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Inuyasha: Viaje al pasado — capítulo 7

La claridad de una verde pradera la deslumbró nomás tocar con sus pies descalzos la fría hierba. Tuvo que esforzarse en enfocar su mirada lo antes posible, pues al pasar de la oscuridad más profunda a la claridad más impactante, una se quedaba medio ciega. No tardó mucho en habituarse a la nueva luz del día, una luz que prometía ser de la mañana. Miró a su alrededor, pero como había supuesto en un principio Inuyasha no estaba. Suspiró intentando mantener la calma, al fin y al cabo ella era una poderosa sacerdotisa, no necesitaba a nadie para protegerse. Pero a pesar de que se estabaconcienciando de ello no pareció otorgarle mucha tranquilidad. Dio un paso hacia delante para empezar a andar pero justo cuando iba a poner el pie de nuevo en la hierba se detuvo en seco. ¿Y sus zapatos?

-¡Corra señorita, corra! -una voz, de supuestamente un niño, llegaba gritando desde el final del prado. Se quedó mirando al niño perpleja por lo que veía. ¡Imposible! ¡Eso quería decir que la espesura negra la había vuelto a llevar al pasado! ¿Cuándo terminarían esos viajes?

El muchacho fue reconocido rápidamente por Kagome, pues su traje rojo, su cabellera plateada y su par de orejitas eran inconfundibles. A Kagome no le dio tiempo de reaccionar mientras el pequeño de unos siete u ocho años la cogía de la mano y la instaba a correr en dirección contraria a la que estaba enfocada. Cuando empezó a correr sintió rápidamente el dolor latente de sus pies al ser rasgados por las piedras del camino por el que habían ido corriendo dejando atrás el prado. Los arboles los sorteaba como podía mientras seguía sujeta por el niño. De repente el niño paró y la obligó a meterse detrás de una montaña… ¿Qué demonios era eso? No lo sabía, pero fuese lo que fuese, olia muy, pero que muy mal.

-¡Shhh! Será mejor que no diga nada si no quiere morir. -murmuró el niño mientras espiaba por detrás del montón de… eso. Kagome observaba al pequeño Inuyasha mientras pensaba de qué estaría huyendo. Al parecer, y sabiendo su pasado, muchas veces era perseguido por humanos, pero de ser así no la habría llevado con él sino que habría huido de ella. Luego recordó que al ser un medio demonio seguramente también fuera atacado por demonios, así que era muy probable que de lo que le había salvado fuera un demonio. Irónico, pensó, tan pequeño y sigue salvándome la vida…

-¿Qué ocurre? -dijo Kagome con voz dulce mientras se acercaba al niño que parecía bastante asustado. El pequeño la miró con cara de desconcierto, pues no estaba acostumbrado que los humanos, a parte de su madre, le hablaran de un modo tan tierno.

-Oiga… no quería molestarla, solo quería evitar que muriese en manos del más temido demonio que existe. -dijo muy educadamente. Kagome se quedó con la boca colgando de forma bastante estúpida. ¿Dónde demonios había dejado Inuyasha a ese niño tan educado? Cuando el niño se levantó un poco para mirar por encima de un montoncito ella reaccionó cerrando la boca de inmediato y mirando de nuevo al niño.

-Y… ejem… ¿qué demonio es ese tan terrible? -preguntó curiosa. El pequeño se volvió a agachar a su altura pero sin acercarse a la joven, pues no se fiaba mucho de su posible reacción si él se le acercaba demasiado.

-Seshomaru… Toda la aldea lo conoce… es… -dudo un momento en seguir pero tragando saliva reunió valor para poder terminar la frase. -…es culpa mía que esté aquí… me quiere a mi… -Kagome volvió a quedarse con la boca colgando estúpidamente al darse cuenta de quien estaban hablando.

-¡Dios mío! ¿Tu hermano quería matarte ya? -bien Kagome, se dijo, otra vez metiendo la pata.

-Como sabes… -dijo el niño sin aliento y con los ojos reflejando el terror que sentía. Pues nadie sabía que el demonio que amenazaba a su pueblo era su medio hermano, y ya sin saberlo le echaban la culpa de que les atacaran, si supiesen eso le matarían seguro. Kagome miró al niño con ternura intentando acercarse a él para que dejase de temblar. Decididamente ese Inuyasha le gustaba más que el malhumorado que tenía por compañero.

-He… tranquilo… no diré nada, ¿vale? Será un secreto… -dijo mientras le sonreía. El pequeño no pudo encontrar una mirada de más desconcierto. Esa chica no parecía temerle, ni odiarle, ¿Por qué le trataba así? De repente, entre los arboles empezó a dejarse ver una silueta. Kagome, sin poder evitarlo, se asomó para ver quién era y tal fue su asombro al comprobar que era Seshomaru, claro que era muchísimo más joven. Con sus mismas prendas que las que usaba en el presente, el joven que avanzaba con pasos decididos por el bosque no debía tener más de catorce años.

Una mano la agarró de nuevo y la instó a agacharse. El pequeño estaba muy asustado, pero sabía perfectamente lo que hacía. El montículo era tan maloliente que seguramente Seshomaru no repararía en el olor del pequeño ni en ninguna otra que no fuese esa. Pero al parecer no tuvieron en cuenta de que Seshomaru no era tampoco ningún tonto, y sabía perfectamente que Inuyasha se habría escondido justamente allí.

Inuyasha tomó todo el valor que podía a su corta edad y justo cuando vio aparecer a su hermano por detrás del montículo maloliente se puso en frente de Kagome en una clara intención por protegerla. La ternura del acto conmovió tanto a Kagome que no pudo más que sonreír. El niño era un cielo, ¡como podía haber cambiado tanto! Aunque debía reconocer que tenía sus momentos, como cuando la protegía incluso a costa de su vida, o cuando la abrazaba justo después de pensar que casi la había perdido, o aquella vez que le saltaron las lágrimas al ver que todos habían sobrevivido al ataque de los siete hermanos.

-No… no le harás daño… -dijo tartamudeando. Seshomaru se miraba implausible al niño sin reparar todavía en Kagome. La joven se agachó a la altura del niño y lo sujetó tiernamente de los brazos que aún tenía extendidos.

-No te preocupes, no nos hará nada… -susurró al pequeño para que se relajara mientras se concentraba en extender su campo de energía alrededor de ellos. -¿Verdad que no, Seshomaru? -era la primera vez que llevaba a la práctica su técnica de protección y también su teoría ante Seshomaru. Pues desde la última vez que se encontraron con él se dio cuenta que se enfadaba cada vez que le retabany atacaba cada vez que alguien le temía. Así que opto por no echarse atrás y enfrentarse a él. Siendo aún joven, tal vez fuese también inexperto, y ella había avanzado mucho con sus poderes de sacerdotisa. Al parecer ni en mil años se habría imaginado la reacción del demonio. Sus mejillas parecieron sonrojarse y su expresión fu de total desconcierto. La estaba mirando a los ojos directamente para luego apartar la mirada… ¿avergonzado? Sin decir nada más, se dio media vuelta y salió corriendo como si jamás hubiese estado allí.

Inuyasha se quedó mirando la dirección por donde se había ido su medio hermano totalmente pasmado. Luego empezó a saltar y a gritar de júbilo mientras reía. Kagome no terminaba de creerse que le hubiese salido tan bien el truco, y ahora no podía parar de observar a ese Inuyasha tan feliz y contento.

-¡Eres increíble! ¿Cómo lo has hecho? ¡Tienes que enseñarme a hacer eso! -decía mientras la miraba emocionado. Kagome estaba aún sorprendida por todo lo ocurrido y todavía más porque empezaba a pensar que realmente no conocía de nada a Inuyasha. No había podido cambiar tanto, simplemente aún nadie había llegado al niño travieso e inocente que llevaba dentro.

Kagome rió ante la sugerencia del niño y puso los brazos en jarra mientras ponía cara de superioridad.

-¡Es un secreto! -dijo mientras le sonreía. El niño la miró y al cabo de un rato habló de nuevo.

-¿Porque… me tratas así? -preguntó dubitativo. Kagome borró la sonrisa de golpe para quedarse totalmente pasmada.

-¿Cómo debería tratarte? -pregunto mientras se agachaba a la altura del pequeño. El niño agachó la mirada mientras alguna lágrima se le escapaba de los ojos.

-Como todo el mundo. Me odian. -sus palabras le rompieron el corazón a Kagome, saber su pasado en cierto modo era una cosa, pero oír esas palabras de la boca del mismo Inuyasha cuando era pequeño era otra de muy distinta. Sin saber de dónde salía, una rabia interior la hizo enfurecerse.

-¡Pues que les den a todos! -gritó. Inuyasha volvió la mirada a la joven, levemente desconcertado.

-¿Qué?

-¡Pues eso! ¡Que les den! ¿Cómo pueden odiarte? A mí me sería imposible odiar a un niño tan adorable como tú. Tan tierno y tan educado. Si te odian sin conocerte, ¡pues que les den! -Inuyasha no cabía de asombro. Una… una humana acababa de decirle niño adorable, tierno y educado. ¡Una humana le acababa de llamar niño!

-Porque… ¿porque eres tan buena conmigo? ¿Acaso no ves lo que soy? -insistió el niño incrédulo. Ella sonrió al niño y se sentó en el césped. Él seguía de pie sin moverse ni un poco.

-Inuyasha… Acabas de salvarme la vida… ¿y aun preguntas porque soy buena contigo? Se lo que eres, y eso no importa. Es más, quiero que recuerdes en un futuro que no debes cambiar por nada ni por nadie. Tú eres así, y si alguien te quiere debe quererte como humano y como demonio, pero sobre todo debe quererte por ambos. Te aseguro que conocerás mucha gente que te va a querer de ese modo, aunque a veces no sabrás apreciarlo… -dijo con cierto tono de melancolía.

-¡Si sabré! -dijo muy serio y ahora algo sonrojado. - ¡Y no es justo! ¿Tú sabes mi nombre pero yo no el tuyo? -Kagome sonrió para luego contestarle.

-Kagome, me llamo Kagome. -el asintió con la cabeza y luego la miró a la cara.

-Pues… Kagome… -dijo mientras apretaba los puños. - ¡Lo aré! ¡No cambiare por nada ni por nadie! Y me convertiré en un chico fuerte para poder protegerte!

-¿Protegerme? Aix… -dijo suspirando. Inuyasha se puso aún más serio.

-¡Es verdad! ¡Voy a protegerte Kagome!¡Aunque me cueste la vida!

-En serio… -dijo ella mirándole de reojo ahora muy pendiente de la conversación. Ese Inuyasha era muy entretenido.

-¡Si! -Kagome se levantó y quitándose los restos de hierba miró al pequeño y le hizo un movimiento de cabeza.

-Vamos pues, para eso tienes que regresar con tu madre. -ambos emprendieron el camino a la aldea. Inuyasha estaba muy callado mientras andaban uno al lado de otro y no paraba de darle vueltas a todo. Al llegar, vio a lo lejos una mujer que estaba sentada algo preocupada en un tronco de árbol cortado al lado de una cabaña, era la madre de Inuyasha. Antes de irse con su madre se giró i miró de nuevo a la joven.

-¿Sabes qué Kagome? -dijo sonriendo.

-¿Qué? -preguntó con una sonrisa en los labios mientras miraba al pequeño desde el bosque.

-Creo que se ha que te refieres con lo de aceptarme como demonio y humano.

-¿A si? -dijo curiosa. - ¿Y a que me refiero?

-A que hay más personas como tú que me van a aceptar a pesar de ser lo que soy. Pero yo creo que no tienes razón. -Kagome encaró una ceja extrañada, iba a decir algo pero el niño la interrumpió dejándola perpleja. -Creo que no habrá nadie mas como tú, tan hermosa y tan simpática. Y creo que serías la única de la que podría enamorarme. -dijo visiblemente sonrojado. - ¡Por eso he dicho que me aré fuerte para protegerte! ¡Así cuando yo sea mayor tú también podrás enamorarte de mí! -sin dejar que Kagome dijera nada mas, se dio media vuelta y corrió al lado de su madre. Kagome se había quedado pasmada ante la última frase del niño. Increíble. Simplemente, increíble. No podía creerse que precisamente Inuyasha le hubiese dicho eso. Lo que daría por oírselo decir ahora.

Sin más se dio media vuelta dispuesta a irse dándose cuenta que después de eso pronto volvería la oscuridad de antes. Pero aunque esperó y esperó a que esa oscuridad volviese para poder encontrar a Inuyasha, estuviese donde estuviese, esa oscuridad no llegó. Algo le decía que tenía algo más que ver o hacer en ese tiempo, y fuese lo que fuese se acercaba a una velocidad vertiginosa.