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Sólo como amigos — capítulo 3
Al día siguiente, Hermione bajó al gran comedor sola.
Cuando llegó a la sala común la noche anterior, los chicos no habían vuelto aun del entrenamiento de quidditch y como tenía demasiado sueño, ya no tuvo ánimos de irlos a buscar.
De seguro esa mañana Ronald le hablaría para preguntarle que era lo que le pasaba, como siempre hacía cuando ella no daba señales de vida como él quisiera.
Después de no haberle respondido su mensaje, estaría intrigado…
Pero ella no pensaba dirigirle la palabra.
Estaba molesta.
Estaba más que molesta, se sentía herida. Dolida y herida por las desatenciones del pelirrojo cuando ella lo único que quería era hacerlo feliz…
_ ¿Y quién te dijo que ser la mejor amiga incluye tratar de hacerlo feliz?_ dijo para sí la casta._ No es nada más para ti, sólo son amigos…_
Pero sabía que el dolor que sentía no era el que sentiría una simple amiga.
¿A quien quería engañar?
A ella misma. Todo el tiempo.
Negando cosas que en sus narices eran demasiado obvias
Cambiándole el nombre a los calificativos que describían su comportamiento.
Inventando excusas que sonaran convincentes para tener esa mañana el semblante melancólico, haber pasado una noche casi en vela y sentir el corazón vacío.
Que más daba ahora.
Ronald no la había valorado. A ella le dolía eso. Tenía que renunciar ahora más que nunca a todo aquello que revoloteaba en su mente y en su corazón.
Ron Weasley no valía la pena.
Jamás se fijaría en ella como otra cosa que no fuera su mejor amiga.
¿Porque no podía entender eso?
Ni todos los pasteles de gran Bretaña harían que el pelirrojo se fijara en ella…
Ni si quiera aunque le regalaras a los Chuddley Cannons dentro de un pastel…
_ ¿Estas planeando algo para Ron?_ preguntó una voz a sus espaldas. Hermione pegó un brinco.
Luna Lovegood le sonrió amablemente y se sentó a su lado sin preguntar, aunque no perteneciera a Gryffindor.
Miro a la castaña con detenimiento y antes de que ésta pudiera abrir la boca, añadió.
_ De seguro Ronald agradecería que le regalaras a los Chuddley Cannons pero estoy segura de que valoraría más un detalle hecho por ti misma.
Hermione resopló.
No creas que tengo tanta suerte. masculló por lo bajo.
_ ¡Buenos días!_ dijo Neville muy sonriente llegando y sentándose al lado de Luna.
_Hola Neville, buenos días…
_ Hey, Hermione, ¿hay alguien sentado junto a ti?_ preguntó Harry quien también iba llegando. Hermione negó.
_Puedes sentarte…
_ ¿No se sentará Ginny ahí? Porque si es así, puedo ir a sentarme con Ron…
Hermione giró la vista al extremo opuesto de la mesa.
Ron comenzaba a engullir un plato de cereal, solo, cabizbajo y al parecer, sumido en la leche y sus pensamientos.
Hermione sintió una ligera incomodidad en el estomago. Ni siquiera la había saludado, no lo había visto llegar…
_No te preocupes, Harry, el asiento está libre…
Quien podía haberlo ocupado, se servía ahora una tostada y no volvía ni un milímetro la mirada hacia ella.
Tratando de calmarse, Hermione volvió la vista a su propio plato, y se dejó llevar en las pláticas de sus compañeros.
Pasado un rato, decidió que era hora de irse a la primera clase, y en compañía de Harry, se marchó al aula de encantamientos.
¿Te ocurre algo Harry? Pareces molesto… peguntó Hermione observando el semblante de su amigo.
Este negó no muy convincente.
_Una mala noche, sólo eso…
Ya somos más, no te preocupes…
Reparando en el hecho de que no habían esperado a Ron, Hermione se vio tentada a preguntarle por él a Harry, pero al llegar al aula, la respuesta la miro desde su butaca fijamente mientras practicaba un hechizo.
Hermione, volviendo a su idea original, desvió la vista de inmediato.
Caminó hasta su asiento sin volverse, y se preparó a escuchar la clase del profesor Flickwick.
Cuando la clase comenzó, la chica se sumergió en el relato del hombre.
Sin embargo, de vez en vez, debido a la costumbre, desviaba la vista hacia Ron.
En todas las clases, cuando no se sentaban juntos, tenían la costumbre de voltearse a ver e intercambiar miradas o sonrisas así que, o por ideología o por curiosidad, Hermione miraba al pelirrojo con detenimiento unos instantes y de nuevo volvía la vista al frente.
Pasados unos momentos, en un segundo que el profesor hizo un comentario muy gracioso, Hermione se rio al igual que el resto y miro a Ron de soslayo.
Éste le devolvió la mirada también sonriendo desde su lugar, pero Hermione evadió el gesto como si no hubiera visto nada.
Tienes que acatar las normas. se dijo la castaña._ Tú estas molesta… y él… bueno.
Pero lo cierto era que ver a Ron tan taciturno y alejado de ella y verse a sí mismo fingiendo que no pasaba nada, no le decía nada más que sentía una enorme inconformidad por dentro.
Las miradas se repitieron a lo largo de la clase.
El proceso fue el mismo.
Cuando al final se llego la hora de salir, Hermione camino deprisa entre sus compañeros sin esperar al pelirrojo.
Se le unieron en el camino Neville y Parvati al igual que Harry. Cuando doblaban la esquina para ir a pociones, se toparon con Ernie Mcmillan y Hanna Abot y juntos, todos emprendieron el viaje hacia las mazmorras.
Precisamente en el momento en que Hermione se preguntaba en donde se encontraría Ron y por qué no salió junto con ellos, la voz de Hanna la sacó de sus pensamientos.
_¡Hola Ronald! Te sienta muy bien ese nuevo corte de cabello…
Al sentir la presencia de Ron cerca de ella, demasiado cerca, diría, Hermione comenzó a avanzar más deprisa, mientras se le encendían las mejillas como siempre que ocurría cuando se sentía aludida con respecto a Ron.
Se fue hasta adelante de la parvada con Ernie y comenzó a charlar con él sobre las tareas de la profesora Mcgonagall. Lo que menos necesitaba era que le restregaran en la cara lo bien que se veía el pelirrojo (cosa que ya había notado) y que no podía comentar al respecto.
Esperando escuchar algún comentario proveniente de la boca de Ron, siguió caminando…
Hasta que el pelirrojo pasó por su lado con prisa, sin siquiera volverse, al parecer queriéndole demostrar que no tenía porque huir de él, él huiría de ella.
Hermione sintió que con cada paso que daba Ron lejos de ella, se llevaba entre sus manos un hilo que se corría desde su corazón…
Transcurrió la hora de la comida sin ninguna novedad. Ron, de nuevo, se había sentado en el extremo opuesto de donde ella se encontraba.
Hermione soltó un suspiro.
¿Y ahora por qué le ocurría?
La chica salió del comedor sola. Se dirigió a la biblioteca para tomar algunos volúmenes de consulta y volver a la sala común.
Mientras se dirigía hacia allá, comenzó a pensar en la actitud de Ron.
¡¡Ahora resultaba que quien esquivaba era él!!
Era más que obvio que la esquivaba porque ella lo esquivaba a él. O mejor dicho, había dejado de hablarle.
Hombres. masculló Hermione por lo bajo.
Un segundo después, Neville la alcanzó algo cansado y comenzaron a charlar hasta la biblioteca.
Cuando estaban a unos metros de la puerta, se encontraron de cara con Ron, quien iba saliendo de ésta, cargando pesados libros entre sus brazos.
Al verlo, Hermione no pudo evitar clavarle los ojos encima.
Igualmente, Ron la contemplo a ella a los ojos sin volverse.
Sin embargo, el subconsciente de Hermione fue más rápido.
Su mirada no reflejó nada. En cambio, lo miro como si mirara a una planta de ornato en el pasillo. Sin darle la mínima importancia, Hermione se volvió a Neville como si jamás hubiera mirado a Ron.
El chico se quedo impávido mirándola. Hizo una seña con las manos como preguntando que era lo que había de nuevo pero como Hermione lo ignoró, clavó la vista en Neville quien sólo levanto la mirada y sonrió.
Hermione siguió caminando y entró a la biblioteca sin volverse.
Ron, de la misma manera, siguió su camino a la sala común soltando un suspiro mientras en su cabeza se escucha la cansada vocecilla.
Mujeres…
Hermione se internó entre las estanterías y respiró profundo.
Bien.
Ron estaría solo, estudiando, dado que ni ella ni Harry estarían con él.
Ella probablemente se quedaría con Neville…
Tomó los libros que necesitaba y fue a sentarse a una mesa vacía.
Neville la alcanzó y comenzaron a realizar los trabajos.
La chica contempló a su alrededor.
La biblioteca se encontraba prácticamente desierta, sólo estaban ellos dos y otras tres estudiantes fuera de cuenta, esparcidas por todo el lugar.
Hermione suspiró.
Ron y ella habrían estado demasiado cómodos en un ambiente así.
El clima era frio y las nubes fuera del lugar amenazaban lluvia. Podrían haber esta solos, los dos, platicando…
La chica soltó otro suspiro y decidió que era mejor enfocarse en sus labores…
Sin embargo, pasados algunos minutos, Hermione comenzó a sentirse intranquila y más que eso, sola.
Trató de despejar sus pensamientos, y siguió con su trabajo.
Platicaba en voz baja con Neville y evitaba penar en cierto pelirrojo.
Lo consiguió por al menos media hora.
Quizás era hora de volver a la sala común…
Podía terminar ese trabajo más tarde, bajo las sabanas…
Ahora necesitaba pensar…
Se despidió de Neville excusándose con cualquier pretexto y salió de la biblioteca con paso seguro.
Sabía que al llegar a la sala común, se toparía con Ron, quien de seguro estaría solo, igual que ella.
No le importaría.
No lo miraría, simplemente entraría, subiría, dejaría sus cosas y saldría rumbo a los terrenos del castillo.
Divisó el retrato metros adelante.
Suspiró.
No le costaría tanto tiempo incomodar a Ron…
Ni incomodarse ella.
Meigas fritas. dijo la chica al retrato. La dama rosa sonrió y la dejó pasar.
Hermione respiró profundo y colocó un pie dentro de la sala común.
Pero antes de que pudiera poner el otro, la escena que la recibió, la dejó congelada.
Ahí estaba Ronald Weasley, en el rincón que siempre ocupaban ELLOS DOS, al parecer estudiando… nada más y nada menos que con Lavender Brown.
Hermione sintió que su estomago se quedaba vacío de pronto y le faltaba el aire. Una oleada de algo frío inundó su interior.
Antes de poder hacer o decir nada más, pensar siquiera, se dio la media vuelta y salió por el mismo hueco que había entrado, sin siquiera ser notada por los allí prsentes.
Hey, ¿a donde vas? preguntó la dama gorda intrigada viéndola marcharse.
Hermione no respondió.
Sintió como su corazón se apachurraba dolorosamente y unas lágrimas se agolpaban en sus ojos.
Mejor mátame… no tiene sentido que me hieras así. dijo para sí la chica y siguió caminando.
¿Podía alguien saber como era que ella se sentía en aquel momento?
No lloró simplemente porque se encontraba con personas todo el tiempo y llorar delante de todos no era bueno.
Podrían decirle a Ron… y ella no quería darle ese gusto.
Llegó a la explanada del castillo y caminó bajo el cielo nublado con lentitud.
Caían unas cuantas gotas pero nada grave.
Era como si el cielo intentara llorar por ella que no podía, que tenía el corazón atado.
Se sentó en una banca de piedra que se encontraba lejos del castillo y se quedo mirando al horizonte.
Respirando, comenzó a detectar sus emociones.
Dolor, primero que nada.
Vacío y desazón por ver que Ron ahora se encontraba tan contento…
Rabia, en segundo lugar, quizás en mayor medida.
Lavender Brown era una maldita víbora aprovechada y escurridiza.
Hermione hubiera dado cualquier cosa por poder ir hasta allá y zarandearla del cabello.
La ira invadió a la castaña.
Simplemente la maldita aquella se había percatado de su alejamiento con Ron y había ido corriendo a ocupar su lugar.
Hermione sintió que algo se le destrozaba por dentro.
Eso era lo que más le dolía.
Que alguien más ocupara su lugar y Ron no presentara ninguna resistencia a ello.
Hermione se recargó en el muro que tenia detrás y miro el cielo.
¿Por qué era que dolía tanto aquello?
_ ¿Sola de nuevo, Hermione?_
La chica se volvió.
Luna Lovegood llegó hasta ella y se sentó a su lado. Hermione no respondió.
_ ¿Sigues molesta con Ronald?_
Hermione se volvió de golpe. La rubia la miraba tranquila.
_ ¿Cómo sabes eso?_ preguntó Hermione sorprendía. La rubia se encogió de hombros con una sonrisa melancólica en el rostro.
_Es claro. Tú por tu lado y él por el de el, separados, sin pelear… Posiblemente los demás no lo hayan notado, pero yo si.
Hermione soltó un suspiro y esquivo la mirada de Luna. Ésta sólo la contempló.
_Se ve que te extraña. Verlo solo tanto tiempo y con cara de pocos amigos no es buena señal…
_No te preocupes, Luna… Está en muy buena compañía ahora…
La rubia no dijo nada. Sólo contempló a la enfurecida y entristecida Hermione.
Se recargó en el muro también y dijo.
_Pues yo estoy aquí… si quieres hablar con alguien.
Hermione la miró unos instantes y después miro el cielo.
Luna tenía razón. Necesitaba hablar con alguien.