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La cuna de los Herederos — capítulo 18

XVIII- Confía en mí.

El chico de los grandes y expresivos ojos verdes se acerca a Hermione en el pasillo. Mira hacia atrás desconfiadamente y de nuevo vuelve a posar su mirada en su altivo rostro.

-¿Podemos hablar, Granger?

Con un lento asentimiento de cabeza, ambos se ocultan tras una de las estatuas que adornan el ala sur del castillo de Hogwarts.

-Sé de lo que vas a hablarme, Potter y yo… -La chica detiene sus palabras. ¿Ha sido su imaginación o ha estado a punto de emitir algo parecido a una disculpa?

-¿Y tú? ¿Tú qué? ¿Vas a decirme que no has tenido nada que ver, no?

Hermione niega con la cabeza vehemente, le sorprende bastante ya que siempre había considerado que su relación con Harry era simple y llanamente fría, casi inexistente. ¿A qué viene ese puñado de resentimiento por parte del chico? ¿Acaso hay algo que Hermione no esté captando en ese momento?

-No voy a negar mi culpa porque es evidente, pero quiero dejar claro que en ningún momento quise romper vuestra relación, yo no quería hacer daño a Draco, ni siquiera lo pensé.

-Pues sí. Estás haciéndole daño, cada momento lo embaucas y lo alejas del camino correcto. ¿Cómo logras dormir sabiendo lo que le haces?

Hermione cambia de postura y ofendida alza la barbilla.

-No te atrevas a insinuar que fue deliberado.

Por supuesto que ella no había querido decirle nada sobre Luna y no lo habría hecho si hubiera sabido todo lo que causaría. Sabe Merlín que se lo hubiera callado hasta la tumba pero él… merecía saber quién era ella en realidad.

-¿Deliberado? Por supuesto que lo fue. Lo usaste desde el principio. Ahora entiendo todos sus cambios de humor, su frustración… No sé cómo pude estar de tu parte y no de la de Luna…

-¿Usarlo? Jamás lo he usado yo… -Traga saliva haciendo una pequeña pausa y cuando posa de nuevo los ojos en Harry, éste ve la verdad en su rostro. -Yo… le… Nunca le haría daño intencionadamente. -Termina con aplomo.

-¡Lo estás haciendo, Granger! A cada momento que pasas con él lo haces.

-No, no. Claro que no. Él no ha querido decirme nada sobre ese tema y yo no he insistido, así que por mí, todo puede olvidarse. Puede arreglarse…

Un rastro de confusión se adivina en Harry.

-Granger… -Comienza tras mirar unos segundos al suelo seriamente. -¿De qué me estás hablando?

-De…lo que vi en los baños de la tercera planta… ¿No?

-No… -Harry guarda una pequeña pausa. -Yo hablaba del comportamiento de Draco desde que… desde que vosotros… -A Hermione le sorprende que tras la larga charla que han tenido hasta entonces, el chico pueda enrojecer al hacer alusión a su relación con el Gryffindor. -Desde que estáis juntos.

Una reproducción de la discusión que acaba de tener con el chico de la cicatriz acude de nuevo a su mente y siente cómo su respiración se corta repentinamente.

-Pi-pi… -se regaña a sí misma por mostrar una pizca de debilidad en ese momento y ante él. -¿Piensas que simplemente estoy usando a Draco, Potter? -El desprecio con el que es capaz de adornar las palabras no deja de sorprender a Harry. -¿Realmente piensas que estoy con él… por el mero hecho de querer hacer daño?

Harry traga saliva. No pensaba que ella podría negarlo y una punzada de remordimientos lo atraviesa. Desde un principio él había decidido apoyar a su amigo, estaba decidido a no hacer que se sintiera solo pero no ha sido fácil. Desde que Draco no habla a Luna, él no ha podido sentirse cómodo con ninguno de los dos y de pronto, Harry cae en la cuenta de que Hermione sabe por qué su amigo se comporta así.

-¿Qué viste en los baños de la tercera planta?

Hermione lo mira, aturdida durante unos instantes por el brusco giro de la conversación.

-¿No… no lo sabes?

Harry niega con la cabeza como si eso fuera obvio y Hermione vuelve a recriminarse a sí misma por dejarse llevar demasiado. Eso no es propio de ella pero sí de sus recién descubiertos y estrenados sentimientos.

-No sé si soy la indicada para contártelo. A lo mejor Draco prefiere hacerlo él mismo.

-Casi no me habla.

Un silencio incómodo se establece entre ellos y rápidamente, cuidando sus palabras y evitando añadir detalles al relato, Hermione le cuenta a Harry Potter lo sucedido con Luna Lovegood.

-Luna no es capaz de eso. Tú no la conoces.

-Lo sé, lo sé. Ya te he dicho que no estoy segura. ¿Vale?

-Estoy convencido, Luna jamás haría eso, Luna quiere a Dra… -al darse cuenta de lo que acaba de decir, observa con los ojos como platos a Hermione, que por un segundo muestra un rostro descompuesto por lo certero del golpe. -Co…

En cuanto el joven parpadea vuelve a encontrarse con el frío y arrogante rostro de Granger, como si lo anterior hubiera sido completamente producto de su imaginación.

-Es decir, lo quiere al igual que…

-Lo sé, Potter. ¿Acaso crees que no tengo ojos en la cara? Lunática está enamorada de Draco. ¿Y qué? -Compone una mueca casi mezquina. -Él está conmigo.

Harry la observa con cautela, buscando algúnnuevo signo de dolor en ella, pero no encuentra nada más. La Slytherin ha regresado.

En ese instante, Draco Malfoy gira la esquina y se encuentra a su mejor amigo y su novia combatiendo en una intensa lucha de miradas.

-¿Ocurre algo? -Pregunta con ese tono pensativo que lo acompaña en los últimos días.

-No.

-Sí. -Responde Harry a la vez que Hermione. -La verdad es que ya que estamos todos al corriente propongo que hablemos de ello. ¿Nada mejor para solucionar los problemas que conversar, no? -Recita cínicamente.

Draco frunce el ceño, pero no presta oposición a su amigo que lo conduce como atado por un cordel invisible al aula de Pociones.

En la sala se encuentran ya casi todos los alumnos de ambas casas, Slytherin y Gryffindor, pero Slughorn todavía no ha llegado. Los exámenes están a la vuelta de la esquina así que no es de extrañar que se retrase diez o quince minutos.

Cuando los tres alumnos entran juntos, levantando, cómo no, las miradas curiosas de los demás compañeros, se hace una especie de silencio.

Cho observa la forma con la que Draco abraza a Hermione, cálida y protectoramente y una nube de celos se alza hasta sus ojos rasgados, impidiéndole completamente la visión. Tras unos segundos más de contemplar la escena, la joven Chang camina sinuosamente por delante de la pareja y Hermione, realmente furiosa al darse cuenta de la actitud de su compañera de casa, por fin explota:

-Chang, si yo fuera tú me subiría un poco la falda; no se aprecia bien todo lo que pretendes enseñar.

Draco alza las cejas y dirige su mirada a Hermione, que continúa clavando sus ojos marrones en la escandalizada chica.

-¿Qué…? -Intenta replicar.

-Que desaparezcas, Cho. Yo, y doy por sentado que los demás también, agradeceríamos que relevaras tus paseos y juegos personales para otro sitio.

Una furia ciega recorre a Hermione.

-¿Estás celosa, Granger? Eres una envidiosa porque a tu novio se le van los ojos cada vez que me cruzo por su lado. -Cho señala a Draco con la cabeza y esboza una ligera sonrisa al contemplar el rubor acudiendo al rostro de la otra joven.

Draco abre la boca para hablar y negarlo, pero finalmente, la Slytherin se separa de él y se acerca aún más a su compañera, que la mira con el desafío inscrito en el rostro.

-No sé cómo podría tener envidia de alguien que para conseguir añadir un chico a su laaaaaarga colección necesita trazar un estúpido plan de seducción.

Ese es un golpe que Cho no espera, pues su rubor acaba de desembocar en un tono amoratado y definitivamente poco saludable.

Finalmente, la chica alza su capa intentando dar a la escena un toque relativamente dramático y se da la vuelta para abandonarla sala, pero una voz fría hace que se detenga.

-No vas a ninguna parte, Chang. ¿No piensas responder a la provocación de Granger? -Un chico moreno y con expresión definitivamente cruel sale de las filas de Slytherin: Neville Longbotton que no ha podido resistirse a pasar un rato de diversión en una clase extremadamente aburrida.

Para sorpresa de todos, por primera vez en mucho tiempo, un Slytherin y un Gryffindor están de acuerdo en algo, pues Harry también adelanta un paso.

-Eso me preguntaba. ¿Por qué te quedas callada? O quizá es simplemente que necesitas a alguien para poder dar explicaciones. -Un respingo recorre a las chicas de Gryffindor cuando Harry las mira y finalmente posa sus ojos en Luna, instándola a acercarse. -Será mejor que aclaremos esto cuanto antes.

-No hay necesidad de hacerlo delante de todos, Harry, no quiero… -Comienza Draco interviniendo por primera vez.

-Lo prefiero. -Dice fría y altivamente la chica que minutos antes se mostraba cálida y cercana en sus brazos.

-¿Qué está ocurriendo? -Pregunta Luna con su dulce voz y mostrando la confusión en sus ojos azules.

-Como si no lo supieras ya. -Draco pone los ojos en blanco con fastidio. Ha intentado ignorar a Luna para así no recriminarle nada, pero en ese momento todos se encuentran demasiado tensos y Draco puede explotar sin previo aviso.

Luna dirige sus nítidos ojos al chico con una calma que ninguno de los demás tienen.

-¿A qué te refieres?

-Te vi con Chang, tramando el maldito plan para separarlo de mí. ¿Tanto te molestaba que Draco estuviera conmigo que preferías que antes fuera de otra? -Hermione la contempla algo alejada. Su voz suena histérica pero en ese momento no quiere sacar las cosas de quicio con Luna, eso podría molestar a Draco.

-Tranquila, Granger. No tienes ninguna prueba ni ningún derecho a…

-Tú y tus derechos, Harry. Te lo acaba de decir. ¡Las vio! -Explota Draco.

Luna continúa en silencio, contemplando la escena sin separar los labios para nada en una muestra de… ¿Culpabilidad o inocencia?

-¿Para qué voy a tramar nada con la Lunática esa? Todos saben que está enamorada de Malfoy desde primero. -Cho se cruza de brazos y se sienta en una mesa cruzando las piernas. Su vergüenza parece haberse relevado también por el nuevo tema de si Luna es o no es una traidora a sus propios amigos y a su propia casa.

-Pues las razones son múltiples: Pertenece a Gryffindor, por lo que puede observar todo mucho mejor, parece bastante inocente… ¿Quiénsospecharía de ella? Y por último… la más importante y obvia: Es la mejor amiga de Draco. ¿Quién mejor?

Para sorpresa de todos, en el denso silencio de la sala de pronto se oyen las carcajadas de Cho. Todos la miran de nuevo y ésta, convencida de haber atraído la atención de todos, decide prolongar el momento todo lo posible.

-Brillante, brillante… Todo es perfecto… menos porque has fallado en lo más importante. ¿Quién es? La verdad es que nunca me he fijado demasiado, pero por lo que he visto y oído, Lovegood nunca fallaría a Harry Potter ni a su amiguito y amor secreto, Draco Malfoy.

¿Por qué si no son los Gryffindor más famosos de toda la historia de Hogwarts?

Al reaccionar, todos en la casa de Gryffindor comienzan a mirarse desconfiadamente, el traidor podría ser cualquiera. Los chicos comienzan a dirigirse a Draco.

-Draco, somos amigos desde hace más de cinco años… -Le dice una chica pelirroja muy encarecidamente.

-Yo siempre os he apoyado con todo lo que tuviera que ver con ya-sabéis-quién.

-Draco, yo nunca… -Una muchacha rubia mira ambos lados y al comprobar que todas las chicas demuestran su amistad al grupo, también ella lo hace… sintiendo que la seguridad llegará pronto, en cuanto esa discusión haya terminado… Pero la mirada de Granger clavada en la suya al escuchar su voz rompe completamente su oasis de futura felicidad.

-¿Qué has dicho? -Le reclama en voz baja Hermione con la intención de escuchar su voz de nuevo.

-Que… nunca… -Se queda completamente clavada en el sitio, incapaz de terminar la frase y con el odio hacia esa bastarda de Granger pintado en la cara.

-Draco, ella… -Comienza a decir Hermione.

-Lo siento chicos, he tenido una reunión importante con los demás profesores. Comenzaremos en la página ciento noventa y ocho: Brebajes de la vieja bruja.

Y Slughorn, sin darse cuenta, aplaza la conversación.

La clase se demora algo más de dos horas, por lo que apenas tienen cinco minutos hasta llegar a la siguiente. Los alumnos salen del aula atropelladamente, especialmente una joven rubia de Gryffindor: Anna.

-Vilder, ven un momento, por favor. -Llama educadamente Harry, que ha observado cómo Hermione la reconocía.

-Era ella… era ella… -Repite Hermione mientras su cabeza bombea rápidamente al darse cuenta de la falsa acusación que ha levantado y sostenido hacia Luna.

El rostro agradable de Anna Vilder se disipa, dejando lugar a una furia ciega que casi parece rozar la locura. Todos están de acuerdo sin haberlo dicho de que sólo una persona ha logrado mantener ese rostro de profundo recelo y egoísmo: Bellatrix Lestrange, y Hermione entiende muy bien el comportamiento de su tía.

¿Cómo ha podido la chica cambiar tanto en apenas unas horas? La respuesta sólo la conoce Harry, quien ya se ha fijado en su interés excesivo por Draco, su egoísmo oculto, su afán por los cotilleos… Harry nunca se ha fiado de ella y le sorprende realmente que sus amigos no se dieran cuenta de su imperfecta careta, en especial Luna que es muy observadora.

Se mantienen en silencio durante unos segundos más, oyendo cada uno sus propios corazones latiendo desbocados hasta que la sonrisa casi diabólica de Anna les llega a los cuatro chicos.

-¿Por qué? -Se oye y es curioso que la pregunta surge de los labios de Luna. -¿Por qué has decidido traicionar a tu casa y a tus amigos?

-Vosotros no sois mis amigos. Los tres en vuestro grupito vais siempre juntos, como si los demás no importaran. Aunque os comportéis cómo si siempre apoyáis a todos en la casa, en el fondo sólo os entendéis entre vosotros y en cuanto alguien ajeno a vuestro circulito se acerca, comienzan los secretos que alguien como yo no puede oír. -Hermione entiende lo que dice la chica porque es exactamente lo que ella pensaba antes de verse envuelta en esa locura. -Luna, yo me preguntaría más por qué tus amigos te han hecho eso. Todo Gryffindor ha desconfiado de ti hace unas horas y aunque el santito de Potter no haya dicho nada, también lo ha hecho… ¿De qué puede servir tener unos amigos a los que siempre apoyas si luego ellos no hacen lo mismo por ti? ¿De qué te sirven si a la mínima te dejarán plantada incluso por una Slyhterin?

La expresión de Luna no se ve alterada por los comentarios de Anna. Sabe perfectamente lo que Anna siente.

-Debe ser muy triste no confiar en nadie. -Musita la risueña voz de Lovegood. -Ni siquiera los torposoplos caminan solos por los pensamientos…

Anna la observa unos segundos antes de dictaminar que Luna está completamente loca y antes de darse la vuelta recita unas palabras que parece llevar rumiando semanas, imprimiéndolas de odio y desprecio.

-Si yo fuera vosotros me cuidaría especialmente de Granger. Ya se sabe, uno no es Slytherin por nada y si en tan sólo unas semanas ya ha conseguido separar al trío de la amistad, no creo que tarde mucho en arrastrar también a Draco a su propia oscuridad.

Hermione se abalanza sobre ella en un último intento de hacerla pagar, pero Draco la ase firmemente por los hombros y finalmente ambos se abrazan una vez más, pero Hermione sabe que él ha escuchado todo lo que Anna ha dicho y en ese momento está dudando. ¿Es por eso que no la acerca ansiosamente a su corazón al igual que hace siempre? ¿Es por eso que no ha posado sus labios en su frente haciéndola sentir segura por fin?

-No merece la pena… -Comenta el chico.

La mirada de Draco aún permanece en la puerta por la que Anna acaba de salir y vuelve su rubia cabeza hacia sus amigos, pero ambos observan el suelo con desconfianza en los ojos.

-Al menos se ha aclarado. -Comenta dulcemente Luna y todos alcanzan a ver una pequeña lágrima deslizándose por su mejilla.

-Luna… -Comienza el rubio, pero no es capaz de terminar. La chica acaba de recoger sus cosas y abandonar la sala dando pequeños saltitos, cómo si realmente todo eso no hubiera ocurrido. Tras una severa mirada de Harry, éste también abandona la sala siguiendo a su amiga y Draco y Hermione quedan solos por primera vez. Están entrelazados, pero no se están abrazando. Finalmente Hermione se separa de él y lo mira a los ojos.

-Te juro que no lo sabía… te dije que no estaba segura, creía que era Luna. De verdad.

En su mirada se entrevé una súplica silenciosa y Draco la observa sin saber qué hacer. ¿A quién debe elegir?

-Por favor, dime que me crees. -Murmura Hermione cerrando los ojos para evitar llorar. Su voz se quiebra en cuanto intenta hablar y no pretende de ninguna manera convencerle de nada a base de lágrimas. Tal vez en algún momento de su vida pudo utilizar esas artes para conseguir cosas, pero no en ese momento, no ahí. No con él. ¿Cómo puede demostrarle que ella ya no es la misma? ¿Cómo enseñarle que ha cambiado?

Draco se debate realmente. Sus amigos deberían entenderlo. Él no puede vivir sin ella. No puede dejarla. No puede hacer como si en ese momento ella no le estuviera pidiendo que la crea, que deje opinar y juzgar a su corazón.

Tras unos segundos más de reflexión, Hermione baja la cabeza y camina hacia la puerta lentamente, sintiendo cómo a cada paso que da, su corazón se rompe un poco más.

La mente de Malfoy reacciona de pronto. Ella se va. Se está yendo delante de sus narices y él es tan estúpido de no moverse. ¿Va a perderla?

No.

-Te creo. -Esas dos palabras son capaces de detener a Hermione y en menos de dos segundos, ambos están abrazándose.

Draco busca sus labios desesperadamente y los besa tan ansioso como la primera vez. Su lengua juguetea primero con la de la chica y luego se entrelaza con ella, como si estuvieran bailando siguiendo una estricta coreografía marcada por ellos.

Ella se dirige a la pared y él sonríe con picardía mientras así profundiza el beso. Es como si tuviera que hacerlo a cada momento. Como si cada segundo que no la besara fueran horas sin respirar. La necesita completamente.

Se separa apenas unos milímetros y sus ojos se encuentran. Los de Hermione color avellana, los de Draco color hielo. No son iguales pero lo que transmiten es lo mismo, y allí, juntos, mirándose a los ojos, Draco se arma de valor y por primera vez en su vida lo dice:

-Te quiero.

Ya casi estamos terminando, un capítulo más y ya :,(

Bueno, muchas muchas gracias por los comentarios y espero que os haya gustado este nuevo capítulo que nos acerca cada vez más al final.