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Sólo como amigos — capítulo 5
A la mañana siguiente Hermione despertó con ese vacio espantoso en el estomago y ese dolor en el alma.
El pecho seguía apretado y la boca le sabia amarga.
La hiel del desprecio de Ron no dejaba nada bueno en ella.
Sin embargo, ese día no sería igual a los anteriores, eso ya no.
Hermione Jane Granger se había propuesto ser todo lo fuerte y valiente que pudiera ser, como toda una Gryffindor que era. Si no era por gusto, sería por orgullo.
Ese juego sin querer lo había iniciado ella y ahora tendría que seguir adelante con el.
Al final del cuento, Ronald Weasley ya le había demostrado que no iba a ceder… pues ella tampoco lo haría, ni un ápice de ahora en adelante.
Quería indiferencia? La iba a tener.
Si no quedaba otra alternativa, la palabra Ron Weasley iba a tener que desaparecer de su vocabulario permanentemente.
Se puso en pie y comenzó a alistarse. Cuando estuvo lista, se miro en el espejo.
Su razón, en algún rincón de su subconsciente gritaba ante sus planes "es absurdo! Ve y discúlpate con él, o al menos pregunta que le ocurre" mientras que en el otro rincón, otra voz, su orgullo, alardeaba "claro que no! La enojada es ella! Él tendrá que someterse y arrepentirse por ser el miserable gusano que es!"
Sacudiendo la cabeza, la chica alejó la vista del espejo y salió del dormitorio. De nuevo, a levantar el telón y a desempeñar esta vez un papel distinto: el de Hermione Granger, la que no conoce a Ronald Weasley.
Haciendo acopio de toda la fuerza que le quedaba (porque sospechaba que su valor y su fuerza se perdían en cantidades alarmantes desde que mantenía aquel duelo psicológico) salió de la sala como y se dirigió al gran comedor.
Convencida de lo que haría, se preparó para dar la primera estocada. Llegó y sin pensarlo dos veces, se sentó al lado de Parvati, frente al pelirrojo Ron Weasley.
Buenos días! dijo con una animada voz que no parecía ser la suya.
Sin embargo, el efecto fue inmediato.
Todos devolvieron el buenos días, excepto Ron, quien por algún extraño motivo, seguía con la vista clavada en el plato vacio sin mover ni un músculo.
La chica ignoró este hecho y comenzó a charlar animadamente con sus compañeros.
Extrañamente, el peso en el estomago seguía ahí, pero la clara muestra de desconcierto de Ron hacía que tuviera el acopio suficiente para seguir con aquello.
Pronto, se dio cuenta de que aunque le resultaría un poco difícil, no era imposible. Dejar a Ronald Weasley en el pasado sólo le tomaría algunos días.
Resignación, quizás. Orgullo, en gran medida, lo que la empujaba a tomar esta alternativa.
El resto del desayuno lo pasó muy ameno, sintiendo una baja de energía por parte del pelirrojo. Labalanza se estaba postrando a su favor.
Marchó a clases contenta con Harry y se la pasó de lo lindo participando en pociones. Por primera vez, el profesor Snape se permitió halagar una poción suya y eso la hizo sentirse grande.
Ronald sólo la miraba desde un rincón de la mazmorra.
Cuando terminó la clase, Hermione salió con la frente en alto y el henchido orgullo rebosando en su pecho.
Seguir adelante parecía ahora más fácil.
Por otra parte, Ron se había quedado boquiabierto en la puerta de la mazmorra, viendo alejarse a la castaña.
Le veía andar con pasos ligeros pero seguros y aun recordaba su melodiosa risa en el desayuno de esa mañana.
Al parecer Hermione se había olvidado de que él existía. No lo había mirado ni un segundo en todo el día y su vida parecía ir mejor sin él.
¿Pero que demonios estaba pasando?
La siguió a distancia hasta el gran comedor. Sin que la chica lo notara, se sentó muy cerca de ella.
Se concretó a mirarla.
Hermione exhibía una peculiar sonrisa. Había dejado mudo a Snape y a él mismo, de paso.
Parecía que de verdad la chica se había cansado de todo aquello, y, siendo todo lo madura que era, lo había dejado de lado.
Claro. ¿Para qué quería ella a un niño gigante a su lado?
Lo que realmente tendría que reconocer él no era que sucedería ahora con Hermione, sino que sucedería ahora con él sin ella.
El pequeño pedazo de madurez que habitaba en su interior pareció evaporarse al darse cuenta de que sin Hermione, el jamás podría volver a seguir.
Ella era la que le daba estabilidad y le orientaba el camino de vez en cuando, si no era que todo el tiempo.
Ella sin él, se lo veía de maravilla, pero a él sin ella… sólo se lo veía como una sombra.
Y no la culpaba. Él se lo merecía.
_ Ron, ¿quieres un poco de puré?_ dijo una voz a su lado. Ron miro algo cansado a Lavender.
No, gracias… eh, Parvati, ¿podrías pasarme el estofado de ahí? el pelirrojo señalo una fuente que la chica, a una distancia corta de él, tenía frente a sus narices. La chica asintió y, sin intención alguna, le pasó la fuente a Hermione.
_ ¿Podrías dársela a Ron, Hermione, por favor?
Ron se congeló. Conocía a Hermione. Tenía dos posibilidades. Negarse (que era lo más probable, pasarle la fuente a otro para deshacerse de la responsabilidad) o echarle el contenido increíblemente caliente en la cabeza….
Si bien le había echado una bandada de pájaros, ¿por qué no un tazón con sopa caliente?
Ron pasó saliva con dificultad, esperando el resultado.
Lo que a él le parecieron años, no fueron mas que segundos y lo que aconteció, lo dejo frío, como si en lugar de la sopa caliente, Hermione le hubiera lanzado la jarra de agua helada.
La castaña, con todos los modales y tranquilidad del mundo, puso la fuente de estofado en las manos de Ron tal y como haría si él fuera cualquier otro estudiante de Gryffindor, ni más ni menos,
¿Palabras de por medio? Ninguna. Pareciera que Hermione le había dado la fuente a alguien invisible porque no cruzo mirada con él. En cambio, volvió a su charla con Neville animadamente como que si aquel percance JAMAS se hubiera suscitado.
Touché
Una estocada mucho más certera de la madurez de Hermione.
El apetito de Ron pareció esfumarse.
Se sirvió de la fuente con la esperanza de que aquello fuera madurez liquida pero la probó apenas. Era obvio que su boca era indigna para la madurez de la que Hermione había hecho gala con aquel acto.
Rato después, cuando la chica hubo terminado y se hubiera alejado tranquila del gran comedor, Ron dejó caer la cuchara y mirando en dirección a ella, susurro:
Me rindo.
…
Hermione llegó hasta la sala común y se sentó en su rincón favorito. Sacó sus libros y comenzó a realizar sus deberes.
Extrañamente, se encontraba bien. Con una pesada carga en los hombros pero en condiciones de seguir. Su día había ido muy bien, hasta ahora.
De pronto, sus compañeros irrumpieron en la sala. Animadamente, comenzaron a realizar sus deberes igual que ella en distintas partes de la sala común. Hermione ignoró a los recién llegados y continuo.
Pasado un rato, cuando hubo terminado, comenzó a guardar sus cosas. Entre los libros, descubrió el que Ronald había sacado y le había enviado.
Tenia fecha de entrega para ese día… seria mejor que lo regresara cuanto antes.
Entre más pronto se deshiciera de la última cosa que él le había compartido, mejor.
Antes de salir por el retrato, fue hasta el círculo de estudios de sus compañeros. Si iba a dejar de hablar con Ron de por vida, tendría que hacer amigos nuevos para llenar su lugar… aunque le doliera en lo profundo del alma.
_Iré a la biblioteca. ¿Alguno de ustedes gusta que lleve algún libro a regresar o que saque alguno para sus deberes?
Antes de que nadie pudiera negar o asentir con la cabeza, un muchacho pelirrojo se puso en pie con dificultad.
Yo iré contigo. dijo mirándola a los ojos impasible.
Hermione se quedó de piedra por unos segundos. ¿Qué?
¿Habia escuchado bien? ¿Era una pesadilla? Ron no podía estar ahora frente a ella ofreciéndose a acompañarla…
Reaccionando del shock, hizo como si no hubiera escuchado aquello y miró a los demás.
Tratando de sonar segura, repitió.
¿Nadie?
Todos negaron. Ron en cambio, recogió sus cosas y fue hasta el retrato. Lo abrió y miro a Hermione.
Después de ti.
…
Caminar al lado de Ron después de una semana sin hablarle, era extraño.
Al parecer Luna tenia razón, se decía Hermione. Nadie de la sala se había percatado de que ellos dos no se hablaban y por tanto, no les había parecido extraño el comportamiento de último minuto de Ron.
Hermione, sin embargo, era otra historia.
Andaba rumbo a la biblioteca con prácticamente un desconocido. Habían intercambiado frases en todo el trayecto, pero cuando al parecer ambos querían acercarse, sus halos de orgullo y personalidad chocaban y se repelían.
Era como si intentaran bailar y ninguno de los dos supiera como.
Se movían, pero no bailaban. No juntos, al menos.
Llegar a la biblioteca fue tranquilizador para Hermione. La gente hacía que su corazón dejara de temblar y no se sintiera tan sola con Ron. Simplemente la labor era sencilla. Devolver un libro.
Traigo a regresar este ejemplar, señora pince…
Como era de esperarse, a la mujer no le sorprendió ver que Hermione devolvía el libro que había sacado Ron. Ellos dos siempre tan unidos, pensaba la anciana. Tan unidos y tan aberrantemente estúpidos que se alejaban por no aceptar lo que era evidente.
Sin mayor mérito, tomó el libro, hizo una anotación y selló el volumen nuevamente. Lo mando flotando hasta un estante y miro a los dos jóvenes.
Estos la miraron sin decir nada.
_ ¿Algo más?_ peguntó lamujer ante el tenso silencio entre los visitantes. La castaña miro al pelirrojo. Éste se encogió de hombros y salió de la biblioteca.
La castaña miro desconcertada al pelirrojo y lo siguió después de murmurar un gracias a la bibliotecaria.
Ella observó la sorpresa en el rostro de la chica y la miro hasta que se perdió de vista.
Esa sabelotodo insufrible es más tonta de lo que parece. dijo la mujer en voz baja y se volvió a su trabajo.
La chica podría ser muy buena con lamagia, pero muy torpe para el amor.
…
Ron miro a Hermione que se acercaba hasta él. Él había caminado solo hasta el patio, que era lo que quedaba más cerca, y se había refugiado detrás de un árbol. No entendía porque Hermione lo había seguido. Estaba casi seguro de que no lo haría.
¿Para qué la había acompañado en primer lugar?
Quizás para intentar volver a la normalidad.
La normalidad ahora se le antojaba a un sueño, uno lejano. Hermione no iba a dejar caer la muralla de hielo tan fácilmente… ¿o si?
Gracias por el libro. musitó la castaña cuando llego hasta él. Lo miro como si nada pasara, pero Ron aun percibía un dejo de tensión entre ellos.
De nada…
_Me iré a la sala común… tengo que…
Quédate.
Si aquella era su voz, Ron no supo cuando dejó escaparla.
Hermione lo miro incrédula. Ron sintió flaquear toda su defensa y sin más, dejo caer la armadura.
_No tenemos más deberes… si los tienes, si quieres, trae tus cosas… es mejo estar aquí afuera.
La chica sólo lo miro.
_Iba a decir que tenía que guardar mis cosas, las deje en el suelo…
_Nadie les hará nada… Vamos, Herms, siéntate un rato.
Esavoz no era suya, no podía serlo. ¿Por qué le estaba pidiendo que se quedara como si su vida dependiera de ello?
Antes de poder sorprenderse más con eso, se sorprendió al sentir el cuerpo de la castaña junto al suyo. La chica miraba, al parecer resignada, el paisaje.
Ella también había bajado la guardia.
…
¿Por qué se quedaba y era débil? Hermione no lo sabía. Sólo podía comprender que estaba ahí, al lado de Ronald Weasley, charlando de la nada, solos a mitad de un patio en el basto Hogwarts. Mirarlo, mirarse en él. ¿Qué estaba pasando?
Al parecer eso era una tregua… ¿temporal?
_ ¿Qué te pasa, Hermione?_ preguntó el pelirrojo observándola. Hermione lo miro sin comprender.
¿Le preguntaba que le pasaba? ¿Él? ¿A ella?
Imposible.
¿Eh?
Que te pasa. repitió el pelirrojo._ Te ves rara._
Hermione sintió impotencia. Se sintió como una niña pequeña que no puede confesar que se comió media docena de galletas sola. Podría hacerlo. Podría acabar con aquello y decirle que era él, el causante de todo.
Se vio claramente gritando furiosa "¡Tú! ¡Maldita sea, Ronald, tú! ¡Me pasas tu!" pero no fue capaz.
Era como si le hubieran hecho un nudo en la lengua o ésta se hubiera desaparecido.
Negó con la cabeza mientras sus ojos se fijaban en un punto distante de Ron. Él no debía darse cuenta…
_¿Necesitas…? ¿Un abrazo?
No, era imposible, eso no podía estar pasando.
La incredulidad debió marcarse en su rostro porque Ron la miro algo cohibido y susurro.
_ ¿No? ¿No es eso lo que necesitas?
Hermione se quedó de piedra. No sabía como responder…
Si… necesito un abrazo… susurro sintiéndose infantil. Miro a Ron. Éste, algo inseguro aun, le abrió los brazos.
_Pues, si lo quieres…
Hermione lo vio con terror. El pelirrojo cerró los brazos algo decepcionado. Hermione lo miro. Negó con la cabeza imperceptiblemente y Ron abrió los brazos nuevamente.
Se acercó a ella con cuidado y la rodeó.
Hermione se sintió congelada en aquel momento.
Eso no es un abrazo. susurró no supo con que valor.
Ron rio algo nervioso y apretó a Hermione entre sus brazos como nunca lo había hecho.
Hermione, sintiendo que el aire se le escapaba, se aferro a Ron como si fuera un sueño y amenazara con volar lejos de ella en cualquier momento, con sus alas transparentes y su calor de fantasía...
¿Qué era lo que pasaba?
No se sentía mejor, aun sentía un hueco en el estomago y un nudo en la garganta. Pero por alguna extraña razón, aquel abrazo, que parecía estaba durando una bendita eternidad, le completaba el alma enteramente.
Apretándolo cada vez más hasta no dejarle espacio entre sus brazos, Hermione sintió que encajaba con Ron perfectamente, como nunca lo habían hecho.
Él solo recargo su cabeza en el hueco que se formaba entre el hombro y el cuello de la castaña y soltó un leve suspiro.
Fueron deshaciéndose del abrazo lentamente y al final se miraron.
Como si el tiempo no hubiera pasado, charlaron hasta que se ocultó el sol.
Volvieron juntos a la sala común, se dieron las buenas noches y cada cual se fue hasta su habitación.
Con satisfacción, Hermione respondió por su ausencia a Lavender diciendo que había estado con Ron en el patio platicando.
Cerró las cortinas de su cama antes de que la chica replicara y puso un hechizo de silencio al rededor de su cama.
Exhausta, como si realmente hubiera ido Hermione a la guerra, se dejó caer en las almohadas. Aun sentía un dolor en el pecho y un hueco en el estomago pero supuso que eso desaparecería a la mañana siguiente o a la siguiente, ya que se hubiera recuperado.
Por ese día, ella había ganado una batalla.
_Ahora ya sabes de lo que eres capaz, Hermione… eres una niña valiente… y muy fuerte.