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Inuyasha: Viaje al pasado — capítulo 6
Como había estado ocurriendo hasta entonces, no veían absolutamente nada, y puestos que estaban separados unos cuantos metros uno del otro cuando estaban en el pasado de Inuyasha esta vez no pudo saber dónde estaba su acompañante y por mucho que extendiera los brazos, estos no llegaban a tocar nada. Su boca empezó a secarse por el miedo, desde pequeña le había tenido muchísimo miedo a la oscuridad y la verdad es que no sabía por qué.
-¿Inuyasha? -preguntó en un hilo de voz la joven totalmente asustada. A pesar de que sabía que sus oídos tendrían que haber oído su murmullo por fuerza no se contuvo en repetir su nombre un poco más alto al ver que no contestaba. - ¡Inuyasha! -nada. El silencio más absoluto reinaba en la oscuridad donde la joven se hallaba.
Visiblemente preocupado, empezó a correr sin rumbo por la oscuridad donde se habían sumergido. Desde que esa oscuridad se había formado a su alrededor por tercera vez en ese día había dejado de sentir la presencia y la olor de Kagome. Al pensar un poco en donde podría estar la chica, cayó en la cuenta de que era probable que se hubiese separado cuando la oscuridad les envolvió. La primera vez que les ocurrió él no dudo en agarrarla de los hombros para evitar que se separara de él, y la segunda había hecho exactamente lo mismo agarrándola esta vez de la mano. En ambas ocasiones la había tenido bien sujeta para que no se marchara, pues esa oscuridad amenazaba con llevársela. Pero esa vez habían estado separados, a pocos metros pero separados. No había tenido tiempo de cogerla, se le había escapado… la había perdido… Se maldijo a sí mismo por haber perdido a Kagome mientras dejaba de correr para ver como el paisaje se formaba a su alrededor. Al parecer, cuando pudo ver mejor donde estaba, se encontraba de nuevo en la época de Kagome. Se hallaba justo detrás del enorme árbol sagrado y escuchaba levemente como una voz muy dulce hablaba al otro lado. Sin fiarse todavía de donde se encontraba o en qué tiempo, se subió al árbol ágilmente y desde la seguridad de las ramas observó hacia abajo.
Sin duda era Kagome, pero claro no la Kagome que él quería encontrar. Aparentaba unos ocho- nueve años, para ese entonces Sota debía tener dos o tres. La niña estaba totalmente cubierta de barro y se encontraba arrodillada delante del árbol sagrado… ¿llorando?
-Porfas… perdóname… -repetía la niña una y otra vez en susurros. Fuese lo que fuese lo que la niña había hecho era imposible no perdonarla, pensó Inuyasha mientras sonreía. De repente, alguien se fue acercando a la niña que aún estaba arrodillada frente al árbol sagrado. Inuyasha le reconoció al instante, el padre de Kagome…
-Tesoro… ¿de nuevo te has puesto perdida de barro? -aunque pretendía ser una reprimenda le salió la voz tan dulce que más bien parecía unas palabras cariñosas. La niña levantó la cara cubierta de lágrimas mientras se las intentaba limpiar con una mano toda suciaprovocando que su rostro quedara aún más manchado. El hombre se agachó a la altura de la niña poniéndose de cuclillas y con una mano cariñosa le limpió un poco la cara mientras sonreía a la pequeña Kagome. Luego la levantaba cariñosamente del suelo y alzaba la mirada para poder verla a los ojos sin aún levantarse del suelo. - ¿Que ocurre, pequeña? ¿Te has caído? ¿Te has hecho daño? -dijo el hombre sin alarmarse. La niña negó con la cabeza mientras algunas lágrimas mas se le escapaban de los hermosos ojos color pardo. - ¿Entonces? -la niña volvió su mirada cristalina hacia el árbol sagrado y luego de nuevo hacia su padre. Inuyasha empezaba a estar muy intrigado con la infancia de Kagome. Al parecer había sido una niña muy movida y su padre le debía estar todo el rato encima, seguramente padre e hija debían llevar una relación muy estrecha y por esa razón Kagome se ponía triste cada vez que nombraba a su padre. Volvió a presar atención a la conversación que la niña y su padre tenían a unos metros hacia abajo mientras se ocultaba aún mas entre la espesura de las ramas del árbol.
-Es que… -dijo mientras sorbía por la nariz a causa de las lágrimas. -He hecho algo muy malo… -dijo la niña con la cabeza gacha. Su padre sonrió, al parecer no debía ser esa la primera vez que la niña le decía algo así, pues no parecía preocupado.
-¿Otra vez ese sueño? -la cabecita de la niña se movió afirmativamente.
-¡Pero sé que ha pasado! -dijo alzando la cabeza. -Se que le hice daño… mucho…
-Vamos cariño… -dijo mientras se acomodaba en el suelo y cogía a su hija poniéndola en su regazo. -No será tan malo, además, son sueños, no le has hecho daño a nadie.
-¡Si lo hice! -gritó la niña. -Me sentía muy mal en el sueño, me daba miedo ver la oscuridad… -su padre la abrazó mientras la acurrucaba todavía más entre sus brazos.
-Siempre has tenido miedo a la oscuridad por culpa de estos sueños, deberías olvidarlos… -dijo su padre ahora preocupado.
-¡Es que no quiero! Siento que no tengo derecho a olvidarle… -dijo llorando de nuevo. -He soñado con él otra vez… y quiero… quiero que me perdone…
-Seguro que ya te ha perdonado sea quien sea… -dijo con una sonrisa.
-¿Crees que si le pido perdón al chico de las orejas de perro me perdonara? ¿Aunque le haya clavado en el árbol? -dijo mirando a su padre. Inuyasha, que seguía escuchado la conversación, abrió los ojos de par en par al escuchar lo que la pequeña acababa de decir. No era posible, Kagome jamás nombró que recordara en ningún momento su vida pasada. Es más, supo que eran totalmente distintas Kikyo de Kagome,como si realmente no fuese su reencarnación. Así que durante su infancia… ¿Kagome soñaba con su vida pasada? De ahí que le diera miedo la oscuridad, soñaba con el día de su muerte cuando la oscuridad la invadió…
-Claro que si hija, no creo que sea capaz de no perdonarte. Te he escuchado hablar tantas veces de tu sueño que estoy seguro que él jamás llegó a odiarte, cariño. -dijo su padre mientras su hija se levantaba de golpe y miraba el árbol.
-¿Sabes que papa?
-¿Qué? -preguntó su padre mientras se levantaba del suelo.
-¡Voy a salvarle! ¡Sé que lo hare! Y entonces me perdonara, ¿verdad? -dijo mirando con una sonrisa a su padre.
-¡Claro que sí! -dijo su padre riendo mientras empezaba a andar dirección hacia la casa. La niña le cogió de la mano mientras se iba con él. Justo cuando Inuyasha iba a bajar pensando que no volverían, la niña se dio media vuelta de golpe y corrió hacia el árbol de nuevo, se paraba justo delante y colocaba las manos en modo de rezo.
-¡Lo siento, lo siento, lo siento, lo siento! -dijo la niña en un murmullo que pudo oír perfectamente Inuyasha, el cual no pudo reprimir una sonrisa de pura ternura. Cosa extraña en alguien como él. -Te prometo… que te encontrare… -seguidamente la niña se dio media vuelta de nuevoy se marcho corriendo en dirección donde su padre la llamaba.
Inuyasha había pensado en que la oscuridad esa que solía envolverle llegaría de un momento a otro, al parecer ir de un sitio a otro del pasado era una forma de mostrarle algo sobre su… ¿amiga? Pero al parecer algo más tenían que mostrarle, pues por mucho que estuvo allí de pie nada cambió, a excepción de que el padre de Kagome había vuelto a salir de la casa, esta vez algo enfadado…