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Historia 7942 — capítulo 9
Antes de iniciar con mi aburridísima y poco leída historia, pues, les digo que con este Fic pruebo parejas nuevas y realmente lejanas….homo….
Así que Homo fóbicos o personas que de plano este tipo de cosas no les gusta…pues..mejor hagan clic en el botón de “ATRÁS” y busquen un mejor fic (hay más de los que se imaginan de donde escoger ^_^)
CAPÍTULO 9.-
LA HISTORIA DE LUCIUS
La suave mañana despertó a Draco Malfoy en su fría mazmorra, acostado en su cama, completamente desnudo y el cabello rubio desparramado en la almohada, abrió sus ojos de luna, el arma más seductora que poseía y la luz del sol le dio de lleno en los ojos.
Se desperezo, estirándose de la punta de los dedos hasta la cadera y bostezo a sus anchas.
La habitación que poseía en Hogwarts era privada, para que ni siquiera Dumbeldore tuviera el poder de entrar en ella. Solo una persona había entrado en su habitación sin el consentimiento de Draco y esa persona había sido Marina. Casi como un reflejo se tocó la oreja, donde todavía tenía el orificio que le había hecho en aquella ocasión.
Tomó una toalla que estaba al lado de el y se dirigió a su baño privado, esperando que no sucediera lo mismo que el otro día.
Cuando salió se miro en el espejo, sus ojos tenían la costumbre de atigrarse (la pupila se pone como la de un gato), haciéndolo ver raro. Se tocó la cabeza, en donde por error se había encajado sus propias uñas después de que le habían lanzado el desmaiyus.
Pero esa no era la razón por la cual Draco se había levantado tan temprano, Dumbeldore lo había llamado a su despacho, Draco estaba casi seguro de que lo iba a expulsar por haber atacado a Weasley.
Tomó un sepillo que estaba cerca y se lo pasó por la cabeza, alisándose el cabello, si era su último día en Hogwarts, tal vez podía darse el lujo de peinarse diferente. Agarró de nuevo la toalla y se la pasó por la cabeza hasta que se le secó completamente el cabello, nunca había visto bien su cabello así, debía de admitirlo, se veía mejor que antes, el pelo le había crecido bastante en tan poco tiempo, tomó una liga negra y con esa se amarro el cabello, lo que la liga no atrapó, dejo que se fuera seductoramente hacia delante.
Se puso sus pantalones negros, una camisa verde desfajada, con los dos primeros botones desabrochados y se colocó una capa negra de seda. Una loción fuerte de madre selva y salió de su habitación.
Caminó elegantemente, como siempre lo hacía. Su paso era suave, lo suficiente como para no hacer ruido alguno.
- ¿A dónde vas, Draco?-
Esa voz, era una de las voces que menos ganas tenía Draco de escuchar a esa hora de la mañana.
- Tengo que ver a Dumbeldore, Marina, así que si me disculpas.- caminó de nuevo, pero la voz de Marina lo hizo detenerse.-
- Es gracioso ¿no?...-
- ¿Qué es gracioso?- preguntó Draco instantáneamente, Marina siempre tenía ese efecto en el.-
- Lo que nos depara el futuro.- se levantó del sillón en el que se encontraba sentada, de espaldas hacia Draco.- En un minuto estas en el piso de la enfermería, entrándole sabroso al éxtasis y al siguiente tienes que ir al despacho de Dumbeldore a recibir un castigo…-
- No te entiendo.- exclamó Draco-
Marina soltó una fría risa.
- Tu nunca, Draco.- en un segundo ya estaba delante de él.- Tienes los ojos atigrados, como los de la serpiente en el blasón de nuestra casa.- se acercó más a él, Draco pudo notar bien los pupilentes de Marina que le hacían ver los ojos de un color diferente cada uno.
- No te me acerques tanto, linda, algunas veces muerdo…- exclamó Draco, pasándole un dedo por los rojos y tibios labios, mirándola como en escena romántica de telenovela y, retirándose al fin…-
Marina lo vio irse, con su andar elegante y su capa que se abría en abanico mientras el caminaba.
- Ya estas aprendiendo.- dijo en un susurro y sonriendo cuando la puerta de la mazmorra se abrió para dejar salir a Draco.-
Caminó lentamente, como en un desesperado intento de que lo inevitable llegara menos rápido. Si tan solo alguien le diera una respuesta a su extraña y sobre protectora conducta hacia Potter.
Tenía la opción que le había dado Marina: su padre. Pero su orgullo y el dolor que todavía sentía ante la pérdida de Snibly hacían que la opción quedara terminantemente fuera de sus posibilidades.
Cuando volvió a la realidad ya estaba frente a la gárgola y las escaleras que daban al despacho del profesor Dumbeldore, subió lentamente, “admirando” cada detalle de la gárgola.
Al fin, sus pies lo llevaron hasta la entrada del despacho, una puerta de caoba con la inscripción en la parte alta “Draco Dormiens Nunquan Titilillandus” (creo que así se escribe) y antes de que incluso llegara a tocar la puerta con los nudillos, esta se abrió y dejo ver la larga barba blanca, la nariz aguileña y los profundos ojos azules del profesor Dumbeldore.
- Sr. Malfoy, me alegro de que haya decidido acompañarnos.- dijo Dumbeldore sonriendo.-
“¿acompañarnos?” pensó Draco mientras entraba, al otro lado de la sala estaba su padre, Draco casi se caía de espaldas de la impresión. Dumbeldore se sentó en la gran silla del despacho y miró a Draco mientras descasaba la cabeza sobre sus dedos entre cruzados.
Draco se acerco a su padre y bajo ligeramente la cabeza, como dándole un saludo, Lucius le hizo una seña con la mano, como para darle a entender que si lo había escuchado.
- Sr. Malfoy, por favor tome asiento.- Draco se sentó en una de las sillas que había (en realidad solo había dos y una ya la había ocupado su padre).- ¿se preguntara por que está aquí, no es cierto?- Draco asintió con la cabeza.- Bueno…durante la última semana los profesores y yo, hemos estado notando su comportamiento, no le encontramos el porque, se le llamó a mi despacho y su padre, el Sr. Lucius Malfoy llegó esta mañana, alegando saber que es lo que le sucede.- miró su reloj y se levanto del asiento.- bueno….creo que los dejare algunos minutos a solas.-
Salió del lugar, tarareando una canción hasta que la puerta se cerró y dejo de verse.
Hubo un incomodo silencio, donde ninguno de los dos se dijo nada, Lucius se levanto de la silla y se fue a una ventana cercana de donde los rayos del sol ya entraban, se recargó en el marco y se quedó un momento ahí, como pensando lo siguiente que iba a decir, su largo cabello rubio, que se agarraba por detrás en una coleta, llegaba hasta la mitad de su espalda, su túnica ondeaba ligeramente por el aire que se colaba por debajo de la puerta y la capa cubría uno de sus hombros.
- Draco, yo…- movió su cabeza dignamente hasta que sus ojos se encontraron con los de Draco.- …se que no he sido el mejor padre…- Draco rodó los ojos.- pero lo que te contaré es algo que quedara entre nosotros, de padre a hijo…-
Draco se sentó mejor, sin dejar de perder su toque elegante. Lucius tomó aire y prosiguió…
-FLASH BACK-
- Sr. Malfoy, Sr. Malfoy, despierte, el desayuno está listo…- sus pequeñas manos lo zarandearon hasta que no tuvo más remedio que despertarse.-
- Ya voy snowball, ya voy, dile a mi madre que bajaré en diez minutos.- acto seguido, el elfo desapareció con un extraño estallido.-
Un muchacho de corto cabello rubio se levantó de la cama, se desperezó y se puso los zapatos. Tendió su lujosa cama, se fue a su armario y se puso su mejor túnica y la más elegante capa que tenía, hoy era un día bastante especial.
- Algo especial este día, Lucius…?- su madre había entrado a su habitación, lo miraba desde el marco de la puerta y sonreía tiernamente mientras su elegante cabello rubio bajaba dócilmente por su hombro.- Alguna chica que veras hoy??? ^_^-
- No, madre, solo que…es un día especial, regresaré a Hogwarts para cursar mi último año.- aclaró sin mirarla mientras se pasaba un peine por el rebelde cabello.-
- Soy tu madre, se perfectamente cuando me estas mintiendo…- se adentró completamente en la habitación, vio a su hijo directamente a los ojos y sonrió más pronunciadamente que nunca.- Ya baja a desayunar y luego vuelves para hacer tu baúl…- y salio de la habitación con su suave vestido celeste-
Lucius termino de arreglarse y bajo a la gran mesa de su familia. El desayuno consistía en un delicioso manjar de reyes, con todo lo que se podría desear como a esa hora del día. Lucius se sentó y espero a que su padre bajara, era un hombre de porte elegante, extremadamente guapo y con un cabello corto rubio que hacía que fuera perseguido por las chicas cuando salía a la calle, su mirada era fuerte y durante las mañanas, cuando iba a tomar el desayuno, los ojos se le atigraban, haciendo de esa mirada algo indescriptible.
Era como esa mirada penetrante en los campamentos o cuando sientes que alguien te observa y el cosquilleo en la nuca nunca te abandona. Así era la mirada de su padre, siempre fuerte y siempre presente.
Tuvieron un desayuno normal, callados y con la cabeza baja, sin poner los codos en la mesa y cosas así. Cuando terminaron, su padre fue el primero en levantarse.
- Lucius, hijo, ¿ya tienes tu baúl listo?- preguntó mientras un elfo llegaba corriendo para retirar la comida que había sobrado-
- No, solo me falta meter algunas capas y el caldero…- respondió haciendo memoria y levantándose para ir a arreglarlo.-
- Tenemos que irnos en diez minutos, así que apúrate…- le gritó su madre cuando ya iba a mitad de las escaleras.-
Entró a su habitación, tomó su baúl que estaba olvidado en un rincón y metió las capas junto a los libros de pociones, un extraño impulso le hizo tomar uno de esos libros y recordar a Severus Snape, su mejor amigo. Abrió el libro y dentro estaba una foto de el y Severus, alguien que viera la foto de pasada notaría solamente dos amigos fuera de la escuela en un día soleado, él que viera la foto y los conociera íntimamente se daría cuenta que uno de los amigos le estaba tomando la mano discretamente al otro y este se sonrojaba.
Así como el de la foto, Lucius se sonrojó fuertemente, sintiendo el bochorno en sus mejillas.
Decidió alejar su mente de aquellos pensamientos, cerró el baúl rápidamente y bajo con el, no le gustaba que los elfos trabajaran tanto, aunque ellos se la desvivieran para servirle.
Bajó corriendo las escaleras, con el traqueteo del baúl a un lado de el. Su padre ya lo esperaba en la puerta de la mansión y su madre apenas salía de la sala.
- Ya vamonos, Lucius.- dijo su padre mientras abría la puerta.
La forma en la que más le gustaba a Lucius llegar hasta el andén, era en un caballo, negro de extraña crin y cola blanca, tan ágil y bello como un suspiro y a veces tan terco como el orgullo. El caballo, por muy raro que pareciera, se llamaba Damian, un nombre bastante bueno para algo que se debatía entre la luz y la oscuridad (negro y blanco). Lucius puso el baúl en el caballo y luego él se montó. El vértigo que le producía el montar ese caballo era indescriptible, como si la adrenalina sustituyera a la sangre y a los gritos de euforia.
El aire pasaba entre su cabello, ondeaba su túnica y lo hacía gritar de le emoción. Podía oír como el caballo cortaba el aire.
Los Malfoy tenían un método especial que funcionaba como los polvos flu, solo que este método no implicaba el uso de un polvo parecido a la ceniza, en el se utilizaba un túnel en el cual solo tenías que pensar a donde ir y cuando terminaras de recorrerlo, habías llegado. Era muchísimo más fácil, no te mareabas, no tenías que quedarte atrapado en la hora pico de la red de chimeneas ni tener que estar siempre preocupado por si saldrás en la chimenea correcta. La gente no se ensuciaba y había muchísimas menos posibilidades de salir herido por no pegar los codos al cuerpo.
Lucius se asió más fuerte de las correas de Damian y se adentro en el túnel, una luz blanca se lo trago y de repente estuvo en un túnel espacioso y rápido de recorrer. El lugar era majestuoso, parecía en si hecho con llamas azules, podía sacar las manos y cortar el fuego como si pasaras los dedos en una cortina de agua. De nuevo una luz cegadora y al siguiente minuto estaba saliendo de un bote de basura bastante escondido de un callejón sin salida del Londres Muggle.
Frenó rápidamente y espero a que saliera el segundo caballo.
Un fuerte caballo blanco salio del bote, era su padre y madre, que quedaron limpiamente frente de el sin necesidad de frenar.
Lucius estaba contento, más feliz que nunca. Vería a sus amigos después de unas largas y aburridas vacaciones en la mansión. Bellatrix y Severus, como los extrañaba. Se divertía tanto con ellos, embrujando las escobas del equipo de Quidditch de Gryffindor para que cuando las tocaran se pusieran a golpearlos en el trasero durante horas, poniéndole cola al tonto de Sirius Black o simplemente haciéndole una nacha más grande que la otra al incompetente de James Potter.
El camino fue tranquilo, la madre de Lucius fuertemente asida a la cintura de su padre. Parecían ser la familia perfecta y todo decía que si lo eran.
- Bueno, hijo, nos vemos el próximo año, mándanos una lechuza en cuanto llegues a Hogwarts.- acababan de atravesar la barrera entre el anden 9 y 10 y se encontraban cerca de la locomotora de vapor que estaba a punto de salir, su padre se estaba despidiendo de él.- Cuídate…- le dio un rápido abrazo.-
Su madre se acercó y le puso en la mano cincuenta galeones.
- Se que no es mucho, pero a tu padre se le olvidó ir a Gringots…- lo miró enojada, mientras el hacía como que no escuchaba y que estaba muy ocupado silbando.- Cuídate mucho en tus viajes a Hogsmeade, hay rumores de asesinatos tanto a magos como a muggles.- le dio un beso maternal en el cabello y dejo que Lucius se fuera hacia la locomotora, esta empezó a andar y pudieron observar como su hijo sacaba la cabeza para decirles adiós.-
Se sentó de un golpe en un lugar del compartimiento que había elegido. ¿Dónde demonios estaban sus amigos?
La puerta se abrió de un golpe.
- James, Sirius, Peter ¿están aquí?- exclamó, intentando que la montaña de libros que tenía en las manos no se cayera.- Ah…lo siento.- había dado cuenta de la presencia de Lucius.-
Estaba a punto de salir cuando cayó estrepitosamente a causa de una agujeta desabrochada y una vista bastante limitada por los libros. Comenzó a recoger los libros de una manera casi asustada, como si creyera que estaba haciendo el mayor ridículo de su vida. Lucius se compadeció de el y decidió ayudarlo. El chico levantó la vista, tenía la nuca y la frente rojas y el rubor de su mejilla, ni se diga. El rubio no supo por que pero tuvo la necesidad de dirigirle una sonrisa al muchacho, este pareció tranquilizarse ya que la velocidad de los libros que eran acomodados había disminuido.
Entre las cosas que había en el suelo pudo reconocer una tableta de chocolate de Honydukes extra-grande.
- ¿Cuál es tu nombre?- preguntó Lucius mientras seguía recogiendo las cosas.-
- Re-re-remus Lu-lupin.- balbuceo el chico nuevo, tenía un cabello color miel y ojos marrones deslumbrantes, bastante guapo y con una insignia de prefecto bajo el escudo de la casa de Gryffindor en su túnica.-
- ¿Eres fanático del chocolate?-
- S-s-si.- Remus parecía estar al borde de un ataque de nerviosismo.-
- Ya somos dos…- Lucius sonrió, era cierto, el también era un gran fanático del chocolate, cosa que no compartía con Severus y Bellatrix, según Bellatrix engordaba y Severus no comería nada que estuviera ligado con la palabra felicidad en cualquier sentido por muy remoto y pequeño que fuera. ¡Por Dios!! Si el muchacho a muy duras penas se ponía alguna cosa que no fuera negro. Se acerco a su baúl y saco una caja de bombones cubiertos de chocolate, destapó la caja y la puso frente a Remus.- ¿gustas?- exclamó con una sonrisa de oreja a oreja.-
Remus acercó lentamente la mano y saco un bombón. Lucius se sentó de nuevo, con gesto elegante.
- Siéntate.- exclamó, indicándole un lugar a un lado de el, Remus tomó los libros del suelo y se sentó en el lugar que el rubio le indicaba con la pesada carga en las piernas.- ¿Eres de Familia Muggle o mágica?- peguntó Lucius sin rodeos.-
- Soy de familia mágica…- dijo Remus de repente viéndose muy incomodo.-
- Digo…no es que sea muy importante.- intento reparar Lucius al notar el cambio en el chico.- pero ya sabes…uno tiene que sacar plática de algún lado.-
Remus soltó una pequeña risita, se sintió mucho más cómodo y con la suficiente libertad como para soltar más de cuatro palabras en la misma oración.-
- ¿te gustaría probar un chocolate Muggle?- le preguntó Lupin, tanteando su nueva suerte.-
- Claro.- aseguró Lucius sonriendo más que antes, los chocolates si que lo volvían loco.-
Remus sacó de uno de sus bolsillos un dulce con envoltura de colores brillantes. Le ofreció uno a Lucius.
- Vamos, pruébalos.- desenvolvió el suyo y lo puso cerca de su boca.- estan deliciosos.- se metió el chocolate en la boca. Lo saboreaba de una forma tan convincente que Lucius tomó valor y también se metió el chocolate a la boca.
No estaba mal, no estaba nada mal, el chocolate era exquisito y dentro había algún tipo de mermelada o miel.
- Ya me tengo que ir…- exclamó Remus mirando su reloj. Tomó sus libros de nuevo y se encaminó a la salida del compartimiento.- Gracias por el bombón…- y salió del lugar con la frente y la nuca todavía coloradas.-
Lucius de nuevo se vio solo. ¡¿Dónde demonios estaban Bellatrix y Severus?!
Y justo como si ese pensamiento hubiera salido volando por la puerta del compartimiento. Severus y Bellatrix hicieron acto de presencia.
- Hola, Lucius, mucho tiempo sin verte.- exclamó Bellatrix, tan bonita como siempre.-
- No exageres, Bellatrix, solo fueron dos meses…- exclamó Severus que desde que puso un pie en el compartimiento se enfrasco en un pesado volumen del nuevo libro de Defensa contra las artes oscuras.-
- “No exageres, Bellatrix, solo fueron dos meses” – exclamó la chica en tono de burla.- ¿Por qué no te vas a buscar un ataúd, vampirito? Y uno que sea muy (muy pero muy) grande, para que superes tu complejo…-
Lucius se rió sonoramente junto con Bellatrix, se veía la frente colorada de Severus por el pequeño trocito que el libro no ocultaba. Bajó el libro enfadado y se enfrento a Bellatrix.
- Yo no tengo ningún complejo!!!!- exclamó Severus, bastante rojo.-
- Tienes razón…¿como pude ser tan tonta?…no es un complejo, es un complejito.- exclamó haciendo la seña de pequeño con los dedos.-
Lucius rió más que antes. Valla que disfrutaba la compañía de esos dos locos. Gracias a ellos se estaba volviendo cuerdo.
- ¡Basta! ¡Dejen de reírse!- Severus estaba llegando al borde de su paciencia.- ¡Dejen de mofarse!- se paró de su asiento, muy rojo y con los ojos fuertemente cerrados.- pero ya verán cuando me una a la liga del señor oscuro.- susurró para si mismo.-
- ¡¿QUÉ VAS A QUÉ?!- gritó Lucius, sintiendo el miedo corriendo por sus venas.
-Voy a unirme al señor oscuro, quiero inspirar miedo y no ser el hazme reír de Hogwarts por el maldito Potter.- hizo un gesto violento con la mano que divirtió a Bellatrix.-
- Pues ya te fregaste, amigo mío, yo también me voy a unir.- Severus la miró sorprendido, la chica solo sonreía.-
- ¡¿Qué dijiste?!- exclamó Severus con los ojos a punto de salirse de su lugar.-
- que-yo también-me-voy-a-unir ¿así, o más lento?- dijo moviendo su esplendorosa melena negra.- ¡Vamos! Si es lo mejor que puedes hacer si realmente quieres tener un futuro prometedor…-
-…o en la cárcel.- susurró Lucius para si mismo.-
Los días en la escuela parecían ir mucho más rápidos que los días en su casa, donde no tenía absolutamente nada que hacer excepto ver pasar el tiempo frente a sus ojos.
Ser un Malfoy era algo bastante bueno, casi un privilegio. Y todo provenía de una larga lista de sangre mágica, desde las ancestrales y antiguas veelas hasta el elegante conde conocido como Drácula.
Pocos Malfoy tenían el poder de convocar tormentas y huracanes y otros pocos podían hechizar a quien quisieran con la sensualidad y eficiencia de una mirada. Como lo habían hecho algunas personas que formaban parte de sus raíces.
Tener tanto acceso al conocimiento y a los descubrimientos permitió durante generaciones que los Malfoy siempre fueran visionarios, con ideas liberalista que todo el mundo nunca pensó que tenían. En conclusión, el “que dirán” nunca estuvo en el vocabulario de sus dudas.
Y Lucius…Lucius tenía sueños…que nadie conocía, soñaba que algún día los muggles se dieran cuenta de su existencia y que fueran lo suficientemente abiertos como para no querer la fácil salida mágica de sus problemas.
Ahí, sentado sobre un banco del invernadero número seis, con la nuca quemada a causa del ardiente sol y la camisa pegada al cuerpo por el peso de sudor escuchaba al profesor Warren hablar sobre las margaritas carnívoras.
- ¿ven esos dientes?- preguntó a la clase mientras con el dedo señalaba la hilera de pequeños colmillos de la margarita, por lo menos tres veces más grande que las margaritas muggles.- A través de estos dos…- señaló dos colmillos especialmente rojos.- lanzan un veneno paralizante a su presa, ya inmovilizada...ayy…- la margarita le había lanzado una mordida e intentaba safarze de la mano que la tenía prisionera.- que bueno…solo fue el susto…como iba diciendo…ya inmovilizada la presa, la margarita la atrapará entre sus raíces y la ira digiriendo lentamente…-
Dejó a la margarita en el suelo de tierra y le puso enfrente un ratón vivo, con una velocidad jamás vista por el hombre, mordió al ratón y lo enredó entre sus raíces, creó un hoyo y se adentro en el, dando la simple apariencia de una tranquila margarita Muggle.
- Para mañana quiero que me entreguen el dibujo señalando las diferentes partes de la margarita y para la siguiente semana, un escrito sobre el uso de los pétalos y la pus…-
- ¿el pus?- preguntó Bones, una chica de Huffelpuf con cara rechoncha y cabello color miel.-
- Si, el pus, Srta. Bones, el pus…- tomó de nuevo la margarita que se había hecho un ovillo en el suelo, por el tallo, lanzaba mordidas a diestra y siniestra mientras movía la corona y las hojas frenéticamente, el profesor tomó una de sus raíces y apretándola como tubo de pasta dental extrajo un líquido verde de aspecto putrefacto y tonalidades mohosas.- Muy bien…los veo la próxima semana.-
Antes de que los alumnos pudieran salir, se oyó un golpe seco en el invernadero, alguien se había desmayado. El profesor Warren se acercó corriendo hacia donde se había escuchado el golpe y su expresión fue la menos esperada.
- ¿otra vez tu, Weasley? ¡Ya van 3 en esta semana!- levanto al chico pelirrojo que para ese momento la mitad del cuerpo se le había dormido.- ¡Te he dicho cientos de veces que te pongas los guantes de piel de dragón!!!
Cargo al chico como si de un bulto de maíz se tratara y lo llevó a la enfermería antes de que la otra mitad del cuerpo se le paralizara, atrás de él se fue corriendo una chica con igual cabello rojo.
Lucius tomó sus cosas con tranquilidad y salió a paso lento del invernadero, solo había dado unos cuantos pasos cuando alguien cayó estrepitosamente enfrente de él. Era Remus cargado, para variar, de libros hasta el tope. Lucius lo ayudó a levantarse extendiéndole una mano.
- ¿sabes? Deberías de dejar de leer tanto, terminaras matándote.- aseguró Lucius con una sonrisa amistosa en cuanto tuvo a Remus frente a él.
Una gran y roja marca se dibujaba en la mejilla de Remus, parecía reciente. Lucius percibió dentro de si un sentimiento pequeño que se fue haciendo más grande a cada segundo, tardo en saberlo pero reconoció que era furia.
- ¿Quién te hizo eso?- preguntó señalando la cortada.-
Remus hizo todo lo posible para taparla.
- Nadie, el otro día…me caí, si, si, me caí…- tomó sus libros de nuevo, aterrado.
Antes de que pudiera terminar de recoger cada volumen, un pie lo había empujado, tirándole de nuevo todo lo que había recogido. Parecía que en cualquier momento iba a llorar pero se contenía, tomó los libros como pudo, resbalándosele por los lados y salió corriendo del lugar.
- ¡Locomotor motris!-gritó el dueño del pie y Remus, que ya estaba un poco a la distancia, cayó de nuevo.-
Esa persona, era Severus Snape.
- ayyy….Severus, eres la persona menos amable que conozco.- exclamó Lucius mirando resignado como Remus intentaba quitarse el hechizo.-
- No se de que te quejas, si es uno de los malditos y bobos amiguitos de Potter…- le dijo Severus después de haberse reído hasta la saciedad.-
Lentamente pasó una de sus manos por la delgada cadera de Lucius. Éste se sonrojó pronunciadamente, más que una persona normal y eso que el chico en si era pálido.
- Severus…he…hm…- tragó saliva dolorosamente.- creo que debemos de irnos ya a transformaciones.- intentó zafarse de las manos de Severus, pero este lo tomó más fuerte.
- No se de que tienes miedo…-
Sintió el mortal aliento de Severus cerca de él, poniéndole la piel de gallina, veía su cara inclinándose cada vez más, hasta que tocó la punta de su nariz y depositó un frío beso. Lucius cerró los ojos, al volver a abrirlos, Severus ya no estaba.
Lucius miró su reloj, ya era muy tarde así que corrió como alma que lleva el diablo hasta el aula de transformaciones donde la profesora Mcgonagall ya estaba dando la clase.
- buenos días, Sr. Malfoy. ¿Qué excusa me va a dar este año para justificar su retardo?-
Tenía los labios apretados aunque eso no le quitara lo bonita. La profesora Mcgonagall llevaba casi 15 años dando clases y parecía que el tiempo no pasaba por su cara, con su esplendida melena castaña y su delgada y suave túnica verde. Era bastante disciplinaria aunque eso en realidad no hiciera falta, a los hombres los tenía comiendo de la mano y las mujeres le eran leales por su gran conocimiento y la forma en la que enseñaba.
- Yo…buenoooo…maestra….es que….¿ya le he dicho lo bonita que se ve hoy?- dio una risita nerviosa y no pudo evitar sentir el bochorno en sus mejillas.
- Sr. Malfoy, sería millonaria si me ganara un galeón por cada vez que algún alumno a intentando ganarse mi perdón con esa frase.- exclamó rodando los ojos, visiblemente irritada.-
La clase ese día fue tan interesante como la de todos los demás días, con excepción de que ese día tenían que convertir botones en bolitas de chocolate: Remus casi chillaba de la emoción y, por supuesto, fue el primero de la clase en hacer la transformación.
Severus, Lucius y Bellatrix salieron del aula sin prisa, pues era la hora de la comida y si se apuraban como todos los demás alumnos se encontrarían con una bola de chicos con frenesí alimenticio atorados en la puerta (como Arthur Weasley).
- Los veo en el comedor, olvide unas cosas en el salón…- exclamó Lucius al notar que le faltaba el libro de Transformaciones, nivel avanzado.
Estaba a punto de girar la perilla cuando escuchó las voces de dos personas rezagadas en el aula.
- Vamos, Remus…- esa voz, esa voz Lucius ya la había escuchado…Era Sirius, el amiguito de Potter.- No te vas a arrepentir…-
Se oía como un forcejeo.
- No Sirius…no puedo…-
- ¿Por qué no?...-
- Es que…ya…-pareció pensar bien lo que iba a decir a continuación.-ya no me gustas…-
Se oyó el ruido chirriante de las sillas, una mochila lanzada a la espalda furiosamente y unos pasos. Lucius se escondió rápidamente tras una armadura cerca de la puerta. Ésta se abrió y por ella salió el gallardo cuerpo de Sirius Black, tenía la pinta de estar enojado, pero tras esos ojos se encontraba la tristeza.
Lucius no sabía si entrar ahora o esperar a que Remus saliera. Espero…espero…espero, después de la media hora se cansó y decidió meterse.
Al entrar se encontró con la figura de Remus tan triste y decaída que hizo que se el comprimiera el corazón…¿qué???
- Ha…Hola Lucius.- exclamó el chico chocolate al darse cuenta de la presencia del rubio.- No sabía que estabas aquí…-
- Ho…no, no, no, solo vine por mi libro…-se acercó a su lugar y encontró el libro bajo su asiento.- ¿te sucede algo?-
- ¿qué? Ho…no…claro que no… ¿Por qué lo preguntas?- lo volteó a ver deshaciendo su triste posición cerca de la ventana.-
- Estas llorando…-
- ¿me puedes dejar solo? Claro…si ya encontraste tu libro…-
- Si…si…pues…ya me voy…-
Lucius salió lo más rápido posible del aula, con el corazón latiéndole con fuerza. ¿Qué le estaba sucediendo? Casi corrió hacia el Gran Comedor y se sentó de un golpe en su lugar en la mesa de Slytherin.
- ¿Qué te pasa? – preguntó Bellatrix al verlo tan alterado.-
Severus le hecho una mirada evaluadora sobre el libro de defensa contra las artes oscuras que no parecía soltar ni cuando dormía.
- No me sucede nada…- exclamó con los nervios casi haciéndolo saltar.-
Tenía mucho calor así que sin más ni más tomó la bandeja del puré de papas y se lo empinó en el rostro…se sintió aliviadamente más fresco.
- Si…se nota que no tienes nada.- dijo Bellatrix limpiándose la salpicada de Lucius del rostro.- ¿Vas a hacer lo mismo con toda la comida?-
- tal vez…- aceptó Lucius notando que el calor de nuevo se lo tragaba…-
Al oír esto Severus y Bellatrix se miraron y luego tomaron todo lo que estaba a su alcance y lo pusieron en su plato antes de que fuera a parar a la cara de Lucius.
- Arrrggggg…¡Que calor hace!- gritó furioso y se lanzó al rostro su copa con jugo. Luego corrió hacia el baño a refrescarse.
Cuando regresó parecía que se había lanzado al lago sin siquiera quitarse la ropa. Se fue directo a su sala común, a cambiarse de ropa. Dio la contraseña y se dirigió a su recamara.
Abrió el buró donde tenía acomodadas todas sus túnicas y las miró, indeciso.
- ¿Qué me pongo?- dijo con un dedo en la barbilla.
Se decidió por una camisa Muggle de tela blanca que era muy fresca y unos pantalones de la misma tela. Se dio la vuelta para dirigirse al otro lado de la habitación, donde tenía el espejo de cuerpo completo y se detuvo en seco.
- ¿Severus?...¿q-qu-qué haces aquí?- dijo mientras tragaba saliva. Sintió algo frío correr por su frente ¿estaba sudando?
- Nada, solo admirando…- dijo el chico del cabello lacio, acercándose seductoramente hacia Lucius, este no sabía si correr o corresponderle al gesto.- Me gusta tu ropa…es demasiado elegante como para ser Muggle…-
Lucius se pegó al buró, intentando alejarse de Severus, pero sus pies no le hacían caso y dieron un paso adelante.
- Y saldré vencedor; mi rebeldía, humillada en los besos de tu boca, al dolor y al olvido desafío…- Severus tomó la mano de Lucius con un gesto elegante y plantó un beso en el dorso, Lucius se sonrojó intensamente.-
Snape salió de la alcoba con su andar elegante, pero recto, y su túnica ondeándose detrás de él.
Lucius se dejó caer. Ahí, tirado en el suelo, pudo ser conciente de un mar de emociones que se debatían dentro de él.
¿Acaso…Acaso le gustaba Severus??? 0_o
Se levantó del suelo y se tiró a su cama, oyendo como esta tronaba con un fuerte pistoletazo, de seguro se había roto, no le importo.
¿Acaso le gustaba Severus? ¿Pero como era posible que Snape le guste? Que dijéramos, Snape no era la persona con la cual podríamos buscar el significado de guapo en la enciclopedia y encontrar su foto. Él era frío, déspota y rencoroso. Tenía que ser, Severus tenía algo que a Lucius le movía el tapete.
Tal vez….
Tal vez era su sexy y fuerte voz, o su cuerpo gallardo y esbelto envuelto en ese suave manto de tela negra, la forma en la que siempre había una sombra que delataba su presencia, una sombra imponente y que helaba la sangre, o tal vez sus ojos profundos, tan inmensos y tan misteriosos como el mar en plena tormenta, o ese frío tacto, que donde hacía acto de presencia: dejaba una marca roja. O esos labios colorados y delgados, tan tentadores que ni siquiera la persona con más autocontrol podría resistir….
Cuando Lucius se dio cuenta, estaba en su cama abrazando la almohada, suspirando soñadoramente y con los ojos cerrados, la respiración pausada y una sonrisa en el rostro.
Si, ahora era un hecho…le gustaba Severus.
Era un hecho, pero algo científicamente improbable, como Severus podría llegar a fijarse en alguien como el????
De nuevo tuvo calor ¿Qué acaso nunca se iba o qué? El único lugar de donde de veras estaría fresco sería la lechucería, así que se puso unos huaraches y salió hacía el lugar.
En cuanto llegó corrió hacia la ventana más grande que había en el recinto y se sentó en el marco.
También estaba ese chico Lupin, ese extraño y medio excéntrico fanático del chocolate, hacia el sentía un extraño cariño, pero no podía evitar que la sangre le hirviera cuando recordaba lo que había escuchado en el salón de transformaciones. Primero verlo risueño y feliz convirtiendo botones en bolitas de chocolate para luego tenerlo llorando completamente y ahogándose en un mar de depresiones por el chico Black.
Se golpeo la cabeza contra la parte del marco que tenía delante, sintiéndose bastante tonto.
En unos cuantos días tenía que ir a la mansión a una de esas fiestas de compromiso, ahí es donde conocería a su prometida: Narcisa.
Por leyes de su familia, debía de casarse en cuanto saliera del colegio. Eso era lo único que detestaba de tener el apellido Malfoy, las reglas absurdas e inútiles que ponían.
La familia de la chica era adinerada, lujosa y cara. Todos unos yuppies, la chica, aunque tuviera cara de que algo le olía a rayos, era bastante guapa, porte elegante y delgada figura, carnosos labios, pestañas largas y gruesas y unos excelentes ojos azules.
Un aroma embriagante, tan fuerte y delicioso que se podría oler incluso en la lechucería, le indicó a Lucius que ya era hora de la cena. Ya pensaría mejor las cosas después de que un rico pastel de chocolate (con chocolate encima) y un vaso grande de chocolate caliente llenaran su estomago. Eso siempre le despejaba el pensamiento.
Miró de nuevo el cielo estrellado, fijamente, le era imposible pensar en tantas cosas a la vez, Remus, Narcisa, Severus, Black, comida….comprendió por que la gente siempre comparaba la oscuridad con noche y las estrellas.
Era como una paradoja….A Lucius le gustaba imaginar que eran túneles, que esas luces que sutilmente los demás magos llamaban estrellas eran las luces al final del recorrido, el recorrido que todo ser humano, mago o muggle, tenía que emprender.
No pudo evitar preguntarse ¿Qué tan cerca estaba ahora de tocar su estrella, de llegar al final del recorrido?
Un gruñido cercano a su ombligo le indico que el banquete en el Gran Comedor le llamaba tentadoramente.
Corrió hacia la gran mesa y se sentó junto a Bellatrix que lo miró aliviada.
- ¿Cómo te sientes, Lucius?- preguntó la chica de excelente melena negra.-
- ¿Por qué preguntas…?-
Bellatrix levantó una ceja, incrédula ante las palabras del chico rubio.
- Yo te debería de estas haciendo la misma pregunta…- se inclinó sobre su comida, dispuesta a seguir comiendo. Lucius se sorprendió, en los ojos de Bellatrix había un relámpago de dolor.
- ¿Qué te pasa? Te ves…triste…- preguntó Lucius sentándose mejor en su lugar y la copa de jugo oscilando peligrosamente en su mano.-
- No es nada…- contestó Bellatrix irritada, aunque se notaba que intentaba contener un sollozo apretado en su garganta.-
Lucius le tomó las manos con dulzura, vio la incredulidad ante tal situación reflejada en los ojos de Bellatrix.
- ¿Qué estas haciendo?-
Lucius solo sonrió ante la pregunta, tomó más fuete la muñeca de la chica y entrelazó los dedos.
- Cierra los ojos…-
- ¿Qué-que-para que?-
- Solo ciérralos…-
- Está bien, pero si algo me pasa, te juro que voy a tomar tu lengua y te la voy a meter por…-
- Estaría muy bien, pero solo cierra los ojos…-
Para ese momento el gran Comedor estaba casi desierto, solo algunos alumnos rezagados, que tenían mucha hambre o que simplemente les gustaba cenar solos estaban en el lugar.
- mi voz es tu conciencia …-
- Si…- soltó Bellatrix moviendo esos labios rojos en un diminuto suspiro-
- ¿Qué quieres decir?-
- Lo siento….lo siento a todos….a mi familia…a mis amigos…a mis maestros…les he fallado….-
- ¿en que?-
- Enamorándome de un imposible….de alguien que está demasiado lejos de mis posibilidades….-
- Y ese imposible, ¿nunca te ha dirigido la palabra?-
- No….es un Gryffindor, más bien….una Gryffindor…-
Lucius comprendió en ese momento la desdicha de su amiga, su corazón sangrante pidiéndole odio en lugar de ese amor que lo lastimaba.
- ¿Quién es?-
- Es alguien que día a día me roba los suspiros….que no sabe que la miro, que me tranquiliza con ese suave movimiento de su melena roja, que le muestra la dicha olvidada a mi corazón cuando sonríe y todas las pecas saltarinas se mueven….Esa chica que no sabe que la amo…- comenzó a llorar suavemente, como si no se diera cuenta de lo que sucedía a su alrededor…- Esa Gryffindor novia de Arthur: Molly…- soltó un suspiro antes de que sus ojos se llenaran en lágrimas de dolor, crueles y despiadadas…-
Lucius soltó la mano de su compañera y se quedó tieso cuando ella se lanzó a sus brazos para llorar desconsoladamente en su pecho.
- ¡No puedo! ¡No puedo!– sollozó más fuerte…- ¡Solo deseo odiar!
- No podemos…- le cortó Lucius tomando suavemente la cabeza de Bellatrix, acercándola a su pecho.- Tenemos un corazón sadomasoquista….que le encanta enamorarse de quien no debe….y nosotros…simples mortales….tenemos que obedecerle…-
La chica se separó de su pecho, con las manos en los hombros de Lucius. Lo miró durante algunos momentos, con los ojos rojos y lágrimas negras por el maquillaje.
- Es mejor que comas, a eso viniste ¿o no?- exclamó la chica Black, con una sonrisa triste.-
- Es cierto…- aceptó sonrojado Lucius cuando el estomago rugió.-
- Yo ya me voy, tengo que dormirme temprano, hoy a las dos llega ya sabes que a ya sabes donde…- exclamó la chica en un susurro.-
Con eso quería darle a entender que a las dos de la madrugada le darían su marca tenebrosa.
Lucius la vio irse hasta la puerta del gran comedor, donde la abordó Rodolphus Lestrange, su prometido. Lucius se infló de ira…odiaba tener esas estúpidas tradiciones. Él nunca le haría eso a su hijo (por que era claro que debía de tener uno) lo dejaría elegir.
-Flash Back interview-
Draco saltó de su lugar en esa parte de la historia, se tapó la boca y ahogo un grito de asombro en la garganta.
Lucius seguía mirando la ventana, con los primeros rayos de la mañana adornando su relato. Hizo una pequeña pausa y se liberó el cabello de aquel cintillo negro, abrió la ventana y una ligera brisa movió sus platinadas hebras, se sintió más relajado y con la confianza de continuar.
- Fin del flash back interview-
Al día siguiente tenían doble clase de pociones con los Gryffindor y eso significaba dos horas de Vanidad Potter y Orgullo Black.
Tenían que hacer una poción que era por parejas.
- ¿Quieres ser conmigo?- preguntó Lucius a Remus, que lo tenía exactamente a un lado, el chico saltó de su lugar, tal vez impresionado por la intromisión y asintió con una cabeza roja como un jitomate.-
- aja…- dijo Remus moviendo la cabeza exageradamente arriba y abajo. Lucius sintió un cosquilleo.-
La maestra Lidia, que daba pociones desde hace casi treinta años los miraba a todos con esos ojillos apachurrados a través de sus gafas de luna, su largo cabello blanco caía dócilmente sobre sus hombros y la piel de castor que usaba como abrigo. Tal vez pareciera canosa, gruñona y en ciertos casos arrogante, pero en realidad era muy divertida: cada semana les traía una poción chusca que podía hacer que el cabello quedara morado, alguien flechado por el amor, sin dientes o con un vestido, dientes de conejo, pecas, cabello rojo…en fin, todo lo que el buen bromista tendría en su gaveta más cercana.
Remus se acercó al caldero y lo miró por encima, la poción le soltó tal chamuscada que lo único que pudo hacer Lucius fue reír.
- Creo que los calderos no me quieren…- exclamó Remus con una sonrisita tierna. Lucius miró las cejas de Remus, en lugar de estar quemadas estaban moradas.- ¿Qué sigue ahora?-
- Déjame ver…- dijo Lucius tomando un rollo de pergamino que estaba al lado del caldero.- 3 pelos de unicornio mientras el caldero esté en fuego lento y batiendo la masa en el sentido de las manecillas del reloj durante veinte minutos, luego la dejamos reposar durante diez minutos hasta que tenga forma de mucosidad naranja y habremos terminado.-
Remus miró de nuevo el caldero, esta vez más precavido y le hecho los pelos del unicornio, la poción soltó una bocanada de humo que de nuevo le dio en la cara, haciéndole el cabello negro, Lucius tomó un cucharón y empezó a darle vueltas en el sentido de las manecillas del reloj.
Llevaban diez minutos tranquilos en los que Remus intentaban por todos los medios quitarse ese extraño color del cabello. Lucius lo miraba de vez en cuando, extrañamente hipnotizado por la cara de concentración que Remus ponía, tal vez era natural o el lo hacía de adrede, pero el caso era que hasta concentrado se veía tierno.
- Remus, préstame unos cuantos pelos de unicornio, James evaporó los nuestros.- era Siruis Black, que, sentando exactamente atrás de ellos le dirigía una sonrisita llena de odio a Lucius, James salió de entre lo que el cuerpo de Sirius le tapaba y saludó cortésmente a Remus: tenía las cejas moradas.-
Lupin le sonrió a Potter y dijo:
- Valla, ya somos dos…- tomó un frasco del suelo y lo abrió, dentro había por lo menos cinco pelos de unicornio que compartió gentilmente con Sirius.- Aquí tienes….si necesitas otra cosa…- se agachó para recoger los demás frascos del suelo, como para darle a elegir a Black.-
-
No…gracias…solo quería esto.- dijo el muchacho entrecortadamente, miró a Lucius con los ojos muy abiertos, como sorprendido.- “así que eres tu…”susurro que apenas y Lucius escuchó gracias a sus raíces veelas.-
Se volteó hacia su caldero con los pelos de la cola de unicornio en la mano y aun esa extraña mirada de desconcierto.
- Ya esta lista…¿quieres probarla?- Lucius salió de su ensimamiento al escuchar el inocente tono de Remus, acercándole un vaso de humeante y burbujeante poción anaranjada.- Vamos…está muy buena…- aseguró con una sonrisita tierna y limpiándose los rastros del trago que le había dado con el dorso de la mano.-
Lucius tomó el vaso con desconfianza, pero si Remus decía que sabía bien, no había razón por la cual dudar.
Se acercó el vaso lentamente a los labios y se echó un sorbo a la garganta, estaba medio agria, como naranja agria con chamoy. Hizo un gesto extraño, como de querer dar un beso, apretó la boca y luego abrió los ojos de golpe.
-
Después de un rato se siente que en realidad no sabe tan mal…en realidad sabe muy bien ¿no podremos darle otro trago mientras la maestra no ve?- exclamó Lucius acercándose a Remus con complicidad.-
-
No…- exclamó terminantemente Remus.- si lo hacemos podemos quedar con los efectos de la poción para toda la vida y eso significa que nunca, y digo…tal vez nunca…dejes de usar el vestido rosa que ahora traes puesto…jiji…- Remus rió, tapándose la boca con la mano.-
Lucius miró casi con temor hacia abajo, y efectivamente…tenía un vestido rosa con cintas amarillas que hacían juego con su cabello, guantes plateados y zapatillas azul celeste, se tapó como pudo e intentó esconder su cara entre lo abultado de su vestido.
- Relájate, Lucius…solo es un vestido…además, jiji, los demás compañeros que digamos no están muy cortos de ropa…- señaló hacia su izquierda, donde se encontraban Sirius y James. Sirius llevaba un traje de novio que le quedaba sencillamente elegante, dándole un toque sensual a esos ojos tan profundos y James…ni que decir que probó por todos los medios saber si era posible ahogarse con esa poción antes de que lo vieran con su vestido de novia y tacones blancos de aguja.-
Fue ese el único momento en el que Lucius no se avergonzó de usar un vestido rosa, miró a Remus y observó el vestido azul celeste que se adornaba con la dulce sonrisa del chico y sintió que su estomago daba un vuelco de 360º al observar aquella sonrisa.
-
Solo faltan diez minutos para que la poción termine, lastima que la clase se termine en cinco…- le comunicó Remus, observando su reloj y chascando la lengua en señal de censura.-
-
¡Alumnos, por favor, póngame atención! ¡Los que sean valientes salgan por esa puerta en cuanto den el toque y los que no, quédense otros cinco minutos y arriésguense a perder puntos para su casa por llegar tarde a la siguiente clase!!!!- gritó la maestra desde su mesa en la parte delantera del aula, con esa mirada de autosuficiencia tan penetrante y acechadora que helaba la sangre.-
La campana sonó y durante unos cuantos segundos nadie se movió de su lugar, solo las chicas habían salido de la estancia.
-
Esto es una estupidez…- oyó Lucius a un lado de él, cuando volteó, Remus ya se había ido del aula, fue el único de la clase ese día que se había atrevido a salir y ser el centro de las miradas curiosas y las risas respectivas de los demás alumnos.-
-
¿Cómo se llama el chico que acaba de salir?- preguntó la maestra a la atónita clase que miraba con asombro la puerta.-
-
es Remus…Remus Lupin.- le dijo Sirius Black con una sonrisa en la cara.-
La maestra pareció revisar algo parecido a un calendario.
- Ah…ya lo entiendo….Ese chico, Lupin, tiene diez en todo este trimestre…bueno…ya pasaron los cinco minutos, el vestido se irá desvaneciendo lentamente, muy lentamente, así que, ya se pueden ir…- la maestra rió con sorna, tomó sus cosas y salió del salón ante la mirada de remordimiento que todos los chicos le lanzaban.-
Los chicos salieron del aula enojados, sonrojados y todo lo que tuviera que ver con “ados”, Lucius se quedó en el salón, mirando la nada con terror en los ojos, sonrojado ante la segunda tentadora posibilidad que se acrecentaba en el, ese chico Remus…..había sentido algo, algo realmente bonito cuando Remus le dirigió esas sonrisa. Era como si le hubiera movido el tapete durante algunos segundos.
Se sonrojó como un semáforo y decidió tomar su mochila, se había perdido la clase de Aritmancia, pero no le importó.
-
Hola…- era él, ese chico tan sorpresivo.- Te estaba esperando….- se notaba sonrojado, bajó la cabeza y apretó los libros contra sus piernas.
-
¿por qué?- “¡Perfecto, Lucius, es lo más inteligente que has preguntado en tu vida!!!” >.< Pensó Lucius con enojo.-
-
Bueno…es solo que…- parecía aun más sonrojado que antes y evitaba por todos los medios la mirada de Lucius.- Tengo que decirte algo…-
Lucius se le quedó mirando al chico enfrente de él, ¿era su imaginación o se le hacía más guapo que la primera vez que lo vio? Intento desaparecer en ese momento cuando un leve tono carmesí apareció en sus mejillas.
-
¿Qué puede ser?- Lucius comenzó a caminar hacia el gran comedor, Remus iba atrás de él.-
-
Es algo muy importante…-
-
Si, es importante, ¿pero necesario que me lo digas?-
Remus bajó la mirada, ciertamente dolido ante el frío comentario.
-
si, es completamente necesario.- exclamó el chico con un ligero deje de desesperación.-
-
Bueno…pues que sea rápido…te--- y fue cortado.
¡Remus lo había besado!!!!!!!Esos tibios labios habían chocado contra su boca, le había roto el labio inferior, pero no le importó. Algo dentro de si le hizo tomar al chico y acercarlo más cuando la primera impresión pasó, casi como instinto. Se entregó a ese beso profundo, sintiendo una boca ansiosa de más, abrió esa cavidad tibia y permitió al intruso danzar dentro de ella, sus lenguas chocaron y mandaron una descarga eléctrica de placer a Remus y Lucius. Fue como si la sangre vela y los instintos de lobo despertaran y lucharan entre si. Lucius se abrazó de la cintura del chico, mientras Remus se paraba de puntitas para poder abrazarlo por la nuca. Detuvieron el beso cuando los dedos inquietos de Lucius quisieron jugar con ese resplandeciente y sedoso cabello castaño
- Me gustas mucho….- exclamó el licántropo, luego le entregó una rosa y se fue corriendo como si su vida dependiera de eso.
Lucius se quedó en shock durante algunos segundos, analizando todos los sucesos lentamente. Soltó el aire que durante todo el rato se había retenido en sus pulmones y fue consiente del sabor en su boca, té de manzanilla y chocolate, ese aroma que embriagaba a Remus por donde quiera que iba. Su corazón dio un vuelco cuando miró la rosa que aun descansaba en su mano, era una rosa negra…brillante y todavía con gotas de un leve rocío, de seguro un encantamiento para que nunca dejara de perder esa imagen. Lucius apretujó la flor contra su pecho, cuidando de no destrozarla y se sintió enrojecer, nunca nadie antes le había hecho sentir ese cariño tan especial, esa necesidad de sentirse amado, nunca nadie le había expresado un cariño tan inocente y puro, tan tierno y pacífico. Sonrió con toda la felicidad del mundo y las mejillas color carmesí, escondió su cara bajo el corto cabello rubio cuando escuchó un sonido atronador.
Volteó asustado ante la intromisión y descubrió con terror que era Severus.
Había tirado los libros y por las mejillas se podían ver perladas lágrimas, luchaba contra el impulso de no sollozar, pues el labio le temblaba.
- Severus!!!!!!! Espera…..- estiró la mano, intentando que el chico no se fuera, pero era demasiado tarde, Severus ya había corrido, Lucius fue tras de él, pero resbaló contra los libros regados en el suelo, se golpeó la cabeza fuertemente contra una armadura del pasillo y lo último que vio fue la sangre tornando roja la rosa de Remus y los libros de Severus. Luego cayó inconsciente…..
Hola ^_^
Pues hasta aquí le dejo, porque ya se me hizo excesivamente largo y pues, tampoco quiero aburrirlos (más). En el siguiente capítulo todavía van a andar los recuerdos de Lucius con un pequeño pedacito que incluye al sexi pelirrojo en tiempo presente, un dato que me imaginé mientras veía Red Shoe Diaries.
La poesia mas corta del poeta mas sincero solo tiene dos palabras.................."Te quiero"
Adiós chicas y chicos malos. Y recuerden dejarme un pequeño review que se los agradeceré mucho
Bye ^_-
Jessica Weasley