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Inuyasha: Viaje al pasado — capítulo 20
Holaaa!!^^ no pensaba seguirla... pero me apeteció hacer una continuación después de la destrucción de la perla :) y como quería poner mucha cosa, lo he dividido en dos partes :) espero que les guste!!! :)
-¡No corras! ¡Te atraparé igual! -el grito fue tan fuerte que resonó entre los arboles del bosque como si fuese una voz fantasmal.
Los pasos eran firmes en la tierra mientras corría a una velocidad tan grande que apenas era consciente de lo que la rodeaba. La noche, por su lado, impedía que viera del todo bien pero no podía parar. Los pasos fuertes que la seguían iban a atraparla de un momento a otro. Y si la atrapaba…
-¡Te cogí! -la voz delante de ella hizo que se parara de golpe y chocara contra el primer árbol que se encontró cayendo al suelo por el impacto.
La muchacha sacudió su cabeza aturdida y miró al joven que acababa de atraparla.
-¡No vale! ¡Tú tienes las piernas más largas que yo! -dijo con voz inocente.
-Hermanita… No vas a ablandarme con esa escusa… ¡he ganado! -contestó el joven.
-¡Ni hablar!
-¡Claro que sí!
-¡Y yo te digo que no! -el muchacho no respondió esta vez y se quedó mirando a la joven con el semblante tranquilo.
-*Miki, solo es un juego… No has podido correr más porque mañana es luna nueva, ¿recuerdas? -la niña miró hacia otro lado murmurando algo ininteligible para luego volverse a su hermano con morros.
-¡Pues tu parece que no han bajado tus habilidades demoniacas! -el chico se sentó a su lado y le acarició cariñosamente la cabeza con cuidado de no hacer daño a la pequeña a las orejitas.
-¡Lo han hecho, pero soy más fuerte que tú! -la niña lo miró con el ceño fruncido y se levantó de golpe.
-¡Ojala mama te pudiera mandar al suelo como lo hace con papa! ¡Me gustaría poder tener un collar de esos y ponértelo!
-¡Ja! ¡Sigue soñando pequeña, y algún día lograras ser tan bueno como yo! -sacándole la lengua, Miki se dio media vuelta y echó a correr otra vez por el bosque.
Sus claros cabellos plateados relucían con la luz de la poca luna que quedaba por cubrirse y sus ojos azules como el mar destellaban como las perlas. Con sus trece años de edad, era una niña muy hermosa. Su hermano no había parado de perseguirla desde que el sol se había ocultado, de algún modo sabía que quería protegerla y estaba a punto de llegar al lugar donde sabía perfectamente que la llevaba su hermano.
La época de su abuela.
*Daiki, su hermano, se había quedado siempre con ella hasta la última luna nueva. Ese día se había vuelto al otro lado dejándola sola en el otro mundo. Había estado tan preocupada que no había querido comer ni dormir hasta que él hubiese regresado.
¿Por qué razón ahora no se quedaba con ella? ¿Por qué la dejaba sola? No le gustaba nada quedarse sola.
-¡Miki! -la voz sonó tan cerca que no tardó nada en alcanzarla y detenerla de nuevo. Las lágrimas se habían acumulado en su rostro y el olor a sal llegó hasta Daiki. - ¿Por qué lloras?
-Porque… porque te vas a ir… -dijo entre sollozos. - ¡Te irás y me dejaras sola! -dijo empujándole y dándole golpes.
-No estarás sola, mama…
-¡No es cierto! ¡Creéis todos que soy pequeña y no permitís que me ocurra nada! ¡Pero ya no soy una niña! -gritó. La mano del joven recogió una lágrima y la observó.
-Pues… estas lágrimas me dicen algo muy distinto… las niñas mayores no lloran… -dijo sonriendo. Los ojos dorados del muchacho se posaron con ternura en su hermana pequeña. La quería tanto, no quería que nada malo le ocurriese, por eso cuando se volvía humana prefería que estuviese en un mundo donde nadie pudiese hacerle daño.
Lo cierto era que sus padres siempre les habían enviado allí en ese día del año, pero al no regresar su madre la última luna nueva tuvo que ir a ayudar a su padre a encontrarla dejando a la pequeña Miki sola en el otro lado.
Por eso ahora no quería ir… no quería que volvieran a dejarla sola.
-No lloro, ¡estoy furiosa! ¡Quiero quedarme contigo! -dijo con decisión.
-Miki…
-¡Porque tu manejes esa espada que te dio Totosai no significa que yo no pueda defenderme! ¡Se usar muy bien el arco, mama me enseñó!
-No quiero que pelees. Papa me pidió que te pusiera a salvo y eso aré.
-¡No! ¡No lo aré! ¡Y cómo me cojas en brazos para llevarme al otro lado me enganchare tanto a ti que no podrás despegarme! -dijo decidida.
El muchacho de negra cabellera la miró de reojo con recelo. Era bien capaz, otra cosa no pero la niña era más persistente incluso que su padre. Era dulce y encantadora, pero cuando se empeñaba en algo nadie podía sacarle la idea de la cabeza. Sus energías parecían no terminar nunca, no podía confiar en que se dormiría y podría irse. Ella permanecería despierta toda la noche solo para fastidiarle. Y eso se le daba de miedo…
-Ven.
-¿Donde…?
-¡Calla y ven!
En otro lugar…
Un paso, dos pasos, tres pasos… ¡No podía más! ¿Por qué cada luna nueva era lo mismo? Cuatro pasos, cinco pasos, seis pasos… ¡Ojala terminara ya esta tortura! Así no podía pensar. Siete pasos, ocho pasos, nueve pasos… ¡Y no podía dejar de moverse, era tan frustrante! ¿Qué clase de ser incansable tenía dentro?
Diez.
-Kagome… deja de moverte quieres… ya me ha quedado claro como os sentíais todos cuando lo hacía yo, no es necesario que…
-¡Calla! ¡Todo esto es culpa tuya! -gritó la mujer.
-¿Culpa mía? ¿Se puede saber que he hecho yo para que sea mi culpa? -dijo indignado.
Kagome miró al medio demonio con una ceja levantada y luego miró su enorme barriga para luego volver la mirada hacia Inuyasha de nuevo.
-No se… ¿Qué será…? -dijo irónicamente. Luego volvió a emprender su caminata de un lado hacia el otro de la diminuta cabaña donde se habían quedado.
-De acuerdo… puede que tenga algo que ver con… -pero no pudo seguir, pues la mirada de la chica le indicó que no iba por buen camino. -Quiero decir… tengo mucho que ver, si. Pero tendrías… que relajarte un poco, he tenido que enviar a Daiki a por Miki para que la ponga a salvo. Y a ti no puedo porque… -tal como había empezado a hablar calló de nuevo. Claro que no había podido coger a su esposa y llevarla al otro lado. Kagome daba mucho miedo los días de luna nueva a causa de su embarazo. La verdad es que la última vez creyó que estaba de parto, pero no fue más que una falsa alarma.
Lo único que había diferente era que su mal humor iba en aumento. Seguramente el niño o la niña que llevaba dentro, sufría ciertos cambios los días de luna nueva, lo extraño era que ni con Miki ni con Daiki tuvieron esos problemas. Eso le tenía muy preocupado.
De golpe Kagome se detuvo en seco y se tocó la barriga, miró asustada a Inuyasha e intentó respirar con tranquilidad.
-Inuyasha… creo que esta vez no es una falsa alarma… ya viene… -dijo asustada. Inuyasha estuvo a su lado en menos de un segundo. La cogió en volandas y la llevó a la cabaña donde vivían Sango y Miroku.
Ellos habían tenido dos gemelas que tenían la edad de Daiki y un niño un año mayor que Miki. Los tres habían ido a entrenarse durante unas semanas con otros exterminadores para ponerse fuertes y Sango y Miroku se habían quedado solos en la aldea.
Esa noche parecía tranquila, por lo cual en vez de entrar directamente les llamó desde fuera. No quería volver a tener que pasar otro momento vergonzoso como la última vez que entró sin llamar.
-¡Sango! ¡Sango rápido! ¡Kagome está de parto! -gritó.
-Si no te importa… ¡grita para otro lado! ¡Yo no soy quien tiene que oírlo! -dijo enfadada. Como siempre Inuyasha se preparó para la sarta de insultos dirigidos a él y a su otro él que oiría de boca de la mujer que tenía en brazos.
Nunca había tenido que presenciar un parto, pero desde el primero que tubo Kagome que entendía porque los hombres no asistían a esos eventos.
Eran muy peligrosos para los hombres, sobre todo para su instrumento para volver a procrear.
Sango salió en un momento y les dijo que entraran. Gracias a dios ambos estaban vestidos…
-Esta vez no es una falsa alarma ¿no? -dijo con media sonrisa. Inuyasha negó con la cabeza mientras se quedaba al lado de Miroku, el cual parecía muy concentrado en algo que tenía entre las manos. Al parecer aquello era realmente interesante, porque no se había ni inmutado.
-Vamos cariño, ¡que no es la primera vez! -dijo con dulzura Sango para animar a Kagome.
-¡Pero será la última! -gritó al límite de sus fuerzas.
Las manos de Kagome se aferraban a las mantas como si fuera a destrozarlas mientras Sango la ayudaba a sacar al bebe.
-Venga Kagome, que falta poco…
-¿Mama? -una voz sonó detrás de Inuyasha haciendo que este tuviese que salir de la cabaña.
La noche era tan negra que apenas puedo ver las dos siluetas que tenía en frente, pero las habría reconocido aunque la más negra de las noches le hubiese impedido ver.
-¿Qué hacéis aquí? ¿No te dije que la llevaras al otro lado? -dijo cruzándose de brazos.
-Ya lo sé… pero es imposible, no puedo obligarla a ir, una vez pude engañarla, dos…
Inuyasha suspiró para luego sonreírles.
-Vale, pero solo por esta noche, mañana por la mañana os iréis los dos con la abuela. -dijo con autoridad. - ¡Y no quiero oír ni un pero!
Miki miró a su padre con los ojos entrecerrados y luego a su hermano para luego sonreír.
-¿Daiki también? -Inuyasha miró a la pequeña sin entender su cambio de humor.
-Por su puesto, él también cambia en luna nueva, yo me quedo para proteger el pueblo donde vivís, y no puedo hacerlo con vosotros por el medio.
Miki miró su hermano con una sonrisa burlona y luego se cruzó de brazos de un modo muy parecido a como lo hacía su padre.
-¡Feh! ¿Lo ves? ¡Tú también eres pequeño! -Daiki suspiró rendido. Su hermana siempre acababa teniendo razón y eso era algo que por mucho que pasara el tiempo, no iba a cambiar.
-¡Dios mío! ¡Hay otro! -se escuchó en el interior de la cabaña. Inuyasha ensanchó los ojos y entró rápidamente a dentro de la cabaña viendo como Miroku ayudaba a Sango a sujetar al recién nacido mientras la exterminadora sacaba otro del interior de Kagome. La pobre estaba tan cansada que apenas podía empujar.
Se agachó a su lado y la incorporó un poco para darle ánimos.
-¡Kagome! ¡Kagome va! ¡Eres más fuerte que esto! -dijo llamándola para que despertara.
-Son… ¿dos? -dijo con apenas voz.
-Sí, cariño, son dos. Vamos, no dejes de empujar ahora.
El segundo bebe salió al fin dejando a la madre completamente exhausta. Con apenas fuerza logró mirar a sus hijos mientras Sango cogía a uno y Miroku le entregaba otro a Inuyasha.
-Vaya… una niña y un niño… -mientras la pequeña poseía unas diminutas orejitas oscuras junto con su cabellera negra, el niño tenía el cabello más claro con destellos dorados pero a diferencia de su hermana, este no poseía ninguna característica demoniaca. Aun así, quedó claro al instante quien era quien armaba tanto alboroto los días de luna nueva, pues el pequeño desprendió un aura rosácea que les cubrió a él y a su hermana pequeña.
-Es increíble… tan pequeños… -Kagome miró a su marido y sonrió mientras cogía a la pequeña en brazos. La miró con asombro y luego observó a su marido con el otro bebe en brazos.
Dos de golpe. Ahora entendía porque este embarazo había sido tan distinto.
-¡¿Dos hermanitos nuevos!? -gritó Miki desde la puerta. -¡Que guay! ¡Y tú querías que me lo perdiera! -le reprochó a su hermano mayor mientras le miraba entrar con ella por la puerta.
-No has entendido nada, ¿no? Solo quería ponerte a sal…
-¡Calla! No ves que hay algo más importante… -dijo acercándose a Kagome y a Inuyasha junto con los gemelos.
Sango y Miroku rieron ante la maravillada niña mientras que su hermano suspiraba cansado y miraba con curiosidad a los pequeños recién nacidos.
Kagome mostraba a la pequeña Miki a sus dos hermanitos e Inuyasha le indicaba a Daiki que se acercara también. La familia había crecido en un momento y dos integrantes más eran bienvenidos.
-Esto quiere decir… ¿que ya no soy la pequeña? -dijo Miki mirando a su padre y luego a su madre.
Kagome negó con la cabeza mientras sonreía con dulzura. Miki sonrió ensanchando sus ojos de la sorpresa.
-¡Genial! ¡Ahora yo también podré "poner a salvo" a alguien! -dijo mientras miraba de reojo a su hermano. Kagome no pudo evitar reírse ante su comentario a pesar de las pocas fuerzas que tenían y después siguieron otras risas más.
La pequeña cabaña se llenó de un sonido mágico que poca gente podría llegar a entender.
A no ser que fueses realmente feliz.
*Miki: En japonés; árbol grande
*Daiki: En japonés tronco de árbol