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Inuyasha: Viaje al pasado — capítulo 9

Apenas hubo visto lo que se acercaba no pudo hacer nada más que correr. Y de qué modo…

Seguía con los pies descalzos, pero llevaba tanto rato andando sobre piedras y troncos que apenas lo notó al empezar a correr. El demonio que la perseguía de cerca lo conocía muy bien, y lo peor de todo es que a pesar de que tenía que defenderse de algún modo también sabía que no podía matarlo. Kagome seguía corriendo como alma que se lleva el diablo mientras sus pies empezaban a sangrar a causa de alguna que otra piedra. Buscando algún modo de escapar de ella terminó llegando a la orilla de un lago. Sin pensarlo un segundo se tiro al agua y buceó intentando llegar al otro lado despistando a la ciempiés gigante que la perseguía de tan de cerca.Recordaba que fue ella quien la llevó a ese mundo, y por esa razón tenía que seguir con vida, al menos hasta que Inuyasha terminase con ella en un futuro.

En cuanto salió del agua completamente mojada se dio cuenta de que la ciempiés la estaba esperando al otro lado del lago. Kagome se quedó totalmente estática en la orilla sin poder apenas reaccionar.

-*Eres una sacerdotisa... ¿y no te defiendes? -*dijo la ciempiés observándola detenidamente. Kagome cerró los ojos y se concentró intentando formar una barrera protectora a su alrededor sin mucho éxito, pues estaba cansada y había gastado muchas energías al proteger con esa misma barrera a Inuyasha. La ciempiés se rió de ella mientras Kagome abría de nuevo los ojos ahora algo asustada. Cuando creía que la ciempiés iba a descuartizarlaalguien la cogió en volandas del agua y la alejó de la demonio.

-¿Inuyasha? -dijo involuntariamente al verse brincando hacia el árbol más cercano. El sujeto la depositó en la rama del árbol para luego saltar de nuevo hacia la ciempiés.

Kagome se quedó con la boca abierta al comprobar que quien la había salvado no era Inuyasha, sino Sesshomaru. No se había fijado antes, pero a pesar de que era muy joven el demonio le pasaba unos centímetros de alto. A su lado parecía aún más pequeña de lo que ya era.

Kagome se obligó a reaccionar ante lo insólito de la situación y se dio cuenta de lo que Sesshomaru pretendía. ¡Quería matar a la ciempiés!

-¡Oh no! -se dijo. - ¡No la mates! -gritó sin pensarlo un segundo. Sesshomaru, que había escuchado su exclamación a la perfección, se giró totalmente pasmado por lo que la extraña humana le había pedido, despistándose el tiempo suficiente para que la ciempiés aprovechara para atacarle. El resultado fue el de un Sesshomaru estampado contra la copa del árbol donde Kagome estaba, tambaleándolo lo justo para que ella perdiera el equilibrio y cayera de la rama donde se hallaba. Si el golpe contra el árbol le había sorprendido el hecho de que la joven le cayera encima segundos más tarde lo desorientó totalmente. La verdad es que la joven era muy hermosa, para ser humana claro, y además estaba totalmente mojada…

Sesshomaru se obligó a levantarse rápidamente dejando a la joven en pie. Ignorando su petición anterior, pues seguramente lo habría oído mal y lo que habría dicho era "Mata a la ciempiés" y no "No la mates", se dispuso a ir donde la demonio estaba y terminar con ella. Y lo habría hecho de no ser por unas pequeñas manos que se agarraron a su brazo. Y que esas manos le tocaran era lo que menos necesitaba en esos momentos. ¡Malditas hormonas demoniacas!

-¡No vayas! -dijo Kagome con voz suplicante. Sesshomaru se giró encarándola, pues por alguna razón que desconocía esa mujer lo desorientaba de un modo que nunca había experimentado.

-¿Por qué? -dijo tajante. -¿Por qué no quieres que la mate? -Kagome pensó detenidamente la razón que iba a darle al demonio. No estaba acostumbrada a tratar con Sesshomaru, y el hecho de que la hubiese salvado ya era suficientemente extraño viniendo de él.

Gracias a dios Kagome no tuvo que pensar demasiado pues la ciempiés había vuelto al ataque. Sesshomaru cogió de nuevo a Kagome en volandas y la alejó del peligro sin hacer ni un solo rasguño a la ciempiés. A pesar de eso, pero, la demonio no se dio por vencida y los siguió dispuesta a volver a atacarles. Kagome, que estaba en esos momentos detrás de Sesshomaru al haberla depositado en el suelo y haberse puesto delante de ella en clara posición de protegerla, vio que en una especie de bolsa que llevaba en la espalda había un arco y una sola flecha manchada de sangre.

-¡Un arco y una flecha! -exclamó. Shessomaru se giró después de ofrecerle un buen puñetazo a la ciempiés para quitársela de encima.

-Si… ¿Y? -dijo seriamente.

-¿Me lo prestas? -él la miró encarando una ceja totalmente extrañado. ¿Qué pretendía hacer esa humana con un arco y una flecha contra una demonio ciempiés si no quería matar a dicho demonio? Aun así, sin preguntar nada, le ofreció la flecha y el arco, que había pertenecido a un humano algo pesado que se había metido donde no lo llamaban. Kagome corrió hacia delante acercándose a la ciempiés que aun seguía en el suelo del impacto. Sesshomaru no pudo más que observar como la humana iba directa a su muerte sin ningún miedo. Increíble.

Kagome, en cuanto vio el arco y la flecha se le había ocurrido una fantástica idea. Si no se equivocaba, y no solía hacerlo, cerca del lago donde se había tirado había el pozo deborahuesos. Y si mal no recordaba, y no lo recordaba nada mal, en realidad esa ciempiés había revivido gracias a la perla que ella había llevado en su interior aquel día que había entrado en el pozo cercano al templo.

-¡EH! ¡Asquerosa! -gritó Kagome para que la prestara atención. - ¡Sígueme si puedes! -seguidamente echó a correr de nuevo con la ciempiés pisándole los talones. Esta vez, pero, tenía un claro objetivo, el pozo deborahuesos. Sesshomaru corrió detrás de ella en cuanto desapareció en el bosque intentando descubrir lo que pretendía esa loca humana.

La ciempiés estaba a punto de atraparla cuando vislumbró por fin el pozo. Corrió como pudo rodeándolo y alejándose de él unos pocos metros y se tiró poniéndose de espaldas al suelo. Cogió el arco y la flecha, tensó el arco y esperó a que la ciempiés se hallara justo encima del pozo. Solo entonces disparó.

-¡Acierta! -aunque estaba tan cerca de ella que si no hubiese acertado habría sido vergonzoso. La ciempiés se desintegró quedando solo los huesos y cayeron todos en el interior del pozo, a la espera de una muchacha de quince años que buscara un gato en el interior de la casita del pozo. Sesshomaru se quedó boquiabierto ante la valentía de la joven, y no era que fuese fácil de impresionar. Cuando se acercó a ella y la levantó no tuvo ninguna duda. Si era cierto que los demonios tenían que encontrar pareja en algún momento de su vida ese era su momento, y sin ninguna duda esa era la mujer.

-Gracias. -dijo la muchacha sonriendo. Si bien su acto no le había convencido la belleza de su sonrisa terminó por convencerlo. Sin que se lo esperara por nada del mundo, Sesshomaru la cogió de la cintura y pegando su cuerpo al suyo la besó.

Kagome se quedó totalmente estática. Si había algo que no esperaba por nada del mundo era que alguien como Sesshomaru la besara. Y si eso no era suficientemente horrible algo empeoró la situación. Pues si en un primer momento se encontraban solos una brisa extraña había traído a alguien más al claro del pozo. Alguien que se había quedado tan sorprendido como ella, pero que a diferencia de Kagome ahora estaba totalmente furioso…