← Historia 7807 · de
Historia 7807 — capítulo 9
CAPITULO NUEVE
EL “ASCENSO DE POTTER”
A la mañana siguiente, luego del desayuno Ron, Hermione y Harry salieron del castillo y cruzaron los terrenos hacia la pequeña cabaña de madera en el borde del bosque prohibido donde vivía Hagrid.
Harry había puesto al tanto a Ron y Hermione de su sueño y los tres venían discutiendo sobre el tema.
-
¿Ginny no viene? – preguntó Harry intrigado.
-
Dijo que tenía tarea – dijo Hermione rápidamente sin mirar a Harry a los ojos. Y cambiando de tema comentó:
-
Tu sueño me tiene preocupada, Harry. Hace tiempo que no soñabas con Voldemort. No creo que sea el anticipo de nada bueno. Deberías contárselo a Dumbledore – de la boca de Hermione salían pequeñas nubes de humo a causa del frío.
-
Quizás lo haga más tarde – concedió Harry. Pero no parecía muy convencido -. De todas maneras logré cerrarle mi mente y no creo que vuelva a molestarme.
-
Si quieres puedo consultar a mi padre. Supongo que en el Ministerio tendrán alguna idea de lo que está haciendo el Innombrable. Solo para asegurarnos que no ande por aquí cerca... Podrían enviarte algún auror para protegerte – sugirió Ron temblando de frío.
-
Hogwarts es uno de los lugares más seguros que existen, Ron. No creo que ningún auror pueda proteger a Harry mejor que Dumbledore, ¿no crees? – opinó Hermione.
-
Lo que más me intriga es cómo se enteró de lo del pergamino... – murmuró Harry preocupado -. Además de ustedes, sólo le conté sobre el pergamino a Ginny, Dumbledore, Hagrid y Lupin...
-
Te olvidas de ese elfo mugroso – completó Ron. Sus orejas se pusieron más coloradas de lo que ya estaban y mirando a Hermione de reojo agregó rápidamente:
-
Perdón, Hermione, tú sabes que no quise decir eso...
Hermione lejos de parecer enfada le devolvió a Ron una sonrisa comprensiva:
- Lo sé, Ron. No te hagas problema.
Harry miró extrañado a uno y a uno. Si no fuera porque conocía a sus amigos pensaría que alguien había tomado poción Multijugos y los estaba reemplazando.
-
Le ordené a Kreacher que no dijera nada – dijo Harry en voz alta, casi como repitiendo la orden.
-
No estoy muy seguro de que eso sea muy efectivo. El año pasado Kreacher encontró una manera de traicionar a Sirius. Y tú mismo nos contaste que Dooby te fue a advertir sobre el Innombrable a pesar de estaba al servicio de los Malfoy – opinó Ron con sensatez.
-
Los elfos están obligados a ser fieles a sus amos – repuso Hermione con fervor -. Kreacher nunca desobedecería una orden directa de Harry. No podría…
-
Pues a mí no se me ocurre nadie más que esté en contacto con Voldemort y que supiera sobre el pergamino de mi madre– opinó Harry-. Lo siento Hermione, pero creo que Ron tiene razón. Kreacher encontró nuevamente una manera de traicionarnos.
Pero Hermione no parecía muy convencida:
-
No lo sé Harry. Voldemort es un mago muy poderoso y tiene informantes en todas partes…
-
¿Podrían decir “Innombrable” al menos cuando yo esté presente? – suplicó Ron a sus amigos, estremeciéndose de pies a cabeza-. Hay algo que no entiendo, ¿qué interés podría tener el Innombrable en un viejo pergamino que perteneció a tu madre?
-
Todavía no estamos seguros de que perteneciera a la madre de Harry – corrigió Hermione.
-
Bueno, Voldemort pensaba que podría contener el texto de la profecía – informó Harry.
Ron emitió un largo silbido de sorpresa.
-
¿La profecía que estaba en el Departamento de Misterio y que Neville rompió por accidente? Creí que se había perdido para siempre... – dijo Hermione.
-
Bueno, la profecía se rompió… Pero Dumbledore me explicó que lo que guardan en el Departamento de Misterios es sólo un registro de la misma. Su contenido permanece en la mente de quien la escuchó – dijo Harry con precaución.
-
Entonces si supiéramos quien es que escuchó la profecía podríamos conocer su contenido. Obviamente Voldemor... ¡Oh, perdón Ron!, el Innombrable piensa que tu madre podría haberla escuchado y haberla escrito utilizado una clave secreta... Es una buena teoría... – especuló Hermione con los ojos entornados -. Creo que ahora se hace más importante que antes descifrar el pergamino, Harry... Me pregunto que diría la profecía, para que Vol… digo, el Innombrable, la busque con tanto empeño.
Por suerte para Harry, en ese momento llegaron a la cabaña de Hagrid y la conversación quedó para más adelante.
Hagrid estaba envuelto en un enorme abrigo de piel de topo, guantes de pelo de conejo y enormes botas de piel de castor. Saludó a los chicos efusivamente al verlos llegar. Luna se encontraba junto a él. Se había colocado un gorro de piel en su cabeza y, al igual que los chicos, usaba guantes en las manos.
-
Hola chicos... – saludó Hagrid -. Luna me dijo que se le ha ocurrido una manera de encontrar a Grawpy... Pero no quiso adelantarme nada...
-
Hola Luna – saludaron Ron, Hermione y Harry.
-
Hola – dijo ella con tono soñador sin apartar los ojos de Harry-. ¿Es una hermosa mañana, ¿no creen?
-
Sí, si eres un yeti... – refunfuñó Ron soplando aire caliente en sus manos.
-
¡Oh, un yeti, qué gracioso! – sonrió Luna con voz cantarina -. Mi padre peleó una vez con un Yeti, ¿no se los dije...? Su artículo salió publicado en “El Quisquilloso” el año pasado. Casi lo devora vivo, pero afortunadamente puedo convocar un hechizo de fuego que lo salvó...
-
¿Cuál era tu idea, Luna? – la cortó Hermione saltando de un pie al otro para mantenerse en calor.
-
Es un plan muy, muy sencillo. Me asombra que tú no lo descubrieras, Hermione. Eres tan inteligente – dijo Luna hablando con sonsonete.
-
Sí – repuso Hermione con sequedad – Harry me contó que habías dicho algo así…
-
Bien... Mi plan es… – Luna se aclaró la garganta y dijo una sola palabra:
-
Thestrals
-
¿Qué? – exclamó Ron con expresión preocupada-. ¿Te refieres a esos caballos invisibles que usamos el año pasado para ir al Ministerio...? Porque si es así, no cuenten conmigo…
-
¡Eres realmente divertido, Ron! – dijo Luna soltando una sonora carcajada.
Las orejas de Ron se pusieron coloradas, y Hermione colocó una mano sobre su hombro mirando a Luna con disgusto.
-
Explícate mejor, pequeña – invitó Hagrid con interés.
-
Los thestrals van a donde les piden que vayas, ¿no es así?. Tú nos explicaste eso en tus clases – dijo Luna señalando a Hagrid.
El gigante inspiró hondo y se infló de orgullo.
- Así es.
Luna continuó:
-
Bien. El año pasado nos llevaron al Ministerio de Magia con sólo perdírselo y se supone que nunca habían estado en ese lugar, ¿no es cierto?
-
Muy cierto, pequeña. Estos thestrals nunca habían salido del bosque prohibido – convalidó Hagrid-. Su sentido de orientación es realmente extraordinario.
-
Pues bien, entonces sólo es cuestión de conseguir algunos y pedirles que nos lleven adonde se encuentra Grawp. Además, al ir volando, evitaremos todo contacto con los centauros.
Durante un momento todos guardaron silencio asimilando la idea. Hermione observaba a Luna con una expresión entre avergonzada y furiosa, por lo que Harry supuso que el plan de Luna podría funcionar.
-
Sí... – expresó Hagrid acariciándose la barba -. Podría resultar... ¡Has tenido una excelente idea, Luna! ¡Vamos a ponerla en práctica!
-
¿Qué tiene de excelente pasear por los aires sin escoba? – se lamentó Ron.
Hermione sonrió comprensiva y volvió a animarlo colocándole la mano sobre el hombro.
- Si quieres podemos viajar juntos, Ron – sugirió Hermione.
Ron tragó con fuerza y asintió con la cabeza.
Hagrid entró a la cabaña y salió poco después cargando un bulto que parecía la mitad de una vaca muerta.
- Esto servirá – comentó alegremente entrando en el bosque.
Caminaron durante diez minutos hasta llegar a un lugar donde los árboles estaban tan pegados que a pesar de que la mañana era clara, no penetraba ni un solo rayo de sol.
Hagrid depositó la media res en el suelo y retrocedió unos cuantos metros.
-
¿No vas a relinchar? – preguntó Ron con cara de asustado.
-
No será necesario. Somos un grupo pequeño, no temerán acercarse.
Un enorme caballo negro y alado surgió de la oscuridad. Se acercó con precaución a la res que Hagrid había dejado sobre la tierra y comenzó a comer valiéndose de sus afilados colmillos.
Al poco rato, llegaron varios thestrals más.
- Bien… Creo que son suficientes… Elijan uno cada uno y monten.
Harry subió al caballo más cercano y se acomodó lo mejor que pudo sobre su lomo. Luna trepó con destreza a otro de los animales y enredando su mano sobre las crines, esperó a los demás con una expresión divertida en el rostro.
-
¿Dónde está? – preguntaba Ron tanteando el aire con las manos y temblando como una hoja-. ¿En serio no prefirieren que Hermione y yo los esperemos aquí?
-
¡Vamos, Ron! – lo animó Hermione-. ¡Nunca vencerás tus temores si no los enfrentas!
Hagrid tomó a Ron por la cintura y lo levantó para depositarlo limpiamente sobre el lomo de otro thestral. Luego ayudó a Hermione a montar detrás de Ron. La niña se aferró fuertemente a la cintura de Ron. Harry admiró su valor, ya que a pesar de que lucía apenas un poco menos asustada que su amigo, no se había quejado ni una sola vez.
-
¿Y tú Hagrid, por qué no montas?
-
¡Oh, estos caballitos son demasiado pequeños para alguien de mi tamaño! Pueden despegar sin mí. Yo los alcanzaré enseguida en otra cosa. Tú la conoces Harry, aunque eras muy pequeño para acordarte, por supuesto… - y con estas enigmáticas palabras desapareció de regreso a la cabaña.
-
¿Por qué no les das tú la orden, Luna? Después de todo fue tu idea – dijo Harry.
Luna se inclinó para poner su boca cerca del oído del thestral que montaba y dijo con voz segura.
- Llévanos a ver a Grawp. El gigante que vive en este bosque.
El caballo desplegó sus alas y salió disparado hacia arriba. Los otros caballos lo siguieron.
- ¡Oh no! – los gritos de Ron resonaron por todo el bosque prohibido.
Pronto asomaron por encima de los árboles. El bosque se extendía debajo de ellos como un mar verde inacabable.
Los thestrals volaban con majestuosidad, casi sin batir sus alas. Planeando por encima de las copas de los árboles.
El viento frío azotaba los rostros de los chicos haciéndolos llorar.
De pronto, un fuerte ruido se hizo escuchar por encima del silbido del viento. Fue aumentando paulatinamente hasta convertirse en un rugido.
Los chicos voltearon sus cabezas en todas direcciones buscando de dónde provenía.
Finalmente lo descubrieron. Era Hagrid.
Ron se frotó los ojos con incredulidad y gritó sorprendido:
- ¡Guau! ¡Miren eso!
Hagrid iba montado en una enorme motocicleta voladora. Su cabello enmarañado volaba al viento. Llevaba los ojos protegidos con unas anteojeras. Al pasar junto a ellos agitó su mano a manera de saludo.
La extraña formación siguió volando por encima del bosque prohibido durante un buen rato. Harry tenía la cara fría y rígida y las piernas entumecidas de tanto apretarlas contra los costados del thestral.
De pronto la cabeza del caballo apuntó hacia abajo iniciando el descenso.
Harry escuchó claramente los chillidos de terror de Ron y los gritos de júbilo de Luna a quien la excursión le parecía sumamente entretenida.
Aún desde el aire, Harry pudo distinguir claramente un rastro de árboles derribados que terminaban en un claro unos cientos de metros más adelante.
Hagrid había acelerado su motocicleta adelantándose al grupo y poco después aterrizaba en el camino abierto por los árboles caídos.
Unos minutos después los thestrals se posaban suavemente en el claro del bosque.
- ¡JAGI! – gritaba Grawp haciendo temblar la tierra con bailoteos de alegría. ¡JAGI VINO A GRAWP! ¡JAGI QUIERE A GRAWP!
El rostro de Hagrid rebosaba de alegría y satisfacción.
Los chicos observaban todo desde una prudente distancia.
- Grawpy, también vinieron a visitarte unos amigos – gritó Hagrid señalando hacia el lugar donde se encontraban Harry, Ron, Hermione y Luna-. Saluden a Grawpy, chicos.
Todos levantaron tímidamente una mano y saludaron al gigante.
-
HERMY – gritó Grawp intentando acercarse a la joven. Por fortuna Hagrid lo detuvo.
-
- ¡Aún me recuerda! - exclamó Hermione un poco aterrada y un poco halagada. Y con toda la potencia que daban sus pulmones gritó:
-
¡HOLA GRAWPY!
Ron especialmente parecía sentirse intimidado por el aspecto del medio hermano de Hagrid.
Luna en cambio, lo observaba con expresión fascinada.
- Así que así son los gigantes – decía una y otra vez-. Pintoresco, ¿no les parece? Estoy segura que a papá le interesaría mucho publicar una nota en El Quisquilloso.
Hagrid, mientras tanto, pasada la emoción del reencuentro, inspeccionaba a su medio hermano con una expresión de preocupación.
- Aún tiene clavadas varias puntas de flechas de los centauros. ¡Malditas mulas viejas! – exclamó Hagrid con una expresión de fiereza en el rostro que los chicos nunca le había visto-. Algunas de las heridas se han infectado, pero por lo demás parece encontrarse bien. ¿Qué opinan chicos?
Grawp se había apoyado en un árbol derribando y con expresión despreocupada devoraba los restos de algún animal que había cazado.
-
Parece seguir igual de fuerte que siempre – aventuró Harry.
-
Le viene de familia – concedió Hagrid con orgullo-. Somos huesos duros de pelar.
Y mirando a los chicos dijo:
-
Ustedes ya han hecho demasiado. Creo que es tiempo de que regresen a Hogwarts o se perderán el almuerzo. Yo me quedaré un rato más con Grawpy.
-
¿Vas quedarte con él? – exclamó Ron con incredulidad sin quitar la vista de los gigantescos dientes con que el gigante desgarraba su comida.
-
Sí. Hace tiempo que está solo y creo que le gustará que le haga compañía.
Los chicos no se hicieron rogar y montaron rápidamente en los thestrals ansiosos de alejarse del gigante. Incluso Ron parecía preferir otro viaje en thestral que la compañía de Grawp, a quien no había dejado de mirar ni un segundo con expresión de recelo como si en cualquier momento fuera a arrojarse sobre ellos y devorarlos.
El viaje de regreso se les hizo más corto que el de ida.
Los thestrals los depositaron en las cercanías de la cabaña de Hagrid y los chicos debieron apurarse para llegar a tiempo al almuerzo.
Comenzado Noviembre, el frío arreció como de costumbre. Las montañas cercanas al colegio se cubrieron de nieve y el lago se congeló por completo dejando su superficie lisa y brillante como la de un espejo.
Todas las mañanas el parque amanecía cubierto de escarcha.
Iba a comenzar la temporada de Quidditch. Ese sábado, el nuevo equipo de Gryfffindor iba a jugar su primer partido contra Slyhterin.
Los ojos de todo el colegio estaban puestos en ellos y, a medida que se acercaba la fecha, iban aumentando las muestras de apoyo de los alumnos de todas las casas.
Malfoy se pavoneaba afirmando que el equipo de Gryffindor era el más patético que había habido en años, y que él atraparía la snitch antes de que pasarán los diez primeros minutos de juego.
Durante los días siguientes, Harry casi no tuvo tiempo de pensar en el pergamino. Ron insistía en que el equipo de Quidditch entrenara todos los días, y la verdad era que razón no le faltaba.
Harry pasaba las tardes en la biblioteca leyendo libros sobre tácticas de juegos y formaciones de vuelo, pero las cosas se veían más sencillas en los textos que en la práctica. Intentó escribir unos diagramas que había leido en el pizarrón, durante uno de los entrenamientos, pero sólo logro crear una confusión de líneas totalmente ilegibles. Mientras escribía hojeaba las notas que había tomado, pero estas se le cayeron y se le mezclaron volviendose completamente inútiles.
¿Cómo hacía Wood para pensar una estrategia para jugar contra cada equipo de Hogwarts y ubicarlos correctamente en la cancha?
Harry nunca había prestado demasiada atención al juego, slo a la snitch. Nada sabía de ataques, defensas, tácticas y todas esas cosas.
Quizás por eso, confiaba en atrapar las snitch rápidamente antes de que la diferencia de goles les impidera ganar.
Ron, en cambio, parecía muy entusiasmado. Harry estaba seguro de que hubiera sido un mejor capitán que él.
Ginny por su parte, estaba encerrada en un persistente mutismo que Harry no alcanzaba a comprender.
Bastaba que él ingresara a una habitación para que Ginny saliera inmediatamente de la misma con cualquier excusa.
Y en los lugares donde no podía evadirlo, como en los entrenamientos de Quidditch o en las comidas, optaba por ignorarlo.
Durante el último entrenamiento, Malfoy, seguido de los inseparables Crabbe y Goyle, apareció junto al campo de juego y comenzó a burlarse del equipo.
-
¡Oye Potter, por fin logaste ser el mejor del equipo! El nuevo equipo de Gryffindor es tan malo que hasta el inútil de Weasley da la impresión de saber algo.
-
Será mejor que te vayas, Malfoy. Tenemos reservado el campo de juego hasta las seis – dijo Harry con una mano lista para sacar su varita.
-
Aunque lo hubieras pedido hasta la medioanoche no creo que hiciera mucha diferencia, Potter – replicó agudamente Malfoy-. Este sábado vamos a aplastarlos.
Ese sábado la tensión y la excitación que reinaban en el colegio había alcanzado niveles altísimos.
Ron no pudo pasar ni un bocado de comida y todo el tiempo le susurraba a Harry cosas ininteligibles sobre tácticas y estrategias de juego.
Sloper y Kirke habían sido blanco de las burlas más brutales de los estudiantes de Slytherin y la expresión vencida de sus rotros lo decía todo.
Las cazadoras en cambio, mantenían una actitud aguerrida. Ginny había logrado formar un grupo muy unido. Quizás fuera por eso por lo que todas parecían ignorarlo y no solamente la hermana de Ron. Sus facciones expresaban la convicción del que no va a rendirse sin haberlo dado todo en la pelea.
Terminado el desayuno todo el colegio se trasladó al campo de juego.
Una vez en el vestuario, Harry esperó hasta que todos se hubieron calzado sus túnicas antes de hablar.
-
Bien… Aquí estamos… - comenzó mientras los ojos de todo el equipo se fijaban en él.
-
El partido contra Slytherin no es sólo un partido –dijo tratando de que su voz sonora como la de Wood-. Es una lucha entre las fuerzas del bien y las fuerzas del mal… No importa lo que ellos hagan, sabemos que jugarán sucio y que utilizarán cualquier truco para ganar. Sabemos que intentarán sacarnos de las casillas para que perdamos el control. Nuestra tarea es detenerlos y demostrarles que el mal nunca prevalecerá sobre el bien. Todo el mundo tiene puesto los ojos en nosotros y en lo que haremos en este partido. No los defraudemos.
El equipo se levantó, se echaron sus escobas al hombro y salieron en fila de los vestuarios hacia el campo de juego.
Los recibió un bramido proveniente de todas las tribunas a excepción de la de Slytherin que silbó y abucheó al equipo de Gryffindor.
-
Extraño discurso – le susurró Ron a Harry en el oído.
-
Sí… bueno… - dijo Harry-. Hacer discursos no es precisamente mi especialidad.
-
Vamos a aplastarlos – dijo Ginny con una expresión de fiereza en el rostro.
El equipo de Slytherin salió poco después de ellos, encabezado por Malfoy.
- Capitanes, dense las manos – dijo Madam Hooch.
Ni Harry ni Malfoy movieron un sólo músculo.
-
Muy bien – dijo Madam Hooch evidentemente enojada-. Si es así como lo quieren, allá ustedes.
-
Estás muerto, Potter – dijo Malfoy por lo bajo.
-
Eso ya me lo han dicho muchas veces antes que tú – le respondió Harry-. Ahh, Malfoy… Lamento que tu padre no pueda ver el partido.
Malfoy se quedó inmóvil durante un instante sin saber qué responder. Luego se acercó a Crabbe y Goyle y susurró algo en sus oídos mientras le dirigía a Harry una mirada cargada de odio.
- Jugadores, monten sus escobas...
Madam Hooch hizo sonar el silbato y la caja que contenía la pelotas fue abierta liberádolas.
Los catorce jugadores salieron disparados.
Desde el primer minuto del partido, quedó claro que la estrategia del equipo de Slytherin para ganar era lastimar a los jugadores de Gryffindor, especialmente a Harry.
Crabbe y Goyle lo perseguían adonde quiera que fuera arrojándole las Bludgers aún cuando ésto perjudicara a su equipo.
- El equipo de Harry está en poder de la pelota. Ginny Weasley toma la Bludger… perdón la Quaffle y se la lanza a Lavander Brown. Lavander hace un pase al vacío para Natalie McDonald. Está hace un amague y se la devuelve a Ginny Weasley que anota. ¡GOOOL DE GRYFFINDOR! - Colin Creevey era el nuevo relator y aunque en los años que llevaba en Hogwarts había presenciado numerosos partidos de Quidditch, aún parecía ignorar muchos de los términos técnicos y confundirse con los deportes muggles.
Las tribunas estallaron festejando el primer tanto del equipo de Gryffidor.
- Gana el equipo de Harry 10 a 0. ¿Cómo dice profesora McGonagall? – preguntó Colin aparentemente sin darse cuenta de que su voz retumbaba por todo el estadio-. Ah, sí. Perdón. Ya sé que Harry no es el dueño del equipo, pero ¿no es el capitán…? No se enoje… ¿Dónde iba? Ah, sí… Gana Gryffindor por 10 a 0. Las cazadoras de Gryffindor avanzan nuevamente, Ginny Wesley hace un complicado pase a Lavander… No… Lavender deja pasar la pelota que es tomada por Natalie McDonald, tomando por sorpresa a toda la defensa de Slyhterin… Y… ANOTACIÓN. ¡GOOOOOOOOOOL DE GRYFFINDOR!
Pronto quedó claro que las cazadoras de Gryffindor resultaban absolutamente imparables para la defensa de Slyhterin.
- Y es un nuevo tanto para Gryffindor que gana 60 a 0- gritó Colin Creevey saltando como si fuera un simpatizante más.
Las tribunas deliraban. Nunca Slyhterin había sufrido una derrota tan apabullante.
-
Ahora – gritó Malfoy.
-
Ey Harry, ¡cuidado! – le gritó Ron a su amigo justo a tiempo.
Harry se movió hacia un costado y una Bludger pasó zumbando tan cerca de su oreja derecha que casi se la arranca.
Crabbe gruño con satisfacción y lanzó su escoba contra Harry.
- ¡Ey, eso es sucio hasta para Slyhterin! – gritó Colin Creevey indignado- ¡Cuidado Harry! Eehhh ¿Quién me tira de la túnica? Ah, es usted de nuevo profesora… Sí, ya sé que debo ser impacial, pero usted vio lo que hizo ese sucio de Crabe…
La tribuna de Slyhterin comenzó a silbar con desagrado el relato de Colin. Mientras los demás estudiantes sonreían con simpatía.
Mientras, las cazadoras de Griffindor no perdían el tiempo y seguían anotando un tanto tras otro. Goyle había bateado nuevamente la Bludger contra Harry y se dirigía a toda velocidad contra él para interceptarlo.
Con Crabbe volando hacia él por detrás y Goyle intentado interceptarlo por delante, Harry parecía atrapado.
Entonces Harry vio la snitch dorada volando un par de metros por encima de él y tuvo una idea.
Movió el palo de su escoba para dirigirse en línea recta hacia Goyle de forma de obstruirle la visión de lo que sucedía. Esperó hasta último momento y entonces tiró del palo de su escoba hacia arriba, elevándose con un giro espectacular.
Crabbe y Goyle se encontraron sorpresivamente volando el uno hacia el otro y chocaron de frente antes de que pudieran evitarlo.
Los palos de sus escobas se astillaron y ambos se preciptaron a tierra.
Mientras tanto, Harry atrapaba la snitch dorada dando por finalizado el partido.
- GRYFFINDOR GANÓ 260 A 0 – gritaba Colin Creevey-. La victoria más aplastante que pueda recordarse en el colegio.
Harry descendió hacia el campo abrazado a Ron, a Kirke y a Sloper.
Las cazadoras festejaban el triunfo con entusiasmo. Harry nunca había visto a Lavander tan excitada. Los ojos de Harry y Ginny se cruzaron por un instante.
Harry creyó vislumbar un brillo de admiración en sus ojos, pero Natalie McDonald abrazó a Ginny emocionada y Harry no pudo ver nada más.
Mientras, todas las tribunas a excepción de la de Slytherin estallaban en gritos y cantos de aclamación.
Hermione se acercó emocionada:
-
¡Oh Harry, eso estuvo fantástico! Tengo que buscar en la biblioteca, pero estoy casi segura de que inventaste una jugada nueva.
-
Quizás puedas ponerle tu nombre, ¿eh Harry? – comentó Ron dando un codazo amigable a Harry- “El amago de Harry”… no… ¿Qué te parece “El ascenso de Harry Potter”?
Malfoy se acercó a Harry:
-
Te crees muy listo, Potter – le gritó completamente fuera de sí-. Pero algún día se te acabará la suerte. Te lo aseguro.
-
Es posible – le dijo Harry mientras la multitud levantaba en andas a todo el equipo de Gryffindor y lo llevaba hasta los vestidores-. Pero no será hoy.
-
Ten cuidado, Malfoy – agregó Hermione-. Tus guardaespaldas van rumbo a la enfermería. Estoy segura de que no querrás enfrentarte tú solo contra todo el colegio.
Con la expresión más aterrada que le hubieran visto, Malfoy abandonó el campo de juego buscando refugio junto a Snape.
Los festejos de esa noche en la sala común de Gryffindor superaron todas las fiestas anteriores. Harry decidió utilizar algunos fuegos artificiales que le había regalado los mellizos Weasley, por lo que la sala común y luego los pasillos se poblaron de brillantes dragones voladores y estrellas que escribían: COME CACA, MALFOY.
Hasta la profesora McGonagall que había aprecido a las doce de la noche par imponer silencio se quedó festjando junto a ellos y comentando los pormenores del partido.
- Has formado un buen equipo, Potter. Te felicito – le dijo con orgullo-. Estoy segura que la copa quedará en Gryffindor otro año más.
Una consecuencia apreciable del triunfo de Gryffindor fue que elánmo de los estudiantes parecía haberse elevado.
La segunda guerra con Voldemort parecía algo lejano y del pasado.
Todos los miembros del equipo de Gryffindor se habían convertido en héroes. Y recibían saludos y muestras de afecto por donde quiera que fueran.
Otra consecuencia no prevista fue que aunque la cantidad de bromas no eran ni remotamente la misma que durante la breve dirección de la profesora Umbridge, todos los alumnos de Hogwarts parecían haber pasado por el negocio de los hermanos Weasley para comprar un buen surtido de bromas.
El pobre celador Filch no daba a basto para detener a todos los infractores y se lo veía murmurando solo por los pasillos, deteniendo alumnos sin razón aparente o confiscando libros de texto o calderos.
Además de Peeves, Filch parecía tener que lidiar con el fantasma de los mellizos Weasley que, aunque ya no eran alumnos del colegio parecían seguir atormentándolo por medio de sus chascos.
Los fuegos artificiales parecían ser los preferidos de todos. Incluso durante la cena un dragón volador entró en el salón comedor para alegría de todos, incluido el profesor Dumbledore.
- Oye Harry – susurró Morag McDougal luego de un almuerzo-. Alguien me dijo que tenes a tu disposición uno de esos pantanos instantáneos, ¿es verdad?
Harry miró con precaución a todas partes antes de rsponder.
- Puede ser… - concedió-. ¿Qué hay si los tengo?
El estudiante de Ravenclaw se acercó al oído de Harry y susurró algo durante unos instantes.
Harry apenas podía contner la risa cuando respondió:
- Lo tengo en mi baúl. Espera un momento y te lo traigo.
Un par de horas más tarde el castillo tembló con un sordo retumbo.
Poco a poco los pasillos se poblaron de gritos, chillidos y carcajadas.
Harry, Ron y Hermione siguieron a la multitud hacia el punto de donde parecía provenir el escándalo.
De lo que parecía ser el ingreso a la sala común de Gryffindor salían varios alumnos cubiertos de un espeos líqiuido pestilente.
- ¡Puajj! – exclamó Pansy Parkinson-. Quitándose un manojo de algas gelatinosas del cabello.
La multitud congregada festejaba cada expresión de repugnancia como si se tratara de un partido Quidditch.
Crabbe patinó en el limo y resbalando un par metros aterrizó sobre susposaderas ante la carcajada general.
- ¿Quién dijo que los de Slyhterin son todos malvados? – gritó alguien que Harry no pudo identificar-. También pueden ser divertidos…
Peeves sobrevolaba la escena con expresión arrobada como la de quién contempla una obra de arte.
- ¡Oh, esto es digno de los Weasley! – gritaba con excitación, arrojando bolas de fango a los alumnos que emerg{ian de la sala-pantano.
Finalmente salió Malfoy, su túnica estaba empapada y escupía con cara de asco bichitos de su boca.
Morag McDougal buscó el rostro de Harry entre la multitud y le hizo un guiño cómplice.
- ¿Qué ha sucedido aquí? – preguntó una voz fría y seca que Harry conocía muy bien.
Pero no fue necesario que nadie respondiera. Por la abertura que conducía a la sala común de Slyhterin drenaba un líquido pútrido y pestífero.
Finalmente Gregory Goyle con expresión avergonzada confesó:
- Alguién dejó una caja que parecía contener una torta en el pasillo con un cartel que decía: NO ABRIR. Crabbe y yo la trajimos a la sala común y la abrimos y…
La carcajada general interrumpió la historia. Con expresión furiosa Snape ordenó a todos que se retiraran a sus sala comunes.
Con tanta excitaci{ón fue Hermione quien le recordó a Harry que aún no había descrifrado el secreto del pergamino.
Ron, Hermione y Harry pasaban todo el tiempo libre del que disponían en la biblioteca probando todas las maneras posibles de desentrañar los secretos que encerraba.
Hermione cerró con fastidio el pesado libro que estaba leyendo y exlcamó:
- Jamás pensé que diría esto, pero me doy por vencida.
Ron y Harry la miraron sin entender.
-
Cecil K. Rett – aclaró Hermione-. Sencillamente no puedo hallarlo. No lo entiendo. No figura en “Historia de la Magia Moderna” ni en “Notables Nombres de la Magia de Nuestro Tiempo” ni siquiera en “Grandes Magos del Siglo Veinte” hasta he buscado en “Grandes Eventos Mágicos del Siglo Veinte” sin éxito.
-
Y yo ya he leído todas las figuritas de la ranas de chocolate – agregó Ron dejando una pila de tarjetas sobre la mesa– y salvo que lo mencionen en la tarjeta de Agripa tampoco he tenido éxito.
-
Quizás sea un juego de palabras – sugirió Harry-. Como Tom Marvolo Riddle y Lord…
-
Sí, sí, ya entendimos – lo cortó Ron- No hace falta que digas su nombre.
-
Ya he pensado en eso – dijo Hermione con evidente frustración -. He probado reordenado las letras de todas las formas posibles y aún así no he podido aislar un solo nombre remotamente conocido.
-
Bueno, la verdad es que no tenía muchas esperanzas de que encontráramos algo. Después de todo Dumbledore no tenía idea de quién podría tratarse y si él no lo conoce dudo mucho que alguien más supiera quién es ¿no? – concluyó Ron
-
Pero tú madre sí lo conocía… - dijo Hermione entrecerrando los ojos con expresión pensativa-. Sino ¿por qué iba a escribir su nombre en el pergamino?
-
Sí… - murmuró Harry -. Lamentablemente no sé mucho sobre mis padres…
-
De todas formas el profesor Lupin nos dijo que tu papá no había conocido a nadie con ese nombre… - intervino Ron.
-
El único Rett que conocí era una maestro que tuve cuando iba a la escuela primaria de los muggles – suspiró Hermione con fastidio.
-
¡Eso es! – grito Harry con una súbita luz en sus ojos-. Hermione eres un genio.
Hermione se ruborizó.
-
¿Qué dije? Harry no pensarás que mi maestro de la escuela muggle es …
-
No, por supuesto que no – dijo Harry presa de una súbita excitación-. Pero has hallado la clave…
Ron y Hermione contemplaron a Harry sin entender.
-
Harry, vamos. – insistió Hermione-. Dime por qué lo que dije es tan importante.
-
Prueba un poco de tu propia poción – le dijo Ron a Hermione-. Tú haces exactamente lo mismo, con la única diferencia que sales corriendo a la bilbioteca y nos dejas a todos sin respuesta. Pero Harry ahora va a decirnos que es lo que descubrió, ¿no es así, Harry?
Sus amigos lo miraban sentados en el borde de sus asientos con expresión expectante.
-
Un momento… – dijo Hermione abriendo sus ojos como platos- ¡Ya lo tengo! ¡No sé cómo se me ocurrió a mí antes que a ti!
-
¿Qué es? ¿Qué es? – gritó Ron poniéndose colorado-. ¡Oh vamos Hermione tú sólo no quieres quedar mal! En realidad no sabes nada
Pero por la expresión de satisfacción de la chica era obvio que también había hallado la respuesta.
-
¿Cómo harás para encontrarlo? – preguntó Hermione.
-
No tengo más remedio que que ir a pasar la Navidad con los Dursley.
-
¡¿QUÉ?! – grit{o Ron-. ¿Te has vuelto loco? ¿Después de lo que sucedió este verano? Nunca te recibirá…
-
¿Es que todavía no lo ves, Ron? – dijo Harry que evidentemente estaba disfrutando haciéndose el misterioso- Cecil Rett no es un mago… Es un muggle.