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Inuyasha: Viaje al pasado — capítulo 18
Este es el penúltimo capítulo!!^^ Le pondré un epilogo, así que aunque parezca que se haya terminado no es así J jiji espero que os guste el "final" y que hayáis disfrutado con mi historia!^^ besos a todooos y muchas gracias por leer!!
Las cosas no podrían haber ido mejor.
La sorpresa de las palabras que el medio demonio había pronunciado sorprendió tanto a la joven del futuro como a sus amigos. En seguida dedujeron que algo había ocurrido en su breve ausencia y no pudieron pronunciar una sola palabra después de esa confesión repentina.
Repentina para ellos, para Kagome, en cambio, era una confesión que se había repetido. Nunca le había gustado que le repitiesen las cosas, pero debía reconocer que esas dos palabras jamás se cansaría de oírlas.
No habría podido enfadarse aunque lo hubiese querido, pues el chico le había dicho lo que sentía incluso delante de sus amigos. Y eso era algo sorprendente.
Aun así, no tuvo el efecto esperado, pues la joven estaba tan cansada por el viaje que la emoción del momento la impactó tanto que perdió el conocimiento.
Solo entonces, a Miroku y a Sango se les ocurrió preguntar porque Kagome iba con esas pintas, pues seguía bastante sucia de barro. Inuyasha, por su parte, no tuvo otro remedio que coger a Kagome y dirigirse a la aldea para que Kaede le diera alguna hierba para que recobrara el sentido.
Aunque a duras penas, los chicos mantuvieron la boca cerrada y esperaron a que Kagome despertara para hacer preguntas.
El trayecto a la aldea fue uno de los más incómodos, así que en cuanto llegaron, Inuyasha no dudo un solo instante en salir corriendo de la estancia. No sin antes asegurarse de que Kaede tenía la situación controlada.
Lo primero que vio fue el techo oscuro de una cabaña. Poco a poco se fue incorporando hasta poder ver una silueta a su lado. Esperaba verle a él cerca, cuidándola como siempre hacía. Por el contrario, la silueta era nada más y nada menos que la anciana Kaede.
-¡Oh! ¡Ya despertaste! -dijo con alegría.
Kagome enfocó la mirada hasta poder ver como Sango, seguida de Miroku, entraban en la cabaña. Al poco rato se dio cuenta de un pequeño bulto que se agarraba con insistencia a su brazo.
Shippo… pensó sonriendo.
-¡Kagome! -dijo Sango. - ¡Nos habías tenido preocupados a todos! ¿Estás bien?
Kagome la miró y de repente le vinieron a la mente las imágenes de todo lo ocurrido…
-Deberías darte un baño… te sentara bien… -dijo Kaede con voz dulce. Sango se aproximó a ella y sonriendo la animó.
-¡Claro! ¡El agua caliente te irá bien! Iré contigo.
-No. -dijo con una voz algo rasposa. La verdad es que no se encontraba demasiado bien. -Creo que necesito… ir sola… -dijo con un hilo de voz.
Levantándose de la improvisada cama, sonrió a sus amigos dejando con la palabra en la boca a Sango. Luego salió de la cabaña.
Con el paso lento y pausado llegó a un pequeño claro donde se podía ver la promesa de una hermosa puesta de sol. Intentaba no pensar en nada sin mucho éxito. Las cosas no habían ido como él esperaba. ¿Cuántas veces más tendría que repetirle a la chica esa maldita frase para que lo entendiera de una vez por todas?
La culpa era suya, pensó mientras se sentaba en el cesped.
Había hecho dudar a la joven tanto tiempo que ahora le costaba creer que era verdad lo que decía. Solo necesitaba que ella dijese esas dos palabras. Solo dos palabras.
¿Era tanto pedir?
-Me rindo. -la suave voz que escuchó detrás de él le sorprendió tanto como el hecho de no haber notado que estaba allí.
Se giró para encarar a la joven y pudo comprobar que vestía un kimono limpio, seguramente de alguna aldeana del pueblo, y su cabello estaba mojado. Estaba seguro de que en cuanto había despertado le habían sugerido que fuese a lavarse a las aguas termales cercanas a la aldea y ella había aceptado de inmediato. Lo que le extrañaba era que no había reparado en su presencia en ningún momento.
Ahora que prestaba total atención a la joven, se daba cuenta de que no era porque su olor no impregnara todo el espacio, pues ahora la olía a la perfección. Simplemente había estado demasiado ocupado con sus pensamientos, que al parecer no paraban de darle vueltas al mismo tema; Kagome.
-¿Te… encuentras mejor? -ella le sonrió y se sentó a su lado mientras extendía las piernas y posaba las manos detrás de la espalda para aguantar el peso y permanecer sentada cómodamente.
-Mejor, después de quitarme de encima todo… el barro…
Supo, sin que ella lo dijese en voz alta, que se refería a algo más que el simple hecho de haberse limpiado en el agua. El dolor, las lágrimas, estaba seguro que habría llorado mientras se bañaba. Sus ojos rojos la delataban.
No dijo nada.
-Me alegro… -dijo mientras centraba su mirada al frente.
Ella no aparto la mirada de su rostro.
-Quería… darte las gracias… -dijo con un hilo de voz.
-¿Las gracias? -dijo mirándola de nuevo con una ceja elevada en señal de interrogación. Ella sonrió y miró al frente.
-Nunca habría reconocido su muerte de no ser por ti. Había olvidado…
-¿Qué? -dijo impaciente al ver que se detenía. Ella sacudió la cabeza y luego encogió de hombros, expresando que no tenía la menor importancia.
-Había olvidado lo mucho que le quise… -dijo mirándole a los ojos mientras terminaba la frase. Inuyasha no quiso apartar la mirada y notó como su corazón se aceleraba con ese simple contacto visual. Las mejillas de Kagome se sonrojaron levemente y supo que ella estaba sintiendo lo mismo.
Cerca de allí, entre unos matorrales, tres individuos se hallaban observando la escena con mucha atención. El más pequeño de todos, no puedo seguir en silenció ante tantas dudas y a pesar de lo que los otros dos le habían advertido, habló.
-¿De quién está hablando Kagome? ¿A quien quiso? -la joven exterminadora y el monje le taparon la boca al mismo tiempo mientras seguían observando la escena con mucha atención.
-Shh… Ahora no Shippo… -dijo Miroku mientras centraba la mirada en la pareja delante de ellos.
El pequeño zorro emitió un sonido ahogado mientras se resignaba.
-Creí que nunca saldríamos de allí… -dijo Inuyasha intentando cambiar de tema.
-Ya basta Inuyasha… -dijo sin acobardarte. Él la miró sin entender y vio como se sentaba de rodillas y le encaraba. -No soporto más esta situación. Dejemos de comportarnos como niños jugando al escondite y afrontemos la verdad.
-¿Qué verdad? -dijo sentándose con las piernas cruzadas.
-Pues que me has dicho que me amas dos veces y aún no hemos sacado nada en claro.
Inuyasha no pudo evitar sonrojarse ante lo directas y sinceras que eran sus palabras. Era cierto, el tema simplemente… lo habían dejado para más tarde. Tal vez ahora… era más tarde.
-No es culpa mía eso, Kagome. Yo ya he dicho lo que tenía que decir. Y nada de lo que ha ocurrido o pueda ocurrir cambiara eso. -dijo sabiendo que ella sabía a quién y a que se refería.
-Lo sé. Por eso he venido con la bandera blanca… Me rindo…
-¿Que quieres decir con eso?
Iba a decirlo, iba a decir las palabras que tanto miedo tenía de pronunciar, pero un ruido les hizo girarse y ver como un pequeño zorrito había caído de una rama y una Sango y un Miroku intentaba sujetarle para no hacer más ruido.
-Demasiado tarde Miroku…
-Mierda… -dijeron a la vez. Inuyasha y Kagome miraron al trío y no pudieron evitar reírse de la situación. Estaba claro que no podían tener una conversación sin ser interrumpidos.
¡Y Kagome nunca le diría esas malditas palabras! O eso creía él…
Kagome sonrió y sin prestar atención a los tres que se habían añadido a su confesión se acercó a Inuyasha y sujetando con la mano su nuca se acercó a sus labios y le beso.
Los ojos del medio demonio se ensancharon por la sorpresa y no se cerraron en ningún momento, pues el beso fue tan corto que no puedo ni siquiera reaccionar.
Y la verdad, es que no lamentó en absoluto que fuese corto…
-Te amo. -dijo con firmeza cerca de sus labios.
Lo último que recordó fue que dejó de oír a sus amigos mientras se fundía en otro beso, esta vez más intenso y largo que el anterior.
Sango y Miroku cogieron a Shippo y se marcharon sin hacer ruido del lugar. Ya habían metido suficientemente la pata por un día.
Inuyasha y Kagome olvidaron el resto del mundo y lo que les rodeaba mientras más besos seguían al primero.
Habían logrado regresar de una aventura algo diferente a la que estaban acostumbrados, pero dicha aventura les había servido para descubrir cosas que jamás habrían imaginado. Como que Inuyasha había conocido antes a Kagome y ella le había enseñado una buena lección. O el hecho de que Kagome escondía algo más que una tierna sonrisa en su corazón. O que la joven había recordado su pasado antes de que su padre tuviese ese accidente.
Pero sobre todo habían descubierto que su aventura no terminaría con la destrucción de la perla.
Pues ella… iba a quedarse para siempre…