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Historia 7807 — capítulo 8

CAPITULO OCHO

EL BAILE DE HALLOWEEN

Octubre llegó trayendo lluvias interminables y un frío húmedo que llegaba hasta los huesos. Madam Pomfrey tuvo que trabajar tiempo extra para detener la epidemia de angina roja entre profesores y alumnos. Los terrenos que rodeaban Hogwarts se habían transformado en un barrial intransitable, salvo para aquellos valientes que quisieran regresar al castillo cubiertos de lodo. Y a aquellos que eran lo suficientemente afortunados como para regresar al castillo sin haber pisado un solo charco, Peeves se encargaba de ensuciarlos arrojándoles bolas de lodo en la cabeza.

Ron había insistido en que las prácticas de Quidditch no debían suspenderse a causa del mal tiempo, y Harry, a regañadientes, estuvo de acuerdo con él. En cuarto año no había jugado al Quidditch a causa del torneo de los Tres Magos. Y el año anterior había logrado jugar solamente un partido antes de que Umbridge lo suspendiera. Si alguien precisaba practicar era él.

Tres veces a la semana los miembros del equipo de Quidditch de Gryffindor se subían a sus escobas y después de un par de horas de luchar contra la lluvia y el viento, regresaban al castillo sintiéndose miserables.

Sin embargo, los ensayos estaban pagando sus frutos, y el equipo había mejorado notablemente, fundamentalmente gracias a los conocimientos de tácticas de Ron y a la perseverancia de Ginny para entrenar a las nuevas cazadoras. Natalie McDonald, en especial, había realizado enormes progresos. Incluso Ron había tenido que admitir que no había sido una mala incorporación después de todo.

Por primera vez desde que había comenzado el año, Harry pensó que tenían alguna posibilidad de ganar la copa.

Hasta Andrew Kirke y Jack Sloper habían dejado de pegarse con bate el uno al otro o a sus compañeros de equipo, y había comenzado a acertarle a las Bludgers con más frecuencia.

Por supuesto que Ron no era Wood, ni Kirke y Sloper eran los mellizos Weasley, pero Harry se sentía confiado en que harían un papel más que digno.

Las clases de Defensa contra las Artes Oscuras seguían siendo tan interesantes y útiles como el primer día. Harry se había convertido en el alumno estrella del profesor Staker. No pasaba una clase sin que lo hiciera pasar al frente a demostrar un contra maleficio o a practicar algún método de defensa. Luego de los hechizos de protección y desarme, habían comenzado a practicar maneras de inmovilizar a un atacante.

Neville parecía ser el conejillo de indias preferido de Staker. Sin embargo, lejos de perder confianza, Neville se había vuelto un mago experimentado en rechazar maleficios, y los alumnos que pasaban al frente para practicar con él, debían esforzarse cada vez más para vencerlo. Harry sospechaba que éste había sido el objetivo del profesor Staker desde el primer momento.

Snape seguía destilando odio en cada una de sus clases, pero el nombramiento de señor Weasley como Ministro parecía haberlo suavizado un poco. Por supuesto que seguía respirando en la nuca de Harry y criticando todo lo que hacía, pero sus comentarios irónicos y sus expresiones de desprecio sólo aparecían de tanto en tanto.

Ocupados con las prácticas de Quidditch tres noches a la semana, más las interminables tareas que les mandaban los profesores, más buscar la manera de ayudar a Hagrid a encontrar a Grawpy, más buscar descifrar el secreto del pergamino, los días pasaron volando.

Harry pasaba gran parte de su tiempo libre en la biblioteca, buscando libros sobre runas, símbolos, códigos, e idiomas olvidados. Pero eran lecturas sumamente aburridas, (de la clase de las que Hermione leía antes de acostarse), y no pasaba mucho tiempo antes de él que cerrara los pesados volúmenes con frustración.

Cansado luego de otra búsqueda infructuosa, Harry volvió su rostro hacia la ventana más cercana. El viento y la lluvia azotaban con fuerza los cristales produciendo un sonido adormecedor.

Ginny Weasley estaba sentada en una mesa cercana a la de Harry leyendo lo que parecía ser una carta.

Harry tomó su mochila y se acercó a ella.

  • Hola Ginny, ¿te molesta si me siento contigo? – pidió Harry.

  • ¿Qué? Oh… Hola, Harry… No, por supuesto que no me molesta, siéntate… - dijo doblando la carta rápidamente y guardándola entre sus libros.

Harry no pudo evitar notar que los ojos de Ginny estaban enrojecidos por el llanto.

  • ¿Malas noticias? – preguntó Harry.

  • ¿Esto? – dijo Ginny señalando al lugar donde había guardado la carta – No. No es nada… No quiero que te preocupes por mí.

  • No hace mucho me decías que los amigos deben confiar unos en otros – insistió Harry -. Además me vendría bien, para variar, pensar en los problemas de otra persona.

Ginny sonrió y extrayendo la carta del libro donde la había guardado, se la extendió a Harry.

  • Tienes razón. No hay razón por la cual no deba confiar en ti. Toma. Léela si quieres. Es de Percy.

Harry se detuvo y observó a Ginny con expresión sorprendida.

Ésta asintió y escondió sus lágrimas en un pequeño pañuelo que apretaba en su mano.

Harry abrió la carta y leyó:

Querida Ginny:

Me he enterado que has sido nombrada prefecto, siguiendo la tradición de la familia. Me alegro por ti y te felicito. Quisiera haberte saludado antes pero, como estoy seguro que sabrás, ya no trabajo en el Ministerio y las noticias ya no me llegan con tanta frecuencia como antes.

De hecho, fue gracias a una persona que conocí en el Ministerio que supe algunas novedades sobre Hogwarts y la familia.

El señor Guslocoana ha sido tan amable como para ofrecerme empleo como su secretario. Fue él quien me informó sobre tu nombramiento. Se trata de un mago respetable, miembro de una familia distinguida dentro de la Comunidad Mágica. Él está en contacto con personas influyentes y conoce a muchos magos importantes.

Estoy seguro que trabajar para él será de gran beneficio para mi carrera y mi futuro. El señor Guslocoana me ha asegurado que ha seguido de cerca mi desempeño como asistente del ex Ministro Fudge y lo ha encontrado sumamente satisfactorio.

Desde mi lugar privilegiado, debo advertirte que las cosas no son tan favorables como El Profeta nos quiere hacer creer.

Tanto la renuncia de Fudge como el nombramiento de nuestro padre han sido orquestados por Dumbledore para poner a una persona que pueda manejar fácilmente para sus propósitos. Tú y yo conocemos las capacidades de nuestro padre y sabemos que sería la última persona a la que alguien le ofrecería ocupar un cargo de tanta responsabilidad.

Algo similar sucede con el joven Potter, quien apoyado por Dumbledore, ha logrado una cierta credibilidad para sus fantasiosas historias sobre el Innombrable. Pero créeme cuando te digo, de muy buena fuente, que no existen pruebas fehacientes de su regreso, más que el testimonio de Dumbledore y la palabra de este joven trastornado. Sinceramente creo que Dumbledore ya se encuentra en edad de retirarse. Supongo que como ha desperdiciado la mayor parte de su vida como director de un Colegio, quiere realizar algo grandioso antes de morir y ser recordado como un héroe.

¡Es una lástima que Dolores Umbridge no pudiera llevar adelante las mejores sugeridas por el Ministerio! Sin duda, hoy estudiarías en un mejor colegio.

Espero que seas más inteligente que los miembros de nuestra familia y sepas elegir mejor las personas con quienes te relacionas, en especial te aconsejo mantenerte alejada del joven Potter. Más que nuestra admiración merece nuestra lástima.

Piensa con detenimiento en todo lo que te he dicho, y felicitaciones una vez más por tu nombramiento.

Tu hermano.

Percy

Harry dobló la carta y se la entregó a Ginny sin decir una palabra. Un nudo en su garganta le impedía hablar.

  • Me pregunto cómo pude vivir tanto tiempo con una persona, sin llegar a conocerla – dijo Ginny después de un rato -. Por supuesto que no pienso responder su carta… El muy estúpido… ¡aaahhhh!

Ginny dobló la carta de su hermano y guardó en el bolsillo interior de su túnica. Harry la contemplaba sin saber qué decir o qué hacer. Sentía la misma frustración y la misma amargura que Ginny.

  • Me gustaría pensar que mi hermano no está actuando por sí mismo, que alguien lo poseyó o lo hechizó… ¡Es mi hermano, Harry, y a pesar de todo lo quiero! ¿Entiendes? – agregó Ginny con lágrimas en los ojos-. Piensa en lo que están sufriendo mamá y papá…

  • Yo creo que deberías responderle – sugirió Harry con cautela.

  • ¿QUË? No, de ninguna manera…

  • Piensa Ginny. Si tú lo rechazas, estarías rompiendo el último eslabón que él tiene con tu familia. No estaría mal que le enviaras unas líneas de agradecimiento...

  • Nunca lo había pensado de esa manera. Quizás tengas razón. Pero no vayas a pensar ni por un momento que creo todas esas tonterías que dice sobre ti o sobre Dumbledore.

Harry sonrió comprensivamente.

  • Ni por un momento - y mirando el reloj recogió sus libros y dijo:

  • Vamos, o llegaremos tarde a la práctica de Quidditch.

Antes de que Harry pudiera retirarse, Ginny le tomó la mano, y mirándolo a los ojos, dijo:

  • Gracias, Harry. Realmente me ha hecho mucho bien hablar contigo.

Una tibia tarde de octubre, Harry holgazaneaba contemplando los rayos de sol que iluminaban el dosel de su cama.

Snape les había mandado a escribir dos pergaminos sobre la utilización del bezoar en pociones y sus propiedades como antídoto de los venenos más conocidos. Pero era el primer día de sol en mucho tiempo y Harry pensaba aprovecharlo de una manera más productiva que haciendo la tarea.

Ron entró rápidamente al dormitorio y se acercó a Harry. Entregándole una tarjeta le dijo:

— Malas noticias. Las chicas están organizando un baile y nos han invitado..

Harry tomó la invitación. Un olor a jazmín inundó la habitación cuando abrió el sobre. Adentro un cartoncito adornado con pequeñas flores rosas decía:

Estás invitado al baile que tendrá lugar

en el Gran Salón, el próximo Viernes a las 20 hs.

Túnica de gala requerida.

RSVP

Harry arrugó el ceño preocupado.

  • ¿Un baile? ¿Por qué? ¿Qué estamos festejando?

Ron parecía tan fastidiado como él.

  • No sé bien. Ningún motivo en especial. La excusa es que es Halloween. Pero sospecho que las chicas se traen algo entre manos. Parece que hace semanas que están planeando todo. Están excitadísimas con la idea. Incluso se han confabulado con las chicas de otras casas.

  • Así que eso era de lo que cuchicheaban Lavender y Parvati con Ginny y Hermione.

Ron asintió con expresión desesperada.

  • Incluso Ginny convenció a Luna para que haga el contacto con las chicas de Ravenclaw. Hermione me dijo que a Dumbledore le pareció una magnífica idea. Cree que eso ayudará a levantar la moral.

  • Dudo mucho que eso suceda. Yo ya me siento mucho peor – dijo Harry.

  • Ni que lo digas. A mí se me hace un nudo en el estómago de sólo pensarlo. Cada vez que las imagino murmurando sobre lo que usarán y cómo se peinarán, probándose túnicas, me dan ganas de vomitar…

  • ¿Por qué no podrán dejarnos en paz? Como si no tuvieramos ya suficientes problemas con la guerra contra Voldemort, ahora esto.

Ron asintió.

  • Cuando me dieron las invitaciones pude ver la lista que habían hecho: nuestros nombres eran los primeros. Ginny no paró de insistir hasta que vine a traerte la invitación.

Harry se sorprendió al oír eso. ¿Era sólo su idea o Ginny estaba interesada nuevamente en él? Por supuesto, no era algo tan evidente como cuando ella era niña, pero Harry sospechaba que algo estaba sucediendo.

  • ¡Harry! ¿Y? – preguntó Ron con expresión desesperada.

  • ¿Y qué? – dijo Harry absorto en sus pensamientos.

  • ¿Cómo vamos a salirnos de esta? Esta parece la ocasión ideal para utilizar los saltaclases de Fred y George.

  • No lo sé. Hermione sospecharía... Por otra parte, no me gusta tener que buscar pareja, para darme cuenta a último momento que ya están todas comprometidas con alguien...

  • Yo le dije lo mismo a Hermione y ella me respondió que no debíamos preocuparnos por eso. Es un baile informal y no es necesario ir por parejas.

  • ¡Genial! – exclamó Harry aliviado-. Entonces podemos ir y sentarnos en algún rincón a conversar y escuchar la música. Y cuando todos estén entretenidos bailando, nos escabullimos sin que nadie se dé cuenta.

El rostro de Ron se iluminó.

  • ¿Crees que funcionaría, Harry? Sería genial. Quedaríamos bien con las chicas y no tendríamos que hacer el ridículo bailando y todo eso.

  • Sospecho que Hermione y Ginny no se pondrán muy contentas si no bailamos, pero ese es su problema, ¿no? ¿Sabes si Ginny irá con alguien? – preguntó Harry tratando de que su voz sonara natural.

Ron denegó con la cabeza.

  • No. Me preguntaba lo mismo sobre Hermione… Aunque las chicas aseguren que no es necesario ir por parejas, te aseguro que ya deben tener todo planeado sobre quien bailará con quién.

A Harry el corazón le dio un vuelco.

  • No veo otra salida – dijo Harry con resignación- Tendremos que ir y bailar.

  • ¡Qué! ¿Hablas en serio? – los ojos de Ron reflejaban auténtico pánico ante la idea de tener que bailar delante de todo el colegio.

  • ¿Tienes algún plan para zafar?

Ron miró al suelo con expresión vencida.

  • No – dijo por fin. Su voz sonaba como la de alguien que acabara de enterarse que lo habían condenado a ir a Azkaban.

Ron se retiró a su cama y comenzó a revolver su baúl sacando cosas y arrojándolas nuevamente adentro.

Harry se recostó en la cama nuevamente y cruzó los brazos detrás de la nuca.

Ginny le había insistido a Ron para que lo viniera a invitar... Él y Ron habían encabezado la lista...

Harry sintió una oleada de calor subiendo por su cuerpo y una placentera sensación de bienestar.

La semana pasó volando. Por el colegio corrían rumores sobre el baile de Halloween

Las chicas conversaban entusiasmadas sobre la ropa, los perfumes y los adornos que usarían. Los chicos en cambio intercambiaban sombríos comentarios sobre el triste destino que les esperaba y la mejor manera de salirse de él.

— Potter, ¿se puede saber qué le pasa? – preguntó McGonagall.

— ¿Quién? ¿Yo? – preguntó Harry mirando a su alrededor. Todos los ojos estaban fijos en él.

— Pasarme… ¿Por qué iba pasarme algo?

— ¿Porque hace cinco minutos que estoy esperando que responda a mi pregunta…

— Lo siento profesora, estaba distraído.

— Cinco puntos menos para Gryffindor. Y un pergamino de 30 centímetros de largo sobre teoría y práctica del hechizo conmutador.

Harry intentó estar atento el resto de la clase, pero le resultaba difícil.

¿A quién iba a contarle lo que pasaba en su interior?

Habría resultado más sencillo hablar sobre Voldermot y sus intentos de asesinarlo, que sobre sus sentimientos hacia Ginny.

Ya oía a Malfoy burlándose de él: “¡Potter se enamoró de Weasley...! ¡Quizás ahora puedas conseguir un trabajo en el Ministerio!”

Harry sacudió la cabeza.

Su relación con Cho no había funcionado. Se hacía difícil estar de novio cuando se tenía que lidiar con el peso que su destino encerraba.

Todas las personas que quería terminaban saliendo heridas.

No quería que nadie resultara lastimado por su culpa.

No quería que a Ginny le sucediera nada. Tampoco a Ron o Hermione.

¿Cómo podría haber pensado siquiera en tener una relación con Ginny?

Además, ni siquiera era algo seguro que Ginny estuviera interesada en él. ¿O sí?

En el útlimo entrenamiento de Quidditch, Ginny se había acercado a Harry y Ron para recordarles sobre el baile.

— Hoy a las ocho es el Baile de Halloween. Supongo que los veré allí, ¿no es cierto?

— Sí, nena – respondió Ron, que a medida que se acercaba la fecha del baile se había puesto de peor humor.

— Por si no te diste cuenta ya no soy una nena, Ron. ¿Van a bailar también, no?

— Sí, vamos a bailar. Ahora deja de molestar.

Ginny regresó al castillo con una sonrisa en el rostro.

Esa noche, al finalizar la cena, Dumbledore se puso de pie para hablar. Todo el mundo hizo silencio al instante. Debajo de su barba plateada se adivinaba una gran sonrisa:

  • Me es grato anunciarles a todos que a las ocho de la noche tendrá lugar el Baile de Halloween. Todos los alumnos de cuarto año en adelante podrán participar del mismo. Quiero agradecer a las señoritas Granger y Weasley por esta magnífica idea y por haberse encargado de la organización. Me siento sumamente complacido por la idea, que estoy seguro servirá para estrechar los vínculos entre las distintas casas y lograr un mayor entendimiento y unidad.

Harry y Ron se miraron resignados. Mientras Ginny cuchicheaba algo en el oído de Hermione.

Dumbledore hizo una pausa para aclararse la garganta y continuó:

  • Estoy seguro de que les agradará saber que el padre de la señorita Lovegood ha conseguido que “Las Brujas de Macbeth” que vengan a animar la fiesta.

La noticia fue recibida con júbilo por todos los alumnos.

Después de la cena, todos subieron al dormitorio para prepararse para el baile.

— Crosshanks me tiene harto. ¡Lo voy a revolear de una patada! - gritó Ron enojado.

— ¿Qué sucede? - preguntó Harry.

— Otra vez se acostó sobre mi túnica de gala. Está llena de pelos.

— ¿Qué hace aquí de todos modos? ¿No debería estar con Hermione?

Ron se encogió de hombros.

— Hermione lo mandó aquí porque dice que llenaba de pelos sus túnicas, pero yo creo que en realidad lo envió para controlar que vayamos a llegar a tiempo al baile.

— ¿Ustedes ya saben con quién van a bailar? – preguntó Seamus Finnegan.

— Con nadie si puedo evitarlo – respondió Ron con sinceridad-. De todas maneras es un baile informal. No hace falta ir con pareja.

— Eso es lo que dicen las chicas para asegurarse que vayamos, Ron – dijo Dean mientras pasaba un peine por su cabello-. Pero en realidad se han estado formando parejas durante toda la semana. Yo voy a bailar con Parvati. Si quieren puedo pedirle que le pregunte a Padma si está disponible.

— ¡Oh, no! – gimió Neville, luchando con su túnca de gala.

— Yo iré con Lavander – informó Seamus-. Dean y yo las invitamos ni bien nos enteramos del baile. Hay que moverse rápido para no quedarse sin pareja. No querrán llegar allí y descubrir que son los únicos que no tienen con quién bailar. Serían la burla de todos.

— A mí no parece algo tan terrible. Después de todo detesto bailar – dijo Ron ofuscado mientras cepillaba su túnica tratando de quitar los pelos de Crosshanks.

  • A mí tampoco me agrada demasiado el baile – concedió Seamus-. Pero no quiero hacer el ridículo delante de todo el colegio. Imagínate quedarme en un rincón toda la noche por no tener pareja de baile. Sería algo realmente patético, ¿no les parece?

Ron echó una mirada desesperada a Harry y se acercó a su cama para conversar.

  • ¿Crees que sea demasiado tarde para pedirle a las chicas que sean nuestras parejas de baile? – le susuró a Harry.

  • No lo sé. Ni me importa demasiado – respondió Harry, que ya estaba acostumbrado a ser criticado por los demás-. Deberían haber sido sinceras con nosotros desde un principio…

  • Opino lo mismo que tú, Harry. Pero ya oíste a Seamus. Si no tenemos con quien bailar todos pensaran que somos patéticos.

  • ¿Y qué si así lo creen? No puede ser peor que cuando todo el colegio creía que estaba loco porque aseguraba que Voldemort había vuelto.

Ron se estremeció de terror.

  • No digas ese nombre, te lo suplico.

  • Como quieras – dijo Harry. Y terminando de acomodarse la túnica, salió del dormitorio.

El vestíbulo estaba abarrotado de estudiantes que se arremolinaban en espera de que dieran las ocho en punto, hora en la que se abrirían las puertas del Gran Salón

Los chicos que habían elegido su pareja de baile entre las estudiantes de otras casas, las buscaban entre la multitud.

Harry vio a Cho conversando muy animadamente con Michael Corner. Él le decía algo al oído, y ella reía con la boca abierta.

Harry se alegró de verla feliz.

Hermione y Ginny bajaban por la escalera. Al ver a Harry se acercaron a él. Las dos estaban bellísimas. El corazón de Harry retumbaba sin parar.

En la otra punta del hall, Malfoy, enfundado en una túnca de terciopelo, llevaba del brazo a Pansy Parkinson. Crabbe y Goyle representaban su eterno papel de guardaespaldas. A Harry le alegró comprobar que ellos tampoco parecían haber encontrado pareja.

  • Hola, Harry – saludó Hermione que llevaba el pelo lacio y brillante, recogido por detrás en un elegante rodete, y una túnica turquesa brillante-. ¿Has visto a Ron?

  • Debe estar por bajar – respondió Harry mirnado de soslayo a Ginny -.

  • Hola, Harry – dijo Ginny.

Al verla de cerca a Harry se le fue el aliento. Había trenzado su cabellera pelirroja y las trenzas estaban acomodadas alrededor de su cabeza formando una corona adornada con flores.

Estaba deslumbrante.

  • Hola, Ginny – respondió Harry que estaba completamete ruborizado - Estás muy bonita..

  • Gracias – respondió Ginny con una sonrisa.

En ese momento se abrieron las puertas principales de roble y los estudiantes ingresaron ordenadamente al Gran Salón. Harry se enderezó buscando a Ron por encima de las cabezas de la multitud. Su amigo levantó una mano a un par de metros de distancia.

  • Voy a esperar a Ron – dijo Harry separándose de las chicas.

Antes de que pudieran responder, ellas fueron arrastradas por la multitud al interior del salón.

  • ¡Guau! ¿Esa era Hermione? Está bellísima – exclamó Ron cuando llegó al lado de su amigo.

El techo hechizado del comedor reflejaba una espléndida noche estrellada.

Hagrid se había esmerado con la decoración de Halloween.

La columnas estaban adormadas con luces de colores. En realidad eran cientos de pequeñas hadas, algunas posadas en los rosales que habían sido conjurados allí, y otras revoloteando en las decenas de calabazas gigantes con que iluminaban cada rincón del Gran Salón.

Los muros había sido recubiertos de cientos de guirnaldas color rojo escarlata, con plateadas lunas llenas intercaladas entre las mismas.

En lugar de las habituales mesas de las casas, habían sido colocadas varias mesas pequeñas formando un círculo, decoradas con cuernos de las abundancia.

Los muchachos parecían haberse congregado alrededor de la mesa de los bocadillos. Mientras que las chicas habían optado por reunirse junto al escenario donde iba a tocar la banda.

Ron pasó su mano por la túnica quitándose por enésima vez los pelos de Crosshanks.

Harry se aplastó el pelo tratando inútilmente que se quedara en su lugar.

En la mesa principal, Dumbledore sonreía de contento, conversando con la profesora McGonagall. La expresión de Snape, en cambio, recordaba más bien a la de alguien que está sufriendo horribles dolores. En la otra punta de la mesa, Staker, erguido como un poste, evaluaba todo con seriedad. Hagrid conversaba animadamente con el profesor Flitwick señalando distintas partes de la decoración del salón. Usaba un horrible traje peludo color marrón que por alguna exraña razón parecía reservar para esas ocasiones especiales.

Al ver a Harry lo saludó con la mano, y éste le devolvió el saludo.

Las Brujas de Macbeth subieron al escenario entre aplausos y gritos de admiración. Harry notó que su apariencia había cambiado drásticamente desde la última vez que las había visto. Llevaban el pelo corto y unas túnicas muy ceñidas y cortas que arrancaron entusiastas comentarios de los estudiantes.

Tomaron sus instrumentos y comenzaron a tocar una canción sumamente movida y pegadiza.

  • ¡Vamos! ¡Todos a bailar! – invitó la cantante.

Las luces del salón se apagarón ý la pista de baile se iluminó con luces de todos los colores.

Pero nadie se movió. La pista de baile permaneció vacía.

Algunos estudiantes miraban nerviosamente hacie el sector donde se encontraban las chicas, pero ninguno se animaba a ser el primero en salir a bailar.

Las chicas conversaban entre sí con fastidio, soltando risitas nerviosas.

Ron tomó un vaso y se dirigió hacia la ponchera evitando cuidadosamente mirar a nadie. Harry optó por servirse una tarta de calabaza.

Hermione cruzó el salón a grandes zancadas y con paso decidido llegó hasta donde estaba Ron, lo tomó de la muñeca, y lo arrastró hacia la pista de baile.

  • Espera Hermione, ¿qué estás estás haciendo? ¿Te has vuelto loca? - gritaba Ron mientras era llevando prácticamente a la rastra hasta el centro de la pista.

Ron escuchó algunas carcajadas provenientes de los estudiantes de Slytherin, como así también algunos comentarios de apoyo.

  • ¡Bravo Weasley, así se hace!

Una vez que estuvieron en el centro de la pista de baile, Hermione liberó la muñeca de Ron y comenzó a bailar al compás de la música como si nada hubiera sucedido.

Ron miró hacia la mesa de comida donde se encontraban el resto de los muchachos y le pareció que se encontraba a kilómetros de distancia.

Finalmente, rojo como un tomate, comenzó a moverse al compás de la música.

Para su sorpresa, varias parejas se les unieron enseguida.

Al poco rato, la pista estaba llena de parejas y Ron descubrió que aquello no sólo no era tan terrible como había temido, sino que hasta lo disfrutaba.

Mientras tanto Ginny no despegaba la mirada de Harry. Se había quedado prácticamente sola, a un costado del escenario y movía su cuerpo suavemente siguiendo el ritmo de la canción.

Harry también se había quedado practimente solo. Se sentía horriblemente incómodo. Por un lado ansiaba invitar a Ginny a bailar. Pero por otra parte no quería exponerla a la burla de todos por estar con él. Ella merecía algo mejor.

  • Hola Harry, ¿Tú tampoco conseguiste pareja, eh? – dijo Neville sirviéndose unos bocadillos largos y gelatinosos que parecían lombrices-. Por un momento pensé que iba a ser el único que no consiguió con quién bailar. Pero por suerte estás tú para hacerme compañía.

Harry observó a Ginny por encima del mar del cabezas que saltaba alegremente al compás de la música. Ron y Hermione parecían estar pasándolo de maravilla.

Ginny en cambio, había dejado de moverse y, cruzada de brazos, seguía mirando a Harry con una expresion de desilusion y amargura.

Harry se sintió horriblemente mal consigo mismo. ¿Era a Ginny o a sí mismo a quien estaba protegiendo?. ¿Le daba vergüenza que lo vieran con Ginny? ¿Tenía miedo a ser lastimado si exponía sus sentimientos por ella? ¿Se sentía vulnerable por haberse enamorado?

Luna Lovegood se acercó a la mesa de los bocadillos. Estaba muy linda con su rubia cabellera peinada con una especie de caracoles brillantes y enfundada en una túnica verde agua.

  • ¿Está bueno el ponche, Harry?

  • Hola, Luna – saludo Harry-. Está bien, ¿quieres que te sirva un poco?

  • Bueno.

Harry tomó una copa de la mesa y la llenó de bebida cuidando de no volcar nada sobre la mesa.

  • Aquí tienes. ¿Qué son esas cosas que tienes en el pelo?

  • Son joyas extraídas del caparazón de un cangrejo de fuego. Mi padre se las compró a un mercader de Suecia. ¿No vas a pedirme que bailemos? –preguntó Luna Lovegood con indiferencia.

Harry sintió un profundo sentimiento de compasión por ella. Se había quedado sin pareja, igual que él, y allí estaba aparentando que no le molestaba. Harry descubrió que no le importaba bailar con Luna. Lo tenía sin cuidado que los demás se burlaran de ellos. El loco Potter y Lunática Lovegood. Hacían buena pareja después de todo.

  • Si quieres podemos bailar – respondió Harry.

Ella dejó la copa sobre la mesa y siguió a Harry hasta la parte más alejada y menos iluminada de la pista de baile. Harry caminaba con la vista fija en el suelo evitando cuidadosamente mirar a alguien. Seamus y Parvati los saludaron al pasar.

  • Así que conseguiste alguien con quien bailar, ¿eh Harry?

Una vez que llegaron a un sector oscuro, Luna se puso a dar saltitos, siguiendo supuestamente el ritmo de la música, y a sacudir su cabellera. Los caracolitos que había trenzado en su cabello, chocaban entre sí produciendo un ruido que a Harry le pareció demasiado llamativo.

Harry miró con desconfianza a su alrededor pensando que los ojos de todos los presentes estarían puestos en él.

Pero nada de eso sucedió.

Muchas chicas bailaban sacudiéndose de manera similar a como lo hacía Luna. Todos parecían estar psándola de maravilla. Incluso Malfoy y Pansy Parkinson bailaban en un sector de la pista, ajenos a todo lo que pasaba a su alrededor.

Dumbledore bailaba con la profesora McGonagall y Hagrid había invitado a la profesora Sinistra. Afortunadamente no había rastros de Snape.

Harry recorrió el borde de la pista de baile buscando a Ginny.

Ni bien terminara esta canción, se libraría de Luna y la sacaría a bailar a ella.

Pero ya era demasiado tarde.

Ginny pasó como una tromba por entre medio de Harry y Luna chocando con ambos. Sin disculparse fue directamente hacia Neville y lo sacó a bailar de manera similar a como Hermione había hecho con Ron.

Neville se atragantó con el ponche y comenzó a toser.

Ginny llevó a Neville a un lugar bien visible y comenzó a moverse al compás de la música con una expresión furiosa en el rostro.

La torpreza característica de Neville y el hecho de que todavía no había dejado de toser, hicieron que pisara a Ginny o chocara con ella con bastante frecuencia.

Cada vez que esto sucedía, Neville se disculpaba, pero a Ginny no parecía importarle y continuaba bailando con una sonrisa forzada en el rostro.

  • ¿Te gusta Ginny? – preguntó Luna a Harry con el mismo tono que alguien emplearía para hablar del clima. Aunque, en realidad, más que una pregunta, era una afirmación.

Harry la miró sorprendido sin saber que responder.

  • Se nota – aclaró con una sonrisa -. Desde que salimos a bailar no haces más que mirarla.

Harry se ruborizó y ensayó una disculpa.

  • Disculpa, Luna. Yo no pretendía…

  • Oh, está bien – respondió ella descartando las disculpas de Harry con un gesto de su mano y una sonrisa divertida-. Sólo lo decía para hablar de algo. ¿Te conté que mi padre logró fotografiar un snorkack de cuernos arrugados?

En ese instante Las Brujas de Macbeth terminaron la primer canción y todos aplaudieron con entusiasmo.

  • Vamos a sentarnos, ¿te parece? – sugirió Harry.

Luna asintió y lo siguió de regreso a la mesa. Algunos estudiantes, visiblemente acalorados, se sentaron en las mesas para refrescarse y recobrar el aliento.

Las Brujas de Macbeth comenzaron a tocar una melodía lenta, suave.

El salón se llenó de pompas de jabón de todos los tamaños y colores.

  • ¿Quieres una cerveza de manteca? – le preguntó Harry a Luna, sentándose y abriendo una botella.

  • No, gracias – dijo ella.

Harry sintió que era muy sencillo entenderse con Luna- A diferencia del resto de la mujeres que conocía, no era para nada complicada. Todo le parecía bien. De nada se quejaba.

Ginny continuaba bailando con Neville. Lo tenía fuertemente agarrado por la cintura y lo conducía con seguridad por la pista. El pobre Neville lucía confundido y miraba en todas direcciones buscando alguien que lo rescatara.

  • Creo que necesito un poco de aire fresco - dijo Harry dejando la botella de cerveza vacía sobre la mesa.

  • Vamos – dijo Luna poniéndose de pie-. A mí también me gustaría pasear por los jardines. Dicen que estoy muy linda esta noche.

  • Harry miró a Luna confundido sin saber a qué se refería.

  • La luna, ¿entiendes? - explicó Luna señalando con el dedo índice a si misma y al cielo alternativamente.

  • Ah… Ya comprendo – dijo Harry divertido y sorprendido de lo poco seriamente que Luna se tomaba a sí misma.

Harry y Luna rodearon la zona de baile y salieron al vestíbulo. La puerta principal estaba abierta, y mientras bajaban la escalinata de piedra, distinguieron el centelleo de luces de colores repartidas por el rosedal.

Aquí y allá había algunas parejas sentadas en los bancos. Algunas de ellas se estaban besando.

  • ¿En qué estás pensando? - preguntó Luna mientras caminaban por un sendero rodeado de arbustos.

Harry se sentía muy a gusto con Luna, pero no tanto como para confiarle sus sentimientos por Ginny. Rápidamente comenzó a buscar en su mente un tema para desviar la conversación.

  • Eh… En Hagrid… - respondió Harry, diciendo lo primero que le vino a la mente.

  • ¡Hagrid! – exclamó Luna divertida -. ¿Es amigo tuyo, no?

  • Sí – asintió Harry-. Él fue quien me entregó la carta de Hogwarts cuando cumplí 11 años. Somos amigos desde entonces. Es muy bueno.

  • Los de Ravenclaw piensan que no es muy buen profesor. Su forma de dar las clases es un poco… rara – y al ver la expresión en el rostro de Harry se apresuró a agregar:

  • Pero a mí me cae bien. ¿Qué le sucede?

  • ¿Quién dijo que le sucedía algo?

  • Nadie. Pero como estabas pensando en él, pensé que quizás tenía algún problema.

Harry miró a Luna sorprendido por lo perspicaz que era ella. Nadie lo hubiera pensado realmente, ya que siempre estaba actuando de manera extravagante.

  • En realidad, el problema es con Grawp. Su medio hermano. Se perdió en el bosque y no puede encontrarlo.

  • Grawp es ese gigante que los salvó a ti y a Hermione el año pasado, ¿no es cierto?

  • Sí.

  • No creo que sea muy difícil hallar a un gigante. Deben dejar un rastro bastante fácil de seguir.

  • Yo pensé lo mismo – afirmó Harry-. Pero Hagrid dice que el bosque prohibido es realmente muy grande y que cuando alguien se interna en él puede llevar mucho tiempo localizarlo. Además está el problema de los centautos.

  • ¿Qué hay con ellos? – preguntó Luna interesada.

  • Están enojados y no dejan que nadie se adentre en el bosque… Hagrid afirma que lo siguen cada vez que entra a buscar a Grawp.

Luna permaneció en silencio durante unos cuantos minutos. Al cabo de un rato la expresión de su rostro se iluminó y, haciendole unas morisquetas a Harry comenzó a cantar:

  • ¡Sé como hallar a Grawpy! ¡Sé cómo hallar a Grawpy!

  • ¿En serio? ¡Genial! Quizás Hagrid todavía se encuentre en la fiesta… - dijo Harry regresando hacia el castillo.

  • Pero Luna no se movió.

  • Sería mejor intentarlo de día. – dijo-. Es muy sencillo si lo piensas. Me asombra que no se le haya ocurrido a Hermione. Ella es muy inteligente, merecería estar en Ravenclaw.

  • Bueno, ¿me vas a decir qué es loqu pensaste? – preguntó Harry algo fastidiado.

Luna negó divertida con la cabeza y respondió cantando:

  • ¡No te lo diré-é! ¡ No te lo diré-é! En realidad tú también podrías haberlo descubierto. Mañana a las diez encuéntrame en la cabaña de Hagrid, ¿de acuerdo?

De nada sirvieron los pedidos insistentes de Harry mientras regresaban al castillo. Cada vez que le preguntaba cuál era la solución, Luna se tapaba los oídos con los dedos y tarareaba una canción.

La noche había refrescado. Un tenue rocío caía finamente sobre el parque.

  • Adiós – dijo Luna ingresando al Gran Salón -. Nos vemos mañana en lo de Hagrid.

Harry se asomó a la fiesta un instante antes de regresar a la torre de Gryffindor. No se sentía con ánimos de volver al baile.

Neville había vuelto a su solitario lugar junto al ponche.

No había señales de Ginny. Tampoco de Ron y Hermione.

  • ¿Qué haces afuera del salón, Potter? – le gruñó Filch al verlo vagando por el corredor -. Buscando la ocasión para hacer alguna de las tuyas, ¿eh?

  • No tenía pensado hacer nada – se defendió Harry-. Iba de regreso a la torre Gryffindor.

  • No esperarás que me crea ese cuento, Potter. Levanta los brazos. Voy a revisarte.

Filch lo palpó a conciencia y pareció bastante desilusionado de no encontrar ninguna bomba fétida en la túnica de Harry.

  • Por esta vez te has salvado. Pero te estaré observando, Potter. En cuanto hagas alguna travesura, serás mío. Malditos estudiantes – maldijo Filch por lo bajo -. No se dan cuenta de que necesitan que uno sea más estricto, necesitan el rigor para poder criarse como corresponde… ¡Ah, si la profesora Umbridge volviera a Hogwarts! Ella era la única que entendía…

Harry pensó que no era mala idea comenzar a utilizar el arsenal de bromas que los hermanos Weasley le habían regalado. Después de todo, Filch se lo había buscado.

La señora Norris lo siguió hasta el retrato de la dama gorda que custodiaba la entrada a la sala común de Gryffindor.

Harry debió gritar la contraseña tres veces antes de que la dama gorda despertara y le franqueara el paso. Subió rápidamente a los dormitorios, se desvistió y se acostó.

Ninguno de sus compañeros había regresado de la fiesta.

Harry se durmió rápidamente.

Soñó que estaba volando en su escoba persiguendo una snitch dorada. Pero la pelota se escapa de sus manos cada vez que intentaba aferrarla. Ginny se burlaba de él señalándolo con el dedo. Entonces la escena cambiaba y Harry se encontraba desnudo en medio de la pista de baile. Las chicas chillaban y se desternillaban de risa. Luna gritaba bailando como una loca: “¿No lo has descubierto, Harry? ¿No lo has descubierto, Harry?”

Entonces, vio la snitch volando muy cerca de él. Cuando intentó tomarla, la pelota dorada golpeó contra su frente produciéndole un profundo dolor.

Entonces el sueño cambió…

Estaba de pie en una habitación oscura con cortinas, iluminada con unas pocas velas. Una cara más blanca que una calavera salió a la luz y se enfrentó con él. Clavándole sus ojos rojos con las pupilas que parecían rendijas se acercó a Harry, y lo obligó a arrodillarse.

  • ¿Qué dice el pergamino, Potter? ¿Es el texto de la profecía? – preguntó con voz fría y cruel.

Dominando el terror, Harry intentó resistirse, desviando la mirada de los ojos de Voldemort.

  • No sé de que me habla – se escuchó respondiendo.

  • No me mientas… Ya me has hecho perder demasiado tiempo …

El rostro cadavérico se acercaba cada vez más al suyo. La cicatriz le quemaba a Harry horriblemente y pensó que en cualquier momento iba a desmayarse. Pero manteniéndose sereno, volvió a repetir:

  • No sé de qué me habla.

El rostro de Voldemort se esfumó detrás de una neblina blanca, y Harry, haciendo acopio de toda su fuerza de voluntad, logró cerrar su mente.

Entonces se sintió invadido por un acceso de ira y se despertó, bañado en un sudor frío.

Por suerte estaba solo en el dormitorio.

O casi.

  • Harry ¿Estás bien? ¿Volviste a soñar con el Innombrable? – preguntó Neville preocupado.

  • Estoy bien, Neville. Fue sólo un mal sueño. Vuelve a dormir.

Harry se recostó sintiendo cómo la cicatriz palpitaba en su frente.

¿Y si el pergamino fuera una copia de la profecía?