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No puedo dejarte de Amar — capítulo 5
-¿Piensan a venir a vivir aquí? - Leah y Renesmee me observaban, como si estuviera loca.
-Fue idea de Vladimir - susurre.
-Debiste impedirlo - me espeto Renesmee.
-¿Y qué le hubiera dicho? - le espete - "no podemos regresar, porque aquí vive, al que considere el amor de mi vida" - dije sarcástica.
-Tu eres una genio, para las excusas, - me reprocho Leah - no se te hubiera complicado mentirle, después de todo lo haces todo el tiempo.
-No he mentido - eleve una ceja.
-Aceptaste casarte con él - recalco Leah.
-En verdad estoy enamorada de él - solté un suspiro - tal vez, para ustedes es difícil creerlo, pero…
-Estás mintiendo, - repuso Renesmee
- mueves las manos, cuando lo haces.
-Exacto - continuo Leah - todo esto del matrimonio, lo sigues porque Jacob se caso, y tiene una familia.
-Mi vida no gira en torno a Jacob - comenzaba a exasperarme su actitud - si él siguió con su vida, me parece fantástico, y yo estoy haciendo esto, porque estoy segura de que Vladimir, es el hombre con el que quiero pasar el resto de mi vida.
-Somos tus amigas, - ambas me miraban fijamente - no tienes porque mentirnos - Renesmee asintió dándole la razón.
-¿Por qué habría de mentir? - sabía porque lo decían, pero tenía que asegurarles, que esto era lo que yo deseaba.
-Olvídalo - gruño Renesmee - es mejor, dejarla con su mentira, y esperar a que no termine hundida con ella.
Ambas salieron de la casa de mi padre, en verdad, ellas no me ayudaban. No entendían lo que yo estaba viviendo, era cierto que aun sentía cosas por Jacob, pero él tenía una familia, una vida; en la cual yo no tenía cupo. Y debía seguir con la mía, y formar mi propia familia, y dolía saber que él no iba a estar a mi lado.
Observe una fotografía en donde salía con papá y mamá, y la reconocí como en mi cumpleaños número quince, fue el último en donde mi madre estuvo. En verdad todo era mucho más sencillo en aquella época, deseaba tanto volver a esa edad, y que mi mayor problema fuera, que Stefan a un no me había llamado.
Eso era mucho mejor, que esto, de estar pensando que en menos de tres meses me iba a casar, y que mi mente y corazón estaban confundidos, con mi visita a Forks, aunque sería mejor decir que Jacob era quien me confundía.
-¿Por qué no lo puedo olvidar? - pregunte a la fotografía - todo esto sería más sencillo, si tuviera tu ayuda, mamá.
Sí, sería mucho más sencillo, porque con ella podría decirle todo lo que estaba pasando por mi mente, sin escuchar el "te lo dije" que tanto odiaba, pero que le encantaba a Leah y a Renesmee; ella sabría qué hacer, o al menos tendría algo que decirme.
-Edward - ante aquella voz me congelé - ¿Emma?
-Mi padre no está - no quería mirarlo a los ojos.
-Cierto - sonrió un tanto nervioso - había olvidado su junta.
No pregunte como había entrado, pues conocía la respuesta, mi padre después de que me fui a Londres, comenzó a simpatizarle Jacob, y poco a poco se convirtió en su compañía, eran amigos; bastante extraño, ya que antes de que me fuera ni siquiera lo toleraba, pero ahora convivían bastante, y mi padre le había entregado una llave de la casa, por cualquier emergencia que llegara a pasar.
-¿Necesitabas algo? - pregunte.
-Nada especial - ante aquella sonrisa, sentí mi corazón querer salírseme del pecho.
Se hizo el silencio, uno bastante incomodo, pero no encontraba nada que decir, además estaba demasiado ocupada, recordándome respirar. No podía creer que su sola presencia me hiciera tanto daño, debía recordar que él era un hombre casado.
-Ley me dijo, que tenías una hija - fue lo primero que salió de mis labios.
-Sí, - sus ojos se iluminaron - cumplió un año, el mes pasado.
-No te imagino como un padre responsable - sonreí levemente.
-Ni yo - confeso - pero cuando, tuve a Sarah en mis brazos, mi mundo dio un giro de 180º, en verdad me volví responsable y bastante cuidadoso, pues ella necesita de mí, y por mi hija, es por quien deseo ser una mejor persona.
-Bonito nombre, - sentí a mi corazón dar un vuelco - además, de que es lindo que le hayas puesto el nombre de tu madre.
-Fue un poco complicado, hacer que Elizabeth aceptara - se rasco la nuca, cosa que hizo que miles de mariposas despertarán en mi estomago.
Ante el nombre de su esposa sentí un nudo en la garganta, no podía creer que hubiera otra mujer en su vida, de hecho lo de su hija lo entendía, pero lo de su esposa, en verdad me dolía, pero debía aceptar que él tenía un camino distinto al mío.
-¿Sigues con la idea de que no podemos ser amigos? - cuestione suavemente.
Ante mi pregunta, abrió los ojos y también la boca, pero no emitió ningún sonido, no sabía porque había dicho aquello, después de todo, me había prometido mantenerme alejada de él, y ahora salía con esa estúpida pregunta, en ocasiones lo que decía no pasaba por mi cerebro, para verificar que fuera correcto.
-Ojitos - ante aquello, abrí los ojos sorprendida - ¿en verdad quieres que seamos amigos?
-Tenía años, que no me llamabas así - sonreí de lado.
-Hace años, que solo nos vemos como conocidos, - elevo los hombros - pero eso no responde mi pregunta.
-Siempre extrañe tu compañía, tus malos chistes, - ante aquello frunció el entrecejo, por lo cual solté una risita - pero sobre todo, que no hay nadie que me escuche como lo hacías tú.
-Si que te hice falta, - bromeo, solo pude sonreír ante aquello - pero debo admitir, que también me hiciste falta, pues no hay nadie que pueda controlarme, como tú lo hiciste, bueno tal vez Sarah.
-Pobre de tu pequeña - moví la cabeza de forma negativa - en verdad, que no sabe el padre que se vino a conseguir.
-No soy tan malo - se quejo.
-Debes ser un excelente padre - aseguré - pero serás mucho mejor, si yo estoy ahí para aconsejarte.
-¿Ahora quien es la engreída? - en verdad lo extrañaba.
-Las cosas suelen pegarse, - eleve los hombros - pero no habría nada más que me agradará, que fuéramos amigos.
-Entonces, dalo por hecho, ojitos - me extendió la mano, la cual le estreche.
No dije nada solo sonreí, sabía que esto, iba en contra de lo de alejarme, pero algo me pedía estar a su lado, aunque fuera como su amiga, y no lo iba a desaprovechar, iba a estar a su lado, y esperaba que él estuviera conmigo. Sabía que era una forma de mentirle al corazón, pero sentí que eso era preferible, a estar siempre pensando en él y que doliera, fue por eso que decidí ser su amiga, para estar a su lado, aunque eso en verdad no fuera lo que el corazón pidiera.
Nahuel el esposo de Leyna que es prima de Emma
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