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Historia 7807 — capítulo 7
CAPITULO SIETE
EL NUEVO EQUIPO DE QUIDDITCH DE GYFFINDOR
A la mañana siguiente, después de desayunar, Ron, Harry y Ginny fueron conducidos por la profesora McGonagall hasta el despacho del director.
- Supongo que todos han utilizado polvos flu con anterioridad, ¿no es verdad?
Todos asintieron.
- Bien. En eso caso, lo único que deben hacer es decir claramente “Al hall del Ministerio de Magia”.
Harry tomó un puñado de polvos flu y gritando bien fuerte la frase que la profesora McGonagall les había dicho, desapareció en medio de una llamarada.
-
Hola Harry, ¿cómo has estado? – saludó una voz conocida.
-
Profesor Lupin… Estoy bien… - respondió Harry sorprendido - . No esperaba verlo aquí.
-
Bueno, creo que mi presencia ha sorprendido a mucha gente además de ti. No es común que a un hombre lobo se le permita ingresar al Ministerio. Pero Arthur insistió en que quería que estuviera presente. Así que aquí estoy…
-
No me refería a eso, sino a que de haber sabido que vendría hubiera traído conmigo algo que quería mostrarle – respondió Harry sacudiéndose el hollín de su túnica -. Es un documento que encontré en la bóveda de Sirius y que me gustaría que…
En ese instante Ron apareció en la chimenea. Unos segundos después apareció Ginny, y Harry decidió que lo mejor era continuar su conversación con Lupin en otro momento.
-
¿Por qué no utilizas la chimenea de la sala común de tu casa y me cuentas más sobre ese documento esta noche? – susurró Lupin al oído de Harry -. Creo que a las diez será una buena hora.
-
Me parece bien - respondió Harry-. Pero no es necesario que susurre, Ron y Ginny ya saben de qué se trata.
Lupin le sonrió a Harry comprensivamente y no dijo nada más.
El grupo avanzó por el Hall central de Ministerio. Estaba muy cambiado desde la última vez que Harry había estado allí.
La Fuente de la Hermanad Mágica había sido restaurada pero con varias modificaciones. La postura y el aspecto de las imágenes era distinta. A Harry le pareció que la fuente actual transmitía mejor la idea de unidad y hermandad entre las criaturas mágicas. Por empezar ya no salía agua de las orejas del elfo, sino de un gran chorro en el centro de la fuente que cubría a las imágenes como si fuera un capullo.
Harry no puedo evitar recordar cuando Dumbledore encerró a Voldemort dentro de la fuente. Sintió un fuerte pinchazo en su cicatriz e instintivamente se llevó la mano a la frente.
-
¿Te sientes bien, Harry? – le preguntó Lupin con expresión preocupada.
-
Sí, estoy bien. Fue sólo un dolor pasajero. No es nada. En serio.
Harry vio de lejos al señor Weasley. Su mujer estaba a su lado. Vestida con una hermosa túnica de color púrpura con ribetes dorados. Lucía unos hermosos pendientes plateados y había peinado su pelo hacia arriba. Al ver a los chicos los saludó de lejos con su mano.
Cerca del señor Weasley se encontraba Dumbledore, los hermanos de Ron, Bill y Charlie, el profesor Moody y varios magos que Harry había conocido durante su anterior estadía en el Ministerio: Perkins; Mafalda Hopkirk, Amelia Bones y el cuerpo de aurores en pleno. Tonks saludó a los chicos con un gesto.
Por fortuna no había señales de Umbridge, ni de Fudge, ni de ningún ex mortífago.
Al ver a Ron, a Harry y a Ginny, los gemelos los llamaron para que se reunieran con ellos en un estrado especialmente preparado para los invitados.
-
¡Hola chicos! – dijo Fred, que lucía una túnica de gala nueva color azul marino.
-
¿Cómo sigue todo en el viejo colegio? – preguntó George que estaba igual de elegante -. ¿Filch aún se acuerda de nosotros?
-
Puedes apostarlo – dijo Ron -. Ustedes son los únicos en la historia de Hogwarts que han logrado escapar de un travesura sin recibir su castigo.
Los gemelos sonrieron y chocaron las palmas de sus manos entre sí.
- ¿Percy no vino? – preguntó Harry.
Los mellizos hicieron un gesto de desagrado.
-
No. El muy estúpido – dijo Fred.
-
Y no fue porque papá no lo haya invitado – continuó George-. Es más, sabiendo que desde la renuncia de Fudge se había quedado sin trabajo, hasta le ofreció un puesto.
-
Pero él lo rechazó. Dijo que su dignidad no le permitía aceptarlo – agregó Fred-. Que él haría su propia carrera sin aprovecharse de la familia.
-
Debió haber dicho mejor que su orgullo no se lo permitía. Percy preferiría estar muerto antes que admitir que se equivocó – dijo George.
-
Todos pensamos que luego de que Fudge reconociera el regreso del Innombrable, Percy se reconciliaría con la familia – continuó Fred.
-
Que volvería con cola entre las patas, ya saben – acotó George.
-
Pero no fue así. Cuando mamá lo fue a ver a su departamento la recibió en la puerta sin hacerla pasar y le dijo que para él nada había cambiado.
-
¿Han pensado que quizás Percy no esté en sus cabales? – sugirió Harry con delicadeza.
Ron miró a Harry con expresión confundida, pero los mellizos estallaron en una carcajada.
-
A ver, déjame pensar cuando fue que se me cruzó esa idea por la mente – dijo George haciendo como que pensaba -. ¿Fue cuando tenía tres años o cuatro?
-
Creo que antes – intervino Fred -. Recuerdo que pensé algo así al ver que su babero decía “futuro premio anual…”
-
Sí, lo recuerdo. ¿O fue quizás fue cuando se colgaba el chupete del pecho y decía: “Soy prefecto deben obedecerme” – bromeó George.
Todos se rieron con ganas de las bromas de los mellizos. Pero cuando las risas terminaron, Harry insistió:
-
Hablando en serio, ¿no creen que quizás Percy podría estar actuando bajo los efectos de la maldición Imperio o incluso que lo hayan secuestrado y alguien, utilizando poción multijugos, esté ocupando su lugar?
-
Nunca se me hubiera ocurrido – comentó Ron mirando a Harry sorprendido-. Pero suena lógico…
-
No eres el primero en pensar algo así, joven Potter. ¡ALERTA PERMANENTE! – gritó Fred imitando al profesor Moody – El buen Ojoloco le sugirió algo por el estilo a papá cuando Percy comenzó a actuar de manera extraña…
-
O más extraña de lo habitual… - interrumpió George.
-
Durante un tiempo varios miembros de la Orden del Fénix estuvieron siguiendo al secretario “cabeza hueca” de cerca – continuó Fred-. Incluso revisaron su nuevo departamento en busca de pistas.
-
O un baúl con siete llaves…
-
Pero no encontraron nada sospechoso. La conclusión es que Percy está actuando bajo los efectos de su propia idiotez.
-
¿Cómo se enteraron de todo eso? – preguntó Ginny.
-
Orejas extensibles – respondió George con una sonrisa sacando un par del bolsillo interior de su túnica -. Son realmente útiles, ¿no te parece? Deberías comprar un par…
-
Creo que la ceremonia está por comenzar – advirtió Harry.
En efecto, el mago que oficiaba de maestro de ceremonias pidió silencio con un gesto de su mano y luego de que todos los murmullos terminaron, comenzó la ceremonia de asunción.
El flamante ministro fue presentado por Dumbledore, que hizo una breve pero muy completa reseña de sus logros y capacidades. Luego el Señor Weasley recibió el bastón ceremonial y prestó el juramento.
Todos aplaudieron emocionados.
Harry vio como la madre de Ron se secaba con un pañuelito las lágrimas de emoción que caían por su rostro.
El señor Weasley agradeció los aplausos con una inclinación de su cabeza y luego de un par de minutos pidió silencio.
Aclarándose la garganta comenzó a hablar:
- Gracias a todos. En especial al Consejo de Magos por confiar en mi persona para conducir los destinos de la Comunidad Mágica. No son tiempos para el temor, ni para cobardías, por eso he aceptado. ¡Para los hombres de coraje se han hecho las empresas! Sólo espero estar a la altura de la gran responsabilidad que han depositado sobre mis hombros.
Todos los magos y brujas presentes aplaudieron con entusiasmo.
- Es tiempo de unirnos para combatir al enemigo común que nos amenaza; divididos seremos esclavos; unidos, estoy seguro de que lo venceremos. Hagamos un esfuerzo, depongamos resentimientos particulares y luchemos juntos para preservar nuestra libertad y nuestros derechos. Lucharemos con el peso de la ley y de la justicia. Los que hoy nos amenazan serán vencidos. Los responsables pagarán. El mal no prevalecerá.
Nuevamente el discurso del señor Weasley fue interrumpido por un caluroso aplauso.
- Gracias por sus aplausos. El primer paso será limpiar el Ministerio de Mortífagos. Todo aquel que haya sido sospechado de colaborar con el Innombrable será investigado, juzgado y enviado a Azkaban si así lo merece. Se acabaron los sobornos y el dinero mal habido con el que mortífagos como Lucious Malfoy abría puertas y compraba voluntades. Los pusilánimes y los incompetentes serán removidos de sus cargos y reemplazados por magos y hechiceras que estén a la altura de las circunstancias.
El señor Weasley hizo una pausa para esperar que los aplausos finalizaran y continuó.
- Afortunadamente no estoy solo en esta tarea. Además del apoyo incondicional de mi familia, quiero agradecer a los magos que están a mi lado para ayudarme a ejercer este cargo del mejor modo posible. Quiero agradecer al profesor Albus Dumbledore, director del colegio Hogwarts, por su inestimable consejo y su valiosa experiencia. También a Alastor Moody, quien ha accedido a dejar a un lado su merecido retiro para hacerse cargo del cuerpo de aurores.
Harry miró a Moody. Su ojo mágico giraba como loco en todas direcciones. Parecía sentirse sumamente incómodo inmovilizado en un estrado y rodeado de tanta gente desconocida.
- Las fuerzas del mal trabajan sin descanso las 24 horas del día para apoderarse de nuestro mundo y destruir nuestra paz y nuestra sociedad. No podemos darnos el lujo de hacer menos que ellos. Así que… ¡ A trabajar! ¡Muchas gracias!
Los aplausos finales se transformaron en expresiones de sorpresa cuando la Fuente de la Hermandad Mágica se cubrió de fuegos artificiales de todas formas y colores.
-
¿Los hicieron ustedes? – le preguntó Harry a Fred gritándole en el oído para hacerse oír por encima del ruido de las explosiones.
-
Sí – gritó Fred-. Papá nos dijo que quería algo espectacular para terminar la ceremonia.
-
Y mamá nos advirtió que si hacíamos alguna de las nuestras nos despellejaría vivos – completó George sin dejar de aplaudir-. Pero jamás se nos ocurriría estropear el gran día de papá.
La gente se fue dispersando poco a poco y el flamante Ministro de Magia se acercó al lugar donde estaban sus hijos y Harry.
-
Hola chicos. Hola Harry. Me alegro que hayan venido –saludó el señor Weasley.
-
Hola papá. Te felicito - saludó Ginny echándole los brazos al cuello y dándole un sonoro beso en la mejilla.
-
Gracias, linda. ¿Cómo estás Ron? ¿Qué tal la escuela de verano?
-
Estuvo bien – respondió Ron -. Felicitaciones papá.
-
Gracias. Espero que no se hayan perdido de ninguna clase interesante por mi culpa – dijo el señor Weasley.
-
Al contrario. Teníamos Pociones – respondió Ron.
-
Apuesto que el viejo Snape no estará muy contento de que a papá lo hayan nombrado Ministro – comentó Fred.
-
Fred, no hables mal de un profesor – lo corrigió la señora Weasley -Hola Harry querido. ¿Te gustó la ceremonia?
-
Sí – respondió Harry -. Felicitaciones por su nombramiento, señor Weasley. Gracias por invitarme.
-
Oh, Harry, no íbamos a dejarte afuera de esto. Tú eres prácticamente de la familia – intervino la señora Weasley.
-
Además es una forma de compensarte por todo lo que debiste pasar el año anterior – comentó el señor Weasley-. Si hay alguien que merecía estar hoy aquí eres tú. Tú solo has hecho por la Comunidad Mágica mucho más que la mayoría de los magos que conozco.
Harry se sintió lleno de agradecimiento y orgullo.
- El gran Harry Potter acompañado por su fiel patiño Ron, el pecoso – bromeó George.
Todos menos la señora Weasley rieron de la salida de George.
-
Casi me olvidaba – dijo Harry -. Hermione me pidió que le diera sus saludos.
-
¿Hermione? – exclamó el señor Weasley mirando hacia todos lados - ¿Por qué no vino? ¿Tenía alguna clase que no quería perderse?
-
Bueno. Creo que no fue invitada – comentó Harry.
La madre de Ron se llevó la mano a la boca y, con expresión apenada, comentó:
-
No entiendo cómo pudimos olvidarnos de ella. ¡Todo fue tan rápido! Tuvimos que ocuparnos de tantas cosas hasta último momento que se me pasó por completo. En cuanto pueda le enviaré una lechuza con una disculpa.
-
Estoy seguro que entenderá – comentó Harry.
-
Bueno, si nos disculpan, tengo que retirarme – dijo el señor Wesley - tengo que dar el ejemplo. Adiós chicos. Gracias por venir.
Y se retiró seguido por su señora.
- Nosotros también nos vamos – dijeron los mellizos -. Dejamos a Lee Jordan a cargo del negocio y creo que ya nos debe estar extrañando. Adiós chicos.
El profesor Lupin acompañó a Harry, Ron y Hermione hasta la chimenea por la que habían llegado y unos instantes más tarde los tres llegaban al despacho del director. La profesora McGonagall los estaba esperando y los condujo hasta sus clases.
Al día siguiente, durante el desayuno en el Gran Salón, las mesas de las cuatro casas había vuelto a estar completas. En especial la de Slytherin. Madam Pomfrey parecía habérselas arreglado para revertir los hechizos que los chicos habían recibido durante la brevísima reunión del desaparecido Club de Defensa Personal. Sin embargo, nada indicaba que Malfoy, Crabbe, Goyle y el resto de los miembros de Slytherin hubieran entendido el mensaje.
Malfoy entró al Gran Salón pavoneándose como de costumbre y, al pasar junto a Ron, se inclinó sobre él y, arrastrando las palabras, le susurró usando un tono de voz lo suficientemente bajo como para que sólo los chicos que estaban junto a él pudieran escucharlo:
- Yo no contaría con que tu padre vaya a durar mucho en ese puesto, Weasley. Los traidores a la sangre como él son bastante propensos a sufrir accidentes.
Ron se levantó bruscamente volcando una fuente de avena sobre la mesa, y se hubiera abalanzado sobre Malfoy si Dean Thomas no lo hubiera detenido rodeándolo con sus brazos. Crabbe y Goyle apretaron los puños, dispuestos a intervenir.
- Déjalo, Ron. No vale la pena – le dijo Hermione.
Malfoy sonrió con desprecio y comenzó a retirarse justo cuando la profesora McGonagall llegaba a la mesa de Gryffindor.
-
¿Qué sucede aquí? – preguntó con tono severo – Weasley, ahora que tu padre es el Ministro, deberías cuidar más tu comportamiento.
-
Fue Malfoy, profesora – intervino Neville – Amenazó al papá de Ron. Yo lo oí.
La profesora McGonagall dirigió una mirada interrogativa a Malfoy.
- Longbottom debió escuchar mal, profesora. Solamente lo estaba felicitando.
La profesora McGonagall, que no se había creído ni por un momento la explicación de Malfoy, dijo hablando en un tono de voz que llenó de asombro a todos los presentes:
- Yo en tu lugar comenzaría a tener más cuidado con lo que hago, Malfoy. Por si no lo has notado, las cosas han comenzado a cambiar. No querrás terminar en Azkaban como tu padre. Retírate a tu mesa.
Hermione le dio un tirón a la túnica de Ron, que seguía de pie, rojo como un tomate, mirado a Malfoy con mirada asesina.
-
Voy a matar a Malfoy, te lo juro – dijo sentándose. Y volviéndose a su compañero dijo: - Gracias por apoyarme, Dean.
-
De nada. A mí tampoco me agrada Malfoy. A propósito, felicitaciones por el nombramiento de tu padre.
-
Gracias – dijo Ron untando una tostada con manteca.
Harry acababa de servirse té cuando unas cien lechuzas o más penetraron con estrépito al gran salón dando vueltas por encima de sus cabezas y dejando caer cartas y paquetes sobre la alborotada multitud.
Hermione pagó los 5 knuts a la lechuza que le traía El Profeta y lo abrió.
En la primera plana aparecía una nota sobre la asunción del señor Weasley, bastante fiel a los hechos para estar firmada por Rita Skeeter. Además de la reseña de la ceremonia de asunción, el periódico traía una biografía del flamante Ministro y de su familia.
-
Creo que Rita Skeeter entendió el mensaje, ¿no creen? Este artículo sobre la asunción de tu papá está bastante bien para tratarse de ella.
-
Yo no contaría mucho con ello – acotó Harry -. Con esa mujer nunca se sabe.
-
Sin embargo, el año pasado nos ayudó mucho con el reportaje que te hizo en Hogsmeade, Harry – repuso Hermione.
-
Eso fue sólo porque tú la amenazaste con divulgar su secreto – replicó Harry.
-
Tienes carta, Hermione – intervino Ginny.
Una lechuza había depositado junto a Hermione un gran sobre blanco con ribetes dorados y el membrete del Ministerio de Magia.
Hermione rasgó el sobre, extrajo la carta y leyó rápidamente el contenido. Su rostro se iluminó inmediatamente con una amplia sonrisa.
- ¡Oh, es de tu mamá Ginny! Fue tan amable como para escribirme una nota explicándome por qué no me invitaron a la ceremonia de asunción. Realmente no era necesario… Yo no esperaba ser invitada, por supuesto… Incluso tu padre tuvo la deferencia de escribirme un pequeño saludo al final – explicó Hermione doblando la carta con mucho cuidado y colocándola dentro de su organizador.
Pero era evidente por la expresión desbordante de su rostro que estaba sumamente complacida.
- Papá y mamá te quieren mucho, Hermione – acotó Ginny-. Tú lo sabes.
Hermione asintió con la cabeza y apretando los labios tragó ruidosamente ahogando la emoción.
-
Hoy son las pruebas para elegir a las nuevas buscadoras, Harry. – dijo Ron.
-
Oh, lo había olvidado – exclamó Harry poniéndose de pie -. Veré si Dumbledore puede dar el aviso sobre las pruebas antes de que termine el desayuno. También debería pedirle a McGonagall que nos reserve el campo…
-
No te molestes – le advirtió Ron con una sonrisa – Ayer puse los carteles para las pruebas en los tableros de anuncios. También reservé el campo de Quidditch con McGonagall. No quiero sorpresas con los de Slyhterin.
-
Creí que el capitán era Harry y no tú, Ron – intervino Ginny.
-
¡Por supuesto que Harry es el capitán! Pero a él no le importa… ¿verdad Harry?
-
No… Por supuesto que no, Ron – respondió Harry con sinceridad -. A mí se había olvidado por completo. Todavía no me acostumbro a la idea de ser el capitán.
-
Yo quisiera poder decidir quiénes serán las cazadoras si no te importa, Harry. Después de todo van a jugar conmigo.
-
Elegiremos a las que creamos mejores y no a las que te gusten a ti, Ginny – intervino Ron con sequedad.
-
¿Tú que opinas, Harry? – preguntó Ginny ignorando a su hermano.
-
Elegiremos a las mejores… – dijo Harry mirando a Ron.
Éste le dirigió una mirada de suficiencia a su hermana.
- Pero tendré muy en cuenta tu opinión. Ginny. Creo que tienes razón cuando dices que las cazadoras del equipo deben llevarse bien.
Ginny le hizo a Ron una gesto con la cara como diciendo: “¿Has visto?”
Ese viernes, a la cinco de la tarde un pequeño grupo de alumnos de Gryffindor se congregó en el campo de Quidditch para las pruebas. A Harry le sorprendió ver a Lavander Brown entre los aspirantes. Jamás hubiera pensado que pudiera interesarle otra cosa que no fuera la Adivinación y conversar con Parvati sobre moda y esas cosas.
Era una hermosa tarde de sol. Una leve brisa sacudía las copas de los árboles. Las condiciones eran casi perfectas para practicar Quidditch.
Harry, Ron, Ginny, Jack Sloper y Andrew Kirke habían llegado unos momentos antes y, por sugerencia de Ron, vestían sus túnicas escarlatas.
Hermione también había querido estar presente aunque se había llevado un pesado libro sobre “Códigos, Jerófligos y lenguajes antiguos” y lo estaba leyendo con mucha concentración. Un grupo de alumnos de Gryffindor observaba todo a un costado del campo. La mayoría habían venido a alentar a los candidatos.
-
Creo que deberíamos empezar, Hary – sugirió Ron por lo bajo.
-
Sí – respondió Harry. Y elevando la voz dijo el discursito que había preprado en su mente durante toda la tarde: - Gracias a todos por venir. El Equipo de Gryffindor necesita dos cazadores…
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O cazadoras… - acotó Ginny.
-
Sí, claro… – repuso Harry rápidamente - o cazadoras, por supuesto. Ehm… Lo que quiero decir es que necesitamos completar el equipo. Hemos ganado la copa en los últimos años y queremos que ehm… siga en nuestra casa… Elegiremos a los que creamos mejores, pero eso no significa que si alguno no es elegido no sea bueno sino que… bueno ustedes me entienden… Buena suerte.
Ron se elevó en su cometa 260 y fue a ocupar su lugar entre los aros. Ginny hizo lo mismo llevando una Quaffle con ella.
Sloper y Kirke soltaron una Bludger y se pusieron a practicar en el otro extremo del campo.
-
Mándalos de dos en dos, Harry – pidió Ginny.
-
Muy bien. A ver Dennis Creevey y… Victoria… Lo siento – se excusó Harry dirigiéndose a una chica de sexto año - no recuerdo tu apellido…
-
Es Frobisher – respondió ella. Y elevándose unos metros agregó con una sonrisa pícara – Por cierto, todos me dicen Vicky.
Harry montó la saeta de fuego, pateó el suelo y voló a un costado del campo para evitar que todos vieran que se había sonrojado.
Ginny miró a Harry y a Vicky con el ceño fruncido, y le lanzó la Quaffle a Victoria con tanta fuerza que casi la tira de la escoba. Ésta le hizo un pase a Dennis Creevey pero la pelota escapó de sus manos rumbo al suelo.
- Vamos Dennis, tú puedes – lo alentó su hermano Colin.
Victoria Frobisher se dejó caer en picada y atrapó la pelota antes de que tocara el suelo despertando gritos de admiración de la pequeña multitud que los observaba.
Al cabo de unos quince minutos en los cuales Dennis Creevey dejó caer la Quaffle dos veces más y le lanzó un pase demasiado fuerte a Ginny que casi le deja un ojo morado, Harry sugirió que probaron a otros dos chicos.
Descendiendo hasta el nivel del suelo llamó a una chica de tercer año llamada Natalie McDonald y a un chico de sexto que ya se había probado el año anterior, Geoffrey Hooper.