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Tratando de callar al corazón — capítulo 11
Llegue temprano a la casa de Billy, debo decir que cuando me abrió, no parecía muy feliz de que estuviera ahí, de hecho creo que estaba un tanto decepcionado. En ese momento estaba sentado en la sala, con la mirada de Billy sobre mí, era como estar delante del padre de Sam, esperando a que ella bajara para poder irnos a la fiesta.
-¿Qué paso? - fue su seca pregunta.
-Un mal entendido - no creía que fuera bueno que, se enterará de la verdadera razón, de la porque me había dejado.
-Te conozco, y la conozco a ella - replico - sé que Sam no se iría por un pequeño mal entendido, y tú sueles ser impulsivo, así que necesito saber que fue lo que paso entre ustedes.
-No quiero entrometerte en esto - fue mi excusa.
Ante aquello abrió los ojos, y supe que si pudiera caminar en ese momento, me estaría sujetando de la playera, exigiendo una explicación, de lo que ya estaba seguro que ya sabía que había hecho.
-¿Te atreviste? - gruño, con su silla se alejo de la sala - no puedo creer, que hayas sido capaz de meterte con alguien más.
-No dije que fuera eso lo que había pasado - trate de salir por la tangente.
- Mírame y dime que no le fuiste infiel - giro su silla tan rápido, que por poco y choco con él.
Sus ojos negros se clavaron en los míos, en verdad me daba escalofrío, pues sabía lo que mi esposa significaba para él, además no podía mentirle, había pasado toda mi infancia jugando con su hijo y porque mentir con él también. Por lo que simplemente baje la mirada esperando a que llegará el reproche, de lo que había hecho.
-Buenos días - al escuchar aquella voz, levante la vista y vi a Samantha bajar en pijama, y aun así lucía hermosa, a pesar de que se acabará de levantar, la sonrisa que tenía se borró a instante que se fijo en mí - ¿Qué diablos haces aquí?
-Debemos hablar - repuse suavemente.
-Pensé que ya estaba todo dicho, - se cruzo de brazos - pero si no te quedo claro, no quiero verte.
-Sé que cometí un error imperdonable, - camine hacia la escalera, en donde a ella le faltaban tres peldaños para terminar de bajar - que tampoco hay alguna excusa, que me justifique de lo que hice, solo puedo decir que te amo, no sé hacer una vida sin ti, y por eso estoy aquí, suplicando porque me des una segunda oportunidad.
-Un poco tarde, - aunque sus ojos no decían lo mismo, parecía que no tardaba en ponerse a llorar - he comenzado a rehacer mi vida lejos de ti, y no puedes venir a hacer que mi decisión se vaya a la basura, con tu estúpida cara de culpabilidad, no puedes.
-Dime que todo lo que sentiste por mí, se acabo - fije mi vista en sus ojos - y te prometo que me iré y no volveré a molestarte.
-En un mes no puedo olvidar, todo lo que vive contigo, - lo sabía - y comienzo a dudar que algún día lo haga, pero no sé si mi amor sea tan grande como para perdonarte lo que me hiciste.
-Dime qué quieres que haga, para que me perdones y lo haré sin pensarlo - le asegure - no me importa si tengo que humillarme, estoy dispuesto a hacer cualquier cosa, para que regreses conmigo.
-No voy a regresar a Londres, - se veía seria - así que si quieres regresar, debes olvidarte de seguir una vida allá.
-Renuncie hace una semana, - eleve los hombros - así que si quieres vivir aquí no hay problema.
-Debes volver a enamorarme - me espeto - será como antes, si quieres que esto funcione, debes hacerme ver porque me case contigo, porque en estos momentos comienzo a olvidar que fue lo que vi en ti.
-Muy bien - acepte con una leve sonrisa, no creía que fuera tan complicado.
-Quiero que vendas la casa de Londres - replico - porque solo así, estaré segura de que jamás regresarás, y sobre todo no quiero saber que tuviste contacto alguno con Mary, porque si me llego a enterar, te prometo que no vas a volver a verme.
-Es un hecho - en verdad no podía creer, que en verdad me estuviera dando una segunda oportunidad, tan sencillo.
-Ahora quiero desayunar - fue su sencilla respuesta.
-¿Puedo acompañarte? - pregunte amablemente y como respuesta recibí, un levantamiento de hombros.
Paso por mi lado, y se dirigió a la cocina, antes de que la siguiera, el brazo de Billy me detuvo.
-Me llego a enterar, de que la hiciste llorar una vez más - su mirada me decía que no estaba bromeando - y te prometo que haré que pases unos días en una celda.
-No te preocupes, - sonreí de lado - no voy a desaprovechar la oportunidad, de volver con mi esposa.
No hubo ninguna respuesta, aunque su mirada me decía que si había algún otro problema, lo más probable es que no la pasará muy bien, pero no era tan imbécil como para volver a pasar por lo mismo.
En cuanto llegue a la cocina, ella estaba frente a la estufa y parecía preparar waffles, casi enseguida de que nos sentamos, coloco una taza enfrente de cada uno, y después puso el café en la taza, y sin más volvió su concentración en su tarea culinaria.
-¿Quieres que te ayude? - pregunte suavemente.
-Corta un poco de papaya, melón y manzana - me pidió - y colócala, en esos tres platos.
Deje un beso en su mejilla, antes de hacer lo que me había pedido, ella rodo los ojos como siempre, que preparábamos el desayuno, y según ella, siempre la ultrajaba, pero que podía hacer si esa mujer me volvía loco.
-¿Te he dicho, que te ves hermosa, cuando cocinas? - le dije, mientras ella colocaba un poco de la mezcla en un sartén, para hacer hot cackes.
-Siempre - sonrió levemente.
-Pues no puedo ocultarlo - eleve los hombros, mientras seguía cortando la fruta.
-No va a hacer tan sencillo
- me espeto.
Sabía que Samantha iba a terminar perdonándome, conocía el enorme corazón que tenía, aunque la felicidad de pasar un raro con ella no duro mucho, pues cuando lleve los platos al comedor, el idiota que besaba a mi esposa el día anterior, estaba ahí.
-Vladimir, él es Emmett - nos presentó Billy - Emmett, él es Vladimir.
-Ya tengo el disgusto de conocerlo - dijo con repudio.
-Emmett - escuche en la cocina, y con una sonrisa de suficiencia me di la vuelta, para ver que necesitaba.
-¿Qué pasa preciosa? - pregunte.
-¿Puedes llevar estos dos platos? - me los entrego.
No dije nada, solo la deje pasar con el plato, y yo salí detrás de ella, ante la mirada de Vladimir, supe que más que enojado con ella estaba decepcionado, y se sentía dolido por lo que había pasado.
-Veo que escondiste muchas cosas - le reprocho.
-Lamento mucho, si te hice crear falsas ilusiones, - se disculpo - y más haberte ocultado mi matrimonio.
-No importa, - su voz fue ronca - fue mi culpa, por creerte diferente.
-Es diferente - le espete - no vas a encontrar una chica como ella muy pronto.
-Por favor - pidió Billy al ver que iba a replica - Vladimir, es mejor que te vayas.
Y sin decir una palabra se dio media vuelta y salió de la casa, mientras Sam se dejo caer en una silla, quise abrazarla, pero sabía que si lo hacía lo único que iba a recibir sería rechazo.
-Y también que tú te vayas - repuso Billy.
Sabía que tenía razón, así que simplemente salí de la casa, esperando que todo lo que había pasado, se le olvidará pronto, después de todo yo no pensaba dejar de luchar por ella.
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