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Historia 7807 — capítulo 6

CAPITULO SEIS

LAS CLASES DE APARICION

El comedor de Hogwarts bullía de actividad durante el desayuno.

  • Tengo un hambre que me muero – dijo Ron sirviéndose una generosa ración de huevos y jamón-. Creo que deberíamos colocar un anuncio para llenar los lugares vacantes en el equipo de Quidditch, Harry.

  • Eh… Sí, por supuesto – comentó Harry que parecía distraído -. Si quieres puedes encargarte tú.

  • Genial – exclamó Ron -. Me encanta probar gente nueva. Necesitamos dos cazadores…

  • O cazadoras – agregó Ginny- Yo pienso jugar en esa posición este año.

  • Lo que sea con tal que sean buenos – gruñó Ron - Pienso que como cazadora estarás bien. Eso si tú estás de acuerdo, Harry. Después de todo tú eres el capitán.

  • Sí… Por supuesto… - comentó Harry que seguía distraído contemplando la mesa de los profesores.

  • ¿Qué ocurrre, Harry? – preguntó Hermione.

  • Me preguntaba dónde estará Dumbledore. No suele perderse las comidas…

  • Sí, es raro – asintió Hermione-. A mí también me extrañó su ausencia.

En ese momento, cientos de lechuzas penetraron en el gran salón para realizar la entrega del correo de la mañana.

Una lechuza parda se paró frente a Hermione. La joven tomó un ejemplar del profeta y colocó cinco knuts en la bolsita que traía atada a la pata.

  • ¡Ajá! – exclamó Hermione ni bien abrió el periódico-. Creo que aquí está tu respuesta, Harry. ¡Miren!

EL MINISTRO CORNELIUS FUDGE RENUNCIA A SU CARGO

EL CONSEJO DE MAGOS SE REÚNE PARA ELEGIR A SU REEMPLAZANTE

Por Rita Skeeter

El ataque perpetrado ayer contra el Expreso de Hogwarts parece haber sido la gota que rebalsó el caldero de la tambaleante posición del hasta hoy Ministro de Magia Cornelius Fudge.

Su falta de previsión ante la presente crisis han causado uno de los peores atentados de los que la comunidad mágica tenga memoria.

Y esos errores en política se pagan.

El Consejo de Magos le ha pedido al Ministro su renuncia y este la presentado de manera indeclinable. Cornelius Fudge no parece la persona adecuada para conducir los destinos de la Comunidad Mágica en la Segunda Guerra contra el Innombrable.

No hace falta retroceder mucho en el tiempo para recordar la vehemencia con que el ex Ministro se empeñó en negar el regreso del Innombrable y el mal empleo de recursos e influencias utilizados en desacreditar a aquellos que valientemente intentaron advertirnos de su nuevo alzamiento. El profesor Albus Dumbledore fue uno de los blancos preferidos. Además de sufrir a la humillación de la intervención del Colegio de Hogwarts por parte de una bruja de segunda categoría como Dolores Umbridge, e incluso de ser reemplazado por ella; Albus Dumbledore debió esconderse de la justicia al ser acusado de conspiración.

Aunque la historia nunca fue confirmada oficialmente, El Profeta sabe de muy buena fuente, que todo terminó luego de que el más grande mago de nuestro tiempo se enfrentara con el Innombrable en el hall mismo del Ministerio de Magia, frustrando sus planes y forzando al Ministerio a reconocer su regreso.

El joven Harry Potter fue otra de las víctimas de las ansias de Fudge de perpetrarse en el poder. “El niño que vivió”, quien en la valientemente nos contó en una entrevista exclusiva la historia de su encuentro con el Innombrable, sufrió el desprestigio y el acoso del Ministerio en un vano intento por acallar su testimonio.

Otras acusaciones realizadas contra Fudge apuntan a sus vínculos con reconocidos mortífagos como Lucius Malfoy y McNair. Tampoco es ningún secreto que el Ministro Fudge vendía influencias a cambio de dinero. Rodeado de inútiles obsecuentes como la antes mencionada Dolores Umbridge o el joven Percy Weasley, Fudge no ha estado a la altura de las circunstancias y ha optado por dar un paso al costado para que otros más capacitados puedan hacerse cargo del gobierno.

Consultado por El Profeta, Albus Dumbledore negó terminantemente que él vaya a ser el reemplazante de Fudge y pidió serenidad a la Comunidad Mágica hasta que el Consejo designe a un nuevo ministro.

  • Me alegro que Rita haya vuelto a escribir. Estoy segura de que la renuncia de Fudge la mantendrá lo bastante ocupada como para olvidarse de ti, Harry – dijo Hermione cerrando el diario con una sonrisa de satisfacción en el rostro -. Al final Fudge tuvo que dejar el Ministerio. Te aseguro que no estará muy contento de no haberlos escuchado a ti y a Dumbledore en su momento.

  • Yo no hice nada – se defendió Harry mientras se servía una docena de salchichas en su plato -. Fue Dumbledore. Él fue quien se enfrentó con Voldemort. Después de verlo con sus propios ojos, a Fudge no le quedó más remedio que admitir que había regresado. Si no fuera por Dumbledore yo ni siquiera estaría aquí…

  • ¡¿CÓMO?! – gritaron Ron, Hermione y Ginny al mismo tiempo.

En el comedor se hizo un silencio molesto y varias cabezas se dieron vuelta para ver de dónde habían provenido los gritos.

Las orejas de Ron se pusieron coloradas. Hermione abrió el periódico e hizo como que leía, mientras Harry empujaba una salchicha entera dentro de su boca. Poco a poco, las conversaciones recobraron su volumen normal y Hermione casi susurrando preguntó:

  • ¿Qué sucedió en el Ministerio, Harry? Nunca nos contaste…

Ron, Hermione y Ginny se inclinaron todo lo que la mesa les permitía hacia Harry. Pero este mirando con recelo alrededor susuró.

  • No quiero hablar de eso. Menos en este lugar.

  • Vamos – dijo Hermione poniéndose de pie y colgándose su mochila al hombro – o llegaremos tarde a clase.

Nadie habló durante todo el recorrido hasta la clase del profesor Flitwick.

Cuando entraron al salón, el profesor los estaba esperando subido a una pila de libros como de costumbre.

  • Buenos días, buenos días – saludaba con voz chillona a todos los alumnos que iban entrando.

Una vez que todos se hubieron acomodado, el profesor Flitwick carraspeó para pedir silencio.

  • Supongo que habrán escuchado esta frase muchas veces, pero igual la diré: Bienvenidos a los EXTASIS de Encantamientos.

  • La escuchamos de todos menos de Snape – comentó Ron por lo bajo.

Harry escondió una sonrisa con su mano.

El profesor Flitwick continuó:

  • De los numerosos e interesantes encantamientos que deberán aprender en el curso de este año, estoy seguro de que ninguno despierta tanto su interés como la Aparición.

El profesor Flitwick hizo un silencio teatral esperando que lo que había dicho penetrara en la mente de sus alumnos.

Un murmullo de aprobación y excitación recorrió la clase.

  • No son muchas las cosas que los magos pueden realizar sin varita: La magia que los magos realizan de esta nanera es sumamente imprecisa y no focalizada. Aparecer y Desaparecer es uno de estos hechizos que los magos pueden realizar sin necesidad de utilizar una varita mágica (aunque al principio la utilizaremos para enfocar el poder hasta que aprendan a hacerlo sin ella). Las leyendas de los muggles, sobre poderes mentales o percepción extrasensorial, se han originado en algunos de estos fenónemos especialmente cuando hay magos menores de edad involucrados.

  • ¿Magos menores de edad? – preguntó Hermione.

    • Sí, señorita Granger. Como ustedes sabrán uno de los primeros signos de que un niño posee habilidades mágicas es la utilización de magia acccidental, especialmente cuando está bajo un estado emocional fuerte. Estoy seguro que muchos de ustedes tendrán alguna anécdota que contar sobre este tema.

En la clase se produjeron una serie de risitas cómplices y todos comenzaron a contar de manera desordenada detalles de experiencias de ese tipo.

Harry sonrió recordando cuando hizo desaparecer el cristal de la jaula de la serpiente en el zoológico el día del cumpleaños de su primo…

Ron también miraba el vacío con expresión arrobada recordando seguramente alguna anécdota de su niñez.

  • La Aparición y Desaparición son hechizos sumamente atractivos, pero también extremadamente complicados. – continuó el profesor Flitwick -. Sólo a los magos que han completado sus estudios se les permite desaparecer de un lugar y aparecer casi instantáneamente en cualquier otro lugar que deseen.

Hermione alzó su mano y la agitó para atraer la atención del profesor Flitwick.

  • Sí, señorita Granger.

  • Creía que para Aparecerse es necesario tener una licencia que es otorgada por el Ministerio de Magia.

  • Eso es correcto señorita Granger. La Aparición es regulada por el Ministerio. La utilización de este hechizo requiere una licencia, la cual se obtiene luego de aprobar un examen demostrando que dominan la técnica. Para poder rendir el examen es necesario haber cumplido 17 años.

  • ¿Entonces por qué aprendemos el hechizo aquí y no en el Ministerio? – preguntó Seamus Finnegan.

  • Porque el Centro de Exámenes de Aparición, que como todos saben forma parte del Departmento de Transporte Mágico, solo expide las licencias. El aprendizaje y entrenamiento corresponde a las Instituciones Educativas.

  • ¿Y por qué se necesita una licencia? – preguntó Ron-.

  • Buena pregunta, señor Wesley – chilló el profesor Flitwick-. Este hechizo está regulado por el Ministerio porque si no es utilizado prudentemente pueden meterse en serios problemas… Intentar Aparecer o Desaparecer sin licencia es, además de ilegal, peligroso

  • ¿P-peligroso? ¿Q-qué nos puede pasar? – tartamudeó Neville

  • A ver… - dijo el profeosor Flitwick frunciendo el ceñó y golpeandose el labio con el dedo índice- . Por supuesto que en primer lugar debemos citar el peligro que este hechizo representa para ustedes mismos. Ya he dicho que se trata de un arte sumamente dificil y complicado, que requiere de mucha práctica, gran concentación y cuidados especiales durante el período de entrenamiento.. Muchas cosas pueden salir mal.. ¿No querrán terminar como el joven que vivió más de un año con la mitad de su cuerpo separada de sus extremidades…?

  • ¡Oh no! – se lamentó Neville en voz alta.

El profesor Flitwick no pudo reprimir una sonrisa.

  • Debo decir para su tranquilidad que los sanadores finalmente encontraron la manera de unir ambas partes de su cuerpo.

Una risa de alivio recorrió la clase.

  • Una vez que aprueben el examen, el Ministerio les otorgará una licencia provisional durante un tiempo y luego la definitiva. Obtener la licencia internacional sin embargo, es mas complicado.

  • ¿Por qué? – preguntó Lavander Brown interrumpiendo un instante el cuidado de sus uñas.

  • Verá, señorita Brown, la Aparición se vuelve más complicada a medida que se incrementan las distancias. Sólo los magos altamente capacitados pueden intentar la Aparición Internacional. Por este motivo la mayoría de los magos prefieren otras forma de traslado como los polvos flu, las escobas o los trasladores. ¿Dónde estaba…? Ah, sí…. La licencia provisional. Durante el período de prueba todas las faltas que cometan serán sancionadas con una observación. Y debo advertirles que si bien el Ministerio suele ser un poco permisivo con los principiantes, a los tres deméritos su licencia será revocada por un año.

  • ¿Qué faltas son castigadas por el Ministerio, profesor? – preguntó Hermione mientras anotaba todo en su pergamino.

  • Bueno, hay lugares prohibidos en los cuales si bien es posible aparecer o desaparecer, no está permitido: por ejemplo, en sitios poblados de muggles donde puedan ser vistos advirtiendo a los no-magos de nuestra existencia. Tampoco pueden aparecerse en ninguna casa a la que no hayan sido invitados o en la que sepan que no serán bien recibidos. Estoy seguro que todos entenderán la necesidad de esta limitación para proteger la intimidad de las personas. Tampoco es conveniente aparecerse en áreas que puedan poner en peligro sus vidas como zonas de guerra o lugares con mucho tráfico de máquinas muggles. Éstas y otras normas están en el Código de Aparición que todos deberán saber a la perfección antes de que pasemos a las clases prácticas.

  • ¿Las clases serán aquí en Hogwarts, profesor? – preguntó Parvati.

  • A esta altura todos deberían que nadie puede aparecer o desaprecer dentro de Hogwarts...

Hermione miró a su alrededor con cara de suficiencia, mientras murmuraba: “Yo ya lo sabia hace siglos”.

  • Hogwarts, igual que otros edificios del mundo mágico como Azkabán o Gringotts están protegidos por una gran cantidad hechizos que impiden que nadie pueda aparecer o desaparecer dentro de ellos. Estos lugares aparecen en el Código en el capítulo referente a las Áreas Restringidas.

Hermione alzó nuevamente su mano.

  • Sí, señorita Granger.

  • Sin embargo, los elfos domésticos parecen capaces de aparecer y desaprecer dentro de Hogwarts…

  • Oh sí, - exclamó el profesor Flitwick complacido -. Las protecciones contra la Aparición y Desaparición afectan solamente a los humanos. Los elfos domésticos son poseedores de una magia muy poderosa que les permite Aparecer y Desaparecer a voluntad aún dentro de las Áreas Restringidas. Esta capacidad abarca también a algunos animales como los fénix.

  • ¿Entonces dónde practicaremos? - preguntó Ron.

  • Las prácticas serán en Hogsmead –respondió el profesor Flitwick- . Pero para llegar a ese punto primero es necesario que conozcan la teoría y el Código de Aparición a la perfección, lo que nos lleva nuevamente a nuestra clase. Saquen sus pergaminos y copien.

El profesor Flitwick estuvo instruyéndoles el resto de la clase sobre aspectos teóricos de la Aparición y la Desaparición.

Un dato que llamó la atención de Hary fue descubrir que el hechizo de Desaparición estaba emparentado con el que sirve para que transformarse en Animago.

Al finalizar la clase todos los alumnos comentaban con excitación los pormenores de lo que el profesor Flitwick les habían enseñado mientras se dirigían al salón comedor.

Esa tarde, ni bien finalizaron el almuerzo, decidieron hacerle una visita a Hagrid. Antes hicieron una breve escala en la sala común de Gryffindor para que Harry tomara el pergamino.

Mientras caminaban hacia a cabaña de Hagrid, Hermione aprovechó para retomar el tema que habia quedado inconcluso en el desayuno.

  • ¿Nos contarás ahora qué sucedió en el hall del Ministerio, Harry? – le lanzó de golpe.

Harry se mordió el labio inferior y asintiendo comenzó a hablar.

  • En realidad no hay mucho que contar. Cuando salí detrás de Bellatrix, Voldemort apareció en el hall del Ministerio. Cuando descubrió que la profecía se había roto intentó matarme. Afortunadamente Dumbledore apareció en ese momento y me salvó.

Ron, Hermione y Ginny se quedaron mirando a Harry con expresión expectante.

  • ¿Qué? – preguntó Harry molesto por la forma en que lo observaban- . Eso es todo.

  • ¿Y Dumbledore peleó con Voldemort? – preguntó Ron fascinado-. Eso es algo que me hubiera presenciar.

  • Sí, bueno, yo en realidad tampoco pude observar demasiado. La mayor parte del tiempo el centaruo me mantuvo protegido contra una pared.

  • ¿Hay centauros en el Ministerio? – preguntó Hermione extrañada.

    • Por supuesto que no. – exclamó Ron- ¿O sí, Harry?.
  • No. Era el centauro de la fuente de la hermandad mágica. Dumbledore hizo que los personajes cobraran vida.

  • ¡Gua! Eso debió ser espectacular – exclamó Ron nuevamente.

  • Sí… Bueno… - dijo Harry -. No se trataba de un partido de Quidditch sino una lucha a muerte contra Voldemort, ¿sabes?

  • Es una lástima que la profecía se haya perdido – meditó Hermione en voz alta –debía contener información sumamente valiosa para que Voldemort arriesgara tanto para conseguirla.

Afortunadamente en ese momento llegaron a la cabaña de Hagrid y el tema de la profecía quedó relegado.

  • Pasen, pasen – dijo Hagrid abriendo la puerta de la cabaña e invitándolos a entrar -. Estaba esperando su visita. Estaba haciendome un té, ¿alguno desea acompañarme?

Todos negaron con la cabeza.

  • Supongo que viene por lo de Grawpy, ¿no? – y sin esperar respuesta continuó-. Aún no lo he encontrado. Pero no descansaré hasta hallarlo.

  • ¿Has tenido problemas con los centauros? – preguntó Hermione.

  • Esas mulas viejas – se quejó Hagrid con amargura -. No se atreven a hacerme nada. Después de todo le prometieron a Dumbledore que nos dejarian transitar por ciertas áreas del bosque. Pero aunque no los he visto, puedo seguir el ruido de sus cascos detrás de mí cada vez que me interno en el bosque. Estoy seguro de que me vigilan.

  • ¿No tendrán ellos prisionero a Grawpy? –aventuró Ron

Hagrid sonrió con amargura.

  • Me gustaría ver al centauro capaz de retener a un gigante contra su voluntad. No, Grawpy está perdido. El bosque es muy grande, ¿saben? Y muchos lugares son peligrosos, aún para un gigante.

Ron pensó instintivamente en Aragog y se estremeció de pies a cabeza.

  • Grawpy debe haberse escondido en algún lugar hasta sanar sus heridas. Y yo haré todo lo posible para encontrarlo aunque eso signifique pelear con todos los centauros que hay en el bosque. Harry estoy seguro de que tú me entenderas. Tu también harías cualquier cosas por ir al rescate de alguien de tu familia.

Harry asintió mientras desviaba la mirada hacia otro lado. Aunque sabía que Hagrid no lo hacía a propósito esos comentarios le revolvían heridas que aún no habían cicatrizado.

Ginny intervino rápidamente.

  • ¿Cómo podemos ayudarte, Hagrid?

  • No se metan. El bosque se ha vuelto un lugar peligroso.

  • Hablas cómo si alguna vez no lo hubiera sido – comentó Ron sorprendido.

Pero Hagrid pareció no escucharlo.

  • Ustedes ya tienen bastante con sus EXTASIS y sus MHB.

  • Eh… Hagrid… Nosotros también queríamos consultarte sobre un pergamino que encontró Harry en… Bueno, ¿por qué mejor no le cuentas tú. – invitó Hermione dirigièndose a Harry.

Harry extrajo el pergamino del bolsillo interior de su túnica y se lo alargó a Hagrid. Este lo tomó con mucho cuidado entre sus inmensas manos. Y lo examinó moviendolo en todas direcciones.

  • ¿Qué significa? – preguntó por fin.

  • Teniamos la esperanza de que tú pudieras decírnoslo – aventuró Harry.

  • Estas adivinanzas siempre me resultaron demasiado complicadas ¿De dónde sacaron esto? ¿No estarán metiéndose de nuevo en problemas, no?

  • No – dijo Harry-. Estaba dentro de un libro de mi mbadre que enonctré en la bóveda de Sirius.

  • Ah, entonces está bien. ¿Se lo mostraste a Dumbledore? – preguntó Hagrid.

  • Sí. Él tampoco tiene idea de lo que pueda significar.

  • ¿Y pensaron que yo sí? Si un mago excepcional como Dumbledore no pudo descifrarlo no creo que nadie pueda.

  • ¿Y el nombre al principio del pergamino significa algo para ti, Hagrid? Tú conociste a muchos amigos de mis padres cuando estuvieron en Hogwarts y después. Incluso más que Dumbledore.

  • Oh sí, tus padres eran muy populares. No me di cuenta que había un nombre al principio. Déjame ver. Cecil. K. Rett

Sorpresivamente Hagrid estalló en una carcajada. Su cuerpo temblaba sacudido por las convulsiones que le provocaba la risa.

  • Cecil… Ja ja ja… CECIL… JA JA JA… ¡Pero qué nombre ridículo! - exclamó Hagrid secándose las lágrimas con un gran pañuelo-. Tu padre no hubiera sido amigo de nadie con un nombre cómo ese, te lo aseguro… En realidad dudo que algún alumno de Hogwarts llevara algun un nombre como ese y sobreviviera para contarlo.

  • Quizás tenía un tío que se llamaba así - comentó Ron avergonzado mordiendo una de las galletitas de Hagrid sin conseguir romperla.

Ginny intentó esconder una sonrisa detrás de su mano.

  • ¿Qué sucede? – preguntó Hermione que había captado toda la escena-. ¿Ginny?.

Ginny abrió los ojos muy grandes y sacudió su cabeza con firmeza a ambos lados,

  • Ron me mataría.

  • No vayas a decirles – le prohibió Ron agitando un dedo delante de su cara-. Te lo prohibo.

  • No diré nada, por supuesto. Pero yo creo que tu segundo nombre es muy bonito.

  • ¡Oh no! – exclamó Ron escondiendo la cabeza entre las manos-.

  • ¿Cuál es tu segundo nombre, Ron? – preguntó Harry divertido-. Vamos, los amigos deben decirse todo, ¿no es cierto?.No debe haber secretos entre nosotros. ¿No me decías eso hace un rato?

Ron susurró algo ininteligible sin levantar su cabeza.

  • ¿Qué? – preguntaron varias voces con curiosidad.

  • BILIUS – gritó Ron-. ¿Esta bien? Mi segundo nombre es Bilius. Me lo pusieron por mi tío. Y si le llegan a decir a alguien sobre él les lanzaré todos los maleficios que conozco.

  • Por supuesto – juraron todos solemnemente escondiendo lo mejor que podían sus sonrisas.

  • Se ha hecho tarde – expresó Hermione-. El Club de Defensa personal está por comenzar.

  • Los acompañare hasta el castillo – dijo Hagrid- ¿Por qué no le preguntas a Lupin sobre el pergamino, Harry? Él conoció a tu padre mejor que yo.


Ron, Hermione, Ginny y Harry bajaron rápidamente al salón de Defensa contra las Artes Oscuras donde iba a tener lugar la primera reunión del Club de Duelo.

Una gran cantidad de alumnos se habían congregado en el salón y esperaban impacientes el comienzo de las actividades.

Harry notó con desagrado que varios alumnos de Slytherin, entre los que se encontraba Malfoy, habían decidido unirse al Club.

  • ¿Viste quién está? – le susurró Ron a harry en el oído.

  • Sí, ya los vi a Malfoy Crabe y Goyle…

  • No. Ellos no. Allí – dijo Ron señalando con el dedo.

El estómago de Harry dio un vuelco cuando descubrió la grasienta cabellera de Snape asomando entre el mar de cabezas de Slytherin.

  • ¿Qué hace él aquí? ¿No se suponía que Staker iba a dirigir este Club? – preguntó Harry molesto.

El profesor Staker salió de su despacho marcando el paso con el taco de sus botas. Los murmullos se extinguieron en el momento.

  • Bienvenidos, al Club de Defensa personal. Cómo ustedes sabrrán el Directorr está sumamente interresado en que todos aprendan la manera de defenderse. Por eso, pensamos que además de las clases de Defensa contra las Artes Oscuras todos recibierran forrmación extra en este Club.

El profesor Staker hizo una pausa y luego continuó.

  • El Directorr le ha pedido al prrofesor Snape que colabore conmigo en esta tarrea. Y él ha accedido.

Por el tono de Staker quedaba claro el desagrado que esta noticia le producía.

  • Las normas del Colegio sobre los Clubes estudaintes estipulan que los alumnos deben elegirr a uno de ellos para presidirr el Club.

El aula se lenó de comentarios. Varios alumnos que el año anterior habían participado del Ejército de Dumbledore se dieron vuelta para mirar hacia el ugar donde se encontraba Harry.

  • Yo propongo as Harry Poter como presidente – exclamó Luna Lovegood con un ton oalegre y despreocupado.

Varios voces de aprobación secundaron la moción.

  • Potterr parece el apropiado dado sus antecedentes – dijo el profesor Staker - ¿Alguien quiere propponer a otro alumno?

  • Yo creo que Malfoy sería una mejor elección que Potter – dijo Snpae clavando una mirada de odio en Harry.

Varios voces de Slyhterin entre las que se desacaba la de Patsy Pankison aprobaron la moción.

  • Muy bien – expresó Staker visiblemente molesto por la intromisión-. Deberán los alumnos deberán votarr a Malfoy o Potterr para elegirr a quien crrean que será un mejorr presidente de este Club.

  • Eso no será necesario profesor – exclamó harry adelantándose para que todos pudieran verlo-. He cambiado de idea. No seré parte de este Club.

Y dirigiéndose hacia la puerta se dispuso a salir del salón.

  • ¿Qué pasa, Potter? – dijo la voz burlona de Malfoy arrastrando las palabras-. ¿Tienes miedo de perder conmigo? Pensé que los de Gryffindor eran valientes…

  • No tengo miedo, de ti, Malfoy – respondió Harry dándose vuelta -. Es sólo que no estoy dispuesto a enseñarte nada a ti ni a ninguno de los de Slytherin.

Hubo algunos aplausos aislados y muchas voces de aprobación. Algunos propusieron “Que se vayan”.

  • Esperaba algo así de ti Potter, no eres más que un arrtogante y un presumido – acotó Snape.

  • Profesor Snape, creo que sus comentarios están fuera de lugar… - lo interrumpió Staker

  • Sí, ya conozco su opinión sobre Potter. Ya veo que ha ingresado en su Club de Admiradores. Pero déjeme asegurarle que si usted lo conociera como yo lo conozco, sabría que no estoy diciendo más que la verdad.

  • Entonces es evidente que no conoce a Potter para nada. El Director me ha puesto al tanto sobre sus antecedentes. Y estoy seguro que es la persona indicada para dirigir este Club.

  • Pero a Potter no le interesa dirigir el Club. Él mismo lo ha dicho – inisitió Snape, quien gozaba aprovechando la ocasión de insultar a Harry en público-. A él sólo le importa ganar la copa de Quiddicth. Y andar pavoneádose por todas partes con sus amigos y seguidores.

  • Encuentro sus palabras insultantes – dijo Staker mirando a Snape con una mrada asesina - Y creo que debería disculparse con Potter, en este mismo momento.

Pero antes de que Snpe pudiera responder, Malfoy intervino:

  • ¿Qué ocurre Potter? ¿Tienes miedo de enfrentarte con un mago de verdad? Prefieres pelear con mujercitas e inútiles como Longbottom, así puedes seguir jugando al héroe.

  • Esta mujecita podría vencerte con una mano en la espalda – respondió Ginny.

  • ¡Oye Potter, tienes una novia nueva! ¿No te da vergüenza que una mujer tenga que defenderte?

  • Este verano peleamos con tu padre y terminó en Azkaban ¿En qué categoría lo incluirías a él? ¿En la de mujercita o en la de inútil? – repuso Hermione agudamente.

  • No te metas con mi padre, sangre sucia – amenazó Malfoy arrastrando las sílabas.

  • ¡Mejor ser sangre impura, que ser hijo de un mortífago asesino! – gritó Neville completamente fuera de sí.

En aquel momento el lugar se convirtió en un completo caos. Malfoy intentó lanzarle un maleficio a Hermione pero fue derribado al menos por tres maleficios lanzados por Harry, Ron y Seamus Finnegan.

El resto de los alumnos de Slytherin que intentaron intervenir no corrieron mejor suerte. Todos los demás parecían haber estado esperando esa provocación para responder.

Finalmente el profesor Snape gritó “Expelliarmus” depojando de sus varitas a todos los presentes. Los alumnos de Slytherin yacían en el suelo desmayados y deformados al menos por una docena de maleficios cada uno.

Esa fue la primera y última reunión del Club de Defensa Personal.


Esa noche en la cena, la mesa de Slyhterin parecían más vacía que de costumbre. Todos los alumnos que había decidido formar parte del Club de Defensa estaban ahora reponiéndose en la enfermería.

  • Este año no pienso aguantarle ni una sola a Malfoy – exclamó Ron enojado golpeando el puño cerrado contra la palma de su mano.

  • Eso va para el resto de los alumnos de Slyhterin – agregó Seamus Finnegan pinchando dos tajadas de carne asada -. Creo que ya es tiempo de ponerlos en su lugar.

  • Sería más sencillo si Snape no estuviera siempre defendiéndolos – acotó Lavander. Y dirigiéndose a Harry agregó:

  • Hoy estuvo muy injusto contigo, Harry.

  • Bueno. Snape nunca fue justo tratándose de mí, ¿no?

  • ¿No crees que deberías decírselo a Dumbledore? – sugirió Neville.

  • Oh, estoy segura de que Dumbledore ya lo sabe – respondió Hermione mientras se servía ensalda - Staker ya le habrá pasado un informe muy completo de lo sucedido. Creo que Snape se ha ganado otro enemigo.

Harry se dio vuelta buscando a Snape. El profesor de Pociones comía con la misma expresión avinagrada de siempre. Staker, en cambio, había optado por no aparecer a cenar.

  • ¿Se dieron cuenta de que volvió Dumbledore? – comentó Ginny.

  • ¿Y qué? – preguntó Ron siriviéndose dos bolas de helado.

  • ¿No te das cuenta de lo que eso significa? – preguntó Hermione con expresión sorprendida -. Ya deben haber elegido al nuevo Ministro de Magia.

Como si estuviera esperando que Hermione dijera esa frase, el profesor Dumbledore se puso de pie con una amplia sonrisa en el rostro.

Era evidente que estaba de muy buen humor y que iba a dar buenas noticias.

  • Luego de habernos atiborrado con esta excelente comida, estoy seguro que están preparados para recibir buenas noticias.

Como corroborando las palabras del director, Ron se recostó sobre el respaldo de su silla y se palmeó el estómago con satisfacción. Hermione le indicó con un gesto que se sentara bien, pero Ron, haciéndose el distraído, optó por ignorarla.

  • Como todos ustedes sabrán, el Ministro Fudge ha renunciado dejando vacante el puesto. Esto obligó al Consejo de Magos del que formo parte, a reunirnos rápidamente para buscar el candidato más adecuado para ocupar el cargo. Sé que a muchos de ustedes no les interesan demasiado realidades tan poco divertidas como la política. A la mayoría, éstas cosas les parecen algo lejano y complicado. Cosas de magos adultos.

Un murmullo de aprobación recorrió el salón comedor. Ron hizo como que bostezaba, y miró a Harry con una sonrisa cómplice. Harry le devolvió la sonrisa pero la verdad era que estaba siguiendo atentamente las palabras de Dumbledore. Ya había sufrido en carne propia lo que significaba que un mal Ministro estuviera al frente del Ministerio.

Dumbledore sonrió comprensivamente, y ajustándose los anteojos en forma de media luna en su nariz, continuó:

  • Sin embargo, me van a perdonar si les robo un poco de su tiempo para contarles que ya tenemos un nuevo Ministro.

Por todas partes surgieron exclamciones de asombro y comentarios en voz alta.

  • No es una tarea fácil la que a él le espera. Se necesita una persona muy especial para conducir los destinos de la Comunidad Mágica y llevarla a buen puerto en medio de las aguas turbulentas que atravesamos. Los magos y hechiceras que integramos el Consejo hemos meditado, dialogado y discutido hasta hallar a la persona adecuada. Se trata de un mago poderoso, aunque no le gusta hacer ostentación de sus habilidades.

Por todas la mesas comenzaron a sonar diversos nombres, desde Dumbledore hasta Moody. Harry incluso escuchó con desagrado que alguien de la mesa de Slytherin pronunciaba el nombre de Snape.

Snape estaba sentado en la mesa de profesores, en su lugar de costumbre y su expresión era la misma mueca desagradable de siempre, por lo que Harry dudó que lo hubieran nombrado Ministro.

El profesor Dumbledore esperó pacientemente a que se extinguieran los comentarios y continuó:

  • El candidato debía ser una persona abierta al dialogo y a la cooperación. Que supiera escuchar todas las voces y luego decidir con prudencia y sabiduría. Alguien que tuviera experiencia combatiendo a Lord Voldemort, pero que, por otra parte, estuviera libre de toda sospecha de vínculo con las Artes oscuras.

Harry respiró aliviado. Aunque ni por un momento había creído que el Consejo hubiera elegido a Snape como Ministro, sí había varias personas que trabajaban en el Ministerio que habían estado vinculadas a Voldemort y que podrían haber aspirado a ocupar el lugar vacante.

  • Por último, y no menos importante, ya que lamentablemente el accionar del Voldemort y sus mortífagos ha atraído la atención de ciertos sectores del mundo no mágico, el nuevo Ministro debía ser alguien que tuviera una profunda comprensión y respeto por el mundo muggle, y que estuviera preparado para entablar relaciones de cooperación con sus autoridades.

  • ¿De dónde piensan sacar a alguien con todas esas características? Alguien así no puede ser real… - comentó Ron con ironía.

  • Ron, ¿me vas a decir que todavía no te diste cuenta de quién están hablando? – lo retó Hermione con un tonito enojado.

  • ¿Qué? ¿De quién? ¡Oh, tú tampoco lo sabes! – respondió Ron hamacándose sobre las patas traseras de su silla -. Sólo lo dices para mantener tu fama de sabelotodo…

Hermione dio vuelta la cara ofendida y fingió escuchar a Dumbledore, aunque Harry comprendió que las palabras de Ron la habían lastimado profundamente.

En ese momento, Dumbledore, alzando la voz dijo:

  • El nuevo Ministro de Magia es el señor Arthur Weasley. Pido un fuerte aplauso para él.

Ron abrió los ojos como dos platos y por la sorpresa inclinó demasiado el respaldo de su silla cayéndose de espaldas.

Las risas se mezclaron con los aplausos y vítores de los alumnos.

Ron se levantó rápidamente colorado como un tomate y se unió al aplauso general con expresión aturdida.

  • Felicitaciones Ron. Felicitaciones Ginny. Si hay alguien que merecía ese puesto era su padre – dijo Hermione sin dejar de aplaudir.

  • Sí. Tu padre es alguien genial. Nadie merece más ser Ministro que él – dijo Harry palmeando efusivamente la espalda de su amigo.

Luego miró a Ginny y le sonrió. Ésta le devolvió la sonrisa y le hizo un guiño pícaro.

Harry sintió que un calor le subía por el cuello, una emoción entre incómoda y agradable. Rápidamente volteó el rostro y se encontró con la mesa de Slytherin. Varios alumnos no sólo no aplaudían, sino que comentaban cosas en secreto tapándose la boca con la mano. Al ver que Harry los observaba, rápidamente dejaron de hablar.

Terminada la cena, mientras se dirigían a la sala común, Ron y Ginny recibieron numerosas muestras de cariño y apoyo de sus compañeros de Gryffindor y también de chicos de otras casas.

  • Felicitaciones, Weasley.

  • Saluden todos al Ministro Ron “el Rey” Weasley…

  • Ahora que tu padre es Ministro podría conseguirme…

Ron y Ginny respondían a todos los saludos con expresión aturdida.

El señor Ficlh se acercó al grupo con expresión de poco amigos, seguido de cerca por su gata, la señora Norris.

  • ¿Qué están haciendo ustedes aquí, horribles sacos de hormonas? ¿Qué es todo este tumulto? Las reuniones en los corredores están prohibidas. Vayan rápidamente a sus casas o los colgaré de los tobillos… - gruño Filch, quien todavía no parecía haberse recobrado de la partida de Umbridge.

Rápidamente los alumnos se dispersaron rumbo a las salas comunes de sus casas. Alguien gritó algo sobre los Weasley, pero a Ron le pareció que se referían más a Fred y a George que a él.

La profesora McGonagall se acercó rápidamente a Ron, Harry, Ginny y Hermione.

  • Señor Weasley, señorita Weasley vengan conmigo. Usted también, Potter.

  • ¿Y ahora qué hicimos? – se quejó Ron-. Yo no tengo la culpa si los demás alumnos se acercan a saludarme. ¿Qué se supone que deba hacer? ¿Echarlos?

  • Frena tus hipogrifos, Weasley antes de que digas algo de lo que vayas a arrepentirte – lo cortó la profesora McGonagall mirándolo con expresión severa -. No debes tener la conciencia muy tranquila, si cada vez que se te acerca un profesor, comienzas a balbucear excusas.

El grupo siguió a la profesora McGonagall en silencio hasta su despacho. Luego de que todos hubieron tomado asiento, la profesora se aclaró la garganta y dijo:

  • Antes que nada quiero felicitarlos personalmente por el nombramiento de su padre. Créanme que soy sincera cuando les digo que la noticia me ha alegrado enormemente. Pocas personas merecían ese puesto más que él. Mañana tendrá lugar la ceremonia de asunción y su madre ha solicitado que se les conceda permiso para participar.

  • ¡Ah, era eso! – exclamó Ron aliviado.

  • El señor Ministro pidió personalmente que participaras tú también, Potter – agregó McGonagall mirando a Harry -. Es un gran honor el que te están haciendo, espero que sepas apreciarlo.

Pero la advertencia de la profesora McGonagall no era necesaria. Harry se sentía enormemente agradecido y emocionado por este gesto del señor Weasley.

  • Bien – continuó la profesora McGonagall – Mañana, después del desayuno, viajarán al Ministerio utilizando polvos Flu. El Director Dumbledore ha ofrecido su chimenea.

  • ¿Es seguro viajar por la red Flu, profesora? – preguntó Ginny.

  • Todo lo seguro que puede ser dadas las circunstancias, señorita Weasley. Estoy convencida que con el nuevo Ministro éstas y otras cosas mejoraran rápidamente. Todos deberán vestir sus túnicas de gala. Y estoy segura que no debo aclararles que su comportamiento deberá estar a la altura de las cirucunstancias. ¿Alguna pregunta?

Los chicos se miraron entre sí, pero nadie parecía tener nada que agregar.

  • Muy bien – concluyó McGonagall -. Nos veremos mañana entonces. Pueden retirarse.

En la sala común de Gryffindor Hermione los esperaba impaciente.

  • ¿Y? ¿Qué les dijo?

  • Nos avisó que mañana iremos a la ceremonia de asunción de papá – respondió Ginny.

  • Ah – respondió Hermione que parecía confundida-. Supuse que que la profesora McGonagall los había llamado para felicitarlos o algo así. Pero… claro… Es lógico que ustedes estén presentes. Depués de todo es su padre, ¿no? ¿Tú también irás, Harry?

  • Sí – respondió éste sintiéndose un poco incómodo. Y enseguida agregó:

  • En realidad, no sé por qué me invitaron. Yo no soy de la familia. Es decir...

  • Harry – intervino Ginny -, tú sabes que mamá siempre está diciendo que eres como un hijo para ella.

Harry no supo qué responder y desvió su mirada hacia la chimenea.

  • A ti también te quieren mucho los padres de Ron, Hermione – dijo Harry - . Tal vez les quedaba libre un lugar o...

  • Oh sí, por supuesto… Nunca pensé otra cosa… - respondió Hermione hablando en un tono de voz más alto que el habitual – Me alegro por ustedes, chicos. Ahora si me disculpan, me voy a dormir. Hasta mañana. No olviden saludar a su padre por mí. Buenas noches.

Hermione subió la escalera rumbo a los dormitorios rápidamente, seguida de Crosshanks.

  • ¿Tú crees que se molestó? – le preguntó Ron a Ginny.

  • ¡Por supuesto que molestó, tonto! ¿Acaso no te diste cuenta?

Ron miró a Harry con expresión de no entender nada y Harry le devolvió una expresión parecida.

Finalmente Ginny dijo: “¡Hombres!” y subió la escalera hacia el dormitorio de las chicas.