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No puedo dejarte de Amar — capítulo 4

-¿Por qué diablos tardas tanto? - escuche el gruñido de Leah.

-No sé si quiero ir - respondí, saliendo del baño y sentándome en la cama.

-Es tu bienvenida, después de siete años que no has pisado Forks - me espeto - y no pienso dejarte aquí.

-¿Por qué no, me dejas disidir?

  • replique.

-Jacob no se va a parece, por el lugar - me aseguro.

Sabía que no iba a ganar nada, por más que tratara de persuadirla, así que decidí que lo más sano era levantarme y salir de casa, para que mi mejor amiga dejará de molestarme.

Llegamos a la casa de Leyna y Nahuel, en donde se haría la fiesta de bienvenida, en cuanto llegamos, el primero en salir fue el marido de prima, que en cuanto me abrazo comenzó a darme vueltas.

-Nahuel - le reproche, esperando que me dejara en el suelo.

-Nita - casi grito a mi oído

  • no sabes, lo mucho que extrañe a mi hermanita.

-Hay personas, observándonos

  • aunque la verdad, yo también estaba feliz, de verlo de nuevo.

-Emma - en ese momento apareció Leyna, mi prima.

En ese momento por fin, Nahuel me dejo en el suelo, y fui abrazada por ella, Chelsea mi otra prima también me abrazo, y bueno Camille la hermana de Leyna, simplemente me hizo un movimiento con la cabeza, dentro de la casa, Embry y Quil me hicieron sándwich, enseguida Alec llego y al igual que lo había hecho Nahuel, me levanto, mientras escuchaba las risas del resto.

En cuanto de nuevo sentí mis pies en el suelo, fui tacleada por Jane, que enseguida fue reemplazada por Renata, en cuanto Stefan me abrazo, por fin pude ver que aparte de ellos solo estaba Claire que era novia de Quil, Renesmee que bueno como vivía conmigo, no hubo necesidad de abrazo.

Pero cuando mis ojos se clavaron en los cafés, sentí un nudo en la garganta, se suponía que él no debería estar ahí, aunque a su lado estaba su esposa, giré mi vista hacia Leah para reclamarle, aunque antes de que saliera algo, alguien me abrazo, en cuanto volví la vista, me di cuenta que era Rachel, la hermana de Jacob.

-Mira nada más - se separo de mí, y con una sonrisa me escaneo - te deje de ver, cuando aun eres una joven, y ahora regresas como una hermosa mujer.

-Yo te deje de ver, sin esto

  • le señale el prominente vientre - en verdad, no puedo creer, que ya vayas a ser madre.

-Pues era eso o el divorcio - bromeo, señalándome a su marido que rodo los ojos - lo lamento, aun no te presento, él es Paul mi marido.

-Mucho gusto - le sonreí - soy Emma.

-Lo sé - me estrecho la mano

  • Rach, no ha dejado de hablar de ti.

No conteste, simplemente seguí sonriendo, no podía creer que estuvieran todos mis amigos que había dejado en Forks, Renesmee camino hacia mí.

-Hay una sorpresa, para ti - comento, con una sonrisa un tanto forzada.

-¿Qué es? - pregunte elevando una ceja.

-Hola - ante aquella voz, me di la vuelta.

Esperando que no estuviera, quién creía que era, pero había escuchado esa voz tantas veces, que era imposible que pudiera confundirla, y bueno cuando estuve frente, me encontré con un hombre de cabello rubio y unos profundos ojos azules.

-¿Vladimir? - mi voz sonó sorprendida.

-No pude pasar un momento más sin ti - y sin previo aviso me beso.

POV Jacob

En cuanto vi como ese hombre la besaba, sentí como la sangre me hervía, estaba a punto de tomar a ese imbécil por la camisa y golpearlo hasta cansarme, pero en cuanto sentí la mano de Elizabeth recordé que no podía hacer nada, pues ella y yo no teníamos ninguna relación.

-Hacen una linda pareja ¿no crees? - me pregunto, mientras se colgaba a mi brazo.

-No mucho - gruñí.

-¿Qué te pasa? - sentí su mirada sobre mí.

-Nada - trata de suavizar mi tono.

En ese momento, la tomo de la mano y comenzaron a caminar hacia la cocina, sin pensarlo me separé de Elizabeth y los seguí, esperando que nadie lo notará. La saco al jardín de la casa, trate de mantenerme lo más oculto posible, pero también en un lugar en donde pudiera escuchar.

-Te amo - repuso el idiota ese - y tengo una sorpresa, para ti.

-¿Más? - algo me decía que estaba sonriendo - no creo, que pueda soportar, otra sorpresa - bromeo.

-Creo que esta te va a encantar - lo vi acariciarle la mejilla.

-Soy toda oídos - rodeo su cuello.

-Me di cuenta que Forks, para ti es muy importante - apreté los puños - y después de muchos movimientos, logré hacer que me cambiarán de cede a Port Angeles, y a ti que te cambiarán a la revista más importante del país.

-¿La que se escribe aquí? - su voz mostraba verdadera sorpresa.

-Así es, princesa - la levanto del suelo - y no solo eso.

-¿Hay más? - en verdad parecía feliz.

-Aquí tengo las llaves de nuestra nueva casa - la dejo de nuevo en el suelo, y supuse que le mostraba lo antes mencionado.

-Te amo - susurro ella, antes de besarlo - en verdad, que no pude elegir a alguien mejor, para casarme.

-Soy yo quien agradece, que hayas aceptado ser mi esposa - esto ya era demasiado.

Sin hacer ruido, me aleje de aquella escena, que me carcomía el alma, aunque no podía culparla, después de todo yo había sido el primero, en comenzar a rehacer mi vida, pero era demasiado doloroso, tener que ver como la mujer, que a pesar de los años aun seguía amando.

En cuanto llegue a la sala, le dije a Elizabeth, que estaba cansado y lo mejor era irnos a casa, ella no se opuso, me despedí de mis amigos y de mi hermana y salí del lugar, con mi esposa detrás de mí.

En ese momento sentía que el mundo se me estaba viniendo abajo, una cosa era saber que Emma estaba haciendo su vida, y otra muy diferente que la viera, era algo mucho más fuerte que yo, tenía que buscar la forma de alejarme de ella, o no iba a responder de mis actos.

-¿Qué diablos te pasa? - me espeto mi esposa.

-No estoy de humor para reclamos, - dije secamente - así que no digas nada.

-¿Cómo no te voy a decir nada? - gruño - y más en la forma en que te comportaste, ¿qué es lo que tiene que ver esa mujer en tu vida?

-No comiences con tus paranoias - no despegue mi vista, de la carretera.

-¿Solo son paranoias? - su voz era un tanto chillona - a mí no me parece que esa mujer, sea una amiga nada más.

-Pues lo es - tenía tan fuertemente apretada la mandíbula, que las palabras apenas salían.

En ese momento no dijo nada, sabía que le estaba mintiendo, pero no podía decirle a mi esposa, que Emma Cullen, era el amor de mi vida, y por la mujer que a pesar del tiempo aun seguía amando, no creo que lo tomará muy bien, y menos con su carácter, era capaz de hacer que nos saliéramos de la carretera.

Pero tenía que olvidar a Emma, pues ella pensaba seguir con su vida, y yo debía seguir con mi familia, no podía permitir, que ese hombre enamorado saliera, debía mantenerme sereno y siempre pensar con la cabeza y no con el corazón.

 Leyna Cullen (prima de Emma)

Capitulo dedicado a:

maryadorotaylor

andrelara