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Historia 79215 — capítulo 27

Miraba a otro lugar; su vista estaba fija en algún punto detrás de ella. Hermione se giró. Y su corazón se detuvo.

Miraba al suelo, con el largo cabello cubriendo su rostro -al igual que siempre- y con las manos ocultas en sus bolsillos.Levantó la mirada, sin atreverse a decir algo. Sin atreverse a hacer nada más que sólo mirarla.

El silencio se hizo presente, como un viejo amigo al que nadie quería aceptar. Miraba a sus ojos grises, buscando un indicio que le dijera que podía acercarse; buscando aquel brillo que se asomaba entre sus ojos cada vez que la miraba. El mismo brillo que en sus ojos castaño se había asomado cuando estaba a su lado.

Nada.

Sólo estaba ahí, de pie a metros de distancia, sin decir o hacer nada… mirando solamente.Había ansiado tanto el momento en que ella lo viera, que logrará reconocerlo, que lo recordará; lo había esperado durante tanto tiempo, que no sabía qué hacer. Le avergonzaba reconocer que la había estado buscando más tiempo que a su ahijado. Pero ella era su castaña. Reconoció el largo y ancho suéter oscuro que ella vestía ya como suyo; quiso sonreír… mas no supo cómo hacerlo.

¡Ahí! Vio ese brillo en sus ojos grises, y lo reconoció como algo que le pertenecía.

No lo dudó más. Pues no necesitaba nada más.

El peso de todos esos años que lo había tenidoa su lado y no lo había reconocido, cayeron sobre ella como una cubeta con agua helada. Sus castaños ojos se llenaron de lágrimas y cada paso que daba no dejaba a entrever nada más que no fuera la necesidad de estar en sus brazos.Se acercó a él, tomó su rostro entre sus manos… y lo besó.

Sus labios se amoldaron de manera perfecta; él rodeó su cintura, acercándola más; la castaña unió sus manos detrás de su nuca y presionó sus labios contra los de él, disfrutando del sabor que sus labios destilaban, un sabor amargo que la embriagaba y hacia que los vellos de su piel se erizaran. En ese momento, la castaña lo supo: le pertenecía a él… a nadie más.

Harry sonrió y Ron apartó la mirada.

Sirius se apartó, juntando su frente con la de ella, sin soltar su cintura.

-Creo que ya le quedó más que claro que eres mía…

-Y de nadie más,- completó.

Se apartó de él y miró a Harry.

-Apareció en la habitación de los de séptimo, se reusaba a salir pero… Ron lo convenció.

El pelirrojo le sonrió. Y Hermione le sonrió de vuelta, agradeciéndoselo.

-¡Harry!- Ginny se detuvo, con la respiración agitada de tanto correr; miró a Sirius extrañada y luego volvió al azabache-: McGonagall los llama…- titubeó- a todos.

-Vamos enseguida.

Ginny asintió y volvió por donde había venido. Sirius rió, acercándose a Harry.

-No la misma historia, por favor.- Harry sonrió avergonzado-: enamorado de una pelirroja, igual a tu padre.

-¡Canuto!- señalo a Ron-: es un poco celoso con su hermana.

-Como si no lo supiera,- bufó.- Debemos ir con McGonagall, ¿vienes, Hermione?

Negó con la cabeza.

Harry y Ron comenzaron a caminar, adelantándose. Sirius se acercó a Hermione.

-Lindo suéter, Castaña.- Sonrió.

-Es un Black original.

-Apuesto a que sí,- besó su mejilla y comenzó a alejarse.- No te metas en problemas, no quiero tener que salvarte… de nuevo.

-¡Ja! Eso quisieras, al final fui yo quien te llevaba a cuestas, ahora ¡largo!

Sirius rió y luego se perdió, al lado de Harry y Ronald.

Hermione dio media vuelta: aun quedaba alguien por encontrar.

El lugar se le antojó sombrío y lúgubre, sumamente frío. Se cuidaba de no hacer ruido, una difícil tarea si se trae a un gato contigo. Miraba a todos lados, buscando… sin encontrar nada. Una rama crujió al romperse. Se detuvo.

-Pareces perdida,- le hablaron al oído.

Se acercó.

-Sabía que te encontraría aquí-se acercó-: ya es hora de salir, ¿no crees?

Suspiró. -¿Y si no quiere verme?

-No hay nadie más a quien él desearía ver, lo sé.

Y vaya que lo sabía.

• • • •

-Entonces, lo que quiere decir es que…- Harry no pudo terminar la frase.

Estaban de pie, frente a McGonagall, en el despacho del director. Todos mirando los papeles, que en el escritorio descansaban, sin poder creerlo.

-Es libre, Sr. Black- sonrió.- El profesor Dombludore se encargó de ello; le fueron entregadas pruebas suficientes, recuerdos… me parece.

Harry sonrió, tomó el papel en sus manos y abrazó s Sirius.

-¿Quién fue, profesora? ¿Quién entregó sus recuerdos?- el oji-gris la miró.

-Una estudiante,- McGonagall sonrió aun más-: llevó mucho más tiempo del que Albus esperaba pero, le dio lo que necesitaba; la Srta. Price.

Sirius sonrió. Agradeció cortésmente, se despidieron de McGonagall y salieron del despacho.Caminaron en silencio, uno al lado del otro, solamente mirando los papeles que en sus manos Sirius llevaba. Ninguno había dicho nada.

-¿Quién es ella? ¿La tal "Price"?- Harry lo miró.

Sirius rió.

-La castaña de la que me enamoré,- respondió complacido.

Desvió su mirada, hacia el Bosque Prohibido, y la vio salir de entre los árboles, corriendo a toda prisa, con Niveus a su lado.

-¿Qué rayos hace ahí?

Harry y Ron miraron en la misma dirección y el azabache comenzó a correr; cuando ellos lograron distinguir la figura de su amiga, lo siguieron.Gritaba, Hermione gritaba en contra de algo o alguien; pero ellos solo veían sus labios moverse, no sabían que era lo que decía.

-¡Hermione!- el pelirrojo llamó.

-¡No!- los detuvo-: estoy bien,Harry- lo miró- hay… hay alguien a quien quiero que conozcas.

Harry la miró confundido y ella volvió la mirada al bosque.

-¡Ven acá… ahora! El que seas mayor no me impide golpearte.

Rieron.

Se escucharon pasos, quedos y lentos, y alcanzaron a divisar la silueta de alguien saliendo de entre los árboles.

Harry contuvo la respiración y Sirius sonrió.

El azabache miró con atención a quien estaba frente a él; no quería verse como Hermione lo había hecho con Sirius: sin decir nada, pero ¿Qué le diría a alguien con quien sólo había soñado ver, a quien sólo había visto en una fotografía vieja que en su buro descansaba? Vaciló. Dio un paso adelante, sin saber si hacer algo más. Sus ojos se llenaron de lagrimas, más contuvo las ganas de romper en llanto.

Miró a sus ojos oscuros- nunca había imaginado como se vería si tuviera los ojos oscuros y no verdes-, los miró llenos de lágrimas, como los suyos. Su rostro lucía apenas un par de años mayor al suyo, pero no reparó en nada más, porque ya había tomado su decisión. Caminó a grandes zancadas, sin saber cuantos pasos había tenido que dar para llegar a su lado; ni siquiera tuvo que pedirlo.Al instante sus brazos lo acogieron, rodeándolo con fuerza, como temiendo que pudiera perderlo de nuevo.

-Papá…- susurró contra su pecho.

Y James rompió en llanto.

-Mi pequeño, Harry. Has crecido demasiado,- sonrió.

-Al menos lo poco que los Dursley me lo han permitido.

-Petunia siempre me odió… y yo a ella- ambos rieron-: pero te sacaremos de ahí, lo prometo… hijo.

Harry sonrió.

Todo había cambiado entonces: su padrino había vuelto, siendo un año mayor que ellos y enamorado de su mejor amiga; y su padre, el azabache idéntico a él lo había hecho también. Ahora podría abrasarlo siempre que quisiera. Todo gracias a la castaña más noble y valiente que había conocido.

¿Sería distinto e inusual tener un padre que fuera sólo un par de años mayor que él?

Por supuesto que lo sería.

Pero lo valía. Valdría cada segundo que tendría de poder llamarlo "padre".