← Inuyasha: Viaje al pasado · de
Inuyasha: Viaje al pasado — capítulo 14
La lluvia que cayó sobre ellos fue tan inmediata que no supieron cómo reaccionar. Les empapó completamente pegando cada cabello y cada prenda de ropa a la piel como el pegamento. Los truenos hicieron reaccionar a Kagome en seguida con un escalofrío que provocó que olvidara por completo lo que hacía unos momentos la tenía preocupada, y que dio a entender a Inuyasha que tenía frio. Así que se quitó la parte de arriba de su traje rojo para cubrir a Kagome. Un acto aunque inútil, dado que tanto la chica como la prenda estaban ya completamente mojadas, era muy tierno.
-Gracias… pero creo que no me servirá de mucho… -dijo la joven riendo. -Esta empapado…
Inuyasha la miró encarando una ceja como si hubiese dicho la mayor tontería jamás dicha.
-Kagome… ¿no recuerdas lo que te dije sobre este traje? Ni siquiera puede quemarse con el fuego más ardiente, y es mucho mejor que un escudo.
-Cierto, pero parece ser que no es inmune a la lluvia. Y puesto que no estamos en un combate… -el joven le arrebató el traje mientras la miraba con el ceño fruncido. Desde que habían aparecido en ese lugar no había reparado en nada más, pero ahora que empezaba a ser consciente de todo se daba cuenta de que algo no iba bien.
Y justo cuando iba a protestar cayó al suelo de rodillas sin poder remediarlo. Kagome, que se había molestado en un primer momento por la brusquedad de su acto, se agachó precipitadamente para comprobar lo que ya había tenido una pequeña sospecha cuando la oscuridad les invadió.
Estaba herido.
Y como siempre no le había dicho nada. Había aguantado el dolor y ella había olvidado que creía que estaba herido.
¿Por qué? La respuesta era muy sencilla; la tormenta.
-¡Inuyasha! ¡Dios mío, estas sangrando mucho! ¿Cómo no me he fijado antes? -dijo culpándose por su descuido.
-No… no es nada. -dijo intentando quitarle hierro al asunto. Kagome le miró con una sonrisa preocupada mientras se le llenaban los ojos de lágrimas.
-¿Con que… era mejor que un escudo? -dijo intentando bromear con él, aunque lo que realmente le salió fue un pequeño murmullo preocupado.
-No se te da bien… bromear, Kagome… -dijo entre quejidos. La herida era muy profunda, y anquen la lluvia se llevaba parte de la sangre por lo cual no había alarmado a Kagome hasta que este cayó al suelo, una vez allí ya no podía ocultar la cantidad de sangre que estaba perdiendo. Y la joven tampoco podía ocultar la preocupación que sentía por el muchacho.
-Vamos… Tenemos que retirarnos de aquí y curarte esa herida antes de que… pierdas más sangre. -dijo intentando levantar al joven del suelo. Inuyasha hizo un esfuerzo por levantarse y facilitarle la tarea a la muchacha.
Llegaron a una pequeña cabaña de madera a unos pocos metros de una casa bastante grande que Kagome reconoció enseguida. Aun así se negó a detenerse para sorprenderse mientras Inuyasha siguiese herido.
Entraron en el interior de la cabaña al ver que esta estaba abierta. Kagome sabía perfectamente porque lo estaba, ese era el trastero de la casa, y puesto que era una propiedad privada nunca la cerraban. A demás de que ella solía jugar allí, y encontraban una tontería cerrarla para volver a abrirla al poco rato.
Recordaba que había un montoncito con mantas en una esquina, así que acompañó a Inuyasha hacia ellas ycon cuidado le ayudó a quedarse de espaldas sobre las mantas dejando que la herida reposara sin que nada la presionara.
Con cuidado retiró la prenda anteriormente blanca, ahora roja, que había quedado a jirones y descubrió la herida ahogando una exclamación de horror ante lo que sus ojos veían.
-No hace falta que lo reprimas… se que está bastante mal. Pero se curara en un momento… solo deja… -pero Kagome ya se había sacado su jersey y lo había hecho girones para taponar la herida.
-¿Ka…kagome… que… que haces?
-Es de algodón, y está bastante más limpia que cualquier otra prenda que esté aquí. Esto es culpa mía, es justo que intente curarte lo mejor que sepa.
-¿Qué es de qué? -dijo girando la cabeza hacia la joven y sonrojándose al acto al verla en sostén. Volvió a girar la mirada antes de volver a hablar. -Y… ¿hace falta que te quites el jersey para eso?
Kagome le miró encarando una ceja mientras ponía los jirones en los que había convertido su jersey para cubrir la herida.
-¿Por qué? ¿Te molesta? -dijo la joven algo divertida. El joven gruño por lo bajo provocando que la joven riera lo suficientemente fuerte como para que Inuyasha volviera a gruñir.
Le vendó la herida con sumo cuidado y sujetó las, ahora, vendas con un poco de esparadrapo que había encontrado en uno de los cajones.
El chico se levantó sin muchos miramientos y se quedó sentado sin atreverse a mirar a Kagome todavía. A pesar de que la joven se había puesto un jersey viejo que había encontrado mientras buscaba algo para sujetar la venda de la herida, el joven seguía rojo y sin mirarla.
Pero Kagome se dio cuenta de que ese sonrojo en el muchacho no era demasiado normal, por esa razón no era de extrañar que su mano se situara en su frente para comprobar algo que ya sabía.
-Tienes fiebre. -sentenció.
Entonces él la miró por fin, aunque con una mirada que decía a las claras que se había vuelto loca.
-Eso no puede ser… ¡yo no soy un débil humano que tiene fiebre! -dijo algo enfadado.
Pero Kagome le ignoró le obligó a quitarse la ropa como pudo y sin mirar nada y luego le tapo con todas las mantas que encontró.
El joven se había quedado de una pieza ante el atrevimiento de la joven, y seguramente le habría desnudado completamente de no ser porque al ver sus intenciones lo hizo el mismo.
-Primero te quitas el jersey y luego intentas desnudarme… Kagome… creo que deberías dejar de aprender de Miroku. -dijo tapado con las mantas y con las mejillas totalmente rojas.
Seguramente si no hubiese estado herido se habría ganado un siéntate de muy buena gana. Pero lo estaba y lo único que pudo hacer fue mirarle con el rostro encendido y completamente colérico.
-¡Me he quitado el jersey para vendarte la herida y te he desnudado para que no cogieras frio y te bajase la fiebre! ¡Así que dado lo ocurrido… no sé quien es quien debería dejar de aprender de Miroku…!
Inuyasha no dijo nada ante eso y cerró la boca tan rápido como la había abierto. La joven tenía razón, era él el mal pensado. El que no había podido dejar de pensar en ese momento, cuando ella estaba encima de él. El que le había confesado todo lo que sentía por ella.Y el que no había obtenido respuesta alguna. Tal vez fuese verdad que las indirectas no eran lo suyo… pero necesitaba oír las palabras.
Pasaron un rato sin hablar mientras Kagome se levantaba de vez en cuando para ponerle un paño de agua fría sobre la frente intentando bajarle la fiebre. Por una vez, se dejó hacer. No porque no quisiera impedírselo, porque realmente lo habría hecho, pero no podía. Simplemente era incapaz de hacer nada para que la joven dejara de frotar con suavidad su rostro con ese paño mojado, incapaz de hacer que esa mirada desapareciese de su lado.
Y fue en uno de esos momentos en los que el joven le salió las palabras para poder exteriorizar lo que sentía.
-¿Qué sientes por mí, Kagome? -dijo seriamente y mirando las mantas que cubrían su cuerpo.
Kagome detuvo su tarea de golpe y le miró extrañada.
-¿Por qué preguntas eso? -Inuyasha levantó la mirada encarándola por fin.
-¡Porque yo te he dicho lo que siento, Kagome! ¿Sabes cuánto me ha costado decírtelo?
Kagome le miró sin pestañear con una mirada difícil de descifrar. La verdad es que la joven no entendía porque le resultaba difícil decirle lo que sentía con todas las palabras, al fin y al cabo llevaba mucho tiempo queriéndoselo decir. Aun así, parecía como si el hecho de confesarlo la dejase vulnerable. Como si Kikyo tuviese que aparecer de un momento a otro y que a ella le dieran de nuevo la patada. Tenía miedo. Miedo de decir "te amo". Y era curioso, porque justo cuando debía decirlo… era cuando las palabras se negaban a salir.
-Yo… -empezó.
Inuyasha la miró mientras ella mantenía una batalla interior algo difícil de manejar. ¿Acaso era demasiado tarde? Tal vez solo le había correspondido el beso porque no quería herirle. O tal vez, después de besarle se había dado cuenta de que no le amaba. Fuese como fuese no podía quitarse de la cabeza el hecho de que él le había dicho "te quiero" y ella no había dicho nada.
-Inuyasha… pensaba… pensaba que sería fácil decirlo, que sería sencillo aceptarlo. Pero tengo miedo. Me da miedo… -y cuando se giró un poco para mirarle a la cara mientras hablaba se dio cuenta de que se había quedado dormido.
Perfecto. ¿Dormido? ¿Inuyasha?
Le toco la frente preocupada y se dio cuenta de que estaba ardiendo. Las garras de Shesshomaru debían haberle provocado algún efecto grave, pues el veneno le hacía subir la fiebre y el joven ya había perdido la consciencia.
Eso no era bueno.
Se levantó del sitio y le recostó en las mantas tapándole bien y descubriéndole un poco el pecho. Mojó unos cuantos paños más y empezó a pasárselo por la frente y el pecho intentando que el frio bajara su fiebre. Pero no daba efecto.
Le tumbó boca abajo y descubrió sus heridas. Eran bastante graves y en vez de curarse parecía que empeoraban. Intentó limpiarlas como pudo, pero el veneno había entrado ya en su cuerpo.
Entonces recordó algo que la anciana Kaede le había dicho sobre sus poderes espirituales y las plantas curativas.
"Una planta curativa nunca es tan eficaz como para una sacerdotisa, por eso es tan importante que nosotras conozcamos todas las plantas. Nuestro poder espiritual hace que su efecto se multiplique…"
Y la única planta que sabía que tenía en ese lugar y que podía curarle era precisamente de la recolecta privada de su madre. Si mal no recordaba, ella solía jugar con esos botes llenos de hierbas con múltiples funciones. Una que le quedó marcada para el resto de su vida fue el llamado "sello de oro", se le nombraba así por su forma y su color amarillo brillante. Según le había explicado su madre, era muy efectivo para las heridas y para ayudar a cicatrizarlas. No sabía si el veneno podría expulsarlo, pero de algo debían servir sus poderes espirituales, ¿no?
Se dispuso a buscar la caja donde su madre guardaba las hierbas más exóticas que podía haber llegado a encontrar y la encontró enseguida. Sabía dónde estaba, siempre jugaba con ellas.
Encontró la hierba que buscaba en un momento y comprobó que quedaba prácticamente poco. La cogió sin pensarlo demasiado y se dispuso a hacer la pasta para luego aplicarla directamente sobre la herida.
No tardó mucho en hacer eso y en cuanto tuvo lo que necesitaba le untó el ungüento en la espalda del chico con mucho cariño mientras concentraba todo su poder espiritual en la herida. Luego le vendó de nuevo con la pasta todavía en la herida y le dejó tendido y bien tapado cambiándole el paño cada poco rato hasta que ella, víctima del cansancio, se quedó completamente dormida a su lado con el paño todavía en su mano.
-Inuyasha… te amo… -murmuró antes de quedarse completamente dormida.
Lástima que esta vez solo la lluvia pudo oír sus palabras…
^^ hola gente!!! me alegra que os esté gustando la historia^^
y gracias x todos los que comentan y los que han puesto esta historia a favoritos!! muchas gracias de verdad!!
creo que no le quedan muchos capitulos mas para dejar la historia terminada ^^ se que estoy tardanto un poco, pero entre las clases y ahora el trabajo apenas tengo tiempo pffff :( XD jejeje en fin que espero que la sigais hasta el final y que os siga gustando !!!:) besos a todoooos