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Historia 7807 — capítulo 4
CAPITULO CUATRO
ATAQUE AL EXPRESO DE HOGWARTS
Un pequeño islote yermo era azotado por los inmisericordes vientos polares. La rocas desnudas eran bañadas permanentemente por las heladas aguas del mar del norte. En él se levantaba una fortaleza de altísimas y pulidas paredes negras. En cada esquina de la misma, cuatro dragones lanzaban temibles rugidos y barrían con sus llamas todo aquello que se movía de manera sospechosa.
Los mejores aurores del mundo mágico, que habían sido convocados para su protección, paseaban por los distintos sectores enfundados en gruesas capas
Infinidades de hechizos protegían el lugar contra cualquier eventualidad: desde apariciones hasta trasladores.
Por mucho que se buscara no se encontrarían en ese lugar escobas o cualquier otro animal o elemento que ayudara a que las personas que lo habitaban pudieran salir de allí de otro modo que no fuera nadando en las heladas aguas del Mar del Norte.
A través de los gruesos barrotes se observaba el rostro vacío de aquellos que habían sido sentenciados a pasar el resto de sus vidas tras sus muros.
De pronto, una centena de dementores hizo su irrupción de forma tan repentina como silenciosa.
Los centinelas dieron la alarma y los magos se prepararon para defender la fortaleza y repeler el ataque.
Patronus plateados de todas formas y tamaños alumbraron la larga noche repeliendo el ataque con bravura. Pero por cada dementor que era rechazado, otros dos aparecían a ocupar su lugar.
Los magos de la primera línea de defensa se vieron rodeados por negras figuran encapuchadas. Muy pronto un tendal de cuerpos sin alma yacían exánimes sobre la fría piedra. El fuego abrasador de los Colacuerno Húngaros, reducía a cenizas tanto a atacantes como a atacados.
Pero los defensores de Azkabán resistieron con bravura, y a pesar de las terribles bajas causadas por los atacantes, la acometida de los dementores fue cediendo hasta que, tan misteriosa y silenciosamente como habían aparecido, desaparecieron.
Por doquier se veían cuerpos de magos y hechiceras.
Un mago negro con la túnica rasgada y sangrando profusamente por una ceja se acercó hacia otro mago de aspecto imponente e informó.
- Hemos perdido a más de cincuenta aurores, señor –dijo con voz profunda.
El segundo mago apretó los labios y guardó un respetuoso silencio en honor de los caídos.
-
¿Escapó alguno de los internos?
-
Me temo que sí, señor. Más de diez mortífagos lograron huir de la sección de máxima seguridad.
-
Quiero un informe detallado lo antes posible. Tengo que darle las malas noticias al Ministro de Magia.
Harry despertó sobresaltado y con la frente empapada de un sudor frío. La cicatriz en su frente palpitaba con furia causándole un dolor punzante y agudo con cada latido.
Buscó rápidamente su varita y gritó: “Lumos”.
El interior de su cama se iluminó instantáneamente. Harry recorrió con su varita todo el lugar hasta convencerse de que ningún dementor lo estaba por atacar.
- Ha sido un sueño. Sólo un mal sueño... – repitió tratando de calmarse.
Las cortinas de su camas se abrieron rápidamente y Harry dio un respingo y se echó instintivamente hacia atrás mientras apuntaba con su varita a la cabeza que había surgido entre las cortinajes.
- Espera, soy yo… - gritó Ron asustado-. Solo quería si estabas bien. Te oí gritar. ¿Acaso la serpiente ha vuelto a…?
Harry respiró profundamente varias veces antes de responder.
-
No. Algo peor.
-
¡Peor que la serpiente! ¿El Innombrable ha matado a alguien o…?
Harry negó con la cabeza.
- No. Bueno… tal vez sí. No lo sé. No lo vi a él personalmente. Pero lo que sí vi fue a un montón de dementores atacando Azkabán. Mataron a muchos aurores. Varios mortífagos han escapado.
Ron ahogó con su mano una expresión de terror.
-
¿Crees que debamos decirle a Dumbledore? ¡Seguramente él podría hacer algo!
-
Creo que se enterará muy pronto, si es que ya no lo sabe... – respondió Harry y forzando una sonrisa agregó-. Ya me siento mejor. Vuelve a dormir. Mañana empiezan las clases y debemos estar descansados.
A la mañana siguiente El Profeta confirmaba en primera plana que el sueño de Harry no había sido una fantasía.
El profesor Dumbledore y la profesora McGonagall leían la noticia con atención. Al finalizar, Dumbledore clavó sus profundos ojos azules en Harry. Este sostuvo la mirada durante un instante sintiendo cómo una sucesión de imágenes revoloteaban en la superficie de su mente.
Comprendiendo lo que sucedía, Harry - haciendo uso de toda su fuerza de voluntad - rompió el contacto visual escondiendo rápidamente el rostro en su taza.
Dumbledore no le preguntó nada y Harry tampoco lo dijo.
Sin embargo, pudo sentir los ojos del director fijos en él durante un largo instante.
Luego del desayuno la profesora McGonagall los puso a ordenar la sala común para el comienzo de las clases.
- ¡No es justo, profesora! – exclamó Ron-. Ese es trabajo de elfos domésticos, no de magos.
La profesora McGonagall frunció el ceño dispuesta a responder, pero luego de pensarlo mejor su rostro se distendió en una sonrisa.
- Me pregunto que pensaría la señorita Granger sobre tu comentario, Weasley. ¿Quieres que lo averigüemos?
Eso solo bastó para que Ron cerrara la boca y comenzara a limpiar y ordenar.
Neville se dirigió al dormitorio y Harry y Ron quedaron solos en la sala común. Harry aprovechó para contarle a Ron lo que había sentido durante el desayuno.
-
¿Así que Dumbledore leyó en tu mente? – preguntó Ron preocupado-. Eso de que los profesores sean capaces de escarbar en tu cabeza no me agrada… Si Snape leyera mi mente durante las clases de Pociones estoy seguro de que me expulsarían de Hogwarts.
-
No estoy seguro de que Dumbledore lograra ver algo. Y aunque lo hubiera hecho no creo que se enterara de algo que no hubiera sabido por otros medios – se defendió Harry.
-
¿Crees que Dumbledore esté preocupado porque el Innombrable pueda… bueno… tú sabes… entrar en tu mente nuevamente?
-
Él me aseguró que ya no podía hacerlo. Dijo que yo poseo un poder que Voldemort no tiene, que le impide entrar en mí.
Era la primera vez que Harry hablaba con alguien de lo que le había dicho Dumbledore en su despacho.
- ¡Guau! – exclamó Ron -. No me habías dicho nada… ¿Y no te dijo que poder era?
Harry negó con la cabeza.
-
¡Wingardium leviosa! – dijo Harry elevando la alfombra de la sala común y manteniéndola en el aire.
-
Quizás puedas hacer alguna clase de hechizo especial o dominar a los animales con tu mente como haces con las serpientes…
-
¡Yo no domino los animales! Solamente hablo parsel y eso porque Voldemort me pasó parte de sus poderes cuando intentó matarme.
-
¡Deja de decir ese nombre, Harry, por favor! ¡Fregotero! – gritó Ron apuntando al piso con su varita. El suelo se llenó de espuma de jabón.
-
Como quieras, pero sería bueno que te acostumbraras a nombrarlo… Hermione lo está haciendo...
-
¡Quizás más adelante! Yo no soy tan valiente como tú...
-
¡Yo tampoco lo soy! ¿No lo entiendes? La mayoría de las veces estoy muerto de miedo, luchando por sobrevivir. Tampoco creo tener ningún poder especial.
-
¿Y por qué Dumbledore te diría eso? ¿No te dio alguna pista de qué poder sería? – preguntó Ron mientras hacía con su varita que dos escobas fregaran el suelo.
-
Dijo que era… como era… ¡Ah, sí! Una fuerza más maravillosa y temible que la muerte…- dijo Harry imitando la voz de Dumbledore - y que en el Departamento de Misterios había una sala llena de ese poder!
-
¿Serán los cerebros? A mí me parecieron más repugnantes que poderosos – comentó Ron frotándose las cicatrices que le habían quedado de su encuentro con ellos.
-
No lo creo. Dumbledore dijo que la sala que guardaba ese poder estaba siempre cerrada. Creo que es el recinto donde se estropeó mi navaja.
-
¿No estarás pensando en regresar allí, no? – preguntó Ron preocupado.
-
No creo que sirviera para algo. Dumbledore dijo que yo YA poseo ese poder. ¡Scourgify! – gritó Harry y la espuma del suelo desapareció dejándolo reluciente.
El resto del día transcurrió tranquilo. Después del almuerzo, Harry y Ron fueron a aprovechar el tener el campo de Quidditch solo para ellos por última vez.
Finalmente se quedaron en la sala común para distraerse de la ansiedad que les provocaban la llegada de sus compañeros y el inicio de un nuevo año de clases.
La profesora McGonagall ingresó a la sala común con el rostro desencajado.
-
¡POTTER! ¡WEASLEY! ¡LONGBOTTOM! ¡VENGAN RÁPIDO!
-
¿Y ahora qué sucede? – exclamó Ron con fastidio- ¿Alguna limpieza de último momento?
-
¡NO HAY TIEMPO PARA ESTUPIDECES, WEASLEY! ¡HAN ATACADO EL EXPRESO DE HOGWARTS! ¡TOMEN SUS ESCOBAS Y BAJEN AHORA MISMO! ¡RÁPIDO!.
Harry y Ron se miraron sin poder creer lo que habían escuchado. Corrieron al dormitorio a buscar sus escobas y Neville salió para buscar una del escobero del colegio.
Los chicos bajaron rápidamente del dormitorio, atravesaron el retrato de la dama gorda y descendieron por las escaleras de mármol hacia el hall de entrada.
Varios alumnos de otras casas ya estaban allí. El celador Filch hacía guardia junto a ellos con su peor expresión en el rostro, como si todos fueran culpables de algún delito.
-
¿Dónde está Longbottom? – rugió McGonagall
-
Fue a buscar una escoba del colegio… Neville no tiene escoba propia - explicó Harry.
La profesora McGonagall soltó un bufido de impaciencia.
- No hay tiempo para esperarlo… Señor Filch, cuando llegue Longbottom, dígale que nos alcance en Hogsmeade, si es que es capaz de llegar solo. El resto de ustedes, síganme.
Harry observó que Gregory Goyle se encontraba entre los alumnos y mientras montaba su escoba se preguntó si su padre había tenido que ver con el ataque.
- Vamos – apremió McGonagall pateando el suelo y elevándose en su escoba . El grupo voló tras ella rumbo al pueblo.
Aunque el sol ya se había puesto, desde al aire Harry pudo observar el Expreso de Hogwarts detenido en la estación de Hogsmeade. Uno de los vagones parecía literalmente haber estallado. Pedazos de hierros retorcidos de lo que antes era el techo se elevaban hacia el cielo como si fueran las uñas de una garra siniestra.
McGonagall les indicó por señas que descendieran en un campo cercano iluminado por una luna creciente que asomaba por encima de las montañas.
En la estación de Hogsmeade la escena era caótica e inspiraba miedo. Reinaban el desorden y la confusión.
Hagrid agitaba un farol gritando a voz en cuello:
- Los de primer año conmigo... Los de primer año conmigo...
Madam Pomfrey, el profesor Dumbledore, el profesor Snape, el profesor Flitwick y varios magos adultos – algunos de la Orden del Fénix - se movían atareados entre los aturdidos alumnos. Era evidente que hacía un rato que habían llegado.
De todas partes se escuchaban gritos, lamentos, llantos y quejidos.
McGonagall gritó para hacerse oír por encima del vocerío:
- Reúnan a los alumnos de Quinto, Sexto y Séptimo año de sus casas. Hagrid se está encargando de los de primer año. Y yo me encargaré de los de segundo, tercero y cuarto. Asegúrense de que están todos. Si no encuentran a alguien, avísenme enseguida a mí. Si alguien está herido, aunque la herida parezca de poca importancia, llévenlo con Madam Pomfrey para que lo evalúe. Si la herida parece grave lancen chispas rojas con su varita. Una vez que hayan reunido a todos los alumnos, esperen sentados en este campo hasta que alguien los pueda acompañar hasta el castillo.
La profesora McGonagall se interrumpió para hacerle señas a Neville que acaba de llegar. Resoplando éste se unió al grupo de sus compañeros.
- Potter… Weasley… explíquenle a Longbottom lo que hay que hacer. El resto muévase.
Harry y Ron corrieron hacia el andén mientras ponían a Neville al corriente.
-
Lumos – gritó Harry.
-
¡GINNYYYY! ¿Dónde estás? ¡Hermione! ¡GINNYYY! - gritó Ron mientas acercaba la punta iluminada de su varita a los rostros de la multitud que los rodeaba.
Algunos alumnos estaban tirados en el suelo y lucían aturdidos y confundidos. Otros sangraban profusamente e intentaban detener sus heridas con sus túnicas u otros elementos. Otros daban evidentes señales de estar bajo los efectos de distintos maleficios.
- ¡Ey, Harry aquí! – llamó una voz familiar.
Era Colin Creevey que les hacía señas desde el interior de un vagón.
-
¿Te encuentras bien, Colin? – preguntó Harry.
-
Yo, sí – respondió el Colin-. Pero mi hermano está herido y no puede moverse. ¡Qué suerte que te encontré, Harry!
Los chicos subieron al coche. Dennis Creevey yacía inconsciente en uno de los asientos.
-
¿Qué le sucedió? – preguntó Ron.
-
C-creo que l-le echaron el m-maleficio Cruciatus… No estoy seguro… – tartamudeó Colin - Había mucho ruido. ¿Crees que se pondrá bien?
Harry y Ron intercambiaron una mirada de preocupación.
- Por supuesto, Colin – afirmó Harry tratando de lucir sincero-. Ven. Vamos a llevarlo con Madam Pomfrey.
Harry cargó a Dennis de un lado y Colin hizo lo propio del otro.
Una vez que lo bajaron del andén, lo recostaron con cuidado en el suelo y Ron hizo salir chispas rojas de su varita.
A los pocos minutos se acercó Lupin.
-
Hola Harry… ¿Qué sucede?
-
Hola, profesor Lupin. Es Dennis Creevey… Está inconsciente. Su hermano cree que le aplicaron el maleficio Cruciatus.…
-
Bien… No se preocupen. Lo llevaré con Madam Pomfrey, “Locomotor cuerpo” – gritó Lupin apuntando con su varita.
El cuerpo de Dennis Creevey se elevó del suelo y Lupin lo condujo con su varita.
-
Quiero ir con él – dijo Colin.
-
Por ahora lo mejor es que permanezcan todos juntos - aconsejó Lupin -. Me aseguraré de que te informen en cuanto haya recuperado el conocimiento.
Colin partió a reunirse con McGonagall y Harry, Ron y Neville continuaron la búsqueda.
Gita Mehta, una alumna de Gryffindor de séptimo año, les hizo señas para que se acercaran. Tenía los ojos rojos y una expresión abatida. Junto a ella un grupo de alumnos de séptimo se consolaban mutuamente. Dos chicas lloraban abrazadas.
-
¿Están todos bien? – preguntó Gita.
-
Sí, aunque todavía no hemos encontrado a nadie de sexto… - respondió Harry-. ¿Y ustedes?
Se hizo un silencio incómodo y finalmente Gita anunció en un susurro.
- Mataron a Richard Collier.
Varias chicas rompieron a llorar.
-
Eh… Creo que deberíamos seguir buscando a los demás – dijo Ron que miraba impaciente hacia todos lados.
-
La profesora McGonagall dijo que nos agrupáramos – dijo Harry- ¿por qué no se quedan ustedes aquí mientras nosotros buscamos a los que faltan? – sugirió Harry.
Gita asintió con la cabeza conteniendo el llanto.
- Los de séptimo ya estamos todos aquí.
Harry, Ron y Neville avanzaron lentamente entre la multitud. Un grupo de chicos de Hufflepuff se cruzó con ellos.
-
¡Hola, Harry!, ¿Estás bien? – preguntó Luna Lovegood. Pero fue Ron el que le contestó:
-
Estamos buscando a mi hermana, y a Hermione, Luna. ¿Las has visto?
-
Sí, iban en un compartimiento con Dean Thomas y Seamus Finnegan.
Un chico alto, que jugaba en el equipo de Quidditch de Hufflepuff, la apresuró:
-
Vamos, Luna, tenemos que llevar a los demás a la enfermería.
-
Adiós, Harry, y suerte. Ojalá las encuentren. – se despidió Luna.
El grupo retomó el camino, tratando de adivinar los rostros en la oscuridad del andén. Una voz los llamó un par de metros más adelante:
-
¡Harry! ¡Ron! ¡Aquí! – gritó Dean Thomas asomándose por la puerta de un vagón del tren y agitando su brazo.
-
¡Es Dean! – gritó Ron corriendo a su encuentro-. ¡Ginny debe estar con él!
Cuando Harry y Neville entraron al vagón, Ron tenía a Dean tomado por las solapas de la túnica y lo sacudía con furia. Seamus estaba sentado en uno de los bancos con expresión aturdida y sangrando por una herida en su cabeza.
- ¿Cómo que no sabes donde está? ¡Tú deberías saberlo, era tu novia! ¡Se supone que debías estar con ella! ¡Si algo le pasó a Ginny te juro que no vivirás para contarlo! – gritaba Ron completamente fuera de sí.
Dean intentaba en vano tartamudear una explicación pero, la furia de Ron estaba más allá de cualquier intento de escuchar excusas.
Harry lo tomó de los hombros y lo separó hacia un costado.
-
¿Estás bien? – preguntó dirigiéndose a Dean.
-
Sí – respondió éste mientras se acomodaba la túnica-. Lo lamento, me separé un instante con Seamus para ir a buscar a la bruja del carrito de comida…
-
¡ERES UN COBARDE! – gritó Ron- ¡LA DEJASTE SOLA!.
Neville y Harry debieron sostenerlo para que no iniciara una nueva pelea.
-
Harry – dijo Neville -. Creo que Madam Pomfrey debería ver a Seamus. No luce nada bien…
-
Bien, lo sacaremos al andén, ¿Ron, me ayudas?
Ron le echó a Dean Thomas una última mirada asesina y asintió.
-
Esto no ha terminado – susurró al oído de Dean cuando pasó a su lado.
-
Déjalo, Ron – lo apremió Harry- Ahora no es el momento.
Harry contempló a Seamus que lucía realmente mal, estaba muy pálido. Harry hizo salir varitas rojas de su varita.
-
¿Dónde estaban las chicas la última vez que las viste? - preguntó Harry a Dean.
-
Dos vagones más adelante, creo... Cuando comenzó el ataque corrí, y estoy un poco desorientado.
Dean miró alrededor buscando algo que le permitiera ubicarse.
- No más de dos vagones, creo que sí.
Neville, Harry y Ron subieron nuevamente al tren y avanzaron con lentitud a través de los vagones. Las pocas luces que aún permanecían encendidas titilaban impidiendo ver con claridad
- ¡Ginny! – gritaba Ron con voz desesperada-. ¡GINNYYYY!
Por todos lados se veían señales del ataque: baúles volcados, túnicas, remeras, y otras prendas desparramadas por doquier, pedazos de pergaminos, tinteros volcados, lechuzas ululando lúgubremente, y sangre por doquier.... Una rata se escabulló entre los despojos.
Algo saltó de entre unas maderas caídas y se plantó delante de ellos.
Harry le apuntó con su varita.
- ¡Detente! – gritó Ron - Es Crosshanks. Él sabrá donde se encuentran Hermione y Ginny. ¡Crosshanks llévanos con las chicas, pronto!
Como si hubiera estado esperando esa orden, Crosshanks se puso en movimiento, deteniéndose solamente para esperar al grupo que avanzaba con dificultad entre los derruidos vagones.
Finalmente Crosshanks entró a un compartimiento y los chicos se precipitaron en su interior.
- ¡Harry, Ron! ¡Qué alegría verlos! – dijo Hermione echándose a sus brazos y poniéndose a llorar.
Harry vio a Ginny que yacía recostada sobre uno de los bancos. Su rostro estaba sucio y su pelo revuelto. Sin embargo, a Harry nunca le pareció más bello. En su pecho brillaba un insignia de prefecto.
Harry se inclinó junto a ella y tomándole una de las manos entre las suyas, la llamó con suavidad mientras la palmeaba.
- Ginny, ¿estás bien?
Al escuchar el nombre de su hermana, Ron se soltó del abrazo de Hermione y se arrodilló junto a Harry y Ginny.
Ginny entreabrió los ojos e intentó incorporarse pero Harry se lo impidió.
-
No te esfuerces… ¿Cómo estás?
-
Hola Harry… Hola Ron… Estoy bien – saludó Ginny en un murmullo-. Sólo estoy un poco cansada. Me echaron un maleficio y… Tengo mucho sueño… Pero Hermione no me deja cerrar los ojos…
Ron le echó una mirada furiosa a Hermione. Ésta le sostuvo la mirada unos instantes y con los brazos en jarra le respondió:
- ¡Ron, a veces eres un estúpido! En alguna parte leí algo sobre un maleficio del sueño… Si mal no recuerdo, decía que aquellos que se quedan dormidos no despiertan jamás… ¡Eh, Ginny, despierta! ¡Harry, pronto!
Los ojos de Ginny se había cerrado. Harry la tomó de los hombros y la sacudió con firmeza... Ginny entreabrió los ojos y dijo con voz pastosa.
-
¿Tú tampoco me dejas dormir…? Tengo mucho sueño…
-
Vamos – dijo Harry levantándola -. Debemos llevarte con Madam Pomfrey… ¿Por qué no nos dijiste que te habían nombrado prefecto?
Ginny abrió sus ojos castaños y miró a Harry.
- No quería desviar la atención de tu fiesta de cumpleaños… ¡Has tenido tan pocas!
Harry aferró firmemente en el cuerpo de Ginny contra el suyo sin saber qué responder.
- Con cuidado – advirtió Hermione-. Creo que volvió a lastimarse el tobillo.
Harry pasó un brazo de Ginny por su hombro y Ron hizo lo propio con el otro. Lentamente encontraron la salida del vagón, seguidos por Hermione que avanza con dificultad con una mano apretada en su costado.
Una vez en el andén, Ron levantó su varita e hizo salir chispas rojas de la misma.
Un sanador de túnica verde se acercó al grupo. Luego de escuchar el relato de Hermione decidió que lo mejor era llevar a las chicas a una enfermería de campaña que habían montado adentro de la estación.
Harry y Ron ayudaron a llevarlas, pero una vez que las chicas estuvieron adentro, primero les pidieron y luego les ordenaron que salieran para dejarlos trabajar.
Los muchachos se sentaron en el piso del andén de madera con expresión abatida.
-
Van a ponerse bien – dijo Neville.
-
¡Chicos! ¡Aquí! – era Gita Mehta con un nutrido grupo de alumnos de los cursos superiores de Gryffindor.
-
La profesora McGonagall nos llama – dijo un chico de quinto año- Quiere que nos juntemos todos en el prado.
El grupo se puso en camino .
Ron se acercó a Harry y dijo muy bajito, casi como para sí mismo.
- Sabes, Harry . Tú deberías ser el novio de Ginny y no ese estúpido de Dean Thomas… Tú no hubieras permitido que nada le sucediera.
Harry pensó en responderle que él había puesto en peligro de muerte no solamente a Ginny sino a todos ellos cuando los llevó directamente a la trampa que Lord Voldemort le había tendido en el Departamento de Misterios, pero en el estado en que se encontraba Ron, lo mejor era no discutir con él.
- Rápido – llamó la profesora McGonagall -. Pasaré lista y luego regresaremos al castillo…
Y al ver los rostros cansados y abatidos agregó:
- Varios sanadores han llegado directamente de San Mungo para ayudar a Madam Pomfrey. Sus compañeros estarán bien atendidos… Hemos avisado a los familiares de los heridos y llegará muy pronto… Vamos…
La estación de Hogsmeade estaba mucho más vacía que cuando llegaron. Unos cuantos alumnos agrupados por casas se preparaban para regresar al castillo. A la pálida luz de la luna, Harry distinguió la silueta de Snape junto a los alumnos de Slytherin. Por la cantidad de alumnos que vio, a Harry le pareció que no habían sufrido muchas bajas. Malfoy hablaba con Crabbe y Goyle haciendo grandes ademanes. Por la expresión de su rostro parecía estar describiendo un partido de Quidditch más que el ataque.
Al ver a Harry le dedicó una sonrisa burlona, aunque se cuidó muy bien de hacer cualquier comentario.
Harry sintió una puntada en la frente y estuvo seguro de que Snape también se había percatado de su presencia.
- ¿Todos listos? – gritó la profesora McGonagall-. Bien… Síganme hacia el castillo. Una vez allí vayan directamente hacia la torre Gryffindor. Weasley, aún sigues siendo prefecto, así que estás a cargo.