Tituladas 15.1% · 30,063 de 199,415 descubiertas
Rescatado 23.3% · 21,950 de 94,296 páginas identificadas · 21,944/22,652 caps con texto ☕ Invitanos un café

← Inuyasha: Viaje al pasado · de

Inuyasha: Viaje al pasado — capítulo 5

Kagome se quedó estática durante unos segundos y su piel se volvió totalmente pálida. Ho no, se dijo, seguro que había visto el extremado parecido entre su hijo y inuyasha… ¿ahora que le podían decir? Ella iba a darle una buena explicación, o eso habría hecho de no ser porque Inuyasha ya había empezado a hablar.

-¡Eso no tiene importancia! ¡Lo que importa es que está a salvo! ¡No haga preguntas! -dijo de un modo muy poco agradable.

-¡Inuyasha! -exclamó Kagome sorprendida por cómo le había habladodándose cuenta demasiado tarde del gran error que había cometido.

-¿Inu…Inuyasha? -dijo la mujer con el bebe todavía en sus brazos. Inuyasha la miró con el ceño fruncido mientras hacia un gesto que bien podría haber sonado como "¡Mira lo que has hecho!" Kagome ignoró totalmente a su compañero y se giró de nuevo a la mujer con una risa nerviosa.

-Bu…bueno… esto… -empezó a tartamudear. La mujer, que seguía sorprendida, miraba incrédula al muchacho que seguía de pie con los brazos cruzados y una expresión de enfado en el rostro.

-¿Porque… te llamas igual que mi hijo y te pareces tanto a él? -dijo la mujer. Kagome, que seguía observándola, pensó durante unos segundos para luego suspirar.

-Pues eso es porque él es su hijo, señora… -dijo al fin. Inuyasha no podía creerse que le hubiese dicho eso así tal cual. ¿Cómo se atrevía a decirle eso a su madre?

-¿Se puede saber que haces? -le gritó. Kagome, que no iba a permitir que le gritara, se giró de golpe encarándole.

-¿Tu qué crees? ¡Algo le tenía que decir a la mujer! Si no le hubieses hablado de ese modo… -dijo gritándole aún más.

-¡Claro! ¡Pero todo menos eso! ¡Y ahora no me eches a mí las culpas has sido tú la que se te ha escapado mi nombre!

-¡No se me habría escapado si no hubieses hablado tan mal a tu madre!

-¡Yo no la he hablado mal! -dijo visiblemente enfadado.

-¡Es verdad! ¡Perdona, es que se me olvidaba que tú siempre hablas a los demás del mismo modo! -le gritó irónicamente. La mujer, que seguía sin decir una palabra, empezaba a entender lo que ocurría. Pues después de todo lo que había vivido el hecho de encontrarse con su propio hijo unos años mas mayor no tenía porque sorprenderla.

-¡Eso no es verdad! ¡Hablo como me da la gana! ¡Y no tenías derecho a decirle la verdad!

-¡Y no habría hecho falta! ¿Te crees que tu madre es tonta? -dijo cruzándose de brazos y bastante enfadada.

-¡Por supuesto que no! ¡A diferencia de ti ella es una mujer muy lista! -en ese instante se dio cuenta de que eso ultimo no tendría que haberlo dicho, pues Kagome echaba humo de lo enfadada que estaba en esos momentos.

-¡Con que ahora soy tonta, he! ¡Serás idiota Inuyasha! ¡Siéntate! -sin esperar un solo instante, el cuerpo de Inuyasha fue violentamente estampado contra el suelo terminando así la discusión, dejando no muy claro quien era el vencedor. La madre de Inuyasha se quedó totalmente sorprendida al presenciar tal discusión y con una pequeña sonrisa que empezaba a nacer en sus labios se acercó un poco más a la pareja.

-Me alegra saber que mi hijo encontrara una muchacha tan encantadora con la que pasar el resto de su vida… -dijo mientras acurrucaba a su hijo mientras este aún dormía. Ambos se quedaron totalmente pasmados ante ese comentario y segundos después Inuyasha ya estaba de pie y totalmente rojo al igual que Kagome.

-¿Pero qué dice? ¡Se equivoca él y yo no somos…! -gritaba Kagome intentando darle explicaciones a la mujer.

-¡Claro que no! ¿Quién querría pasarse el resto de su vida con ella? -gritó casi a la vez que Kagome. Ella se giró de nuevo hacia él con el ceño fruncido.

-¡Siéntate! -de nuevo Inuyasha quedó estampado contra el suelo, hacía tiempo que no metía la pata tantas veces seguidas.

-Vamos… chicos, no os peleéis. Recuerdo lo mal que me llevaba con el padre de mi hijo cuando nos conocimos… Me lleva muy buenos recuerdos… -dijo mientras se sentaba en una roca y miraba a su hijo. Kagome relajó el rostro y se sentó junto a la mujer mientras Inuyasha se volvía a levantar por segunda vez del suelo y se quitaba el barro de encima. Se sentaba algo alejado de Kagome con piernas y brazos cruzados mirándola de soslayo con algo de… ¿rencor?

-¿Que ocurrió? -preguntó Kagome intrigada.

-Kagome… -le avisó Inuyasha.

-¡Vamos! ¿Si no me lo vas a contar tu a quien mejor que a tu madre para que me lo explique? -seguidamente volvió a prestar toda atención a la mujer que tenía enfrente. La madre de Inuayasha miró a este durante unos segundos y luego a la joven.

-¿Así que no le has contado nada? En fin, que le vamos a hacer, sigue siendo mi vida… ¿Puedes cogerlo? -dijo mientras le entregaba al pequeño Inuyasha en los brazos que ahora extendía Kagome. Ella le miró con ternura mientras lo acomodaba entre sus brazos. -Serás buena madre, Kagome. -dijo la mujer a sabiendas de que Inuyasha la estaba observando con una mirada muy similar a la forma con la que la miraba a ella su marido cuando nació su hijo. Kagome por su parte se sonrojó mientras seguía mirando al pequeño que se movía como una culebra mientras dormía para luego estarse totalmente quieto.-Cuando nació mi hijo, su padre aún estaba vivo… Fue gracias a él que puede ocultarlo y seguir viviendo en el reino para asegurar su seguridad. Pero, pronto mi padre quiso comprometerme con un príncipe muy rico para juntar los reinos y para evitarlo quise huir. La cosa no salió demasiado bien… -dijo haciendo una pausa mientras se sujetaba la cabeza con las manos. -Los soldados se dieron cuenta y quisieron atraparnos. Mi marido, un demonio muy poderoso, aunque eso ya lo sabéis, quiso protegerme a mí y a su hijo mientras huíamos, no tardó mucho en deshacerse de los guardias y seguirme. Yo había ido a pedir ayuda a la única persona en la que podía confiar, mi padre. Él al verme con un bebe en brazos quiso ayudarme, dijo que no le importaba que me hubiese enamorado de otro hombre y que no iba a permitir que su hija querida muriese a manos de la guardia de mi prometido. Todo cambio, al parecer, cuando descubrió que su nieto era en realidad un medio demonio, y que el hombre del que me había enamorado era un demonio perro muy poderoso. -hizo una pausa para enjuagarse las lágrimas, Inuyasha la miraba atentamente y con dolor en los ojos mientras Kagome no perdía ni un punto ni una coma de la historia, sabía perfectamente que lo que iba a contarles ahora le dolía mucho.-Quiso matar a mi hijo… así que huí por el castillo intentando evitarle. Mi marido consiguió encontrarme justo a tiempo, antes de que mi propio padre asesinara al niño y a mí en un intento de protegerle. Aun así, a pesar de todo, no tuvo más tiempo que interponerse entre mí y la espada que estaba a punto de atravesarnos.-así que fue eso… pensó Kagome. El padre de Inuyasha murió intentando proteger a la mujer que amaba. Era precioso… y a la vez muy triste. -Más tarde huí intentando salvar la vida de mi hijo perseguida por los guardias… hasta ahora… -el silencio se hizo tangible al terminar la historia. Inuyasha estaba con la cabeza gacha, al parecer no había sabido nunca la historia completa. Kagome estaba abrumada de lo que el amor podía conseguir y de lo que era capaz y se dijo que haría cualquier por el hombre que amaba, y que nunca dejaría que le hiciesen daño.

El silencio fue interrumpido por un pequeño llanto en brazos de Kagome. La joven le balanceó intentando que se calmara sin éxito. La mujer tendió sus brazos cogiendo al bebe que enseguida le ofreció Kagome. La mujer, al tener al niño en brazos sonrió.

-Vaya, vaya…-la mujer se levantó y cogió algunas ropas que traía consigo enrolladas en su cuerpo cuando había huido. -Cerca de aquí, si no me equivoco, hay un rio, ¿verdad? -dijo. Kagome asintió con la cabeza, luego la mujer se encaminó en esa dirección no sin antes girarse para despedirse. -Me alegra haber podido comprobar que el sacrificio de mi amado no fue en vano. Y que seré capaz de convertir a este pequeñajo en un hombre… -sonrió a Inuyasha que se había levantado junto con Kagome para luego mirar a esta con una sonrisa en los labios. -Gracias por aceptarle pequeña… Es el mejor regalo que habéis podido darme, la satisfacción de que será feliz… -esta vez ninguno de los dos fue capaz de decir nada. Ambos miraron como la mujer se alejaba rumbo al rio, seguramente el niño querría "bañarse" o alguna otra necesidad evidente en los bebes de su edad. Inuyasha se giró hacia donde estaba Kagome, que seguía observando el lugar por donde se había ido su madre.

-Kagome.. -murmuró. Ella le miró mientras se sonrojaba un poco. -Mi madre tiene razón…

-¿Razón? ¿Razón en qué? -dijo extrañada.

-En que tengo suerte de que estés a mi lado… -Kagome se quedó helada de nuevo, ese día llevaba sorprendiéndose demasiadas veces, y supuso que no sería la última. Pues a los pocos segundos la brisa volvió a surgir entre los arboles volviéndolo todo de nuevo oscuro…