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Inuyasha: Viaje al pasado — capítulo 11

Si le hubiesen dicho que los cerdos volaban y que eran verdes le habría sorprendido menos. ¿Qué había dicho? Seguramente no había escuchado bien, porque Inuyasha jamás diría algo así. Pero él se había callado en mitad de la frase y su sonrojo le dio a entender que había escuchado exactamente lo que había dicho. No. No lo había dicho, ¡lo había gritado! Y ahora se encontraba en un gran dilema, porque no sabía que decirle al chico. Porque no se había planteado nunca el tener que decir nada a Inuyasha si se le escapaba…

Un momento.

¿Qué se le había escapado exactamente? Que… Oh, sí, que quería besarla. Y si quería besarla era porque algo, aunque sea una pequeña parte, quería algo con ella. ¿Le gustaba? No lo sabía, pero si no le gustara no querría besarla. Y él había dicho que quería besarla. Más bien había dicho que si alguien tenía que besarla tenía que ser…

Si.

Exactamente era eso lo que iba a decir luego.

Él.

¡Por dios! Pensó Kagome poniéndose aun más roja, Inuyasha quería besarla. Esa era la mejor noticia que había dicho el chico en mucho, mucho tiempo.

-Em… quería decir… -empezó a tartamudear sin mirar a la joven a los ojos. Kagome se alertó en esos momentos al comprender que iba aecharse atrás.

-Ni se te ocurra… -dijo con los nervios a flor de piel. -…decir nada más… -Inuyasha miró a la chica algo confuso. ¿Qué no dijese nada más? Estaba enfadada. ¡Claro que estaba enfadada! Le había dicho, o mejor dicho, le había gritado que no podía besarla nadie más que no fuese él. Kagome no era una mujer que aceptara ordenes, y sabía muy bien que se enfadaba cada vez que le preguntaba por ella y Kouga. Una vez le dijo que estaría a su lado, y en cierto modo le confesó… ¿Qué le quería?

Pero ahora parecía enfadada. Ella no quería nada con él. Estaba seguro que alguien como ella nunca aceptaría que alguien como él la besara. Y él no podía estar cerca de ella sin desearlo. Y saber que alguien había probado esos labios, que alguien había podido hacerlo antes que él… Dios, no podía describir como se sentía con solo pensarlo. Su sangre hervía y deseaba despellejar a quien osara tocarla.

-¿Porque te llamas como él? -preguntó una voz detrás de la pareja. Shesshomaru, que se había pasado un buen rato pensando en todo lo que había pasado, se sorprendió mucho al comprender que no había imaginado el nombre. La humana había llamado realmente a su compañero… Inuyasha.

En cuanto Shesshomaru formuló esa pregunta, Kagome se tornó tan pálida que habría pasado desapercibida con las nubes del cielo. La exclamación de Inuyasha le había desconcertado tanto que había olvidado que había metido la pata… otra vez…

¿Por qué no podía mantener la maldita boca cerrada? Se reprochó. Se suponía que ella más que nadie tenía que saber conservar la compostura y evitar que nada fuera de lugar se le escapara. ¡Joder! Como si fuese la primera vez que viajaba en el tiempo. Había ido 500 años atrás en el tiempo y tendría que saber cómo mantenerse al margen.

¿Pero que decía? Si desde que había conocido a Inuyasha no había pasado por alto nadie que era una mujer extraña y de otro mundo. Tal vez por eso no podía evitar meter la pata cada dos por tres.

-Veras… es una historia muy larga… -dijo intentando decir algo coherente. Inuyasha, que al parecer había dejado de lado la conversación anterior, se cruzó de brazos y miró a Kagome con el ceño fruncido.

-¿Porque tienes que meter siempre la pata, eh?

¿Cómo se atrevía? ¿Después de lo que le había gritado y el numerito que había montado?

-Ni te atrevas a echarme a mí la culpa. ¡No soy yo quien se ha estado poniendo en evidencia todo este rato! Y si hablamos de meter la pata… explícame que querías decir exactamente con lo que has dicho antes… ¡porque si no pretendías decirlo siento decirte que esta vez has sido tú quien ha metido la pata! -le gritó. Shesshomaru empezaba a perder la paciencia. Estaba claro que la mujer estaba totalmente enamorada de ese palurdo y que hiciese lo que hiciese no podía hacer nada contra eso. Solo hacía falta ver como la preocupación había teñido sus preciosos ojos azulados cuando le atacó, y el sonrojo y la sonrisa casi imperceptible cuando le había confesado sin querer que el joven deseaba besarla y probablemente estaba tan enamorado de ella como ella de él.

No solía codiciar nada, y ella era una de las pocas cosas que habría querido. Pero al parecer, si algo sabía de los humanos es que una vez entregaban el corazón ya no volvían para recogerlo. Y que muchas veces ese era el motivo de la muerte de mucha gente.

En ese momento se recordó y se prometió que lo recordaría siempre; el amor era para estúpidos y débiles, y él no era ni una cosa ni la otra.

Shesshomaru se acercó a Kagome mientras Inuyasha seguía petrificado ante lo que había dicho la joven y el no saber que responder a eso. Cogió a la joven del brazo y la acercó a él de forma brusca.

-¡No me vengas con estupideces humana! Me gustas, pero no soy tu juguete, me vas a contar todo ahora mismo si no quieres que te despelleje. -la amenaza tubo sus claras consecuencias. El grito que dio ante el agarre fue suficiente para poder alertar a Inuyasha. Aun así Shesshomaru reaccionó más deprisa poniendo a la joven detrás de él y empujando al medio demonio lejos de ellos.

-Shesshomaru, esto es difícil de explicar. ¿No podrías pasarlo por alto y dejarnos marchar? -dijo esperanzada. Aunque la cara que le estaba mostrando dejaba bastante a las claras que la respuesta era negativa, Kagome logró esbozar una sonrisa. Inuyasha, que intentaba volver donde estaban Shesshomaru y Kagome, fue interrumpido por la joven, que intentaba a toda costa ganarse un poco de confianza de Shesshomaru. Algo, que en opinión de Kagome, era casi imposible. - ¡Siéntate! -exclamó. Acto seguido el mitad demonio cayó al suelo con un fuerte golpe.

-¿Es necesario que responda? -dijo Shesshomaru. Kagome bajó la mirada con una pequeña risa nerviosa.

-No… claro… -murmuró mas para sí que para él. Volvió a alzar la cabeza ahora con una mirada más dulce. - ¿Pero porque perder el tiempo con explicaciones sin importancia? -si no funcionaba la fuerza o la persuasión… probaría algo que nunca había hecho, y que seguramente la haría hacer el ridículo… la seducción.

Con una mano retiró su agarre suavemente mientras mantenía el contacto visual. Se acercó un poco más hacia él y colocó ambos brazos en sus hombros.

-Veras… ¿Es posible… que prefieras que utilice mi boca para otra cosa que no sea dar una explicación? -vale. Lo había dicho. Lo más vergonzoso y atrevido que jamás había dicho nunca. Algo que seguramente, si no hubiese estado en un lio tan grande, se habría vuelto de un color escarlata realmente llamativo. Inuyasha se había levantado y veía la escena de un modo algo extraño. Tal vez se había quedado en estado de Sock, porque no respondía y se había quedado totalmente estático.

Cuando se dio cuenta de que Shesshomaru había picado el anzuelo y que se aproximaba de nuevo a ella para besarla fingió acercarse a él para recibir el beso gustosamente. Pero justo antes de que sus labios rozaran los suyos y haber comprobado que Inuyasha no iba a interponerse, pues seguía paralizado en el mismo sitio que antes, le atestó un rodillazo en sus partes nobles.

Lo había pensado mucho antes de hacerlo, pues solo tendría una oportunidad. No sabía si un demonio podía tener una debilidad como esa, como todos los hombres, pero aun así no sabía que más hacer para alejarse de él y salir corriendo para escapar. Al parecer, demonio o humano había algo que todos los seres tenían entre las piernas y que si le dabas un buen golpe la única reacción posible era el dolor.

Con un aullido de autentica agonía, Shesshomaru se dobló por la mitad y cayó al suelo. Sin pensarlo dos veces, Kagome se apartó de él apresuradamente y corrió hacia un desorientado Inuyasha.

-¡Vamos! ¡Muévete, no tenemos mucho tiempo hasta que se recupere! -gritó mientras cogía a Inuyasha de la mano y lo instaba a correr. No tardó mucho en reaccionar, pues la cogió en volandas y sabiendo que no tenían otra opción para salir de esta hizo algo que nunca había hecho;

Salir corriendo.