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Historia 79215 — capítulo 19

El timbre sonó.

El ruido de sus tacones hizo eco al pasar por el pasillo y después en la habitación. El timbre sonó de nuevo y ella giro la perilla. Remus sacudía sus pies, intentando que el hielo callera de su suela y Peter, detrás de él, hacia lo mismo.

-Feliz navidad, Feles. ¿Te parece bien si entramos?- se estremeció.

Hermione sonrió y asintió. La puerta rechino cuando estaba a punto de cerrarse, pero una cabellera roja hizo acto de presencia en el pórtico.

-¿Lily?-la pelirroja la abrazo; la calidez de su pesado abrigo rojo la invadió al instante.

-Mis padres me dejaron salir en noche buena. La prueba de que los milagros existen,- la pelirroja sonrió y abrazo a su amiga.

La puerta se cerró tras de ella, Lily entrego a Hermione una tarta de manzana y James apareció en la estancia con los cubiertos en mano. Se miraron. Durante largos segundos se limitaron solo a mirarse, con ese "algo" entre ellos que los obligaba a estar unidos. James se acerco a la pelirroja, acaricio su mejilla y ella sonrió, luego deposito un casto y tierno beso en sus labios.

Hermione sonrió. Deseaba enteramente Harry estuviera ahí, con ella, con ellos, mirando a sus padres.

-¿En que puedo ayudar?- sus mejillas se acercaron al tono rojizo de su cabello.

-Pon la mesa, serviremos la cena.- Volvió la cocina y con un movimiento de su varita, saco el pavo del horno.- ¡Lunatico, Colagusano! Lleven la cena a la mesa, por favor.

Remus se llevo el pavo y Peter, por supuesto, los postres. Y ellamiro por la ventana. Las luces estaban ya encendidas, iluminando las calles, el reloj marcaba las 10:00 p.m., el cielo estaba repleto de nubes grises y, de vez en cuando, se podían escuchar los villancicos. Hermione sonrió.

Saco la botella de vino, y lo que quedaba del whisky, se encamino al comedor y se detuvo en el pórtico de la puerta. Los miro. Peter y Remus peleaban por el asiento que ocuparían, como ver a dos niños pequeños peleándose; James se acerco a Lily y la abrazo, como si temiera que pudiera marcharse y nunca volver, la pelirroja le sonrió y él también le correspondió. Se miraron. Las miradas de ambos se unieron con las del otro y vio en ellos ese brillo, ese rayito de alegría y amor entremezclados, ese destello en los ojos de dos enamorados del que siempre le habían hablado… y nunca había visto ella.

-¿Sigues creyendo que nos vemos mejor que Lily y James?- Sirius la abrazo.

-Quizá lo dude un poco- lo miro.

-No te preocupes, me asegurare de que estés cien por ciento segura,- se acerco a ella, con la intención de besarla, pero ella se aparto.

-Le toca llevar la bebida, sr. Black- dijo poniendo la botella sobre sus labios.

El oji-gris rodo los ojos y, riendo, tomo la botella para llevarla a la mesa. Todos tomaron asiento. La cena había comenzado.

-Antes de comenzar,- James se aclaro la garganta poniéndose de pie con copa en mano- este año se sumaron un par de personas mas a nuestro pequeño grupo-miro a la pelirroja y luego a la castaña.- Los amigos han ido llegando y la familia ha ido creciendo…

No era muy bueno con las palabras. Hermione lo supo.

-Por la familia y amigos;-le ayudo- por lo que tenemos ahora, por lo que ganaremos ahora y por lo que no perderemos nunca.

Elevaron sus copas, las chocaron en el aire y le dieron un pequeño sorbo al vino. Comenzaron a comer a petición de Peter.

Las copas se llenaban, se vaciaban luego de un par de sorbos, y volvían a llenarse; la cena iba venia desde seis asientos diferentes. Sirius hizo sonar la música, alegrando un poco mas el ambiente. Las anécdotas se convirtieron en motivos de risa… y las risas en un regalo.

Sirius la miro desde el otro extremo de la mesa y ambos callaron por un momento, se desvaneció el panorama del que segundos atrás disfrutaban y se miraron, por interminables segundos, como si nada o nadie mas existiera, solo ellos.

El oji-gris le guiño un ojo con coquetería y sonrió a su castaña.

Ella negó con la cabeza, mientras reía, con el delicado color carmesí adornando sus mejillas.

-Dijiste que ya no tenías ropa, Lunatico- James elevo los hombros.

Remus rió, devolviendo las prendas ropa a sus cajas:- Se los agradezco.

El árbol permanecía a un lado de la chimenea, con solo un par de regalos mas por abrir, con ellos frente a la chimenea, disfrutando de la calidez que les proporcionaba. Remus y Peter permanecían en el sofá mas grande, Lily y James en el suelo y Sirius en el otro sofá, con la cabeza de su castaña recostada en sus piernas.

-este es el tuyo Lily- hizo entrega de una pequeña cajita.

La pelirroja abrió la caja con manos ansiosas y una sonrisa en el rostro. Una cadena. Su flor favorita… con su nombre grabado en ella. La sonrisa en su rostro se ensancho aun mas.Beso la mejilla de James y le permitió colgara la cadena a su cuello.

Los ojos de Peter se abrieron desmesuradamente con un brillo intenso reflejado en ellos, al abrir la enorme caja con cientos de chocolates y dulces… solo para él. No necesitaba regalos costosos cuando podría comer chocolates.James desenvolvió su nueva escoba -cortesía de la castaña y su novio- y luego siguió Sirius, con un par de prendas de ropa mas.

-Feles, este es tuyo.- Peter le tendio la caja.

Se sento en la orilla del sofá y tomo la caja con cuidado. El cabello alborotado le bloqueo la vista, retiro la envoltura con manos temblorosas y luego abrió la caja, dejo a la vista de todos la cajita y saco el obsequio dentro de ella: una pequeña cámara mágica.

-Gracias…- no supo a quien agradecer.

-Todos… menos Canuto- respondió el muchacho regordete una vez mas.

Sirius rió, negando con la cabeza. Corrió a las escaleras y las subió presuroso.

Se recostó de nuevo, los parpados comenzaron a pesarle de pronto y sus ojos se cerraron. Algo comenzó a rascar el sofá y a tirar de su cabello. Abrió los ojos. Adormilada giro la cabeza y la vio: una pequeña bola de pelos blanca, con dos enormes perlas azules mirándola fijamente. Tomo a la pequeña gatita en brazos y sonrió.

-Te dije que le gustaría mas una pequeña gatita,- Sirius la miraba desde las escaleras contento.

-Gracias, Canuto. Es perfecto.- Rasco detrás de las orejas de la gatita y el animal ronroneo.

El mejor regalo de navidad… ¡NO! No había mejor regalo que estar ahí… con ellos… con sus amigos… con su nueva familia.

Logro despertar. Los ronquidos de Peter inundaban la estancia. Se removió en brazos de Sirius y, con cautela de no despertarlo, logro librarse de sus brazos. Salió. El frio se había hecho presente, haciendo aparecer una estela de vapor cada vez que ella respiraba, con los copos de nieve comenzando a caer, adornando aun mas el lugar con un interminable manto blanco. Miro al reloj. Diez minutos para las doce.

Cerro los ojos por un momento.

Las luces de su casa permanecían encendidas, los muggles que en su puerta cataban villancicos ni siquiera notaron su presencia. Pero la música navideña ya llenaba la estancia. Sus padres habían encendido la grabadora. Crookshanks ronroneaba en el sofá mas grande de la estancia, a un lado de una carta que ella había enviado… supuestamente, disculpándose por no poder asistir a navidad ese año, pues había escogido pasar navidad con la familia Weasley. Sus padres reían, su ausencia los angustiaba pero no les negaba el poder reír, a un lado del árbol de navidad, con los regalos sin abrir… y uno con su nombre en él.

La enorme casa de los Weasley quedo a su vista, como una gloriosa pintura recién pintada. Se acerco a la ventana. Cenaban. Con sus platos rebosantes de pavo y las copas llenas de vino. Reían, mirándose unos a otros como si no hubiera un mañana, disfrutando de la calidez familiar y las sonrisas que no dejaban ver nada mas que alegría. Harry estaba con ellos. Con la única familia que le quedaba: los pelirrojos Weasley. Miraba a Ginny de la misma manera en que ella solía mirar a Ron, como James miraba a Lily… como ella miraba a Sirius.

Todos estaban felices, contentos con lo que tenían y ansiosos por lo que tendrían, pero disfrutando del presente. No les hacia falta la castaña. Quizá seria porque sabían que volveria, pues conocían lo perseverante que era. Pero le alegraba saber que ella no seria motivo alguno de angustia, ni en su casa ni en casa de los Weasley. Sonrió.

-¿Es que acaso no tienes frio?.

Sintio sus brazos rodeándola. Sonrió y abrió los ojos.

-No contigo aquí.

Los villancicos se escucharon mas cerca.

-lamento no poder igualar tu regalo.

-Tener conmigo, es lo único que necesito… el mejor regalo.

Ella negó con la cabeza. Abrio la pequeña caja que había guardado, sin que él no se percatara de ello y dejo que el obsequio quedara suspendido en el aire. Sirius elevo la cabeza.

-Tu me obsequiaste una… pensé que debía hacer lo mismo.

Tomo la pequeña cadena entre sus manos, fijando sus grises ojos en ambas figuras: un perro y un gato. Sonriendo la colgó a su cuello y beso la mejilla de su castaña.

-Es perfecta… castaña.

Las campanadas del reloj se escucharon entonces. Las doce. Las luces del vecindario se encendieron por completo, la nieve lo cubrió todo entonces, en el cielo los fuegos artificiales iluminaron sin mas cada rincón del cielo y la tierra, y los niños comenzaron a correr sin rienda alguna por las calles, lanzándose bolas de nieve, con sus madres mirándoles reprobatoriamente pero sin dejar de sonreír.

Sirius tomo la mano de la castaña y, como si de un baile se tratara, la hizo girar. Pero ella se resbalo. El oji-gris la tomo en brazos antes de que cayera. Y ella se abrazo a su cuello con torpeza.

-Feliz navidad… preciosa.

Hermione sonrió en sus brazos.

-Feliz navidad, Canuto.- Lo vio abrir la boca, para hablar, pero ella puso su dedo sobre los labios del oji-gris y negó con l cabeza,- cierra la boca, Black.

Sirius sonrió. Luego la beso.

Extrañaba a sus amigos, pero ninguna navidad se compararía jamás con aquella, no mientras ella estuviera con los merodeadores, no mientras… los labios de Sirius estuvieran sobre los suyos.