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Historia 7807 — capítulo 3

CAPITULO TRES

LA ESCUELA DE VERANO

Harry, Ron, Hagrid, Tonks, Fred, George y la señora Weasley viajaron utilizando el subterráneo muggle, para tormento de Hagrid que se sentía incómodo encerrado en esos “trencitos de juguete”, atrayendo las miradas de todos los pasajeros.

Luego de ingresar al “Caldero Chorreante” - donde Harry tuvo que someterse a la habitual ronda de saludos y comentarios de los magos y brujas presentes - la señora Weasley golpeó con su varita mágica el tercer ladrillo de la izquierda por encima del tacho de basura, y el grupo salió finalmente al callejón Diagón pasadas las dos de la tarde.

  • Nosotros nos vamos – dijo Fred -. Tenemos que abrir el negocio.

  • No vayan a irse sin visitarnos. Especialmente, tú Harry – agregó George.

  • Para comenzar iremos a Flourish y Blotts – dijo la señora Weasley consultando la lista de libros- y luego podemos ir a…

  • Ehh… Yo antes debo pasar por Gringotts – dijo Harry.

  • ¡Oh, por supuesto querido! – dijo la señora Weasley -. Haremos las compras por separado y nos encontraremos en la terraza de la heladería Florean Fortescue a las 17.30 hs. ¿de acuerdo?

  • Bien –dijo Tonks-, hace tiempo que quiero ir de compras y nunca encontraba la ocasión.

  • Yo iré a tomarme unas copitas al “Caldero Chorreante” – dijo Hagrid-. Los esperaré allí para llevarlos a Hogwarts.

Los negocios del callejón Diagon siempre habían atraido la atención de Harry, pero de todos ninguno como “Artículos de Calidad para el juego de Quidditch” para magnetizarlo en su vidriera.

Además de la saeta de fuego, exhibían los uniformes de todos los equipos de la Liga de Quidditch.

Una snitch dorada atrajo su atención. El precio era prohibitivo, pero lo que detuvo a Harry de comprarla no fue eso, sino recordar las imágenes que había observado en el Pensero de Snape. No quería convertirse en un joven engreído jugando con su propia snitch a orillas del lago y arrancando exclamaciones de asombro a Colin Creevey.

Finalmente logró alejarse de la vidriera y encaminarse hacia Gringotts.

Cruzó con paso decidido las puertas de bronce lustrado, que franqueaban el paso al conocido edificio color blanco nieve.

Lo hicieron pasar por las puertas plateadas hasta el hall de mármol donde los duendes, detrás de un largo mostrador, realizaban las habituales tareas de contabilidad.

Harry se acercó al mostrador y le dijo a un duende que parecía desocupado:

  • Buen día. Soy Harry Potter. He venido para sacar dinero de mi caja de seguridad – dijo exhibiendo la llave.

El duende la examinó de cerca frunciendo la nariz.

  • Esta no parece ser su llave, señor Potter.

  • Oh lo lamento – se disculpó Harry buscando en sus bolsillos hasta encontrar la llave de su caja de seguridad. La llave que le di pertenece a la caja de seguridad de Sirius Black. Soy su heredero. También quiero visitarla.

El duende examinó ambas llaves con mucho detenimiento y finalmente exclamó:

  • Parece estar todo en orden. Voy a hacer que alguien lo acompañe abajo, a las dos bóvedas. ¡Urook!

Harry siguió a Urook hacia una de las puertas para salir del hall.

Harry y el duende atravesaron el angosto corredor de piedra, subieron al carro y recorrieron el laberin­to de retorcidos pasillos subterráneos, hasta detenerse ante la pequeña puerta en la pared del pasillo.

Urook abrió la cerradura de la puerta de la caja de seguridad de Harry.

Este colocó un puñado de galleons y sickles en su bolsa y salió.

  • Ahora a la caja de seguridad setecientos once, por favor – dijo Harry.

Harry tenía gran curiosidad por saber qué guardaría Sirius en su bóveda. No debieron recorrer mucho trecho antes de detenerse ante una nueva puerta.

El duende abrió la puerta y se corrió a un costado.

Harry se asomó lentamente a la bóveda de Sirius. En el aire flotaba un pesado olor a humedad y encierro. En el centro de la caja había una gran cantidad de monedas de oro y de plata. Harry calculó que habría el doble de dinero que en la bóveda de sus padres.

Ya estaba por retirarse cuando observó un pequeño paquete casí oculto en un rincón. Estaba envuelto en papel madera y atado con hilo.

Harry se acercó al bulto, que tenía toda la apariencia de ser un libro, y lo alzó. Una inscripción hecha en el envoltorio con una letra pequeña y elegante decía:

PROPIEDAD DE LILY POTTER.

Harry casi deja caer el paquete por la sorpresa.

El duende tosió:

  • El tiempo es galleons, señor Potter.

Harry volvió al carrito tan absorto en la contemplación del libro que casi olvida cerrar la bóveda.

Harry salió parpadeando a la luz del sol y se apresuró a realizar todas las compras para su próximo año en Hogwarts.

La ansiedad por terminar lo antes posible y tener tiempo para abrir el misterioso paquete era tal, que en un par de negocios casi se va sin esperar el vuelto.

Cuando hubo terminado, tomó el paquete de su madre en sus manos dispuesto a abrirlo y hojear su contenido, cuando una mano se apoyó en su hombro obligándolo a darse vuelta.

  • Espero que no estuvieras pensando en irte sin pasar por nuestro local –dijo Fred.

  • ¡Oh, por supuesto que no! – mintió Harry ocultando el paquete de su madre entre sus libros de Hogwarts. rápidamente-. Justamente ahora me dirigía alli.

  • Genial - dijo Fred-. George y Lee Jordan ya están allí atendiendo a los clientes.

  • ¿Lee Jordan?

Fred asintió.

  • Estamos empleando a varios de nuestros viejos compañeros de Hogwarts. Apenas damos a basto con la demanda.

  • ¿Tan bien va el negocio? – preguntó Harry.

  • Puedes comprobarlo por ti mismo – dijo Fred haciendo un ademán con su brazo.

Una larga fila de chiquillos de todas las edades hacían cola en la calle esperando su turno para ingresar a un colorido negocio.

En la vidriera de cristal se leía escrito con grandes letras multicolores:

“Bromas Mágicas Weasley”

Lee Jordan controlaba el ingreso y egreso de los clientes.

Fred se acercó a la entrada y gritó con gran pomposidad:

  • ¡Paso al señor Harry Potter! Permiso… Disculpen… Harry Potter es cliente habitual de nuestro local. Muchas de nuestras bromas le han sido de gran utilidad en su lucha contra “Ya-saben-Quien”.

Harry escuchó un murmullo de asombro y vio que varios chicos lo señalaban mientras cuchicheaban con sus compañeros.

  • Nunca está de más un poco de publicidad – dijo Fred guiñándole un ojo.

Adentro del negocio, varios ex alumnos de Hogwarts atendían a una multitud de ávidos clientes que llenaban sus bolsas con todas clase de bromas.

George, sentado detrás de la caja registradora, los saludó con la mano.

  • Hola Harry. Puedes llevarte lo que quieras. La casa invita.

Fred paseó a Harry por las distintas estanterías y vitrinas mostrándole las distintas clase de chascos y bromas.

  • Varitas de goma… Fuegos artificiales… Sombreros desaparecedores… Orejas extensibles… Galletas de canario…

A Harry le impresionaron especialmente unos calderos regurgitantes, que arrojaban la poción en el rostro de quien la criticaba.

  • Podrías usarlos en la escuela de verano – dijo Fred-. Estoy seguro que a Snape le encantarán. De hecho, él fue nuestra inspiración…

Por todas partes Harry escuchaba a chiquillos haciendo comentarios como:

  • Es Fred Weasley en persona. Dicen que convirtió todo un piso de Hogwarts en un bosque prohibido. Cuentan que ni siquiera el profesor Dumbledore lo pudo hacer desaparecer...

  • Sí, yo escuché que hechizaron a Filch haciendo que le creciera pelo por todo el cuerpo. Parecía un hombre lobo...

  • Llenaron a la directora del año pasado de bombas fétidas cuando abandonaron el colegio. Yo lo vi con mis propios ojos.

Finalmente Harry logró despedirse de los gemelos y llegó jadeando a Florean Fortescue deseando tener un poco de tiempo para abrir el misterioso paquete. Lamentablemente, Ron y su madre parecían haber terminado sus compras temprano y ya lo estaban esperando.

Fue la primera vez que Harry no se alegró de verlos.

Volvió a colocar el paquete entre los libros de Hogwarts y se sentó con ellos a soborear un helado antes de partir.


  • Les hice unas galletitas para el viaje – dijo la señora Weasley entregándole un paquete a Ron.

  • Vamos, a tomar el autobús noctámblo muchachos — dijo Hagrid-. Quiero llegar a Hogwarts antes del anochecer.

Tonks sacó su varita, levantó su mano derecha y…

¡BANG!

El familiar autobús rojo de tres pisos apareció de la nada delante de ellos, subiendo la rueda delantera a la vereda. Un conocido joven delgado y cubierto de granos, llevando un uniforme púrpura, saltó al pavimento y dijo:

  • Bienvenidos al Autobus noctámbulo…

  • Si recuerdas quién soy — dijo Tonks bajando la voz—. Eso es todo lo que dirás por el resto del viaje, ¿entendido?

Stan asintió y les hizo un ademán para que subieran.

El grupo ayudó a cargar su baúles al interior del autobus y entregó los once sickles a Stan.

  • Listo Ernie. Podemos continuar – dijo Stan mirando de reojo a Tonks.

Tonks echó una rápida mirada buscando dónde sentarse. Los tres pisos parecían estar vacíos con la sola excepción de un muchacho sentado en una silla del fondo.

  • Hola chicos.

  • Hola Neville –respondieron Ron y Harry.

Tonks sujetó a Harry por el hombro, pero este le dijo:

  • Está bien, es compañero nuestro de Hogwarts. Neville Longbottom

  • Longbottom – dijo Tonks-. No será el hijo de…

  • El mismo – se apresuró a decir Harry-. Pero no le gusta hablar del tema, así que no vayas a mencionarlo.

Tonks asintió con un gesto.

  • ¿Cómo estás, Neville? - saludó Hagrid palmeando al muchacho tan fuertemente que casi lo tira de su silla.

  • Ehhh… bien. ¿A ustedes también los citaron a la escuela de verano?

Harry y Ron asintieron.

Neville pareció aliviado.

  • No quería estar solo con Snape el resto del verano.

  • ¿Debes recuperar Pociones? ¿Qué piensas seguir, Neville? – preguntó Ron sentándose a su lado.

  • Estudio y Cuidado de plantas y hierbas mágicas – dijo Neville- Cuando MCGonagall me dijo que necesitaba aprobar Pociones pensé en cambiar de carrera. Pero no soy bueno para ninguna otra cosa.

  • Tonterías. Me han contado que fuiste realmente útil… ejem… tú ya sabes donde – comentó Hagrid bajando la voz-. Las pociones son necesarias para el buen cuidado de las plantas. El profesor Snape me ha ayudado en numerosas ocasiones a combatir las plagas del huerto.

  • Para él no es difícil – dijo Ron-. Snape mismo es una plaga.

Todos rieron durante un buen rato.

  • No deberías hablar así de un profesor – dijo Hagrid secándose las lágrimas de risa-. Los Encantamientos también resultan sumamente útiles. Conozco un par de hechizos fertilizantes que…

  • Ya lo sé – gimió Neville-. También debo recuperar Encantamientos. Mi abuela me ha dicho que si no logro que me acepten en los EXTASIS me pondrá a vender artículos mágicos por la calle.

  • No hables así, pequeño – lo consoló Hagrid-. Conozco a tu abuela y es una buena persona. Estoy seguro que te ayudará pase lo que pase.

  • El único examen que aprobé, además de Herbología, fue Defensa contra las Artes Oscuras – dijo Neville-. Y eso gracias a ti, Harry.

Harry balbuceó algo y miró hacia el piso.

Hagrid se infló de orgullo y palmeó a Harry suavemente en el hombro.

  • ¿Les conté que mi abuela me compró una varita nueva? – dijo Neville sacando una varita reluciente de su túnica-. Veintitrés centímetros, madera de nogal y núcleo de pelos de unicornio.... Al menos eso es lo que dijo el señor Ollivander. Mi abuela no estaba muy contenta de que hubiera roto la varita de mi papá...

En el grupo se produjo un incómodo silencio.

  • ¿Ajedrez magico o Snap explosivo? – preguntó Ron rápidamente.

Ron sacó su ajedrez mágico del baúl y pronto él y Harry se enfrascaron en una partida bastante accidentada debido a los continuos bamboleos del autobus.

Un tremendo “BANG”, lanzó todas las piezas al suelo y comenzaron a protestar airadamente. Ron tuvo que sostenerse de Hagrid para no perder el equilibrio y Neville salió lanzado de su silla derrapando por el suelo hasta la mitad del autobus,

Harry apenas había evitado la caída sujetándose de la ventanilla abierta.

Un par de compañeros de Hogwarts, de Hufflepuff, subieron al autobus.

  • Si les sirve de consuelo, parece que no serán los únicos alumnos en Hogwarts este verano – comentó Tonks alegremente.

El autobús ingresó en la autopista evitando un par de autos y se internó en el tráfico zizagueando de manera alarmante.

Ernie tuvo que detenerse en un par de ocasiones más para permitir que subieran más alumnos de Hogwarts. El autobus noctámbulo estaba muy cerca de parecerse a un micro escolar.

  • Pensar que juré que no tomaría esta máquina de la muerte nunca más - comentó Ron todavía aferrado a Hagrid.

  • No es tan malo cuando te acostumbras – dijo Hagrid-. Aunque en lo personal prefiero el Expreso de Hogwarts.

  • ¿Hogwarts? Es la próxima parada — informó Stan alegremente, tambaleándose hacia ellos.

Atravesaron Hogsmeade a toda velocidad y pocos minutos después se detuvieron a las puertas del imponente castillo.

Hagrid y Tonks les ayudaron a bajar su equipaje, después salieron para despedirse.

  • Suerte en el curso de verano, Harry. Y si al viejo Snape se le da por molestarte más de la cuenta no tienes más que avisarme, ¿comprendido? - dijo Tonks guiñándole un ojo.

El pequeño grupo de estudiantes de sexto año empujaron sus baúles por la subida al castillo hasta el hall de entrada. Otro pequeño grupo de alumnos, entre los que se encontraba Gregory Goyle, parecían haber llegado antes.

Ron le dio un codazo a Harry y le susurró:

  • ¿Ya viste quien está?

Harry asintió con la cabeza. Le resultaba extraño ver a Goyle sin la compañía de Crabbe y de Malfoy. El mismo Goyle parecía sentirse igualmente incómodo ya que miraba a todos lados con expresión asustada.

  • Veo que ya están todos – dijo la profesora McGonagall bajando la escalera principal-. Dejen sus equipajes donde están. Más tarde serán llevados a sus habitaciones Vengan conmigo.

El pequeño grupo de estudiantes siguió a la profesora McGonagall a través del vestíbulo, subieron la escalera de mármol y recorrieron un pasillo.

Ya en el despacho, la profesora se sentó detrás de su escritorio, e hizo una señal a los alumnos para que hicieron lo propio en una sillas vacías que parecían estar especialmente preparadas para ellos.

  • No tengo necesidad de recalcarles la importancia que tiene este curso de verano para que ustedes tengan la posibilidad de continuar con las carreras que han elegido. Las clases de verano no modificarán las notas de las evaluaciones realizadas por el Ministerio, pero al menos les permitirán acceder a los EXTASIS. No espero nada menos que el máximo esfuerzo de todos ustedes. Durante la mañana tendrán clases intensivas, y algunos incluso por la tarde, -agregó mirando a Neville-. El tiempo que les quede libre lo dedicarán al estudio. Sus progresos serán evaluados semanalmente y aquellos que demuestren no estar en el nivel esperado serán devueltos a sus hogares. ¿Alguna pregunta?

Silencio.

  • Bien. Aquí tienen sus horarios y las contraseñas para ingresar a las salas comunes de sus casas. Si nadie tiene nada que preguntar pueden retirarse. Longbottom, estás olvidando tu horario… Potter, ¿podrías quedarte un momento?

Todos los alumnos, a excepción de Harry, se levantaron de sus asientos y salieron del despacho.

  • ¿Y ahora qué sucede? – murmuró Harry.

La profesora McGonagall miró a Harry con severidad.

  • Supongo que no tengo que recordarte que he empeñado mi palabra para ayudarte a ser auror. He visto los resultados de tus MHB y han sido satisfactorios a excepción de Pociones.

Hizo una pausa para ver si Harry quería comentar algo y continuó:

  • El profesor Snape no hace excepciones en cuanto al nivel requerido para tomar sus EXTASIS, ya lo sabes, así que no cuentes con ello.

  • Jamás cuento con nada en lo que se refiere a Snape - dijo Harry.

  • El profesor Snape – corrigió ella recalcando la palabra- podrá ser duro contigo, iritante, injusto, pero tiene tu futuro en sus manos. Hazte un favor, Potter, no le des el gusto de arruinártelo. Si necesitas ayuda en algo no dudes en recurrir a mí. ¿Entendido?

Harry hizo ademán de levantarse de su asiento pero McGonagall lo detuvo con un gesto de su mano.

  • Aún no he terminado – y cambiando la expresión severa de su rostro por un sonrisa agregó-. Este año serás el capitán del equipo de Quidditch. Felicitaciones. No espero menos que ganar el campeonato, Potter. No he estado limpiando la copa todos estos años para entregársela al profesor Snape.

Ron estaba esperando en el pasillo. Cuando Harry salió, le preguntó:

  • ¿Qué quería McGonagall contigo?

  • .Recordarme que debo aprobar Pociones y decirme que este año seré capitán del equipo de Quidditch… – dijo Harry sin mucho entusiasmo.

  • ¡Guau, Harry…! ¡Felicitaciones! Lo primero será buscar tres nuevos cazadores…

  • Solo dos. Ginny me dijo el año pasado que le gustaría ser cazadora – comentó Harry.

  • Oh, claro… - exclamó Ron-. El año pasado lo hizo muy bien como buscadora. Eso deja sólo dos puestos vacantes… Siempre que quieras conservar como bateadores a Andrew Kirke y Jack Sloper. Comparados con Fred y George eran un par de inútiles pero con entrenamiento duro creo que saldrán adelante… Conozco muchas tácticas que podemos practicar… Estoy pensando que en el partido con Slytherin podemos…

Harry pensó que Ron sabía mucho más que él sobre Quidditch y que hubiera merecido ser capitán. Sin embargo, en lugar de estar enfadado parecía más entusiasmado aún que el mismo Harry.

Ron todavía estaba hablando de tácticas defensivas y ofensivas cuando llegaron al salón del comedor. Se veía algo triste con las mesas vacías arrimadas a las paredes y la ausencia del característico griterío.

En el medio del salón había una única mesa con cubiertos para todos.

Dumbledore les hizo una seña para que se acercaran. El profesor Flitwick, Hagrid y algunos alumnos de sexto ya estaban ubicados.

  • ¡Bienvenidos a la escuela de verano! – dijo Dumbledore cuando Harry y Ron se acercaron a la mesa-. Cuando somos tan pocos no tiene sentido utilizar las mesas de las casas. ¡Siéntense!

Ron y Harry se sentaron juntos en un extremo de la larga mesa enfrente de Hagrid y lejos de Goyle. La profesora McGongall entró apresuradamente al salón y se ubicó al lado de Dumbledore

  • Me ha dicho que no lo esperemos a cenar. Está en las mazmorras desempacando y preparando todo para sus clases de mañana.

Dumbledore asintió.

  • Muy bien, entonces… ¡A comer! – aconsejó Dumbledore sonriendo.

Las fuentes doradas y las copas que tenían adelante se llenaron de comida y de bebida.

  • ¿Escuchaste? – susurró Ron al oído de Harry mientras se servía una buena cantidad de salchichas-. Snape ya regresó de sus vacaciones.

Harry hizo un gesto de disgusto.

Fue un banquete delicioso. Pero Harry apenas si pudo comer algo. Sentía un nudo en el estómago. Debido a lo pequeño del grupo, Harry tampoco pudo ponerse al corriente con Ron de las últimas novedades. Finalmente, cuando los últimos bocados de tarta de calabaza desaparecieron de las bandejas, Dumbledore se puso de pie:

  • ¿Cómo están todos? – dijo abarcando a los presentes con la mirada-. Oh, por supuesto que no necesito tomar las clases de la profesora Trewlaney para saber exactamente como se sienten. Estoy seguro de que la profesora McGonagall ya les habrá dado las indicaciones del caso. Solo me queda recordales que el señor Filch no se ha tomado vacaciones.

Hubo un murmullo de decepción.

Dumbledore sonrió.

  • Me ha pedido que les recuerde que todas las normas y prohibiciones que rigen durante el año siguen vigentes durante las vacaciones. Estoy seguro que para todos ha sido un día lleno de emociones así que … ¡A domir!

Harry y Ron se levantaron y se encaminaron hacia los dormitorios. Pero Hagrid se acercó hacia ellos y les dijo:

  • Ehh, Harry, me preguntaba si querrías venir conmigo a la cabaña a tomar un poco de té… Tú también puedes venir Ron.

  • Sí por supuesto – dijo Harry con pena. En realidad estaba deseando ir a la sala común de Gryffindor para abrir el paquete con el nombre de su madre, y descubrir qué era lo que contenía. Pero era evidentre que Hagrid había estado esperando la oportunidad de hablarles a solas.

Hagrid les sirvió el té y les ofreció un plato de bollos de Bath. Pero ni Harry ni Ron los tocaron. La repostería de Hagrid dejaba mucho que desear. Esperaron en silencio hasta que Hagrid comenzara a hablar.

  • Es Grawpy – dijo finalmente con tono de tristeza-. No puedo encontrarlo por ningún lado.

  • Estoy seguro de que pronto aparecerá, Hagrid – dijo Ron -. No creo que su rastro sea muy difícil de seguir.

  • Sí, emmm… claro. Normalmente no tendría un gran inconveniente en encontrar a Grawpy, pero dadas las circunstancias…

  • ¿Qué circunstancias, Hagrid? - preguntó Harry.

  • Claro… Claro… Ustedes no deben saberlo… Con todo lo que pasaron. ¡Oh Harry cómo lamento molestarte con todo lo que te ha sucedido! – dijo Hagrid. Le temblaba todo el cuerpo-. Creeme que si no se tratara de Grawpy…

  • ¿De qué hablas Hagrid? – insistió Harry- ¿por qué no nos explicas lo qué sucede para que podamos ayudarte?

  • Es por los centauros – dijo Hagrid por fin-. Cuando Dumbledore fue a rescatar a la profesora Umbridge les “pidió permiso” para que pudieramos utilizar ciertas zonas del Bosque Prohibido.

  • ¿Dumbledore les pidió permiso a los centauros? – comentó Ron asombrado-. Creí que eran ellos los que estaban aquí con permiso de Dumbledore.

  • Bueno… Dados los últimos acontencimientos no puedes culparlos… - dijo Hagrid conciliador-. Los magos hemos abusado demasiado de las otras criaturas, dijo Dumbledore. Es tiempo de que comencemos a respetarlas.

  • ¿Y qué pasa con Grawpy? – insistió Harry.

  • Temo que los centauros le hayan hecho daño – dijo Hagrid mientras dos lágrimas rodaban por sus mejillas-. O incluso que lo hayan matado. Estaban muy molestos con él. No lo querían en el bosque- Todo es culpa mía. Si no lo hubiera traido… - ahora Hagrid lloraba desconsoladamente-. Pero no podía dejarlo con los gigantes… Lo hubieran matado…

  • Si los centauros lo hubieran atacado supongo que Grawpy es capaz de defenderse a sí mismo – comentó Ron.

Harry conocía a Grawp y sabía de lo que era capaz, pero también había presenciado la lucha que había librado con los centauros cuando Hermione y él trataban de librarse de Umbridge.

  • ¿Tú y Hermione pudieron verlo durante mi… ausencia? – preguntó Hagrid mientras las lágrimas chorreaban por su mejilla y se perdían en su barba.

Harry inspiró hondo no sabiendo qué decir.

  • Oh vamos Harry… Si sabes algo debes decírmelo, no importa lo que sea… Quiero saberlo… Tú deberías entenderlo mejor que nadie.

Harry no tuvo más remedio que contarle todo lo que había sucedido cuando Hermione y él se introdujeron con Umbridge en el bosque prohibido.

Al finalizar el relato, Hagrid secó las lágrimas de su cara con la manga de su camisa.

  • El pobre pequeño e indefenso Grawpy – sollozó Hagrid sonandose sonoramente la nariz con un pañuelo que bien podría servir de mantel-. No pararé hasta encontrarlo. Se lo debo, después de todo es mi culpa. Yo lo traje aquí y lo dejé solo. Es la única familia que me queda. Si los centauros le han hecho algo, juro que…

Harry y Ron tragaron saliva. No querían ni imaginarse de lo que sería capaz de hacer Hagrid cuando se enojaba.

  • Hagrid, nosotros queremos…

  • No… - dijo Hagrid moviendo el dedo su mano-. Ustedes deben estudiar y aprobar sus materias. Y hablando de eso miren la hora que se hizo. Los llevaré de vuelta al castillo. No querrán empezar la escuela de verano llegando tarde en su primer día de clase.

Cuando llegaron al dormitorio, las luces estaban apagadas y Neville dormía plácidamente. Muy a su pesar Harry cerró la cortinas de su cama y cayó rendido por el sueño.

A la mañana siguiente, luego de desayunar, Harry, Ron y Neville descendieron por las escaleras que conducían hasta las mazmorras como ovejas que se encaminan al matadero.

Entraron en el aula de Pociones y se prepararon para la peor mañana de sus vidas.

Era un hermoso día de verano y ellos estaban encerrados en esa oscura mazmorra donde no entraba el más mínimo rayo de sol.

Harry hundió la cabeza entre sus manos y se preparó para lo peor.

El sonido de pasos firmes ingresando a la mazmorra y el fru fru de una túnica le indicaron que Snape había entrado al aula.

Harry mantuvo la cabeza baja para no encontrarse con la fría mirada de odio y la sonrisa despectiva de Snape.

Pero Ron le dio un codazo y le susurró

  • Harry, mira.

Harry alzó la vista. En lugar de Snape se halló con un brujo muy alto, vestido con una túnica negra. Tenía el pelo cortado al cepillo. Las cejas pobladas emnarcaban dos ojos negros que miraban a la clase con severidad.

El pálido rostro afilado, la mandíbula cuadrada, los rasgos severos que parecían tallados en piedra. Todo en él infundía respeto y autoridad.

  • Mi nombre es Abraham Staker y voy a impartirles las clases de Pociones durante el curso de verano. – el tono de su voz era marcial y a pesar de que había sólo tres alumnos en la clase, gritaba como si estuviera hablándole a una multitud.

Harry alzó la mano.

  • Sí señor…

  • Potter, señor.

Si su apellido significaba algo para el profesor Staker, Harry nunca lo supo, porque su expresión no varió un ápice.

  • Diga, señor Potterr – invitó arrastrando la erre de manera similar a como lo hacía Víktor Krum.

  • ¿Dónde está el profesor Snape?

  • Se me ha dicho que se encuentrra de vacaciones. Pero no deben preocuparrse. Estoy perrfectamente capacitado para imparrtirles Pociones y llevarrlos al nivel requerido por el profesorr Snape. Él me ha dejado un programa sumamente detallado de los temas a serr desarrollados, así como de sus evaluaciones.

Staker sostuvo la mirada de Harry durante unos minutos y continuó:

  • Si no tienen más preguntas comenzaremos con la instrrucción. Tenemos mucho que hacerr y poco tiempo disponible. En el pizarrón tienen anotada las indicaciones para reparar la “Poción de Paz”. Según las notas del prrofesorr Snape todos necesitan rrecuperrla. Es una poción difícil que me serrvirrá para evaluarr sus puntos débiles. Comiencen.

El pequeño grupo de alumnos puso manos a la obra con entusiasmo. La ausencia de Snape los había alegrado haciendo sentir que su destino era un poco menos miserable.

El profesor Staker parecía ser severo pero justo. Se paseaba entre ellos con la espalda recta y las manos en la espalda, haciendo indicaciones y recomendaciones pero no se burlaba de ellos ni trataba de ponerlos nerviosos.

  • Concentrración, Longbotom, concentrración – advirtió el profesor Staker por enésima vez mientras Neville intentaba disipar el humo que salía de su caldero agitando su mano-. Esa es la clave. No pierrda la serrenidad.

La “poción de paz” era sumamente complicada, pero Harry se cuidó de seguir la instrucciones correctamente, sin olvidarse de agregar las dos gotas de jarabe de eléboro.

A los pocos minutos un vapor plateado subía de su caldero.

  • Es extraño, señor Potter – declaró el profesor Staker observando con satisfacción la poción que hervía en el caldero de Harry-. Por sus notas esperaba otra clase de alumno. Sin embargo, su rendimiento ha sido muy satisfactorio.

  • El profesor Snape y yo nunca nos llevamos bien –comentó Harry.

  • No se debe confundir rendimiento académico con disciplina – sentenció el profesor Staker.

La poción de Ron no estaba tan bien como la de Harry, pero al menos no apestaba a huevos podridos. Y hasta Neville había realizado su mejor esfuerzo logrando algo que tenía la consistencia de una poción y no de cemento.

Luego de dejar sus muestras en el escritorio se dirigieron al comedor, donde almorzaron en la mesa única tal como lo habían hecho durante la cena.


  • Bien, Harry. Ya hemos cumplido con nuestras obligaciones – exclamó Ron palmeándose la panza con satisfacción-. ¿Qué te parece si vamos a volar al campo de Quidditch?.

  • No… creo que por hoy no, Ron - dijo Harry mirando al piso -. Yo, em… quisiera leer un poco, ¿sabes? Para ponerme al corriente…

Ron sacudió la cabeza como para apartar un pensamiento desagrdable.

  • ¡Caray Harry! Jamás pensé que diría esto. Pero te estás pareciendo a Hermione. Vamos a disfrutar un poco y así podré mostrarte un par de jugadas que estuve pensando.

La invitación de Ron era tentadora, pero Harry aún no había tenido un solo minuto de tiempo libre para inspeccionar el paquete que había traido de la bóvedad de Sirius.

  • Hoy no, Ron. Lo siento.

Ron pareció sorprendido, pero no insistió. Tomando su escoba salió de la sala común de Gryffindor con paso apresurado.

Ya que Neville estaba tomando sus clases de Encantamientos, Harry tenía la torre Gryffindor para él solo. El momento no podía ser mejor.

Se precipitó al dormitorio y extrajo de su baúl el paquetito envuelto en papel madera.

Desató el hilo con cuidado y quitó el envoltorio doblándolo con sumo cuidado.

Tal como Harry había sospechado era un libro.

En su portada podía leerse en letras doradas:

:

El Libro de mi Bebé

Harry James Potter.

Con manos temblorosas abrió la primer hoja y leyó:

Nací el 31 de Julio en el Hospital San Mungo.

Con 3,050 kg de peso y 50 cm. de altura.

Todos dicen que me parezco a mi papá

pero que tengo los ojos de mi mamá.

Mis papis son Lily Evans y James Potter.

Harry contempló una foto de su madre acunando a un bebé llorón, su frente, sin ninguna cicatriz, se llenaba de pequeñas arruguitas por el llanto.

Sus ojos se llenaron de lágrimas.

Secándose los mejillas con la manga de su túnica continuó leyendo.

Las primeras visitas

Te visitó el padrino Sirius, te regaló un sonajero que comienza a sonar cada vez que lloras. (Estuvo sonando toda la noche).

Tío Remus, una mantita de lana de cuando él era chico.

Tío Peter, una lechuza de peluche.

Frank y Alice Longbottom con su bebé Neville también vinieron a visitarte. Te trajeron una luz mágica para tu cunita.

También vinieron magos y hechiceras amigos de papá: Emmeline Vance, Elphias Dodge, Sturgis Podmore y Alastor Moody.

Cuando anocheció vino Hagrid, del colegio al que iban mami y papi.

El grupo sonreía para la foto. Su madre y su padre lo sostenían en brazos, rodeados por todos los invitados. Sirius lucía especialmente alegre.

Su madre había agregado al pie de la foto.

Los tíos Vernon y Petunia no pudieron venir.

A Harry no le sorprendó en lo más mínimo. Su tía Petunia nunca se había llevado bien con su hermana.

Así te vas a dormir todas las noches:

En brazos de mami con caricias en la cabecita.

Mientras papá te canta “Llevame al estadio de Quidditch”.

(creo que está muy ilusionado con enseñarte a jugarlo)

Te diviertes mucho tocando las cosas prohibidas:

De lo terminantemente prohibido lo que más te gusta es tocar la escoba de papá.

  • ¿Qué lees? - preguntó Ron que había regresado del estadio de Quidditch.

Harry estaba tan absorto en la lectura que no había escuchado entrar a su amigo.

  • Ehh… Nada - respondió guardando rápidamente el libro debajo de la almohada-. Algo ligero para adelantar estudios, ¿sabes?

Harry no quería mentirle a Ron, pero su diario era algo muy íntimo y privado para compartirlo con alguien. Incluso con Ron.

Pero él no lo entendió.

  • Bien… - dijo enojado-. Entonces me voy, así no interrumpo tus estudios.

Y antes de salir agregó:

  • No sólo te pareces a Hermione, Harry. Te has convertido en ella.

Harry esperó hasta que Ron hubiera salido y buscó la página en que se había quedado.

Tus primeros pasitos:

Para alegría de papá caminaste muy prontito.

Pero con tus primeros pasitos aparecieron también tus primeras travesuras y juegos:

  • agarrar las varitas de mamá y de papá,

  • abrir la puerta y salir a correr desnudo por el jardín,

Para vergüenza de Harry había una foto suya, corriendo y riendo sin ropa por el jardín mientras su madre trataba de alcanzarlo.

Neville entró en el dormitorio y Harry, para evitar preguntas incómodas prefirió cerrar el libro y continuar con su lectura más adelante.

  • Hola, Harry – dijo Neville con cara de asustado- ¿Qué haces?.

  • Nada… Un poco de tarea…¿Qué tal tus clases?

  • No muy bien - respondió Neville tragando saliva-. McGonagall me ha dicho que mi abuela le escribió diciéndole que si no mejoran mis notas me sacará de Hogwarts. Está cansada de que sea la vergüenza de la familia.

  • Ella no debería avergonzarse de ti, Neville. Al contrario, debería estar orgullosa por la manera en que peleaste en el Ministerio de Magia. Fuiste muy valiente.

  • Bueno… - Neville parecía avergonzado con el tema-. Cuando Dumbledore le contó lo que sucedió, mi abuela me prohibió que volviera a hacer algo así. Dijo que tuve suerte de no terminar cómo mis padres…

  • Peleaste con valor. Si alguien merece estudiar en esta escuela y estar en la casa Gryffindor eres tú.

Neville se puso sumanente colorado.

  • G-gracias, Harry. Todavía no hice la tarea de Pociones… ¿Quieres que la hagamos juntos?

  • Bueno …

Cuando Ron volvió a la sala común, vio a Neville y a Harry haciendo la tarea en un rincón. Sin decir una palabra subió al dormitorio.

Poco a poco Harry descubrió que Pociones era una materia interesante cuando la daba otro profesor que no fuera Snape.

A la segunda semana de sus clases de verano, Harry sintió que disfrutaba preparando pociones.

Él y Ron habían vuelto a hablarse pero la relación seguía siendo distante.

  • ¿Disfrutas haciendo Pociones? – expresó Ron con cara de incredulidad-. Creo que debes ir rápidamente a la enfermería para que Madam Pomfrey te dé algo.

En sus ratos libres, Harry iba al dormitorio para continuar leyendo las páginas de su libro de bebé. Para él significaba descubrir una parte desconocida de su pasado… Era como encontrar varias piezas faltantes del rompecabezas de su vida…

Si bien en el diario no aparecía ninguna referencia directa a la guerra contra Voldemort, Harry notó que las anotaciones se volvían más breves y esporádicas y que las expresiones en los rostros de las fotos no lucían tan sonrientes como antes.

El diario terminaba abruptamente luego del primer cumpleaños de Harry… Algunos párrafos habían quedado inconclusos, seguramente en espera de que su madre los completara en algún momento de tranquilidad.

Harry volteó rápidamente las páginas incompletas del libro hasta llegar al final. La última página le deparaba una sorpresa.

Alguien (probablemente su madre) había colocado un pergamino escrito en extraños símbolos que a Harry le fue imposible entender por más que volteó la hoja en todas direcciones. Lo único legible era un nombre al comienzo del mismo: Cecil K. Rett.

Ron entró en el dormitorio y al ver a Harry leyendo dudó un instante. Finalmente tomó su Barredora y se dirigió a la salida.

  • Ron… Espera – le dijo Harry - ¿Vas a practicar?

  • Sï… - respondió Ron receloso sin saber qué esperar

  • Te acompaño…

  • Genial… - gritó Ron con una amplia sonrisa en el rostro.

Harry tomó su Saeta de Fuego, el diario de su madre y salió junto a Ron rumbo al campo de Quidditch.

La práctica estuvo divertida y sirvió para que los últimos nubarrones entre Harry y Ron se despejaran.

  • Estás lleno de buenas ideas… - comentó Harry mientras volvían caminando hacia Hogwarts con sus escobas al hombro- Tú deberías haber sido el Capitán.

  • ¿En serio? – dijo Ron avergonzado por el elogio -. Yo, en cambio, en ningún momento dudé que te harían capitán. Eres el mejor buscador que ha tenido el equipo de Gryffindor en mucho tiempo. Además estás en el equipo desde primer año.

  • Gracias. Estoy seguro que esta temporada volverás a ser el rey.

  • Gracias – dijo Ron y sus orejas se pusieron coloradas-. Cuando tengamos completo el equipo ensayaremos las estrategias que te mostré para el primer partido con Slytherin… Si Malfoy piensa seguir con Crabbe y Goyle como golpeadores será sencillo…

  • Ron… Tengo algo que mostrarte. – y Harry, metiendo la mano en su túnica extrajo el diario de su madre.

  • ¿Esto es lo que has estado leyendo todos estos días?

Harry asintió.

Ron lo abrió con cuidado, como si se tratara de algo peligroso que fuera a morderlo, a estallar o a transportarlo a otro sitio.

Volteó con precaución las primeras páginas y cuando comprendió de lo que se trataba, sonrió.

  • Oh, sí. Mi madre tiene uno parecido sobre cada uno de nosotros. Entiendo por qué no querías mostrármelo. Si te hace sentir mejor, la próxima vez que vengas a casa menciónale el tema a mi mamá. Te mostrará mi libro, el de Ginny, el de Bill, el de Charlie… Mejor que estés preparado para ver bebés desnudos y escuchar anécdotas aburridas durante un largo rato. La de la araña es su favorita sobre mí… - concluyó Ron - ¿Dónde lo encontraste?.

  • Estaba en la bóveda de Sirius.

  • Oh por supuesto… - exclamó Ron-. Después de todo él es… quiero decir, era tu padrino. Perdóname no quise…

  • Está bien – dijo Harry cambiando rápidamente de tema-. También encontré esto en la última página…

Ron tomó en sus manos el pergamino y lo examinó cuidadosamente. Lo hizo girar en varias direcciones y finalmente se lo devolvió a Harry.

  • Extraño… ¿sabes lo que dice?

Harry negó con la cabeza.

  • ¿Piensas que esté relacionado con “Tú-sabes-Quien”?

Harry se detuvo. Hasta ahora no se le había ocurrido pensar en eso.

Pero lo que Ron sugería era lógico. ¿Por qué otro motivo habría estado escrito en clave si no era para evitar que alguien pudiera leerlo?

  • Hermione sabrá qué hacer… Ella es buena para estas cosas – agregó Ron-. A menos que…

Ron se detuvo y miró de reojo a Harry.

  • Vamos, completa la frase… ¿A menos que qué?

  • A menos que quieras mostrárselo a Dumbledore. ¿Quién mejor que él para este tipo de cosas? Además quizás se trate de algún documento de la Orden.

Harry volvió a guardar el diario en el interior de su túnica y él y Ron regresaron en silencio hasta el castillo. Harry no había estado a solas con Dumbledore desde la muerte de Sirius y no estaba muy seguro si quería volver a hablarle.

Finalmente, la curiosidad fue más fuerte que su recelo. Esa noche al finalizar la cena, Harry corrió detrás de Dumbledore y le dijo:

  • Eh… Disculpe Profesor Dumbledore ¿Podría hablar un momento con usted?

Dumbledore miró fijamente a Harry durante unos instantes y luego con una sonrisa en el rostro exclamó:

  • Por supuesto Harry, ven conmigo.

Harry siguió a Dumbledore hasta su despacho. El Director se sentó en su sillón detrás del escritorio y Harry hizo lo propio en una silla que estaba delante de él.

  • Hoy a la tarde mientras estuve en el Callejón Diagon fui a la bóveda de Sirius.- comenzó a decir Harry.

  • Suponía que lo harías, Harry. Todos los bienes de tu padrino son legalmente tuyos. Así lo quiso Sirius. Yo mismo firmé como testigo en su testamento. Es un documento mágico y nadie podrá cuestionarlo. Lamento la carga de Kreacher y Grimmauld Place. Pero era necesario…

  • Sí... Bueno… Los señores Weasley ya me lo explicaron - lo interrumpió Harry-. En realidad quería hablarle sobre otra cosa.

Y sin más preámbulo extrajo el libro de su túnica y lo colocó sobre el escritorio de Dumbledore.

Este lo tomó en su manos, lo abrió y comenzó a hojearlo con evidente satisfacción.

  • Me imagino lo que debe significar para ti... Aunque debo preguntarte dónde lo encontraste… Sabes que las posesiones de tus padres fueron destruidas la noche en que fueron atacados por Lord Voldemort.

  • Estaba en la bóveda de Sirius… ¿No sabe por qué lo tenía él?

En los ojos de Dumbledore se reflejó una leve expresión de alivio.

  • No lo sé. Pero no me extraña. Cuando Voldemort comenzó a perseguir a tus padres ellos repartieron muchos de sus objetos más valiosos para preservarlos. Así llegó a mis manos la capa invisible de James. Parece que tu madre pensó que tu padrino era el indicado para conservar tu diario de niño.

  • Me gustaría que le diera un vistazo a la última página.

Dumbledore corrió las páginas hasta llegar al pergamino, lo tomó en sus manos con cuidado y observó el documento en silencio durante varios minutos.

Luego movió su varita de diversas formas en todas direcciones.

  • Curioso. Sumamente curioso.

Luego tomó un antiguo péndulo de oro de un costado de su escritorio y lo hizo girar sobre el pergamino.

Finalmente dobló la hoja y la colocó nuevamente en el diario.

  • ¿Podría decirme lo que dice? – preguntó Harry.

Dumbledore se ajustó los anteojos, cruzó los brazos sobre el pecho y dijo:.

  • Me temo que no – dijo por fin recostándose en su sillón.

  • Quiero saber lo que dice por muy terrible que sea el mensaje. Ya no soy un niño, tengo derecho a saber. Usted mismo lo dijo. De todas maneras no puede ser peor que la profecía, ¿no?… Aún cuando se tratara de alguna clase de código secreto de la Orden del Fénix creo que…

  • Harry… Harry… Detente… - dijo Dumbledore levantando una mano-. No puedo decirte lo que dice el pergamino porque no puedo entender su contenido.

Harry se quedó callado asimilando las palabras de Dumbledore.

  • Ni una sola palabra – confirmó Dumbledore.

  • ¿Tiene idea en qué idioma está escrito?

Dumbledore meditó un instante acariciando su larga barba blanca.

  • En ningún idioma que yo haya visto.

  • ¿Y el nombre que está escrito al principio: Cecil K. Rett?

  • Con los años mi memoria no es tan buena como antes, pero no recuerdo a nadie que lleve ese nombre.

  • Eh… profesor… Hay una pregunta más que quisiera hacerle.

  • Dime, Harry…

  • Si por algún motivo no pudiera decirme la verdad, ¿me lo diría?

  • Sí. Al menos te diría que no puedo revelártelo. Pero no te mentiría.

Harry suspiró desanimado.

  • Lamento no poder ayudarte, Harry. Por primera vez recurres a mí con uno de tus problemas y te vas sin saber más que cuando entraste a mi despacho. Lo único que puedo decirte es que debe tratarse de algo muy valioso para que tu madre lo guardara junto a uno de sus objetos más preciados.

Harry se levantó de su silla desanimado.

  • Sí. Bueno… gracias de todos modos. Buenas noches.