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Angel o demonio — capítulo 8

Ya era hora de salir de mi encierro, no quería que Dean pensara que era todo por él. Me puse mi nueva chaqueta de cuero roja y mis lentes oscuros.

Abrí la puerta y el sol de los Ángeles, California me dio en la cara. Tan cerca y tan lejos de mí antiguo hogar. Vislumbre a los Winchester venir de la cafetería de enfrente. Los espere recargada en el impala.

-¿Sarah? ¿Qué te hiciste?-pregunto Sam mirándome. Yo sonreí complacida.

-Un ligero cambio de look y ropa nueva-conteste pasando mi mano por mi cabello recién cortado y peinado. Saque de la bolsa de mi pantalón la cartera de Dean.

-Toma, utilice tu tarjeta de crédito al máximo que lo mejor sería que te deshicieras de ella-me dirigí a Dean y le avente su cartera. El la cacho y de inmediato la metió en su pantalón. Sam nos miro.

-¿No me habías dicho que la perdiste en la iglesia?-pregunto a su hermano.

-Eso pensé-contesto sin más. Mi sonrisa de hizo más ancha.

-¿Estas lista para volver al trabajo?-me pregunto Dean.

-Claro que si, más que lista, hice lo que las mujeres hacen en casos de depresión, compras desenfrenadas, cambio de look, cambio de novio y buen sexo-conteste distraídamente tomando mi valija.

Dean escupió el café que acaba de beber y Sam me miro sorprendido.

-¿Qué? No me voy a quedar llorando todo el día por lo que me hicieron ¿verdad? Además en NY hay tantas cosas interesantes que ver y hombres también-repuse esta vez mirando a Dean. Pero el no me hizo caso se fue a meter al carro y nos espero adentro.

Yo metí mi valija a la cajuela y entonces recordé algo primordial.

-¿Dónde está mi piedra?-le pregunte a Sam

-La tiene Kevin, esta traduciéndola-contesto. Bueno a mí nadie me había pedido permiso para dársela al profeta con el que ni siquiera había hablado.

-Bueno, espero me diga que averigua, por cierto me debes una Sam y no creas que no me la voy a cobrar-le dije y me subí al carro.

-¿Qué hice?-exclamo pero ya no dije más.

Fuimos a un pequeño restaurante y me explicaron lo que habían encontrado mientras yo me reponía.

-Es en Riverside, California. Estamos cerca, es como si Gabriel supiera donde dejarnos-me explico Sam enseñándome la noticia en la computadora.

El encabezado era morboso para mi gusto.

"De amas de casa desesperadas a mujeres asesinas"

27 de Septiembre del 2012.

Varios casos extraños de mujeres respetables y esposas modelos se están dando en Riverside.

Laurie Cooper de 33 años de edad sin aparente razón asesino a su esposo en pleno acto sexual, su esposo el abogado Steven Cooper murió desangrado cuando su esposa le cortó su miembro viril.

Rose Mary Strafford de 40 años asesino a su esposo el doctor Roger Strafford de varios golpes en la cabeza que le propino con la plancha.

Uno de los casos más extraños es de la joven maestra Karen Smith de 23 años que arrojo a su prometido el joven paramédico Carlos Fernández a un precipicio de más de 40 metros de altura.

Todas las acusadas alegan locura temporal pues no saben ni recuerdan haber cometido el crimen.

Deje de leer el periódico asqueada.

-Menos mal que todavía no desayuno ¿Qué creen que sea?-pregunte mirándolos.

-Bueno Dean y yo tenemos una teoría, ya nos enfrentamos a algo similar en otra cacería, mismos patrones, asesinatos y luego la amnesia. Sirenas-contesto san.

-Nunca me eh topado con una será genial conocer al fin una-conteste emocionada.

Pero ellos solo me miraron sombríamente.

-La última vez casi nos matamos el uno al otro por la influencia de la sirena-repuso Dean. Yo alce una ceja.

-¿Y cómo salieron de eso?-pregunte interesada.

-Bobby nos salvo-contesto Sam Tan simple como eso: Bobby Singer, si tan solo lo hubiera conocido.

-Bueno, no soy Bobby pero prometo salvarles el trasero-espete riéndome.

Ya nos íbamos para nuestra siguiente cacería cuando alguien me llamo por mi nombre.

-¡¿Sarah Bennett?!- grito la voz. Los tres nos giramos. Una mujer vestida muy formal se acerco corriendo (bueno lo mas que pudo por los tacones que llevaba).

Me miro sonriendo y me abrazo.

-¡Tanto tiempo Sarah! ¿Qué te has hecho?-pregunto y me soltó al fin para verme mejor. Yo me quede mirándola como si fuera una lunática.

-¿Nos conocemos?-pregunte educadamente.

Ella soltó una carcajada que simplemente me a taladro los oídos y recordé esa risa.

-No juegues conmigo Sarah, íbamos juntas en la escuela y ambas éramos miembros del equipo de porristas-contesto blandiendo sus largas pestañas.

Trágame tierra.

-Ashley Parker ¿cierto?-repuse nerviosa.

-Sabia que no me olvidarías, ¿estas aquí para ir a la reunión? Es dentro de dos semanas y estoy segura que todas querrán volver a verte a pesar de cómo las trataste-conto poniéndose seria.

Yo trague saliva, ¿volver al instituto? Ni loca.

-Me lo pensare, ahora estoy aquí por trabajo, vengo con mis colegas-espete jalando a los Winchester que se habían quedado quietos detrás de mí.

Ella los miro de arriba abajo con sus hermosos ojos negros.

-¿Son modelos o actores? Ese siempre fue tu sueño Sarah-espeto ella tomándome la mano.

Pude escuchar las risitas de los hermanos y me irrite.

-No, mi sueño era ser diseñadora de modas y no somos modelos. Trabajamos para el FBI y si nos disculpas tenemos que irnos, un placer verte risa de pato-escupí y me di media vuelta.

Atravesé la calle rápidamente y espere a los Winchester.

-Bueno eso fue muy raro-comenzó a decir Sam

-No me provoques Winchester, ya me debes una no me debas dos, esa estúpida siempre fue una chismosa. Risa de pato la llamaba, ahora todos sabrán donde me vio-repuse enojada.

-Bueno, porrista si me permites tenemos que llegar a Riverside-dijo Dean sonriendo. Esto era el colmo, el me había llamado porrista, tal vez si no hubiéramos tenido sexo y no nos hubiéramos peleado de aquella forma estaría riéndome junto con el pero hoy no.

-Las llaves, yo conduzco-dije con voz alta y clara.

Dean alzo una ceja y se cruzo de brazos.

-¿Qué dijiste?-pregunto.

-Que me des las llaves yo conduzco, el camino a Riverside lo conozco como a la palma de mi mano, no me obligues a buscarlas porque sabes que lo hago-lo amenace.

-Estas bromeando ¿verdad Sarah?-puntualizo Sam sujetándome por los hombros. Dean y yo nos fulminamos con la mirada. Y al final el saco las llaves y me las dio, yo las tome. Había ganado esta pequeña escaramuza.

Sam no se la creía.

-Pero voy de copiloto, Sammy tú te vas atrás-ordeno su hermano, su voz se escuchaba molesta. Me daba igual yo tenía el sartén por el mango ahora.

Me subí al asiento del conductor y lo acomode a mi estatura. Los Winchester tomaron sus lugares y yo encendí el carro.

-No quiero que me digas por donde debo irme y mucho menos como debo manejar ¿está bien?-espete mirando a Dean.

-Bien, haz lo que quieras-contesto y miro hacia la ventana.

Metí el acelerador y busque la avenida que me llevaba a la carretera.

-Muy bien ¿Qué demonios pasa aquí? Dean tu no cedes en nada mucho menos con el impala y Sarah ¿Qué es lo que te debo?-pregunto Sam extrañado.

Suspire.

-¿Estas seguro que quieres que lo diga aquí y ahora?-pregunte.

-Si-repuso él.

-No te atreverías Sarah-susurro Dean.

-Sam, te confié algo, te pedí que no le contaras a tu hermano, era un asunto mío y personal, pero no sé por qué le contaste que yo era virgen, aunque fue muy tarde porque esa noche tu hermano ya me había desvirgado. Bueno ya tienes tus respuestas, tenemos más de una hora de camino así que ustedes deciden ¿seguimos exponiendo cosas personales y hablamos de nuestros sentimientos o escuchamos música?-pregunte sin dejar de mirar el camino.

-Música-dijeron los dos al mismo tiempo.

-Sera una hora muy larga-espete y puse la radio.

Siempre había dicho que la música lo soluciona todo, pero en este caso no lo hizo.

Y ahí estaba Riverside, tal y como lo recordaba. Este lugar había sido mi hogar por unos meses y luego me había ido a los Ángeles.

Nos bajamos del carro.

-Bueno lo primero ir a entrevistarnos con las mujeres y saber si tenían una aventura o alguna amiga que tuvieran recientemente, las sirenas así son, se acercan  y te envenenan haciéndote creer que eres lo que mas deseas, luego estas jodido-conto Dean.

-Bien, a los únicos que les hablo son a ustedes, no tengo más amigos a menos que la Sirena tome la forma de ustedes me atraparía-comente.

-La sirena adopta la forma de lo que más desea la víctima, un amigo, una amante, un hermano, un padre comprensivo-siguió explicando Sam

-Contándome todo eso ya sé porque ustedes cayeron, pero ni necesito un padre ni un hermano-conteste.

Conseguimos habitaciones en un motel y sin más preámbulos tomamos nuestras personalidades de agentes del FBI.

-Bien aquí vamos-anuncio Dean.

Entramos a la penitenciaria del condado. Cada uno de nosotros nos entrevistaríamos con las diferentes mujeres. A mí me toco la mujer Laurie Cooper. Y eso era porque ni Sam ni Dean se sentían cómodos por como mato a su esposo.

La trajeron  a una habitación esposada y con su overol anaranjado.

-Buenas tardes señora Cooper, soy la agente Jill Anderson del FBI, quisiera hacerle unas preguntas-le dije. Ella parecía como ida, no me miraba a mí.

-¿Qué puede preguntarme que los demás no preguntaron ya?-repuso ella.

-Bien, solo preguntare entonces ¿Por qué? ¿Solo finge demencia para que le den menos condena?-pregunte siendo dura. La mujer de ojos castaños me miro con dureza.

-¿Tiene hijos agente? Porque yo sí, mi abogada dice que si me declaro demente podre verlos en cambio si me declaro culpable no los podre ver porque me trasladaran a otra prisión-contesto enojada.

  • No, no tengo hijos. Entonces ¿lo mato? Si tanto quiere a sus hijos no debió matarlo en primer lugar ¿tanto lo odiaba?-pregunte.

-El y yo, bueno ya no nos entendíamos, pero eso no quería decir que lo quisiera muerto, estábamos juntos por nuestros hijos y la costumbre. Pero matarlo de esa manera tan cruel. Yo solo recuerdo haber tenido relaciones con mi esposo y cuando despierto en la mañana me encuentro cubierta en sangre y un cuchillo en mis manos. Nadie me cree, se que usted tampoco.-exclamo la mujer unas lagrimas rodaron por sus mejillas pálidas y resecas.

-¿Qué mas recuerda de esa noche? ¿Usted tenia…un amante?-la pregunta se me salió pero lo más curioso es que ella no se enojo solo agacho la mirada.

-Señora Cooper, lo que me diga ya no será utilizado en su contra-le asegure. Ella alzo la vista.

-Si, el era mi masajista. Vera tengo tres hijos y los tres están en la edad mas difícil la adolescencia, mi marido trabajando todo el día, el quehacer de la casa me dejaba exhausta, entonces Connie mi vecina me recomendó un spa que recién abrió sus puertas. Jordán siempre me escuchaba y me comprendía -confirmo la mujer.

Era su amante de eso no me quedaba duda.

-Podría darme la dirección señora Cooper, me gustaría corroborar su declaración con ¿Jordán dice que se llama?-pregunte.

Salí del ala de interrogación y vi como se la llevaban a su celda, sentí pena por ella.

Sam y Dean también salieron de las salas de interrogación.

-¿Cómo te fue?-pregunto Sam

-Pues creo que tengo una pista-conteste.

-Mmm, yo también-comento Dean.

-Curioso, yo también- soltamos unas risitas.

-Bueno que les parece que tú Sammy le enseñas a Sarah tu pista, ella me enseña la suya y yo la mía-propuso Dean.

-Buena idea-espeto Sam dándome una hija de papel, yo le di la mía a su hermano y Dean su hoja a Sam

Leí la misma dirección que la señora Cooper me había dado. Todas tenían una misma conexión y apuesto a que la policía ni idea tenía.

-Es el mismo Spa Caresses. Un lugar que según Laurie dan muy buenos masajes y tratamientos faciales-declare con sarcasmo.

-Creo que nos estamos topando con la sirena alpha-dijo Dean de pronto. Yo lo mire con sorpresa.

-¿Sirena Alpha?-pregunte sin entender.

-Todos los monstruos y seres sobrenaturales tienen un líder, un alpha, no me sorprendería que las sirenas no tuvieran una-explico Sam

-Esto se pone más y más interesante-exclame emocionada.

Regresamos al motel y Sam se puso a investigar sobre el Spa.

Yo en cambio estaba leyendo el libro de Bobby que hablaba de las Sirenas. Existían desde hacía siglos, eran unas pobres diablas que no tenían corazón y que nadie las amo.

-Solo tenemos que evitar el veneno, nada de beber con extraños, ni compartir nada donde se utilice la boca-previno Dean. Yo me rodee en la cama para mirarlo.

-No te preocupes que nadie besara a nadie-conteste. Me puse de pie y fui con Sam

-El lugar se abrió apenas hace tres meses pero ya es el más popular-explico Sam, fue mostrándome las imágenes del Spa, se veían muy bien.

-Bueno de no ser porque la dueña es la Sirena alpha me gustaría ir a que me dieran un masaje, sobre todo con ese-espete apuntando con mi dedo la imagen de uno de los masajistas muy bien parecido. Sam soltó una carcajada.

-El lugar es feminista solo es para mujeres, lastima-dijo. Puse mi brazo en su hombro para continuar viendo pero sentí una mirada. Alce la vista y Dean nos fulminaba con la mirada. Sam no se daba cuenta pues la pantalla no lo dejaba ver, pero yo sí. Sonreí, no sé si estaba celoso por como Sam y yo nos llevábamos o porque estaba tocando a su hermanito.

-Bueno, me voy a dormir. Mañana iré a investigar el lugar, dado que solo aceptan mujeres es mi misión-exclame. Tome mi saco y sali del cuarto.

Ya afuera cerré los ojos cuando el viento nocturno lleno mi cara. Necesitaba un baño de agua helada después de ver esos ojos. Me miraban como si deseara matarme, pero eso me excitaba.

Después de mi baño me acosté a dormir. Pero casi no podía. Era como si una bestia que estaba dormida ahora estuviera despierta y quería su comida. Estúpido Dean Winchester. Escondí mi cara en la almohada, cuando escuche un chasquido.

Lentamente tome mi arma de la mesita de noche y me puse de pie de golpe apuntando a quien había entrado a mi cuarto.

-Estas muy paranoica Sarah-dijo la voz de Dean. Molesta prendí la luz y deje de apuntarlo con el arma.

-¿Qué quieres aquí? El cuarto estaba cerrado, eso quería decir que nadie debe entrar, pero a ti no te importa ¿verdad?-pregunte molesta.

El rodeo la cama y me sujeto con fuerza.

-¡Suéltame!-grite.

-¿eso quieres? ¿Qué te suelte? O ¿prefieres que sea Sam el que este aquí?-pregunto furioso. Sonreí sin poder evitarlo y supe que fue un error, el me apretó contra él con mucha fuerza y sabia que me dejaría sus dedos marcados en los brazos.

-Este celoso de tu propio hermano ¿eres tan estúpido que no te das cuenta de nada? Sam y yo somos amigos, es mas él me ve como su hermana y yo también-repuse con voz dura.

Entonces me soltó casi aventándome a la cama.

-¿A que viniste realmente Dean? ¿A reclamarme o a follarme?-pregunte con descaro. Dean en un principio se quedo con la boca abierta por lo que acababa de decir.

Su respuesta fue que comenzó a quitarse la ropa.

Aquí vamos de nuevo.

Dean se fue entrada la madrugada. Nos estábamos metiendo en terreno peligroso, pero el sexo con el valía la pena y más cuando estaba enojado.

Programe mi cita para el medio día.

-Bien Sarah, llevaras este ipod que en realidad es un micrófono para poder comunicarnos-exclamo Sam dándomelo.

-Quién iba a decir que ustedes tuvieran tan buena tecnología-dije sorprendida.

-Es de un viejo amigo, el era experto en eso. Bueno si vez que las cosas se ponen raras sales de ahí de inmediato y en casos extremos hazlo de manera angelical-ordeno Dean.

-Si, si ya se ¿me dejan cerca de ahí?-pregunte.

Me dejaron  a unas dos cuadras del lugar. La casa imponía, era una enorme mansión victoriana adaptada para Spa. Toque el timbre.

-Spa Carisses ¿Qué desea?-pregunto la voz por el altavoz que había a un lado de la puerta.

Apreté el botón.

-Soy Jill Anderson y tengo una cita a las 12-conteste. La puerta se abrió de inmediato. Una mujer alta y de cabello negro me recibió.

-Buenas tardes señorita Anderson, bienvenida a Carisses donde todos sus decesos pueden hacerse realidad.  Soy Megan, venga por aquí, solo necesito que se registre y luego pase al cuarto privado para que se cambie-pidió la mujer.

Llene lo que me pidió con todo y mi firma falsa. Todo transcurría normal, varias mujeres de diferentes edades pasaban a mi lado con mascarillas y toallas envueltas en la cabeza.

¿Qué tenía este lugar entonces? Megan no me había tocado si quiera, tal vez ella no era sirena.

-Listo termine-anuncie.

-bien por aquí por favor-me pidió y comenzó a subir las escaleras, yo la seguí, subimos dos tramos y al fin llegamos a una habitación muy bonita y espaciosa.

-Esta es su suite ¿quiere algo de tomar? ¿Jugo de naranja o una mimosa?-pregunto.

-Nada, gracias-decline.

-Bueno, usted pidió el paquete Premium y Sebastián será el encargado de atenderla en todo, en unos minutos estará con usted póngase cómoda, compromiso-hizo una inclinación con la cabeza y salió del cuarto. Yo alce una ceja.

Prendí el ipod-micrófono.

-Okey ya estoy dentro ¿me escuchan?-pregunte.

-No dijiste la clave contesto la voz de Dean. Yo torcí los ojos.

-Aquí arcoíris reportándose y es la última vez que dejo que escojas mi nombre clave imbécil-susurre molesta. Escuche las risas de Sam

-Okey pon altavoz  así podremos escuchar todo, desactivare el micrófono de nosotros para que nos puedan oír cambio y fuera-la voz de Dean se apago. Pulce altavoz.

Me quite los tacones y comencé a quitarme la ropa, solo quede en ropa interior y tome la bata.

Tocaron a la puerta.

-Adelante-conteste. Esta se abrió y por ella entro un hombre sumamente atractivo, tenía unos ojos azules que parecían del color del mar y qué decir del cuerpo que se cargaba.

-Buenas tardes señorita Anderson, soy Sebastián quien la atenderá en todo lo que me pida ya que pidió el paquete Premium-se presento.

-Este si claro ¿Qué hacemos primero?-pregunte, que tonta.

-Primero relajarse, se nota tensa ¿puedo llamarla Jill?-pregunto sonriéndome. Sentí escalofríos.

-Si, está bien puedes llamarme así-conteste sin más. El se acerco y me tomo e la mano, me llevo hacia una cama especial para masajes.

-Ahora quítate la bata y recuéstate aquí-pidió amablemente. Yo trague saliva, solo Dean me había visto como dios me mando al mundo y ahora me vería un extraño.

Me quite la bata y el sonrio.

-Eres un poquito tímida, el masaje es sin ropa interior pero iremos a tu modo-me tranquilizo el.

Me recosté en la cama dándole la espalda. Esto no me gustaba, podría atacarme en esta posición tan estúpida. El encendió música relajante y prendió velas aromáticas. Un olor a vainilla inundo el ambiente.

-bien ahora cierra tus ojos y déjate llevar-me decía al iodo. Y por alguna razón me relaje tanto.

Sentí sus manos en mi espalda. Eso hizo que abriera los ojos, me sentía extraña siendo tocada por otro aunque fuera un masajista.

-Ya no necesitas esto-dijo y me desabrocho el sostén.

-Espera, espera tu dijiste que todo a su tiempo ¿no?-espete nerviosa sujetando mi sostén.

Pero era tarde me lo había quitado.

-Tu espalda esta algo tensa pero donde está más tenso es más abajo-sus manos comenzaron a descender mas allá donde la espalda termina y comienza el trasero.

Entonces me sujete a la sabana y me senté.

-Wow, alto, eso es ir mas allá-exclame enojándome.

-Tranquila-me acaricio la cara y yo se la quite de un manotazo.

-¿Qué clase de masajista eres? Tal pareciera que quieres que tengamos relaciones-escupió furiosa. El me miro seriamente.

-Espera ¿crees que vamos a tener relaciones?-pregunte horrorizada.

-Pues claro, pediste el paquete Premium eso solo lo piden las clientas que buscan satisfacer sus apetitos, aunque tu hermosa no necesitaras pagarme-contesto sonriendo.

-Entonces ¿Dónde quieres hacerlo? ¿Aquí, en la cama o en el suelo?-pregunto ofreciéndome la mano. Enojada y sorprendida por el descaro de este imbécil. Puse mi dedo en su frente y cayó al suelo desmayado.

-Valla, no espere que funcionada pero es mejor eso a morir ¿no lo crees?-espete, luego lo patee en sus partes.

-Muy bien chicos, yo me largo, cuando despierte el imbécil este no estará contento y francamente no puedo salir de aquí porque se darían cuenta de lo que soy tenemos que encontrar otra manera-repuse, me sentía tonta al hablar sola. Tome mis cosas y me dispuse a cambiarme cuando alguien toco a la puerta.

-¿Señorita Anderson se encuentra bien? ¿Sebastián?-pregunto la voz de Megan.

Mierda. No tenía tiempo de cambiarme así que cerré los ojos y sentí a los Winchester.

-Ya estoy aquí ¡larguémonos!-grite sobresaltando a los hermanos. Dean prendió el impala y arranco.

-Lindo vestuario-se burlo Dean.

-Si claro búrlate, ese lugar no es un Spa, es un prostíbulo ¿yo que carajos sabia que el paquete Premium era para eso?-dije asqueada, tenía toda la espalda llena de aceite y aun podía oler la vainilla de las velas.

-Bueno no creo que puedas volver ahí como clienta ¿Qué le hiciste al masajista?-pregunto Sam interesado.

-Lo deje inconsciente, solo puse mi dedo en su frente y puf se desmayo, hay veces que me encanta ser un fenómeno-declare.

Cuando llegamos al motel tuve que literalmente correr a plena luz del día con una sabana enredada al cuerpo. Después de bañarme y quitarme el asqueroso aceite me reuní con los Winchester.

-Que bueno que llegas Sarah, tal vez allá otra manera de entrar a investigar y lo aremos en un solo día, solo que a Dean no le gusta el plan-comenzó a decir Sam

-¿Y cuál es?-pregunte interesada.

-Están solicitando masajistas-contesto Sam Unas ganas locas de reír me invadieron pero me contuve al ver la cara de pocos amigos de Dean.

-Es una buena idea-repuse.

-No lo haré. ¿Qué tal si nos obligan a prostituirnos?-pregunto Dean escandalizado.

-Vamos Dean no seas melodramático, el sueño de todos los hombres es tener mucho sexo con varias mujeres mira el lado positivo-bromee aunque por dentro no me agradaba imaginar a Dean con otra. Calme mis instintos estúpidos.

-A mí nadie me paga por sexo, yo lo tengo con quien yo quiero cuando quiero-me contesto. Estuve a punto de decir que era cierto pero eso sería admitir ante Sam que volvimos a tener relaciones y si hasta ahora no se había mencionado el tema no sería yo quien lo traería a relucir.

El resto del día nos pusimos a escoger nombres falsos y hasta algo así como una actuación para que los contrataran.

-Bueno el físico ya lo tienen ahora solo falta pulir algunos aspectos. Ya salgan del baño-ordene con voz autoritaria.

Los Winchester salieron, las camisas eran de colores escandalosos pero les quedaban bien.

-Me siento como un payaso-refunfuño Dean, Miro con horror la camisa color azul turquesa.

-No eres el único-repuso Sam Su camisa color rosa fucsia se reflejaba en el espejo.

-Bueno, ahora solo desabróchense unos botones-pedí, ellos se desabrocharon dos.

-Dos mas-pedí con una sonrisa picara. Y para mi sorpresa me obedecieron.

Me puse de pie y les arregle el cuello, las mangas y por último el saco.

-Bueno, ya parecen de esos tipos metrosexuales que se la pasan viéndose en los espejos, ahora nombres: Dean tú te llamaras Jasón y tu Sam Patrick-anuncie. Les entregue las identificaciones falsas.

-¿Jasón? Que nombre tan estúpido-susurro Dean.

-¿Cuándo conseguiste las identificaciones?-pregunto Sam mirándolas.

-Mientras ustedes estaban encerrados como quinceañeras-conteste.

-Repasemos el plan, ustedes son unos caza fortunas dispuestos a todo por obtener dinero y cuando digan eso hagan énfasis en TODO-repuse.

-Espéranos a dos cuadras por si nos dan el empleo o no-sugirió Dean.

-Les darán el empleo, eso lo aseguro-exclame dándoles unas palmadas.

Tal y como me pidieron los deje cerca del Spa. Ojala esto funcionara pero como le dije a Dean, si pasaba algo quería que me avisaran. Tal vez al estar desarrollándose más mis poderes podría escucharlo como los demás ángeles.

Estuve cerca de una hora esperando, puse música pero me sentía muy nerviosa.

¿Y si la sirena alpha los envenenaba? ¿Cómo los sacaría del trance? Ellos eran más fuertes que yo, mejores cazadores, seria facial capturarme. ¿Y si perdía el control con mis poderes?

No quería ni pensarlo. Tener que enfrentarme a los Winchester, me daba escalofríos.

Un golpe en el carro me hizo saltar del susto.

-¿Qué tienes?-pregunto Dean asomándose por la ventana.

-Gracias a dios, ya me estaba preocupando ¿Dónde está Sam?-pregunte.

-Aquí-contesto el del otro lado.

Los mire primero a uno y luego al otro.

-¿Son ustedes o tengo que empezar a correr?-pregunte un poco temerosa.

Dean se carcajeo y Sam negó con la cabeza.

-No estamos envenenados, tranquila. La dueña nos entrevisto y a pesar de que nos ofreció de beber declinamos. Pero alégrate conseguimos en el empleo-contesto Sam

Suspire aliviada.

-Vámonos entonces que este lugar me da escalofríos-exclame. Dean carraspeo.

-Vamos Dean, no manejo tal mal, déjame llevármelo yo ¿si?-pedí con voz tierna. Hacía años que no lo hacía.

Dean no dijo nada solo se subió atrás. Sam también se subió y yo arranque.

Solo para molestarlos prendí mi Ipod y puse la canción de Pretty Woman. Aguante reírme al ver la cara de Dean que no se veía contento. Sam solo suspiro, era menos enojón que su hermano.

-¿Tengo que escuchar eso?-pregunto Dean.

-El que maneja elige la música-conteste.

-¿crees que mañana nos tiren al matadero?-pregunto Dean nervioso.

-¿Matadero? Tranquilo Dean que te noto tenso y se supone que tu eres el masajista-repuse recostada en la cama.

-Yo creo que sería muy pronto, tal vez al principio solo nos toquen unos cuantos trabajos de masajes pero nada más-lo tranquilizo su hermano.

-¿Y cómo es la dueña del Spa? ¿Si es la sirena alpha?-pregunte interesada.

-Si lo es o no, eso lo averiguaremos. Solo sé que esa mujer impone, es muy guapa me recordó un poco a ti-contesto Sam Yo fruncí el ceño.

-¿Impongo? Quieres decir ¿que doy miedo?-pregunte muy seria.

-Sammy, Sammy, Sammy, tu no aprendes. Nunca le digas sus defectos a las mujeres en su cara o te arrepentirás-espeto su hermano. Yo le arroje una almohada que le dio en la cara.

-Para ustedes serán defectos, pero para mí son mi mayor cualidad. Mejor duerman que pálidos y con ojeras no levantar los ánimos de nadie-repuse.

-Yo me daré un buen baño y a descansar-espeto Sam tomando su toalla y entrando al baño.

Cuando Dean y yo nos quedamos solos me levante de la cama y me senté en su regazo.

-¿Quieres que valla esta noche?-pregunto.

-No, esta noche no tengo ganas de ti, mucho menos cuando me dices mis defectos en la cara-conteste molesta.

-Me gusta cuando te enojas-espeto.

-Piensa en eso la próxima vez que abras la boca. Por que bien podría buscar diversión en otro lado-susurre a su oído mientras acariciaba su nuca.

-Estas jugando con fuego Sarah, te puedes quemar-contesto el acariciando mi trasero.

-Nunca eh temido al dolor-conteste, baje mis manos a su espalda.

Nos miramos unos minutos solo disfrutando el momento.

-¿sabes que esta "relación" se basaría en solo sexo?-pregunto.

-No te estoy pidiendo nada mas, solo divertirnos y pasarla bien, pero realmente no quiero que Sam se entere de este trato entre tú y yo ¿está bien?-repuse. El dudo. Sabía que a Dean no le gustaban las mentiras y eso de ocultar cosas.

-Mientras no ponga en riesgo nuestras vidas Sammy no tiene por que enterarse-contesto al fin. Me puse de pie.

-Es un trato, pero esta noche quisiera dormir la noche entera, lo que tú y yo hacemos no es precisamente descansar. Pero piensa en esto, cuando esta cacería se termine tendré una sorpresa para ti. Buenas noches-me despedí y salí antes de que mis hormonas me traicionaran.

Sam y Dean se fueron my temprano a su nuevo "trabajo", y regresarían a las 6 de la tarde. Yo me puse a seguir investigando mas afondo el Spa. Era extraño pues no había ninguna imagen de la dueña. Tenía curiosidad por lo que los Winchester me dijeron.

Así que hice un plan. Iría de nuevo al Spa, entraría y en caso de que me descubrieran me aria pasar por una reportera. Sé que a Dean no le gustaría que yo me metiera en líos, pero no me importo. Me arregle de manera normal y me puse unos lentes de armazón grande. Con el cabello recogido y los lentes me veía diferente.

Tome mi cámara para no levantar sospechas.

El lugar estaba como siempre, lleno de mujeres que entraban y salían. Entonces vi que estaban descargando mercancía por una entrada trasera. Rápidamente me cole por ahí. Tenía que pasar desapercibida para llegar con la dueña: Felicia Black.

Saque mi celular y marque a Sam

-¿Qué pasa Sarah?-pregunto.

-Oye Sam ¿Dónde está la oficina de Felicia Black?-pregunte inocentemente.

-Sarah, por favor dime que no estás en la mansión-espeto con voz preocupada.

-Estoy investigando, solo ayúdame o será más difícil-le pedí.

Hubo silencio y luego escuche un suspiro.

-Bien, sube al tercer piso, hay un pasillo largo lleno de espejos y en la puerta del fondo, esa es la oficina.-contesto.

-Eres mi salvación, gracias Sam y que esto quede entre tú y yo, nada de decirle a Dean, no quiero más problemas ¿está bien?-lo previne tal parecía que guardar secretos no eran el fuerte de Sam

-Está bien, pero si pasa algo sabes que tendré que decirle-puntualizo él.

Sin más colgué. Colarme hasta el tercer piso sin ser vista. Bueno no contaban con que yo era mitad ángel, solo esperaba no encontrarme con alguien.

Cerré los ojos y me imagine en el tercer piso. Cuando los abrí ya estaba en ese pasillo. Rápidamente me encamine a la oficina. Toque dos veces.

-Buenas tardes señora Black-dije. Como no recibí respuesta decidí entrar. La oficina se veía normal, nada fuera de lo común. Camine buscando inicios, algo que pudiera relacionarla con los homicidios.

Había muchos papeles y luego encontré algo que me helo la sangre. Una fotografía mía de cuando había venido a mi masaje con Sebastián. Era como de cámara de vigilancia.

-Tiene cámaras en los cuartos, quiere decir que ella sabe lo que soy-espete asustada. Si tenía cámaras quería decir que tenía un cuarto donde podía ver todo eso. Rápidamente mire varios controles en la mesa. Los tome y apreté todos los botones. Donde se supone estaban unos estantes llenos de libros se abrió.

-Genial-susurre y rápidamente me metí a la habitación oculta. Me quede boquiabierta. Había por lo menos 20 pantallas donde se mostraban lo que pasaba en las habitaciones.

Localice a Sam y también a Dean, ya tenían clientas que atendían, me dio risa sus caras, las señoras en cuestión no eran muy lindas que digamos. Escuche voces y rápidamente corrí a esconderme. Apreté de nuevo los botones y se cerró el cierto oculto.

-¿no ha regresado?-pregunto la voz de una mujer.

-No, esto no me gusta Astartea ¿Qué hacia un ángel aquí?-pregunto la otra voz de mujer.

-¡Te he dicho miles de veces que no me digas así! De esa chica me encargo yo, la conozco muy bien y sé que volverá. ¿Cómo se están portando los nuevos?-pregunto la tal Astartea.

-Creo que ellos accederán a vender sus almas, son unos pobres imbéciles deseosos de dinero y juventud eterna como los demás. Lo que no saben es que firman su estancia para siempre-espeto la otra mujer riendo.

-No solo tenemos esas almas, también el de esas pobres ilusas deseosas de cariño y atención, los humanos son unas criaturas dominadas por la carne y el corazón-se burlo Astartea.

Controle el impulso de matarlas a ambas, este lugar era manejado por demonios de alto nivel  y solo para obtener almas.

-Sigue buscando a ese ángel, me interesa de verdad tenerla-volvió a repetir la demonio.

Tenía que salir de aquí, no podía permitir que me atraparan y mucho menos ahora que sabía quien era nuestro enemigo. Cerré los ojos y sentí a Sam

Me aparecí en la puerta de la habitación. Nadie vigilaba las cámaras ahora así que tenía unos minutos antes de que me descubrieran, abrí la puerta y me metí. Sam estaba haciendo como que masajeaba la espalda de su clienta que yacía dormida profundamente.

-¿La drogaste?-pregunte. Sam me miro.

-¡¿Qué haces aquí?!-dijo y me jalo del brazo.

-Sam, no son sirenas, son demonios y su líder es una demonio de alto nivel, se su nombre y con eso podemos averiguar cómo matarla-conteste de inmediato antes de que me diera un sermón. El alzo una ceja.

-Eres buena eso tengo que admitirlo, está bien, nos veremos en el motel ahora vete-susurro el mirando hacia todos lados. Esta vez hice caso y desaparecí yéndome al motel.

De inmediato comencé mi investigación. En los libros de Bobby. Por lo menos tenían índice.

Tarde al menos una hora en localizar el nombre de Astartea.

Leí con atención:

Astartea Ángel del infierno.

Poderes: Necromancia.

Años: Desconocidos.

Sexo: Femenino.

Descripción psicológica: ella es bastante fría, no expresa sentimiento alguno, siempre porta una mirada desafiante y severa, no habla mucho a menos que le interese el tema, de lo contrario se aburre bastante .Si la creen buena o mala no es su problema, ella actúa según la ocasión y según su beneficio, es una persona hipócrita y puede atacar por la espalda a la persona con la que mas siente un lazo amistoso si se debe de hacer

Historia: Astartea era aun una joven demonio habitante del infierno, a ella nunca le importaba nada de lo que pasaba, siempre se la pasaba de dimensión en dimensión despreocupada, asiendo caos donde llegaba, así se divertía, ella era llamada ángel del infierno, que a un al ser demonio contenía la belleza infinita de un ángel logrando pasar desadvertida entre las dimensiones para causar desorden, ella empezaba a adquirir más madures, con el paso de los siglos.la joven Astartea, que se dedicaba siempre a estar sola y sin cadenas a algo o a alguien.

Era un demonio en toda la extensión de la palabra. No me sorprendía que se llevara también con Crowley, era una oportunista.

Sam y Dean entraron al cuarto y mire el reloj, me había pasado muchas horas en esto.

-¿Entonces averiguaste sobre la demonio?-pregunto Sam Yo lace una ceja.

-Tranquila Dean ya sabe-repuso él. Dean no dijo nada simplemente se recostó en la cama.

-Okey, Astartea no es un demonio común, debe ser tan fuerte como Alastair. Ella está recolectando almas de los masajistas y todo aquel que haga pacto con los demonios de encrucijada, lo que no les dice es que están atados a la casa. Ustedes son los siguientes mañana los tratara de enganchar-conté a los hermanos.

-Estamos listos, mañana pondremos sal en todas las puertas y ventanas. Pondremos unos cuantos rosarios en las piscinas, será el caos. Pero a las 6 de la tarde la mataremos-anuncio Dean muy serio.

-¿Utilizaran en cuchillo de rubí?-pregunte.

-Tal vez no funcione con ella pues dices que es un demonio demasiado fuerte, probaremos todo y ahí es donde tú entras, tus habilidades como angel-refirio Sam Yo gemí.

-Aun no estoy segura de que funcione contra demonios. Y más si ella es tan fuerte-espete nerviosa.

-Bueno más vale que funcione estamos poniendo nuestra vida en tus manos-espeto Dean sonriendo. Yo no pude evitar devolverle la sonrisa.

-Bien, pero si no funciona deberían por lo menos hacerle un exorcismo o algo-repuse con seriedad.

-Bien, bien, ahora lo mejor será descansar y lo digo sobre todo por ti Dean, no es sano que te la pases en el bar tu hígado te lo agradecerá-comenzó a decir Sam mirando a su hermano. Sentí que mi estomago se encogía, Dean había mentido a Sam sobre donde había pasado las noches.

-Esta noche no iré Sammy si eso te hace más feliz-contesto Dean intercambiamos una rápida mirada.

-Bueno me retiro, que descancen-hui antes de que salieran más preguntas incomodas.

-Adiós, descansa Sarah-se despidió Sam

-Si descansa que mañana será un día muy duro-exclamo Dean.

Mis pesadillas que hacía semanas no las tenían volvieron, pero esta vez no eran de la jaula. Recordaba la noche en que mi papa había sido asesinado. Nunca podría olvidar los terribles ojos amarillos de  Azazel  y lo peor había sido ver a mi madre acompañarlo.

Me despee de golpe al recordar la cara maléfica de mi madre.

Mire al reloj eran las 4 de la mañana. A veces me preguntaba qué sería de ella. ¿Seguiría posesionada? O ya seria libre y si lo estaba ¿Por qué no me busco nunca?

-Si no te busco nunca es porque está muerta-susurre afligida. Ya no me quedaba nadie de mi familia. Estaba sola porque yo jamás vería a los ángeles como mis hermanos. Aun no sabía cuál de todos ellos me había encerrado en aquella jaula por tanto tiempo. Tampoco sus motivos aunque yo lo sospechaba y lo confirme cuando vi aquella piedra extraña que ahora tenía Kevin Tran.

Tenía temor de que se revelara que yo era un ser peligroso para la humanidad y que al final de ser cazadora me convierta en presa de los propios Winchester.

-No dormiste nada ¿verdad?-pregunto Sam ofreciéndome una taza de café.

-la verdad no mucho anoche estuve soñando con mi madre y el no saber que paso con ella aun me atormenta-le explique.

El me reconforto.

-Mira eso algo que tú no puedes resolver, tal vez algún día sepas que paso, pero no te atormentes con eso que te aras vieja pronto-repuso Sam Su pequeña broma me hizo reír.

-Gracias, siento haber sido grosera contigo hace días-me disculpe.

-No te preocupes, todos tenemos nuestros días malos alguna vez, además tengo experiencia, vivo con Dean desde hace muchos años y créeme no es fácil-contesto él.

Dean entro al cierto con una bolsa de comida en su mano.

-Bien desayunemos algo rápido que tenemos una misión que cumplir, tu tomate tu tiempo Sarah te noto pálida-exclamo dándome mi almuerzo.

Bueno al menos aun ellos me apreciaban, esperaba que recordaran eso cuando se revelara que era yo.

Nos estacionamos enfrente del Spa.

-Empecemos tácticas de atrapa demonios. Trampas pintadas en todos los lugares posibles, sal, agua bendita-ordeno Dean sacando las cosas de la cajuela Yo tome los rosarios.

-Déjenme esto a mí, no hay nada más puro que un ángel bendiciendo el agua ¿no?-propuse lista.

-Bien, solo que no te atrapen, nos veremos en la oficina de Astartea en una hora, ella seguramente nos estará esperando cuando vea los sabotajes-explico Dean.

-Bien, pero nosotros tenemos un as bajo la manga Sarah aparece y la destruye-espeto Sam

-Wow, esperen, si no funciona tenemos que inmovilizarla con la trampa anti demios y exorcizarla, el cuchillo de rubí puede que no funcione pero quien sabe, tal vez si-repuse con voz chillona. Nunca había estado tan nerviosa como hoy, me sentía como en mi primera cacería.

-Todo saldrá bien, es solo un demonio más que vamos a destruir, le espera un lugar muy cómodo para pasar toda la eternidad-dijo Dean de manera sombría. Tanto su hermano como yo lo miramos, estaba hablando del purgatorio, pero su voz era tan triste.

Se fijo que lo observáramos y cerró la cajuela.

-No comiencen a ponerse sentimentales ya tendremos tiempo después ¿está bien?-repuso y se fue adelantado.

-Un día de estos reventara como una hoya exprés-dijo Sam mirando como su hermano se alejaba.

-Si y será genial estar presentes ¿no?-pregunte sarcásticamente.

-Bien, nos vemos adentro, recuerda bendecirlos antes de arrojarlos a la alberca-aconsejo Sam y se fue alcanzar a su hermano.

Me fui por los jardines de atrás hasta que llegue donde estaba el algibe. Ahí se abastecía toda el agua del Spa. Hice una pequeña oración, ojala funcionara. Los arroje todos.

-Bien ahora a esperar la hora y aparecer justo en el momento preciso-mire mi reloj, faltaba media hora, ellos ya debían estar haciendo su trabajo.

Exactamente a la hora dispuesta pude escuchar gritos y mucho escándalo venir de la mansión.

-El agua bendita-susurre satisfecha.

Aproveche de que varias mujeres salían corriendo. Yo corría en dirección contraria a ellas. Varias mujeres estaban quietas en algunos lugares inusuales.

-¡Maldito ángel!-grito una con sus ojos negros de demonio. No me detuve a jugar con ellas por que tenía un premio mejor que reclamar, entonces recordé que tenía que intentar eliminar un demonio con mi poder angelical.

Regrese y la mire.

-Quisieras poder destrozarme ¿verdad?-pregunte divertida.

-Vamos estúpida solo acerca tu rostro para que veas que lindo te lo dejo-susurro la demonio desafiante.

Entre en el circulo anti demonios y eso me hizo estremecerme un poco, que raro.

-¿pensaste que no lo aria? Vamos estúpida o ¿eres tú la que teme?-pregunte, ahora era yo la que la desafiaba.

El demonio grito furiosa e intento golpearme pero yo la inmovilice poniendo mi mano en su frente. Era genial ver como gritaba y caí al suelo muerta. Lo había logrado, ya era un ángel oficialmente.

Rápidamente y con mucha confianza en mí misma corrí en busca de los Winchester que ya debían estar con Astartea.  Por donde pasaba había demonios encerrados o muertos.

Corrí escaleras arriba y justo cuando iba abrir la puerta esta fue destrozada por Sam

-¡Sam!-grite angustiada. Lo ayude a levantarse.

-Estoy bien, esa maldita es más fuerte que nadie-espeto furioso. Dean se enfrentaba a ella cuerpo a cuerpo pero parecía que sus golpes no le hacían daño a la mujer. Esta cayó al suelo riendo.

-¿Eso es todo lo que tienes Dean? Decepcionas mucho para ser un torturador de almas-exclamo riendo. Yo abrí la boca impresionada.

-¡Cállate! Ahora te demostrare lo que es torturar-rugió Dean tomándola por el cuello y metiéndola en el circulo anti demonio.

-Sarah es tu turno-repuso Sam Yo no podía mover mis pies del suelo.

-No puedo hacerlo-dije con un nudo en la garganta. Astartea sonrio mirándome, la sangre salía por su boca y nariz a causa de los golpes que Dean le había dado.

-¿Entonces tendremos que matarla con el cuchillo de rubí?-pregunto Dean.

-¡No!-grite desesperada, me interpuse entre Astartea y Dean.

-¿Qué rayos te pasa?-pregunto Dean. Sam también me veía sorprendido.

-Vamos querida, ¿les dices tú o lo hago yo?-pregunto Astartea. La mire de nuevo. ¿Por qué tenía que pasarme esto a mí?

-Ella… bueno el cuerpo que ese demonio esta poseyendo es mi madre-conteste con voz ahogada.

Los Winchester me miraron con sorpresa. Ellos tampoco se esperaban esto.

-Sarah ella no es tu madre, dejo de serlo la ser posesionada por eso-explico Sam

-¡Ya lo sé! Pero simplemente no puedo ver a mi madre morir, no de esa manera, debemos hacer un exorcismo-sugerí evitando encontrar la mirada de ellos. No me comprenderían nunca.

-Sarah…-comenzó a decir Dean.

-Por favor-suplique.

-No puedo creer que alguna vez te traje en mi vientre….eres tan débil, tan compasiva-comenzó  a decir Astartea con ojos negros.

-¡Cállate!-ordeno Dean.

-Aremos el exorcismo pero ella volverá Sarah y siempre al cuerpo que han poseído-me previno Sam

-Lose, pero por eso evitaremos que entre de nuevo a mi madre-repuse.

-Bien comencemos pues, haz lo honores Sammy-pidió Dean.

Sam comenzó a recitar la oración en latín.

-¡Jamás te libraras de mi hija! Y cuando regrese te castigare y luego te matare junto con los Winchester-gritaba Astartea. No podía mirar cómo se retorcía en el suelo, le di la espalda mientras Dean me reconfortaba.

Los gritos terminaron justo cuando Sam termino la oración.

Los tres la miramos, el cuerpo de mi madre yacía el suelo inconsciente.

Rápidamente entre al círculo, con mis pies borre parte de él.

 -Mama, soy yo Sarah ¿me recuerdas?-le susurre abrazándola. Mi madre abrió los ojos, esta vez de color azul.

-¿Sarah? Oh pequeña has crecido tanto…-susurro sonriendo cálidamente. La ayude a ponerse de pie.

-Vamos mama que ese demonio puede volver, tenemos que protegerte-espete rápidamente. Ella se puso de pie y salimos del círculo.

-Bien tenemos que salir de aquí, seguramente la policía viene en camino y si la encuentran aquí estará presa como aquellas mujeres-exclamo Sam jalándonos.

Pero en un movimiento rápido mi mama le quito el cuchillo de rubí de la cintura y me sujeto, pego el cuchillo a mi garganta.

-Nunca pensé que podría engañar a los Winchester, Crowley siempre dijo que ustedes eran una amenaza pero francamente se dejan influenciar por una cara bonita ¿verdad Sarah?-exclamo ella en mi oído.

-Déjala ir si sabes lo que te conviene-amenazo Dean. Astartea soltó una carcajada.

-Imbéciles, ¿creerían que no tome mis precauciones para con este cuerpo? Ha sido mío desde hace mucho y no tengo intención de dejarlo ir, así que pequeña, es hora de tu castigo-declaro y sin más me encajo el cuchillo en el vientre.

Solté un grito de dolor y ella me arrojo sobre los Winchester, salto por la ventana y no supe más. Cerré los ojos sujetándome el vientre.

-Tranquila, respira, te lo sacare en seguida-decía Dean nervioso.

-Escapo, ya no la veo-dijo Sam

Dean saco de golpe el cuchillo y contuve un grito.

-¡Carajo! La herida no cierra sale demasiada sangre-espeto Dean. Puso su mano mi abdomen. Sam se quito la camisa y la amarraron alrededor de mi cintura.

-¿La llevamos al hospital?-pregunto Sam apretando demasiado la camisa.

Yo respiraba con rapidez, me dalia demasiado y no parecía que se estuviera cerrando la herida.

-Creo que es lo mejor, está perdiendo mucha sangre-contesto Dean. A lo lejos comenzaron a escucharse varias sirenas de patrullas.

-Vámonos que no es conveniente que nos encuentren-dijo Sam  agarro el cuchillo y se lo puso en la cintura aun estaba manchado con mi sangre.

Dean me levanto del suelo, y comenzó a caminar conmigo a cuestas.

Cerré los ojos un momento, me sentía débil.

-Sarah no te duermas por  favor-me susurro Dean. Abrí de nuevo los ojos, los sentía muy pesados.

Ya estábamos fuera de la mansión.

-¿Dónde está Sam?-pregunte pues no lo veía.

-Fue por el carro, te llevaremos a urgencias de inmediato-me explico.

El impala se estaciono rechinando las llantas.

-¡Rápido que ya vienen!-grito Sam Dean me deposito en el asiento trasero.

-Sujétate el vientre y no te duermas-ordeno. Yo trate de obedecer pero tenía mucho sueño.

Ya no podía escuchar lo que los hermanos decían, en mis oídos solo se oyeron zumbidos. Por más que trataba de mantenerme despierta fue un caso perdido.

Cuando abrí los ojos, me asuste, varias personas me rodeaban. Rápidamente me defendí pero tenía las manos amarradas.

Me hablaban pero yo no entendía lo que decían. Me pusieron una mascarilla de oxigeno y de nuevo volví a perder el sentido.

Sentí que alguien sujetaba mi mano, pero yo no podía moverla. Abrí los ojos como si fuera la primera vez que lo hacía, la luz me molesto.

-Hola-saludo una voz. Poco a poco me fui acostumbrando a la luz y pude ver un rostro. Dean estaba sentado a mi lado.

Quise contestarle pero no pude, la lengua no se movía.

-No intestes hablar, es por la anestesia. Casi te mueres-me conto Dean. Voltea hacia todos lados, estaba en una habitación blanca, había un monitor donde se podía ver como latía mi corazón.

-Sam vendrá pronto  fue por Cas, el te curara y nos largamos de aquí. No debemos quedarnos para evitar que la policía venga.-Dean siguió hablando. Pude mover mi mano izquierda y me toque el vientre.

Me dolía pero ya no igual.

La puerta de la habitación se abrió.

-Buenas tardes señor Smith, veo que su esposa ya despertó. Esas son buenas noticias-saludo una enfermera.

Comenzó a revisar los monitores, el suero y luego mi herida.

-¿Cómo ve la herida?-pregunto Dean.

-Esperemos a que pasen 72 horas y que no se infecte. Si evoluciona bien la daremos de alta pronto. Señor Smith el sheriff quisiera hacerle unas preguntas-espeto la mujer. Yo mire a Dean de inmediato.

-En cuanto mi esposa se duerma iré-contesto. Me acaricio la frente. La enfermera salió.

Dean saco su celular.

-¿Dónde estás? El sheriff ya llego y van a empezar las preguntas-decia paseándose de un lado a otro.

Entonces Cas y Sam aparecieron en el cuarto. Dean se guardo el celular.

-¡Ya era hora!-les recrimino Dean.

Cas se acerco a mí.

-Tranquila, te curare y saldremos de aquí-me susurro y puso su mano en mi abdomen. Sentí como me empezó arder la herida y luego como si me apuñalaran de nuevo.

-Cas…por favor detente…me duele mucho-escupí retorciéndome de dolor.

-¿Qué pasa Cas? ¿Por qué se queja?-pregunto Sam

-No lo sé, se supone que debe funcionar… ¿con que la hirieron?-pregunto a los Winchester quitando su mano. El dolor se detuvo y yo me seque las lágrimas de los ojos.

-Con el cuchillo de rubí pero ¿eso que tiene que ver?-contesto Dean.

Cas se quedo callado y luego me miro.

-Sujétenla y tápenle la boca para que no grite, la voy a curar aunque será mas difícil-dijo al fin. Los Winchester obedecieron, yo no pude evitar que me agarraran.

Cas volvió a poner su mano en la herida y comenzó a curarme de nuevo. El dolor fue más terrible y yo quería gritarle que parara. Pero él no lo hizo. El cuarto se ilumino muchísimo y luego el dolor seso de golpe.

Sam y Dean me soltaron y yo me senté en la cama.

Me descubrí  la herida, pero ya no había nada. Estaba curada.

-Ahora larguémonos-ordeno Dean tomando mis cosas. Cas parecía cansado pero nos llevo a todos fuera del hospital.

Ya estábamos a salvo en el motel. Hubo solo silencio, quería aplazar la plática sobre que había pasado con mi herida.

-¿Qué paso con el Spa?-pregunte como no queriendo  la cosa.

-Arrestaron a varios de los masajistas, están buscando a Astartea, pues ya la policía sabe que era un prostíbulo-me conto Sam

-Bueno por lo menos esos imbéciles tendrán lo que se merecen por vender su alma-repuse.

-Bien, como veo que nadie quiere sacar el tema ¿Cas que paso haya?-pregunto Dean sin rodeos. Mi estomago se encogió.

Castiel me miro, yo sabía lo que él iba a decir.

-Fue difícil de curarla por su naturaleza hibrida, es todo-contesto. Suspire aliviada. Me estaba protegiendo.

-Prometo no volver a dejar que me hieran, si cada que eso pase me tienes que curar de esa forma tan dolorosa prefiero morir-admití.

-Tengo que irme-dijo Cas.

-Espera ¿Cómo va Kevin con la piedra?-pregunte interesada, quería respuestas cuanto antes.

-Nada aun, el esta tomándose su tiempo dice que son demasiadas cosas que tiene que verificar primero, no se quiere equivocar-contesto con sinceridad. Yo asentí con la cabeza y el desapareció.

-¿No les parece que está muy extraño?-nos pregunto Dean.

-Para nada, son idea tuyo. Por cierto ¿podrías traerme algo de comer? Muere de hambre-suplique.

-bien, enseguida regreso-contesto. Yo me sorprendí, pareciera que el haber casi muerto lo ablando un poco.

Tomo las llaves y salió del cuarto dejándonos solos a Sam y a mí.

-¿Qué pasa Sarah?-me pregunto. Tenía que decirle a alguien lo de mis temores. ¿Pero sería conveniente hacerlo con él?

-Sam júrame que l que voy a decirte no se lo dirás a Dean-espete con voz muy seria.

Sam me observo, analizo lo que yo le pedía.

-Lo juro-espeto. Yo me sentí más tranquila.

-Se por qué Cas se tardo en curarme, Astartea me apuñalo con el cuchillo de rubí, esa arma solo funciona matado demonios ¿cierto?-comencé a explicarle.

-Si eso ya lo sé, pero de todos modos es un cuchillo que puede matar humanos-me contradijo él.

-Si, pero sabes que yo no soy 100% humana. Soy mitad ángel pero ahora que vi a Astartea todavía en el cuerpo de mi madre y al llamarme hija, mis peores pesadillas se vuelven realidad por eso Cas no me podía curar del todo sin que me doliera. Yo fui engendrada por un demonio y un ángel. Tengo aparecían humana por los embases. ¿Sabes lo que significa Sam? Que yo fui planeada con anticipación para algo y temo que sea para destruir todo el mundo-confesé peor fin. Me sentía mejor al haber hablado, aunque no sabía si había hecho bien. Decirle a un cazador que yo podría ser la destrucción.

Sam me miro incrédulo. Luego saco el cuchillo de rubí y me dio temor. ¿Me mataría? Pero no, lo dejo en la mesita de noche.

-Sarah, sea lo que sea pase, siempre contaras con mi apoyo. Sé que tienes miedo al no saber que eres en realidad y yo te comprendo. Yo fui uno de los niños especiales de Azazel, tal vez por eso te buscaba a ti. Yo fui elegido también para ser el embase de Lucifer. Casi destruyo el mundo, pero aquí estoy tratando de ayudar gente, de redimirme. No se cuales han sido los planes de dios en toda mi vida ni en la tuya, pero lo averiguaremos y te ayudaremos a detenerte en caso de que se te olvide quien eres.-respondio Sam con toda sinceridad. No estaba sola, el sabia como me sentía por que ya lo había vivido.

-Gracias Sam, realmente estaba más asustada por tener que ser cazada por ti y tu hermano, que mi estúpido destino-repuse con una débil sonrisa.

El me sonrio pero luego se puso serio.

-Creo que lo mejor es no decir nada a Dean, el siempre ve al mal como una amenaza y si sabe que puede estar en peligro la humanidad no se la piensa dos veces y elimina el problema-me confió Sam Mi sonrisa se borro. Si tenía razón. Con Dean no había colores grises, era blanco o negro.

¿Qué iba a pasar si yo por defenderme lo mataba? ¿Podría hacerlo o me dejaría matar por él?...