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Inuyasha: Viaje al pasado — capítulo 17
La verdad es que no entendía porque estaba corriendo. Correr siempre había sido una mala idea, incluso cuando era pequeña. Siempre terminaba cayéndose y haciéndose más daño del que habría sufrido si afrontaba los hechos en el momento indicado. No por la caída, sino por lo que sus ojos veían. Era preferible afrontar las cosas en el momento, intentando no retrasarlo más.
Lo sabía.
Aun así… seguía corriendo y corriendo sin que sus piernas pudiesen pararse a pensar lo que era mejor para ella. Su cabeza… por otro lado… se encontraba a años luz…
Ni siquiera las lágrimas habían detenido su paso, ver el camino por el que avanzaba completamente nublado por ese líquido salado no era impedimento para seguir corriendo. Y tampoco lo eran, al parecer, para el medio demonio que seguía sus pasos a escasos metros de ella.
Al parecer, el suelo tenía otros planes para ella, pues no tardo en golpearse contra el suelo en una inminente caída. El suelo, aunque no mojado, estaba lleno de barro, por lo que quedó completamente sucia. Algo que no importaba mucho porque tanto su ropa como ella ya estaban completamente cubiertas de barro y suciedad.
No le importó que sus rodillas se hubiesen dañado, tampoco que sus manos se vieran arrastradas por el suelo formando múltiples rasguños. Y por lo tanto, no intentó levantarse de nuevo. No tenía fuerzas para hacerlo, había caído demasiado bajo…
Y a pesar de que no quería levantarse, que prefería quedarse en el suelo, se encontró flotando en el aire y quedando de pie de nuevo con una delicadeza y suavidad demasiado cuidadosa. Unas manos fuertes la habían cogido delicadamente por la cintura, algo realmente fascinante para alguien que tenía garras por manos, y la había dejado de nuevo de pie con suavidad. No tuvo fuerzas para apartarse, y al parecer las manos del medio demonio no les apetecían en absoluto retirarse de la delgada cintura de la joven.
-Suéltame. -dijo secamente y en voz baja y entrecortada.
Por el contrario, el joven la acercó todavía más a él y la rodeo con sus manos por la espalda. Enterrando la cara en su cabello, aspiró su perfume y se negó completamente a apartarse de la joven.
-No… -dijo firmemente.
Como una fina aguja clavada en el corazón, un millar de escenas le vinieron a la mente dañando a Kagome. Eso le dio fuerzas para resistirse e intentar apartarse de él.
Empujando y forcejeando mientras más lágrimas salían de sus ojos impotentes.
Inuyasha la sujetó con más fuerza impidiendo que siguiera forcejeando, pero parecía que nada de lo que hacía afectaba a su sentido común.
Kagome tenía que saber que nada podía hacer ella para salir de su agarre, pero no por ello dejó de intentarlo con todas sus fuerzas.
Le dio la vuelta sin soltarla en ningún momento y la instó a que lo mirara. Ella se negó rotundamente, escondiendo su rostro con su cabello impidiendo que viera sus lágrimas. A pesar de ello, él sabía perfectamente que estaban allí…
-¡Mírame! -le gritó.
-¡No! ¡Suéltame! ¡Te odio! -le gritó presa por la frustración y el dolor contenido durante demasiado tiempo.
Inuyasha se quedó helado por un instante y casi estuvo a punto de soltarla ante sus duras palabras. Ese "Te odio" le dolía más que mil puñaladas, más que cuando peleaba contra algún demonio fuerte y terminaba completamente destrozado. Aun así, no pudo evitar recordar las palabras de Kikyo… "¡si no estáis juntos cuando la oscuridad vuelva a invadiros, uno de los dos quedará atrapado en el pasado, vagando de época en época sin poder regresar jamás!" y un escalofrío le recorrió la espalda. Así que por el contrario, lo que hizo fue abrazarla con todas sus fuerzas y esconder su rostro entre su cabello.
-Pues ódiame… -susurró con apenas voz. -Pero no me dejes…
Aquellas simples palabras lograron dejarla helada mientras una oscuridad muy conocida para ambos les invadía de nuevo.
Aquellos instantes de oscuridad lograron traer una paz que creía que no sentiría en un momento como aquel, y Kagome cerró los ojos y saboreó el instante mientras Inuyasha la abrazaba como si de ello dependiera su vida…
Un bosque muy conocido se abrió paso entre el tupido velo negro donde se habían visto envueltos. La claridad de la tarde dio paso a una realidad que no estaba dispuesta a enfrentar todavía. Él seguía sujeto a ella como si fuese un salvavidas. Le había dicho que no le dejase, pero instantes antes había verificado lo que tanto había temido.
Y no estaba dispuesta a compartir nada nunca más.
Cuando se apartó de un empujón, fue tal su sorpresa que no pudo evitar que ella se alejara del abrazo. Se quedó mirando a la joven mientras las palabras se quedaban atascadas en su garganta.
¿Ahora qué?
-No vuelvas a tocarme. -dijo.
Luego dejó de mirarle y miró a su alrededor intentando averiguar dónde estaba. Al parecer todo parecía la época antigua que ella tanto conocía, pero las otras veces también lo pareció hasta que apareció un inuyasha algo más joven.
Se habría ido a investigar más a fondo si no hubiese sido por la mano que ahora rodaba la suya como una súplica.
-Kagome… -dijo. Ella retiró su mano y le miró con los ojos llenos de ira. -¿Por qué?
Y cuando creía que iba a decir algo, una mano le golpeó el rostro con fuerza. Se quedó totalmente estático mientras posaba una mano sobre la mejilla dañada.
En realidad no le había dolido en absoluto, al menos no físicamente. Kagome nunca le había golpeado. Si se enfadaba con él, simplemente decía "¡Siéntate!" y aunque era más doloroso, ahora que había probado el sabor amargo de una bofetada, prefería que la joven dijese su palabrita antes que eso.
-¿Aun te atreves a preguntar "Porque"? -dijo con voz sorprendida.
Él se quedó mirando sus ojos oscurecidos por el odio y un escalofrío le recorrió la espina dorsal.
-¿Sabes porque no te he dicho que te amo? -él negó con la cabeza, pues al parecer era lo único que era capaz de hacer, y la observó con detenimiento. -No te lo he dicho porque tenía miedo de que al decirlo fuese más real. No lo he dicho porque temía que si ella regresaba, me dolería mucho más tu partida. ¡No te lo he dicho porque valoro muchísimo más que tu, esas dos palabras!
-Yo también las valoro…
-¡Mentira! ¡Si las valoraras no me romperías el corazón tantas veces! -dijo entre lágrimas. -Esta es la última vez que mis ojos ven como te alejas de lo que tú mismo has dicho. No pienso creerte nunca más.
Al sentir como se alejaba, Inuayasha volvió a agarrarla, esta vez por los brazos. Ella volvió a golpearle, pero esta vez él no se inmutó ni se apartó de ella.
-¡Suelta! ¡Déjame!
-¡No! -dijo con firmeza. - ¡Ahora me escucharas tu!
Ella enfrentó su mirada totalmente furiosa y se encontró con unos ojos igual de enfadados que los suyos.
-¡Nunca te he mentido! ¡Antes que iniciásemos este viaje sabías perfectamente que yo no había elegido nada! ¡Sabías que ella era importante para mí! ¡Ayer mismo te dije lo que sentía por ti, y lo que significaba y había significado ella en realidad! -sus manos seguían presionando sus hombros mientras ella forcejeaba. - ¿Quieres odiarme? Ódiame. Pero eso no cambiará lo que siento por ti. Ni el hecho de que he tenido la oportunidad de cambiar el pasado para estar con Kikyo y la he rechazado porque era incapaz de perderte.
Justo en ese momento, las manos de Kagome dejaron de golpear y sus ojos se abrieron desmesuradamente. Le miró sin saber si debía creerle o no. Era cierto, nunca le había mentido. Ella sabía cómo eran las cosas, ella había aceptado la situación, y ella fue la que le pidió poder quedarse a su lado pese a todo. Y si él le había confesado lo que sentía por ella, debía ser cierto. ¿Qué sino querría conseguir con ello, si ella ya había aceptado quedarse con él aunque sabía que no la amaba?
-¿Cambiar el pasado?
-Kikyo es la responsable de nuestros viajes. Quería saber que sentía por ella, o por ti. Y como última prueba nos había enviado justo en el momento en el que Naracu hizo que creyésemos que nos habíamos traicionado.
Ella le miró teniendo toda su atención.
-Te dijo… que podías cambiarlo. -no era una pregunta. Sabía que era así. Kikyo había intentado recuperar al hombre que amaba…
-Sí.
-Y… porque…
-¿Chicos? -la pregunta les sorprendió tanto como la procedencia de la voz que lo dijo. Ambos se giraron y vieron tres figuras muy conocidas.
-¿Sa… Sango? -murmuró Kagome.
-¿Miroku? -dijo Inuyasha.
-Y Shippo. -dijo el zorrito presentándose a él mismo.
-¿Qué… que hacéis aquí? -dijo Kagome al grupo mientras se alejaba un poco de Inuyasha.
-Hemos venido a buscaros, como Inuyasha tardaba tanto en irte a buscar… -dijo Sango cruzándose de brazos.
Kagome miró a Inuyasha incrédula y abrió los ojos en extremo.
-¿A penas a pasado… un rato?
-Creo que no ha pasado ni eso, Kagome… -dijo también sorprendido.
-Increíble…
-¿Qué es tan increíble? -preguntó el monje mientras tocaba donde no debía. Un fuerte ruido siguió a esa pregunta mientras se veía a una Sango totalmente roja de ira.
-¡Tu! ¡Tú eres increíble! ¡Controla a tu mano o te la cortare! -dijo gritando. El monje se puso morado mientras miraba hacia abajo con un claro recelo. Sango adivinó sus pensamientos y se ruborizo.
-¡Me refería a la mano! -grito. -Aunque… -dijo pensativa mientras se daba media vuelta para emprender el paso. -Puede que me hayas dado una idea monje…
Miroku se volvió de un tono aun mas violeta mientras seguía a Sango para convencerla de que no hiciese ninguna locura. Que sus hijos dependían de aquello que ella quería cortar, a lo que se propinó otra nueva torta por parte de la exterminadora.
Kagome empezó a andar algo triste, o eso notó Inuyasha pues su rostro permanecía en una forzada sonrisa para, evidentemente, no preocupar a sus amigos ajenos a todo lo sucedido. Su mirada voló hacia él en un instante y supo lo que ella esperaba. Quería que él le dijese porque había renunciado a su vida con Kikyo.
Y por una vez en su vida, tubo la sensación que debía decirlo en ese preciso instante a pesar de que Miroku, Sango y Shippo se encontrasen presentes.
-Porque no soportaría pasar un solo instante sin ti. Porque me da igual quien lo sepa, ya no me importa decir a quien sea que te amo.