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Inuyasha: Viaje al pasado — capítulo 13

No le correspondió.

Él había dado el paso más difícil e impulsivo de toda su vida pero… pero ella se quedó completamente pasmada sin moverse un solo milímetro.

No sabía exactamente cuánto tiempo había estado besándola, pero se separó de ella tan rápido como se había acercado y la miró con los ojos teñidos por el temor.

La joven le miraba con los ojos como platos y había dejado los labios entreabiertos y algo húmedos por el beso. Ni siquiera se atrevía a parpadear.

Y sin más, Kagome dijo algo que sorprendió enormemente al medio demonio.

-Siéntate… -y aunque solo fue un murmullo la consecuencia del conjuro provocó un fuerte golpe contra el suelo.

Inuyasha se levantó en cuanto pudo totalmente enfadado. ¿Cómo podía haberle hecho eso después… después…?

-¿Estás loca? -gritó completamente lleno de musgo. Kagome parpadeo y sin ser apenas consciente de lo que hacía le tocó la cara con las dos manos y le estiro las mejillas.

-¿Esto… es real? -murmuró. Inuyasha se la quitó de encima completamente rojo de la ira y volvió a adoptar esa posición suya de total inmadurez.

-¡Cla…claro que es real! ¿Es que te has vuelto del todo loca? ¿Cómo se supone que debía hacerlo para que la señorita no me enviara al… suelo? -el rostro de Kagome empezó a volverse de color carmesí a cada segundo que pasaba.

-¡Pues… pues no se! ¡Y no te enfades, me has sorprendido! -gritó a la defensiva.

-¿Qué te he sorprendido? ¡Vamos! ¡Ya lo sabías! -dijo girándose para no encararla. Kagome se quedó con la boca colgando en total desconcierto.

-¿Qué ya lo sabía? ¿Se puede saber de qué forma tenía que saberlo? Por lo que yo tenía entendido a la que habías querido y querías no era precisamente… bueno… quiero decir… -¿cómo le decía todo lo que había estado pensando durante todo ese tiempo? Si lo decía tan libremente sabría lo celosa y dolida que siempre había estado por su culpa. Aunque tampoco era precisamente un secreto… -¡Ya sabes a quien me refiero!

Inuyasha se volvió a encararla de nuevo al ver el rumbo que había tomado la conversación.

-¡Oye! ¡Hace mucho tiempo que de la única que me preocupo es de ti! ¡Y sé que al principio pareció… tal vez al principio yo… pero eso ya no importa!

-¿Cómo que no importa? ¿Kikyo no importa? -genial Kagome, se reprochó, ¡has tenido que decirlo!

-Importa mucho. -y con eso volvió a romperse algo dentro de la joven. ¿Qué esperaba que dijese? ¿Qué no importaba?

Sin esperar que las lágrimas salieran y echara a perder todo el esfuerzo de aguantarlas durante tanto tiempo para que él no se diera cuenta, se dio la vuelta y se dispuso a irse. Lo que había estado intentado hacer antes de que él… la parara.

-Kagome… nadie me había aceptado nunca.

Los pasos de la joven se detuvieron involuntariamente. Le dolía oírlo pero… ¡Maldita sea! Quería saberlo.

-¿Has… has dicho que me quieres… porque sabes que yo soy ella? -ahí estaba la pregunta. Esa que la había carcomido durante más tiempo del que llegaba a recordar.

-El alma… sé que es la misma. El carácter, la personalidad… es distinta. No eres la misma mujer de la que creía haberme enamorado… -más lágrimas surcaron su rostro. Oírlo de su boca era peor de lo que había imaginado. -…pero… eres la mujer que amo.

La joven abrió los ojos completamente dejando que las lágrimas salieran y cayeran al suelo.

-Kagome… -dio un paso hacia ella. -Kikyo fue la única que me trato diferente en ese entonces. Y eso es algo que nunca olvidare y tendré siempre en mi corazón. Fue una buena compañera y amiga, consiguió que mi confianza en mí mismo volviera. Pero alguien me dijo una vez que no debía cambiar nunca por nadie, que quien me quisiera tenía que hacerlo por lo que soy; demonio y humano. -Kagome se giró sorprendida. ¿Sabría él que era precisamente ella quien se lo había dicho? -Kikyo no supo quererme así. La única que me ha aceptado por ambos… es la única que he llegado a amar.

-¿No… la amas? -consiguió decir.

-La quiero. Mucho. Pero nunca la he amado. Mi madre…me dijo una vez que podías querer a mucha gente… pero que solo había una a la que podías amar. -Kagome no pudo resistir más el impulso y se tiró encima del joven. Le abrazó con tanta fuerza que llegó a tirarle al suelo cayendo ambos encima de todo el musgo que había en el lugar. Aunque más bien fue por la sorpresa que por la fuerza, pues la joven no pesaba demasiado.

Sin esperar más levantó la cabeza y le besó con todas las ganas que había estado reservando hasta ese momento. Y habría seguido de no ser porque inuyasha se separó de ella abruptamente.

Kagome le miró extrañada.

-¿Qué pasa…?

-¿Quiere decir eso… que… sientes lo mismo? -dijo con un extraño deje en los ojos del medio demonio. Kagome se echó a reír sin poder evitarlo. ¿En serio se lo estaba preguntando? -No tiene gracia Kagome.

-Oh, sí. Sí que la tiene. -dijo mirándole a los ojos. - ¿Por eso te habías enfadado? ¿Creías que no te correspondía?

-No me correspondías. Te he… besado… y tu…

-Tonto… -inuyasha la miró con el ceño fruncido dispuesto a protestar. Pero Kagome lo calló con sus labios. -Tendrías que saber de sobras lo que siento por ti. Nunca he tratado de ocultarlo.

-No lo creo…

-¿No? ¿Qué es lo que quieres, Inuyasha? -preguntó divertida al comprender lo que el joven quería. Él retiró la mirada y se puso en su típica posición de no querer cooperar. - ¿No te he dicho lo que querías escuchar?

-jmmm… -murmuró. El sonido no era exactamente un sí, ni siquiera una protesta, pero consiguió hacerla reír de nuevo. - ¡Deja de reírte!

-Perdona… es… curioso.

-¿El qué? -dijo mirándola.

-Pues que estés esperando exactamente lo que yo había esperado durante mucho tiempo oírte decir. ¿Porque lo que quieres… es que lo diga verdad?

-¡Haz lo que quieras! -dijo desviando la mirada de nuevo. Ella le miró y sonrió de medio lado mientras se separaba un poco de él y se quedaba sentada encima con los brazos cruzados.

-Muy bien. -dijo también mirando hacia otro lado. Inuyasha iba a protestar, pero algo que no esperaba ninguno de los dos les impidió seguir con la conversación.

El rostro de ambos quedó completamente rojo mientras Inuyasha la depositaba de nuevo en el suelo tan rápido como pudo para levantarse él después alejándose de ella y dándole la espalda.

Nunca habría llegado a sospechar que Inusyahsa… que él… pudiese reaccionar de ese modo con ella. Que ella… pudiera causarle… ese tipo de reacciones…

La acalorada discusión había activado una parte del joven que desconocía por completo, y aunque no estaba dispuesta a admitirlo también una parte desconocida de ella misma…

-Deberíamos… irnos… -logró decir Kagome. Inuyasha asintió con la cabeza sin voltearse todavía. Por alguna extraña razón Shesshomaru no les había seguido, y algo en todo aquello no pintaba bien.

Sin siquiera mirarse anduvieron uno al lado del otro intentando salir de su pequeño escondrijo detrás de la cascada. Inuyasha fue el primero en salir comprobando que no hubiese ningún otro percance. Luego ayudó a la joven a bajar y le ofreció la espalda para que subiera y se pudieran marchar. Algo realmente estúpido, pues no sabían exactamente donde tenían que ir.

-¿Y… ahora qué? -como si esa pregunta hubiese sido algún tipo de señal la figura de alguien muy conocido apareció de entre los árboles.

Inuyasha cogió a la chica fuertemente para que no se cayera antes de ponerse en posición para salir corriendo en cuanto fuese necesario. Si algo tenía claro era que antes prefería huir y ponerla a salvo a qué la hiriesen.

-Al fin salís. Sabes muchacha… esto que has hecho no ha estado nada bien… Vas a lamentarlo. -un Shesshomaru completamente furioso se abalanzó hacia la pareja para atacar. Inuyasha salió corriendo con Kagome a cuestas como alma que lleva el diablo. No iba a permitir que la tocase un solo pelo de nuevo. Porque si lo hacía no iba a responsabilizarse de las consecuencias.

-¿Por qué has tenido que enfurecerle? -le reprochó.

-¡Perdona por haber salvado el futuro al intentar que no le mataras! -se defendió.

-¿Tenías que "seducirle" para luego darle una patada en sus partes nobles para ello? -Kagome miró hacia atrás viendo como tenían a Shesshomaru pegado a sus talones. Si no corrían mas… dentro de poco…

-¡Nos alcanzará! -gritó. Inusyahsa gruñó por lo bajo.

-Ya lo sé…

Lo que pasó a continuación fue tan rápido que Kagome no tuvo tiempo ni de asimilarlo. Inuyasha, sin detener el paso, cogió a Kagome cambiando su posición a la delantera y la cubrió con ambos brazos. Shesshomaru acababa de atacar y le había rasgado toda la espalda al medio demonio haciendo jirones el traje rojo que siempre usaba.

Al mismo tiempo, esa pequeña brisa volvió a surgir dejándolo todo oscuro y alejándoles de una muerte casi segura. Kagome ahogó una pequeña exclamación cuando le pasó la mano por la espalda y comprobó con horror que se le había mojado toda la mano.

Sangre.

Estaba herido.

Por su culpa.

La oscuridad y su cercanía les transportó a otro lugar, esta vez a ambos. Un lugar que pareció decir a las claras algo que Inuyasha sabía debía hablar con la joven.

Kagome tenía un problema muy serio pendiente.

Un problema… que seguramente le traería recuerdos que desearía no volver a recordar.