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Historia 7942 — capítulo 8
CAPÍTULO 8.-
GULA
Draco estaba harto, completamente harto de los vendajes y de estar en su cama todo el maldito día, necesitaba un poco de aire.
Con una fuerza impresionante se arrancó los vendajes de su pálida piel y salió de la enfermería sin notar un par de ojos verdes que lo miraban a través del manto negro de la noche.
Caminó a trompicones y ligeras caídas a través de los largos pasillos fríos y húmedos, se sentía desfallecer pero tampoco podía regresar a la enfermería, necesitaba la frescura que el caminar le traía.
Empezó a pensar sobre lo que había hecho en la clase de pociones. Se miró las uñas, seguían igual de grandes, pero por lo menos ya no tenían esa filosa punta. Había estado a punto de matar a Weasley en la clase, solo por haberle dado su merecido a Potter...
Se dejó caer, resbalándose sobre la pared del pasillo. ¿Qué caso tenía tratar de engañarse a si mismo? Le gustaba Potter, le gustaba muchísimo el maldito hijo de perra. Era imposible no fijarse en esos ojos verdes que tenía, en esas tostadas mejillas y en ese cabello azabache. No le gustaba, lo amaba, lo amaba muchísimo y haría lo que fuera para que nadie lo lastimara, incluso matar.
Se levantó del suelo, la bata de la enfermería le quedaba floja y la sentía húmeda, la venda de la cabeza no servia muy bien para la herida que tenía y dejaba que se filtrara la sangre, sintió que algo viscoso le escurría por la frente, pero no le importó, siguió caminando.
Era como si estuviera borracho, no veía bien y sentía unas ganas tremendas de vomitar.
Se detuvo unos momentos, se apoyó con una mano en la pared y respiró con dificultad, el frío hacía que le doliera la garganta, tosió fuertemente y se tocó la cabeza. Le dolía muchísimo.
Sintió como si el cuerpo le rogara, pero no le hizo caso, el cansancio le estaba ganando. Pero seguía caminando a pesar del dolor que sentía en los pies, el piso de los pasillos cercanos a la enfermería eran puntiagudos, casi como agujas, sentía como estas se encajaban en sus pies, pero le agradó, le agradó muchísimo, oía el crujido que hacía la piel de sus talones al ser atravesada y sintió una paz tal como si estuviera escuchando opera.
Empezó a llorar por el dolor, pero no ese dolor, el dolor de amar y no se correspondido. Era un sufrimiento tal que ni siquiera el dolor de sus pies podía apaciguar. Se sintió estúpido, un gran imbecil, alguien que se enamoraba sin saber si tenía ese derecho, eso era algo reservado solo para las personas que no llevaban el apellido Malfoy.
Un Malfoy nunca debía de amar, eso sería su perdición, pues se entregaría con cuerpo y alma a esa persona y los Malfoy no tenían dueño. Pero Draco era el punto y aparte, el amaba sin miedo, el amaba con paciencia y con orgullo. El amaba con dudas y ellas, le traían el dolor. Amaba sin saber las consecuencias de ese amor, que desde que nació, se consideró prohibido.
Que hubiera dado para no nacer Malfoy, para sentirse libre de declarar sus sentimientos sin que le dijeran que era imposible que Potter lo amara.
¡Que irónico! Un Malfoy con sueño de princesa, que siente que el príncipe azul la escogerá entre todas las candidatas, más hermosas y bellas.
Soltó una amarga risotada.
Se sintió más desdichado cuando reconoció que todo eso había sido en parte (y una muy grande) su culpa. Si tan solo no se hubiera mostrado tan antipático cuando lo conoció, si tan solo le hubiera mostrado el verdadero Malfoy, el que solo deseaba salir a la superficie y gritar lo que realmente era, tal vez en esos momentos no estaría ahí, estaría acurrucado en ese pecho fuerte que en las noches añoraba, tal vez se estaría perdiendo entre las esencias del cabello de Harry y estaría nadando entre el aroma que Potter despedía, café, cacao y nuez que lo embriagaban.
¡JA! Otro sueño estúpido de adolescente de Draco, perdido en su mundo de fantasías, sin poder caer en la realidad, por que la realidad era muy dolorosa.
Sintió unas manos que le recorrieron la espalda, fueron bajando hasta tocar sus glúteos. Hubo un calor repentino que llenó hasta el más recóndito lugar de su cuerpo. Cerró los ojos y se dejó hacer.
Lo tumbaron con brusquedad de tal forma que quedó sentando en el puntiagudo suelo. No abrió los ojos. Oyó el tronido de su piel al ser atravesada y solo pudo soltar un gemido de placer.
Tomaron su pierna y unos dedos la recorrieron hasta llegar a la planta del pie, Draco se relamió los labios.
Con una tortuosa paciencia besaron cada uno de los dedos, haciendo que el cuerpo del pálido chico se retorciera. Desde ese momento no supo la diferencia entre minutos, horas o segundos, ya todos duraban lo mismo.
En el talón encontró una juguetona lengua, que se deslizaba entre la piel que se había levantado a través de las heridas, lamía su sangre, era una sensación tibia, era un líquido caliente el que recorría su pie y que sustituía la sangre.
Hicieron lo mismo con el otro pie. Draco solo gemía.
Como si lamiera una paleta, la lengua fue avanzando hasta sus rodillas, Draco seguía sin abrir los ojos. Hicieron suaves círculos con la lengua en el hueso de la rodilla, dejando rastros rojos en la piel blanca. Y luego sintió algo que encendió un llameante fuego en su cuerpo: un beso.
El intruso le había dado un beso en la rodilla, eran unos besos tibios que fueron completamente bienvenidos en todo ese cuerpo de frialdad. Empezó a sentir unas succiones débiles, haciendo ligeros chasquidos, le empezaron a dejar chupetines (se que así no se escribe, pero la computadora no me la acepta de otra manera, ella sola me la cambia) en toda la pierna.
La respiración le faltaba. Fueron avanzando beso a beso, hasta donde estaba su ropa interior. En ese lugar, los besos se profundizaron, cada uno de ellos fue una tortura. Se saltaron esa parte y empezaron a besarlo en el abdomen, mientras subían su bata de la enfermería. Casi como un reflejo, Draco tomó a la persona que estuviera haciendo eso por los cabellos, pidiéndole más, apretándolo contra su estomago, la lengua jugó con su ombligo, tibia, sensual, excitante. Introducía la punta y luego hacia perfectos círculos alrededor del ombligo.
Draco Malfoy, el increíble y rico Malfoy, el frío y el serpiente Draco, ahora era algo diferente, era un cachorrito que se dejaba dominar, tan sediento de placer que se arrodillaría con tal de conseguirlo, rindiéndose ante esos besos, esos jugosos besos.
Draco hizo la cabeza para atrás, estirándose con tal de que su cuerpo quedara más accesible. Algo en su cabeza le pedía a gritos que no siguiera con esto, que era lo más bajo que podía caer. Pero su cuerpo, el cuerpo no se controla por normas de moral impuestas, no se controla por zonas muy castas del pensamiento, solo se controla por los pensamientos de placer, solo se controla ante aquello que le produjera ese agridulce delirio. Como si todos los sentidos se perdieran, excepto el del tacto.
Draco dejó de sentir una cabeza a la cual apretar. El “intruso” ya se había ido. Su caminar se oía cercano, pero Draco Malfoy nunca corría detrás de nadie. El cuerpo le reclamaba “el” otro cuerpo de delirio.
Se levantó como pudo y se dirigió a la enfermería, tenía sueño, muchísimo sueño y ahora sin las vendas le sería fácil conciliarlo. Tomó las delgadas sábanas y se tapó con ellas, sin notar que se manchaban de sangre por las heridas que tenía en los glúteos y en la planta del pie. Un manto de sueño lo atrapó. Por primera vez en su vida tuvo un sueño decente, aunque sinceramente abrumador. De nuevo estaba con aquel extraño personaje que le había robado algunos gemidos, pero esta vez mostraba su rostro y era Harry, con algo blanco que salía de su boca, dándole a entender que esa vez había llegado un poco más lejos.
Después de cerca de 13 horas de sueño, Ron despertó, le dolía todo el cuerpo, en especial el pecho.
Estaba a punto de revisar si todavía tenía las heridas, cuando la puerta de la enfermería se abrió y por ella entró Hermione, cargada hasta el tope con emparedados, tostadas y algunos termos llenos de café con leche. Ron miró a la cama de al lado, donde dormitaba Harry, todavía no despertaba y tenía una venda en el estomago, donde le había tirado la poción por accidente el otro día. No fue intencional pero sus orejas se pusieron de un rojo vivo.
Hermione se dirigió a la cama de Harry sin siquiera mirarlo (a Ron), sobre la mesita que tenía enfrente para comer, le dejó 4 emparedados, 5 tostadas y un vaso grande de café con leche. Se acercó lentamente al chico de la cicatriz y lo zarandeó para que despertara, muy suavemente. Harry despertó bastante confundido, mirando para todos lados.
- ¡Buenos días, Harry!- exclamó Hermione mientras se dirigía la cama de Ron, este la miraba atónito.- ¿Cómo dormiste hoy?- le dejó bruscamente 2 emparedados.-
- Muy bien, Hermione. Gracias por traernos el desayuno.- exclamó Harry sonriente, dando cuenta de los emparedados que había delante de el.-
- Si, Muchas gracias Hermione.- dijo Ron, en un tono que daba un ligero reproche.-
- De nada, Harry. ¿me vas a contar lo que pasó en el salón de Snape?- le dejó a Ron de una forma tosca 1 tostada.-
- Pues...yo no recuerdo mucho, pero creo que a Ron le dieron peor que a mí.- señaló Harry, notando el “cariño” con el que Hermione había recibido a su pelirrojo amigo esta mañana.-
- Por favor, Harry, cuéntamelo, NO IMPORTA lo que haya sucedido después.- exclamó Hermione fríamente. Esto a Ron le dolió como si cientos de dagas le hubieran atravesado el corazón.-
- Bueno...he...- miró a Ron, este le hizo una seña que le decía (o intentaba decirle) que no tenía importancia.- Ron se resbaló y me tiró encima un frasco, pero fue un accidente, en serio Hermione, fue un accidente.-
- ¿Un accidente? ¡RON! ¿Por qué no puedes ser más cuidadoso? ¡PUDISTE HABER LASTIMADO A HARRY GRAVEMENTE! –
Siguió escuchando el reproche, pero no pudo hacer nada más que bajar la mirada y esperar a que todo acabara. Tenía miedo de que al abrir la boca dijera alguna cosa que hiciera horrorosa la situación, más de lo que ya era.
- ¡ERES TAN POCO PREVISOR!-
“Que alguien calle a esa maldita sangre sucia” pensaba Draco desde su cama, donde ya le había empezado a dar dolor de cabeza.
La puerta se volvió a abrir, dándole fin a los gritos de Hermione, entró Marina, que todavía llevaba el pijama puesto.
- ¡YA CALLATE, Hermione! Hasta en las mazmorras se oyen tus gritos, asshhh, como enfadas.- exclamó Marina, tapándose los oidos y haciendo una mueca a Hermione al pasar a un lado de ella.- Draco, Draco, despierta.-
El Slytherin se movió en su cama, diciendo cosas sin sentido mientras Marina lo zarandeaba más bruscamente.
- ¡Ya levántate, Draco!- (N/A: Y yo me pregunto ¿Dónde se supone que está Madame Pomprey)- Tienes que preguntarle a tu padre, y disculparte.-
Esas fueron las palabras mágicas, “lo siento” era una palabra que no estaba en el vocabulario de Draco. Se enderezó suavemente, se bajo de su cama, se puso los pantalones, la camisa y finalmente los zapatos, se encaminó a la salida mientras Harry y Hermione detenían a un Ron hecho una fiera para que no se lanzara contra Malfoy, no tenía necesidad de pasar otro día en la enfermería.
Marina lo alcanzó corriendo con sus pantuflas de Bob Esponja cuando estaba a mitad del pasillo. (¡Son las mejores pantunflas!)
- No es posible ser más tonto ¿verdad, Ron?- exclamó Hermione furiosa, soltándolo de la manga de su pijama.-
- Tranquilo, Ron, no te rebajes al nivel de Malfoy.- aseguró Harry, intentando parecer furioso.-
Ron lo volteó a ver. Puso una mano en su hombro y en un susurro le dijo:
- Se que también te preocupas por el...- le soltó el hombro rápidamente para que Hermione no se diera cuenta.- no tienes que fingir frente a mi, se que a ti te preocupan más las personas que amas con el corazón que las que amas con el alma.-
- Pero eso no me evita preocuparme por ti, eres mi mejor amigo y siempre lo serás, por muchas pociones que me eches encima no lograrás librarte de mí.- exclamó Harry con una risita que Ron convirtió en una gran carcajada.-
- Lo siento, carnal, pero me resbalé...es que Snape nunca limpia la grasa que se le cae del cabello.-
Los dos rieron más fuerte que antes, metiéndose los puños a la boca para ahogar el sonido y no llamar la atención de Hermione. Se sentaron a los pies de una de las camas a disfrutar de su desayuno, bromeando y riendo a cada momento, Hermione solo observaba satisfecha a Harry, mirándolo tan cariñosamente como una madre, en ningún momento volteó a ver a Ron.
- Ya deja de comer tanto, Harry, te vas a poner como Goyle.-
- Ya me salaste, Ron. Suena gracioso viniendo de tí -
- No exageres, te aseguro que ya ni tienes hambre, eso es Gula.-
- Claro que no, todavía tengo hambre.-
“Gula es lo que hice anoche” pensó Harry malignamente, pasó lentamente la lengua por sus labios, saboreando el rastro de sangre que había quedado...
Hola a todos.
Todavía sigo viva, por mucho que desearan que una dimensión desconocida me tragara.
Vamos, déjenme reviews, no les toma más que unos cinco minutos de su vida. Escriban todo lo que quiera...please.
Atte: Jessica Weasley