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En la sala de Menesteres: Leyendo nuestro futuro — capítulo 10
En este capítulo se encontrarán con una frase utilizada en la película 'Titanic'. Está resaltada y subrayada con un color distinto al que normalmente uso. ¡Disfruten la lectura! :)
Habían dejado la capa invisible en la torre—Terminó Moody.
—¡¿Qué?!—gritaron Sirius y James indignados, completamente escandalizados.
—¿Cómo pudieron dejar la capa? —exclamó James, que parecía profundamente ofendido. Habían dejado su capa. Su preciosa capa. Cualquiera podría verla y apropiarse de ella…
— ¿Es que acaso no se dan cuenta de que es una capa especial? ¡La mejor de todas! —murmuró Sirius haciendo una mueca de tristeza. ¿Cómo habían podido dejar la capa?
—¡Dejen en paz a la capa! —exclamó Lily enojada—¿Qué no se dan cuenta que Harry y Hermione pueden ser descubiertos? Sin contar que Lily también se meterá en problemas si los atrapan…
—Ese fue el final del capítulo—murmuró Moody, haciendo caso omiso de la discusión entre la pelirroja embarazada y los dos jóvenes.
—Es mi turno de leer—añadió Hagrid, de una forma un poco tímida —.El nombre del capítulo es " El bosque prohibido "
James, Remus y Sirius sonrieron ante el titulo, pero Lily, Molly y McGonagall gruñeron.
—Esto es increíble ¿Por qué tienen que meterse en el bosque? —dijo Lily molesta, parecía que sus hijos habían perdido el sentido común que ella les había heredado.
Las cosas no podían haber salido peor.
—Eso es lo que pasa por dejar la capa—dijo James meneando la cabeza.
—Haz el favor de callarte, Cornamenta—dijo Remus—Esto va más allá de haber olvidado la capa, no solo los chicos pueden meterse en problemas ¡Hagrid también!
Escucharon como Flich los conducía al despacho de la profesora McGonagall, haciendo sus desdeñosos comentarios, como de costumbre.
¿Harry pensaba que las cosas no podían estar peor? Estaba equivocado. Cuando la profesora McGonagall apareció, llevaba a Neville.
—Oh ¡Maldición! —dijo Alice enojada y preocupada a la vez— ¿Qué hacía mi Neville afuera e esas horas? ¿Por qué estaba afuera?
—¡Harry! —estalló Neville en cuanto los vio—. Estaba tratando de encontrarte para prevenirte, oí que Malfoy decía que iba a atraparte, dijo que tenías un drag...
—Neville, ese fue un gesto muy amable de tu parte…—murmuró Lily sonriendo con ternura, como si el niño estuviera en frente de ella. Estaba muy agradecida con el niño por haber tenido el detalle de ir en ayuda de sus hijos.
Harry negó violentamente con la cabeza, para que Neville no hablara más, pero la profesora McGonagall lo vio.
—No puede regañarlos muy duramente profesora—murmuró Frank, pensando que posiblemente la mujer estallaría de indignación en cualquier momento.
—Espero no hacerlo, Longbottom—contestó la profesora, realmente deseando poder controlar su temperamento.
—Creo que tengo idea de lo que sucedió —dijo la profesora McGonagall—. No hace falta ser un genio para descubrirlo. Te inventaste una historia sobre un dragón para que Draco Malfoy saliera de la cama y se metiera en líos. Te he atrapado. Supongo que te habrá parecido divertido que Longbottom oyera la historia y también la creyera, ¿no?
—¡No diga eso profesora! —dijo Sirius viendo a McGonagall—¡Harry nunca haría algo así! Sin contar que Neville se sentirá horrible, ¡Harry le tiene mucho aprecio a Neville!
La profesora McGonagall se sintió incomoda por sus propias palabras, pensando que el joven Black tenía razón. Ella había sacado conclusiones erróneas sobre el comportamiento de los jóvenes.
Harry captó la mirada de Neville y trató de decirle, sin palabras, que aquello no era verdad, porque Neville parecía asombrado y herido.
—Oh, cariño…—murmuró Alice tristemente acariciando su vientre.
Una de las peores partes fue, sin duda, cuando la profesora anunció la cifra de puntos que le quitaría a Gryffindor.
—¡¿Cincuenta?! —Resopló James viendo a McGonagall—¡Ellos ayudaban a Hagrid, profesora! ¡No puede quitarles cincuenta puntos por eso!
—No necesita decírmelo, Potter—replicó la profesora—Sé perfectamente que estaban haciendo una buena obra, pero en ese momento yo no tenía ni idea.
—¿Cincuenta? —resopló Harry. Iban a perder el primer puesto.
—Es mejor que no la contradigas, Harry…—dijo Marlene haciendo una mueca, pensando que eso aumentaría el enfado de la profesora.
—Cincuenta puntos cada uno —dijo la profesora McGonagall, resoplando a través de su nariz puntiaguda.
— ¡¿Qué?! —dijeron Sirius, Frank, Alice, James y la profesora McGonagall al mismo tiempo. Cincuenta puntos por cada uno. Eso sí que afectaría a Gryffindor de una manera horrible. ¡No podía ser verdad!
—Oiga ¿no cree que está exagerando? —preguntó Alice desesperada. Sabía que su hijo y los otros muchachos se sentirían miserables por eso.
—Todo esto es mi culpa—murmuró Hagrid tristemente—¡Ellos no habrían salido a esas horas si no hubiera sido por mi!
—Tú no tienes la culpa, Hagrid—le contradijo Lily tratando de consolar al semigigante— No tenías ni idea de que esto pudo haber pasado.
Pero la tristeza de Hagrid no se comparaba con la de la profesora McGonagall, que se sentía increíblemente culpable.
— Profesora... por favor...Usted, usted no...
—No me digas lo que puedo o no puedo hacer; Harry Potter. Ahora, a la cama, todos. Nunca me he sentido tan avergonzada de alumnos de Gryffindor.
—Lo siento mucho, muchachos—dijo la profesora McGonagall con voz entre cortada, dirigiéndose a Harry y Hermione como si ambos pudieran escucharla—No debí hablarles así…
—Todos cometemos errores, Minerva—la consoló Dumbledore—Si no fuera así, la vida sería increíblemente aburrida, ya que los errores nos permiten aprender y crecer.
De camino a la sala común de Gryffindor se encontraron con Lily, que caminaba silenciosamente hacia la misma dirección. Pareció horrorizada cuando le contaron lo ocurrido.
Harry no durmió aquella noche. Podía oír el llanto de Neville, que duró horas.
—Mi pobre niño—gimió Alice, a lo que Frank la abrazó tiernamente. A ninguno de los dos les gustaba escuchar que su hijo sufría. Sabían que seguramente en ese momento Neville se sentía realmente mal.
Escucharon de lo preocupado que Harry se sentía y de lo nervioso que estaba por lo que ocurriría al día siguiente.
Y después de seguir leyendo, todos comprendieron que la estaba pasando realmente mal. Pudieron ver como los miembros de Gryffindor, y también los de Huflepuff y Revenclaw estaban molestos con él, con Hermione y con Neville.
Sólo Ron y Lily lo apoyaban.
—Todo estará bien—le dijo Lily apretándole los hombros—No te preocupes.
Era un poco tarde para reparar los daños, pero Harry se juró que, de ahí en adelante, no se metería en cosas que no eran asunto suyo.
—¡Brillante decisión! —exclamó Lily aliviada, pensando que eso era lo más seguro. Si los muchachos dejaban de investigar e indagar sobre la Piedra y todo lo demás que ocurriera en el castillo, tenían la seguridad de que ya no se meterían en más problemas.
Se sentía tan avergonzado que fue a ver a Wood y le ofreció su renuncia, a pesar de que Lily le había dado un discurso de quince minutos, mucho más propio de Hermione que de ella misma, de por qué renunciar al equipo no serviría de nada.
—¿Qué? —dijeron James, Sirius, Remus, Gideon , Fabián, Edgar y Arthur al mismo tiempo.
—¡No puedes hacer eso Harry—dijo James acariciando el vientre de su esposa—¡Renunciar al quidditch no ayudará en nada a Gryffindor!
—¡Eres el mejor buscador del mundo! —agregó Sirius, acariciando la otra parte del vientre de Lily—¡Por lo que más quieras! ¡No renuncies!
Lily, al igual que todos en la sala, a excepción de Gideon, Fabián, Edgar y Arthur, veían a James y a Sirius divertidos, mientras que los demás jóvenes con una expresión de comprensión.
—¿Renunciar? —exclamó Wood—. ¿Qué ganaríamos con eso? ¿Cómo vamos a recuperar puntos si no podemos jugar al quidditch?
—¡Eso es! —dijo James—¡Escúchalo Harry! No puedes dejar al equipo. ¡No puedes! Piensa que en los siguientes juegos podrás recuperarte. ¡Ánimo hijo!
Pero hasta el quidditch había perdido su atractivo.
James sintió un dolor físico al escuchar esas palabras, dividido entre la incredulidad y la tristeza, pensando en que su hijo debía estar sintiéndose realmente mal para decir semejante cosa.
Hermione y Neville también sufrían.
Alice hizo una mueca de molestia, pensando en que era muy injusto que los niños pasaran por eso.
Y entonces, las nuevas resoluciones de Harry de no interferir en nada que no le concerniera sufrieron una prueba inesperada.
A Molly, a Lily y a McGonagall aquello no les hizo ninguna gracia.
Ninguna de las tres encontraba bien que Harry o cualquiera de los demás muchachos se arriesgaran tanto. Era peligroso. Había alguien tratando de robar la Piedra, eso era seguro, pero si ese alguien se daba cuenta de que cuatro niños de once años lo estaban espiando, podría resultar algo sumamente arriesgado para ellos.
Una tarde que salía solo de la biblioteca oyó que alguien gemía en un aula que estaba delante de él. Mientras se acercaba, oyó la voz de Quirrell.
—No... no... otra vez no, por favor...
—¿Qué está ocurriendo? —preguntó Edgar frunciendo el ceño. Eso era extraño. Muy extraño.
—Parece que quieren sacarle información a Quirrel, o simplemente lo están torturando—respondió Moody, evaluando las posibilidades, y eso era lo más probable.
—Seguro es Snape—murmuró Sirius enojado.
—Muy bien... muy bien. —Oyó que Quirrell sollozaba.
Al segundo siguiente, Quirrell salió apresuradamente del aula, enderezándose el turbante. Estaba pálido y parecía a punto de llorar.
Nadie comprendía qué era lo que estaba pasando exactamente, sin embargo, en los rostros de James y Sirius estaba claro que pensaban que Snape era responsable de lo que fuera que le había ocurrido a Quirrel.
Harry estaba a mitad de camino, cuando recordó que se había prometido no meterse en lo que no le correspondía.
—Y en nombre de lo más sagrado espero que cumplas tu promesa, hijo—dijo Lily preocupada. —Y si tu hermana sigue tu ejemplo mucho mejor.
—Esto es terrible—comentó Sirius enfadado—¡Quejicus solo empeorará la situación de " depresión " que tiene Harry, añadiéndole más preocupaciones.
—Canuto, estás dando por hecho que era Snape—señaló Remus—No tienes ninguna seguridad de que así sea…
—Es él, Lunático—dijeron James y Sirius al mismo tiempo, muy convencidos, intentando no enfadarse por la negativa a creer de su amigo.
Continuaron escuchando, y apreciando las opiniones que tuvieron Ron, Hermione y Lily después de que Harry les contó lo que había sucedido.
—¡Entonces Snape lo hizo! —dijo Ron—. Si Quirrell le dijo cómo romper su encantamiento anti-Fuerzas Oscuras...
—Pero aún tienen que haber otras cosas que defiendan la Piedra—razonó Frank, señalando que Quirrel no era el único que había participado en la protección que se le había dado al pequeño objeto.
—Pero todavía queda Fluffy —dijo Hermione.
—No tienen pruebas de que fuera el profesor Snape quien estaba en la sala—dijo Lily molesta.
—Oh por Merlín, pequeña—gruñó Sirius— ¿Quieres parar de una buena vez, de defenderlo? ¡Y nadie se atreva a decirme que ella podría tener razón! —añadió viendo a Lily, Remus, Dumbledore y Moody.
Escucharon como los cuatro amigos seguían discutiendo sobre qué harían y qué no podían hacer. Finalmente, cuando Ron sugirió que quizá podrían investigar solo un poco para encontrar alguna prueba sobre Snape…
—No —dijo Harry en tono terminante—: ya hemos investigado demasiado.
—Harry tiene razón—dijo Lily—lo mejor será que nos concentremos en los exámenes, dejemos la piedra en paz.
—Gracias Merlín que ya se dieron cuenta—suspiró Molly aliviada. Le aterrorizaba la idea de que cualquiera de esos niños pudiera sufrir algún daño. El peligro constante en el que estaban los cuatro, al estar tan cerca del posible ladrón de la Piedra.
A la mañana siguiente, llegaron notas para Harry, Hermione y Neville, en la mesa del desayuno.
Y, como pudieron comprobar un segundo después, eran para recordarles a los tres que aquél día se cumpliría su castigo por haber sido encontrados merodeando tan tarde.
—¡Había olvidado que estaban castigados! —gruñó Marlene y por los rostros de los demás, no había sido la única que había pasado el detalle por alto.
La profesora McGonagall sintió una nueva oleada de culpabilidad por el castigo de los chicos.
A las once de aquella noche, se despidieron de Ron en la sala común y bajaron al vestíbulo de entrada con Neville. Lily había insistido en acompañarlos, por más que Harry y Hermione se negaron.
— ¿Pretende compartir el castigo con ellos? —inquirió Edgar confuso—¿Cómo piensa hacerlo?
A la pregunta recién formulada, nadie supo exactamente cómo responder, así que simplemente algunos se limitaron a encogerse de hombros.
Filch ya estaba allí y también Malfoy.
—Genial—dijo James amargamente—El colmo de la mala suerte, tener que soportar a Malfoy.
En el momento en que Filch vio a Lily, le lanzó una mirada interrogante.
—Yo también estuve afuera a deshoras haciendo cosas indebidas—mintió la chica en un tono bastante convincente—la profesora McGonagall me ha dicho que también tenía que recibir el castigo.
—No debería de hacer eso…—comentó Lily.
—Es lógico que quiera hacerlo—le respondió Remus, como si fuera algo completamente entendible y razonable.
Varios en la sala le miraron interrogantes.
—Ella se siente culpable, ya que al igual que Harry, Hermione y Neville, ella estaba afuera esa noche, así que siente que también merece el castigo—explicó el licántropo, mostrando que comprendía muy bien la forma de pensar de la niña.
—Esto no estaría pasando de no ser por mí—se lamentó Hagrid, sintiéndose muy responsable por aquél castigo.
—No te sientas mal, Hagrid—le consoló Arthur, dedicándole una sonrisa, tratando que el semigigante se animara un poco.
Pero eso no funcionó mucho, ya que siguieron escuchando como Filch hacía varios comentarios llenos de desdén y burla hacia los muchachos.
Algunos sintieron que la moral les subía cuando escucharon que sería con Hagrid con quien tendrían que realizar el castigo.
— ¡Esto está mejor! —dijo Sirius animado—Si estarán con Hagrid no puede ser tan malo.
Pero el pequeño brote de entusiasmo se extinguió cuando todos se dieron cuenta de que el castigo consistía en entrar en el bosque prohibido*.*
Todos comprendieron repentinamente de dónde venía el nombre del capítulo.
Al oír aquello, Neville dejó escapar un gemido y Malfoy se detuvo de golpe.
—¿El bosque? —repitió, y no parecía tan indiferente como de costumbre—. Hay toda clase de cosas allí... dicen que hay hombres lobo.
Remus se encogió ligera y casi imperceptiblemente al escuchar las palabras " hombres lobo ". Suspiró. Tenía que controlarse a sí mismo e intentar que cada vez que se mencionara a alguien que compartía su condición.
Hagrid se acercó hacia ellos, con Fang pegado a los talones. Llevaba una gran ballesta.
Eso supuso un poco de alivio para algunos, ya que sabían que Hagrid haría lo que fuera con tal de mantener a los niños seguros.
Entonces Malfoy se volvió hacia Hagrid.
—No iré a ese bosque —dijo.
—Cobarde—dijeron Gideon y Fabián a la vez. Así que sí tenía las suficientes agallas para salir de noche e intentar que atraparan a los muchachos mientras ellos trataban de liberarse de Norberto, pero no era lo suficientemente valiente para enfrentar su castigo.
—Lo harás, si quieres quedarte en Hogwarts —dijo Hagrid con severidad.
—¡Bien dicho, Hagrid! —dijo Arthur sonriendo, contento de que alguien pusiera a ese niño en su lugar.
— ¡Me gustaría haber visto la cara de ese mocoso! —dijo James riendo, imaginándose lo humillado que Malfoy debería de sentirse.
Lily sonrió burlonamente a Malfoy, mostrando su satisfacción ante las palabras de Hagrid.
Continuaron escuchando como Hagrid les advertía que no se separaran y que lo que se disponían a hacer era peligroso y no deseaba que ninguno se arriesgara.
—¿Por qué, de todos los castigos de este mundo, tenían que mandarlos al bosque? —preguntó Lily enfadada y preocupada a la vez.
—Lo siento mucho, Lily…—comenzó a disculparse la profesora McGonagall, apenada.
—Está bien, profesora—le respondió Lily, intentando sonreírle a la mujer. Ella no la culpaba de nada. Entendía que de haber estado en su lugar, probablemente hubiera hecho lo mismo.
Y, con un suspiro, Lily se resignó a escuchar cómo los muchachos y Hagrid se dirigían al interior del bosque.
—Miren allí —dijo Hagrid—. ¿Ven eso que brilla en la tierra? ¿Eso plateado? Es sangre de unicornio. Hay por aquí un unicornio que ha sido malherido por alguien. Encontré uno muerto el último miércoles. Vamos a tratar de encontrar a ese pobrecito herido.
—¿Quién le haría eso a los unicornios? —preguntó Edgar horrorizado. Le parecía que aquello era completamente inhumano.
—Y ¿Para qué? —agregó Moody, haciendo énfasis en la última pregunta—Todos sabemos lo que causa beber la sangre de un unicornio, suponiendo que fue por eso que lo mataron, así que tendría que ser alguien que de verdad no desee morir.
Todos se mostraron preocupados ante eso, ya que todos tenían la misma idea de quién podría ser.
El ambiente se tensó considerablemente.
El único que parecía sereno, a pesar de tener la misma preocupación que los demás, era el profesor Dumbledore. Esta información era relevante para el futuro, estaba muy seguro de ello.
Remus, Sirius y James pensaban cosas bastante parecidas, los tres tenían en la mente que, aunque ellos habían dado muchos paseos de noche en el bosque, nunca habían estado en una situación en la cual hubiera algo o alguien que estuviera matando unicornios…algo que debía ser muy peligroso, sin duda.
—¿Y qué sucede si el que hirió al unicornio nos encuentra a nosotros primero? —dijo Malfoy, incapaz de ocultar el miedo de su voz.
—Sé que es un idiota integral, pero tiene razón—murmuró Alice con pesar—¿Qué pasa que " el que hirió al unicornio " los encuentra primero?
—No hay nada que pueda lastimarlos cuando estén conmigo—aseguró Hagrid, que estaba convencido de que daría su vida por ellos si fuera necesario.
—Mil gracias, Hagrid—agradeció Frank, sonriéndole al semigigante
El ambiente continuó tenso, mientras escuchaban cómo Hagrid y los muchachos se dividían en grupos.
Lamentablemente, a Neville le había tocado la peor parte.
—¿Por qué mi Neville tiene que ir con Malfoy? —gruñó Alice preocupada. Su aversión a Malfoy era prácticamente obvia.
—Lo siento, Alice…—se disculpó Hagrid viendo a la bruja, bastante apenado.
No se podía hacer nada para cambiar lo que estaba pasando, así que continuaron escuchando la lectura.
Al parecer, el Hagrid del libro estaba muy preocupado y eso preocupaba a todos en la sala.
—¿Podría ser un hombre lobo el que mata los unicornios? —preguntó Harry.
Remus volvió a encogerse, sintiéndose incomodo ante el hecho de que Harry y los demás le tuvieran miedo a los hombres lobo.
Lily se percató de esto, por lo que le dirigió una sonrisa a Remus, como intentando decir "No te preocupes, ellos nunca tendrían nada contra ti".
El licántropo le devolvió la sonrisa, agradecido.
—No son bastante rápidos —dijo Hagrid—. No es tan fácil cazar un unicornio, son criaturas poderosamente mágicas.
Y eso era aún mucho más preocupante para todos los presentes. ¿Cómo habían atacado a los unicornios de esa manera?
—¿Están bien? —susurró Hagrid—. No se preocupen, no puede estar muy lejos si está tan malherido, y entonces podremos... ¡PONEOS DETRÁS DE ESE ÁRBOL!
—¿Qué pasó? —preguntaron Lily, Alice, Marlene, Frank, James, Sirius y Remus a la vez.
Todos estaban completamente alarmados. ¿Qué había sucedido? ¿Por qué Hagrid había gritado? ¿Qué estaba oacurriendo?
Todos pusieron excepcional atención a lo que escuchaban. Pudieron notar, como Hagrid se ponía en guardia y sacaba una flecha, también cómo se escuchaba un sonido de una capa, que al parecer se deslizaba por el sueo, finalmente, Hagrid se relajó ligeramente al notar que el sonido se había alejado.
—Lo sabía —murmuró—. Aquí hay alguien que no debería estar.
Eso, que ya le había quedado a los presentes muy claro, no hizo más que aumentar la tensión.
Lily intentó divisar algo en el sendero, pero no veía nada. La chica estaba empezando a ponerse nerviosa.
Y aquello era con justa razón, según todos los presentes de la sala.
Si ellos estaban nerviosos, los muchachos y Hagrid deberían de estarlo cincuenta veces más.
Anduvieron más lentamente, atentos a cualquier ruido. De pronto, en un claro un poco más adelante, algo se movió visiblemente.
Lily gimió audiblemente, preocupada. ¿Qué ocurriría ahora? ¿Qué podría ser? ¿Por qué tenían que estar sus hijos justamente allí, donde había alguien que estaba matando unicornios para sus propios y malvados fines?
—¿Quién está ahí? —gritó Hagrid—. ¡Déjese ver... estoy armado!
El que Hagrid estuviera armado debería haber sido un alivio…pero muchos tenían el presentimiento que unas simples flechas no serían suficientes para enfrentarse al peligro que existía en el bosque.
Y apareció en el claro... ¿era un hombre o un caballo?
—Centauros—suspiró Molly, aliviada, ya que sabía que los centauros no dañarían a los chicos, a quienes ya les tenía un afecto muy grande.
Los demás también se mostraron aliviados. No pasaría nada… por el momento.
—Oh, eres tú, Ronan —dijo aliviado Hagrid—. ¿Cómo estás?
—Que tengas buenas noches, Hagrid —dijo Ronan. Tenía una voz profunda—. ¿Ibas a dispararme?
—Bueno, quizá eso le sirva de lección para no aparecerse en medio de la noche haciendo ruidos terroríficos—señaló Sirius, haciendo dando a entender que cualquiera habría disparado de haberse encontrado en una situación como esa.
—Nunca se es demasiado cuidadoso —dijo Hagrid—. Hay alguien muy malvado, perdido en este bosque. Ah, éste es Harry Potter y ellas son Hermione Granger y Lily Potter. Y él es Ronan. Es un centauro.
—¡No me digas Hagrid! —dijo Sirius riendo, sintiendo como se iba de él una parte de la tención—La verdad es que la parte de " Mitad caballo mitad persona " no me explicó nada en absoluto..
Hagrid rió animadamente por el comentario de Sirius.
—Pero Lily, Harry y Hermione no lo saben ¿o sí? —respondió el semigigante, divertido con el merodeador.
—Un gusto conocerlo—murmuró Lily con voz débil.
—Bueno, sin duda habría sido mejor conocerlo en circunstancias que no implicaran el estar a punto de sufrir un infarto por escuchar ruidos extraños mientras caminaban por el bosque…—comentó James, sonriendo un poco.
—Buenas noches —los saludó Ronan—. ¿Estudiantes, no? ¿Y aprenden mucho en el colegio?
—Un poquito —dijo con timidez Hermione.
Algunos no pudieron evitar sentir que esa afirmación resultaba graciosa viniendo de Hermione. Muy, muy graciosa.
James y Sirius no pudieron reprimir el impulso de poner los ojos en blanco y de adquirir una sonrisa burlona.
—Un poquito. Bueno, eso es algo. —Ronan suspiró. Torció la cabeza y miró hacia el cielo—. Esta noche, Marte está brillante.
Lily encontraba a los centauros criaturas bastante fascinantes en aquél momento, así que no llegó a comprender la expresión exasperada que estaba apareciendo en aquél momento en el rostro de Hagrid.
—Ajá —dijo Hagrid, lanzándole una mirada—. Escucha, me alegro de haberte encontrado, Ronan, porque hay un unicornio herido. ¿Has visto algo?
—Espero que haya visto algo—comentó Alice— Así tendrían al menos una pista, o una guía para comenzar a buscar a la… criatura que dañó a los unicornios.
—Marte brilla mucho esta noche —repitió Ronan, mientras Hagrid lo miraba con impaciencia—. Está inusualmente brillante.
Hagrid resopló con impaciencia, mientras Sirius, James, y los gemelos Prewett sonreían ligeramente. Resultaba divertido ver a Hagrid fuera de sus casillas.
Un movimiento en los árboles detrás de Ronan hizo que Hagrid levantara de nuevo su ballesta, pero era sólo un segundo centauro.
—Al parecer hay muchos centauros en el bosque durante esa noche—comentó Sirius, pensando que ya le estaba aburriendo un poco que se aparecieran de una forma que obligaba a Hagrid a levantar su ballesta.
—Hola, Bane —saludó Hagrid—. ¿Qué tal?
—Buenas noches, Hagrid, espero que estés bien.
Lily tenía el ligero presentimiento de que, en el caso de que Hagrid le preguntara algo a aquél nuevo centauro, este tampoco sería de mucha ayuda.
Sin tener la menor idea de por qué, varios en la sala opinaban exactamente lo mismo que la niña. Especialmente Hagrid, que sabía que hablar con un centauro era tan informativo como hablar con una mandarina.
—Sí, gracias. Mira, le estaba preguntando a Ronan si había visto algo extraño últimamente. Han herido a un unicornio. ¿Sabes algo sobre eso?
—Esta noche Marte brilla mucho —dijo Bane simplemente.
Ahora los cuatro chicos rieron tranquilamente ante la expresión de fastidio que aparecía en el rostro de Hagrid, que claramente estaba muy contrariado por las respuestas tan poco útiles que los centauros le estaban proporcionando.
Lily sonrió ligeramente ante el último comentario del centauro.
—Eso dicen —dijo Hagrid de malhumor—. Bueno, nosotros nos vamos.
El ambiente, que hasta hace un segundo había estado ligeramente divertido por el malhumor de Hagrid, volvió a tensarse ligeramente, pero solo por algunas personas.
Lily, Harry y Hermione lo siguieron.
—Nunca —dijo irritado Hagrid— traten de obtener una respuesta directa de un centauro.
—Tienes razón, Hagrid—dijo Sirius riendo. Él era uno de los pocos que no estaban completamente tensos en la sala.
A diferencia de Lily y de Alice, que no estarían tranquilas hasta escuchar que sus hijos ya estaban fuera del bosque.
—¿Crees que era un centauro el que oímos antes? —dijo Harry.
—No es probable—murmuró Moody—No fue un ruido de cascos el que se escuchó. Fue algo distinto.
—¿Te pareció que era ruido de cascos? No, en mi opinión, eso era lo que está matando a los unicornios...
Un escalofrío recorrió a algunos. No querían imaginarse cómo aquella criatura hería a los unicornios y bebía su sangre. Debía resultar algo horrible de ver.
Pudieron notar que Harry estaba bastante nervioso, y aparentemente (para horror de algunos) tenía la sensación de que alguien los estaba vigilando.
Lily tenía la misma sensación, pero intentó tranquilizarse a sí misma diciéndose que era solo el ambiente tenebroso del bosque.
Muchos suplicaron para que la pequeña Lily tuviera razón y fuera solo el ambiente del bosque lo que daba la sensación de temor y nerviosismo que los hermanos sentían.
Acababan de pasar una curva en el sendero cuando Hermione se aferró al brazo de Hagrid.
—¡Hagrid! ¡Mira! ¡Chispas rojas, los otros tienen problemas!
— ¡Oh, Merlín! ¡Mi Neville! —gritó Alice aterrorizada. ¿Qué le había sucedido? ¿Por qué habían chispas rojas en el cielo? ¿Qué había pasado? ¿Estaba Neville bien? A Alice le daría algo si a su pequeño hijo le llegaba a ocurrir cualquier cosa…
—Tranquilízate, Alice—dijo Frank, tratando de calmarse a sí mismo para poder tranquilizar a su esposa—No va a sucederle nada, ya verás, no puede sucederle nada.
Todos los miraban con una expresión de compasión y miedo. Nadie quería que le ocurriera nada malo a Neville.
—¡Esperen aquí! —gritó Hagrid—. ¡Quédense en el sendero!
El hecho de que Harry, Lily y Hermione se quedaran solos, no le hacía gracia a ninguno, mucho menos a Lily, pero todos comprendían que en aquél momento Neville necesitaba mucha más ayuda.
—¿Creen que les habrá pasado algo? —susurró Hermione.
Alice palideció de solo imaginar que eso pudiera pasar. Frank la apretó fuerte contra él, tratando de darle ánimos.
—No me importará si le ha pasado algo a Malfoy, (**— Eso es completamente entendible —pensó Sirius, haciendo una ligera mueca)**pero si le sucede algo a Neville... —respondió Harry.
Alice cerró los ojos durante un segundo, desesperada. No podía haberle sucedido algo a Neville. Ella se negaba a aceptarlo.
—Estarán bien—añadió Lily con un ligero temblor en la voz—No les pudo haber pasado nada…
Alice había comenzado a sollozar en los brazos de su esposo, horrorizada por no saber nada de su pequeño Neville.
—No te preocupes, Alice—dijo Lily, tratando de aliviar la preocupación de su amiga, sabiendo lo que ella sentiría si se encontrara en la misma situación—Neville estará bien.
Por fin, un ruido de pisadas crujientes les anunció el regreso de Hagrid. Malfoy, Neville y Fang estaban con él.
Se escucharon varios suspiros de alivio ante lo último leído.
— ¿Lo ves Alice? —dijo Marlene—¡Hagrid los trajo sanos y salvos!
—Muchas gracias, Hagrid—murmuró Alice limpiándose las lágrimas y mirando al guardabosques.
—No hay de qué, Alice—respondió el semigigante sonriendo, restándole importancia al asunto.
Hagrid estaba furioso. Malfoy se había escondido detrás de Neville y, en broma, lo había cogido. Neville se aterró y envió las chispas.
—Voy a matar a ese imbécil—dijo Frank furioso. ¿Qué, acaso era estúpido o qué le ocurría? ¡No podía creer que hubiera hecho eso!
—¡Idiota! —gruñó Alice encolerizada—¿Quién demonios se cree que es para hacer semejante estupidez? ¡No puedo creer que exista alguien tan… asquerosamente idiota, como él!
Todos los demás estaban de acuerdo con el enfado de los padres, pensando que el chico Malfoy se había pasado de la raya. Lo que había hecho con Neville había superado todo nivel de estupidez.
—Bueno, ahora voy a cambiar los grupos... Neville, tú te quedas conmigo y Hermione. Harry, Lily, ustedes van con Fang y este idiota. Lo siento —añadió en un susurro dirigiéndose a los hermanos— pero a él le va a costar mucho asustarlos y tenemos que terminar con esto.
Lily hizo una mueca, y Hagrid le dedicó un gesto de disculpa.
—No te sientas mal, Hagrid—dijo James, que se había percatado del gesto del semigigante—Tienes razón al decir que Malfoy no podrá con los chicos.
Aunque aquello no suponía un gran consuelo para la madre, ya que no era Malfoy lo que le preocupaba.
Escucharon como los muchachos, Malfoy y Fang anduvieron introduciéndose cada vez más en el corazón del bosque y escucharon, con cierto temor, que a Harry le parecía que la sangre de unicornio, que se encontraba regada por todas partes, parecía cada vez más espesa.
—Esto no me gusta nada—dijo Marlene preocupada.
—A mi tampoco—le apoyó Edgar, con el ligero presentimiento de que entre más espesa era la sangre, más cerca estaban de la criatura herida que la producía y por ende, del que había producido el daño.
Había manchas en las raíces de los árboles, como si la pobre criatura se hubiera arrastrado en su dolor.
Todos sintieron una oleada de piedad hacia el pobre animal. Era horrible lo que le habían hecho. Era completamente inhumano y asqueroso que alguien se atreviera a hacer eso.
*Algo de un blanco brillante relucía en la tierra. Se acercaron más.*Sí, era el unicornio y estaba muerto.
—Pobre—Dijeron Gideon, Fabián y Molly a la vez, en voz baja, compadeciéndose de pobre unicornio.
—Esto es horrible—dijo Lily en un susurro, llena de tristeza. Ningún animal merecía sufrir o morir así.
Harry nunca había visto nada tan hermoso y tan triste.
Todos estuvieron seguros de que, en definitiva, no hubiera sido nada agradable tener una visión así. Seguramente sería desconsolador ver a una criatura tan bella y llena de vida, en esas condiciones.
Lily se acercó lentamente al unicornio, y se arrodilló junto a él. La chica veía con tristeza a la criatura.
—¿Quién te hizo esto? —susurró, mientras acariciaba la piel del unicornio.
Aquello era lo que más atemorizaba a la mayoría de los presentes.
Quien había hecho eso, lo había hecho a sabiendas de lo que ocurriría, lo que daba perfectamente a entender cuál era su objetivo.
Lily escuchó que Harry (suponía que era él) había comenzado a moverse para donde ella se encontraba, pero se detuvo súbditamente y un segundo después, ella pudo ver por qué.
Aquello no era buena señal, de eso todos estaban seguros. El ambiente se puso muy alerta, de nuevo.
Un arbusto que estaba en el borde del claro se agitó... Entonces, de entre las sombras, una figura encapuchada se acercó gateando, como una bestia al acecho.
— ¡Corran! —gritó Lily asustada, reconociendo que aquello era definitivamente peligroso—¡Muévanse de allí ahora mismo!
Harry, Malfoy y Fang permanecieron paralizados y Lily se dio la vuelta horrorizada, alejándose lo más que pudo del animal.
Lily comenzó a hiperventilar, completamente nerviosa. Quería que sus hijos salieran de allí en aquél instante.
La figura encapuchada llegó hasta el unicornio, bajó la cabeza sobre la herida del animal y comenzó a beber su sangre.
—¡Merlín! —exclamó McGonagall nerviosa y horrorizada a la vez.
—¿Qué esperan para irse? —preguntó Sirius impaciente. ¡Lo que sea que fuera aquella cosa, no esperaría para atacarlos en cuanto los viera!
— ¡ AAAAAAAAAAAAAH!
Malfoy dejó escapar un terrible grito y huyó... lo mismo que Fang.
James se removió en su asiento, completamente alterado. ¡Sus hijos se habían quedado solos con… aquella criatura que estaba tragándose la sangre de unicornio! ¿Por qué no salían corriendo? ¡Tenían que huir!
La figura encapuchada levantó la cabeza y miró directamente a Harry.
—¡No! ¡No! —gritó Lily desesperada—¡Por favor que no le haga daño! ¡Que no les haga daño a ninguno de los dos!
—Amor, tranquila—dijo James tomando la mano de su esposa, tragándose su propio nerviosismo—No les ocurrirá nada malo—terminó, aunque él estaba tan asustado como la embarazada pelirroja.
Se puso de pie y se acercó rápidamente hacia él... Harry estaba paralizado de miedo.
—¡Vamos Harry! ¡Lily! ¡Corran! —exclamó Remus, atemorizado ante la idea de que algo le ocurriera a los chicos.
—¡Tienen que salir de allí! ¡Tiren chispas rojas! ¡Hagan algo! —exclamó Sirius escandalizado. ¿Por qué no hacían nada? ¡Tenían que moverse!
Lily observó aterrorizada como la criatura se movía y, de pronto, un dolor horrible le perforó la cabeza. No soportaba el dolor, aturdida, y sin poder evitarlo, cayó al suelo, agarrándose con fuerza la cabeza.
Harry también estaba sintiendo mucho dolor, y apenas podía ver a donde se dirigía.
—¿Qué está ocurriendo? —preguntó Lily sollozando espantada.
—Tranquilízate, Lily —pidió Dumbledore viendo a la mujer— Al parecer tus hijos sintieron un fuerte dolor por la cercanía de el ser que bebió la sangre del unicornio—sus ojos se ensombrecieron por un segundo— Pero estoy seguro de que no les ocurrirá nada.
—Voldemort—susurró James, causando un estremecimiento en algunas personas.
El profesor Dumbledore se limitó a asentir con la cabeza, con cierto pesar.
Se oyeron cascos galopando a sus espaldas, y algo saltó limpiamente y atacó a la figura.
Lily estaba muy nerviosa, pero sintió una pequeña fracción de alivio al escuchar eso. Alguien estaba allí, ayudando a sus hijos.
—¿Un centauro ayudando a los chicos? —preguntó Hagrid con incredulidad.
—En la vida hay muchas cosas que nos sorprenden, Hagrid—dijo el profesor Dumbledore—La vida en sí es muy impredecible.
El dolor de cabeza era tan fuerte que Harry cayó de rodillas. Pasaron unos minutos antes de que se calmara.
Lily se sintió terriblemente impotente. Quería ayudar a sus hijos, pero no podía hacer nada. Deseó que salieran de allí cuanto antes, ya que estaba poniéndose demasiado alterada y eso no era saludable para su estado.
Cuando levantó la vista, la figura se había ido. Un centauro estaba ante él. No era ni Ronan ni Bane: éste parecía más joven, tenía cabello rubio muy claro, cuerpo pardo y cola blanca.
—¡No me importa quién sea! —dijo Lily suspirando— ¡Le estaré eternamente agradecida!
Ese centauro había salvado a sus hijos. Eso era algo que ella nunca podría olvidar, en definitiva.
—¿Estás bien? —dijo el centauro, ayudándolo a ponerse de pie.
Lily estaba realmente necesitada de escuchar la respuesta a esa pregunta.
—Sí... gracias...(Suspiros de alivios fueron perfectamente audibles en aquél momento) ¿qué ha sido eso?
El centauro no contestó.
Hagrid, que ya había estado esperando esa reacción, no pudo evitar poner los ojos en blanco.
Pero Harry no le prestó mucha atención y corrió al lugar donde Lily se encontraba tendida.
—Espero que este bien—dijo Molly.
—Tiene que estar bien—la rectificó Sirius con voz determinada. A la pequeña no podía haberle pasado nada malo. Esa idea le parecía inconcebible.
—¿Lily? —preguntó el chico arrodillándose junto a su hermana.
La niña tenía los ojos muy abiertos, parecía paralizada del miedo y seguía cubriéndose la cabeza con las manos.
—¿Qué pasó? —susurró la chica viendo a su hermano y comenzando a sentarse, estaba muy pálida.
—No lo sé—respondió Harry —Vamos, levántate, salgamos de aquí.
—Sí, ¡Por favor! ¡Salgan de allí! —dijo Lily, que seguía con los nervios a flor de piel. No estaría tranquila hasta escuchar que sus hijos estaban en sus dormitorios, muy seguros a dentro de la sala común de Gryffindor.
Harry ayudó a la chica a levantarse y juntos se posaron enfrente del centauro, que los observaba atentamente.
—Ustedes son los chicos Potter —dijo—. Es mejor que regresen. El bosque no es seguro en especial para ustedes. ¿Pueden cabalgar? Así será más rápido... Mi nombre es Firenze —añadió, mientras bajaba sus patas delanteras, para que los hermanos pudieran montar en su lomo.
—Esto sí que me sorprende. —dijo Hagrid con incredulidad en la voz—¡Un centauro los va a dejar montar en su lomo!
—Tienen unos hijos muy especiales—dijo Edgar al matrimonio Potter, que sonrió en respuesta, James con orgullo y Lily con una mezcla de orgullo y preocupación.
Todos estaban divididos entre la incredulidad y el alivio. Los centauros eran unas criaturas infinitamente orgullosas, eso todo el mundo lo sabía, y el hecho de que dejaran que alguien los montara era real y completamente sorprendente.
Ronan y Bane aparecieron velozmente entre los árboles, resoplando.
Eso no se escuchaba nada bien. Al parecer los centauros estaban enfadados, pero algunos no llegaban a comprender por qué.
—¡Firenze! —rugió Bane—. ¿Qué estás haciendo? Tienes dos humanos sobre el lomo! ¿No te da vergüenza? ¿Es que eres una mula ordinaria?
—¡No es ninguna mula ordinaria! —dijo Lily enojada, ese centauro acababa de salvarle la vida a sus hijos y no iba a permitir que otro le insultara.
Pero el enfado de Lily aumentó más cuando escuchó el resto de la discusión entre los centauros.
Al parecer, los dos centauros que acababan de llegar no estaban de acuerdo en ningún sentido con las acciones de Firenze.
—¡Los centauros debemos ocuparnos de lo que está vaticinado! ¡No es asunto nuestro el andar como burros buscando humanos extraviados en nuestro bosque!
—¡No puedo creerlo! —dijo Remus molesto— ¿Acaso el los habrían dejado morir? ¿O están insinuando que eso fue lo que Firenze debió haber hecho?
La respuesta a esa pregunta flotaba en el aire, e incluso hizo que algunos se estremecieran ligeramente.
—¿No has visto ese unicornio? —preguntó Firenze a Bane—. ¿No comprendes por qué lo mataron? Yo me lanzaré contra el que está al acecho en este bosque, con humanos sobre mi lomo si tengo que hacerlo.
Hagrid no pudo evitar sentir mucha simpatía por el centauro. Él era muy diferente a los demás y sin duda eso lo hacía bueno, en varios sentidos.
Todos los demás en la sala eran de la misma opinión que él y una gran mayoría estaban enojados con los centauros que le habían cuestionado e insultado.
Y Firenze partió rápidamente, con los hermanos sujetándose lo mejor que podían. Harry no entendía lo sucedido. Y Lily no estaba en mejor situación que él.
—Yo les explico—dijo Sirius enojado—El par de idiotas que acaban de dejar atrás, están enfadados porque el amable centauro ¿cómo se llamaba? Ah, sí, Firenze , les salvó la vida, ya que su amado Marte y las malditas constelaciones brillan mucho en el cielo, así que el mutante que se tomaba la sangre del unicornio, según el par de imbéciles, debió haberlos matado.
—¿Por qué Bane está tan enfadado? —preguntó Harry—. Y a propósito, ¿qué era esa cosa de la que nos salvaste?
Muchos estaban atentos a la explicación del centauro. Sería interesante e informativo escuchar su punto de vista.
—Harry Potter, ¿sabes para qué se utiliza la sangre de unicornio?
Todos en la sala se tensaron notablemente. Así que el centauro había llegado a las mismas conclusiones que ellos. Había sido de esperarse.
—No —dijo Harry, asombrado por la extraña pregunta.
Luego le echó una mirada a Lily, que continuaba pálida, pero ahora con una leve expresión de desconcierto.
Lily dudó si sería bueno que sus hijos se enteraran de las cavilaciones del centauro. Eran solo unos niños, después de todo y ella no quería que se preocuparan por lo que estaba sucediendo en el bosque.
—Eso es porque matar un unicornio es algo monstruoso**(Nadie podía rebatir eso, era completamente cierto)** —dijo Firenze—. Sólo alguien que no tenga nada que perder puede cometer semejante crimen. La sangre de unicornio te mantiene con vida, incluso si estás al borde de la muerte, pero a un precio terrible. Conseguirás media vida, una vida maldita.
—Eso es horrible—susurró Alice, con un estremecimiento ligeramente violento— No puedo creer que alguien pueda llegar a sopesar si quiera algo así como opción para no morir.
Todos estaban de acuerdo en que sería mucho mejor morir a vivir así, pero eso solo hacía que la situación se volviera peor, tomando en cuenta que a quien bebía la sangre del unicornio, no parecía importarle ni un poco tener que coexistir maldito.
—Pero ¿quién estaría tan desesperado? —Se preguntó Harry en voz alta—. Si te van a maldecir para siempre, la muerte es mejor, ¿no?
—Te sorprenderías de las cosas que puede llegar a hacer una persona por no morir, cariño—susurró Lily viendo su estomago, angustiada. No quería que sus hijos se relacionaran con nada de aquello. No podía soportarlo.
—Es así —dijo Firenze— a menos que lo único que necesites sea mantenerte vivo el tiempo suficiente para beber algo más, algo que te devuelva toda tu fuerza y poder. ¿Saben qué está escondido en el colegio en este preciso momento?
La comprensión inundaba a todos en ese instante. Voldemort era el ladrón en potencia y estaba utilizando a alguien para conseguir la Piedra.
Lily se negaba a aceptar esa idea. No era posible que el monstruo que les había arrebatado la vida a ella y a James estuviera allí, en el colegio, tan cerca de sus hijos.
Lily comprendió en ese instante por qué habían matado a los unicornios y la respuesta la aterrorizó.
—¡La Piedra Filosofal! ¡Por supuesto... el Elixir de Vida! Pero no entiendo quién... —comenzó Harry.
—No es una pregunta muy difícil de responder—dijo Molly con pesar, sabiendo lo que todos estaban pensando.
—¿No puedes pensar en nadie que haya esperado muchos años para regresar al poder?
Eso ya era suficiente para todos. Ya tenían claro quién era la persona que pretendía robar la Piedra, pero no deseaban seguir confirmándolo.
Tratando de apresurarse para saber más, escucharon como (para gran alivio de todos) Hagrid llegaba y encontraba a los muchachos.
Finalmente, escucharon como Hagrid y Firenze hablaban n poco y como todos se disponían a irse.
—Buena suerte,—dijo Firenze—. Los planetas ya se han leído antes equivocadamente, hasta por centauros. Espero que ésta sea una de esas veces.
—¿Qué quiere decir con eso? —Preguntó de pronto Alice, preocupada— ¿Algo malo va a suceder?
— ¡No digas eso, Alice! —contestó Marlene asustada ante la simple posibilidad.
—La adivinación es muy imprecisa—intervino la profesora McGonagall—no es probable que ocurra nada…
—Espero que tenga razón, profesora—murmuró Lily, deseando con todas sus fuerzas que no ocurriera nada. Si algo llegaba a ocurrirle a sus hijos, ella no podría soportarlo.
—Muchas gracias—dijo Lily, observando al centauro—No sé qué habría pasado si no nos hubieras ayudado, y traernos aquí fue todo un detalle—añadió, levantando las comisuras de los labios levemente.
Aquél centauro se había ganado el respeto y la simpatía de todos en la sala, eso había quedado completamente establecido.
Ron se había quedado dormido en la oscuridad de la sala común, esperando a que volvieran.
—Se parece a ti, cuando solo nos castigaban a James y a mi—dijo Sirius riendo, echándole una mirada a Remus, que sonrió levemente, pensando que su amigo podía cambiar de ánimo en cuestión de segundos.
—Que buenos tiempos—agregó James con nostalgia, también sonriendo ligeramente.
Cuando Harry lo sacudió para despertarlo, gritó algo sobre una falta en quidditch.
Molly puso los ojos en blanco, pero Arthur, James, Sirius y los gemelos Prewett sonrieron con ternura. ¡Bendito sea el quidditch!
Escucharon como Harry, que caminaba de un lado a otro, sin poder estar quieto, les contaba a Ron y a Hermione lo que había sucedido.
Mientras que Lily se abrazaba a sí misma, sentada en frente de la chimenea, intentando olvidar el dolor que sintió en el bosque.
James soltó un gruñido de frustración. ¿Por qué sus hijos tenían que sufrir a tan corta edad? ¿Por qué no podían estar preocupados únicamente por cosas como los exámenes finales? Era tan injusto.
—Snape quiere la piedra para Voldemort... y Voldemort está esperando en el bosque... ¡Y todo el tiempo pensábamos que Snape sólo quería ser rico!
—Esto es hermoso—bufó Sirius enojado—Quejicus está ayudando a su querido señor a regresar.
—«Pensábamos» me suena a que los cuatro lo hacíamos—Murmuró Lily, con una mueca de fastidio en el rostro—Pero ya estoy cansada de repetirlo, les creeré cuando me muestren algo que no deje lugar a dudas que el profesor Snape quiere robar la piedra para dársela a Voldemort, hasta entonces, ¡Dejen el asunto por la paz!.
—¡Ya no soporto esto! —explotó James furioso—¿Por qué lo defiende? ¡No puede estar más claro! El único mortífago posible en todo el castillo es Snape, el único que me odiaba con todas sus fuerzas, era Snape, el único que estaría dispuesto a robar la piedra ¡Es Snape!
—Tranquilícese, señor Potter—dijo el profesor Dumbledore, con un tono apaciguador—Le ruego que no pierda los estribos. Todo se aclarará pronto, James—finalizó, suavizando un poco su voz, y llamando al merodeador por su nombre.
Sirius le puso una mano en el hombro a James, mientras que Lily le tomaba una de sus manos entre las suyas. Ella no quería que James estuviera enfadado de esa manera, así que prefirió n dar su opinión sobre lo que pensaba.
—Firenze nos salvó, pero no debía haberlo hecho... Bane estaba furioso... Hablaba de interferir en lo que los planetas dicen que sucederá... Deben decir que Voldemort ha vuelto... Bane piensa que Firenze debió dejar que Voldemort nos matara. Supongo que eso también está escrito en las estrellas.
—¡Las estrellas están equivocadas! —dijo Lily enojada y desesperada a la vez—¡Ustedes no van a morir!
Ellos no iban a morir. Ni ella, ni James, ni nadie en la sala podía aceptar que eso ocurriera.
Todos estarían dispuestos a hacer cualquier cosa para que nada de eso sucediera.
Lily hizo una mueca, pensando que le importaba muy poco lo que las estrellas dijeran, ella no deseaba morir.
—Y no vas a morir, cariño—susurró James, si había algo de lo que él podía estar seguro, era que ni Harry ni Lily morirían si él podía evitarlo.
Hermione parecía muy asustada, pero tuvo una palabra de consuelo.
—Harry, todos dicen que Dumbledore es al único al que Quien-tú-sabes siempre ha temido. Con Dumbledore por aquí, Quien-tú-sabes no te tocará, a ninguno de los dos.
La profesora McGonagall sonrió levemente ante la última oración. Le gustaba cuando la señorita Granger exponía su punto de vista.
Lily también sonrió, más aliviada, pensando que Hermione tenía razón.
—¡Ella tiene razón! —exclamó Edgar—¡El jamás les hará daño con Dumbledore cerca!
—Está usted halagándome, señor Bones—Dijo el profesor sonriendo—Pero creo que deposita mucha confianza en mí.
Sin embargo, las palabras del profesor no disminuyeron en nada la confianza de los demás en él.
Lily subió con Hermione a la habitación de las chicas, cuando estuvo lista para dormirse, le dedicó una sonrisa a la castaña y se sentó en su cama, agarrando inconscientemente su collar, el cual no se había quitado desde el momento en que Harry se lo puso.
Hubo un ligero brillo en los ojos de Dumbledore, que nadie detectó.
—Bonito collar—dijo Hermione, sacando a la ojiverde de sus pensamientos—Buenas noches y recuerda, no sucederá nada malo.
Lily sonrió.
—Gracias—dijo, refiriéndose tanto a lo del collar, como a las últimas palabras de su amiga y dándole una última mirada a la ventana, se acostó y cerró los ojos, deseando con todas su fuerzas que las estrellas estuvieran mal.
—Estarán mal, pequeña—dijo Sirius viendo el vientre de Lily con cariño—Nosotros haremos que estén mal.
Pero las sorpresas de aquella noche no habían terminado para Harry.
—¿Qué quiere decir con eso? —Preguntó Lily enojada— ¿Ahora qué?
Cuando Harry abrió la cama encontró su capa invisible. Tenía sujeta una nota:
Por las dudas.
Lily suspiró aliviada, al igual que la profesora McGonagall, Molly , Alice y Marlene. Mientras que Sirius, Remus y James sonreían.
—Ese es el final del capítulo —comentó Hagrid enérgicamente.
—Es mi turno—dijo amablemente, pero con una voz gruñona, Moody, quien tomó el libro y leyó: — El nombre del capítulo es " A través de la trampilla ."
— ¡Esto tiene que ser una broma! —dijo Lily escandalizada.
— ¿Qué paso con lo de " No nos meteremos más en eso "?—preguntó Molly furiosa.
— ¿En qué demonios estaban pensando? —rugió la profesora McGonagall, completamente alterada.
— ¡Tranquilas! —exclamó Gideon viendo a las tres mujeres—Todavía no ha sucedido nada, quizá no se refiera a esa trampilla…
Pero antes de que pudiera continuar, recibió tres miradas acecinas de parte de las mujeres y un golpe de almohada de parte de Molly.
Los días pasaban y no había dudas de que Fluffy seguía bien y con vida, detrás de la puerta cerrada.
—Eso está muy bien—dijo Hagrid sonriendo con tranquilidad.
—Eso significa que hay que estar en mayor alerta—le contradijo Moody severamente.
Pero en cierto modo, el que la Piedra continuara a salvo sí suponía un gran alivio para muchos.
Escucharon como los muchachos habían comenzado con los exámenes y como Harry y Lily continuaban teniendo constantes dolores de cabeza, muy distintos a los normales. Aquellas punzadas de dolor que la cicatriz producía era muy alarmante.
—El dolor que sienten es porque él está cerca ¿verdad? —preguntó Lily al profesor Dumbledore en voz baja.
—Puedo suponer que así es—contestó el anciano director—Pero me temo que es algo mucho más complicado, y únicamente puedo tener hipótesis al respecto.
Algunos se divirtieron al oír que el último los muchachos estaban saliendo de el último examen que les quedaba, que era Historia de la Magia.
—Nunca me llegué a enterar de cómo ganaba los exámenes de Historia—comentó Frank nostálgico, sonriendo un poco, dando a todos que eso había sido por lo extremadamente aburridas que resultaban las clases.
Casi todos sonrieron por el comentario del joven, especialmente su esposa.
—Esto ha sido mucho más fácil de lo que pensé —dijo Hermione, cuando se reunieron con los demás en el parque—. No necesitaba haber estudiado el Código de Conducta de los Hombres Lobo de 1637 o el levantamiento de Elfrico el Vehemente.
—¡Vaya Hermione! —dijo Sirius riendo—¡Eres peor de lo que yo pensaba! Lo siento pelirroja, pero Hermione acaba de superar tu record, de " Estudiaré absolutamente todo "
Lily puso los ojos en blanco, pero no le hizo caso al comentario del joven, sin embargo, se dijo mentalmente que debería golpearlo en cuanto tuviera la oportunidad.
Sin embargo, la pelirroja embarazada dejó de prestarle atención completamente a Sirius en cuanto notó que sus dos hijos estaban sintiendo un dolor punzante en aquél momento.
La explicación que Hermione dio un segundo después no convenció a muchos.
—Eso son los exámenes. Yo me desperté anoche y estuve a punto de mirar mis apuntes de Transformación, cuando me acordé de que ya habíamos hecho ese examen.
Sirius y James no pudieron evitar poner los ojos en blanco ante eso. ¡Era tan típico de las personas que se jactaban de ser muy, muy inteligentes! Ambos recordaban que Remus había hecho eso más de una vez durante sus años de escuela…
—Y en consecuencia aumentaste considerablemente mis ojeras—comentó Lily en voz baja, sin prestar mucha atención a la conversación.
El inquietante dolor no le dejaba estar tranquila. Sentía que algo iba mal, pero no podía comprender qué era… Su único consuelo era pensar que Hagrid era el único que sabía cómo pasar a Fluffy…
—Sin duda eso es algo a nuestro favor—comentó Frank— Sabemos que nunca traicionarías a Dumbledore, Hagrid, así que por ese lado, la Piedra está a salvo.
Sin embargo, nadie lograba comprender por qué Harry y Lily seguían teniendo el dolor en la cicatriz, ese dolor que indicaba, como bien pensaba la niña, que algo andaba mal…
Harry, súbitamente, se puso de pie de un salto.
—¿Qué ocurre? —preguntó Marlene sobresaltada, al igual que todos los demás, que no entendieron qué había sucedido.
—Acabo de pensar en algo —dijo Harry. Se había puesto pálido—. Tenemos que ir a ver a Hagrid ahora.
Todos estaban cada vez más desconcertados. ¿Qué le ocurría a Harry? ¿Por qué quería ir a la cabaña de Hagrid?
—¿Qué ocurre? —preguntó Lily poniéndose de pie rápidamente.
—¿No les parece un poco raro —dijo Harry, subiendo por la colina cubierta de hierba— que lo que más deseara Hagrid fuera un dragón, y que de pronto aparezca un desconocido que casualmente tiene un huevo en el bolsillo? Qué suerte tuvo al encontrar a Hagrid, ¿verdad? ¿Por qué no se me ocurrió antes?
—Esto no me suena nada bien…—murmuró Remus entendiendo a qué se refería Harry. Pero… ¿Sería posible?
Si Harry estaba pensando lo mismo que él, en definitiva, los muchachos estaban en problemas.
—Espero que Harry esté equivocado—musitó Lily, que también había comprendido. Y deseaba con todas sus fuerzas que no pasara lo que creía que pasaría cuando los muchachos hablaran con el guardabosques.
Hagrid estaba sentado en un sillón, fuera de la casa y desgranaba guisantes en un recipiente.
Escucharon como Harry se apresuraba a hacerle sus preguntas al semigigante, y todos prestaban la mayor atención posible a lo que oían.
Todos se alarmaron considerablemente cuando escucharon que Hagrid no había visto el rostro de la presunta persona que le había dado el huevo.
—¿De qué hablaste con él, Hagrid? ¿Mencionaste Hogwarts? —preguntó rápidamente Lily.
—Espero no haberlo hecho…—dijo Hagrid, comenzando a entender. Si él había dicho o hecho algo que no debía… Prefería no pensar en eso.
— ¿Y él... pareció interesado en Fluffy? —preguntó Harry, tratando de conservar la calma.
Hagrid estaba realmente nervioso. ¿Qué ocurriría si había hablado de más? ¡No, no debía pensar en eso…Sería horrible! No podía creer que aquello estuviera pasando…
—Bueno... sí... es normal. ¿Cuántos perros con tres cabezas has visto? Entonces le dije que Fluffy era buenísimo si uno sabía calmarlo: tocando música se dormía en seguida...
—¡Soy un idiota! —exclamó Hagrid horrorizado consigo mismo, desesperado por lo que había dicho.
—No lo eres Hagrid—le contradijo Remus tratando de ocultar su inquietud—No digas eso…
— ¡Alguien tiene que avisar a Dumbledore! —murmuró Moody alarmado. ¡Ahora sí podían robar la Piedrea!
—¡Esto está muy mal! —dijo Edgar negando con la cabeza.
Finalmente, escucharon como los cuatro muchachos decían que tenían que ir a hablar con Dumbledore, pero algo hizo que ese plan tuviera ligeras dificultades…
—Creo que ese será un problema para ellos—comentó Dumbledore, que estaba atando conjeturas lo más rápido que podía sobre lo que ocurría en el libro. —Al parecer ninguno tiene idea de donde esta mi despacho.
En la sala se respiraba un aire de preocupación y tensión muy grande, que no terminaría hasta que los chicos encontraran a Dumbledore.
Todos se alarmaron más aún, cuando los muchachos se encontraron a la profesora McGonagall, que preguntó estrictamente que estaban haciendo en aquél lugar, a lo que Harry contestó que tenían que hablar con el profesor Dumbledore, pero cuando la profesora McGonagall preguntó por qué….
—¡Tienes que inventar algo creíble, hijo! —dijo James, sin hacer caso de la mirada severa de la profesora McGonagall y de su pelirroja esposa.
—Es algo secreto —dijo, pero de inmediato deseó no haberlo hecho, porque la profesora McGonagall se enfadó.
—¡Oh vamos Harry!—dijo Sirius—¡Eres hijo de Cornamenta! Tienes que haber heredado algo de su capacidad para las excusas…. ¡Era de esperarse que McGonagall se enfadara!
—Haga favor de callarse, Black—dijo McGonagall enfadada, pensando en que era una lástima que el joven Black ya no fuera estudiante y ella ya no pudiera castigarlo.
—El profesor Dumbledore se fue hace diez minutos —dijo con frialdad—. Recibió una lechuza urgente del ministro de Magia y salió volando para Londres de inmediato.
— ¡Es una trampa! —gritó Moody horrorizado.
—¿Qué harán ahora? —preguntó Molly nerviosa, deseando que no significara lo que ella pensaba.
Todos estuvieron sumidos en la desesperación por un momento.
Dumbledore no estaba. No estaba. Aquellas palabras eran desconsoladoras.
—¿Algo que tú tienes que decir es más importante que el ministro de Magia, Potter?
—Resulta que sí, profesora—dijo James haciendo una mueca—Mil veces más importante.
—Pero en ese momento yo no tenía ni idea, Potter—replicó McGonagall, molesta por el hecho de que tres alumnos estuvieran metidos en cosas de adultos.
Lily estuvo a punto de decirle que si era algo mucho más importante que el Ministro de Magia, pero Harry no la dejó hablar.
—Mire —dijo el chico dejando de lado toda precaución—, profesora, se trata de la Piedra Filosofal...
—Mmm… creo que le falto un poco de tacto—comentó Remus, pensando en cómo se tomaría la información la futura profesora McGonagall.
—¿Un poco de tacto? —preguntó Gideon, que casi se echaba a reír—¡Tendrán suerte de que la profesora no se desmaye!
—Oh vamos hermano—dijo Fabián—¡McGonagall es mucho más dura que eso!
La profesora en cuestión se ruborizó ligeramente, y le dedicó una sonrisa al joven pelirrojo.
Pero, para desgracia de todos, la profesora no se desmayó, pero tampoco creyó que alguien estuviera intentando robar la Piedra.
—¡Oh no! ¡Créales profesora! ¡Ellos dicen la verdad! —dijo Alice preocupada.
—Lo sé, señora Longbottom, pero me temo que en el futuro me encuentro demasiado confiada…—contestó McGonagall con pesar.
Después de que la profesora les dijo a los cuatro muchachos que sería mejor que salieran a tomar el sol, (lo cual obviamente no hicieron), Harry comenzó a hablar con Lily, Ron y Hermione de lo que tendrían que hacer en las próximas horas.
—Bueno, esto es lo que tenemos que hacer —susurró con prisa—. Uno de nosotros tiene que vigilar a Snape, esperar fuera de la sala de profesores y seguirlo si sale. Lily, mejor que eso lo hagas tú.
**—**Esto no me gusta — dijo Lily, perdiendo su sonrisa.
—Ni a mí—dijeron Molly, McGonagall, Alice y Marlene al mismo tiempo.
—Es lógico que quieran que sea ella—comentó Remus, sintiendo que la idea no le hacía nada de gracia.
—¿Por qué lo dices? —preguntó Sirius, que volvía a verse enfadado.
—Porque Lily es la única que se lleva bien con Snape—contestó Frank, antes de que Remus dijera algo—Si Snape la descubre, no sospechará nada.
—No—dijo Lily en tono cortante—No lo haré. No voy a cambiar de opinión en absoluto sobre el tema de la Piedra y no pienso prestarme a esto, ya que yo confío en el profesor Snape y seguirlo sería demostrar lo contrario. Haré todo lo que esté en mis manos para proteger la Piedra, pero desde ahora les digo que no haré nada en contra del profesor.
—Esto está acabando con mi paciencia—dijo James echando chispas por los ojos— ¿Cuándo va a entender que Snape es un mortífago?
Él y Sirius ya estaban al límite de la situación. No querían escuchar ni una sola vez más que Lily estaba de parte de Snape. No podían soportarlo. Era simplemente algo que los sacaba de quicio. ¿Por qué la niña era tan malditamente obstinada?
Escucharon como, al final, decidieron que quien iría a vigilar a Snape sería Hermione, mientras que Harry, Lily y Ron estarían vigilando la entrada a la habitación donde estaba Fluffy.
Pero aquella parte del plan no funcionó.
—Genial—gruñeron Gideon y Fabián al unísono, los dos cargados se sarcasmo.
Muchos oyeron, completamente desmoralizados, como la profesora reprendía a los muchachos y les decía que si volvían por ese lugar, les quitaría otros cincuenta puntos.
—Esto sí que es muy mala suerte—comentó Marlene amargamente.
—Creo que necesita unas vacaciones Minnie—murmuró Sirius—Está pasando por mucha presión.
La profesora estuvo tentada a lanzarle una almohada, pero se recordó a sí misma que ella era una mujer adulta y que lo mejor que podía hacer era ignorar al joven mago.
Lily, Harry y Ron regresaron a la sala común. Justo cuando Harry acababa de decir: «Al menos Hermione está detrás de Snape», el retrato de la Dama Gorda se abrió y apareció la muchacha.
—Creo que vamos por muy mal camino—suspiró Edgar, pensando en que entre más pronto regresara Dumbledore, mejor.
Continuaron oyendo como Hermione contaba que no había podido seguir a Snape, porque este la había descubierto y cuando le había preguntado qué hacía en la sala de profesores, ella había tenido que mentirle diciéndole que buscaba al profesor Flitwick.
—Bueno, no queda otro remedio, ¿verdad?—preguntó Harry.
— ¡NO! —gritó Lily horrorizada. Estaba entendiendo el nombre del capítulo, pero no podía concebir que Harry fuera a hacer semejante estupidez.
—Iré esta noche y trataré de llegar antes y conseguir la Piedra.
—Es muy valiente—dijo Hagrid con admiración y preocupación en partes iguales.
—¡Es muy tonto! —lo contradijo Lily desesperada—¡El no puede enfrentarse solo a quien quiera intente robar la piedra! ¡Es solo un niño! ¡No sabe lo suficiente de magia para ir! ¿Qué pretende? ¿Entrar y no encontrarse con nada? ¡Ya oyeron a McGonagall! ¡Y a Hagrid también! ¡Hay demasiadas maldiciones, y cosas de ese tipo allí!
James la abrazó fuerte, tratando de tranquilizarla, aunque con pocas esperanzas de lograrlo.
—Iremos, querrás decir—dijo Lily señalándose tranquilamente a sí misma—Tienes que aprender a hablar en plural cuando quieras hacer algo peligroso, Harry.
El chico la observó durante unos minutos, el no deseaba que su hermana se arriesgara, pero él conocía ese tono de voz, él sabía que no podía hacer nada para detener a Lily cuando lo usaba, así que, con pesar, asintió con la cabeza.
—¡Están locos! —exclamó la profesora McGonagall aterrorizada—¡No pueden pretender conseguir la piedra!
—¡Tienen que esperar a que Dumbledore vuelva! —dijo Molly nerviosa.
Lily estaba realmente histérica en ese momento. Pero nadie podía reprochárselo. No era nada fácil escuchar cómo sus dos hijos planeaban entrar en un lugar que seguramente estaría lleno de protección y en donde podrían lastimarse severamente.
—¡Están locos! —dijo Ron.
—¡Realmente dementes! —le apoyó Lily, negando frenéticamente con la cabeza.
—¡No pueden! —dijo Hermione—. ¿Después de todo lo que han dicho Snape y McGonagall? ¡Los van a expulsar!
—Dudo mucho que eso les importe—susurró Alice con tristeza. Ser expulsados parecía un precio no muy valioso por pagar, si eso evitaba que Voldemort volviera.
Lily perdió la paciencia ¿a caso Hermione pensaba que ser expulsada le importaba más que evitar el regreso de Voldemort? ¿O a caso Ron pretendía que dejaran que Voldemort volviera y que ella y Harry se sentaran tranquilamente con los Dursley a esperar para que los mataran?
"Claro—pensó, y notó que sus pensamientos estaban cargados de sarcasmo—Nos sentaremos a esperar y cuando Voldemort nos encuentre le invitaremos a una taza de café y unas galletas para que pueda matarnos con el estomago lleno."
—Veo que cuando está enojada piensa muy parecido a ti, pelirroja—comentó Sirius sin mucho ánimo, tratando de apoyar a Lily, que parecía estar a punto de ponerse a gritar.
—¿Y qué? —gritó Harry—. ¿No comprenden? ¡Si Snape consigue la Piedra, es la vuelta de Voldemort! ¿No oyeron cómo eran las cosas cuando él trataba de apoderarse de todo? Si nos atrapan antes de que Lily y yo consigamos la Piedra, bueno, tendremos que volver con los Dursley y esperar a que Voldemort nos encuentre allí. Vamos a entrar por esa trampilla, esta noche, y nada de lo que digan nos detendrá. Voldemort mató a nuestros padres, ¿recuerdan?
—Pero no le daré el gusto de hacerlo—dijo James con firmeza, mientras abrasaba a su esposa, que había dejado caer las lágrimas ante las palabras y pensamientos de sus hijos.
—Esa es la actitud, Cornamenta—aseguró Sirius dándole una palmada en el hombro a su amigo—Me temo que Voldemort se quedará con las ganas de tomar las galletas y el café que mencionó la pequeña.
Hubo un estremecimiento en algunas personas, mientras que otras sonrieron ligeramente por las palabras de Sirius.
—Tienes razón, Harry —dijo Hermione, casi sin voz.
James sintió como su hijo estaba actuando de una forma madura… y estúpida. Pero no pudo evitar pensar que… en el fondo, el seguramente hubiera hecho lo mismo de hallarse en una situación como esa.
—Vamos a llevar la capa invisible —dijo Harry—. Es una suerte haberla recuperado.
—Pero ¿nos cubrirá a los cuatro? —preguntó Ron.
Molly sintió un escalofrío recorrerla, pero no pudo dejar de pensar que estaba muy orgullosa de que su hijo quisiera ayudar a sus amigos. Algo similar ocurría con Arthur.
—¿A... nosotros cuatro? —preguntó Lily, algo asombrada.
—Por supuesto—dijo James agradecido con Ron y Hermione—Son sus amigos, y eso es lo que hacen los amigos, estar en las buenas y en las malas, aunque "las malas" en realidad estén realmente horribles.
—No pudo decirlo mejor, señor Potter—dijo el profesor Dumbledore, que escuchaba la lectura sin comentar mucho, para analizar cada detalle con precisión. —La amistad es uno de los tipos de amor más puro que existe y una de las fuerzas más poderosa, me atrevo a decir.
—Oh, vamos, ¿no pensarán que los vamos a dejar ir solos? —preguntó Ron.
—Por supuesto que no —dijo Hermione con voz enérgica—. ¿Cómo creen que van a conseguir la Piedra sin nosotros? Será mejor que vaya a buscar en mis libros, tiene que haber algo que nos sirva...
Sirius y James estuvieron a punto de sonreír incrédulamente ante lo último dicho por Hermione, pero fue Remus el que habló antes que ellos.
—No es que no sea buena idea, Hermione—dijo el joven licántropo—pero, además de que no es probable que encuentres algo en los libros, no tienen tiempo para buscar.
—Pero si nos atrapan, también los expulsarán a ustedes. —dijo Harry.
—No te ofendas, Harry, pero creo que ya lo habían pensado—dijo Edgar, que, a pesar de que la situación era tensa, casi sonrió.
—No, si yo puedo evitarlo —dijo Hermione con severidad—. Flitwick me dijo en secreto que en su examen tengo ciento doce sobre cien. No me van a expulsar después de eso.
—¿Qué? —dijo James incrédulo, volteando a ver a Sirius y a Remus, que tenían la misma expresión de incredulidad.
—Tienes razón, Hermione—dijo Lily asombrada—Dudo mucho que te expulsen después de eso.
Lily sonrió ligeramente, pensando que por lo menos su amiga había conseguido una buena nota a pesar del desvelo que les equivalió a ambas.
Escucharon con atención lo que ocurría en los minutos siguientes.
Algunos sintieron compasión por los muchachos. Solo tenían once años y estaban preparándose para hacer algo realmente complicado. Después, cuando leyeron que la sala común estaba vacía, todos se alistaron para escuchar cómo los cuatro niños intentaban hacer algo completamente loco.
Pero tuvieron un pequeño inconveniente con el que no contaban: se encontraron con Neville, que les preguntó a los cuatro directamente qué era lo que se disponían a hacer.
Alice acarició inconscientemente su abultado estomago ante la mención de su hijo.
—Nada, Neville, nada —dijo Harry, escondiendo la capa.
Neville observó sus caras de culpabilidad.
—Creo que será mejor que le digan la verdad—comentó la profesora McGonagall—El entenderá que la situación los supera…
O al menos eso era lo que algunos esperaban, ya que los muchachos se meterían en serios problemas si Neville no comprendía la gravedad de la situación y los delataba.
Pero, desafortunadamente, los muchachos no le dijeron qué se proponían, y Neville llegó a la conclusión de que iban a salir.
—No pueden irse —insistió Neville—. Los volverán a atrapar. Gryffindor tendrá más problemas.
La profesora McGonagall sintió cariño por el chico, al notar que se preocupaba por Gryffindor.
—Tú no lo entiendes —dijo Harry—. Esto es importante.
—No puedes impedir que salgamos, Neville—dijo Lily tratando de convencer al chico—No van a atraparnos, no te preocupes…
—Eso no lo calmará—suspiró Frank, recordando que Alice era exactamente igual cuando se proponía algo. Y eso, en aquella ocasión, no era bueno.
Pero era evidente que Neville haría algo desesperado.
Alice se mostró preocupada ante eso ¿Qué intentaría su hijo para evitar que los chicos salieran? No podía hacer algo realmente tonto…
—No dejaré que lo hagan —dijo, corriendo a ponerse frente al agujero del retrato—. ¡Voy... voy a pelear con ustedes!
—¡No hagas eso, hijo! —dijo Alice, comenzando a desesperarse. ¿Por qué su pequeño Neville tenía que aparecer en los momentos más inoportunos?
—¡Neville! —estalló Ron—. ¡Apártate de ese agujero y no seas idiota!
—¡Ron! ¡No lo llames idiota! —dijo Molly molesta y dirigiéndole una mirada apenada a el matrimonio Longbottom.
—¡No me llames idiota! —dijo Neville—. ¡No me parece bien que sigan faltando a las reglas! ¡Y tú fuiste el que me dijo que hiciera frente a la gente!
Frank sintió orgullo por su hijo, pero deseó que no peleara con los chicos, ya que sabía que el tiempo era muy valioso en ese momento.
Alice no pudo evitar pensar en lo irónica que la situación resultaba.
Hermione dio un paso adelante.
—Neville —dijo—, de verdad, siento mucho, mucho, esto.
—Espera un momento... ¿Qué es lo que piensa hacerle? —preguntó Frank preocupado, sabiendo que si alguien era capaz de conjurar un hechizo lo suficientemente potente para incapacitar a una persona, esa, en definitiva, era Hermione.
—¡Petrificus totalus! —gritó, señalando a Neville.
Alice soltó un gemido, mientras Frank suspiraba aliviado, por lo menos Hermione no le había hecho daño a Neville.
Despues de que Hermione explicara qué era lo que le había hecho a Neville, continuaron leyendo como salían cubiertos con la capa y mientras caminaban, se encontraban con la señora Norris.
Algunos se encontraron muy divertidos ante la idea que había tenido Ron de patear a la gata, pero hicieron una ligera mueca cuando Hermione desbarató la idea.
—Es una lástima que no se animaran a patearla…—comentó Gideon.
—¡Están en una situación seria, Gideon!—respondió Molly enojada—¡No es momento para patear a una gata!
Luego, todos se exasperaron un poco más cuando, como si la desgracia estuviera asechando a los muchachos, apareció Pevees.
—Aggh! ¿Cuánta mala suerte puede tener una persona? — Preguntó Edgar contrariado—¡De todas las personas que podían encontrar, tenía que ser Peeves!
¿Cómo se desharían de él los chicos?
—Llamaré a Filch, debo hacerlo, si algo anda por ahí y es invisible.
—¡Oh no! —gimió Marlene.
—No lo hará—dijo James, confiando—Peeves nos ayudó muchas veces cuando nosotros salíamos de noche, además detesta a Filch tanto como nosotros.
—Espero que tengas razón—suspiró Lily nerviosa.
Harry tuvo súbitamente una idea.
—Peeves —dijo en un ronco susurró—, el Barón Sanguinario tiene sus propias razones para ser invisible.
—¡Ese es mi ahijado! —exclamó Sirius con orgullo. ¡Había sido una idea genial!
—Eso fue algo muy inteligente de su parte—aprobó Moody.
—Bien hecho, hijo—murmuró James, viendo al vientre de su esposa.
Todos rieron emocionados cuando escucharon la reacción de Pevees, (realmente parecía asustado), y cuando por fin se marchó, y prometió a Harry que no estaría merodeando por allí aquella noche, la mayoría de los presentes jóvenes de retorcieron de la risa en sus asientos.
—¡Eres brillante, Harry! —dijo Remus sonriendo—Definitivamente eres bastante parecido a tu madre…
—Se supone que somos amigos ¿Recuerdas, Lunático? —preguntó James, haciendo reír ligeramente a su pelirroja esposa, fingiendo estar ofendido porque Remus no lo considerara tan inteligente como Lily.
—Lo siento, Cornamenta—respondió el joven licántropo—Pero no puedes negar que eso fue una acción más al estilo de Lily.
—¡Genial, Harry! —susurró Ron.
—¡Más que genial¡—dijo Fabián con respeto.
—¡Increíble! —añadió Gideon.
Unos pocos segundos más tarde estaban allí, en el pasillo del tercer piso. La puerta ya estaba entreabierta.
—De seguro ya habrán intentado entrar—murmuró McGonagall con nerviosismo.
—Espero que esté equivocada, profesora—dijo Arthur, que, a su pesar, dudaba que la profesora se equivocara.
Por debajo de la capa, Harry se volvió hacia los otros tres.
—Si quieren regresar, no se lo reprocharé —dijo—. Pueden llevaros la capa, no la voy a necesitar.
—No van a dejarlo—dijo Lily, muy segura. La amistad de Harry, Ron, Lily y Hermione era una de esas que jamás se terminaba, eso todos lo sabían.
James, Remus y Sirius sonrieron un poco. Ellos estaban seguros que, si alguno de ellos se encontrara en esa situación, jamás lo dejarían solo.
—No seas estúpido —dijo Ron.
Sirius sonrió. Eso era exactamente lo que él hubiera dicho.
—Vamos contigo —dijo Hermione.
Remus no pudo evitar pensar que él diría algo como eso, de hallarse en una situación así.
—Tienes que estar muy mal si crees que iras solo, Harry—dijo Lily, poniendo los ojos en blanco.
Aquella hubiera sido la reacción de James, y este, por supuesto, se dio cuenta y sonrió. Todo estaría bien. Tenía el presentimiento de que sus hijos estarían bien.
Escucharon atentamente como los chicos entraban y se encontraban con Fluffy. También notaron que había un arpa cerca de los pies, y Harry, Ron y Hermione intuyeron que la había dejado Snape.
Luego, haciendo uso de la flauta que Hagrid le había regalado para navidad, Harry comenzó a tocar.
Todas las personas de la Sala escuchaban atentamente, sin interrumpir la lectura, impacientes porque eso terminara.
—Creo que podemos abrir la trampilla —dijo Ron, espiando por encima del lomo del perro—. ¿Quieres ir delante, Hermione?
—Que amable eres, Ron… ¡Eso fue un gesto enorme de caballerosidad! —gruñó Molly, poniendo los ojos en blanco.
—¡No, no quiero!
—Obviamente no iba a querer—masculló Sirius burlonamente, tratando de alivianar la tensión.
Finalmente, escucharon como llegaban a la conclusión de que la única manera de entrar en la trampilla, era dejarse caer.
—Increíble—dijo Lily con sarcasmo—El sueño de toda mi vida, dejarme caer en un agujero sin tener ni la menor idea de dónde voy a terminar.
Unos pocos sonrieron ante eso, pero las sonrisas se desvanecieron en cuanto Harry les hizo saber que él quería bajar primero.
Después de oír cómo le daba la flauta a Hermione para que tocara, todos escucharon ansiosos, deseando saber qué pasaría.
Harry se acercó y miró hacia abajo. No se veía el fondo, en ese momento sintió la presencia de su hermana, que estaba junto a él.
—Podemos ir los dos a la vez—murmuró la chica, que también miraba hacia abajo.
—¿Estás segura? —preguntó Harry nerviosamente.
—Por supuesto—contestó Lily, sonriendo torcidamente—Siempre juntos, Harry. Tú saltas, yo salto.
—Es muy tierna la relación de hermanos que tienen—comentó Alice en voz baja.
Lily asintió, sintiéndose ligeramente contenta de que sus hijos se tuvieran uno al otro.
Y ambos se dejaron caer. Frío, aire húmedo mientras caían, caían, caían y...
Lily tomaba con una fuerza descomunal la mano de su esposo, sintiendo como la ansiedad y la preocupación de apoderaban de ella.
¡PAF! Aterrizaron en algo mullido, con un ruido suave y extraño.
Todo parecía ir bien , dentro de lo que cabía, cuando leyeron que Ron y Hermione bajaban, y caían sobre aquella cosa mullida, que seguramente era una planta.
—Me alegro de que esta planta esté aquí —dijo Ron.
—Yo también—dijeron Alice, Sirius, James, Molly, Arthur y los gemelos Prewett, pensando que, si no hubiera estado allí, seguramente se hubieran lastimado al caer.
—¿Te alegras? —gritó Hermione—. ¡Mírense!
—¿Qué ocurre? —preguntó Molly angustiada.
Hermione tomó a una desconcertada Lily de la mano y las dos saltaron y chocaron contra una pared húmeda. Tuvieron que luchar porque, en el momento en que cayeron, la planta comenzó a extenderse como una serpiente para sujetarle los tobillos.
—¡Por Merlín! —Dijo Remus horrorizado.
—¿Qué es lo que está ocurriendo? —preguntó rápidamente Arthur.
—¡Lazo del Diablo! —Gritó Lily, realmente alterada—¡La planta es Lazo del Diablo!
Harry y Ron, mientras tanto, ya tenían las piernas totalmente cubiertas, sin que se hubieran dado cuenta.
Exclamaciones de preocupación pudieron escucharse en toda la Sala ante lo último leído.
—¡Paren de moverse! —exclamó James asustado, aunque ligeramente aliviado por el hecho de que Hermione y Lily no estuvieran atrapadas entre la planta.
—¡Dejen de moverse! —Ordenó Hermione—. Sé lo que es esto. ¡Es Lazo del Diablo!
—No te lo tomes a mal, Hermione, pero el que les digas el nombre de la planta no mejora mucho la situación—exclamó Sirius preocupado. ¿Por qué cuando ocurría algo peligroso las cosas parecían ir más en cámara lenta?
—Oh, me alegro mucho de saber cómo se llama, es de gran ayuda —gruñó Ron.
Molly parecía estar a punto de explotar, así que Arthur intentó calmarla, diciéndole que todo estaría bien y que se tranquilizara, pero eso fue un error.
—¡NO ME DIGAS QUE ME TRANQUILIZE! —gritó, indignada. ¿Qué no comprendía que su hijo y otros tres niños a los que les tenía aprecio estaban allí?
—¡Tenemos que hacer algo! —gimió Lily desesperada. Su hermano estaba siendo casi totalmente cubierto por esa planta y ella no tenía ni idea de cómo ayudarle.
—¡El sol, Hermione! ¡El sol, Lily! —Murmuró Lily rápidamente— ¡Pueden acabar la planta con el sol! ¡Recuérdenlo, por favor!
—¡ Le gusta la oscuridad y la humedad! —dijo Lily de pronto, recordando la noche anterior al examen de Herbología, en el cual Hermione había repetido diez veces las cualidades de cada planta.
Lily suspiró, pero aún no estaba tranquila. ¡Tenían que apurarse!
—¡Entonces enciendan fuego! —dijo Harry.
—¡Y entre más rápido, mejor! —apremió James, con los nervios a flor de piel.
—Sí... por supuesto... ¡pero no tengo madera! —gimió Hermione, retorciéndose las manos.
—¡En nombre del quidditch! ¡Tienes que estar bromeando Hermione! —gritó Sirius dividido entre la exasperación y la incredulidad.
—¿Madera? ¡¿Madera?! —exclamó James desesperado—No sé si lo recuerdas Hermione, pero ¡ERES UNA BRUJA!
—¿TE HAS VUELTO LOCA? —preguntó Ron—. ¿ERES UNA BRUJA O NO?
—¡Ella también está asustada! —la defendió Alice, pensando que en momentos de crisis ella tampoco pensaba claramente.
Finalmente, y gracias a Merlín, los presentes escucharon como Hermione prendía fuego y los dos muchachos quedaban liberados.
—Sí —dijo Ron—,yo me alegro de que Harry no pierda la cabeza en las crisis. Porque eso de «no tengo madera»... francamente...
—Un " Gracias " no estaría de más, Ronald—le reprendió Molly molesta por su falta de amabilidad.
—No hay por qué Ron, para Hermione fue un placer salvarte la vida—comentó Lily mientras ayudaba a su hermano a ponerse en pie.
Continuaron oyendo como los cuatro chicos se dirigían por un pasadizo y se escuchaban un leve tintineo.
Después comprendieron que aquél ruido era producido por las alas de unos 'pajaritos brillantes' que volaban en todas direcciones, en el interior de una habitación que finalizaba con una puerta de madera, aparentemente muy pesada.
—¿Qué creen que sea eso? —preguntó Frank, algo desconcertado por la descripción de los pájaros.
—No tengo ni idea, pero espero que sea algo fácil de superar. —contestó Marlene.
Y, como habían imaginado, no fue precisamente nada fácil conseguir pasar la puerta, ya que por más que hicieron de todo, e incluso trataron de abrirla con un hechizo, la puerta no se movió.
—¿Y ahora qué hacemos? —preguntó Ron.
—Los pájaros…—susurró Lily pensando que tal vez la clave de cómo pasar la puerta se encontrara en ellos.
—Esos pájaros... no pueden estar sólo por decoración —dijo Hermione.
Lily casi sonrió. Estaba segura de que aquellos pájaros les ayudarían a pasar la puerta.
—Tienes razón… ¿Pero cómo podrían ayudarnos? —preguntó Lily pensativa.
Remus intentó imaginar que era lo que había de particular en aquellos animales, y, reflexionando, recordó lo que habían escuchado unos momentos antes… el leve tintineo era producido por las alas de unos 'pajaritos brillantes'…
Los pájaros no brillaban, así que..
Observaron los pájaros, que volaban sobre sus cabezas, brillando... ¿Brillando?
—¡No son pájaros! —exclamó James, cayendo en cuenta de lo que Remus acababa de descubrir.
Pero, si no eran pájaros… ¿Qué eran?
—¡No son pájaros! —dijo de pronto Harry—. ¡Son llaves! Llaves aladas, miren bien. Entonces eso debe significar... —Miró alrededor de la habitación—. Sí... miren ahí. ¡Escobas! ¡Tenemos que conseguir la llave de la puerta!
Dicho así sonaba realmente fácil, pero, después de unos segundos, se dieron cuenta de la dificultad que estaba presente en aquella parte de la protección de la Piedra.
—¡Pero hay cientos de llaves!
—Una prueba muy inteligente—aprobó Moody, aunque con algo de pesar en la voz.
Continuaron leyendo. Todos se mostraron algo desanimados, incluso cuando Ron descubrió que tenían que encontrara una llave con aspecto viejo.
—Vamos hijos, ¡Ustedes pueden hacerlo! —murmuró James muy seguro de sus hijos, en el momento en el que escuchó que los cuatro se habían montado en las escobas e intentaban encontrar y atrapar la llave adecuada.
Pero no por nada Harry era el más joven buscador del siglo.
—¡Así se habla! —Exclamó Sirius— ¡Mi ahijado es el mejor!
Y claro, en cuestión de buscadores, todos comprendieron que no había ninguno mejor que Harry, que en cuestión de unos minutos divisó la llave indicada y se lanzó hacia ella.
Ron se lanzó en picado, Hermione subió en vertical, la llave los esquivó a ambos, Lily casi consiguió atraparla, pero se le escapó rápidamente y Harry se lanzó tras ella.
—Alguno tiene que lograrlo…—susurró Frank esperanzado. Estaba seguro de que alguno de los cuatro muchachos podía atrapar la llave.
Iban a toda velocidad hacia la pared, Harry se inclinó hacia delante y, con un ruido desagradable, la aplastó contra la piedra con una sola mano.
Todos en la sala gritaron de alegría, agradecidos de que Harry fuera bueno en el quidditch.
Las vivas de Lily, Ron y Hermione retumbaron por la habitación, pero después, de dispusieron a atravesar la puerta de madera.
El ambiente se tensó notablemente al pensar que la persona que deseaba robar la Piedra, ya se encontraba cerca de su objetivo.
La preocupación inundaba a todos. ¿Cómo se las arreglarían cuatro muchachos de primer año para impedir que alguien que ya había salido de la escuela hace mucho tiempo pudiera robar la Piedra?
—¿Listos? —preguntó Harry a los otros tres, con la mano en la manija de la puerta. Asintieron. Abrió la puerta.
Lily no pudo ver nada por un momento, pero cuando sus ojos vieron la luz que inundaba el lugar, quedó frente algoincreíble. Estaban frente a un tablero de ajedrez enorme.
—¿Qué creen que tengan que hacer? —preguntó Fabian, aunque, en el sabía o tenía una idea, de a lo que los muchachos tendrían que enfrentarse.
—No estoy segura, pero espero que no sea lo que estoy pensando—susurró Lily, asustada.
—¿Ahora qué hacemos? —susurró Harry
—Está claro, ¿no? —dijo Ron—. Tenemos que jugar para cruzar la habitación.
Se escuchó un gemido de nerviosismo en toda la habitación, que procedía principalmente de las mujeres de la sala. ¿Jugar? ¿Tendrían que jugar?
—Creo —dijo Ron— que vamos a tener que ser piezas.
—¿Piezas? —repitió Molly, que parecía a punto de echarse a llorar.
Al final, quedó claro. Tendrían que jugar como piezas. Pero, en la sala, algunos tenían la casi inexistente esperanza de que aquello no fuera como el ajedrez mágico profesional.
Lily, Harry y Hermione esperaron en silencio, mientras Ron pensaba. Por fin dijo:
—Bueno, no se ofendan, pero ninguno de ustedes es muy bueno en ajedrez...
—No se ofenderán, Ron, apresúrate a seguir con la explicación. —murmuró Frank, deseando que todo comenzara y terminara de una buena vez.
—Bueno, Harry, tú ocupa el lugar de ese alfil y tú, Hermione, ponte en lugar de esa torre, al lado de Harry, Lily, tu puedes ser la otra torre, la que está del otro lado. Yo seré un caballo.
—Buenas elecciones —aprobó Remus, que sabía algo de aquél juego.
Pero quien realmente estaba, por primera vez, completamente concentrado, era Sirius, que era realmente muy bueno en lo que era el ajedrez.
—Esto no será como el ajedrez mágico tradicional ¿o sí? —preguntó Lily preocupada, haciendo eco a los pensamientos de todos.
Pero nadie supo contestar a la pregunta de la pelirroja, aunque todos esperaban que la respuesta fuera " no ".
Leyeron como comenzaba el juego, y como Ron dirigía a las piezas negras.
El primer caballo fue capturado. La reina blanca lo golpeó contra el tablero y lo arrastró hacia fuera, donde se quedó inmóvil, bocabajo.
—¡Oh no! ¡Si será como el ajedrez tradicional! —gritó Lily con un dejo de terror en su voz.
—¡Esto no puede ser! ¡No puede ser! —sollozó Molly, que casi no tenía voz.
¡Era como el ajedrez mágico normal! Eso era extremadamente peligroso… Demasiado.
Siguieron escuchando el juego, sintiéndose más tranquilos cuando ganaban alguna pieza y mucho más nerviosos cuando perdían una.
—Ya casi estamos —murmuró Ron de pronto—. Déjenme pensar... déjenme pensar.
El nerviosismo era completo en aquél momento. Todos ansiaban saber cómo terminaría aquello, y necesitaban escuchar que ya todo estaba bien.
La reina blanca volvió su cara sin rostro hacia él.
—Sí... —murmuró Ron—. Es la única forma... tengo que dejar que me cojan.
—¡NOOO! —gritaron en la Sala, principalmente el matrimonio Weasley.
Todos completamente pasmados. Ron no podía hacer eso. ¡No podía! ¡No podía hacerlo!
—¡NO! —gritaron Lily, Harry y Hermione.
—¡Esto es ajedrez! —dijo enfadado Ron—. ¡Hay que hacer algunos sacrificios! Yo daré un paso adelante y ella me cogerá... Eso te dejará libre para hacer jaque mate al rey, Harry.
—¡Tiene que haber otra forma! —gritó Molly en tono de suplica. — ¡Por favor!
Pero por más que escucharon como Harry, Hermione y Lily trataban de convencerlo, todos llegaron a la misma conclusión.
No había nada que hacer.
—Eres muy valiente, Ron—dijo Lily con lágrimas en los ojos—Vas a estar bien. Yo se que vas a estar bien.
—¿Listo? —preguntó Ron, con el rostro pálido pero decidido—. Allá voy, y no se queden una vez que hayan ganado.
Nadie quería escuchar lo que pasaría a continuación, pero eso no consiguió evitar nada. En ese momento, todos sintieron un profundo respeto por Ron y pensaron que era realmente valiente.
Se movió hacia delante y la reina blanca saltó. Golpeó a Ron con fuerza en la cabeza con su brazo de piedra y el chico se derrumbó en el suelo.
Molly sollozaba en los brazos de su esposo, deseando que Ron estuviera bien y que no le hubiera ocurrido nada grave.
Escucharon como Harry le hacía jaque al rey de los blancos, pero nadie pudo sentirse plenamente feliz por eso, ya que todos estaban preocupados por Ron.
Con una última mirada de desesperación hacia Ron, Harry Lily y Hermione corrieron hacia la salida y subieron por el siguiente pasadizo.
—El se pondrá bien, cariño—dijo Arthur a Molly con voz aspera.
—Él estará bien —dijo Harry, tratando de convencerse a sí mismo—. ¿Qué creen que nos queda?
—Espero que lo que siga no sea tan peligroso—susurró McGonagall, no muy convencida.
Habían llegado a otra puerta.
Escucharon que los muchachos habían entrado y se habían encontrado con un olor asquerosamente horrible. Después comprendieron que el hedor provenía de un trol, aparentemente más grande que el que ellos habían vencido, que tenía un bulto sangrante en la cabeza.
Todos pusieron una mueca de horror ante lo que describía el libro.
Luego escucharon como se dirigían a la próxima puerta. Todos pensaban que era una suerte que no se hubieran tenido que enfrentar con el trol.
—¿Qué creen que sea? —preguntó Sirius.
—Pues, si no estoy mal, esta es la prueba de Snape, así que no creo que sea nada fácil—respondió Marlene, desanimada.
Pasaron el umbral y de inmediato un fuego se encendió detrás de ellos. Era un fuego púrpura. Al mismo tiempo, llamas negras se encendieron delante. Estaban atrapados.
Eso no se escuchaba bien.
—¿Están atrapados? —repitió Lily con temor—¿Qué está sucediendo?
¿En qué consistía aquella prueba? Nadie comprendía qué era lo que se suponía que iba a pasar.
—¡Mira! —Hermione cogió un rollo de papel, que estaba cerca de las botellas. Harry y Lily miraron por encima de su hombro para leerlo:
Todos escucharon lo que decía con atención.
—Un acertijo—susurró Remus, pensando en lo cual podría ser la respuesta.
Lily sonrió y notó que Hermione también. Sonrió aún más cuando vio como Harry las miraba estupefacto alternativamente.
Muchos comprendieron que seguramente Hermione, o Lily se habrían dado cuenta de que aquello era un acertijo y también estaban convencidos de que alguna de ellas podría resolverlo.
—Muy bueno —dijo Hermione—. Esto no es magia... es un acertijo. Muchos de los más grandes magos no han tenido una gota de lógica y se quedarían aquí para siempre.
—Una prueba muy inteligente—aprobó Remus, ganándose las miradas de desaprobación de Sirius y de James, que sabían que ese acertijo había sido propuesto por Snape.
—Pero nosotros también, ¿no? —preguntó Harry.
—Claro que no, Harry—dijo Frank, casi sonriendo— ¡Hermione lo descifrará! ¡Estoy seguro!
—Creo que de eso sí podemos estar seguros—suspiró Lily. Pensando que no veía la hora de que todo eso terminara.
Todos sonrieron contentos cuando Hermione le contestó a Harry un rotundo " no "
Hermione leyó el papel varias veces. Luego paseó de un lado al otro de la fila de botellas, murmurando y señalándoles. Lily la observaba sonriente.
—¿Por qué sonríes? —preguntó Harry en voz baja.
—Hermione es experta en estas cosas, hermanito, puedes estar seguro de que saldremos de aquí—susurró la chica.
Por lo menos todos sabían que los muchachos saldrían victoriosos de aquella prueba.
Al fin, Hermione se golpeó las manos.
—Lo tengo —dijo—. La más pequeña nos llevará por el fuego negro, hacia la Piedra.
—Brillante, Hermione—elogió James en voz baja.
Harry miró a la diminuta botella.
—Aquí hay sólo para dos de nosotros —dijo—. No hay más que dos tragos.
Aquello provocó tensión, sin duda alguna. Nadie pudo contener un suspiro.
Escucharon como Hermione indicaba cuales eran las botellitas de poción y para qué servía cada una.
—Tú bebe de ésa —dijo Harry—. No: vuelve, busca a Ron y coge las escobas del cuarto de las llaves voladoras. Con ellas podrán salir por la trampilla sin que los vea Fluffy. Vayan directamente a la lechucería y envíen a Hedwig a Dumbledore, lo necesitamos. Puede ser que Lily y yo detengamos un poco a Snape, pero la verdad es que no podemos igualarlo.
Lily decidió que contradecir a su hermano sobre Snape en ese momento no era sensato, así que se limitó a asentir a las palabras pronunciadas por el pelinegro.
—Era de suponerse que tuvieran que ir solos—dijo Lily con pesar.
—Van a lograrlo, amor, ya lo verás, ¡Yo se que ellos pueden!—repuso James, abrazando a su esposa y acariciándole el rostro.
Todos estaban tratando de convencerse de lo que James decía. Los muchachos podrían hacerlo, estaban cien por ciento seguros.
Los labios de Hermione temblaron, y de pronto se lanzó sobre Harry y lo abrazó. Lily sonrió tiernamente ante la escena.
—Ella de verdad lo quiere mucho—comentó Edgar conmovido. Aquella sí que era amistad de verdad.
—¡Hermione!
—Harry… Eres un gran mago, ya lo sabes.
Lily sonrió. Esas escenas eran exactamente las que ella atesoraría en su memoria siempre. No importaba qué tan mal estuvieran las cosas, si sabía que sus hijos tendrían a alguien con quién contar en esos momentos.
—No soy tan bueno como tú —contestó muy incómodo, mientras ella lo soltaba.
—¡Yo! —Exclamó Hermione—. ¡Libros! ¡Inteligencia! Hay cosas mucho más importantes, amistad y valentía y... ¡Oh, Harry, ten cuidado! ¡Y Tú —añadió, volteándose a Lily, y abrazándola de la misma manera que a Harry. —¡También cuídate mucho! ¡Tienes que regresar! Eres la mejor amiga que he tenido, Lily. Sabes que te quiero mucho ¿verdad?
Lily le respondió con una sonrisa y correspondió al abrazo con fuerza.
En la sala se podían ver muchas expresiones enternecidas de los presentes, que habían quedado conmovidos por las palabras de Hermione.
Jamás podrían olvidar aquellos momentos que realmente rebosaban del más puro sentimiento de la amistad.
Finalmente, escucharon como Hermione se iba.
—Bien, ahora solo queda ir hacia delante—dijo James, intentando infundirse confianza. Intentando imaginar que sus hijos estarían bien.
Harry respiró profundamente.
—¿Lista? —preguntó a su hermana, que miraba la botella con aprensión.
—Lista—confirmó la niña. — ¿Quieres que beba primero?
—No, yo lo hago—respondió Harry. —Allá voy —murmuró, y se bebió la mitad del contenido de un trago.
Era realmente como si tragara hielo. Un segundo después, Lily hizo lo mismo, y a juzgar por su expresión, no le agradó nada el sabor del contenido de la botella.
—Vamos—murmuró la ojiverde tendiéndole una mano a Harry, la cual el chico tomó—.Siempre juntos, Harry.
Dejaron la botella y fueron hacia delante.
Todos esperaron con expectación. Necesitaban saber qué pasaría.
Ya había alguien allí. Pero no era Snape. Y tampoco era Voldemort.