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Mira el pasado y verás el presente — capítulo 16

Aclaraciones: Ni Harry Potter ni los demás personajes ni los espacios me pertenecen, sino que

Pertenecen a J.K. Rowling.

Mira el pasado y verás el presente

Hermione no supo cómo había llegado a la cama, no lo recordaba. Estaba envuelta en una gran toalla. Se puso una bata y se miró al espejo. Tenía los ojos hinchados y rojos. El pelo todo revuelto y unas grandes ojeras. Se sentó en el tocador sin saber qué hacer. Después de un rato sintió un ruido en la ventana. Era una lechuza. Se levantó y se acercó rápidamente. Cogió la carta y la leyó.

Granger,

La muerte de Abraxas a dejado a Lucius fuera del asunto y

Narcisa no puede llevar el peso de todo.

Tendremos que arreglarlo nosotros.

Ahora descansa y piensa en algo.

D.M.

Hermione cogió pluma y papel y le respondió rápidamente:

Malfoy, no quiero descansar,

Quiero solucionar todo de una vez y quiero volver a mi época.

Te espero a las seis en el Caldero Chorreante.

Le ató a la pata la nota, se metió en la ducha y bajó. Se encontró con Regulus. Este la miró con pena.

-Buenos días, he hecho tortitas, ¿quieres?- le preguntó el chico enseñándole el plato todo orgulloso.

-Claro- le dijo Hermione a pesar de no tener mucha hambre.

Se sentaron a la mesa. Regulus le sirvió leche. Hermione de vez en cuando iba comiendo un poco.

-¿Estabas en aquel ataque?-preguntó sin más.

-Tardaste demasiado en preguntar- le comentó dejando los cubiertos en el plato- sí, estuve.

-¿Quienes estaban?

-Sé que estaba Severus, pero no sé quiénes eran los demás novatos- comentó el chico.

-¿Demás? ¿Cuantos más?

Al escuchar unos pasos, Regulus no le contestó. Era Sirius. Tan pronto entró el ambiente se congeló.

-Estaba muy buenas- comentó la chica mientras se levantaba.

-Te debo una explicación- le dijo Sirius.

-Cuéntasela a quién el importe. Para mí, a partir de ahora será como sino existieras.

Le dijo al tiempo que pasaba al lado del chico.

-Espera- la agarró por el brazo- por favor.

Al ver que la chica miraba a su brazo, la soltó. Ella sin mirarlo se quedó donde estaba.

-Dame cinco minutos y te lo explicaré todo.

-Está bien- dijo la chica al verlo tan serio.

Pasaron a la sala, Hermione se sentó enfrente del chico.

-Empieza cuando quieras- le dijo la chica ofuscada.

-Lo primero, no nos casaremos hasta que acabemos los estudios.

-Que tranquilidad- dijo irónicamente.

Sirius se levantó rodeó la mesa y de rodillas le agarro la mano y le dijo.

-Si he hecho esto es porque quiero que no sufras como tantas veces he visto- al ver que la chica no decía nada, siguió- si de verdad te gusta Malfoy, llegado el momento romperé el compromiso. Lo único que quiero es que no te precipites. Puede que tu le empieces a querer, pero ¿y él? He visto que tiene cierta atracción por ti, pero nada más. Malfoy es del tipo que quiere llevar la voz cantante en la relación, si te casas con él cuanto tiempo crees que tardará en cansarse de ti. No te estoy menospreciando, pero no sé si recuerdas que cuando llegó cambiaba de cama como de camisa. ¿Por qué crees que eso no será así después? Tú solo eres un capricho, cuando se canse se buscará a otra. Me tienes a mí y todos tus amigos, sabes que estaremos contigo, pase lo que pase.

Hermione no dijo nada, dos tristes lágrimas recorrían su cara. Sirius tenía razón, pronto se cansaría de ella, había chicas más guapas, más elegantes, de sangre limpia en comparación no era nada. Y aunque no se cansara de ella, ¿de verdad se casaría con una sangre sucia pasando por encima de sus padres? Estaba segura que sus padres lo desheredarían y no se imaginaba a Draco viviendo la vida de proletario. Estaba segura que cuando volviesen a su época todo volvería a ser como antes, él la despreciaría y ella le contestaría. Sin besos, sin caricias, sin noches juntos. Era cierto que se estaba enamorando, pero estaba segura que era mejor cortar ahora por lo sano que ilusionarse y enamorarse hasta límites insospechados y después al volver a su época, darse de bruces porque él la repudiaría por ser hija de muggles.

Ya le había hecho suficiente daño estos años, como aún por encima enamorarse y sufrir. Si en seis años la había repudiado e insultado por ser hija de muggles, en unos meses no iba a cambiar tan fácilmente de opinión y mucho menos le llevaría la contraria a sus padres. Bastante le había costado superar lo de Ron como para ahora también tener que volver por el mismo dolor. Sabía que le dolería no tenerlo cerca, pero tenía el apoyo incondicional de Sirius, de Lily, Regulus, Severus y los demás merodeadores. Sabía que podía superarlo si ellos estaban con ella.

Sirius al verla llorar, se sentó a su lado y la abrazó. Hermione se dejó querer por él. No supo en qué momento se quedó dormida. Sirius la despertó delicadamente con un beso en la frente.

-¿Qué hora es?-preguntó Hermione mientras se desperezaba.

-La comida está servida. Si quieres duerme un poco más y después te llevo algo.

-No te preocupes. Sirius, ¿me puedes hacer un favor?- le pidió la chica recordando su cita.

-Claro- le respondió el chico con una sonrisa.

Sabía que volvía a ser su amigo, sabía que ella volvía a confiar en él. Había vuelto a su casa por ella, porque no sufriera. Volvía a ser el Sirius que conocía, el que la defendió en su casa, el que la había defendido cuando habían intentado violarla, el que la estuvo vigilando por su seguridad, el que la había acompañado a casa de sus padres y no la había presionado. A parte de eso, estaba casi segura de que había descubierto que era ella la que le mandaba las pociones a Remus.

-A las seis, quedé con Scorpius en el Caldero Chorreante- Hermione hizo una pausa pensando que Sirius iba a recriminarle, pero en lugar de eso seguía atento a sus palabras- ¿me podrías acompañar?

-No te preocupes.

-Necesito un tiempo a solas, pero me gustaría saber que andas cerca.

Hermione necesitaba que estuviera cerca, necesitaba esa confianza para decirle su decisión a Draco. El tiempo a solas lo necesitaba para resolver el misterio y poder volver a su tiempo.

-Sin problemas, avisaré a James, Remus y a Lily para tomar algo. Ahora vamos que necesitas reponer fuerzas.

Fueron a comer, Walburga estaba complacida por verlos juntos.

-Me alegra que hayas aceptado- comentó Walburga.

-Sí.

-No te preocupes, con el tiempo verás que fue una buena decisión- le intentó consolar- lo necesario para que funcione un buen matrimonio es que haya respeto.

-Madre, no la agobies. Para ella ha sido un gran cambio. Además de que aún está algo traspuesta por la muerte de Abraxas- comentó Sirius.

-Lo comprendo. Debió ser un golpe duro para ti verle morir, ¿no?

Entre los nervios por ver a Draco, por tener que explicarle todo, por ver si resolvían el misterio y volvía su tiempo y ahora recordar cómo murió delante de sus ojos y como la sangre de Abraxas la salpicó no pudo evitarlo y salió corriendo a vomitar.

Sirius antes de ir tras ella, le dedicó una dura mirada a su madre. Cuando llegó Hermione se encontraba en el baño de su habitación sentada en el suelo limpiándose la boca. Sirius se sentó a su lado y la abrazó.

-¿Has visto morir a alguien?- le preguntó Hermione.

-No. No pienses ahora en eso. Creo que sería mejor que hoy descansases y que mañana quedases con Malfoy.

-No te preocupes. Ya me encuentro mejor- comentó la chica poniéndose de pie.

Caminó hasta su armario, lo abrió.

-Ahora el problema es que no sé que ponerme- comentó intentando hacer una gracia.

Intentó sonreír, pero eso solo hizo deprimirla más. Ella no era así. Estaba harta de estar siempre triste, quería encontrar a alguien y ser feliz. Se lo merecía.

-Aunque no te lo parezca, tengo muy buen gusto -dijo el sonriendo.

-Lo sé.

-Me refería a ropa de chica. Llevo años sufriendo las preguntas de las chicas: "¿estoy guapa? ¿Me favorece? ¿Qué tal me sienta?" Al principio al no fijarme, me costó varios enfados. Así que tras años de duro entrenamiento, estoy listo para este reto.

Eso hizo que se formase una pequeña sonrisa en su cara, ya se imaginaba al pobre.

Le escogió un vestido gris gordo a juego con un abrigo de la misma tela. El vestido le llegaba un poco más debajo de la rodilla y se ajustaba perfectamente a su cuerpo. Era de tirantes sin escote ninguno.

-¿No tendré frío con esto? Está nevando- preguntó escéptica.

-No te preocupes con este abrigo no tendrás nada de frío, parece fino, pero es por un hechizo.

Sirius se fue a vestirse mientras Hermione se arreglaba. Se dio una ducha rápida. Se puso unas medias gordas y el vestido que el chico le había aconsejado. Cuando se puso el abrigo notó como no pasaría frío.

-¿A dónde crees que vas con esas botas?- le preguntó el chico.

-Hace frío y está nevando.

-Eso ya lo escuché- ponte estos zapatos, te sentarán mejor.

-Sirius, me voy a resbalar y a abrirme la cabeza.

-No te preocupes que para eso estoy yo aquí.

Hermione sin estar muy convencida se agarró a su brazo y se fueron caminando ya que quedaba cerca el Caldero Chorreante. Cuando llegaron Draco estaba tomando algo sentado en una mesa.

-Sirius.

-Toma- dijo mientras le daba un espejo- cuando acabes o me necesites di mi nombre y podrás hablar conmigo. Ahora voy a buscar a James que tiene el otro.

-Gracias.

Cuando Sirius se fue, Hermione se acercó al rubio que había visto todo.

-¿Cómo estás?- le preguntó Hermione.

-Prefiero no hablar de eso. ¿Quieres tomar algo?

-No, ¿vamos a la tienda?- preguntó la chica que seguía de pie.

-Sí.

Salieron del Caldero Chorreante y se pusieron en camino para llegar cuanto antes a la tienda de antigüedades. Draco le ofreció el brazo a Hermione pero ella le dijo que no hacía falta que estaba bien.

-Granger, no creo que nos deje mirar el registro así como así. Tendrás que distraerlo.

-Sí.

Entraron en la tienda. Hermione se dirigió al final de la tienda y le preguntó al dueño por varias cosas.

-¿Me podría enseñar ese marco?-preguntó la chica.

Era la quinta cosa y veía como Draco se comenzaba a impacientar. Cuando vio como sacaba la varita y de repente, varios objetos les cayeron encima. Hermione corrió a sacarle una cómoda que le había caído al dueño encima y no se daba sacado.

Mientras aprovechó para meterse detrás del mostrador y buscó un grabado con las mismas palabras que él había encargado. Cuando lo encontró se llevó un gran chasco.

Hermione cuando acabó de ayudar al pobre hombre, miró a Draco y este le hizo un gesto con la cabeza. Hermione se disculpó y salió.

-Podías haber sido más delicado, por poco lo matas.

-Granger no seas tan exagerada.

-¿Quién lo mandó grabar?- preguntó ilusionada la chica.

-Abraxas.

-¿Qué Abraxas?- preguntando con miedo, no podía ser su…

-Mi abuelo.

-¿Y ahora qué hacemos?- preguntó desesperada por una respuesta.

-Y yo que sé, la sabelotodo eres tú.

-No me llames así- se defendió la chica.

-Mi abuelo acaba de morir, mi padre lleva encerrado desde ayer y mi madre está llorando por cada esquina de la casa. Ahora no estoy de humor para aguantar tus tonterías.

-No te preocupes que no las vas a tener que aguantar más.

-¿Ahora de qué narices hablas?- preguntó enfadado.

-No voy a romper mi compromiso- comentó en voz baja mirando al suelo.

-¿Es lo que tú quieres?- preguntó Draco más calmado.

-Es lo mejor- seguía sin levantar la mirada.

-¿Lo mejor para quién?

-Para mí- contestó.

-¿Lo mejor por qué? Yo conozco tu situación, conmigo puedes ser tu misma. ¿Crees que podrás fingir las veinticuatro horas del día?- preguntó enfadado.

-Sirius sabe como soy. No tengo que fingir.

-Sí, tienes que fingir que eres una Black, no una sangre sucia.

Hermione sin poder contenerse le dio una bofetada.

-Eres un imbécil. Con quién me caso es asunto mío no tuyo. Si te lo estaba contando era porque pensé que era importante para ti, pero se ve que me equivoqué.

Iba a irse, pero Draco la detuvo. La pegó a la pared y le puso sus brazos a los lados de su cabeza. Acercó su boca a sus labios para después llevarlos a su oreja.

-¿De verdad crees que no me importa?

Hermione se sintió que le faltaba el aire. Quería romper definitivamente los lazos con él antes de salir herida. Pero, ¿y si él de verdad sentía algo por ella?

-Si te importa es porque soy tu capricho del momento. ¿Qué pasará cuando volvamos a nuestro tiempo?

-Todo volverá a ser como antes- le respondió desconcertado- ¿no es lo que quieres?

-Déjame- le dijo apartando la cabeza.

No quería verle. Ahora lo tenía muy claro, para él solo significaba una aventura más, nada importante.

-¿Qué te pasa? ¿Está enamorada de mí?- preguntó con burla.

-No, jamás me enamoraría de alguien tan egocéntrico. Busco algo mejor. A partir de ahora que cada uno busque información como pueda.

-¿Se puede saber que bicho te ha picado? Porque hace unas horas me estabas pidiendo que me casase contigo.

-Porque no veía las cosas como realmente son- le dijo mordazmente la chica.

-¿Y cómo son realmente?- preguntó escéptico.

-Tú eres un egoísta que solo mira por sí mismo y que le importan los demás aunque por su culpa salgan heridos.

-¿De qué hablas?- preguntó sin entender.

-Eso ya no importa. No quiero tener nada contigo.

-¿Se puede saber qué demonios te he hecho yo para que me digas eso? Si es por lo de sangre sucia, no era mi intención de decirlo.

-Pero lo has hecho y es algo que no se puede cambiar. Tu eres sangre limpia y yo una simple hija de muggles. Para que engañarnos. Es mejor que cada uno siga su camino. Adiós.

Sirius que vio de lejos como Draco la agarraba del brazo, se acercó. Cuando vio que Hermione se alejaba de él, fue a buscarla. James y los demás lo siguieron. Hermione se abrazó a él y empezó a llorar. Sirius la abrazó y la giró, poniéndose a caminar de tal forma que Draco no la viese en ese estado.

Hermione sentía como si se fuese a desfallecer. Entre que apenas había desayunado y no había comido nada sentía que se quedaba sin fuerzas. No creyó que le iba a doler tanto cortar los lazos con el chico.

Fueron a un bar muggle, no querían encontrarse con el chico. Hermione había parado de llorar, pero se sentía muy triste.

-Bebe un poco, te sentará bien- le dijo Lily que le ofrecía un chocolate caliente.

-Gracias- dijo mojando los labios.

Estuvieron hasta tarde dando ánimos y haciendo compañía a la chica. Estaba muy agradecida, pero no sabía que lo peor sería la noche.

Draco se apareció en su casa, todo descamisado, con el pelo revuelto y oliendo a alcohol. Se encontraba en el jardín, le costaba caminar recto.

-Estúpida Granger, no me puedo creer como has jugado, he estado a tu lado cuando me has necesitado, he sido tu paño de lágrimas. Y ahora que ya estás bien, me tiras a la basura como si no fuese nadie. Tenía razón el mugroso sombrero en ponerte en Slytherin, has superado al rey de las serpientes. Pero no sabes con quién juegas.

Narcisa que estaba en la sala salió al escuchar como cerraba la puerta de golpe.

-Scorpius, ¿qué ha pasado?- preguntó preocupada al ver el estado del chico.

-No piensa hacer nada.

-¿Por qué? ¿Tienes miedo? Si es eso que no se preocupe que recibirá todo el respaldo que necesite.

-No- le costaban las palabras por su estado de embriaguez- según esa inmunda no soy suficiente para ella.

-Scorpius, algo tiene que haber pasado. Parecía que estaba enamorada de ti. Estaba emocionada con el baile, con su compromiso.

Draco pagó su mal genio tirando una mesita que sostenía un jarrón. Narcisa no se lo reprochó.

-Lo que pasa es que doña perfecta, se cree que mejor que cualquiera. Esta humillación se la voy a hacer pagar.

-Scorpius, no te pongas así- le intentó tranquilizar- seguro que hay un solución.

-No la hay y aunque la hubiera no la quiero.

-En Hogwarts seguro que podéis aclarar las cosas. No te rindas- le animó su madre.

-No soy un asqueroso Gryffindor, sé cuando jugar mis cartas y cuando no. Y ahora no quiero.

Sin dejarle decir otra palabra a Narcisa, se fue a su cuarto. Pasó por delante de la puerta de Lucius y este le dijo:

-Pronto tendrás que decidir si estás del lado de tu familia o de esos asqueroso muggles.

Sin mediar otra palabra se metió en su habitación.

Hermione se sacó los zapatos, el abrigo, el vestido. Se puso el camisón y se metió en cama. A pesar de que no hacía frío en la casa, Hermione notó un gran vacío en su corazón, un gran frío se instaló en su corazón. Rompió a llorar. No sabía que iba a echar tanto de menos dormir con Draco. Se sentía tan sola. Hace tan solo tres días, había pasado una agradable noche entre los brazos de Draco. Pensar en que tenía que resignarse a estar sola no le gustaba.

Nunca había encontrado a su alma gemela. Ginny tenía a Harry, Ron tenía a Lavender, Lily a James. Ella también quería a alguien. Pensó que había encontrado a esa persona en Ron, pero ahora que lo pensaba fríamente, no compartían nada. Era para reírse pero, sentía que Malfoy y ella eran más compatibles. Todavía sentía el tacto del chico en sus labios, sentía su calor al abrazarla.

-Señorita, despierte.

Era Kreacher que la debía estar avisando para el desayuno. Sin prisas se estiró.

-Kreacher, dile a Walburga que no voy a desayunar.

-Señorita, el desayuno ya pasó. Vengo a avisarla que pronto voy a servir la mesa.

Hermione se levantó como un resorte. Cogió algo de ropa que vio y bajó. Cuando bajó se estaban sentando.

-Pensé que ya no ibas a bajar- comentó Walburga.

-Es que no me encontraba muy bien- se disculpó la chica.

-Ya veo ya.

Walburga se fijó en sus ojos hinchados y rojos. Tenía el pelo algo revuelto y la ropa que llevaba no estaba combinada.

-Cuando acabes de comer, vístete. Iremos a mirarte un vestido para fin de año- le comentó Walburga.

-Todos los años, varios amigos de la familia vienen a celebrar el año nuevo con nosotros- le explicó Regulus.

Después de cansarse de jugar con la comida, se dirigió a su habitación a cambiarse. Se puso el mismo vestido que le había aconsejado Sirius. Tenía la cabeza pensando en las posibilidades que habría de que viniesen a la fiesta.

Antes de irse pasó por la habitación de los chicos si querían algo. Sirius se lamentó por dejarla en manos de su madre. En cambio Regulus le comentó algo.

  • Hay algo que deberías saber. Hoy ha sido enterrado Abraxas.

-¿Por qué no me avisaste?- preguntó indignada.

-Mi madre no me dejó y no tuve oportunidad de avisarte a ti o a Sirius. Se disculpó con Narcisa diciendo que todavía te sentías mal por haber presenciado su muerte.

-Me gustaría verla o mandarle una carta.

-Mi madre no te deja, pero a mí sí. Cuando la tengas lista, dámela y yo se la enviaré.

-Gracias, Regulus. Eres un cielo.

Estuvo toda la tarde impaciente por escribirle a Narcisa, tenía tantas cosas que decirle. Walburga interpretó ese nerviosismo como preocupación por cómo le quedase el vestido. Simplemente se dejó guiar por Walburga, le decía a todo que sí. Si a la salida de la tienda le hubiesen preguntado por el color, le hubiese dicho que no lo sabía.

Cuando llegó a casa subió corriendo a su habitación:

Querida Narcisa:

Lamento no haber podido asistir al entierro. No me encontraba bien, pero eso no tiene nada que ver con lo que nos sucedió. Soy más fuerte que eso.

¿Cómo se encuentra Lucius? ¿Y tú? Lamento mi marcha tan repentina. Me hubiese gustado estar a tu lado. Sé que no estás pasando un buen momento, pero espero que no perdieses esa sonrisa tuya que tan bien me hacía sentir.

En cuanto al compromiso. Lo lamento, pero creo que Scorpius no está preparado para afrontar toda una vida a mi lado y no estoy dispuesta a ser la esposa de un Don Juan. Sé que con Sirius seré feliz y también sé que Scorpius encontrará una mujer con la que congeniará más.

Un beso,

Cassiopeia Black

A pesar de que le había mentido un poquitillo, sabía que eso la tranquilizaría.

Ni siquiera la releyó, se la llevó directamente a Regulus que rápidamente la envió. Se despidió del chico y se fue a dormir. A media noche se despertó por un picoteo en la ventana. Era una lechuza, cogió la carta y se puso a leerla.

Querida Cássidi:

¿Cómo puedes dejar de luchar por tu matrimonio con Scorpius? Si sois tal para cual. Que sepas que no lo voy a dejar así como así.

Lucius ha vuelto a sus tareas diarias. Aún está algo dolido y distante, sé que sufre por dentro. Pero pronto volverá a ser el que era. Yo me encuentro algo abatida por lo sucedido, pero bien.

Scorpius es el que me preocupa. Después de vuestra cita, llegó borracho y lamentándose por lo vuestro.

Y no te preocupes que en fin de año, nos verás a los tres. Ponte guapa.

P.D: no te dije que me llamases Cissy, pues hazlo.

¡Besitos y hasta pronto!