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Inuyasha: Viaje al pasado — capítulo 8
Unos gritos procedentes del interior del templo Higurashi hicieron que olvidara al hombre que acababa de salir totalmente enfadado de su casa y se dispusiera a ver que ocurría en su interior. Se asomó por la ventana que daba al comedor y vio a la pequeña Kagome de pie junto a la puerta mientras su madre gritaba dando vueltas por todo el salón con un niño que no paraba de llorar en sus brazos.
-¡Lo has vuelto a hacer! -decía la mujer. - ¿Cuántas veces te he dicho que olvides esos malditos sueños, Kagome? ¿Cuántas? -la niña tenía la cabeza agachada mientras algunas lágrimas se le escapaban de los ojos.
-Mama… no es culpa mía… yo no he empujado a sota… -decía entre sollozos. La mujer dejó al niño en una cuna para luego acercarse a su hija y agacharse a su altura. Le levantó la cara para mirarla a los ojos.
-Lo sé… Cariño lo sé… -dijo con una sonrisa. -Pero te he dicho millones de veces que no debes recordar ese sueño. ¿Es que no lo ves? Cada vez que tienes ese sueño esa especie de aura que sale de ti le hace daño a alguien. ¡No es bueno, Kagome, no lo es! -la niña lloraba sin parar mientras miraba a su madre. Inuyasha no entendía de qué estaba hablando la madre de KAgome. ¿Qué aura? Acaso el sueño de su vida pasada despertaba los poderes de sacerdotisa que Kagome albergaba en su interior.
-¡No es justo! ¡Papa no me prohíbe tener esos sueños! ¡Ni pensar en ellos! ¡No puedo evitar soñar, mama! -gritó la niña. La mujer se levantó y cogió de nuevo al pequeño sota.
-Kagome, lo hago por tu bien. ¿Qué pasará si te ocurre algo otra vez cuando haces eso? No quiero que te pase nada, hija… -cuando el padre de Kagome y la pequeña habían entrado en la casa, Kagome se hacercó a Sota emocionada y contenta. Le quería contar que ya no tenía que preocuparse por esos sueños, que sabía que la perdonaría fuese como fuese. La mujer que estaba en la cocina preparando la comida observó como su marido se acercaba para besarla cuando un ruido procedente del comedor los distrajo. Kagome estaba en mitad del salón horrorizada viendo como Sota había sido empujado hacia la pared por una luz cegadora que había salido de ella y ahora lloraba. La mujer se había acercado corriendo al niño intentado calmarlo.
-¡Has dejado que volviera a fantasear con ese sueño! ¡Has dejado que volviera a ocurrir! -le había dicho a su marido.
-¡No es culpa suya, Sonomi! ¡Es tan solo una niña! ¡No puedes prohibirle que sueñe!
-¡Si cuando su vida está en peligro! -gritó la mujer.
-¡No está en peligro solo son sueños!
-¡¿Entonces como lo llamas a lo que le ha pasado a Sota!? -la mujer se levantó con el niño en brazos encarando a su marido.
-¡A sido un accidente, la niña no quería hacer daño a nadie!
-¡Pero lo ha hecho!
-¿Estas echándole la culpa a la niña?
-¡Te la estoy echando a ti! ¡La última vez que ocurrió me estaba contando a mí ese sueño cuando esa luz extraña la envolvió y fue ella la que salió volando y se rompió un brazo! ¡Fui yo quien la vi, y fui yo quien tuve que llevarla al hospital y tuvo que explicar lo ocurrido de tal forma que no me tomaran por loca! -la mujer estaba nerviosa y no paraba de llorar.
-¡Se perfectamente lo que ocurrió! ¡No paras de echarme en cara de que no estuviese allí contigo! ¡Solo intento que la niña viva tranquila y sin preocupaciones, pero tú no paras de empeñarte en hacerla sentir culpable!
-¡Solo quiero protegerla! ¿Cómo te atreves a decirme que intento que la niña se sienta culpable?
-¡Es lo que haces continuamente, todos tienen la culpa menos tu! -la mujer le miró completamente enfadada y se dejó llevar por la ira.
-Sal de esta casa ahora mismo… -dijo a su marido.
-Sonomi… -dijo intentando calmarla acercándose a ella. La mujer se apartó de golpe.
-¡Lárgate! -el hombre la miró por última vez y sin decir nada mas salió de la casa completamente enfadado.
Inuyasha había llegado poco después viendo a Kagome asustada y llorando, seguramente se sentía culpable por la discusión que habían tenido sus padres y por el daño que le había causado a Sota. Entonces, cuando creía que Kagome iba a disculparse o algo parecido, la niña hizo algo que nunca hubiese creído de ella.
-¡Todo es tu culpa! Papa no tenía la culpa de que yo haga daño a la gente! ¡Soy yo la que les hago daño! ¡Deja de discutir con él por mi culpa, discute conmigo! Seguro que te quedas más tranquila, ¿verdad? ¿Por qué no admites de una vez que me odias y me hechas a mí de casa? -la madre de Kagome se quedó paralizada ante las palabras tan duras que le había dicho su hija. ¿Su marido tenía razón? ¿Ella creía que era su culpa y que la odiaba por ello?
-Hija… yo no… -Inuyasha no podía apartar la mirada de la pequeña Kagome, jamás la había visto tan enfadada y triste a la vez, ni siquiera cuando discutía con él. No reconocía a esa Kagome y se preguntó que debía haber pasado para que cambiara tanto.
-¡No! ¡Calla! ¡No quiero escucharte más! ¡Te odio! -y sin decir nada mas salió corriendo cerrando la puerta de la calle de un portazo. La mujer la siguió corriendo pero cuando salió de la casa la niña ya había bajado las escaleras del templo. Sin poder hacer nada mas, fue a buscar al abuelo que seguramente estaría detrás del templo y le tendió al Sota para luego irse corriendo a buscar a su hija.
Inuyasha, que ya no había visto eso porque había ido detrás de la niña, seguía a Kagome de cerca viendo hacía donde se dirigía. Pronto descubrió queestaba buscando a su padre. Fue directa al parque cercano a su casa y vio al hombre que estaba a punto de atravesar la calle. Kagome sonrió contenta.
-¡Papa! -gritó mientras corría en su busca. El hombre, que ya estaba llegando al otro lado de la acera. Se dio la vuelta y vio a su hija que corría hacia él sin fijarse que un coche estaba a punto de atropellarla. Inuyasha tuvo el impulso de ir a rescatarla, pero paró de golpe al ver que la niña se tapaba los ojos y un aura liliácea la cubría justo en el momento que el coche chocaba contra ella. El coche se desvió de su trayectoria sin poder tocar siquiera a la niña llevándose por delante al hombre que había corrido al rescate de su hija. Inuyasha se quedó de una pieza viendo como Kagome se destapaba sus hermosos ojos azules (en el manga son azules XD) y veía a su padre tendido en el suelo a unos metros de ella. Kagome se acercó a su padre temblando y con las lágrimas a punto de salir de sus ojos. -¿Papa? -dijo la niña con la voz entrecortada ya al lado del hombre. Alguna gente que había visto el accidente llamaban a la ambulancia y otros intentaban ayudar, algunos mirando en el interior del coche otros alrededor del hombre tendido en el suelo. Una mujer que había visto a la niña la cogió en brazos y se la llevó del lugar apartándola un poco del accidente. La niña era muy pequeña para ver eso. - ¡No! ¡Déjame! ¡Papa! ¡Papa despierta! -decía la niña mientras intentaba zafarse de los brazos de la joven. A lo lejos, apareció una mujer muy conocida para la niña. Sonomi, que había seguido a su hija, se hacercó corriendo a la niña comprobando que se encontrara bien.
-¡Kagome! Dios mio, ¿estas bien? -decía totalmente preocupada. La niña asintió con la cabeza sin parar de derramar lágrimas.
-Papa… -a la mujer se le fueron los colores del rostro quedando totalmente pálida, se giró donde una multitud rodeaba a alguien. Se lebató del lado de su hija y rezando para que no fuese él se acercó al bullicio de gente.
-Ho dios mio, esta muerto. -escuchó a alguien decir. Sonomi empezó a desesperarse y a apartar a la gente a empujones.
-¡Apartad! -gritaba. -¡Salir! -en cuanto la gente la dejó pasar y vio a su marido tendido en el suelo no pudo contener mas las lágrimas. -¡No! -gritó en un sollozo quebrado. Se arrodilló junto a él y lo levantó del suelo apoyándolo contra sus piernas dobladas. Empezó a acariciarle la cara intentando sin éxito que despertara. -Cariño… Vamos, no estoy enfadada, de verdad… Tienes que despertar para echarme la bronca por ser tan mala madre… -decía mientras lloraba. -Dime algo… -dijo con apenas voz. -¡Dime algo! -repitió gritando. La ambulancia llegó al poco tiempo y unos hombres se acercaron al hombre pero no había nada que hacer, había muerto al acto.
Inuyasha no podía apartar la mirada de esa escena. Kagome ya no lloraba. En realidad se había quedado totalmente paralizada viendo como la ambulancia se llevaba el cuerpo de su padre. La madre de Kagome estaba en el suelo llorando y se levantó sin esperar un segundo más para comprobar que Kagome estuviese bien.
-Kagome… -le dijo, pero ella no reaccionaba. Sus ojos no miraban a ninguna parte y su cuerpo no se movía un solo milímetro. La mujer miró a la joven que se había quedado con su hija y le dio las gracias. Ella le preguntó si podía hacer algo por ellas, pero Sonomi negó con la cabeza y se centró de nuevo en su hija mientras la joven se marchaba algo preocupada. La ambulancia, que esperaba a la mujer con su hija, les dejó unos instantes para que la madre pudiese llevarse a la niña al hospital para comprobar que estuviese bien. -Cariño… háblame… -Kagome la miró con los ojos lagrimosos y habló por primera vez.
-No… no volveré… a confiar en mi… ni en mis sueños, mami… no lo hare mas… -dijo entre lagrimas. -Lo juro… lo juro… -su madre la abrazó y lloró con ella.
Inuyasha no aguantaba más, no podía seguir viendo eso, ahora entendía porque nunca le había contado nada Kagome, seguramente no recordaba porque había ocurrido pero estaba seguro que seguía echándose la culpa de todo. Por un momento deseó poder estar a su lado, poder consolarla y decirle que ella no había tenido la culpa. En realidad deseaba tanto verla que incluso estaría dispuesto a gritarle lo que sentía por esa joven fuerte, más fuerte de lo que nadie podía llegar a imaginar jamás. Nunca había sentido esa necesidad de estar con alguien, de consolar a alguien. Se quedó ahí de pie mirando como la madre de Kagome se llevaba a la niña en la ambulancia. Su mirada era bacía y sin expresión, y decidió que nunca dejaría que su mirada se apagara de nuevo de ese modo. Se dio media vuelta pensando en todo lo que había descubierto, entendiendo así muchas cosas.
-Kagome… ¿donde estas? -sin decir nada mas la brisa que tanto había deseado que llegara le envolvió volviéndolo todo negro y cuando enfocó la vista a delante pudo ver algo que lo dejó totalmente perplejo.