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Tratando de callar al corazón — capítulo 2
POV Emmett
Los rayos del sol me impidieron seguir durmiendo, odiaba no cerrar las cortinas, aunque cuando recordé la razón, me di la vuelta para abrazar a mi esposa, pero mis manos dieron al colchón sin nada que se interpusiera, abrí los ojos y como casi todas las mañanas estaba vacía.
-Samantha
- susurre, recostándome boca arriba - lo hiciste de nuevo.
Me di la vuelta y note que en el buro había una nota, debía comenzarme a acostumbrar a esto, desde hace un año, despertaba sin mi mujer a mi lado, y en las noches me dormía sin que ella hubiera llegado, si no conociera su trabajo, comenzaría a pensar que me estaba siendo infiel.
Tome la nota, su caligrafía era suave y pequeña, era como ella, aunque muchas veces quisiera aparentar que era la mujer maravilla, era de cristal, que podía romperse en cualquier momento, pero aun así siempre daría una cara de que todo estaba bien. Con un suspiro comencé a leer:
Lo siento, sé que es lo que siempre digo, pero tengo que ir a la sesión de fotos y a la rueda de prensa. No quise levantarte, pues sé que has tenido una semana demasiado pesada, le dije a Molly que te tuviera preparado el desayuno, nos vemos en la noche.
Esta vez ni siquiera había un Te Amo, supuse que creía que ya no era necesario, después de todo, llevábamos dos años de casados. Me levante y observe el reloj, marcaba las 9:30.
Camine hacia el closet, para tomar un pants y bajar al comedor para poder desayunar. De nuevo iba a desayunar solo un sábado por la mañana, al igual que iba a pasar el día solo, esto no era lo que había pensado cuando me había casado, me imaginaba que todas las mañanas lo primero que iba a ver iba a ser, la mujer que amaba.
Pero en cambio despertaba, con una nota, en la cual se disculpaba por tener que irse, ni siquiera cuando éramos novios pasaba esto, de hecho ella se aferraba a mi cintura, impidiendo que me levantará; extrañaba esos momentos, en donde mi Muñeca se aferraba a mí.
La amo y mucho, pero comienza a desesperarme el despertar solo, y tener que dormir igual, pasar el día completamente solo. No, así no era como lo imagine, pero Samantha Swan era la mujer de mi vida, y era por eso que la apoyaba en todo, aunque en estos momentos me sintiera solo.
-Señor
- esa voz fue de Molly, la mujer de servicio.
-¿Qué pasa? - pregunte observando a la mujer como de unos cuarenta y tantos años, robusta de cabello negro y rostro de buldog, creo que por eso Sam la contrato, ya que era la única que no me había hecho ojitos.
-Hay una mujer, que dice ser amiga de su esposa - respondió seriamente.
-Pues dile que no está - repuse con indiferencia.
-Es que lo busca a usted - ante aquello arrugue un poco la nariz.
Sin pensar que solo traía un pants, baje las escaleras, en la sala estaba una mujer de cabello rubio y quebrado, jamás la había visto.
-Hola
- salude, ella giró su vista y sus ojos grises me escanearon - Molly, me dice que deseas hablar conmigo, ¿para qué?
-Veo que Sam no mintió, cuando dijo que eras directo - comento con una media sonrisa.
-Lamento decir que mi esposa, no ha hablado sobre ti - le sonreí de lado.
-Bueno soy Maggie Lutz - me extendió la mano - conocí a Samantha en la obra.
-¿Eres actriz? - cuestione con una ceja elevada.
-Pues en eso ando, pero ahora me dedico a maquillar a los actores - elevo los hombros.
-Pues tienes un rostro que sería digno de los escenarios - ante aquello ella se sonrojo, cosa que me causo gracia.
-No soy tan bonita como Samantha - eleve una ceja confundido.
-El rostro de mi esposa es angelical, y más esos hermosos ojos azules que parecen ser la ventana de su alma, - sonreí levemente - tiene la belleza y el talento, para ser grande en la actuación.
-Y además debemos aumentar, que es muy joven, tiene todo un mundo por delante - repuso suavemente.
-Siempre ha conseguido lo que quiere, - me senté en el sofá que estaba enfrente de ella - y yo soy muestra de ello.
Ella rió, y yo la seguí, aunque no entendí muy bien de que, en ese momento se escucho la puerta abrirse, giré el rostro y por ahí entraba mi muñeca, con un pantalón de mezclilla, que se ceñía perfectamente a ese trasero que me volvía loco y esas piernas perfectas.
-Hola
- saludo con una media sonrisa - ¿Maggie? ¿Qué haces aquí?
-Yo solo vine a traerte esto, - le mostró una cadena, que era la que yo le había dado el día de su cumpleaños - lo dejaste en la mesa y supuse que sería importante.
-Gracias
- sonrió mi esposa recibiendo, la cadena - me habría dado algo, si la hubiera perdido.
-Bueno es mejor que me vaya - se despidió la chica - nos vemos el lunes.
-Nos vemos
- se despidió - fue un gusto conocerte.
-Lo mismo digo - respondí tranquilamente.
Esperé a que la mujer saliera, en cuanto eso pasó, giré mi vista hacia mi esposa, que observaba la cadena.
-Pensé que la habías perdido - comente.
-Lo mismo creí - susurro - pero es bueno, que Maggie la haya encontrado - levanto la mirada, y su sonrisa se esfumo.
-¿Qué pasa? - pregunte.
-¿Por qué no te pusiste una playera? - estaba molesta.
-Se me fue por completo - sonreí de lado - pero ahora estoy, demasiado feliz, como para dejar que tú te enojes.
-¿Por qué? - arrugo la nariz.
-Pues porque estás aquí - la tome de la cintura - pensé, que tendría que esperar hasta la noche para verte.
-Bueno, el idiota de Charles, jamás llego - refunfuño - y por su culpa, mañana tendremos que hacer, lo que teníamos que hacer hoy.
-Es mejor disfrutar el día - le bese la frente - olvidarnos, de todo, y solo disfrutar de nuestra compañía.
-Suena bastante interesante - rodeo mi cuello con sus brazos.
-Y lo primero que haremos será desayunar como una pareja - bese su nariz, y luego sus labios.
-Muy bien
- acepto con una media sonrisa - hoy estaré a tu completa disposición.
-Eso me agrada - le susurre al oído.
Ella simplemente rió, pero este día no lo iba a desaprovechar, ya que no sabía cuando se iba a repetir, y por eso lo mejor era disfrutarlo.
Maggie Lutz
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