
-Ya te queda poco, cielo. El último mes es el mas pesado, apenas estás cómoda en la cama, no duermes y apenas puedes moverte.-explicó ella con una sonrisa mientras recordaba sus embarazos. La señora Weasley, a ojos de Hermione, ya no era la misma. Aunque ella queria aparentar normalidad, no podia evitar echar en falta a uno de sus hijos.
Fred habia muerto en la batalla y era una carga que tanto Harry, Ron y Hermione llevaban a cuestas. Los tres sentian que de alguna manera podian haberlo evitado.
-Señora Weasley yo...-empezó Hermione
-No hace falta querida, mi hijo hizo lo que tenia que hacer. Él siempre va a estar entre nosotros.-contestó sonriendo aunque una lágrima rodó por su mejilla.
-Hay otra cosa que me gustaria decirle.-pidió la castaña. Molly la miró con atención.-Yo... siento que de algún modo... la he decepcionado.-soltó la chica poniéndo atención a la mesa.
Aquella revelación habian pillado a la señora Weasley de sorpresa. Dejó la cesta con la ropa a un lado y se sentó al lado de la castaña. Le cogió el mentón con ternura e hizo que la mirara.
-Hermione, para mi siempre serás como una hija mas. Yo no te puedo juzgar por tus acciones. Si que es verdad que cuando me enteré no me pareció del todo bien, eres tan joven y tienes tanto por delante ahora que ya no está Voldemort, pero has demostrado innumerables veces que eres muy madura para tu edad y bueno, todos alguna vez en nuestra vida hemos cometido errores; mirame a mi, yo me fugué con Arthur y quedé embarazada de Bill antes de casarme.-sonrió mientras su mente se perdía en los recuerdos.
-Pero lo tuvo con la persona de la que estaba enamorada.-exclamó la castaña con un suspiro. Se sentía derrotada y sola.
Draco Malfoy habia desaparecido después de la batalla y nadie habia tenido noticias de él. En todo ese tiempo Hermione se habia mentalizado de que ella iba a criar a su hijo sin su padre.
Y para empeorar, después de tantas confusiones y errores, habia llegado a la conclusión de que su corazón era de Ron, después de todo, el pelirrojo habia sido el que habia estado a su lado en todo momento después de la batalla. Pero no podia ser egoísta y pedirle que fuera el padre del bebé.
Dispuesta a levantarse e irse al sofá a descansar, un dolor profundo casi hace que la chica caiga al suelo. Sintió que su ropa se mojaba.
-Por Merlín querida has roto aguas y los chicos aún no han vuelto.-exclamó preocupada Molly ayudándo a la castaña a moverse.-Hay que controlarte las contracciones...-explicó mirando el reloj.
-Señora Weasley, ¿esto duele mucho?-preguntó Hermione respirando con dificultad a causa de los calambres que la envolvían.
-Si no vienen pronto para ayudarme a llevarte a San Mungo, me temo que lo tendrás de parto natural.-dijo preocupada mientras lo preparaba todo para la llegada del bebé: Toallas, agua caliente...
-¿Sin anestesia?-exclamó Hermione asustada mientras otra contracción la hacia gritar. Sentia que se iba a morir y aún no habia llegado lo peor.-Señora Weasley avise a alguno de los chicos... yo esto no lo voy a poder resistir.-exclamó con miedo.
-Hermione, escuchame cielo, sé que esto es muy doloroso pero tienes que estar tranquila, avisaré a los chicos, pero necesito que mantengas la calma, ¿de acuerdo?
La castaña asintió, estaba aterrada pero al final valdria la pena.
Con ese pensamiento se acomodó en el sofá de tal forma que Molly podia examinar si el bebé asomaba la cabecita o no.
Contracción a contracción, Hermione aguantó el dolor como pudo. Molly le decia que si tenia que gritar que lo hiciera, que se desahogara. Cuando llegó el momento de empujar para que el bebé naciera, Hermione miraba el reloj sin poderse creer que hubieran pasado siete horas, ya casi estaba anocheciendo pues Molly habia encendido las luces de la casa. La chica sentia que todas sus fuerzas se iban con cada contracción y no sabia si le iban a quedar para empujar.
-Creo que llegó la hora, has dilatado lo suficiente.-dijo la señora Weasley.
-No sé si puedo...-dijo aún mas asustada. En ese momento la valentia de Gryffindor la habian abandonado.
-Si vas a poder, por tu hijo, asi que cuando te venga una contracción, empuja con todas tus fuerzas.-explicó
Hermione sintió que venia una contracción y empujó. El dolo que sintió era indescriptible y pensó que preferia un cruciatus antes que pasar por aquello de nuevo.
-Puedo verle la cabecita, empuja un poco mas.-pidió la señora Weasley.
Otra contracción llegó y Hermione volvió a empujar, sentía como si se partiera en dos.
Escuchando el llanto de un bebé, perdió el conocimiento.
Abrió sus cansados ojos con el sol dándole en el rostro. Reconoció el lugar como la habitación que ocupaba con Ginny, sentía cada parte de su cuerpo adolorido y apelando a sus pocas energias consiguió sentarse en la cama. Una parte de su cuerpo se resintió al quedar sentada así que con cuidado se recostó apoyando su cabeza en el cabecero de la cama. No podia creer que hubiera tenido a su hijo en un parto natural sin anestesia ni nada. No entendía como habia mujeres que tenian mas de uno... era de locos pasar por tanto.
La puerta llamó su atención y con emoción vió a Ginny entrar con el bebé en brazos arrullado en una mantita de color azul. No pudo evitar que las lágrimas hicieran acto de presencia.
-Mamá ya despertó.-exclamó la pelirroja de los Weasley sentándose al lado de su amiga y pasándole al bebé con cuidado.
Hermione no podia parar de llorar al ver a su pequeño bebé por fin en sus brazos despues de tanto ajetreo que habia tenido durante su estado.
Sus manitas estaban cerradas en un puño mientras abria sus pequeños ojos. Se podia ver un pelo castaño mientras que el color de ojos aun no estaban definidos del todo.
-Abajo estás como locos con él, se a robado el corazón de todos.-explicó Ginny con una sonrisa.-¿Cómo lo vas a llamar?
-Creo que le llamaré Marcus.-contestó la castaña
-Está bien.-dijo encogiéndose de hombros.-Bienvenido al mundo, Marcus.-dijo la pelirroja.