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Inuyasha: Viaje al pasado — capítulo 12
No podía creer que hubiese hecho eso. Simplemente no podía creer que la dulce Kagome hubiese seducido a un demonio como Shesshomaru para luego atestarle un buen golpe que lo dejó fuera de combate.
Realmente no conocía a esa Kagome. O probablemente no la conocía tan bien como pensaba.
Seguía corriendo con la chica en brazos a sabiendas que Shesshomaru no tardaría en seguirles el paso completamente furioso. Estaba claro que después de lo que la joven había hecho no iba a sentirse precisamente complacido. Joder, sabía perfectamente cuan doloroso era eso que ella le había hecho y a demás le había dado con toda la fuerza de lo que era capaz, cosa que en un humano cualquiera seguramente le habría dejado estéril. En un demonio le haría, simplemente, mucho, mucho daño.
Kagome, que iba agarrada al cuello del medio demonio, no paraba de mirar hacia atrás a la espera de encontrar un demonio furioso pisándoles los talones. Al parecer el golpe había sido más fuerte de lo que había pensado, pues el joven demonio no se le veía ni a lo lejos.
Inuyasha siguió dando brincos hasta llegar a un lago. Seguidamente lo atravesó y paró justo detrás de unas rocas. Kagome entendió perfectamente porque había esperado llegar hasta allí para detenerse. El agua borraría su rastro completamente y Shesshomaru no podría encontrarles. Aún así, el demonio era bastante astuto, y si encontraba un lago, sabiendo cómo había adivinado que el pequeño inuyasha se escondería detrás de ese montón de… lo que fuera,seguramente buscaría a los alrededores esperando encontrarles allí.
Depositó a la joven al suelo sin muchos miramientos para luego empezar a dar vueltas como un león enjaulado.
-¡Tú! ¡Tú estás loca! -dijo visiblemente fuera de sí. Kagome lo observaba sentada en el suelo, donde había caído, sin inmutarse. -Como se te ocurre hacer… Dios… ni siquiera me veo capaz de decirlo… -decía rojo como un tomate y al parecer… ¿hiperventilando? Nunca, y cuando Kagome decía nunca era nunca, había visto a Inuyasha tan alarmado.
-Me pareció una buena solución… No iba a dejarnos ir de rositas precisamente… -dijo ella sin perder la calma. Inuyasha la miró con los ojos casi saliéndose de sus órbitas.
-¿Te pareció una buena solución? -dijo casi gritando. - ¡Kagome, a quien no iba a dejar ir de rositas era a ti! Prácticamente él ya te imaginaba en su… -se detuvo sin poder evitarlo. Kagome, esta vez sorprendida por sus palabras, dejó la boca completamente abierta amenazando con que algún insecto entrara en ella. ¿Iba a decir en su cama? O donde fuera que los demonios hicieran esas cosas… ¿De verdad creía que el demonio había pensado en ella en esos términos?
-¿Y tu como sabes eso? Por dios, Inuyasha, solo me ha besado. ¡No hay para tanto, no es necesario exagerar!
-¿Exagerar? ¿Acaso no has visto como te miraba? Si no llego a venir en ese momento seguramente… -Kagome intentó no imaginarse que era lo que seguía a esa frase. Lo intentó con todas sus fuerzas pero…
-Aunque fuese así, ¿crees que me habría dejado?
-No parecía que te disgustara que te besara… -dijo receloso. Kagome empezó a ponerse totalmente roja, esta vez de furia. ¿Cómo se atrevía?
Se levantó de donde estaba y le encaró dejando entre ellos unos pocos centímetros. Inuyasha no pudo evitar mirar sus labios levemente prietos por la rabia y la ira y pensó que si esa hubiese sido otra situación seguramente no habría podido contener las ganas de besarla. Olía tan bien…
-¡Eres insufrible! -gritó. -¿Cómo te atreves a decir o insinuar siquiera que yo… que yo podría…? -las lagrimas habían empezado a acumularse en sus ojos y una solitaria lágrima cayó por su mejilla. - ¿Es esa la opinión que tienes de mi?
-Yo… yo no… -dijo arrepentido y triste por haberla hecho llorar.
-¿Tú no qué? -gritó. - ¡Porque la manera que tienes de hacer con lo de Kouga o, ahora con Shesshomaru, parece que creas que soy una cualquiera que va con el primero que se le presenta!
-¡Yo no he dicho eso! -dijo ofendido. ¿Cómo iba a pensar eso de su dulce Kagome?
-¿A no? ¿Entonces porque te comportas siempre así? ¿Por qué supones que porque me haya besado yo lo tuviese que desear o que me guste que Kouga esté encaprichado conmigo? -Inuyasha se quedó callado mientras veía como las lágrimas surcaban el rostro de la joven. Ella le miró esperando por fin una respuesta… que no llegó. Cansada con eso y con todo, disgustada por lo que creía que el joven medio demonio pensaba de ella y enfadada consigo misma por llorar y dejar que viera lo débil que era, se dio media vuelta dispuesta a alejarse de él.
-¿Dónde vas? -preguntó nervioso. Kagome se dio la vuelta, le dedicó solo una mirada de decepción y se volvió de nuevo. -¿Por qué me obligas a decirlo, eh Kagome? -dijo gritando. Al ver que ella seguía su camino se vio entre la espada y la pared. No quería que sufriera más y si esa era la única forma de que ella se diera la vuelta y dejara de ponerse en peligro… entonces… entonces él… -¡Porque me dan celos, vale! -gritó. Kagome se quedó totalmente estática en el lugar sin mover un solo músculo. - ¡Porque no soporto que te toque, ni siquiera que te mire, no me gusta que diga que está enamorado de ti porque tal vez te acabes enamorando de él y te olvides de mí! ¡Porque quiero que seas solo mía! ¡Porque soy egoísta contigo y no quiero compartirte! ¡Porque te quiero!, ¿vale?
Se quedó totalmente quieta. Seguramente aunque lo hubiese querido no habría podido mover un solo músculo, pues todas sus fuerzas habían ido directas a su cerebro para poder asimilar lo que el joven le había dicho… o más bien gritado. Los ojos azules de la joven estaban extremadamente abiertos y no podían apartarse de los del medio demonio. Seguramente, pensó, en esos momentos estaría a punto de sonar el despertador que daba inicio a un nuevo y fastidioso día en su mundo. Completamente lejos de él y de lo mucho que desearía que pronunciara esas palabras.
Tan convencida estaba de ello que esperó. Y esperó. Pero el maldito despertador no sonaba, lo cual dejaba como alternativa que se lo había olvidado y probablemente llegaría tarde a clase.
Porque decididamente no podía ser más que un sueño, un bellísimo sueño. Inuyasha no podía haberle gritado todas esas maravillosas palabras que tanto había deseado oír. Simplemente el medio demonio nunca iba a decir nada que deseara oír.
Así que no era de extrañar ver como Kagome se quedaba plantada en mitad de su trayecto entre irse y quedarse completamente pasmada y a la espera de algo que suponía que pasaría pero que en realidad no iba a pasar.
Por su lado, pero, Inuyasha estaba impaciente, avergonzado, nervioso y por si fuera poco empezaba a temer su posible respuesta. Estupendo, se dijo, ¿ahora qué? Le había dicho todo lo que pensaba, todo lo que sentía. Le había abierto el corazón de par en par y lo único de lo que ella era capaz era de quedarse totalmente quieta en su sitio con los ojos exageradamente abiertos. Su boca parecía no poder moverse ni siquiera para respirar. Con un simple suspiro le habría bastado en esos momentos, ¡pero no! Kagome no iba a hacer nada de eso. Es más, no iba a hacer nada. ¿De eso había servido decir lo que sentía?
"Bueno, al menos he conseguido que se detuviese." Pensó la parte más positiva del recóndito lugar donde Inuyasha la guardaba.
"Si…. Pero a qué precio…". Dijo la voz contradictoria de su interior algo enfadada consigo misma.
Cuando creía que iba a morir de la impaciencia y que Kagome iba a convertirse permanentemente en una estatua, la joven logró decir algo. Algo que sin duda no era lo que esperaba oír en un momento como ese.
-Tenemos… tenemos que irnos… -dijo con apenas voz. Los ojos de Inuysasha la miraron de arriba abajo intentando asimilar las primeras palabras después de lo que él había confesado. Seguramente no había escuchado bien...
-¿Qué? -dijo. Y por primera vez en mucho tiempo se sintió estúpido. Teóricamente era un medio demonio perro por el simple hecho de tener el privilegio de no tener que decir nunca "que". Pero ahí estaba, preguntando esa tan conocida pregunta de "¿me puedes repetir lo que has dicho?" de forma tan breve y simple.
Y se hubiese sentido menos estúpido si ella se hubiese quedado callada. Pero no. Kagome tuvo que repetirle esa maldita frase. Aunque claro, todo hay que decirlo, algo más extensa.
-Que tenemos… tenemos que irnos… o Shesshomaru nos volverá a atacar… -dijo nerviosamente. - Y ya sabes. No podemos matarle o cambiaremos muchas cosas del futuro y… -Inuyasha ya un poco hartó de que evadiera lo que le había costado tanto decirle, porque estaba claro que intentaba cambiar de tema, empezó a acercarse hacia donde estaba la chica. -Bueno, que no podemos meternos en más líos. Ya se… soy yo la que mete siempre la pata, pero… -y seguía diciendo estupideces. ¿Porque decía estupideces? Se preguntó. ¿Cuántas veces había soñado con ese momento? Tantas que no podía ni contarlas… entonces… ¿porque parecía que estaba cambiando el tema que tanto había deseado que él empezara? -Bueno ahora lo voy a solucionar y… -y él ya estaba prácticamente delante de ella. -…y… -y no se le ocurría que más decir. Y aunque se le hubiese ocurrido no habría podido articular una sola palabra. ¿Cuándo había estado él tan cerca de ella?
-Deja de cambiar de tema, Kagome. -y… ¿desde cuando él era tan directo? Al parecer el titubeo y el nerviosismo de Kagome hicieron que él tomara el valor suficiente para poder hacer algo útil. Y ese "algo útil" era precisamente lo que Kagome no se había atrevido a preguntar. - ¿No eras tú quien insistía en que te dijese porque actuaba siempre así con Kouga o con, ahora, Shesshomaru? -un paso hacia delante quedando a escasos centímetros de ella lograron erizarle los pelos de la nuca.
-Sí pero…
-¿Y no eras tú quien me ha obligado a decirte todo eso? -otro paso más.
-Yo… -titubeó. Sus cuerpos quedaron a milímetros pero sin tocarse mutuamente. La cabeza del joven quedó a escasos centímetros de la de Kagome, la cual la tenía un poco vuelta hacia arriba para poder mirarle a los hermosos ojos dorados.
-¿Entonces porque empiezas con todas esas tonterías cuando sabes perfectamente que espero otro tipo de repuesta? -espera un momento, ¿estaba siendo…lógico? Al parecer la única inmadura en esos momentos era ella.
Avergonzada agachó la cabeza dispuesta a no mirarle más a la cara. Estaba claro que si bien había descubierto que existía un inuyasha educado y tierno, también había uno decidido y maduro debajo de esa fachada de inmadurez.
Una mano logro llegar hasta su mentón y con mucha delicadeza alzó la cabeza de la joven. Las mejillas de Kagome parecían dos pequeños farolillos encendidos mientras que él parecía totalmente tranquilo. Queriendo escapar de esa situación sin saber exactamente porque, pues deseaba esa situación tanto que se maldecía interiormente por el hecho de que su cuerpo y su mente intentaran huir de allí. ¿Qué demonios le ocurría?
-¡Pues... porque no son tonterías! No estamos en una muy buena situación que digamos. Estamos dando vueltas por el pasado sin saber exactamente porque… -bien había encontrado un tema seguro. -Y te recuerdo que tenemos un demonio furioso que, además no podemos matar y eso que yo sepa no son tonterías. Estamos en un buen aprieto y… -y no pudo seguir.
La lógica había dado paso a la acción y por primera vez vio como Inuyasha usaba esa boca suya para algo más útil que las palabras para hacerla callar.
Pues, aunque eso si parecía un sueño y era totalmente irreal, el joven medio demonio había optado por callar sus protestas sellando sus labios con los de ella en un apasionado beso.
Los ojos de la joven se abrieron a más no poder al comprender lo que estaba pasando.
Inuyasha la estaba… ¿besando?