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Historia 79215 — capítulo 25
El ruido de sus tacones hacían eco en los pasillos, el vestido que traía era corto, por lo que se le subía al comenzar a correr. Se detenían un par de segundos, ocultos detrás de algún muro, asomaban la cabeza -asegurándose de que nadie estaba a la vista- y comenzaban la marcha de nuevo. No supo cuantas escaleras habían subido, ni en que piso estaban ya. Los pasillos estaban solos; estaban sólo ellos y el eco de sus pasos.
Se detuvieron frente a un muro.
-Cierras los ojos,- le dijo Sirius a su espalda.
Intentó disimular, pues sus ojos seguían abiertos, pero él cubrió los ojos de la castaña con sus manos.
-No hagas trampa, Castaña.- Susurró a su oído y ella soltó una risilla.
Se escuchó algo tronar y luego rechinar. El oji-gris comenzó a caminar y la castaña frente a él, se vio obligada a hacer lo mismo; Hermione extendió sus brazos, intentando lograr tocar algo, pero sus brazos se mantenían suspendidos en el aire. Sirius dejó de caminar y ella se detuvo con él; de nuevo se escuchó el rechinar a lo lejos.
Descubrió sus ojos entonces.
El lugar no tenía demasiada iluminación, la chimenea que se encontraba al final era lo único que les brindaba calor, había un sofá frente al fuego y detrás de él, descansaba una barra de bebidas; había música, podía escucharla apenas, parecía el canto de un arpa: débil, dulce. Hermione sonrió. La Sala de Menesteres.
-Es perfecto,- logró decir, mientras se encaminaba hacia la chimenea.
-¡Claro que lo es! Hay bebida, una gran chimenea y lo mejor de todo…- rodeó su cintura y se acercó a su oído-: estamos tú y yo… solos.
Ocultó su rostro en su cuello y Hermione sintió su respiración bañar su piel. Los labios del oji-gris depositaron un tierno beso en su cuello. La castaña se estremeció y él se apartó sonriendo. Se encaminó a la barra y Hermione se dejó caer de bruces en el sofá.
-Me están matando los pies,- se quitó los botines que Lily le había obsequiado y los lanzó lejos de su alcance; se quitó luego los largos aretes que adornaban sus orejas.- ¿No podíamos sólo... caminar?
-Creí que Cornamenta os seguiría, prometí no marcharme temprano. No lo viste, ¿cierto?- se dejó caer a su lado y le entregó un vaso con un poco de whisky.
-No…a menos que pueda volar.
Sirius elevó los hombros y Hermione elevó una ceja, confundida. El oji-gris rió.
-Es un animago. Cuando supimos lo de Lunático, nos hicimos animagos; ya sabes en que puedo convertirme yo; Colagusano escogió ser una rata y Cornamenta un cuervo.
Hermione asintió. Dio un sorbo a su bebida y sonrió.
-Así que, cuando Cornamenta quiere huir sólo… sale volando y tu corres detrás de él, ¿no es así?- Sirius la miró molesto y ella rió.
-No; aquí quien corre eres tu… gatita, YO te persigo;- dijo burlón, mientras comenzaba a acercarse a ella y ladraba.
Hermione rió, rodeando su cuello.
-Ven, lindo perrito.- Depositó un corto beso en sus labios y luego él se apartó.
-Cuidado, puedo morderte también,- bajó hasta su cuello y comenzó a morderlo con cuidado; la castaña comenzó a reír. Se apartó de ella-: ¿lo ves? Puedo hacerte daño.
-Lo tendré en cuenta la próxima vez. Ahora, ¡apártate!- Hermione lo empujó y el oji-gris rió.
Bebieron un poco de whisky y luego Sirius la miró.
-Lily… Lily me dijo que te irías, con tus padres; que… les dirías que has decidido quedarte aquí.
La castaña dejo su vaso en la mesita de al lado. Era mentira, la mejor que había podido inventarse; asintió de igual manera.
-¿Volverás pronto?- preguntó él de nuevo.
Hermione asintió, de nuevo, sin poder hablar y con un nudo en la garganta. Guardaron silencio. Por un par de segundos, el único sonido que lograba escucharse era el crepitar de la leña, ardiendo al fuego en la chimenea; y su respiración.
-¿Sabes…?- su mirada gris se mantuvo fija en la chimenea,- Cornamenta se enamoró de Lily, Lunático… bueno, él está con Alyssa y…
-¿Y?-Hermione sonrió, mientras lo miraba.
-Yo me enamoré de ti,- Sirius se sonrojó.
-Y yo de ti.
El oji-gris sonrió complacido. Miró la cadena que colgaba del cuello de su castaña y tomó entre sus manos la figura del perro negro que en ella había.
-No creí que fuera a gustarte tanto.
-¿Por qué no habría de hacerlo?
Elevó los hombros. Dejó caer de nuevo la figura y se dedicó a mirar a Hermione; sus labios estaban pintados de rojo -apostaba a que sus labios sabrían a cereza-, aquella tonalidad carmesí pintando sus mejillas, los ojos sombreadosy delineados finamente de una tonalidad oscura, que hacia resaltar sus ojos;y el cabello recogido en una coleta.Hermosa. Se acercó para besarla y ella no se opuso. Sabor cereza; Sirius sonrió para sus adentros.
Movió sus labios con dulzura, disfrutando de su sabor dulzón, pero la castaña esperaba más; Hermione enredaba sus dedos en el cabello del oji-gris, acercándolo más, ansiosa por atravesar los límites... unos límites que ella misma se había impuesto. La lengua del oji-gris sabio paso entre su boca, recorriendo hasta el último recoveco. Se abrazó a su cuello y él rodeó su cintura, tiró de ella impaciente y la sentó en sus piernas.
Soltó su cabello y se detuvo.
-Enmarañado me gusta más,- dijo sobre sus labios.
-Cierra la boca.
La castaña se adueño de sus labios con frenesí. Uno por uno fue desabrochando los botones de su camisa, mientras él bajaba el cierre de su vestido; un escalofrío recorrió su espina dorsal. Sintió sus manos ceñirse a su cintura con un más fuerza, mientras la alzaba en el aire; ella enredó sus piernas a su cadera y mordió el lóbulo de su oreja. Él tembló. Sintió sus labios bajar hasta su cuello, cubriendo de besos cada centímetro de su piel. Echó la cabeza hacia atrás y gimió.
El ultimo botón. Hermione se dio la oportunidad de sonreír.
Dejo caer la camisa blanca, descubriendo sus hombros y bajó las manos hasta sus vientre; sintió su respiración acelerarse y su cuerpo vibrar. Dejo descansar su mano derecha en su vientre mientras, con el dedo índice de su mano izquierda, subía por su abdomen con lentitud, memorizando cada centímetro de su piel; lo perfecta que era y lo mucho que la excitaba.
Sirius se apartó un poco. Hermione apartó con rudeza la camisa que ya le estorbaba más de lo que esperaba; el oji-gris sonrió. Se puso de pie, aun sonriendo, y ella ocultó su rostro en su cuello, mordiéndolo, besándolo, dejando marcas en su piel de cada uno de sus movimientos.
Él se detuvo frente a la cama que había aparecido al instante.
La dejó caer con sumo cuidadoy comenzó a deslizar su vestido, arrebatándoselo con lentitud. Hermione bajo sus manos hasta su pantalón, desabrochando su botón y bajando su cierre. Sirius se adueño de sus labios una vez más. La castaña se abrazó a su cuello, mientras deslizaba sus piernas por las del oji-gris, quitándole el pantalón de manera ingeniosa. Sirius sonrió sobre sus labios.
El calor de la chimenea ya no les fue necesario.
Sus labios ardían y sus lenguas luchaban fascinadas; el latir de sus corazones se había acelerado y su respiración se había vuelto rápida, cortante y sonora: el canto de los amantes. La pasión los llenó de calor, uno que los hacía gemir de placer.
La castaña no recordaba ya quien era, había olvidado el porqué estaba ella ahí, lo había olvidad todo. ¿Cuál era su lugar? Ahí… con él, en esa habitación. No le importó lo mucho que le doliera el no poder volver a estar con él en un futuro, aun si lo salvaba; olvidó lo mucho que había tratado de evitar de llegar ahí, a estar con él. Olvidó todo y a todos por él, por ella… por ambos.
Sirius se apartó de su lado no se detuvo ahora en su cuello; bajo hasta su abdomen, mientras acariciaba sus piernas, llegó a su vientre y la sintió vibrar, se detuvo ahí un par de segundos y deslizo sus pantis por sus piernas, despojándola de su ropa. Y comenzó a ascender por su abdomen.
Hermione lo acercó a ella y mordió su labio inferior con rudeza. Desabrochó el sostén de la castaña y lo lanzó lejos, dejándola sin nada que la cubriera; justo como estaba él. Mordió sus rojos labios, encantado. Y ella acariciaba su espalda con ímpetu, con las piernas enredadas a la cadera del oji-gris, sintiendo su cuerpo aun más cerca del suyo; él entró en ella y ella gimió de dolor. Arqueó su espalda, obligándolo a entrar aun más; el mover de sus caderas era despacio, pero el tiempo corría y ellos lo hacían con él. Sonidos guturales llenaron la sala, como si de una canción se tratara; y el vaivén de caderas se convirtió en un baile glorioso.
Hermione mordió el lóbulo de su oreja y Sirius dejó escapar un gemido de placer. La castaña se adueño de sus labios. Sus dientes se tocaron y la lengua de Sirius encontró la suya. Mordió el labio de su castaña una última vez y luego se detuvo. Se dejo caer a su lado cansado y ella recostó la cabeza sobre su pecho, que subía y bajaba con rapidez; Hermione se deleitó con el correr apresurado de su corazón.
Sirius la tomó del mentón y la miró a los ojos.
-¿Te veré pronto, Castaña? Preguntó, como presintiendo lo que sucedería.
Hermione asintió. Y Sirius pasó su dedo índice por los labios de su castaña, memorizándolos.
-Te amo, Hermione.- Murmuró, haciéndola sonreír.
-Yo también te amo, Sirius.
El oji-gris rio y luego la besó. Se apartó luego de unos segundos y la dejó descansar de nuevo sobre su pecho. Luego el oji-gris cerró sus ojos, intentando descansar, con una enorme sonrisa pintada en el rostro.
Hermione levantó la mirada.
-Lo lamento, Sirius.- Susurró en medio de la oscuridad, con una amarga lagrima resbalando por su mejilla.
Corría. El eco de sus pasos se escucha a mayor velocidad. Corría, intentando huir de aquello que intentaba dejar atrás; de aquel al que intentaba dejar atrás. Las lágrimas nublaban su vista y sentía que en cualquier momento caería rendida.
Entonces la vio. La cabellera pelirroja que al pie de las escaleras la esperaban. Lily, al verla, se puso de pie de inmediato y Hermione no dudó en lanzarse a sus brazos de inmediato. Se permitió derramar un par de lágrimas más, mojando el suéter de su amiga, dejándose consolar. Luego se apartó.
-Está todo ahí,- Lily le entregó una diminuta bolsa-: las fotografías, el suéter, la cámara… todo.
-Gracias. Lils.- La pequeña gata blanca, se paseo por entre sus piernas y tiro de su pantalón. Hermione la tomó en brazos y lametió con cuidado en la bolsa.
-Cuídate mucho.-Tomó su mano y le sonrió, con lagrimas en los ojos;- Hermione Granger… no te olvidaré jamás, ninguno de nosotros lo haremos.
La abrazó por última vez. Siendo ella esta vez, la que derramaba amargas lagrimas. La castaña se apartó y se dispuso a subir las escaleras. Afuera las estrellas brillaban aunmás y el cielo comenzaba a esclarecer; se había permitido descansar demasiado tiempo, pero esa había sido -le habían dicho- la hora indicada para marcharse.
Se detuvo. Y lo miró de espaldas a ella.
-¿Lista?- el anciano director se giro.
Hermione asintió. Dio un par de pasos más y se detuvo, justo donde la luz lunar la bañaba de pies a cabeza. Dombludore le sonrió.
-Ha sido una estudiante extraordinaria, srta. Granger. Sé que será así en un futuro y no se preocupe… me aseguraré de que se cumpla lo que ha pedido.
-Gracias, profesor.
Dombludore volvió a sonreír.Su mirada marrón se vio dirigida al cielo nocturno y el director le apuntó con su varita; había dicho que estaba lista pero, ¿para marcharse? No estaría lista para irse ni en un millón de años.
-*Tempus,-*murmuró él.
Y ella cerró los ojos.
Una estela de luz dorada pareció pintar la enorme estrella blanca que en el centro del firmamento se veía; la luz emergió de la luna y marcho junto con el viento, hacia ella. La envolvió de inmediato y la hizo levitar. Se sintió más ligera, libre de preocupaciones; sólo… ella.
Se elevó en el cielo, lejos del castillo que -en su línea de tiempo- la había visto crecer, y que ahora la veía marchar; se elevó en el aire lejos de ellos, de su nueva familia; de él, el amor de su vida.
Se alejó de ahí… perdida en el tiempo.