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Historia 79734 — capítulo 23
Importante: Este capítulo contiene algo de Lemmon. Cuando encuentres un "►PLAY" la escena se musicaliza con: http://www.youtube.com/watch?v=y4zC9cYNztU
Capítulo dedicado a mi amiga Astoriamdq, quién cumplió años la semana pasada, y creo que la escenita romantica entre estos dos, será de su agrado =), Te quiero, zorra!
Cap 23 - Un lugar que sólo nosotros conocemos
Ya perdió la cuenta de la cantidad de veces que había corrido por esos pasillos de la misma manera en los últimos meses. Satírico era pensar en las esperanzas con las que había abordado ese año. Era el último y ella conllevaba un montón de ilusiones. Sueños que iba a terminar de culminar. Intentaría insistir con Ron para que el beso en la guerra no quedara sólo en ello, se empeñaría en sus estudios como siempre, sacaría el mejor promedio y se recibiría con honores, decidiría que carrera seguir, analizaría sus opciones, pero sobre todo disfrutaría y sería feliz.
Y ya a punto de culminar el año, se daba cuenta que no había cumplido casi nada de ello. Si, había logrado mantener su excelente promedio, pero ni siquiera había terminado de decidirse que carrera seguir. Había intentado insistir con Ron, si… pero ahora lo que más quería era tenerlo lejos. Disfrutó, pero quizá no tanto como lo había deseado. O quizá no de la manera que lo había ideado. ¿Ser feliz? Já!
Era gracioso que de una manera retorcida, a pesar de llevar un año completamente diferente al esperado, esa noche había sido feliz como hacía tiempo no lo era y aún así estaba en los corredores llorando, Irónico, ¿no?
Por eso estaba comenzando a sospechar que simplemente la felicidad no era un lujo que Hermione Granger pudiera darse.
(…)
Decir que el Gran Comedor estaba conmocionado era minimizar las cosas terriblemente.
Harry tenía sujeta a Ginny por los brazos para que no se lanzara contra su hermano mientras le gritaba una cantidad de insultos que sorprendería a cualquiera por su abanico de variedad. Antes habría sido Blaise quien la contenía, pero Harry al notar que Nott no daba a basto para frenar a Malfoy sugirió el cambio. Así, además, se mantenía ocupado y no era él mismo quien arremetiera contra su amigo.
Lavender estaba encima de Ron, preocupándose por su estado e intentando frenar la hemorragia que había provocado el rubio en su nariz. Como si no se hubiera enterado que la disputa no había surgido por ella sino por otra mujer, y que esa mujer fuera nada menos que Hermione Granger.
Gabrielle había intentado salir tras Hermione de inmediato, pero Luna y Ginny se lo habían impedido, argumentando que la conocían y era mejor dejarla sola… cuando en realidad deseaban que Draco se calmara y fuera él quien la buscara.
Ninguno se daba cuenta que en realidad, aunque se muriera de ganas de romperle la cara a la comadreja, la fuerza que ponía para soltarse era para poder salir corriendo tras Hermione. O eso pensó hasta que Luna le guiñó el ojo disimuladamente y acto seguido profería un grito
-¡Miren allí! -Por más que fuera de público conocimiento la locura de Lovegood, todos miraron hacia donde el dedo de la muchacha apuntaba. Draco aprovechó que con la distracción sus amigos aflojaron el agarre y pudo soltarse. -Gracias, Luna -llegó a musitar cuando corriendo pasó por su lado. Y a ella no le pasó por alto que la llamara por su nombre. Si bien, extrañamente, Malfoy nunca la había llamado Lunática, siempre que se dirigía a ella se limitaba a hacerlo por su apellido. Sonrió ampliamente completamente convencida de haber hecho las cosas bien.
(…)
Hermione creía que estar en ese lugar la haría sentir mejor, sin embargo, allí estaba y las lágrimas no habían dejado de salir. Incluso se sentía más vacía, como si algo le faltara, como si las paredes se le estuviesen cayendo encima, como si de repente el tamaño de la sala se hubiese hasta triplicado, haciéndola sentir insignificante. Se abrazó a sus piernas y escondió su cabeza en ellas.
Y así fue como Draco la encontró.
Tras salir corriendo del Gran Comedor de lo siguiente que tuvo noción fue de estar parado frente a la puerta de la Sala de Menesteres. No había sido necesario tener que invocarla, simplemente la puerta estaba ahí cuando llegó, como si lo esperara. Pero él supo internamente que probablemente así había sido, como supo que en todo momento su cuerpo había sido consciente de a donde debía dirigirlo aunque su cerebro no lo hubiese indicado.
Ahora que lo pensaba era lógico, ¿en qué otro lugar habría podido encontrarla? La única opción de que ella no estuviera allí, era que no quisiera ser encontrada por él, y la sola idea le aterró. Aunque el temor le duró poco.
Apenas sintió la presencia de Draco dentro de la habitación, Hermione corrió y se arrojó sobre él. Aunque lo tomó por sorpresa, enseguida la rodeó con sus brazos y la apretó contra sí.
-Shh, preciosa. Estoy aquí. Ya está todo bien -intentó contenerla -No me dejes, Draco -pidió entre sollozos. Él trato de abrazarla con más fuerza -Nunca -aseguró acariciándole el cabello. Hermione se acurrucó aún más contra su pecho. Sacó el reloj de su bolsillo y abrió la tapa haciendo que la música comenzara a sonar- Sería una estupidez hacerlo -¿Cómo lo haces? -preguntó ya con el llanto completamente disminuido y en su lugar una linda sonrisa -¿Cómo hago qué? -Para siempre sacarme una sonrisa -respondió con naturalidad. Draco se encogió de hombros -Debe estar en mi naturaleza -aseguró soberbio. Hermione rodó los ojos, él bajó sus manos hacia su cintura y se acercó a su oído- Además no dejaría que una estupidez arruine esta noche -¿Tú crees que es una estupidez? -Draco volvió a encoger los hombros -Las cosas son o no estúpidas según el lugar que nosotros le demos -aseguró- Y algo que te haya lastimado, para mi no merece ningún tipo de lugar -Entonces haré de cuenta que nada arruinó nuestra noche perfecta -sonrió sacándose los restos de lágrimas del rostro -Pero para coronar la noche como perfecta, nosotros teníamos algo pendiente, ¿verdad? -Preguntó en tono misterioso, corriéndole suavemente un rizo de su cara y atrayéndola más hacia su cuerpo. Hermione asintió cambiando a una actitud un tanto más sensual y sujetándolo por las solapas de la camisa -Bésame de una vez, Malfoy -fue una clara orden- Estoy cansada que nos interrumpan -Y antes de acatar a sus órdenes, Draco soltó una buena carcajada. Hermione frunció el ceño, ofuscada.
No podía evitar sentir ternura, sobre todo cuando quería optar una actitud de chica ruda que no iba con ella. Llevó una de sus manos hacia la mejilla de Hermione y la acaricio dulcemente con la yema de su pulgar, descendiendo hasta llegar a su barbilla, por donde la sujeto con suavidad acomodándola a merced de sus labios, borrando cualquier rastro de enojo. Se acercó hasta quedar a su nivel con los labios apenas rozándose cuando la impaciencia de Hermione se hizo presente y fue ella la que se ocupó de unirlos. Ante el contacto ambos presionaron sus labios como si quisieran fusionarlos a los del otro. Draco sintió dolor debido a la herida que le había dejado el golpe del pelirrojo, pero no le importó. Con suavidad su boca incentivó a la de Hermione a abrirse, para darle vía libre a su lengua. La castaña lo recibió gustosa desatando la suya y provocando una feroz batalla entre ambas. Se recorrieron con lentitud, como si quisieran evitar saltearse algún recoveco de la boca del otro en su recorrido. Draco giró su cabeza perfilándose mejor y dándole aún más profundidad al beso. Hermione creía que sería capaz de atravesarla y sólo podía asegurarse sosteniéndose en los hombros del rubio.
Si hablamos de sensaciones, ninguno de los dos podía ser capaz de pensar siquiera en ello. Pero la sonrisa en el rostro de los dos mientras se besaban era suficiente evidencia de lo que sucedía en su interior. Hermione traviesamente mordió el labio inferior del rubio haciendo que este pegara un respingo por el dolor. Aquél movimiento la hizo caer en cuenta de su corte y disminuyó la intensidad del beso hasta finalizarlo. Cuando se separaron ninguno reprimió aquella enorme sonrisa que adornada en sus rostros. Draco se impulso y dejó un corto beso en su boca y tras otro y tras otro… Hermione tuvo que hacer un acopio de voluntad para poder separarse cuando ya tenía los ojos entrecerrados.
-Para -ordenó sin mucha fuerza. Draco le dio otro beso- Enserio Draco. Espera que te cure eso -Puede esperar -espetó y se quedó a medio camino de un nuevo beso cuando ella puso un dedo sobre sus labios -Draco Lucius Malfoy -sentenció- O me dejas curarte ese corte o… -pero no se le ocurrió ninguna amenaza -¿O qué? -Provocó sensualmente -O no podré morderte -espetó con seguridad, como si fuera motivo suficiente para que cediera. Por lo visto funcionó -Esta bien, me parece justo -sonrió
Lo tomó de la mano y lo arrastró hasta el sillón. Se sentaron uno frente al otro y lo primero que hizo Hermione fue pasar suavemente su dedo índice sobre el labio lastimado. A Draco le recorrió un escalofrío, pero lejos estuvo de ser motivo el dolor.
-Con eso no ayudas para que me mantenga en el lugar -Hermione sonrió pero al volver a fijar la vista en la herida, borró la sonrisa -Lo siento… -musitó bajando la mirada -¿Y eso? -Por el golpe -respondió- Episkey-murmuró mientras señalaba con la varita el labio de Draco sanándolo -Tú no me pegaste -Pero te pegaron por mi culpa -replicó -Y si eso me valió que ahora estés cumpliendo el papel de mi enfermera personal, puedo soportar varios golpes más -sonrió seductor. Hermione le dio un pequeño golpe en el hombro pero no pudo contener la risa -Ahora si me golpeaste tú -reclamó -Oh, lo siento -fingió arrepentimiento -Nada de lo siento. Deberás hacer algo para que te perdone -¿Algo así? -Inquirió juguetona antes de darle un pequeño beso en la comisura de los labios -¿Es lo mejor que tienes? -Chicaneó- ¡Vamos, esfuérzate más, Hermione!, yo sé que tú puedes -incentivó. Entre bromas hubo un cruce de miradas que los dejo congelados a los dos, mirada contra mirada, fuego contra hielo. Y fue entonces, cuando Hermione descubrió que el hielo también podía quemar.
En un impulso ambos polos se acercaron y coalicionaron en un centro. Y nada quedó de aquél primer beso dulce y tierno. El de ahora era un beso intenso… desesperado, como si dieran rienda suelta a todos los sentimientos que contuvieron durante tanto tiempo. Sus bocas desataron una fiesta perdida en tiempo y espacio, una inspiración de bocas imantadas que sueñan con ese mundo dentro de otro mundo. Tenían sed y en sus labios encontraban un manantial en el cual beber. Los dedos de Hermione se habían enroscado en los rubios cabellos de Draco con fiereza, empujando hacia ella su cabeza, intentando un mayor acercamiento. Las manos de él la sujetaban por la cintura y eran su única seguridad de que no terminaría en el piso por el flaqueo de sus piernas temblorosas. No tenía en cuenta de que Draco también estaba temblando de cabeza a pies. Le era imposible concebir como la persona que lo hacía sentir tan fuerte, era ahora quien lo hacía sentir tan vulnerable. Pero se dio cuenta que la vulnerabilidad podía ser mayor cuando sintió las delicadas manos de su castaña bajar desde su cabello hasta los botones de su camisa, acariciando todo lo que encontró a su paso. Draco ya tenía desprendidos los tres primeros botones, así que su tarea comenzó recién con el cuarto. Con algo de lentitud y torpeza llegó a desprender dos antes de que las manos de Draco se superpusieran a las suyas.
-Gatita, debemos parar -suplicó agitado -¿Porqué? -Reprochó ella en el mismo tono -Porque no voy a poder controlarme -explicó y Hermione sonrió de lado con picardía antes de volver a asaltar sus labios. Draco no opuso resistencia y enredó los dedos en sus rizos castaños.
Se sorprendió cuando sintió una de las manos de Hermione sobre su trasero, pero no llegó a salir de su estupor cuando notó como la muchacha le sacaba su varita del bolsillo. Con una pequeña floritura transfiguró una pequeña alfombra en un mullido acolchado.
-Tenemos el sillón -comentó Draco enarcando una ceja -Incomodo -replicó -Una cama hubiese sido más cómoda, en ese caso -Hermione encogió los hombros con tinte caprichoso y miro el acolchado orgullosa. Draco para evitar una carcajada y que volviese a enojarse volvió a besarla. Ella intentó retomar su actividad con los botones de la camisa del rubio pero él se lo impidió con idea de desprendérselos él mismo. Hermione tomó revancha y le apartó las manos. -Lo estaba haciendo yo -reprochó antes de depositar un beso en el tramo de su pecho ya desnudo.
Draco sintió una corriente que fue prolongándose junto con el camino de besos que la castaña iba trazando mientras desprendía los botones restantes. Cuando terminó su cometido volvió a la boca del rubio, quién inmediatamente la corrió para empezar su tortuosa tarea en el cuello de la castaña. Hermione quiso dejar caer la camisa blanca por aquellos fornidos hombros, pero Draco mostró reticencia en dejar al descubierto su brazo. No era muy difícil reconocer el motivo, por lo que los ojos chocolate se clavaron en los grises con fiereza y le sacó la prenda sin darle lugar a reproche. Menos pudo hacer cuando sintió sus suaves manos acariciando el tatuaje en su piel.
Llevó con seguridad sus manos a la espalda de la muchacha sin dejar de besarla y en medio de una caricia bajó el cierre de su vestido. Hermione tuvo que respirar profundamente conocedora del siguiente paso. Nunca un hombre la había visto desnuda y era conciente que su cuerpo no era digno de ninguna escultura… o al menos eso creía.
Cuando delicadamente movió ambos breteles y dejó caer el vestido que la cubría, Draco quedó maravillado por la imagen de mujer que se presentaba frente a sus ojos. Hermione era increíblemente hermosa. Sobre todo cuando su piel se veía ruboridaza, como en esos momentos. Hermione levantó los pies para poder liberarse completamente de su vestido y pegó su cuerpo al de Draco en un intento de que el rubio dejara de mirarla como lo estaba haciendo. Draco posó sus manos a ambos lados de sus caderas y descendió hasta sus tobillos sin dejar de rozarlos. Hermione sentía como sus piernas parecían haberse transformado en gelatina. Mientras depositaba pequeños besos en sus tobillos, Draco le desprendió la hebilla de los zapatos. Se incorporó y la atrajo fuertemente hasta pegarla a él haciéndola soltar un jadeo.
-Eres perfecta -gruño en su oído para luego morder el lóbulo de su oreja. Hermione se había vuelto a sonrojar tras el comentario, pero los besos de Draco nuevamente sobre su cuello le hicieron perder noción de todo.
Inconcientemente se arrodillaron en los acolchados, ya ninguno era conciente total de sus actos. Sus manos parecían vagar por el cuerpo del otro sin ningún trapujo ni pudor, arrancando gemidos de placer de ambas partes. Hermione sabía que estando en sus cinco sentidos no tendría una de sus manos apretando firmemente el trasero de Draco. Respiraba con suma dificultad, no sabía si el aire se había puesto más pesado porque la habitación se había calentado de repente, o en realidad era su propio cuerpo el que estaba tan caliente.
Draco la recostó con suma ternura para tener mejor disposición de su cuerpo. No necesitó más que colocar una mano sobre uno de sus pechos para provocar un gemido de la castaña. Se deleitó imaginando todos los sonidos que embriagarían sus oídos durante aquella noche cuando la castaña volvió a ahogar un grito al sentir que sus finos labios habían atrapado su otro pezón. Draco lamía, succionaba y mordía alternándose entre ambos pechos, sin desatender a ninguno en ningún instante. Hermione sentía que se iba a desmayar en de un momento a otro, nunca en su vida había sentido algo similar a eso y el calor se acrecentaba en su zona baja con suma facilidad. Peor fue cuando los besos comenzaron a bajar por el valle de sus senos hasta su ombligo, donde el rubio se entretuvo un rato con su lengua. Definitivamente no podía reaccionar, sus sentidos estaban completamente turbados y confusos y su cuerpo a lo único que reaccionaba era a los estímulos que aquél hombre le daba. No podía creer que lo que estuviera pasando fuera real, pero lo era…. los besos calientes sobre su piel, su boca húmeda acariciándola y sus manos varoniles recorriendo su cuerpo eran totalmente reales.
Draco podía recorrer su piel con libre confianza. Quería recorrerla y conocerla por completo. Quería descubrir lo que más le gustaba, lo que más le hacía suspirar. Y aunque no fuera capaz de reconocerlo en ese momento, sabía perfectamente que era la primera vez en su vida que se preocupaba por que fuera su acompañante la que disfrutara. Sus caricias eran en cada vez más atrevidas, pero alguna parte de su cerebro insistía en que parara porque podía asustarla. Con sus manos acarició su cuerpo memorizando cada curva, guardando en su mente cada detalle de su piel. Desde el lunar que estaba debajo de su seno izquierdo hasta una cicatriz diminuta sobre sus caderas. De lo que sí fue conciente fue de que nunca se cansaría de saborear su boca y su piel, ni de ver sus ojos brillar y sus mejillas sonrojadas como en ese momento. Nunca se cansaría de ella. Saborear su piel se convertiría en su nueva y favorita adicción. Su sabor y su aroma le resultaban más embriagantes y estimulantes que mil botellas de Whisky de Fuego.
Hermione también quería sentir la piel de Draco en sus labios y quería hacer que él gimiera como había hecho con ella, aunque fuera sólo por una vez. Así que giró de manera que Draco quedara bajo su cuerpo y tomó su cara entre las dos manos para ponerlo a su altura, y cuando pareció que iba a estamparse contra su boca se desvió hacia su cuello, el cual besó y mordisqueó de la misma forma que él lo había hecho anteriormente. Llegó nuevamente a sus labios y se detuvo allí sin tocarlos mientras sus manos vagaban traviesamente por sus pectorales, donde ejerció presión para evitar que pudiera levantarse y besarla. Ambos sabían que él tenía mucha más fuerza y no necesitaría de mucho esfuerzo para burlar aquél impedimento, pero no hizo nada en ese momento porque le gustaban esas actitudes de su castaña.
Cuando ella lo decidió, volvió a profanar su boca. No importaba que el oxígeno se estuviera acabando, ella estaba demasiado entretenida explorándola, mordisqueando sus labios y recorriendo con su lengua el borde de sus dientes logrando así su cometido: hacerlo gemir contra ella. Su cabello caía como cataratas sobre el rostro del rubio provocándole cosquillas, cuando él corrió los mechones detrás de su oreja, ella abandono la boca del rubio para volver a juguetear por su cuello. Pero lo peor para Draco fue que sus labios no tocaban su piel, sólo sentía su aliento caliente cerca, haciéndolo sufrir una dulce tortura. Si señores, Hermione Granger podía ser terriblemente cruel.
Draco mantenía los ojos cerrados y respiraba agitada y entrecortadamente, su sangre estaba en llamas, como si lo que corriera en sus venas en ese momento no fuera otra cosa que lava ardiente. Hermione sonrió victoriosa al notar lo que provocaba, sabiendo que lo estaba haciendo sufrir. Se sintió poderosa porque a pesar de su inexperiencia podía lograr que Draco Malfoy "el Dios del sexo" temblara bajo sus manos. Pero llegó un momento en que ella tampoco pudo soportarlo más y unió sus labios nuevamente a los suyos, buscando su lengua y despertando todas las sensaciones maravillosas que surgían de esos besos.
Hermione necesitaba más contacto con la piel de Draco y esos pantalones le estaban molestando en demasía, por lo que, aunque dubitativa, dirigió sus manos a la hebilla de su cinturón. El Sly tuvo que contener la risa al notar como se le dificultaba la tarea y la ayudó con ello. En menos de lo que se dice Quidditch la prenda ya estaba fuera y Hermione sonreía satisfecha.
►PLAY
Entre beso y beso, Draco no podía dejar de pensar en las ironías de la vida. Sobre él tenía ni más ni menos que a la mujer a la que le había hecho la vida imposible durante tantísimos años. Hermione Granger, la come libros, santurrona y mojigata lo estaba haciéndolo estremecer con cada toque. ¿Quién lo hubiera dicho? NADIE. Nunca nadie se hubiese animado si quiera a hacer una humorada con aquello, porque de seguro terminaría unas cuantas jornadas en la enfermería. Pero lo más "gracioso" de todo, era sin dudas que no había mentido ni un ápice cuando le había dicho a Hermione que esa había sido una noche perfecta, ya que en ese momento se estaban encargando fervorosamente de coronarla como tal.
Quizá lejos estaba de ser lo que el "Dios del sexo" Malfoy hubiera pensado como perfecto en cualquier otra situación. No estaban en una habitación adornada con velas, ni acostados en una enorme cama enfundada en suaves y delicadas sábanas de seda. No los acompañaban sus dos infaltables copas de vino, ni había música climatizando el ambiente. Pero en ese momento, en el que simplemente era Draco, estaba más que conforme en aquél acolchado que servía de colchón, con no más música que sus propios gemidos y jadeos que se encargaban de encender aún más sus placeres, y de embriagarlos más que el mejor vino. Quizá todas esas carencias eran las virtudes que rotulaban aquella noche como perfecta. Quizá el estar rozando lo bizarro era lo que señalaba que la perfección la marcaba que eran ellos los que estaban consumando su acto de amor y deseo y no el lugar en el que lo hacían. Quizá, y sólo quizá, Draco se estaba dando cuenta que era la primera vez que estaba haciendo el amor y no tiendo sexo.
Volteó sobre su lugar volviendo a dejar a Hermione bajo su cuerpo y volvió a besarla. Besó sus hombros y acarició su cintura bajando cadenciosamente hasta llegar a su entrepierna. Sintió como la leona se tensaba y volvía a emitir un débil gemido. Imperceptiblemente se encargó de deshacerse de las dos únicas prendas que resguardaban sus respectivas intimidades, le separó las piernas suavemente y ella entendió perfectamente a dónde quería llegar. Estaba a punto de robarle lo más preciado de su vida, era suyo el poder -y la responsabilidad- de dejar completamente su niñez en sólo recuerdos y darle lugar a la mujer que ahora enfrentaría la vida. Clavó sus ojos en los de ella, buscando alguna señal que lo frenara.
-¿Segura? -soltó como un suspiro. Y como única respuesta recibió un voraz beso de parte de su castaña. Agradeció internamente porque no hubiese sido capaz de frenar en ese momento.
Sería el primer hombre en la vida de Hermione, y el sólo pensarlo lograba excitarlo más y hacer que su orgullo machista se acrecentara hasta inflar su pecho. Ella sería suya en ese momento, y él mismo se encargaría de que así fuera por siempre. Llámenlo egoísta, él no se asustaría que lo catalogaran como tal, pero el sólo hecho de pensar que otro hombre pudiera conocerla de aquella manera lo hacía bullir de celos.
Hermione no podía estar más segura de lo que deseaba. Tenía que ser él quien tomara eso de ella. Iba a ser él la persona a la que recordaría por toda su vida, y no por los insultos recibidos y emitidos en el pasado. ¿Iba a ser él con quién compartiera su cama de aquí en más? El miedo al mañana era inevitable, el miedo a que después de entregarse todo lo que creía verdadero se esfumara. Pero ya era lo suficientemente grande para afrontar sus decisiones, y tenía que ser lo suficientemente segura de sí para no dejarse intimidar por sus miedos. Por primera vez en su vida se sentía amada de verdad. Cada vez que él la tocaba estaba más segura de ello. Así como sentir que cada toque suyo lo hacía estremecer, le daba una seguridad en si misma que nunca había experimentado. En vez de amedrentarse pensando en todas las mujeres que habían pasado por ese cuerpo, le gustaba pensar que en ese momento era suyo, elevando su orgullo Gryffindor a niveles insospechados.
Los ojos de Draco emanaban un brillo que le aseguraban que eso no era una simple noche de placer. Pero de igual manera quería auto convencerse de que si así fuera, no era razón para dejar de disfrutar ese momento. Si no se repitiera, o si mañana cada uno siguiera su vida por distintos caminos, ella tendría consigo esa noche como uno de sus mejores tesoros. Si ya le había entregado su corazón a Draco, ¿qué más daba darle también su cuerpo?, era quizá simplemente "la frutilla del postre", el acto que faltaba para coronar lo que habían pasado estos meses. Sería suya en cuerpo y alma, como debía ser.
Estaba dejando de ser Granger, la amiga sabelotodo de Potter. Estaba dejando de lado a la niña que se escondía tras los libros por miedo. Se estaba riendo del que dirán. Estaba, una vez más, rompiendo las reglas de lo correcto, pero esta vez por propia decisión y no bajo la presión de un vida o muerte.
Draco se aferró como un ancla a las caderas de Hermione y entró en ella con suavidad soltando un grave gemido de placer. Sabía que le dolería pero quería evitarle la mayor incomodidad posible. En el camino encontró una barrera que le impedía seguir
-Voy a entrar -anunció- dolerá, pero haré lo posible por que pase rápido ¿si? -le comunicó con suma ternura y paciencia y con un simple movimiento rompió la barrera llevándose consigo si virginidad. Hermione soltó un grito, pero Draco la besó rápidamente para que se concentrara más en el beso que en el dolor. Lentamente fue moviendo sus caderas contra las de Hermione profundizando sus embestidas. Supo que el dolor fue dándole lugar al placer cuando los labios de su amante comenzaron a profanar gemidos y jadeos constantes, cuando sus uñas se clavaron en su espalda y sus caderas comenzaron a moverse al mismo ritmo que el suyo.
Hermione no comprendía como se había privado tanto tiempo de sentir algo semejante. Como había podido aguantar sin sentir a Draco dentro suyo como ahora. Parecía que su cuerpo estuviera hecho a su medida, sólo para él. Podía sentir como su cuerpo aceptaba la intrusión de Draco en el, dejando el dolor que había sentido en un vago y efímero recuerdo sin sentido, las sensaciones que estaba recibiendo eran mucho mejores.
Draco comenzó a moverse con más rapidez y ella lo siguió sin problemas. Era increíble la manera en que sus cuerpos encajaban como piezas de un puzzle. Hermione rompió el beso arqueando su espalda, completamente extasiada de placer. Quería decirle tantas cosas, confesarle cuánto lo amaba y cuánto deseaba que fuera él quien penetrara en ella hasta su último día de vida. Pero cada vez que abría la boca lo único que salían eran gemidos y jadeos, frases sin sentido y su nombre repetidas veces con cada vez mayor volumen.
-Dra… Draco -jadeó- No… aguanto más
El rubio se encendió tras el comentario y aceleró el ritmo y la fuerza de sus embistes. Hermione ya estaba en un estado completamente ausente, mantenía los ojos cerrados y la espalda arqueada, no sentía las piernas y su mente vagaba por alguna dimensión desconocida. Fue Draco el que notó como las paredes de la chica se tensaban alrededor de su miembro y sólo bastaron dos movimientos más para que al mismo tiempo alcanzaran el punto máximo de clímax. Hermione estaba tan entregada al placer que ni siquiera notó como los candelabros comenzaron a tintinear y como todos los adornos y objetos de vidrio y cristal estallaron.
Draco se dejó caer exhausto sobre el pecho de la castaña mientras normalizaba la respiración, ella intentaba imitarlo en la acción aunque sentía que el corazón se le saldría en cualquier momento por el pecho. Lentamente se fue recuperando y acarició juguetonamente los rubios cabellos del hombre que la acababa de llenar de dicha. Draco levantó la cabeza apoyando el mentón entre sus pechos y la miró coqueto.
-Eso si que fue perfecto -cumplió y Hermione volvió a ser la muchacha de las mejillas sonrosadas. Draco rió- ¿Ahora vuelves a ser la niña sumisa e inocente? -Ella se mordió los labios pero negó fervientemente con la cabeza- Me alegro -bromeó para después dejar un suave beso en sus labios. -Te amo -murmuró ella aún sobre sus labios. Draco que pensaba que después de lo que había pasado no podía ser más feliz, sintió que había vuelto a llegar al clímax con esas dos palabras. El corazón comenzó a bombearle con una fuerza sobrenatural y lo único que pudo hacer para evitar que se le escapara por la boca fue besar a Hermione con todo el amor con el que fue capaz.
Ella supo perfectamente, que eso en el idioma de Draco, denotaba un claro: "Yo también"
(…)
Tras la huída de Draco, el resto de los alumnos perdió interés en la disputa y siguió la fiesta como si nada. Ron se vio arrastrado hasta su Sala Común por su novia, Parvati y Seamus. Después de lo sucedido, a nadie le llamó la atención el extraño grupito que había quedado conformado en una de las esquinas del Gran Salón.
-No quiero seguir en esta fiesta -se quejó Harry -Y yo no pienso volver a la sala Común -espetó esta vez Ginny- Ron estará allí y con la mejor de las suertes me encontraré con Lavender en mi cuarto y no tengo ganas de que me expulsen por dejarla pelada -Pansy rió -Haz que parezca un accidente -Todos dirigieron la vista hacia la morena- Puedo ayudarte -Ginny fingió estar meditándolo -Ni se te ocurra, Ginny -intervino Harry -Aburridos -Pansy se cruzó de brazos y rodó los ojos -Definitivamente no podemos volver a la Sala Común -sentenció el niño que vivió -Podemos ir a la Sala de Menesteres -sugirió Neville y varios pares de ojos se abrieron exasperados -¡NO! -gritaron en unísono tantas voces que costó identificar de quienes provenían -¿Porqué no? -Porque seguramente Hermione esté allí con Malfoy -comentó Luna y varias miradas se clavaron en ella como dagas- no sería apropiado interrumpirlos. -Deberíamos quedarnos aquí y esperar que regresen -pensó Harry en voz alta. Todos los Slytherins rodaron los ojos, como si estuviesen coreografiados -No van a volver -Dijo Blaise entre risas. -¿Y cómo estás tan seguro? -Porque tienen la excusa perfecta para hacerlo -intervino Pansy -Eso no importa. Ya pasaron noches juntos sin tener una excusa -comentó Luna con su tinte soñador. Las miradas volvieron a ella y Theo no pudo evitar soltar una carcajada -Cuando tenga que guardar un secreto, contaré contigo, Lovegood -bromeó -Oh, me halagas Theodore Nott -sonrió y sus ojos brillaron- Puedes contar conmigo, no hay problema -Todos tuvieron que contener la risa ante la inocencia de la rubia. Hasta Neville se vio complicado en disimular. -¿Cómo es que ya pasaron la noche juntos? -chilló Harry con la cara completamente transfigurada, completamente ajeno a las risas del resto. -¿Necesitas un dibujo, Potter? -ironizó Pansy, que al parecer había encontrado más que divertido fastidiar al Gryffindor. -Pans, no es necesario -intervino Theo, todavía víctima de las risas. -No pongas esa cara, Harry -espetó Ginny- no pasó nada de los que estas pensando -explicó y se mordió los labios con nerviosismo al pensar que no podía asegurar lo que pasara esa noche.
Hermione por fin había más que aceptado sus sentimientos por el Slytherin, y sabía por boca de Blaise, que las cosas del otro lado iban de la misma manera. Además, de que sólo bastaba con haber visto sus comportamientos para con el otro esa misma noche. En cierto modo, ella y Blaise estaban sorprendidos como el resto, porque aunque conocieran la relación con lujo de detalles, corroborarlo con sus propios ojos era completamente distinto.
-Al menos no hasta esta noche -dijo Blaise con diversión, como si hubiera conocido el rumbo que tomaron los pensamientos de la pelirroja. Ginny dudó que el moreno no tuviera conocimientos en la Legermancia y estuviese diciendo aquello a propósito. -No ayudas, Blaise -se quejó Ginny fulminándolo con la mirada. Él simplemente se encogió de hombros despreocupándose del asunto. -Dejen los problemas de pareja para otro momento -bromeó Pansy incomodando a Harry al nivel de hacerlo ahogar con su propia saliva. Tanto Ginny como Blaise mantenían sus pensamientos demasiado alejados de allí como para notarlo. Sí lo hizo Gabrielle, quien instantáneamente lo tomó de la mano- Granger es lo demasiado grande como para saber lo que hace o no de sus noches. -Al menos ella tiene donde dormir -intervino Luna sacando a colación el tema que había desencadenado todo. -Podemos ir a nuestra Sala Común -propuso Blaise- Pero hay que hacerlo ahora que están todos aquí y los de cursos inferiores ya deben estar durmiendo. Aprovecharemos la habitación ya que Draco no pasará la noche -Me parece una buena idea, ¿Qué dicen? -Preguntó Ginny, entusiasta -¿La Sala Común de Slytherin? -repreguntó Neville, temeroso. Esperando que le dijeran que se había equivocado -No, la de Hufflepuff -ironizó Pansy rodando los ojos -Lo toman o lo dejan. No les rogaremos si es lo que esperan. La beneficencia no es algo que nos caracterice -Ya lo creo… -murmuró Gabrielle por lo bajo, pero lo suficiente para que Pansy la escuchara y la fulminara con la mirada. Theo fue conciente de ello y trato de acaparar la atención -Bueno, todo esta dicho. Vámonos ya -Todos menos Harry, asintieron (aunque en algunos casos, como Neville, bastante dubitativo) y emprendieron marcha hacia la salida del Gran Comedor. -No pienso entrar ahí -espetó Harry fijando sus pies al suelo y cruzándose de brazos -Vamos, Harry, no seas caprichoso -le reprochó Ginny mientras tiraba de uno de sus brazos -Sólo es nuestra Sala Común -se encogió de brazos Blaise, como restándole importancia -¿Sólo? ¿Sólo? -gritó exasperado- no me meteré en el nido de serpientes -Potter, te recuerdo que ya estas rodeado de las serpientes más peligrosas que podrías encontrar allí adentro -se burló Pansy -No entraré allí y es mi última palabra
(…)
Recién al terminar aquél beso Hermione se detuvo en el desastre en el cual se había convertido la Sala de Menesteres
-¿Qué… qué pasó? -titubeó temerosa. Draco rió -Eso, gatita, son los efectos de magia incontenida -comentó divertido. Hermione lo miró con mayor desconcierto- Es como cuando eres niño y haces tus primeras demostraciones de magia. Por lo general suelen ser catastróficas porque se producen tras reacciones emocionales y no la sabes manejar -explicó intentando aclararse- Bueno, las primeras veces que se tienen relaciones -Hermione volvió a sonrojarse- cuando se llega al clímax pasa lo mismo, es una experiencia nueva y tu cuerpo no puede controlar tu magia, ¿entiendes? -Ella asintió y Draco notó su vergüenza- No te preocupes, nos ocuparemos de trabajar en ello -sonrió y volvió a besarla.
No se necesitó de mucho tiempo, para que Hermione, acurrucada en los brazos de Draco, se quedara plácidamente dormida. El Slytherin no podía dejar de mirarla, completamente embelezado por la muchacha que descansaba sobre su pecho. Acariciaba dulcemente su cabello y de vez en cuando se entretenía jugueteando con algún rizo en particular.
Cada vez se sentía más seguro de sus sentimientos hacia ella. Y cada vez más lejos estaba de sentirse avergonzado, al contrario. En ese momento se sentía capaz de ir al gran comedor y gritarle a todo el alumnado cuanto la amaba y que hacía escasos minutos la había proclamado como suya. Hermione era sin dudas una mujer increíble, una mujer que jamás creyó encontrar en la niña de faldas largas que se escondía en la biblioteca. Estaba llena de virtudes, y esa noche le había mostrado una más, sin dudas la que más le gustaba. Una que nadie conocía, y seguramente nadie imaginaba. Sólo él sabría la leona que Granger sacaba a flote en la cama y sólo el la disfrutaría.
Recordó las palabras de su castaña y la piel volvió a estremecérsele. Le hubiese gustado poder decirle que él también la amaba, y como a nadie en el mundo. Pero no lo hizo. Sólo esperaba que todo lo vivido le hubiese bastado a ella para corroborar sus sentimientos. Las palabras, no eran justamente el fuerte de Draco Malfoy, y no creía que lo fueran nunca.
-Una noche soñé que me decías que me amabas -susurró mientras seguía acariciándole el cabello- Si sueño toda una vida contigo, ¿también se cumplirá? -Inténtalo -contestó adormilada haciéndolo sobresaltar. Si bien él se había animado a decirlo porque creyó que estaba dormida, se alegraba de que lo hubiera escuchado.
La abrazó con más fuerza y ella se acurrucó mejor sobre su pecho. Esa noche los dos durmieron tranquilamente, como hacía noches no pasaba. Sin fantasmas del pasado y sin odio ni rencores en sus mentes.
**N/A:**Y aquí llegó el capítulo, cualquier cosa antes que me linchen como me estaban amenazando, traidoras! jajaja Bueno, lo primero que quiero decir es sobre el "lemmon", quizá algunas pensaron que iba a ser mucho más fuerte o quizá al revés (bueno, no, no creo que al revés jaja). Pero en mi cabeza siempre su primera vez sería de esa manera. En realidad lo que me inspiró a escribir esta escena fue la canción que recomendé: Will you still love me tomorrow? de Amy Winehouse (cuando pasó esto, todavía no habíamos sufrido su lamentable pérdida. De paso aprovecho a hacerlo como especie de homenaje, a quién fue una de mis artistas favoritas). Y tanto la melodía como la letra del tema, me llevó a escribir algo sumamente dulce. Quería que en esta primera vez de ambos (creo haber dejado en claro que era la primera vez que Draco hacía el amor, propiamente dicho) quedaran más bien plasmados sus sensaciones, sentimientos y pensamientos, más que el hecho carnal... ya habrá ocasiones para aquello. Pero primera vez hay una sola!
Para el que no lo recuerda, la canción que hace sonar Draco cuando abre el reloj es My Inmortal - Evanescence
Y aunque no haya aparecido, la canción que le da nombre al capítulo es esta:http://www.youtube.com/watch?v=ajPeqHf_4IY
De este capítulo creo que no hay mucho que decir. Me gustó mucho escribirlo y ponerme en la piel de ambos en una entrega tan fuerte como esta. Espero que también haya sido de su agrado leerlo, que a fin de cuentas es lo que importa! El beso taaaaaaaaaaan esperado llegó, y vino con yapa jaja. Yo les dije que la espera valdría la pena, ¿o no?
No tengo palabras de agradecimiento para la cantidad de hermosos mensajes que me dejaron en el capítulo anterior. Muchos me hicieron llorar otros reír. Pero todos me dejaron una sensación indescriptible dentro. Dije que venía un poco sensible por la recta que estaba cruzando ya la historia. Y sus mensajes me llenaron muchísimo de ánimo. A veces me cuesta creer que sus palabras son para mi, y la historia de la que hablan con tanto entusiasmo es la mía. De verdad les agradezco.
Y no puedo dejar de agradecerles a todos los que se unieron al grupo. Me hacen divertir muchísimo! Al que quiera sumarse: http://www.facebook.com/groups/219206194800858/
Y antes que me acribillen, me dejo de palabrerío y me voy. Las/os quiero!