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No puedo dejarte de Amar — capítulo 8

Escuche el sonido de un móvil, pero no deseaba abrir los ojos, y ver cuál era, pues debía ser aun de madrugada, me di a vuelta para empujar a Stefan, y que contestará, pues desde que había llegado a Forks, ambos nos habíamos quedado en el hotel del pueblo.

-Es tuyo - susurro.

Sin muchas ganas tome el teléfono que estaba sobre el buró, al ver la hora que marcaba las dos de la mañana, quien fuera, lo iba a matar, y bueno al ver que decía Emma, enserio que en la mañana que la viera, me iba a pagar esta desvelada.

-¿Qué pasa? - pregunte, mejor dicho casi gruñí.

-Si te llama, Vladimir estuve contigo, de hecho dormí en casa de tu madre - me pidió, se notaba bastante nerviosa.

-¿Qué hiciste? - me incorpore en la cama, pues su voz me decía que nada bueno.

-Nada - aunque su voz no me decía que eso fuera cierto.

-¿Dónde estás? - mi voz sonó ronca.

-En el hospital - apenas si fue audible su respuesta.

-¿Cómo que en el hospital? - eleve la voz más de lo necesario - ¿estás bien?

-Sí, estoy bien - su voz ahora era tranquila, suponía que era para que dejara de preocuparme.

-Voy para allá - fue mi contestación.

-No es necesario - pero no le tome importancia, ya que colgué.

Me levante de la cama, buscando a obscuras ropa, para poder salir al hospital, en ese momento había olvidado la presencia de Stefan.

-¿A dónde vas? - ante la luz perdí un poco la visión, pero no me intereso ya que seguí vistiéndome.

-Emma, está en el hospital - fue mi respuesta.

-¡¿Qué?! - exclamo, levantándose de un brinco.

-Pues me acaba de llamar, y me dijo que está en el hospital - me coloque la blusa, y comencé a buscar unos zapatos.

-Voy contigo - me informó, mientras él también se vestía.

No dije nada, pues entre más rápido llegará al hospital, más rápido sentiría alivio o preocupación, de cómo estaba, pero como me había llamado estaba casi segura que estaría bien o al menos eso deseaba creer.

POV Jacob

-Lamento haberte llamado - repuse.

-No importa, - sonrió levemente - supongo que algún día, debía ser yo, la que viniera al hospital a verte, y no al revés.

-No sé porque debo quedarme,

  • replique - si ya me siento bien.

-Eso es porque ya te pusieron medicamento, para quitarte el dolor - comento tranquilamente - pero tienes el brazo fracturado, además de una herida, bastante grande.

-Ya la suturaron - replique - ya deberían dejarme ir a casa.

-Todavía de que te dan una habitación, te traen comida hasta tu cama, todavía te quejas - bromeo - primero que no te atendían, y ahora que ya lo hicieron, ya no quieres estar aquí, en verdad que nadie puede entenderte.

-No es muy cómodo, solo estar cubierto por una bata, con una mujer desconocida - le seguí el juego - que en cualquier momento, podría aprovecharse de mi desnudez.

-No pensé que fuera una desconocida - elevo una ceja - después de todo, conozco todo de ti - al darse cuenta de lo que había dicho sus mejillas, se pusieron rojas.

-Señorita Cullen - fingí estar sorprendido - no creí, que alguien como usted, podría conocer tanto de mí.

-Jacob - me reprocho - ya basta, no quiero ser confundida por un tomate.

-Sigues luciendo hermosa, sonrojada - salió sin ser consciente.

-No creo que deba decirme algo así, alguien que está casado - susurro.

-Solo digo la verdad - me levante de la cama - siempre, serás la mujer más hermosa que haya conocido.

-No deberías levantarte - se notaba nerviosa.

-¿Por qué tratas de cambiar de tema? - tome su mano - eres hermosa, ojitos.

-Basta - su voz tembló.

-¿Por qué? - me incline, hasta unir nuestras frentes.

-Porque está mal - estaba temblando.

-¿Qué está mal? - me hice el desentendido - ¿Qué aun te ame?

-Ya no puede haber amor - sus ojos seguían gritando que me amaba.

-Tus ojos no dicen lo mismo - le acaricie la mejilla.

-El jugar con fuego, puede hacer que nos quememos - su mirada se dirigió a mis labios.

-Quiero quemarme - le asegure.

-Será doloroso - trataba de resistirse.

-Estoy acostumbrado al dolor

  • bese su frente - desde que te fuiste, es lo único que he sentido.

-Vamos a terminar mal - parecía que iba a llorar.

-Tener que dejarte, es el peor final que conozco - delinee sus labios.

-Es prohibido - su voz cada vez era más baja.

-El amor jamás lo será - me negaba a dejarla.

-Por favor, - suplico - debes decir que no lo quieres.

-No lo quiero - mi voz sonó ronca - lo deseo.

-Piensa en…

-No quiero pensar en nadie, - la interrumpí - solo quiero pensar en nosotros dos, en lo que estamos sintiendo, en lo que deseamos, solo si me dices que no me amas, te dejaré.

-Nunca he sido una buena mentirosa, - sentí una lágrima en mi dedo - pero no merecen que hagamos esto.

-Nadie lo merece - limpie las pequeñas gotas que comenzaba a salir - ni siquiera tu y yo.

-Me voy a casar - lo sabía, no necesitaba escucharlo - tú tienes una esposa y una…

-Lo sé - pose mi dedo en su boca, para evitar que hablará - pero ahora no quiero pensar en eso, solo en nosotros dos, lo demás no me interesa.

-No puedo - su voz temblaba - él me ama, no merece que yo le haga esto.

-Yo también te amo - hice que clavara su mirada en la mía - y eso no parece importarte.

-Cada quien ha hecho su vida,

  • repuso - y es mejor seguir así, cada uno por su lado.

-Solo hasta que cases - no sabía porque estaba diciendo eso - en cuanto tú des el sí, yo me haré a un lado.

-¿Eres sadomasoquista? - pregunto con un hilo de voz.

-Un poco, - admití - pero dame esos dos meses, para estar a tu lado, y como ya dije en cuanto te cases, no volveré a buscarte.

-Cuando te deje ir, será un infierno - parecía que ya estaba aceptando - pero tu ganas, solo estos dos meses, en cuanto yo llegue al altar con él, tu dejarás de buscarme.

-Es un trato - en ese momento por fin pude besarla.

Sus labios seguían siendo mi adicción, creo que esto de salir era una pésima idea, pero eso al corazón no le importaba, solo quería sentirla, sin importar, lo que vendría con la separación, ella tenía razón, cuando tuviera que dejarla ir, volvería el infierno de hace siete años, no había duda, que ambos éramos sadomasoquistas, que nos gustaba sufrir.

 Stefan

Capitulo dedicado a:

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