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Inuyasha: Viaje al pasado — capítulo 4
Acababan de encender un pequeño fuego para poder pasar la noche que se avecinaba. La mujer seguía inconsciente, al parecer llevaba mucho rato corriendo y estaba muy cansada. Por otro lado, el bebe seguía en brazos de Kagome, la cual parecía estar encantada con el niño, a lo que Inuyasha no paraba de responder con sonrojos, al fin y al cabo el niño era él.
Parecía como si lo ocurrido anteriormente con el padre de Kagome jamás hubiese pasado, por lo que le hizo pensar que debía estar ocultando el dolor durante tanto tiempo que ya le era muy sencillo hacerlo de un momento a otro. No se había dado cuenta de lo increíble que era ella hasta entonces, trataba al bebe como si fuera su propio hijo y hubiese jurado que si fuese ese el caso habría dado la vida por…
-Inuyasha… -dijo la suave voz de Kagome, él dejó sus pensamientos para mirarla y darse cuenta de que el niño se había callado. Se asomó un poco por encima de la joven y pudo comprobar como estaba completamente dormido. Al parecer no era solo ahora cuando su olor le relajaba y le hacía sentir seguro…
-Por fin se ha dormido. -dijo mirando hacia otro lado, pues sus pensamientos empezaban a traicionarle. Kagome encaró una ceja y se rió un poco ante su reacción tan absurda.
-Es algo irónico que hasta tu mismo te molestes… -él se giró enseguida totalmente asombrado de su comentario, que al parecer tenía toda la razón. Volvió a girarse sin prestarle más atención mientras ella se levantaba con el bebe aún dormido en sus brazos y se sentaba al lado de Inuyasha sin decir nada. Él la miró de reojo como acurrucaba todavía más al niño sin darle ninguna importancia al hecho de que estaban prácticamente pegados, cosa que él si se daba cuenta y tenía todos sus sentidos en ella. Pensó un momento si preguntarle o no por su padre, ese era un buen momento, ¿no? Su madre parecía que aún no despertaba y el bebe seguía dormido. La verdad es que no se caracterizaba por cotilla pero el hecho era que le importaba mucho que ella lo estuviese pasando mal, aunque no entendía el porque le importaba tanto.
-Kagome… -empezó. Ella se giró mirándole con sus hermosos ojos pardos.
-¿Si? -dijo suavemente.
-Sobre… donde hemos ido antes… el hombre ese… tú…
-¿Mi padre? -preguntó apartando la mirada pero con la sonrisa aún persistente. De repente esta se tornó triste y sin querer una lágrima resbaló por su mejilla. Involuntariamente, en un intento por consolarla, le cogió la cara con una de sus manos y levantándosela le secó la lágrima que se había escapado. Ella abrió los ojos desorientada por su gesto mientras le veía mirarla del mismo modo que lo hizo hace tiempo, cuando apenas se conocían. Aunque en ese tiempo a quien miraba así no era precisamente a ella… y tampoco estaba segura de que la estuviese mirando ahora a ella también.
-Kagome… sabes… que puedes confiar… en mi, ¿verdad? -ahora si que estaba sorprendida, ¿que demonios le ocurría? No era normal en él ser tan… ¿tierno? Además la había llamado por su nombre, por lo cual no la había confundido con Kikyo.
Ella sonrió mientras la mano de él se dejaba caer a un lado pero sin apartar la mirada todavía. Fijó la mirada al fuego y dejó al bebe recostado en la falda pero sin apartar su abrazo.
-No hay mucho que decir… -dijo al fin. -Murió. Cuando nació Sota pasó un año más con nosotros y luego… -no pudo terminar la frase, pues las lágrimas habían vuelto a sus ojos. Estaba claro que eso no era todo lo que había ocurrido y que fuese lo que fuese no lo había superado. Le pasó un brazo por la espalda mientras se sonrojaba un poco, al fin y al cabo no estaba acostumbrado a consolar a nadie puesto que nunca había sentido necesidad de hacerlo. Ella no dijo nada, simplemente se recostó en el mientras sonreía y las lágrimas empezaban a extinguirse. Si ella no quería contárselo ahora no hacía falta que lo hiciese, él sabía mejor que nadie lo que costaba decir ese tipo de cosas. Ella levantó la cabeza para mirarle mientras él se ponía todavía más rojo ante su sonrisa.
-Gracias… -dijo ella. Él la miró y deseo poder borrar esos centímetros que les separaban. Sin darse apenas cuenta se fue acercando a ella. Kagome se sonrojó ante las evidentes intenciones, pues nunca había tenido una reacción tan evidente a parte de la vez aquella que le tuvo que apartar de un empujón.
Y seguramente se habrían besado de no ser por el suave quejido de una mujer que acababa de despertarse. Ambos se separaron inmediatamente totalmente sonrojados mientras prestaban atención a la mujer que acababa de despertarse.
-Mmm… -murmuró. -Donde… -miró a todos lados desesperada mientras acababa de levantarse. - ¿Y mi hijo? ¿Donde está mi pequeño?
Kagome se acercó a la mujer y le enseñó al bebe, la madre de Inuyasha la miró sorprendida y luego observó a su hijo.
-Se ha quedado dormido… No tema señora, está a salvo con nosotros. -la mujer miraba a la joven que le tendía a su hijo y lo cogió con ternura. Luego miró a Inuyasha que estaba al otro lado de la hoguera y miraba a su hijo de nuevo. Encaró una ceja mientras volvía a mirar a Kagome.
-¿Quienes sois?