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No puedo dejarte de Amar — capítulo 3

En cuanto llegamos al aeropuerto, mi seguridad de que todo iba a estar bien, se había ido a la basura, no estaba segura de cómo iba a reaccionar si volvía a ver a Jacob, pero todo debía salir bien, después de todo estaba a menos de tres meses de casarme, y sabía que quería a Vladimir.

-¿Qué tienes? - escuche a Leah preguntar.

-Creo que me hizo mal la comida del avión - ante la voz de Renesmee giré.

Y me encontré con mi amiga, totalmente pálida y respirando profundo, parecía que estaba evitando vomitar, y antes de que preguntará qué sucedía, corrió hacia un bote de basura, y mientras la gente la observaba con asco, ella dejaba que su estómago quedará vacío.

-Tu madre, me culpará de tu mal estado - comente, caminando hacia ella.

-Ya no es la novia de tu padre, para que te culpe - susurro.

-Vives conmigo - replique - es peor, que cuando era su novia, en verdad no sé qué cuentas le voy a entregar.

-No soy una niña - me espeto.

-Soy mayor a ti, por cuatro meses - le recordé - y por tal, Bella me dejo a cargo de su pequeña.

Me mando una mirada asesina, aunque con sus ojos hundidos y su palidez, no causo demasiada advertencia, y en vez de reírme como era lo acostumbrado, en verdad me preocupaba su estado.

-Creo que deberíamos ir a un médico - Leah, me quito las palabras de la boca.

-Ya me siento bien - no le agradaba mucho ir al médico.

-Mi abuelo, podría hacerte un chequeo - opine, sin apartar mi vista de ella.

-Me siento bien - ante la irritación, tanto Leah como yo, decidimos no insistir, pues solo íbamos a ocasionar que se pusiera agresiva.

Sin decir nada, tome mi maleta y caminamos hacia la salida, no habíamos avisado de nuestra llegada, pues deseaba sorprender a mi padre, después de todo tenía casi un año que no lo veía. Por decisión unánime decidimos rentar un auto, cosa que yo había hecho desde California.

Una hora después de haber llegado, ya estábamos de camino hacia Forks en un Jetta, Leah iba en el lado del copiloto y Renesmee venía en el asiento trasero dormida, mientras yo iba al volante.

-¿En verdad estás segura, de que Jacob está superado? - fue la pregunta que hizo de la nada Leah.

-Pensé que ya habíamos dejado ese tema - comenzaba a cansarme de lo mismo.

-Sé que Vladimir, es un hombre increíble - repuso suavemente - pero como tu mejor amiga, debo saber si estás segura de lo que planeas hacer.

-Jacob, ya tiene una familia

  • conteste, con indiferencia - y bueno, yo tengo todo el derecho de hacer lo mismo.

-Y nadie te dice lo contrario - se defendió - lo que estoy, diciendo es sí en verdad, estás lista para dar ese paso.

-Sé que ni tú ni Renesmee, de hecho nadie cree, que en verdad esté enamorada de Vladimir - repuse lo más tranquila que pude - pero si lo hago.

-Stefan, seguramente se burlaría de lo mal que mientes - su rostro mostró seriedad - porque se nota a distancia, que aun sientes algo por Jacob.

-No es así - gruñí - Jacob, dejo de ser importante en mi vida.

Y ante eso gire de nuevo la vista hacia de nuevo al frente, y un Malibu rojo estaba parado, frene pero fue un poco tarde, porque escuche un fuerte sonido, me maldije, por haber venido distraída, y porque ese imbécil estaba detenido en un carril donde no debería.

Me baje para ver que tan fuerte había sido, pero cuando vi la fascia del Jetta, estaba intacta, aunque la del Malibu se había hundido. En ese momento una mujer de cabello castaño bajo furiosa, sus ojos cafés me lo dijeron, pero yo tampoco estaba muy feliz.

-¿Qué diablos te pasa? - gruño - ¿acaso estás ciega?

-La pregunta aquí sería, ¿Qué diablos hacías estacionada, en un lugar prohibido? - le espete.

-Tú fuiste la idiota que me choco - me fulmino con la mirada.

-No te hubiera chocado, si no te hubieras aparcado, en un lugar prohibido - le sonreí de manera burlona - así que llámale a tu seguro, para que mandes a arreglar tu auto.

-Me tienes que pagar - coloco sus manos en su cintura.

-Si le llamas a tu seguro, y le explicas como fue el choque - no quite mi sonrisa - te cobrarían a ti el golpe.

-Mi marido, siempre dice, que el que pega paga - lo dijo muy segura, y como para demostrarme que era una estúpida.

-Si tu marido supiera, porque fue el choque, créeme que no diría lo mismo - mi voz sonó tranquila - y como ya no tengo más que decir, me voy, porque tengo cosas más importantes que hacer.

-Elizabeth - ante aquella voz, levante la vista - no de nuevo - soltó un suspiro - en verdad, lamento el accidente, tome mi tarjeta para arreglar el problema.

-El problema ya está solucionado - conteste, aunque en ese momento maldecía aun más mi suerte.

-¿Emma? - sus ojos se abrieron más, sorprendido de mi presencia.

-La misma - sonreí levemente, sintiendo como mi corazón parecía querer salírseme del pecho - y bueno como ya dije, el problema ya está resuelto, así que ahora me voy. Fue agradable encontrarte, Jacob.

-Lo mismo digo - no podía creer que estaba sintiéndome nerviosa, como cuando tenía diecisiete.

Y sin más subí al auto, pues entre más lejos estuviera de él, era mucho mejor, para mi salud mental, porque a pesar del tiempo, mi cuerpo seguía reaccionando a su voz.

-Veo, que mis teorías eran ciertas - susurro Leah.

-No digas nada - le advertí.

El resto del camino hacia casa de mi padre, que no fue más de diez minutos, fue en completo silencio, no iba a dejar que mi mejor amiga dijera una palabra, sobre aquel estúpido encuentro, que no debía de haber pasado, pues yo no había venido a buscarlo, por lo mismo, no deseaba darme cuenta, que en todo ese tiempo, mis sentimientos no habían cambiado por él.

Al ver la casa, que no había pisado desde que me había ido a Londres, sentí tantas cosas, pero la principal fue felicidad, por regresar a ese lugar, en donde volví a hacer la misma.

Toque el timbre, esperando en que mi padre apareciera, mis dos amigas estaban detrás de mí, escuche pasos con lo cual no evite emocionarme, se me estaban haciendo eterno los segundos. En cuanto la puerta se abrió, quede frente a un hombre como de 1.90, su cabello rubio, se comenzaban a notar algunas canas, unas cuantas arrugas adornaban, esos ojos verdes iguales a los míos.

-Papá - abalance sobre él, ocasionando que trastabillará, pero aun así me levanto.

-Mi niña - dijo, mientras me abrazaba con fuerza - no sabes lo mucho, que te he echado de menos.

-Yo más - le aseguré.

-Me encantaría, que volvieras a ser una niña - me beso la frente - aquella, que necesitaba de su padre para todo, pero ahora ya eres toda una mujer.

-Papá - lo abrace de nuevo - siempre estará esa pequeña, a la cual le encantaba que le cantarás y le tocarás el piano, siempre voy a necesitar de ti.

-Aunque la llamada, de Vladimir, me deja ver que también necesitarás de tu futuro marido - sonrió.

-Se supone, que yo debía darte la noticia - replique - pero veo, que mi prometido, no es muy paciente.

-Cielo, no lo culpes - me acaricio el cabello - después de todo, se va a casar con una hermosa e increíble mujer, es lógico que quisiera gritarlo.

No dije nada, solo me abrace de nuevo a él, pues lo había extrañado horrores, era como mi mejor amigo, sabía todo lo que me pasaba, antes de que se lo dijera, y eso me agradaba de papá, con él no tenía secretos.

 Leah Clearwater

Capitulo dedicado a:

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