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No puedo dejarte de Amar — capítulo 10

Había salido del restaurante, parecía realmente mal, y todo había sido mi culpa, pues debí haberme alejado de aquella mesa, pero al verla junto a ese hombre, mi cuerpo actúo por sí solo, haciendo que Elizabeth abriera la boca.

-¿Qué? - clavo su mirada en mí.

-No debiste decir nada de eso - le espete.

-Conmigo no se juega, Jacob y lo sabes - su voz no mostraba emoción.

-¿Y por eso arruinas su próxima vida, a alguien a quien acabas de conocer? - detuve el auto al llegar a casa.

-No soy estúpida, - me miro fríamente - sé que te estás viendo con ella.

-No digas tonterías - arrugue la nariz ante aquello.

-Es bonita - parecía tan tranquila - y sé lo que ella significo para ti, así que no me sorprendería que tuvieras una aventura con ella - clavo su mirada en mí - pero ten esto bien claro, solo será la amante, porque no dejaré que te cases con ella jamás, porque si llegas a pedirme el divorcio, haré hasta lo imposible por quedarme con Sarah.

-Bájate - mi voz sonó ronca.

No dijo nada, solo hizo lo que le ordene, en cuanto lo hizo arranque el auto, necesitaba habar con Emma, estaba seguro que en ese momento debía estarse atormentando con todo lo que había dicho mi adorada esposa, el único lugar que se me venía a la mente, era el rancho de su abuelo, así que maneje hacia ese lugar.

En cuanto estacione el auto, camine hacia la casa, en donde la puerta estaba abierta, no había nadie en la sala, por lo que subí las escaleras para ver si podía encontrarla, aquel lugar me traía tantos recuerdos, pues además de haber sido el lugar en donde había sido mi primera vez con Emma, también había sido la última, pues habíamos venido dos días antes de que nos dieran las cartas de las Universidades.

Abrí la puerta de la recamara, en donde siempre se quedaba y ahí estaba recostada, observando el techo.

-Sabía que estarías aquí - dije tranquilamente.

-Él me ama - no me miró - y yo estoy confundida.

-Te amo - me recosté a su lado - sé que no tengo derecho alguno, en decirte esto.

-Esperé tanto por ti, - susurro - de hecho conocí a Vladimir, porque me fui a un bar a olvidar que te ibas a casar.

-Esto es absurdo - me queje - fui un imbécil, debí de haber luchado por ti.

-El hubiera no existe - se giró hacia mí - y el pensarlo, solo nos hace daño.

También me giré, y nos quedamos viendo directamente a los ojos, ese verde que me volvía loco, ahora estaba cristalino y sabía la razón, después de todo ella deseaba olvidarme, y yo no le estaba haciendo las cosas fáciles, pero no podía dejarla, y menos cuando sabía que ella era perfecta para mí.

Éramos perfectos el uno para el otro, solo que ahora era demasiado tarde para verlo, pues ella estaba a nada de casarse, y yo ya lo estaba y no solo eso, tenía una hija a la cual amaba más que a nada en este mundo, pero me dolía tener que separarme de ella.

-Es aquí, donde viene la despedida - susurre.

-No quiero, - se abrazo a mí

  • te amo tanto, que me duele.

-¿Entonces qué hacemos? - la separé suavemente y clave mi mirada en ella, y limpie sus mejillas.

-No lo sé, - se escuchaba frustrada, y yo estaba igual - porque te amo más, de lo que alguna vez llegaré a amar a alguien, pero está Vladimir, que no merece que le haga esto, porque me ama y yo también lo quiero, pero no lo amo - tomo mi rostro - y no puedo cancelar la boda, porque con lo único que me quedaría sería como tu amante, y no lo quiero.

-Es egoísta, - lleve un mechón de su cabello detrás de su oreja - porque tu mereces más, que ser la amante de un imbécil que no supo luchar por su amor, por haberse dado tan vencido tan rápido; pero te amo ojitos, jamás habrá alguien como tú en mi vida, de hecho estar cerca de Elizabeth es doloroso, porque siempre la comparó contigo y sé que ella no merece, el infierno de matrimonio que llevamos, - sus ojos seguían clavados en los míos - pero no puedo dejarte, eres como el aire, te necesito.

-¿Por qué es tan doloroso crecer? - susurro.

-No tengo una respuesta, - delinee su nariz - solo creo que el dolor es necesario para madurar.

-Es una tontería, - sus manos tomaron mi playera - no quiero ni puedo decirte adiós y sin embargo debo hacerlo.

-No lo hagas - mi voz apenas si fue audible.

-Debemos hacerlo, Jake - una sonrisa amarga se dibujo en su rostro - es por el bien de todos, tu y yo debemos estar alejados, olvidar que algún día en este mismo lugar, planeamos como serían nuestras vidas juntos, olvidar que planeamos tener una casa frente a la playa, al igual que el Labrador que pensábamos tener - de nuevo volvía a llorar - olvida que un día te dije que estaríamos juntos por siempre, que envejeceríamos juntos.

-¿Cómo lo hago? - pregunte suavemente

  • como olvido, que planeamos nuestra primera Navidad como un matrimonio, nuestra boda, el nacimiento de Patrick, - ante aquel nombre cerró los ojos, tratando de controlar las lágrimas - y el de Sarah, ¿qué rayos hago, para olvidar que hasta imaginamos a nuestros nietos? - la respuesta fue un sollozo - ¿Cómo olvido todos los momento que vivimos? Olvidar que la vez que creíste estar embarazada, fui a Port Angeles y con los ahorros de toda mi vida te compre un anillo.

-¡¿Qué?! - abrió los ojos sorprendida.

-Cuando te lo iba a dar, tú te abalanzaste sobre mí, diciendo que solo había sido una falsa alarma - conteste, mientras ella arrugaba la nariz - teníamos dieciocho años, y dudaba que hubieras aceptado bien el anillo, así que decidí guardarlo, para el día en que en verdad te pidiera matrimonio - se mordió el labio inferior, supuse que trato de controlar un sollozo - sería cuando ambos termináramos la Universidad, y ya tuviéramos un trabajo, pero todo se fue a la basura, cuando cada uno tomo su camino.

-Si hubiera estado embarazada, tal vez ahora estaríamos juntos - su voz era temblorosa.

-O tal vez, nos hubiéramos mandado al diablo, - sonreí forzadamente - no era el momento para ser padres, y tampoco debíamos estar juntos, pues si hubiera sido nuestro destino, la vida se hubiera encargado de llevarnos a estar juntos.

-Eso lo decidimos nosotros, - replico - la vida, deja que nosotros tomemos nuestras decisiones.

-No quería sentirme más culpable - le reproche.

-Lo siento - se disculpo, con una media sonrisa.

Y de pronto comenzó a reírse y yo la seguí, esta era nuestra forma de llorar, las risas mostraban que este era el adiós definitivo, y no había vuelta atrás, pues cada uno ya había hecho su vida y no nos quedaba más.

-Una vez más - susurro y se pego a mí - solo una vez más, quiero sentirme unida a ti.

-Siempre es nuestra forma de decir adiós - me coloque sobre ella.

-Lo sé - enrolló sus brazos en mi cuello y me beso.

El beso poco a poco fue haciéndose más apasionado, sus manos bajaron hasta el borde de mi playera, mientras las mías trataban de quitarle el pantalón, la escuche reír, me separe y la observe fijamente con una ceja elevada.

-¿Qué es lo gracioso? - le espete.

-Que el gran Jacob Black, no pueda quitarme el pantalón - rió más - después de todo, antes era lo primero que desaparecía.

-He perdido la práctica - susurre, antes de comenzar a besar su cuello.

-Sin marcas - pidió.

-Ya sé - gruñí al sentir su mano colarse por mi bóxer.

-Te amo - busco mis labios, mientras con una de sus manos seguía acariciando mi zona privada y la otra subía desde mi trasero hasta mi espalda.

-Yo más - le asegure, por fin logrando deshacerme de su pantalón.

Después de eso, lo único que se escucharon en la habitación fueron jadeos, gemidos y de vez en cuando el nombre del otro, en verdad que esta sería una noche que no iba a olvidar jamás después de todo, era mi despedida con el amor de mi vida, que se casaría con otro y yo seguiría con mi fingido matrimonio.

Pero guardaría este día, hasta el día de mi muerte, pues sería la última vez que me entregaría por completo, en donde no solo me desnudaría físicamente, sino también mi alma, era aquí en donde le entregaba mi corazón, aunque después el dolor fuera insoportable.

Capitulo dedicado a:

maryadorotaylor