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Historia 79215 — capítulo 22

Dejo caer sus brazos apesadumbrados sobre la mesa frente suyo, el pedazos de tela que sostenía aun se resbalo por entre sus dedos y ella cerró los ojos, intentando descansar un poco.

-¡Hermione!- Lily le gritó cerca de su oído.

La castaña dio un salto y un par de libros, ya ordenados, cayeron de la mesa. Lily le miro de manera reprobatoria.

-Te toca bajar los libros de las estanterías. Alyssa y yo los limpiaremos.

Hermione bufo, mientras le entregaba el trapo a la pelirroja. Se detuvo frente a la estantería que guardaba los libros de historia de la magia. Levanto la vista y le pareció infinita la cantidad de libros que en un solo estante había. Pero ese había sido el precio que habían tenido que pagar por el pequeño regalo de cumpleaños de James: Alyssa, Lily y ella limpiarían la biblioteca sin magia.

Echo un vistazo a la enorme escalera que a su lado descansaba, una escalera que le pareció igual de infinita que los libros en aquel lugar, igual de infinita que la altura de aquel estante.

-No creí que hubiera escaleras tan altas.

-Te sorprendería saber las veces que han castigado a los estudiantes con asear la biblioteca.- Lily llegó a su lado-: creyeron conveniente tener una escalera de ese tamaño. Anda, apresúrate y quizá alcanzamos a cenar.

Hermione bufó. Uno a uno fue subiendo los escalones; repitiéndose en cada uno que no debía mirar hacia abajo, hasta que al fin llego al último estante. Tomó un par de libros y los dejo caer el suelo, Lily los tomaba y los llevaba a la mesa donde ella y Alyssa los estarían limpiando; quizá el sólo lanzar libros seria un poco menos difícil que el estar limpiándolos uno a uno.

Estaba a punto de descender a la segunda hilera de libros cuando vio que uno le faltaba. Se estiró lo mas que pudo y extendió el brazo lo mas que le fue permitido, con la yema de su dedo logro tirar del libro y apenas si alcanzo a tomarlo… pero fue muy torpe de su parte pensar que aquello no tendría sus consecuencias. Su pie le falló y ella resbaló; el libro cayó lejos de sus manos y ella vio lejana la escalera a cada segundo que transcurría, no pudo evitar imaginarse en la enfermería.

-¡Hermione!- escuchó que Lily gritaba, también la escucho correr hacia ella. Cerró los ojos.

Un par de brazos alcanzaron a tomarla en el aire, abrazándose a su cintura con fuerza,aunque, de igual manera, todo esfuerzo fue en vano, porque la castaña igual cayó… claro que, no lo hizo sola.

-Ten más cuidado, ¿sí?- Sirius dejó escapar un gemido al pronunciar la última palabra.

Hermione había caído sobre él.

-Lo lamento, Sirius.- Se puso de pie con rapidez y el oji-gris la miró desde el suelo.

-¿Qué harías sin mí?- adolorido se puso en pie.

-Pobre de ella, ¿Qué haría Hermione sin el maravilloso Sirius Black?- Lily se burló y Hermione rió.- Quizá ya tendría un par de huesos rotos, pero nada más.

Sirius le miró molesto pero no dijo nada. Alyssa llegó al lado de Lily;Hermione se acercó a Sirius y lo miró avergonzada.

-¿estás bien?- alcanzó a decirle y Lily rodó los ojos mientras él asentía.- No me malinterpretes, fue un alivio que aparecieras, pero ¿Qué hacías aquí?

-Vine a verte,- tomó su mano y la acercó a él-: vine a robarte- le susurró al oído.- Pero debemos irnos ya, antes de que sepan que me escabullí de clases.

Hermione miró a Lily, pidiendo permiso para marcharse, porque la pelirroja sabía tan bien como ella que no quería estar ahí. Lily dudó.

-Márchate, antes de que me arrepienta,- la pelirroja logró sacarle unasonrisa a su amiga.

-No esperes que vuelva, pelirroja.- Le dijo Sirius.

-Cuando de ti se trata, nunca lo hago,- vio al oji-gris sonreír, antes de que él y Hermione salieran de la biblioteca a toda prisa.

La castaña intentaba correr a la misma velocidad que el oji-gris, pero simplemente no podía, de no haber sido porque Sirius sujetaba su mano con fuerza, Hermione lo habría perdido de vista minutos atrás. Con rapidez llegaron al tercer piso, donde se detuvieron frente a la estatua de la bruja tuerta.

-*Dissendium,-*se escuchó decir a Sirius, lego de haber tocado la estatua con la varita.

El pasadizo quedó a la vista y ellos comenzaron acorrer de nuevo. Abrieron la puertilla que al final estaba y salieron del túnel para entrar al sótano de Honeydukes.

-Ten,- Sirius le entrego una bolsa de correa.- Mete tu uniforme ahí, por si acaso ahí viene un suéter.

Hermione se quito el uniforme, como se le había pedido, dejando a la vista una blusa roja y unos jeans obscuros.Guardo el uniforme en la bolsa y miróa Sirius, extrañada.

-Sirius, ¿qué...?- fue lo único que pudo decir, antes de que él tomara su mano y se esfumaran de ahí. Sintió sus pies lejos del suelo y como de pronto las nauseas la invadían; se sintió aliviada de que, al segundo siguiente, sus pies tocaran el suelo. Abrió los ojos: estaban en Londres muggle-: ¿Qué hacemos aquí?

-Te dije que nos iríamos de la escuela y estar en Hogsmeade es demasiado peligroso. Además, no conozco Londres, ¿has venido alguna vez?

Hermione asintió, mirando a la calle, buscando algo en que pudieran transportarse. ¡Ahí! Tomó la mano de Sirius y de inmediato sus pies le instaron a correr; lo hicieron al momento en que alcanzo a ver el enorme autobús rojo de dos pisos. Subieron al camión y apenas si lo hicieron,se puso en marcha; subieron las escaleras sin detenerse y tomaron asiento -en el segundo piso- apunto de tropezar, bajo las miradas exasperadas de los que ahí estaban.

Sirius rió.

-Eres increíble. Si que corres, Castaña,- la miró y Hermione le sonrió-: mira lo que traje.

Abrió la bolsa -que colgaba del hombro de Hermione- y sacó la cámara que habían obsequiado en navidad. Hermione intento guardarla de nuevo.

-Tranquila, Lunático encontró la manera de que, a vista de los muggles, fuera una cámara "normal". No hay problema.

-¿Por qué la trajiste?

-Creí que… querrías recordar nuestro pequeño paseo pero…- hizo un puchero- si no la quieres.

-¡Dame eso!- Hermione tomó con rapidez la cámara y Sirius rió con ella. La luz de la cámara les caló en los ojos por lo que tuvieron que cerrar los ojos un par de segundos. Luego guardó la cámara.

Cada lugar que Sirius podía divisar, lo señalaba y preguntaba a Hermione que era lo que ahí había; si la castaña conocía el lugar, le decía lo que él quisiera saber. Los ojos grisáceos de Sirius divisaron una nevería. Sonrió entonces alegrado de haber conseguido una excusa para bajar del camión. Sin previo aviso tomo la mano de la castaña y le obligó a ponerse de pie una vez más. Bajaron del camión, sin haberse detenido siquiera, atravesaron la calle con suma rapidez, sin evitar que los claxon de los autos les reprimieran tal acción.

El local estaba vacío, a excepción de una pareja sentada en un rincón, la anciana detrás del mostrador y la "camarera".

-Ve a sentarte, yo iré por el helado- Sirius besó su mejilla.

  • De Chocolate, para mí- Hermione tomó asiento en una mesita frente a la ventana.

La rubia que atendía a los tortolos se disculpo y se acerco a Sirius.

-Soy Samanta, ¿en qué puedo ayudarte?- le sonrió con coquetería.

-Un par de helados; uno de chocolate y el otro de cajeta.

La rubia anotó algo en su libreta y desprendió el pale.

-Esto…- le mostro el papel con ambos sabores- es para ella- la del mostrador; desprendió entonces otra hoja-: y esto, es para ti. Por si necesitas compañía.

La rubia le guiño un ojo a Sirius y volvió a sonreírle. Hermione rodó los ojos y, molesta, miró por la ventana. Sirius sonrió y miró a su castaña: apoyando su barbilla sobre su brazo, mirando al exterior con la mirada pérdida, una sonrisa pintada en el rostro y el cabello enmarañado. Miró la bolsa que sobre la mesa descansaba y en silencio sacó la cámara. Tomó una fotografía a aquella imagen que tan bella le parecía; Hermione se giró y, negando con la cabeza, le sonrió.

-Samanta, ¿podrías tomar una foto?-le entregó la cámara a la rubia y , por un momento, la vio sonreír.- Tómame una foto con ella.

Se acercó a Hermione, dando grandes zancadas, rodeó su cintura con un brazo y acarició su mejilla; la castaña le miro confundida y Sirius la besó. Enredó sus dedos en el largo cabello del oji-gris y lo besó con frenesí; sintió la lengua de Sirius recorriendo cada recoveco de su boca, mientras la suya le imitaba. No supo ninguno de los dos si la rubia se había atrevido a tomar la fotografía, porque no había nada mas importante que disfrutar del dulce sabor que destilaban los labios del otro. Se apartó de ella, a falta de aire, y la miró; miró como, de sus rosados labios, nacía una sonrisa complacida.

-Aquí tienen,- Samanta dejo caer la cámara sobre la mesa y un par de cajas con una enorme bolade nieve en ellas.- Cortesía de la casa, de mi abuela más bien.

Hermione guardo la cámara, Samanta se marchó y Sirius tomó la nieve. Se disponían a salir, cuando Hermione se detuvo.

-Samanta,- la castaña le miró, mostrándole el papel que a Sirius le había obsequiado-: No lo necesita,- y lo dejó caer en el cesto de basura. Escucho reír a la anciana antes de salir.

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-No lo entiendo, ¿Cómo es que puedes hacer magia fuera de la escuela.

-Mis padres son gente importante, tienen "contactos"- Sirius rió, sin atreverse a soltarla.- Además, si un muggle no te ha visto… no sucede nada.

La luna se detuvo frente a ellos, brindándoles la mejor vista. La enormes manecillas del Big Ben marcaron las 8:15, con ellos sentados en la manecilla mas pequeña; con Sirius sosteniendo a su castaña con fuerza, estrechándola contra él.

-¿Sabes volar, Castaña?- la vio negar con la cabeza- yo te enseñare.

-Sirius, no…

Pero él ya había tomado su mano. Aparecieron en el Puente de la Torre, en lo más alto de la estructura. Hermione asomo la cabeza, se imagino a si misma cayendo. Sería una larga y dolorosa caída.

-Bien, esto es lo que haremos. Te dejarás caer, ¿bien?- No le permitió decir nada más, cubrió sus ojos y metió su mano en la bolsa; Hermione sintió que algo sacaba de ella, luego la dejó ver de nuevo.- ¿Qué esperas?

Hermione miro hacia abajo una vez más, aterrada.

-¿Confías en mí?- la vio asentir-: sólo cierra las ojos, yo te atrapo- le susurró al oído.

Hermione cerró los ojos. Y se dejó caer. Sintió como la corriente de aire arremetía contra su rostro, como su corazón latía sin rienda alguna, sin límite que le dejara detenerse, la adrenalina correr.

Sintió los cálidos brazos de Sirius rodear su cintura y la calidez de su pecho contra su espalda.

-Abre los ojos,- susurró con dulzura a su oído.

Y ella así lo hizo.Las luces de la ciudad parecieron enormes a sus pies, se aferró a la escoba con fuerza y tembló por un par de segundos. Elevó a escoba, llevándola casi a tocar las nubes, sujetó aun más fuerte a la castaña y volvió a descender. Hermione ahogo un grito. Vio el reflejo de ambos en el agua, con la luna sobre ellos como único reflector.

-Dame tu mano,- tomó con delicadeza la mano de Hermione y la dejo tocar el agua.

Diminutas gotas de agua bañaron su rostro al contacto y Sirius soltó su mano. Movió su varita y las gotas quedaron suspendidas en el aire; el correr del enorme reloj se detuvo. Nerviosa, extendió su mano y, con cuidado, tocó una de las gotas de agua, la gota de agua reventó como si de una burbuja se tratara y ella sonrió. Las gotas de agua cayerony la escoba siguió su marcha.

Miró al oji-gris detrás suyo y, con cuidado de no caer, lo besó con ternura, fundiendo sus labios en un beso con sabor a calidez, amor y adoración. Sus pies tocaron el suelo y ella abrió los ojos. Estaban de vuelta en Hogsmeade.

-Esto es para usted, señorita- sacó sus manos de detrás de su espalda y le mostro un ramo de rosas, todas de distintas tonalidades.

Hermione lo tomo complacida.

-Gracias, es usted todo un caballero. Y esto, es para ti.

Se acercó a él, recorrió sus carnosos labios con el dedo índice; le vio cerrar los ojos y entre abrir los labios. Hermione sonrió y lo besó de nuevo.

No se cansaría nunca del sabor dulzón de sus labio, ni de la calidez de su cuerpo o del sentir su corazón latir y de verlo sonreír.

No mientras su corazón latiera por él.