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Historia 79215 — capítulo 26
Cientos de imágenes se arremolinaron en su mente, frente a sus ojos, como una película en 3D… una película de la cual ella ya no formaba parte.
Se despertó, mirando el espacio vacío a su lado. Se levantó sin nada que decir y se vistió con rapidez; se había ido, lo sabia; el huevo en su echo y ese cosquille en su estomago se lo decían con mera certeza. Pero en el suelo, descansaba sólo el broche que él le había quitado; lo miró durante un par de segundos y salió a toda velocidad de la habitación. Debía encontrarla.
La imagen cambió.
-… Sirius, lo lamento,- Lily lloraba frente al oji-gris.
Y él miraba a la nada, molesto, decepcionado**y entristecido. Cerró los ojos y una lagrima cayo por su mejilla con amargura. En su mano, se escucho resquebrajarse el pequeño broche que antes del suelo había recogido. Y dejó caer los trocitos al suelo. Se volvió y se marchó… sin mirar atrás.
Vio alejarse y a Lily llorar. SE lo había dicho… tal como ella había pedido. Apareció en otra parte.
La música nupcial hizo acto de presencia en el enorme jardín; los ahí presentes se pusieron de pie y miraron al arco de hermosas flores que al final del pasillo se encontraba. Ahí estaba ella, con su larga cabellera roja recogida en una coleta; vestida de blanco. Lily sonreía, con el rostro oculto bajo el velo, mirando al frente, mirando a James… al que sería su esposo; el azabache sonreía y sus ojos brillaban con intensidad.
Hermione sonrió. Y luego reparó en aquel que a Lily llevaba al altar.
Su mirada gris estaba dirigida al frente, disimulando mirar a su amigo, viendo a la nada en realidad. Llevaba del brazo a Lily, sabiendo lo nerviosa que la pelirroja estaba.
-Sonríe, Sirius.- Le murmuró.
Y una sonrisa surcó el rostro del oji-gris, con malicia.
-¡Nah! No me apetece romper corazones; este es tu día, pelirroja.
Lily sonrió.
Siguieron el camino de flores que adornaban el largo pasillo y se detuvieron frente al altar, Sirius entregó a la novia; besó su mejilla y fue a sentarse a su lugar. Su mano se entrelazó con la de alguien más, una rubia de ojos oscuros que le sonreía.
El recuerdo se difuminó en el aire.
Estaba frente a una ventana; afuera las calabazas adornaban el camino de rocas de innumerables hogares; fuera de aquella, un esqueleto cantaba a un lado de la cerca. La casa de los Potter; la noche en que fallecían.
-¡Lily!- James corrió hacia la ventana y volvió la mirada al pequeño que en suelo jugaba.
La esbelta figura de Lily descendió con rapidez por las escaleras.
-Está aquí, llévalo arriba. ¡Pronto!- la varita en su mano temblaba. Lily tomó a Harry en brazos y se acercó a James, besó sus labios durante incontables segundos y luego se aparto, aun con sus frentes unidas. Sabían el final, Hermione se los había dicho, pero no se vieron capaces de cambiar las cosas, porque ¿Quiénes eran ellos para disponer del destino.
-Te amo, James.- Susurró ella.
-Y también te amo, Lily. Más de lo que puedas imaginar.
-¿Te veré pronto?- lo miró, con los ojos anegados en lágrimas. James las hizo desparecer.
-Por supuesto, porque… ¿Qué soy yo sin mi pelirroja?- la hizo sonreír; besó la frente de su hijo y los dejó marchar.
La puerta se abrió de golpe y una corriente de aire se adentro en el hogar de los Potter. James luchó, porque era esa la única esperanza que le quedaba ya, pero el Oscuro lo venció; su cuerpo inerte cayó al suelo, ocasionando un ruido sordo. Subió las escaleras sigilosamente y buscó a Lily; una sonrisa malévola se dibujo en su rostro. Arremetió en contra de la pelirroja y se deleitó al escucharla gritar. Harry rompió en llanto.
La imagen se transformó de nuevo.
-¡Eres una rata!- Sirius golpeó el cuerpo regordete de Peter contra la pared.- ¡Eran tus amigos!
Pero Pettigrew no dijo ni una palabra.
Otra imagen.
-¡Sirius Black! Culpable por el asesinato de Lilian y James Potter. Has sido condenado a pasar el resto de tu vida en azkaban,- aquel había sido el último veredicto del ministro de magia.
La mirada del oji-gris se mantenía fija en el ministro, con la cabeza elevada. Tembló al escuchar sus palabras y, en su mano, la cadena que la castaña le había obsequiado pareció haberse adherido a su piel.
Las imágenes se volvieron cortas, sin menos tiempo para comprender lo que sucedía, pasando frente a sus ojos como un destello de luz.
-Sirius Black… a escapado,- anunciaba el ministro.
Se colgó la cadena que en su mano había estado culta durante años; las figuras diminutas del gato y el perro, ahora descansaban sobre su pecho. Miró al frente:
-Te encontraré, Hermione Granger.- Había susurrado el oji-gris… poniendo un pie fuera de azkaban.
-¡Bombarda!- la voz de su castaña había llegado a sus oídos. Había sonreído al escucharla.
-En verdad eres… la mejor bruja, Hermione.- Le había sacado una sonrisa.
-Cuando todo esto termine…- abrazó a Harry por los hombros y miró a Hermione, al pie de la entrada-: seremos una familia.
Sonrió. Pues ahora lo comprendía: aquellas palabras habían sido para ella.La imagen cambió y la castaña vio frente a ella, el momento en el quehabían tomado la decisión de marchar al ministerio.
Entró sin mirar a nadie, caminó hacia Remus y lo miró molesto: -¡¿Dónde está?! ¿Dónde está Hermione?
Remus titubeó.
-En el ministerio; iremos por ellos, sólo…
-Iré yo también,-se giró y tomó su varita.
Remus lo detuvo.
-Recuerda lo que dijo; lo que sucederá si vas.
Sirius miró al suelo y luego a Remus. -Iré por ella, cueste lo que cueste.
La imagen se difuminó, todo se tornó borroso. Vio a Harry ya Sirius luchar hombro con hombro; a Sirius felicitando a Harry y luego a Bellatrix, al pie de la roca, apuntando con su varita a su primo.
-¡Avada kedavra!- había pronunciado y los aquel mirar gris que ella tanto amaba…se había apagado.
Aun entonces, el verlo morir, le dolía. Tiraron de su cintura con fuerza -la misma fuerza que a había llevado a través del tiempo-,levantó la mirada y el arco destrozado que ahí había le pareció aun más grande. Atravesó el velo, -un velo que antes no podía ver y ahora distinguía con toda claridad- una suave y fresca brisa hecho su cabello hacia atrás y un escalofrío recorrió su espina dorsal.
Sollozos. Era eso todo lo que se escuchaba. El lugar era sombrío; un enorme pasillo, infinitamente ancho, infinitamente ancho. Las cientos de personas ahí cautivas la miraron aterrados. Los pies de la castaña se movieron sin que ella se los ordenara, obligándola a seguir a adelante; sus ojos castaños miraban a todas partes, buscando la figura de aquel al que intentaba salvar. Se detuvo. A sus pies, alguien lloraba, bajó la mirada y lo vio. Abrazando sus piernas, con las rodillas pegadas a su pecho y el rostro oculto entre sus manos, Sirius lloraba sin cesar.
-¿Sirius?- su mano se posó en su hombro y el levantó la mirada, sobresaltado.
Hermione retrocedió. Era él, no había duda alguna de ello, pero su rostro había cambiado, su cuerpo parecía haberse ensanchado y haberse estirado; era él, sí, pero no el Sirius Black al que había visto morir momentos antes; era aquel el Sirius Black del que se había enamorado.
-¿Qué haces aquí?- sonópreocupado.
-Vine por ti, debes volver…- Sirius la miró, sosteniendo su mano, y un brillo incomparable se asomó entre sus ojos-… Harry te necesita.
El brillo en sus ojos despareció. Se puso de pie y Hermione tiró de su mano, mientras corría lo más rápido que sus pies se lo permitían. El oji-gris miraba al suelo y ella buscaba su rostro… el que había pedido ser salvado.
Sonrió.Reconoció su cabellera, de espaldas a ellos, tiró de su ropa y le llevó con ambos. Faltaban sólo centímetros para la salida.
-¡Niña insolente y torpe!- una luz cegadora se dejo ver frente a sus ojos; en su voz se detonaba molestia.- Este no es lugar para vivos , ¡¿Qué haces aquí?!
-Se van conmigo.- Declaró.
Una risa ensordecedora y burlona hizo acto de presencia.
-*Se quién eres, Hermione Granger; hija de muggles y bruja destacada, amiga del niño que vivió, pero infinitamente ingenua.-*Se acercó a ella-: son valiosas las vidas que quieres salvar y por ellas, un alto precio has de pagar.
Mordió su labio, nerviosa, y el latir de su corazón se aceleró.
-Tu corazón es puro y bueno, pero ¡al final! Tu corazón será corrompido por el Oscuro; todas las muertes serán en vano y todo ese dolor sufrido, se habrá esfumado en el aire… como algo vano y sin valor. Por ti el mal volverá y todos te reconocerán como la unica culpable. ¿Estás dispuesta a ser recordada, como " la madre oscura"?
Hermione no vaciló; asintió de inmediato.
-*Suerte, entonces.-*Chocó las palmas y la luz se extinguió al instante.
Algo los golpeó con fuerza en el estomago, sacándolos del mundo de los muertos. Se separaron… cada quien por sucamino. Un segundo flotaba y al siguiente, se veía caer con rapidez desde lo alto. Su cuerpo produjo un ruido sordo al caer en el suelo de roca. Hermione gimió de dolor. Hizo una mueca, sacudió su ropa y miró a su alrededor. Estaba en Hogwarts.
Corría. Sentía su corazón latir sin rienda alguna que lo detuviera. Divisó la multitud de estudiantes congregados en el jardín, formando un círculo. Empujó a los que ensu camino se atravesaban, empujó y pidió perdón; pidió perdón en una disculpa que apenas era audible. Vio el cuerpo inerte del director en el suelo, sobre el pasto helado, con ambas manos sobre el pecho y el rostro sereno. Y una figura hincada a su lado.Se detuvo.
Su cabello castaño estaba enmarañado, tal y como él recordaba. Pero… ¡no! No podía ser ella; ella no usaría tacones ni aunque se le fuera pedido de la manera más amable.Dudó. Sin decir nada, se dejó caer a su lado y la miró: lloraba, sus ojos castaños derraban lagrimas sin indicio alguno de parar. Era ella, la presencia que tanto había anhelado ver. Pero no dijo nada, porque no era el momento.
La castaña retrocedió, temblorosa. Unos brazos cálidos la envolvieron con dulzura. Ronald. Se dejó consolar.
El azabache en el suelo lloraba, como todos ahí lo hacían. De sus varitas, diminutas luces comenzaron a emerger, subiendo hasta el cielo, cerca de las estrellas… tocando la luna. Llegaban alto aquellas luces, tan alto como aquel al que ahora velaban lo había hecho; llegaron más allá del cielo, al lado de las estrellas, donde anunciaban al cielo… que una nueva estrella llegaba. La estrella que bajo su luz les había acobijado, la que acababan de perder; la estrella a la ahora lloraban y no habría de extinguirse jamás.
El reloj contaba los segundos, marcaba los minutos transcurridos y anunciaba cada hora que pasaba. Había visto la luna ocultarse y al sol aparecerse en el cielo pintado de colores pasteles. Los rayos del sol tocaban su rostro en una dulce caricia, tocando sus mejillas, haciendo resaltar sus facciones, haciendo parecer que su piel era aun más blanca, haciéndola lucir como a una muñeca de porcelana.
Los ajustados jeans que vestía no le daban paso al frío; el enorme suéter parecía un vestido corto, pero le daba igual si se le veía mal, porque había sido de él. Había conservado el suéter de Sirius y, esa tarde, decidió que no estaba dispuesta a olvidarlo; se embriagaría de su aroma hasta cansarse, porque el tiempo le había hecho una mala jugada y él no estaba ahí. No lo había logrado.
El viento le regaló una suave brisa.El perfumedel oji-gris se paseo junto con la brisa, filtrándose por la nariz de la castaña. Ella cerró los ojos y, a su lado, Niveus maulló.
-No es lo mismo sin él, ¿cierto?- la gata maulló de nuevo y Hermione rió-: no, claro no.
-¿Hermione?
Apartó la mirada de los ojos azules de su gata y los miró; una sonrisa se asomo por entre su rostro. Corrió dando grandes zancadas, a sus brazos;los abrazo con fuerza y ellos rodearon su cintura.
-Creí que no volverías, Hermione.- Harry dejó caer una lágrima.
-Lo lamento, Harry.- Se apartó de ambos y él frunció el ceño, confundido-: no pude salvarlo; se los advertí a Lily y a James pero… aceptaron su destino; y Sirius no… intenté salvarlo, pero…- suspiró, exasperada por lo torpe que sus palabras sonaban, sin saber que decir.- No logré salvarlos.
Lo miró, avergonzada.
Pero Harry miró a Ron, el pelirrojo asintió de mala gana, y el azabache volvió la mirada a Hermione.
-Yo no diría eso.
Sonrió.