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Historia 79215 — capítulo 23

-Tenemos que irnos,- susurró Sirius sobre sus labios.

Hermione asintió.

El oji-gris tomó la mano de su castaña, entrelazando sus dedos, dejándole claro que le quería cerca suyo. La castaña no se opuso a su cercanía. Caminaron al lado del otro, sin percatarse de las siluetas que en las sombras se ocultaban. Sirius se giro para besar la mejilla de Hermione, cuando vio un par de figuras salir del callejón con varita en mano; tiro de la mano de la castaña y la ocultó tras de sí.

-Deténganse,-Bellatrix se dejo ver detrás suyo.

Giraron con brusquedad, dejando él a Hermione lejos de su prima, interponiéndose entre ambas.

-Se arrepentirán de haber salido,- Bellatrix sonrió con malicia.- ¡Crucio!

Sirius sacó su varita de inmediato y el hechizo rebotó. Bellatrix hizo una mueca. Hermione se puso de espaldas al oji-gris y sacó ella su varita, también.

-Expeliarmus,- apuntó la castaña al mortifago encapuchado frente a ella; la varita del mortifago voló por los aires, lejos de su alcance, Él intentó alanzarla de nuevo.- Locomotor mortis

Sus piernas quedaron unidos y cayó al suelo con torpeza, dejando al descubierto el rostro moreno de un Slytherin: Zabini.

-*Desmaius,-*la cabellera blanquecina de la gemela Janice Bell, se hizo notar bajo la capucha; el hechizo rozó la mejilla de la castaña.

-Expulso,- contraatacó y su mano tembló a causa de la adrenalina; Janice voló lejos.

-¡Maldita sangre sucia! Te arrepentirás,- Jennifer, la hermana de cabello negro, se acercó con la varita en alto.

-*Petrificus totales,-*Sirius la derribó.- ¿Sabes?Esto le hace falta un poco de diversión; *¡Protego!*El rayo de luz verde rebotó en el aire.

-*Confundus,-*la castaña bufó.- Podemos morir aquí y tu sólo piensas en que esto no es divertido, ¡¿Qué es lo que te sucede?!

-¡Cuidado!- tiró del brazo de Hermione, salvándola de un derribador.- Veremos quien logra poner a estos idiotas en ridículo.

Hermione dudó; miró a los mortifagos durante un segundo y luego negó con la cabeza, sonriendo.

-¡Bien!- Sirius sonrió y la castaña levantó su varita de nuevo,- ¡*Petrificus totalus!-*Narcissa Black cayó al suelo con estruendo.

-*Incarcerus!-*Cessie la hizo caer, anudando sus piernas.

Hermione se giró y apuntó a su rostro, un destello de luz salió de ella y la cabeza de Cessie se desfiguró, inflándose como un globo.

-…*Rictumsempra,-*escuchó pronunciar a Sirius.- ¡Gané, Castaña!

Lucius Malfoy estaba suspendido en el aire, riendo sin poder contenerse. Forcejeaba intentando librarse del hechizo pero todo era en vano.

Hermione negó con la cabeza.

-*Rictumsempra, ¡taranta llegra!-*ambos hechizos fueron en dirección a Cessie, sin que ella pudiera evitarlo.- ¡Canuto, ven a ver esto!

Sirius se acercó de inmediato, entusiasmado por ver lo que su castaña había hecho. Los pies de Cessie se movían con extremada rapidez, no podía distinguirse el uno del otro, daba vueltas y saltos sin cesar; riendo de la misma manera en que Malfoy lo hacia, sólo que… su cabeza aun parecía un enorme globo

-Parece que ganaste,- Sirius soltó una carcajada.

Pareció que habían olvidado que estaban en combate en esos momentos, pues se habían detenido a observar como Cessie hacia el ridículo, a dedicarse a nada mas que burlarse de ella.

Una satisfecha sonrió se dibujó en el rostro sombrío de Bellatrix.

-*Avada kedavra,-*apuntó a la castaña… sonriendo con desdén, imaginándosela rendida en el suelo, sin un corazón latiente bajo su pecho.

Pero el oji-gris le había visto de reojo. Tiró de la cintura de Hermione con fuerza; vieron como el rayo de luz verde pasaba frente a sus ojos. Bajo su pecho, Hermione sintió latir su corazón sin rienda alguna.

-Lo lamento, primo- la bruja rió con sorna.- No tendría que hacerte daño si no estuvieras con ella,- apuntó a Hermione de nuevo.

-Déjala, Bella… no sabe contra quien se enfrentará.- El cabello oscuro y seboso de Severus salió de debajo de la capucha que ocultaba su identidad.

-Y pensar que todo esto es por tu culpa, sangre sucia.

El pecho de la castaña subía y bajaba, tratando de recobrar el aliento. Su mirada castaña tenía un aire sombrío, veía con frialdad y rencor a la Black que frente a ella se mofaba de casi haberle dado muerte.

-Así es, el Señor Tenebroso se enteró de porque estás aquí, de quien eres…realmente.

En su mano izquierda, descansaban aun las rosas que Sirius le había obsequiado; cerró su mano con fuerza, sintiendo como las espinas de su tallo rasgaban su piel con crueldad.

-No creo que mi presencia signifique una amenaza,- la voz de Hermione sonó dura.

-No lo eres, pero mi señor teme que tus conocimientos sean… ilimitados,-continuó-: y eso puede ser una ventaja para que terminen con él. Si nos deshacemos de ti el "elegido" no tendrá éxito; serás sólo un recuerdo, aquí… y allá. O quizá, solo te desvanezcas en el tiempo, después de todo, ¿Quién podría recordar a una sangre sucia?

Su mano tembló y Sirius la tomó aun más fuerte. No le temía aquella bruja enmarañada que trataba de asesinarla, tenía miedo a que Sirius se enterará de quien era.

-¡Expulso!- Bellatrix, Narcissa y Cessie la atacaron.

El hechizo dio de lleno en su vientre, lanzándola por los aires; uno a uno sus delgados dedos se fueron apartando de los de Sirius, convirtiéndose esa en la tortura más grande a la que pudieran haberla sometido. Porque sabía lo que vendría a continuación: un gran golpe, y esta vez, no tendría demasiada consideración, sería un golpe directo al corazón.

-¡Hermione!- el ji-gris dejó escapar un grito.

Sintió su espalda golpear contra algo sólido, el impacto le hizo echar la cabeza hacia atrás; sintió el calor apoderarse de ella y el dolor adueñarse de su cabeza. Su mano se cerró aun mas, con las rosas aun en ella, y sintió con dolor como las espinas lograban al fin su cometido: le habían hecho daño.

Gritó.

-No me pareces una amenaza, sangre sucia,- Bellatrix se acercó.

La bruja elevó un poco su varita y Hermione lo hizo con ella; a sólo centímetros del suelo, sus pies se movían con desespero. Sintió como algo se enrollaba alrededor de su cuello con fuerza, quizá con la intención de atravesar su delgada capa de piel; no podía respirar.

-Morirás, Price. Y seré yo quien se encargará de ello,- dijo Bellatrix con severidad.

Su vista se difuminaba con cada segundo que transcurría, desvió la mirada de la bruja frente a ella y buscó a Sirius: luchaba, luchaba por mantenerse con vida. Pero el oji-gris encontró un segundo de distracción de su enemigo para mirarla a ella, en sus grises ojos sereflejó un deje de arrepentimiento, arrepentimiento quizá porhaberla llevado lejos de la escuela, arrepentimiento quizá porque no podría salvarla. Un arrepentimiento innecesario… pus nada de lo que sucedía era culpa suya.

-*Expelliarmus,-*el hechizo del oji-gris le arrebató la varita a su prima.

El cuerpo de la castaña cayó de manera brusca, sus pulmones se llenaron de aire y comenzó a toser, en intento de volver a respirar con normalidad.

Bellatrix se giró exasperada.

-¡Regulus, mantenlo bajo control!

Frente a Sirius, el encapuchado asintió.

-Soy tu hermano, ¿Por qué lo haces?- Sirius ni siquiera levantó su varita.

-Ya he elegido mi bando hermano, por consiguiente, tu no eres más que otro enemigo.- Regulus sonrió.

Ese aire sombrío, característico de su hermano, surco su rostro con orgullo, dándole un aire de superioridad fastidioso y arrogante. Algo en lo que Sirius agradecía no parecerse a su hermano.

-¡Bella!- advirtió Cessie.

-*Everte statum,-*palabras salieron de los labios de la castaña casi en un débil susurro.

La bruja de cabello enmarañado voló por los aires. Hermione encontró en la expresión horrorizada y molesta de Bellatrix, la fuerza suficiente para ponerse de pie.

-*Opugno,-*la futura señora Malfoy fue lanzada contra su hermana.

La castaña se tambaleaba, caería en cualquier momento, lo sabía, pero haría su mejor esfuerzo por mantenerse de pie.

-Entonces opino igual, ¡carpe retractum!- el oji-gris atacó a su hermano con pesar.

Regulus creía conocer a su hermano lo suficiente, y fue esa credibilidad la que le lanzó lejos.

Lo había derribado, Sirius derribó a su hermano. Hermione se sentía un poco mas tranquila. Él se giró para mirar a su castaña, para asegurarse de que estaba bien; sus miradas se cruzaron y brillaron con alivio. Por un momento… sonrieron.

-¡Sectumsempra!- la figura debilucha de Severus salió de entre las sombras, con una sonrisa arrogante dibujada en el rostro.

-¡Sirius!- sus ojos castaños lo miraron caer de rodillas.

Tiraron de su brazo con furia; sintió al instante el filo del vidrio contra su piel, deslizándose por su muñeca, dañándola, haciéndola sangrar.

-No vuelvas siquiera a rasguñarme, sangre sucia,- Cessie escupió las palabras como si fueran veneno.

Su cuerpo enteró pareció temblar. Estaba cansada de esa rubia; dejo que sus impulsos la guiaran entonces: su puño atravesó su delicado rostro, haciéndola caer mientras soltaba un gemido de dolor.Todos volvían en sí; cada mortifago antes derribado se ponía de pie una vez más, y la apuntaban sólo a ella con su varita. Intentaron fallidamente hacerle daño, pero sus piernas se movían con suma velocidad, veía los rayos de luz verde pasar frente a sus ojos, pero no le importaba, porque atravesaba la calle por sólo una razón: Sirius.

La castaña se dejó caer a su lado. Sus ojos permanecían cerrados y la sangre caía en el asfalto, corriendo como agua. Dejó caer al fin las rosas que tanto le habían hecho daño, y buscó la escoba en la bolsa que puesta aun traía; no sabía volar, eso le quedaba más que claro, pero debía intentarlo. Dejó la escoba suspendida en el aire y, con toda la fuerza con la que aun contaba, logró subir a Sirius. Tomó de nuevo las rosas -ahora ensangrentadas- y miró a los mortifagos.

Lloraba aterrada, pero su semblante se volvió sombrío y frio, los miró con rabia y los apuntó con su varita; sonrió de manera aterradora -con gruesas y pesadas lagrimas corriendo por sus mejillas- y actuó: movió con ímpetu su varita, susurró el hechizo y de su varita emergió una figura de fuego… la figura de un león, que con un rugido los hizo a todos estremecer. Sonrió con malicia. Se subió a la escoba y observócomo en vano intentaban apagar, vio un cuerpo arder incluso, pero no le importó.

Logró elevarse, sosteniendo la escoba con una mano, pero Sirius comenzó a caer. Cerró los ojos… y dejó caer las rosas. Sin saber cómo, siguió adelante, mirando un apagado y sombrío Hogsmeade; siguió adelante, mirando sólo el castillo. Sirius gimió y resbaló, pero la castaña ya no pudo alcanzar a sostenerlo. Hizo descender la escoba, pero su inexperiencia la hizo tambalearse -dudando de si lo que hacía era lo correcto- y la escoba se movió sin control. Hermione cayó.

Las gotas de sangre pintaban las rosas, extendiéndose a cada rincón limpio de sus pétalos mientras caían.

El agua fría la obligó a abrir los ojos; Sirius estaba a su lado, sólo un poco mas abajo. Tiró de su camisa y lo atrajo hacia sí.

-*Ascendio,-*logró decir con la varita en alto.

Pareció como si algo tirara de ellos. Salieron del agua de inmediato y cayeron en la orilla del Lago Negro estruendosamente.

-¡Ayuda!- soltó desgarradoramente la castaña- ¡Alguien ayúdeme!

Esperaba no fuera demasiado tarde y que alguien aun merodeara por el castillo. Sus oídos le advirtieron que algo había caído a su lado.

-Feles,- James tocó su hombro y ella saltó asustada por su repentina aparición. El azabache miró a su amigo-: ¿Qué le sucedió a Canuto?

-¡Ve por ayuda!- pero James no se movió- ¡AHORA!

El azabache la miró: estaba aterrada, aun más de lo que él lo estaba. Pero no podía dejarlos solos, porque a la castaña le sangraba la mano y su cabello se había teñido de rojo también. Pero Hermione le suplicó con la mirada que lo hiciera. Se puso de pie y miró una última vez a su amigo.

-Aguanta, Canuto.- Susurró, dejando escapar una lágrima.

Caían las rosas contra la corriente del aire, ansiosas por tocar el fuego.

Los recuerdos del Sirius que ella conocía en el futuro, se tornaron borrosos y lejanos. Como si él nunca hubiera existido. Negó con la cabeza; reusándose a perder los únicos recuerdos que de él tenía. La cabeza le dolió y un leve mareo se hizo presente. ¿Y si él moría ahí y no en el ministerio? Le aterró la idea de ser ella la causa de su muerte, le aterró el no recordarlo… el que nadie mas lo hiciera; de que fuera sólo alguien más perdido en el tiempo y oculto en recuerdos. Porque si él moría, Harry no lo conocería y Lily y James no estarían ahí para contarle acerca de él.

Cerró los ojos. Y su mente le devolvió la imagen de la pagina de un libro viejo, una página saturada de palabras que no debían estar ahí, palabras que describían hechizos. El libro que Harry le había mostrado, recordó. Logró sonreír.

La sangre se deslizo por cada rincón de sus tallos, pintándolos de rojo, y se acercaron más al fuego.

La cabeza le dolía y apenas si sentía su brazo. Lloró aun más. No había tiempo que perder.

-Vulnera sanentur,- susurró mirando el mar rojo sobre el pasto.- Vulnera sanentur, vulnera sanentur…- repetía, sin dejar de mirar como la sangre volvía al lugar de donde había venido.

Rozaron el fuego impacientes.

Miró al oji-gris que intentaba salvar y dejó caer una última lagrima. La cabeza le dio vueltas, la vista se le nubló y se sintió un más frágil.

-*Vulnera…-*sintió sus labios secarse y sus ojos cerrarse- sanentur.

Todas las sonrisas, la calidez de su cuerpo, el latir de du corazón contra su pecho, el sabor de sus labios… volvieron a su mente como recuerdos de algo que nunca había existido. Como sensaciones que nunca le habían hecho sentir. Como si él nunca hubiera existido.

El fuego abrazó las rosas con amor, como una madre abraza a sus hijos luego de días sin haberlos visto; los pétalos ardieron al tacto.

Se desplomó a su lado, sin fuerzas ya para mantenerse de pie; perdió el conocimiento y se ahogó en la oscuridad. Rogando a los cielos, que él hubiera sido salvado.

Tocaron el suelo convertidas, en nada más, que gloriosas cenizas; el fuego las había hecho caer, atrayéndolas hacia sí, dejándolas al fin descansar… como aquellos que rendidos estaban a la orilla del lago.