← Inuyasha: Viaje al pasado · de
Inuyasha: Viaje al pasado — capítulo 16
El prado que se extendía ante él lo conocía a la perfección. Había estado mucho tiempo en ese lugar, en compañía de una mujer muy conocida para él. Al mirar al horizonte pudo vislumbrarla a ella.
¿Qué hacía ella allí?
La mujer iba con un vestido típico de la época antigua, pero a diferencia de la que siempre llevaba, esta vez solo traía puesto un vestido que llevaría cualquier pueblerina corriente. No iba vestida de sacerdotisa y eso le extrañó muchísimo.
La mujer se giró poco a poco y le miró directamente. Él le aguantó la mirada durante unos segundos para luego posarla de nuevo en la joven que traía en los brazosque estaba completamente dormida, agotada de tanto llorar.
Tras pensarlo detenidamente, optó por dejarla recostada debajo del primer árbol grande que encontró y la tapó con la parte de arriba de su traje, el cual estaba rasgado por el ataque anterior. Le dio un pequeño vistazo antes de encaminarse hacia donde estaba la mujer, que le miraba expectante. Tal vez esperando que se acercara a ella a pedir alguna explicación.
La mujer estaba completamente vuelta y le miraba con detenimiento. Justo cuando él llegó a su lado, los labios de la joven mujer se despegaron para decir unas pocas palabras.
-Habéis tardado mucho… -dijo en apenas un susurro.
-Kikyo… ¿Qué…?
-No preguntes. -le cortó. Luego se acercó un poco más a él hasta quedar a pocos centímetros y le miró a los ojos.
Inuyasha no se había movido un solo milímetro, pues tenía tantas preguntas en su cabeza que apenas era consciente de lo que hacia la joven delante de él.
-Quería… saberlo. -dijo con un deje de tristeza en la voz.
-Saber… ¿Saber qué?
Su cabeza volvió a esconderse detrás de su cabello al agachar la cabeza para luego volver a levantarla con más decisión.
-Lo que tu corazón sentía.
-¿Cómo? -dijo encarando una ceja confundido. Ella se separó un poco y miró al fondo donde se hallaba aún Kagome dormida.
-Ella… está en este mundo por obra del destino. Su misión es terminar lo que yo jamás puede terminar. -dijo con un hilo de voz para luego empezar a hablar más alto. -Tan solo debía traer la perla y custodiarla hasta que desapareciese para siempre… Pero no era ese su destino.
-¿A qué te refieres? -la mirada de la mujer se clavó en la del medio demonio.
-A que no entendía porque te había encontrado, porque mi reencarnación había vuelto a enamorarse de ti… porque estaba en este mundo y lo había cambiado tanto si lo único que me quedaba a mí por hacer era… eliminar la esfera.
-Sabes que se ha roto la perla. Ella fue responsable de eso. Tú nunca habrías permitido que eso ocurriera, por eso ella está aquí.
-Y por eso te has enamorado de ella. -dijo terminando la frase que él creía haber finalizado.
Los ojos del medio demonio se abrieron ante esa afirmación. ¿Estaba ella allí por eso?
-Kikyo yo…
-Lo sé. Sé que te habrías quedado conmigo para siempre si Naraku no nos hubiese engañado. Pero también sé que eso no ocurrió. Ahora se porque tuvo que ser así. Y sé que en el fondo te alegras de que las cosas fueran de este modo.
-¿Cómo puedes decir eso? ¡Nunca habría deseado tu muerte! -gritó.
-¡Entonces hazlo! -dijo en un grito. Al ver su expresión de desconcierto se giró hacia el claro y vio a la perfección a la misma joven que tenía en frente unos años atrás, esperando la llegada de un medio demonio que le iba a ofrecer su parte demoniaca a cambio de que ella se quedara con él para siempre.
-Esto es…
-Sí. El día en que todo cambió. Él día en el que Naraku me mató.
Inuyasha miro la escena por unos segundos sin poder reaccionar. ¿Qué pretendía Kikyo con todo esto? ¿Qué cambiara el pasado?
-No se puede hacer nada… todos estos viajes hemos intentado…
-He aquí la finalidad de estos viajes. Te he dado un tiempo para que supieras como reaccionar ante esta situación. Te he dado una oportunidad para elegir correctamente.
Inuyasha la miró, luego volvió la mirada hacia la mujer que seguía esperando en el claro para luego volver a mirar a la mujer que tenía en frente de un modo muy desconcertante.
-Kikyo…. ¿Me estas pidiendo que cambie lo que ocurrió?
-No. Te estoy diciendo que puedes cambiar lo que ocurrió. Has dicho que no deseabas mi muerte. Puedes cambiarlo.
Inuyasha sabía que ella esperaba que lo hiciese. Y muy a su pesar, sabía que si esa oportunidad se la hubiesen dado cuando despertó del árbol sagrado lo habría hecho sin pestañear. Pero ahora…
Su mirada voló hacia la joven que estaba en el árbol dormida y supo cual era la diferencia.
-Si cambió tu muerte…
-Tendremos la vida que habíamos querido tener. -dijo cortando el rumbo que llevaba sus pensamientos.
-Pero… Kagome… -dijo pronunciando su nombre con cierto temor.
-Ese es el precio que debes pagar para volver atrás en el tiempo.
Inuyasha volvió a mirarla y supo que ella sabía lo que sentía y que no podía hacer lo que le pedía. Aun así, se mantenía en sus trece intentando por todos los medios… que se quedara con ella…
-¿No dijiste que querías que yo viviera? ¿Cuántas veces has dicho que ojala las cosas hubiesen salido de otro modo? Ahora puedes hacer que salgan de otro modo. Como deseas que salgan. -dijo con una sonrisa temerosa.
Se acercó a ella y con ternura le acarició la cara para luego dedicarle una pequeña sonrisa.
-Lo que deseo… ya no está en el pasado… -dijo con un hilo de voz. Ella le miró y unas pocas lágrimas resbalaron por su rostro. En cuanto notó eso enseguida se retiro de su pequeña caricia y escondió el rostro intentando mantener la compostura.
Sus lágrimas le rompieron el corazón, pero no podía hacer otra cosa. Sentía que si hacia eso… su vida terminaría repentinamente. Como si Kagome fuese el único hilo que mantenía su vida a flote.
La cabeza de la mujer se recostó en él medio demonio sin abrazarle realmente. Él no se movió y dejó que todo ocurriese como debía ocurrir. Tanto en el ahora, como en el antes.
-En realidad… -dijo en un murmullo que solo él podía llegar a oír. -Os envié a este viaje… para que tanto tú como yo tuviésemos claro lo que ella significaba para ambos.
-Kikyo…
-Te has enamorado de lo que yo nunca tuve… tal vez nunca me amaste… porque me faltaba ese espíritu imprevisible que ella tiene.
Unas lágrimas que no procedían de la mujer que tenía delante le llamó la atención. Entonces su mirada voló hacia el lugar de donde provenía y se quedó helado ante lo que sus ojos estaban viendo.
Kagome estaba paralizada delante de la pareja, prácticamente abrazada. No entendía que había pasado, pero los hechos eran claros.
Inuyasha estaba abrazando… a Kikyo…
Y algo dentro de ella se rompió. El poco corazón que le quedaba por romperse.
Sus ojos no pudieron aguantar el dolor y las lagrimas que creía no poder derramar jamás volvieron a sus ojos.
Ver como Inuyasha se quedaba de piedra ante sus ojos la hizo reaccionar. Aunque su reacción fue dar media vuelta y huir en la primera dirección que encontró.
No se veía capaz de encarar esa situación, no en ese momento.
-¡No dejes que se aleje! -gritó Kikyo deteniendo al joven que había empezado a perseguir a la muchacha del futuro.
-Eso pretendía. -dijo antes de volver a girarse.
-¡No! ¡Espera, no lo entiendes! ¡Esta es la última etapa de los viajes en el tiempo, sino estáis juntos cuando la oscuridad vuelva a invadiros, uno de los dos quedará atrapado en el pasado, vagando de época en época sin poder regresar jamás!
El medio demonio abrió los ojos de par en par algo asustado.
-¿Cuándo ocurrirá? -dijo apresuradamente.
-La finalidad de este viaje ya ha concluido. Tu ya saber lo que quieres, y no estoy incluida en tus planes. No te lo reprocho… lo entiendo. Por eso hice esta prueba. Pero que lo hayas entendido quiere decir… que volveréis de inmediato.
Se giró dispuesto a irse corriendo, pero algo en su interior hizo que se detuviera. Se volvió a la mujer que tanto le había importado y le dio las gracias con la mirada.
-Ella lo recordaba. -dijo en voz alta.
-¿Recordaba?
-Cuando Kagome era pequeña… lamentaba lo que me habías hecho. Me pedisteis perdón por sellarme en el espejo. Ella recordaba su pasado. En cierto modo… simplemente te he vuelto a elegir… en cierto modo, esta vez me he enamorado de verdad de ti.
-Ella no soy yo.
-No… pero en cierto modo… los sois. Distintas… y a la vez tan iguales… siempre te recordare… pero no puedo vivir sin ella… lo siento.
Kikyo sonrió por última vez mientras desaparecía. Seguramente ella ya volvía al presente lo que le dejaba muy poco tiempo para encontrar a Kagome y obligarla a estar a su lado.
Se negaba a perderla.
Y aunque tuviese que atarla… serían ambos los que regresaran al presente…