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Tratando de callar al corazón — capítulo 13
En cuanto le mostré la casa, fue como si le hubiera dado el juguete favorito a una niña, corrió por toda la casa, revisando cada rincón, con una sonrisa que a decir verdad me llenaba por completo, no había nada mejor que verla feliz, era realmente lindo, verla así.
-Es perfecta - dijo, en cuanto llego a una recamara que estaba justo al lado de la principal, además de que se comunicaban por una puerta, a parte de las del pasillo.
-Creo que aquí, debe ser la habitación, de nuestros hijos, claro cuando sean bebés - comente con naturalidad - pero mientras eso pasa, podemos usarlo como estudio o sala de televisión, o lo que tú te hayas imaginado.
No hubo respuesta, aunque algo me decía que me estaba ocultando algo, pero ya me lo diría o al menos eso esperaba, bajo al jardín, había un enorme árbol en medio, la observe desde la cocina, imaginado como sería aquello, cuando nuestros hijos jugarán ahí; Sam se recostó en el césped y fijo su vista en el cielo.
Enserio estaba fascinada con esa casa, y a mí me encantaba verla tan sonriente, era como volver a tener aquella adolescente de dieciséis años, que había llegado a casa, que a pesar de la muerte de sus padres, seguía siendo una guerrera, no había duda, que tenía una fortaleza que admiraba.
Estaba a punto de salir, pero mi teléfono sonó, así que sin despegar mi vista de ella, sin observar el número conteste.
-Hasta que te dignas a tomar la llamada - esa voz era de Rosalie - les he marcado a ti, y a Sam, pero parece que ninguno se digna a contestarme.
-Hemos estado ocupados - respondí con tranquilidad.
-Recuerdas que nuestros padres, cumplen años de casados en un mes, - no dije nada, esperé a que continuara - y bueno Alice y yo hemos estado planeando, ir una semana antes de que sea Navidad, para pasar más tiempo con ellos, después de todo hace mucho que no nos reunimos.
-Había olvidado Navidad - susurre.
-Más les vale que vayan, después de todo el año pasado no vinieron - me reprocho - y se supone que esas fechas, es para estar con la familia.
-¿Cuándo llegarán ustedes? - pregunte con amabilidad.
-Stefan le dan la semana del 31, así que pedirá una más, yo creo que llegamos a Forks el 17 - contesto.
-Sam y yo estamos desempleados, así que supongo que podemos irnos la próxima semana - estaba seguro, que le agradaría convivir con su hermana.
-¿Por qué están desempleados? - supuse que había arrugado la nariz.
-Decidimos venir a vivir a California - respondí con tranquilidad.
-¿Cuándo diablos pensaban decirme? - había olvidado lo aprensiva que era la señorita.
-Llegamos hace una semana - mentí - y no hemos tenido tiempo, para llamarte.
-Quiero hablar con Samantha
- ordeno.
-Ahora está ocupada - la verdad no deseaba incomodarla, con la llamada de Rosalie.
-Muy bien - acepto con cierta molestia - dile que quiero hablar con ella.
-Le diré - le asegure - pero ahora te dejo, debo hacer algunas cosas.
-Nos vemos - se despidió.
-Cuídate y salúdame a Stefan
- dije antes de colgar.
En cuanto lo hice, salí al jardín, en donde Sam no se había movido, seguía contemplando las nubes.
-Acabo de hablar con Rose - le informe.
-¿Qué quería? - se incorporo y clavo su mirada en mí.
-Avisarme del aniversario de Carlisle y Esme, - me recargue en la puerta - y sobre todo, para advertirnos que no podemos faltar a la cena de Navidad.
-Había olvidado que su aniversario es el 22, - soltó un suspiro - pero supongo, que merecen que la pasemos juntos, después de todo hace tres años, faltaron Alice y Jasper, hace dos Edward y Bella que decidieron irse de vacaciones, y hace uno tu y yo no asistimos.
-Sí creo que merecen que esta vez estemos todos reunidos - comente serenamente.
-¿Cuándo nos iremos? - pregunto, incorporándose.
-Pensé que estaría bien la próxima semana - eleve los hombros.
-¿No piensas buscar trabajo?
- elevo una ceja.
-Puedo estar durante un año sin trabajar, y seguir como siempre - le sonreí de lado - además un mes, de vacaciones me vendría bien.
-Ok - acepto, no muy convencida.
-Confía en mí, - la tome de las manos - estaremos bien.
-Hay algo que tengo que decirte - susurro, y bajo la mirada.
-¿Debo preocuparme? - le tome el mentón, para que me viera.
-No lo sé, - admitió - debo decir que a mí me cambio la vida.
-En verdad muñeca, comienzas a asustarme - le reproche.
-Si te di una segunda oportunidad, no fue tanto por mí, - ante aquello arrugue la nariz - y no es porque no te ame, porque lo hago y mucho, pero si me estoy arriesgando a que tal vez me hagas daño, es por alguien que es muy importante.
-Por favor - le pedí, al ver que de nuevo se quedaba callada - vas a hacer que me dé un ataque.
-Después de haberlo esperado, durante seis meses, - su voz fue baja - sé que en sí no fue mucho, pero a pesar de haberlo deseado tanto, cuando decido separarme de ti. Una parte tuya decidió quedarse en mí.
-No entiendo - me sentía nervioso.
-Hace un mes, descubrí que estoy embarazada - anta aquello, abrí la boca tratando de decir algo, pero la volví a cerrar, al ver que no había nada - estaba decidida a olvidarte, pero comenzaron las nauseas, y después la desaparición de mi periodo, y claro lo de no gustarme nada de la comida, aunque me haya enamorado de las donas, cuando hace un mes las detestaba, creo que ahora es lo único que puedo comer sin tener ganas de vomitar - posó su mano en mi mejilla - creo que va a ser adicto a ellas, como tú.
Quería abrazarla, y decirle que me hacía feliz, que esperábamos a nuestro primer hijo, pero mi cerebro no parecía estar conectado, con ninguna parte de mi cuerpo, simplemente me había congelado, sin decir una palabra, de hecho creo que mi rostro debía mostrar terror, ya que sus ojos se comenzaron a llenar de lágrimas.
-Sé que no lo esperabas - su voz era temblorosa - de hecho, si no te alegra, está bien, de hecho si quieres puedes arrepentirte de lo que me prometiste hace un rato, no tienes por…
Sin pensarlo la silencie con un beso, pues había sido lo único que había logrado que mi cuerpo hiciera, ella no lo respondió, de hecho sentí su tensión, por lo que supuse que eso no era lo que esperaba como respuesta.
-Muñeca, - tome su rostro entre mis manos - estoy tan feliz, que no encuentro las palabras… Y esto en vez de hacer que me aleje, hará que este mucho más cerca de ti - la tome de la cintura y comencé a dar vueltas con ella - me has hecho el hombre más feliz.
Ella solo rió, y a mí me pareció lo más perfecto que había escuchado, sabía que amaba a esa mujer, y ahora me iba a dar un hijo, no podía pedir más en esta vida, mientras la mantuviera a mi lado, nada podía salir mal, porque ella era mi fortaleza, y estaba seguro de que la quería por siempre a mi lado.
Rosalie Hale
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