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En la sala de Menesteres: Leyendo nuestro futuro — capítulo 11

Ya había alguien allí. Pero no era Snape. Y tampoco era Voldemort.—se concluyó—Ese fue el final del capítulo.

—¡¿Cómo que no era Snape?!—preguntó Sirius incrédulo.

—¡Tiene que estar mal!—exclamó James con un hilo de voz.

**—En la vida siempre podemos correr el riesgo de equivocarnos, muchachos—aseguró el profesor Dumbledore, amablemente—Pero aceptar los errores nos hace más valiosos como personas, nos hace crecer.**Sirius y James pensaron que el profesor tenía razón, pero a ellos les costaba mucho aceptar que Snape no hubiera sido " el malo " de la historia. Así que, con grandes esfuerzos, se contuvieron para no preguntarle si habían leído bien lo que el libro decía.

Sin embargo, y a pesar de que estaban haciendo un esfuerzo por disimularlo,  nadie pudo dejar de distinguir las expresiones de incredulidad y asombro de los jóvenes magos.

—Esto demuestra que Lily tenía razón—comentó Remus orgulloso de la chica.

—No era para menos—repuso Lily, que sonreía ligeramente ante las muecas de incredulidad y asombro de su esposo y del mejor amigo de este—Teniendo como padrino al más sensato de los merodeadores, entiéndase Remus,  no podíamos esperar menos.

Las últimas palabras de Lily causaron un efecto muy grande en el joven  licántropo.

—¿Padrino...Te..Teniendo como padrino a Remus? —tartamudeó el mago de ojos dorados, que ahora mostraba la misma expresión de incredulidad y asombro que tenían  Sirius y James.

—Por supuesto, Lunático—respondió James, que aún no podía creer que Snape fuera inocente y continuaba teniendo una expresión extrañada—A menos que tengas algún inconveniente con serlo…

—No…no es eso, pero, yo pensé...pensé que Sirius sería el padrino…—murmuró Remus rápidamente, tratando de explicarse.

—¿Yo? —Preguntó Sirius, que todavía estaba en estado de conmoción por la noticia de que Snape no era el ladrón—Yo soy el padrino de Harry, Lunático. Tú eres perfecto para ser el padrino de la pequeña, además si más no recuerdo, cuando nos enteramos de que la pelirroja estaba embarazada, dijimos que tú serías el padrino del segundo bebé…

—Pe...Pero ¿están seguros? —preguntó el licántropo observando a James y a Lily, algo preocupado, y sus preocupaciones claramente eran causadas por su pequeño problema peludo.

—Completamente—respondió el matrimonio Potter, haciendo que se dibujara una sonrisa en el rostro de Remus.

—No es que no me encanten este tipo de charlas—dijo de pronto Sirius—Pero me estoy muriendo de hambre.

Remus le envió una mirada de impaciencia. ¡Tenía que ser Sirius, como siempre!

**—¿Te das cuenta que estas arruinando el momento, Canuto? —preguntó el licántropo—Ahora, cuando Lily me pregunte cómo fue el momento en el que me hicieron su padrino, tendré que decirle " Veras, fue un momento hermoso y estupendo, pero Sirius no pudo aguantar las ganas y, como siempre, hizo un imprudente comentario que, obviamente, tenía que ver con comida "**Esto arrancó la risa de todos los presentes en la sala, pensando que, aunque Remus era siempre el más recatado y sensato de los tres merodeadores, cuando mostraba su sentido del humor, lo hacía excelentemente bien.

—No quiero molestar…—murmuró Alice, una vez que cesaron las risas—Pero la verdad es que, pues ya es algo tarde y me gustaría cenar algo…

—No es ninguna molestia, Alice—aseguró Lily sonriéndole a su amiga, intentando borrar la preocupación de saber quién era la persona que había tratado de robar la piedra.

—¡Ey! Y ¿Por qué yo sí soy una molestia? —preguntó Sirius haciéndose el ofendido.

—Porque tú mencionas la palabra " comida " o " hambre " con la misma frecuencia con la que respiras—contestó  James, dándole una palmada a su amigo en el hombro.

—Hay que ser exagerado…—repuso Sirius, poniendo los ojos en blanco, pero sonriendo.

—Está bien, llamaré al Elfo doméstico para que nos proporcione comida—anunció Dumbledore, sonriendo divertido ante la conversación de los muchachos.

Unos momentos después, se encontraban comiendo una maravillosa cena.

Todos estaban comiendo con un estado de ánimo normal, y aparentemente tranquilo, a pesar de los nervios y la ansiedad que provocaba seguir leyendo.

Al terminar, el profesor Dumbledore tomó el libro, y con un gesto de cabeza, comenzó a leer.

—El nombre del capítulo es " El hombre con dos caras " —anunció, con una voz tranquila y pausada.

El ambiente relajado que había en la sala antes de ir a cenar se disolvió en cuestión de segundos. Ahora podía percibirse un aire tenso y preocupado.

—Esto no me agrada nada—dijo Molly, a quien el titulo de daba desconfianza.****—A mi menos—contesto Lily, que volvía a estar muy nerviosa. ¡Quería comenzar a leer en aquél instante! El profesor Dumbledore notó que la embarazada ojiverde  estaba muy asustada por la fortuna de sus hijos, así que decidió continuar la lectura.

Era Quirrell.

Esas dos simples palabras hicieron que la sala entera estallará en exclamaciones  de todos los presentes.

Los únicos que no parecían muy sorprendidos eran el profesor Dumbledore, Moody, Lily y Remus.

—¡Usted! —exclamó Harry.

Quirrell sonrió.

Las expresiones de Sirius y James eran todo un poema. Se podía ver en ellos la incredulidad, el asombro, el enfado y muchas emociones más, pero ambos estaban consternados como para decir algo.

—Yo —dijo— me preguntaba si me iba a en­contrar con alguno de ustedes aquí, Potter.

Aquello estaba resultando realmente una conmoción para algunos de los presentes. No comprendían cómo era posible.

Lo que resultaba aún más sorprendente, era que Snape, después de todo, era inocente.

—Pero yo pensé... Snape...

James y Sirius levantaron la cabeza, bastante interesados en la explicación que aparentemente Quirrell se disponía a dar.

—¿Severus? —Quirrell rió, fría y agu­damente—. Sí, Severus parecía ser el indicado, ¿no? Al lado de él ¿quién iba a sospechar del po-pobre tar-tamudo p-profe­sor Quirrell?

—Lily sospechó de ti, idiota—dijo  Gideon enojado y sorprendido a la vez, el también había creído que Snape había sido el que deseaba la piedra.

Así que la pequeña Lily había tenido razón cuando confiaba en Snape. Era algo bastante increíble.

Harry no podía aceptarlo.

James y Sirius comprendían perfectamente como se sentía el muchacho. Era algo realmente difícil de creer. Demasiado difícil.

Lily estuvo a punto de decirle que ella había sospechado de él, pero decidió que callar era lo más prudente…por el momento.

Lily agradeció que su hija pensara así, ya que, ella pensaba que sería mejor que no enfadaran a Quirrell y que se concentraran buscar una manera de escapar de allí.

—¡Pero Snape trató de matarme!

Eso era verdad, pensaron algunos, recordando el partido de quidditch en el que Harry casi se caía de su escoba, pero todos los argumentos que ese recuerdo proporcionaba para culpar a Snape, se desvanecieron en cuanto Quirrell respondió que había sido él el que había tratado de acabar con Harry y que, de no haber sido por Hermione, que la atropelló cuando corría hacía Snape, y por este último que estaba murmurando un contramaleficio, tratando de salvarlo.

—¡Maldito! ¿Cómo se atreve a tratar de matar a mi hijo? —gritó Lily temblando de furia.

Pero no era la única que estaba realmente enfadada, la sala entera había estallado en maldiciones y exclamaciones contra Quirrel, principalmente de Sirius, James y Remus que gritaban como si tuvieran al profesor en frente de ellos.

También podía percibirse, aunque ligeramente, el asombro que muchos sentían ante la información de que Snape había intentado salvar a Harry.

—¿Snape trataba de salvarme a mí?

James no sabía como reaccionar ante eso. ¿Cómo era posible? No comprendía nada….

Lily sintió una oleada de gratitud hacia el profesor Snape, ya que, aunque ella siempre había creído en él, el estar completamente segura de que le había salvado la vida a su hermano hacía que ella se sintiera en deuda de por vida.

—Gracias Severus—susurró Lily, casi inaudiblemente, sabiendo que al igual que su hija, estaría siempre en deuda con su amigo de la infancia.

Sin embargo, un segundo después, Lily ya no tenía tiempo para sentir gratitud, ya que escuchó claramente como Quirrell decía que los esfuerzos de Snape por impedir que alguien de los hermanos resultara herido, serían en vano, ya que él se disponía a matarlos a los dos.

—¡No te atrevas a tocarlos! —bramó Sirius furioso.

—¡Voy a matar a ese cerdo con mis propias manos! —gritó James, que, estaba conteniéndose todas las exclamaciones de rabia que amenazaban con salir de su boca.

—¡Tienen que salir de allí! —musitó la profesora McGonagall, que a pesar de estar muy enojada, tenía muy presente que los hermanos Potter eran solo unos niños, y que no estaban lo suficientemente preparados para enfrentarse a Quirrell.

Para desesperación de todos, siguieron descubriendo como Quirrell ataba a los hermanos por medio de magia.

—¡Suéltalos infeliz! —rugió Remus enojado.

—¡Alguien tiene que ayudarlos! —susurró Marlene nerviosa.

También, el enojo de todos fue aumentando cuando Quirrell decía que había sido él quién había dejado entrar al trol para Halloween y también que Snape, que ya sospechaba de él, frustró sus planes, de nuevo.

—¡No puedo creerlo! —exclamó Frank horrorizado.

—Snape trataba de proteger la piedra…—susurró Arthur.

Pero lo que más captó lo que ocurrió después, cuando Quirrell anunció que examinaría aquél extraño espejo.

De pronto, los chicos vieron lo que estaba detrás de Quirrell. Era el espejo de Oesed.

Al leer eso, Dumbledore comprendió algo, el por qué él había dejado que los pequeños Potter descubrieran el espejo de Oesed, y comprendieran cómo funcionaba.

—¿El espejo de Oesed? —repitió  Edgar sin comprender—¿Qué es lo que hace allí el espejo de Oesed?

—Este espejo es la llave para poder encontrar la Piedra —murmuró Quirrell—. Era de esperar que Dumbledore hiciera algo así...

Y era un alivio que lo hubiera hecho. Entre más tiempo estuviera Quirrel ocupado con el espejo, más posibilidades tenían de que Dumbledore llegara, o, como mínimo, que a los chicos se les ocurriera una forma de escapar.

Lily pudo notar que Harry estaba tratando de comunicarse con ella, sin que Quirrell se diera cuanta. Después de un momento, la chica comprendió que lo que su hermano pretendía, era distraer a Quirrell lo más posible.

Eso quizá funcionara por un momento, pensó Lily, inevitablemente nerviosa, pero tendrían que pensar en algo mejor para poder salir de allí ilesos.

—Lo vi a usted y a Snape en el bosque... —dijo Harry de golpe.

La explicación que Quirrell dio a eso fue tan molesta para los presentes fue tan molesta e indignante que la mayoría de los presentes prefirió ignorarla.

—Estúpido—dijeron Gideon y Fabián a la vez, sin poder evitarlo.

Quirrell se miró en el espejo con enfado.

Nadie pudo evitar sentir satisfacción ante eso. El fastidio que Quirrell sentía, era muy gratificante para los presentes.

—Veo la Piedra... se la presento a mi maestro... pero ¿dónde está?

Esa era la cuestión más importante del momento, (para algunos, ya que a Lily no le importaba en absoluto la Piedra en aquél momento, solo quería que sus hijos estuvieran bien).

¿Dónde estaba la Piedra? Continuaron leyendo cómo los muchachos trataban de distraer a Quirrell para que no concentrara toda su atención en el espejo.

—Pero Snape siempre pareció odiarme mucho.

—Oh, sí—dijo Quirrell— claro que sí. Estaba en Hogwarts con tu padre, ¿no lo sabías? Se de­testaban. Pero nunca quiso que estuvieras muerto.

James sintió un sentimiento al que no podía ponerle nombre al escuchar las palabras leídas por el profesor Dumbledore. Snape nunca quiso que Harry estuviera muerto…

Continuaron Leyendo. Muchos sentían verdadera curiosidad por lo que estaba pasando. En el momento en el que Harry preguntó por aquella ocasión en la que él había escuchado a Quirrell llorando, cuando el profesor de Defensa respondió que su señor estaba con él, donde quiera que él fuera.

—¿Quiere decir que Voldemort estaba en el aula? —preguntó Alice con la voz entrecortada.

Quirrell maldijo entre dientes.

—No comprendo... ¿La Piedra está dentro del espejo? ¿Tengo que romperlo?

—No creo que esa sea la forma de conseguir la piedra…—reflexionó Remus. Pero, ¿Entonces? ¿Cómo se conseguía la Piedra?

La mente de Harry funcionaba a toda máquina.

«Lo que más deseo en el mundo en este momento —pen­só— es encontrar la Piedra antes de que lo haga Quirrell. Entonces, si miro en el espejo, podría verme encontrándola... ¡Lo que quiere decir que veré dónde está escondida! Pero ¿cómo puedo mirar sin que Quirrell se dé cuenta de lo que quiero hacer?

—Tienes una mente privilegiada, Harry—comentó Hagrid en voz baja.

A lo que todos estuvieron de acuerdo. Harry estaba demostrando una gran capacidad para pensar bajo presión y había logrado descifrar lo que seguramente Dumbledore había planificado.

Ahora quedaba mucho más claro el por qué Dumbledore había explicado y en algunas ocasiones recordado a los hermanos la finalidad del espejo.

Y entonces cayó en cuenta de que Lily se encontraba en una posición más acertada para poder verse en el espejo, intentó comunicarse con ella por medio de la mirada, y al parecer, la chica comprendió lo que su hermano deseaba.

Pero, para desgracia de todos, la niña perdió el equilibrio por culpa de las sogas, y cayó al suelo.

Lily gimió ante eso, implorando a los cielos que Quirrel no se diera cuenta de lo que sus hijos pretendían hacer.

 Quirrell no le prestó atención.

—¿Qué hace este espejo? ¿Cómo funciona? ¡Ayúdame, Maestro!

Que pidiera ayuda de esa forma solo podía significar dos cosas, la primera era que seguramente se había vuelto loco, pero la segunda… La segunda opción era realmente preocupante.

Y para el horror de Harry y terror de Lily, una voz le respondió, una voz que parecía salir del mismo Quirrell.

—¿Qué está ocurriendo? —preguntó Sirius, asombrado y preocupado a la vez.

—El hombre con dos caras…—susurró Remus, a lo que todos pusieron muecas de Horror en el rostro, comprendiendo el título del capítulo.

—Utiliza al muchacho... Utiliza al muchacha...Utiliza a cualquiera de los dos…

—¡No te metas con mis hijos! —bramó James, dividido entre el horror, el miedo y la rabia.

Asustados, nerviosos y preocupados, escucharon como Quirrell observaba a los dos muchachos, aparentemente decidiendo a cuál de los dos quería usar. Finalmente, y para horror de todos, deshizo las ataduras que amordazaban a uno de los dos.

Lily se puso lentamente de pie.

—Ven aquí —repitió Quirrell—. Mira en el espejo y dime lo que ves.

La tensión en la sala se podía sentir completamente. ¿Qué pasaría a continuación? ¿Cómo terminaría todo eso?

Lily le echó a una mirada tranquilizadora a Harry, intentando demostrar más seguridad de la que en realidad sentía.

«Tengo que mentir —pensó, desesperada—, tengo que mirar y mentir sobre lo que veo, eso es todo.»

—Tú puedes, Lily, yo sé que tu puedes. —susurró Remus con cariño hacia su ahora ahijada. ¡Él sabía que lo lograrían! ¡Sabía que saldrían de allí, de una u otra forma! ¡Tenían que hacerlo!

Lily vio su reflejo en el espejo, estaba pálida y con aspecto asustado. Pero, de alguna forma, su reflejo le sonrió. Puso la mano en el bolsillo y sacó una piedra de color sangre. Le guiñó un ojo y guardó la Piedra en el bolsillo de Harry y, cuando lo hacía, Harry sintió que algo pesado caía en su bolsillo real. De alguna manera  habían conseguido la Piedra.

—Esto fue idea tuya, Albus—dijo McGonagall, sorprendida. —Estoy segura de ello…

—Es lo más probable, Minerva—concedió el profesor Dumbledore, sabiendo que algo así era una acción típica (y por lo tanto, nada común) de lo que él solía hacer cada vez que necesitaban darle protección a algo.

Demostrando muy poca modestia, el profesor no pudo evitar pensar que era una muy buena idea de su parte.

—¿Bien? —dijo Quirrell con impaciencia—. ¿Qué es lo que ves?

—No la presiones, idiota—gruñó Sirius enojado. ¡No toleraría que ese imbécil tratara mal a sus ahijados!

—Me veo recibiendo mis calificaciones —inventó—. Yo... tengo muy buenas notas.

Muchos rogaron al cielo porque Quirrell creyera en aquella mentira. Si descubría que Lily mentía, nadie sabía cómo podía reaccionar.

—Quítate de ahí —dijo.

Cuando Lily se hizo a un lado, le dirigió una mirada de preocupación a Harry, y notó que en el suelo había una roca algo puntiaguda, disimuladamente la pateó en dirección a su hermano, que con gran esfuerzo logró alcanzarla y había comenzado a intentar romper las sogas que lo ataban. ¿Se atreverían a es­capar?

—Tienen que escapar—dijo Molly con nerviosismo.

Pero su preocupación no era nada en comparación con la de Lily, que fruncía los labios y tomaba con fuerza la mano de su esposo. La presión la estaba matando. Quería escuchar que sus hijos se largaban de allí rápidamente, o que Dumbledore llegaba y vencía a Quirrell, o cualquier cosa, pero necesitaba saber que Harry y Lily estarían bien.

Pero la chica no había caminado cuando una voz aguda habló.

—Ella miente... ella miente...

—¡Por Merlín! —gritó Sirius, conmosionado —¡¿Qué demonios está ocurriendo?!

¿Quién más estaba allí?

—¡Potter, vuelve aquí! —gritó Quirrell—. ¡Dime la ver­dad! ¿Qué es lo que has visto?

—¡No va a decirte nada, estúpido! —exclamó Alice enfadada y nerviosa a la vez— ¡Ya, déjalos en paz!

—Déjame hablar con ella... cara a cara...con ambos…

Esto estaba saliéndose de control. Algo iba mal, y eso ya todos lo habían notado, pero necesitaban comprender qué era lo que estaba sucediendo, ya que nadie entendía nada.

—¡Maestro, no está lo bastante fuerte todavía!

—¡Es Voldemort! —bramó Lily, a punto de alcanzar la histeria. Había comenzado a retorcerse en su asiento y a apretar con aún más fuerza la mano de James.

—¡Alguien tiene que sacarlos de allí! —suplicó Marlene, atemorizada.

Lily escuchó asustada todo lo que estaba ocurriendo a sus espaldas. No podía dar ni un solo paso más. No comprendí que sucedía, pero de pronto se dio cuenta de que Harry observaba algo como si estuviera realmente aterrorizado.

James se mostró realmente preocupado por eso. ¿Qué estaría viendo su hijo? ¿Qué sería aquello que parecía atemorizarlo tanto? Ya no soportaba más aquella situación.

Harry hubiera querido gritar, pero no podía. Donde tendría que haber estado la nuca de Quirrell, había un rostro. Era de color blanco tiza, con brillan­tes ojos rojos y ranuras en vez de fosas nasales, como las ser­pientes.

Todos se mostraron  asqueados y horrorizados ante lo que el libro decía y rogaron para que los chicos salieran de allí lo más pronto posible. ¡Era Voldemort! ¿Cómo era posible? ¿Cómo se había adherido a la nuca de Quirrel? Aquello no tenía antecedentes. Era algo completamente nuevo y atemorizante.

—Harry Potter... —susurró.

Lily se tapó el rostro, horrorizada. ¡Ya no quería seguir escuchando! ¡Ya no lo podía soportar!

De pronto, sintió como alguien la abrazaba con fuerza. Levantó la mirada y se encontró con un James, aparentemente nervioso y algo alterado, pero que estaba haciendo un gran intento por sonreírle.

Ver a su esposo le recordó que tenía que ser fuerte. Tenía que aguantar a escuchar lo que seguiría a continuación.

—¿Ves en lo que me he convertido? —dijo la cara**—** Tengo forma sólo cuando puedo compartir el cuerpo de otro... La sangre de unicornio me ha dado fuerza en es­tas semanas pasadas... Ahora... ¿por qué no me entregas la Piedra que tienes en el bolsillo?

—Lo sabe... ¡Lo sabe! —murmuró  Edgar con un toque de miedo en la voz.

Entonces él lo sabía. Lily estaba aterrorizada, pero con toda su fuerza de voluntad, consiguió moverse y  encaminarse hacia su hermano.

**—**Pero que descortés soy—murmuró una voz fría—Pero si no he saludado a la bonita y valiente Lily Potter….

Lily se quedó paralizada antes de que pudiera llegar con Harry, lentamente, se volteó y observó el horrible rostro.

—Pero cuanto has crecido, recuerdo la primera vez que te vi. Oh si, como si hubiera sido ayer… ¿Sabes? Desde el primer momento me resultaste fascinante, aunque no pude darme el lujo de investigar el por qué de tu existencia…

Toda la sala aumentó en tención, el interés y preocupación  ante las palabras del mago Tenebroso, comprendiendo que se disponía a revelar parte de lo que ocurrió la noche de la muerte del matrimonio Potter.

Lily observó el rostro sin comprender ¿Investigar el por qué de su existencia? ¿A qué se refería? Dudaba mucho que él no supiera cómo era que se concebía a un bebé…

De no haber estado preocupados por la suerte de los dos niños, casi todos en la sala se hubieran echado a reír ante los pensamientos de la niña.

El desconcierto de la chica  debió haberse notado, ya que el rostro soltó una risa gélida, sin alegría.

—Veo que no lo sabes—murmuró, al parecer estaba disfrutando del momento—Veras niña, a diferencia del chico, tu no tuviste nacimiento alguno, a decir verdad, si lo que piensas es que los Potter fueron tus padres, debes saber que ellos nunca supieron de tu existencia. Jamás. Al momento de morir, la querida Lily Potter, mayor, suplicó únicamente por su mocoso, su adorado Harry. No dio ninguna señal de saber que tu estabas allí. Imaginarás la sorpresa que me llevé al encontrarme contigo…

—¡Cállate! —gritó Lily, con lágrimas en los ojos, pensando en lo que su hija sentiría en ese momento. — ¡No tienes ningún derecho a decirle eso!

—¡Deja en paz a mi hija! —rugió James con furia, mientras abrazaba a su esposa, que se veía realmente afectada.

Harry escuchaba con incredulidad todo lo que el rostro decía, ¿Qué demonios estaba insinuando? Pero lo que realmente le preocupaba al muchacho en ese momento, era su hermana, que parecía estar en estado de shock.

Lily miraba al rostro con expresión incrédula. Voldemort decía que sus padres nunca supieron de su existencia…que no sabía cómo es que ella existía…

Ella no podía creer eso. Se había quedado sin habla. Le resultaba absurdo, incoherente y sin embargo, algo dentro de ella le decía que el rostro no mentía.

—¡Que alguien los saque de allí! ¡Ya! —murmuró Sirius enérgicamente. No quería que la pequeña pensara en lo que el maldito de Voldemort le estaba diciendo.

—Bien, bien, pero no estoy aquí para discutir cómo es que existes, Lily Potter, lo único que quiero es que me entreguen la Piedra. —susurró la fría voz, aproximándose a Harry, que instintivamente se echó hacia atrás.

Lily cerró los ojos, incapaz de soportar más. Sus hijos solo tenían once años. ¡Solo once! No podía soportar que se vieran en un peligro así.  Ni siquiera los más experimentados miembros de la Orden tendrían una buena oportunidad de luchar en esas condiciones. Nadie podía esperar que unos niños, que ni siquiera habían finalizado su educación mágica, se enfrentaran a eso.

—No seas tonto —se burló el rostro—. Mejor que salves tu propia vida y te unas a mí... o tendrás el mismo final que tus padres... Murieron pidiéndome misericordia...

—¡ESO ES UNA MENTIRA! —gritaron Remus y Sirius a la vez, ambos furiosos e indignados. ¡No permitirían que semejante… criatura difamara la memoria de sus amigos! ¡Ellos sabían que ni James ni Lily se habían doblegado jamás ante aquél mal nacido!

James se limitó a abrazar a Lily con mucha fuerza, ya que la mujer lloraba silenciosamente, sin poder pronunciar palabras.

—¡MENTIRA! —gritó de pronto Harry.

—¡ESO NO ES CIERTO! —bramó Lily, que había recuperado la capacidad de hablar. Ahora, su atención estaba centrada en Quirrell, que andaba hacia atrás, y también en aquella cara maligna, que sonreía.

—¡Maldito mago tenebroso! —gritó Moody con rabia y odio en la voz. — ¡Escoria!

Esas eran palabras que describían muy bien lo que era Voldemort. Escuchar aquél capítulo era mucho más difícil de lo que todos los demás habían imaginado. Nunca pensaron que sería algo fácil, pero la presión que todos (principalmente el matrimonio Potter), sentían había sobrepasado todo límite.

—Qué conmovedor —dijo y luego se volvió de nuevo a Harry—. Siempre consideré la valen­tía... Sí, muchacho, tus padres eran valientes... Maté prime­ro a tu padre y luchó con valor... Pero tu madre no tenía que morir... Ahora, dame esa Piedra.

Toda la Sala estaba callada. Nadie podía decir nada, todos los presentes tenían en sus pensamientos lo despreciable que era Voldemort y desearon tener la fuerza y el coraje necesario para acabar con él.

Todos sabían que Voldemort quería matar a los dos niños, y que de una u otra forma lo haría si no conseguían escapar a tiempo.

¿Dónde estaba Dumbledore?, pensaba Lily con desesperación. Estaba sucumbiendo ante los nervios, y su fuerza de voluntad  para escuchar todo aquello estaba llegando al límite.

—¡NUNCA! —dijo Harry enfadado.

Lily vio como Harry se movía de nuevo hacia atrás, y escuchó asustada como Voldemort gritaba: ¡ATRÁPALO!

Lily abrió mucho los ojos, asustada. ¡Las cosas estaban poniéndose mucho peores! ¡Alguien tenía que ayudar a sus hijos! ¡Quien fuera!

La niña vio como se aproximaba hacia él, pero no tuvo tiempo de llegar hacia Harry, porque en un acto de valentía y estupidez total, Lily se había interpuesto entre el profesor y su hermano.

En ese momento Harry vio, con horror, cómo Quirrell golpeaba a su hermana en el estomago, y la chica salía disparada en el aire, cayendo y golpeándose muy fuertemente la cabeza.

—¡MALDITO! ¡VAS A LAMENTAR EL DÍA EN QUE NACISTE POR HABER PUESTO TUS SUCIAS MANOS EN MI HIJA! —Gritó James, completamente fuera de sí, pero intentando controlarse, ya que sostenía a su esposa entre los brazos.

—¡MI HIJA! —sollozaba Lily descontrolada—¡Mi hija no! ¡Por favor!

—Voy a matar a ese infeliz—rugió Sirius, que había adquirido un color de rostro idéntico al cabello de Lily— ¡Se atrevió a tocar a mi pequeña!

—Yo te ayudaré, Sirius, va a arrepentirse por haberle hecho daño—susurró Remus, en un tono de voz que dejaba entre ver al hombre lobo que existía dentro de él.

Harry observó aterrorizado a su hermana, que se encontraba tendida en el suelo, inconsciente, un segundo después sin­tió la mano de Quirrell sujetando su muñeca.

—¡SUELTALO! —gritó Lily desesperada—¡Por favor! ¡Suéltalo!

Escucharon, rápidamente, como Harry sentía un dolor agudo en la cicatriz, y como Quirrell lo soltaba, de una manera nada esperada…

— ¿Qué ocurrió? —susurró Molly, que al igual que Lily, sollozaba, asustada.

Miró alrededor para ver dónde estaba Quirrell y lo vio doblado de dolor, mirándose los dedos, que se ampollaban ante sus ojos.

—¿Qué es lo que le pasa? —preguntó Hagrid, que se encontraba bastante pálido.

Continuaron enfrascados en la lectura, poniendo excepcional atención, estremeciéndose cuando escuchaban a Voldemort gritar a Quirrell que atrapara a Harry, desconcertándose en el momento en el que Quirrell lo volvía a soltar, chillando de dolor.

—No sé lo que le ocurre, pero espero que sufra mucho, además ¡Eso impedirá que le haga daño a Harry! —dijo James, luchando con sí mismo para tranquilizarse.

Pero sus intentos flaquearon cuando escucharon a Voldemort, que contestaba a los quejidos de Quirrel sobre sus manos, que aparentemente estaban quemadas.

—¡Entonces mátalo, idiota, y termina de una vez! —ex­clamó Voldemort.

—¡NOOO! —gritaron muchas personas en la Sala, pero el grito más fuerte, provenía de una pelirroja embarazada, que parecía estar a punto de desmayarse.

No, no, no, no. ¡No podía intentar matar a sus hijos! ¡La impotencia que sentía la estaba matando! Quería estar allí, quería protegerlos…

Intentando apresurar más la lectura, siguieron escuchando como Harry, en un intento de supervivencia, se incorporaba y se aferraba a la cara de Quirrell.

Tanto Harry, como los presentes, notaron que Quirrell no podía tocar al muchacho sin sufrir un terrible dolor. Así que, notando como aparecía una pequeña luz de esperanza, escucharon como Harry sujetaba a Quirrell, para que sintiera demasiado dolor y no pudiera hacerles daño.

—Vamos,  Harry, aguanta—susurró Sirius—Tu puedes. Yo sé que tu puedes.

Harry se puso de pie de un salto, cogió a Quirrell de un brazo y lo apretó con fuerza.

—¡Ese es mi ahijado! ¡Demuéstrale quien manda Harry! —gritó Sirius, sin poder disimular su orgullo hacia Harry.

—¡Vamos hijo! —Exclamó James—¡Tu puedes con él, demuéstrale que no podrá acabar contigo!

Continuaron escuchando la confusión de aquél momento, como Harry y Quirrell forcejeaban, como Harry sentía que el brazo de Quirrell se iba

Algo dorado brillaba justo encima de él. ¡La snitch!

— ¿La snich? —preguntó Lily con un hilo de voz. ¿Qué….?

Pestañeó. No era la snitch. Eran un par de gafas.

—Escaparon—susurró Frank, con un toque de alivio en su voz.

Pestañeó otra vez. El rostro sonriente de Albus Dumble­dore se agitaba ante él.

—¡Mil gracias Merlín! —Dijo Lily  suspirando—Están a salvo…

Lentamente, aparecía una sonrisa en cada uno de los rostros de los presentes, o simplemente, una expresión de alivio.

¡Habían escapado! ¡Dumbledore estaba allí! ¡Ya no corrían riesgo de ser lastimados (o incluso asesinados), por Voldemort!

—Buenas tardes, Harry —dijo Dumbledore.

—¡Señor! ¡La Piedra! ¡Era Quirrell! ¡Él tiene la Piedra! Señor, rápido... ¡Lily! ¡El hirió a Lily! ¿Dónde está?

— ¿Dónde está Lily? —susurró Remus, pasando del alivio de saber que Harry se encontraba a salvo, a la preocupación por su ahijada. ¿Estaría bien? ¿El golpe en la cabeza habría sido muy fuerte? ¡Necesitaba saber dónde estaba! Y no era el único.

Lily, James y Sirius se encontraban en iguales condiciones, todos realmente preocupados por la niña, a pesar del alivio que sentían por Harry.

—Cálmate, querido muchacho, estás un poco atrasado —dijo Dumbledore—. Quirrell no tiene la Piedra.

—Gracias al cielo—dijo McGonagall mientras cerraba los ojos en una expresión de bienestar.

Continuaron leyendo, mucho más tranquilos y de una forma más pausada. Algunos sonrieron cuando el profesor Dumbledore tranquilizó a Harry diciéndole que si no lo hacía, la señora Pomfrey lo echaría de la enfermería.

Luego, escucharon como Harry se percataba de que, junto a su cama, se encontraba una mesa llena de paquetes y muchas golosinas.

—Regalos de tus amigos y admiradores —dijo Dumble­dore, radiante—. Lo que sucedió en las mazmorras entre tú y el profesor Quirrell es completamente secreto, así que, na­turalmente, todo el colegio lo sabe. Creo que tus amigos, los señores Fred y George Weasley, son responsables de tratar de enviarte un inodoro. No dudo que pensaron que eso te di­vertiría. Sin embargo, la señora Pomfrey consideró que no era muy higiénico y lo confiscó.

En otras circunstancias, Molly habría puesto un gesto de desaprobación ante las palabras del director,muy parecida a la que la profesora McGonagall adoptaba en ese momento,  pero como estaba tan contenta por el hecho de que al menos Harry estuviera bien, lo dejó pasar.

Pero esto no evitó que Gideon, Fabián, Arthur, Remus, Sirius y James sonrieran con orgullo y cariño.

—¡Sabía que lo harían—rió Sirius animadamente.

—¡Es una lástima que la señora Pomfrey lo haya confiscado…!—comentó James, sin esforzarse en disimular lo mucho que le divertía la situación.

Algunos se sorprendieron ligeramente, cuando, siguiendo con la lectura, descubrieron que Harry llevaba tres días en la enfermería, y que, además, Ron y Hermione habían estado realmente preocupados.

—Ron está bien—suspiró Molly, llevándose las manos al pecho aliviada.

—Pero señor, la Piedra...

—Tranquilo, Hijo—dijo Lily, mitad aliviada y contenta, mitad preocupada, ya que no sabía que había sido de su hija. Pero, al menos, no quería que Harry se desgastara pensando en la tonta Piedra.

—Veo que no quieres que te distraiga. Muy bien, la Pie­dra. El profesor Quirrell no te la pudo quitar. Yo llegué a tiem­po para evitarlo, aunque debo decir que lo estabas haciendo muy bien.

—Lo estaba haciendo genial—repuso Fabián, sonriendo.

—Espectacular—concedió Gideon.

—Increíble—aseguró Sirius.

—Épico—añadió Marlene.

—Estupendo—terminó, James.

—En cuanto llegué a Lon­dres, me di cuenta de que el lugar en donde debía estar era el que había dejado. Llegué justo a tiempo para quitarte a Qui­rrell de encima...

—Profesor, mil gracias…—comenzó Lily, pero Dumbledore no la dejó terminar, haciendo un gesto con la cabeza y diciendo:****—No tienes nada que agradecer, Lily, fueron tus hijos quienes merecen los agradecimientos y las felicitaciones—concluyó el profesor, sonriendo con amabilidad.

Siguieron escuchando la conversación, de una forma relajada, hasta que llegaron al punto en el que el profesor mencionó que la Piedra había sido destruida.

—¿Destruida? —dijo Harry sin entender—. Pero su ami­go... Nicolás Flamel...

Algunos no pudieron dejar de lado el detalle de que Harry estaba revelándole al director que sabía sobre Nicolás Flamel, pero todos estuvieron seguros de que Dumbledore no se enfadaría.

—¡Oh, sabes lo de Nicolás! Hiciste bien los deberes, ¿no es cierto? Bien, Nicolás y yo tuvimos una pequeña charla y estuvimos de acuerdo en que era lo mejor.

Aquello resultó un gran alivio para muchos. Con la Piedra destruida, casi todos pensaban que Voldemort no volvería nunca.

A pesar de que estaban muy equivocados.

Luego todos prefirieron centrarse más en la conversación que mantenía Dumbledore y Harry, aún más en la explicación que el profesor dio después de que Harry señalara que Flamel y su esposa iban a morir.

—Para alguien tan joven como tú, estoy seguro de que parecerá increíble, pero para Nicolás y Perenela será real­mente como irse a la cama, después de un día muy, muy largo. Después de todo, para una mente bien organizada, la muer­te no es más que la siguiente gran aventura.

—Creo que tiene mucha razón, profesor—comentó Lily. Estaba reflexionando sobre eso, y se dio cuenta de que aquello de "la siguiente gran aventura" no resultaba tan temible como pensar en la muerte en sí.

El anciano profesor se limitó a inclinar la cabeza, sonriendo.

—¿Señor? —dijo Harry—. Estuve pensando... Señor, aunque la Piedra ya no esté, Vol... quiero decir Quién-us­ted-sabe...

—Voldemort, Harry—le recordó James con dulzura. Ni Harry, ni Lily, ni nadie, tenía por qué temerle a aquel nombre.

—Llámalo Voldemort, Harry. Utiliza siempre el nombre correcto de las cosas. El miedo a un nombre aumenta el mie­do a la cosa que se nombra.

—Bien dicho, profesor—comentó Frank, sonriendo con amabilidad. No era sensato temerle a un nombre, por más temible que fuera la persona que lo utilizaba.

A continuación, escucharon como Harry hacía la pregunta que todos habían tenido en la mente hace un momento.

¿Voldemort volvería alguna vez al poder?

—Está por ahí, en algún lugar, tal vez buscando otro cuerpo para compartir... Como no está realmente vivo, no se le puede matar. La próxima vez hará falta algún otro preparado para luchar y, si lo detienen otra vez y otra vez, bueno, puede ser que nunca vuelva al poder.

Todos esperaban que nunca, jamás, aquél mago tenebroso volviera al poder. Eso sería realmente preocupante y horrible…

Pero todos prefirieron pensar que era mejor seguir disfrutando de la agradable, tranquila y segura plática que Dumbledore y Harry estaban sosteniendo.

Aquella conversación captó su atención, de nuevo, cuando Harry murmuró a Dumbledore que le gustaría preguntarle unas cosas y saber la verdad sobre ellas.

—La verdad —Dumbledore suspiró—. Es una cosa terri­ble y hermosa, y por lo tanto debe ser tratada con gran cuida­do. Sin embargo, contestaré tus preguntas a menos que ten­ga una muy buena razón para no hacerlo. Y en ese caso te pido que me perdones. Por supuesto, no voy a mentirte.

Muchos se sintieron ligeramente desilusionados por la respuesta del profesor, ya que querían saber más, pero otros simplemente se resignaron al hecho de que se enterarían cuando fuera correspondiente que lo hicieran.

Aunque la curiosidad y la espera nunca habían sido precisamente las mejores compañeras.

—Bien... Voldemort dijo que sólo mató a mi madre por­que ella trató de evitar que me matara. Pero ¿por qué iba a querer matarme a mí en primer lugar?

—Esa es una buena pregunta—susurró Lily, deseando saber fervientemente la respuesta— ¿Por qué  deseaba acabar con Harry? ¿Por qué?

Nadie pudo contestar a la pregunta de la pelirroja, así que Dumbledore continuó leyendo.

—Vaya, la primera cosa que me preguntas y no puedo contestarte. No hoy. No ahora. Lo sabrás, un día... Cuando seas mayor... ya sé que eso es odioso... bueno, cuando estés listo, lo sabrás.

Aquello de "cuando seas mayor…" si que resultaba odioso, sin embargo, todos, especialmente Lily, pensaron que el profesor tenía razón en pensar que aún Harry era muy joven. Esta última incluso agradeció el hecho de que no preocupara a su pequeño a tan temprana edad.

Luego se dirigieron a la pregunta de por qué Quirrell no había podido tocar a Harry.

—Tu madre murió para salvarte. Si hay algo que Volde­mort no puede entender es el amor. Haber sido amado tan profundamente, aunque esa persona que nos amó no esté, nos deja para siempre una protección. Eso está en tu piel.

—Fue gracias a ti, cariño—dijo James en voz baja, abrazando con fuerza a su esposa. Había sido gracias a ella…

El siempre había sabido que su Lily era muy especial, pero jamás había imaginado cuanto.

-l-l-

—¿Y la capa invisible... sabe quién me la mandó?

James, Sirius y Remus se mostraron realmente interesados en esa información.

—Ah... Resulta que tu padre me la había dejado y pensé que te gustaría tenerla.    —Los ojos de Dumbledore brilla­ron—. Cosas útiles... Tu padre la utilizaba sobre todo para robar comida en la cocina, cuando estaba aquí.

— ¡Usted le envió la capa! —murmuró Sirius sonriendo ligeramente—Es usted genial, profesor.

El profesor Dumbledore le dedicó una sonrisa amable al joven mago.

James tampoco pudo evitar una sonrisa. Así que el profesor sabía que le encantaba ir a robar comida con la capa… Bueno, no haberlo reprendido nunca sí que fue todo un detalle.

Pero su sonrisa se debilitó un poco cuando escuchó lo que el profesor Dumbledore leyó la siguiente pregunta que hizo Harry.

Debió suponer que su hijo se preguntaría si era verdad que Snape lo había odiado mientras estuvieron en la escuela.

—Sí, hijo, es verdad—susurró James, casi inaudiblemente.

—Bueno, ellos se detestaban uno al otro. Como tú y el se­ñor Malfoy. Y entonces, tu padre hizo algo que Snape nunca pudo perdonarle.

Todas las miradas se posaron en James, que no había comprendido exactamente a qué se refería Dumbledore. ¿Él, haberle salvado la vida a Snape?

—¿Qué?

—Le salvó la vida.

En ese momento, James se dio cuenta de a qué se refería Dumbledore, y no había sido el único, Remus y Sirius también habían comprendido, este ultimo palideciendo ligeramente. Los tres recordaron perfectamente lo que había sucedido en aquella ocasión, y los tres habían tratado de olvidarlo.

—Sí... —dijo Dumbledore, con aire soñador—. Es curio­sa la forma en que funciona la mente de la gente, ¿no es cier­to? El profesor Snape no podía soportar estar en deuda con tu padre... Creo que se esforzó tanto para protegerte este año porque sentía que así estaría en paz con él. Así podría seguir odiando la memoria de tu padre, en paz...

—Suena bien—comentó James para sí mismo, pensando en que el hecho de que Snape continuara odiando su memoria en paz, a cambio de la protección que le había conferido a Harry, era realmente un precio que el estaba dispuesto a pagar.

A Lily aquella idea no le pareció muy sensata, pero decidió que no haría comentarios. Quería seguir escuchando.

—Señor ¿Dónde está Lily? ¿Ella está bien?

Toda la sala escuchaba con atención, deseando saber en qué estado se encontraba la niña.

—Tu hermana está muy bien, Harry, aunque aún sigue inconsciente, está en esa cama de allá—respondió Dumbledore, señalando la cama que estaba en frente de la de Harry, en ella, el muchacho pudo distinguir a su hermana, parecía estar dormida y tenía una venda en la cabeza.

—Se encuentra bien—suspiró Remus, ahora completamente aliviado.

Finalmente, se dispusieron a escuchar la última pregunta de Harry.

—¿Cómo pudo  hacer Lily que la Piedra saliera del espejo? ¿Y cómo llegó hasta mi bolsillo?

—Yo también tengo curiosidad sobre eso…—comentó Hagrid, que no había captado del todo bien lo sucedido.

—Ah, bueno, me alegro de que me preguntes eso. Sabes, sólo alguien que quisiera encontrar la Piedra, encontrarla, pero no utilizarla, sería capaz de conseguirla. Mi mente me sorprende hasta a mí mismo... (Algunos rieron divertidos. Realmente, el profesor Dumbledore era brillante) Bueno, suficientes preguntas.

Escucharon, más divertidos aún, como el profesor Dumbledore le recomendaba a Harry que se comiera sus golosinas, y además, le contaba una mala experiencia que él había tenido con una, en su juventud. Aunque, sin embargo, dudaba mucho que le hiciera algún daño probar una.

Sonrió y se metió en la boca una gragea de color dorado. Luego se atragantó y dijo:

—¡Ay de mí! ¡Cera del oído!

Todos rieron ante la exclamación del profesor, incluido el mismo. ¡Qué graciosa experiencia debía resultar aquella para el profesor!

—Eso es muy mala suerte—comentó James, riendo emocionado.

A continuación, todos sonrieron contentos al escuchar que, tras muchos esfuerzos con la señora Pomfrey, Ron y Hermione pudieron visitar a Harry en la enfermería.

Todos sonrieron ente la mención de ambos chicos, contentos de que estuvieran bien.

Escucharon como Harry les contaba lo que había pasado y como él y Lily habían conseguido la Piedra. También les comentó que la Piedra sería destruida, y después se mostró más interesado en qué era lo que les había sucedido a ellos.

—Bueno, yo volví —dijo Hermione—, desperté a Ron y, cuando íbamos a la lechucería para comunicarnos con Dumbledore, lo encontramos en el vestí­bulo de entrada, y él ya lo sabía, porque nos dijo: «Ellos se fueron a buscarlo, ¿no?», y subió al tercer piso.

Aquello era algo bastante extraño. ¿El profesor sabía que lo intentarían? Ron, por supuesto hizo esa pregunta en voz alta, a lo que Hermione respondió que "si así era, era algo terrible, ya que podía haberlos matado a los dos"

Dumbledore sintió una oleada de culpabilidad ente las palabras de la niña, preguntándose cuales serían los motivos que su "yo futuro" tenía para actuar.

—No, no fue así —dijo Harry con aire pensativo—. Dum­bledore es un hombre muy especial. Yo creo que quería darnos una oportunidad. Acepto que debía de saber lo que íbamos a intentar y, en lugar de detenernos, nos enseñó lo suficiente para ayudarnos. Es casi como si él pensara que Lily y yo teníamos derecho a enfrentarnos a Voldemort, si podíamos...

—Harry tiene razón—dijo James, que estaba tan aliviado por el hecho de que sus hijos estuvieran bien que no podía dejar de sonreír.

Reflexionando bien las palabras del muchacho, todos se daban cuenta de hasta qué punto Dumbledore sabía y también controlaba, todo lo que sucedía en Hogwarts.

—Bueno, sí, está bien —dijo Ron—. Escucha, debes es­tar levantado para mañana, es la fiesta de fin de curso. Ya están todos los puntos y Slytherin ganó, por supuesto. Te per­diste el último partido de quidditch. Sin ti, nos ganó Raven­claw, pero la comida será buena.

Casi todos en la Sala, principalmente los hombres y la profesora McGonagall pusieron un gesto de molestia ante las palabras de Ron. ¡Slytherin había ganado la copa! Aquello era decepcionante…

—Hay que verle el lado positivo—comentó Sirius, ante la mirada de incredulidad de todos—Al menos Ron tiene razón…la comida será buena.

Este último comentario logró arrancar las sonrisas de todos, incluyendo la de McGonagall.

Luego, escucharon como la señora Pomfrey sacaba a Ron y a Hermione de la enfermería, diciéndoles que ya habían pasado quince minutos.

  Después de una buena noche de sueño, Harry se sintió casi bien, aunque Lily no había despertado todavía.

—¿Creen que eso es normal? —preguntó Lily, ligeramente inquieta.

—¿El que todavía no despierte? ¡Claro que es normal, pelirroja! —contestó Sirius sonriente, restándole importancia con la mano—Lo que ocurre es que la pequeña, como todos nos habremos dado cuenta, heredó el sueño de Cornamenta.

James sonrió, decidiendo que, por primera vez, no rebatiría las bromas de Sirius.

Continuaron la lectura, y escucharon como la señora Pomfrey (muy a regañadientes), le permitía a Harry ir a la fiesta, para después anunciar que tenía una visita, la cual era Hagrid.

Se sentó cerca de Harry, lo miró y se puso a llorar.

—Hagrid…—dijo Lily, sonriéndole al semigigante—No tienes por qué ponerte a llorar…

—¡Todo... fue... por mi maldita culpa! —gimió, con la cara entre las manos—. Yo le dije al malvado cómo pasar ante Fluffy. ¡Se lo dije! ¡Deberían echarme y obligarme a vivir como un muggle!

—¡No digas eso Hagrid! —dijo James viendo al guardabosques, que al igual que el del libro, se había echado a llorar, diciendo que su yo futuro tenía razón—Tú no tienes la culpa, pudo haberle pasado a cualquiera…

A nadie le gustaba ver a Hagrid triste, así que todos intentaron consolarlo de distintas maneras, e incluso todos sonrieron ampliamente cuando escucharon como Harry le decía que él no era el culpable de nada y que Voldemort lo habría descubierto de cualquier forma.

—Escucha al chico Hagrid—murmuró el profesor Dumbledore deteniendo momentáneamente la lectura—Harry no cree que tú seas culpable de nada y podría apostar a que Lily tampoco.

El semigigante hizo una mueca, tratando de sonreír, pero no podía dejar de sentirse culpable.

—¡Podrían haber muerto! —Sollozó Hagrid—. ¡Y no di­gas ese nombre!

—¡No murieron Hagrid! —señaló Remus, sonriendo ampliamente— ¡Y, además, decir el nombre no tiene nada de malo!

—¡VOLDEMORT! —gritó Harry—. Me encontré con él y lo llamo por su nombre. Por favor, alégrate, Hagrid, salvamos la Piedra, ya no está.

—¡Harry tiene razón, Hagrid! ¡Debes alegrarte! —exclamó Arthur, dándole unas palmadas en el brazo al guardabosques, que dejó de sollozar y se secó las lagrimas.

Después de escuchar como Hagrid se tranquilizara, todos se sorprendieron al notar que le había llevado un regalo a Harry.

Parecía un libro con una hermosa cubierta de cuero. Estaba lleno de fotos mági­cas. Sonriéndole y saludándolo desde cada página, estaban su madre y su padre...

Todos dirigieron la vista hacia Hagrid, pero principalmente el matrimonio Potter. Estaban realmente sorprendidos. ¿Cómo había conseguido Hagrid esas fotos…?

—Envié lechuzas a todos los compañeros de colegio de tus padres, pidiéndoles fotos... Sabía que ustedes no tenían... ¿Te gusta?

—Hagrid…es, es un detalle muy lindo de tu parte…—dijo Lily con los ojos llenos de lágrimas.

James asintió, pero no dijo nada, ya que estaba muy conmovido como para decir alguna palabra. No sabía cómo agradecer… Era un detalle realmente increíble…

El semigigante les dedicó una sonrisa en respuesta.

Harry no podía hablar, pero Hagrid entendió.

·   ·   ·

Harry bajó solo a la fiesta de fin de curso de aquella noche. Estaba decorado con los colores de Slytherin, verde y plata, para celebrar el triunfo de aquella casa al ganar la copa durante siete años seguidos.

La profesora McGonagall hizo un ruido de desaprobación ante ello. Su casa había perdido la Copa una vez más…decepcionantemente triste. Ni si quiera quería imaginarse la cara que pondría su yo del fututo al enterarse.

Y ella no era la única, casi todos los demás adoptaron una mueca de fastidio en cuanto el profesor Dumbledore leyó esas palabras.

 Un gran estandarte, que cubría la pared detrás de la Mesa Alta, mos­traba la serpiente de Slytherin.

Sirius simuló que vomitaba ante la última oración. ¡Rayos! El había estado muy seguro de que Gryffindor ganaría…

Cuando Harry entró se produjo un súbito murmullo y to­dos comenzaron a hablar al mismo tiempo. Se deslizó en una silla, entre Ron y Hermione, en la mesa de Gryffindor.

—Todo lo contrario a ti, Cornamenta—murmuró Remus riendo—Tú habrías disfrutado de la atención.

James fingió no escuchar a su amigo, pero no pudo evitar sonreír. No importaba las diferencias o similitudes entre él y Harry, eso no cambiaría nunca el hecho de que lo adoraban.

·   ·   ·

Mientras tanto, en la enfermería Lily comenzaba a despertarse, algo desorientada.

Consiguió sentarse y sintió un ligero dolor de cabeza, pudo notar que tenía una venda en el lugar del que procedía el dolor ¿Qué había pasado? Entonces se dio cuenta de que no estaba sola, parpadeo dos veces y pudo distinguir claramente al Albus Dumbledore, que la observaba sonriente.

Lily suspiraba de alivio al darse cuenta de que su hija ya había despertado y, al parecer, estaba bien.

—¿Profesor Dumbledore? —preguntó la chica, que seguía desorientada y de pronto, recordó y abrió mucho los ojos—¡La Piedra! ¡Harry! ¿Dónde está? ¿Está bien? ¿Qué fue lo que pasó?

El profesor Dumbledore sonrió a la chica y le pidió que se tranquilizara.

—Tu hermano se encuentra en perfectas condiciones, no tienes de qué preocuparte, y con respecto a la piedra, pues fue destruida.

Lily sintió como el alivio la embargaba, Harry estaba bien. Sintió algo de tristeza al notar que Flamel seguramente moriría, pero decidió que no era eso lo que más deseaba preguntar.

James sintió como su esposa se tensaba ligeramente entre sus brazos y comprendió lo que su hija deseaba saber.

—Profesor, cuando Harry y yo estábamos tratando de impedir que Voldemort robara la piedra, bueno pues, el dijo algo que me desconcertó, algo que no entendí...

—Supongo que deseas saber si yo puedo responder a tus dudas, está bien, te diré lo mismo que le dije a tu hermano, Lily. Contestaré tus preguntas a menos que ten­ga una muy buena razón para no hacerlo.

—Muy bien—contestó la chica asintiendo con la cabeza—El dijo que… que no sabía cómo era que yo estaba viva  y que mis padres nunca supieron que yo existía. ¿Eso es verdad?

En la Sala todos escuchaban la lectura sin hacer interrupciones, todos tenían curiosidad sombre lo que Dumbledore le diría a Lily.

—Me temo Lily, que Voldemort dijo la verdad… que todos conocemos. Claro, lo hizo de una forma cruel, seguramente esperando una reacción negativa de tu parte, pero déjame explicarte. Bien, cuando tu madre quedó embarazada, a la hora del parto, para todos fue oficial que había nacido únicamente Harry James Potter. Nunca se habló de una niña. Sin embargo, la noche en que tus padres murieron, cuando fueron a sacar a Harry de la casa, el no se encontraba solo. Tú estabas con él. Desde el principio supe que un lazo muy fuerte te unía a él. El lazo de la hermandad. Tengo varias teorías de que fue lo que sucedió, se que tal vez esto te moleste, pero creo que aún no estás lista para conocerlas.

—Usted sabe cómo sucedió, o tiene una idea al respecto…—dijo James lentamente, intentando imaginar a qué teorías habría llegado el profesor sobre lo que sucedió esa noche.

 Lily tardó unos minutos en digerir la información. Era verdad. Sus padres  nunca supieron nada de ella, nunca la tuvieron en brazos ni le dedicaron una sonrisa, ni siquiera pudieron quererla por el hecho de que no sabían que existía.

—No pienses eso, hija—dijo Lily que tenía los ojos bañados en lágrimas—Nosotros te queremos. Tú y tu hermano son nuestra vida entera.

En el fondo, la chica se alegraba de ser ella y no su hermano, la que tuviera que cargar con eso. Tardó unos minutos más en silencio, hasta que decidió seguir preguntando.

—¿Cómo es que usted sabe que Harry y yo somos hermanos?

Aunque en el fondo, Lily sabía que no le importaba la respuesta a esa pregunta, ya que ella siempre adoraría a Harry como su hermano, pero tenía curiosidad por saberlo.

—Eso es algo que se siente, Lily, y creo que tú misma puedes contestar a esa pregunta. Sin contar, además, que tu y él se parecen mucho, al igual que se parecen mucho a sus padres. Tanto en el carácter como físicamente.

—Gracias por decirle eso profesor—dijo Lily en voz baja, limpiándose las lagrimas.

—No tienes nada que agradecer, Lily—respondió amablemente el profesor Dumbledore.

Lily sonrió ligeramente, pensando en que el profesor tenía razón. No podía evitar sentir tristeza al saber que sus padres jamás supieron de ella, pero tenía a Harry. A su hermano al cual ella quería con todo su ser.

—Gracias Profesor.

—No tienes nada que agradecer, Lily—contestó Dumbledore sonriendo—Ahora será mejor que descanses, aunque tengo entendido que tienes otra visita. Espero verte en unos minutos en la cena.

Y sin decir más, salió de la habitación. Y en su lugar entró el profesor Snape.

James y Sirius se sintieron incómodos ante la mención de Snape. Pero Lily no pudo evitar sonreír ante la mención del hombre que había salvado a su hijo.

Lily sonrió al verlo. Tenía muchas ganas de hablar con él. Pero el no parecía muy contento, se apresuró a llegar a la cama en donde Lily estaba sentada y sin darle tiempo a la chica de saludar, le preguntó rápidamente:

—¿Te encuentras bien?

—Muy bien, muchas gracias por preguntar—contestó Lily sonriéndole.

—Fue muy tonto de tu parte haber ido en busca de la Piedra con Potter, Granger y Weasley. —mustió el profesor severamente.

—Era algo necesario—respondió la chica encogiéndose de hombros y reparando en cómo decía su apellido con cierta dureza—Si no lo hubiéramos hecho, Quirrel habría tomado la Piedra y Voldemort hubiera regresado.

—No digas ese nombre. —murmuró el profesor Snape, observando a la niña ligeramente sorprendido.

—No tengo por qué temerle al nombre, sin ofender, pero creo que es ridículo estar asustado únicamente porque alguien diga VOLDEMORT—replicó Lily, acentuando la última palabra. —Pero no quiero seguir hablando de esto—añadió, tras unos minutos de silencio—Me gustaría agradecerle.

Lily sonrió ampliamente, pero no fue la única en hacerlo, también lo hicieron Molly, Alice, Marlene y la profesora McGonagall.

—¿Agradecerme? —preguntó el profesor, sin comprender.

—Sí, usted salvó a Harry—aclaró la niña, sonriéndole al profesor, aunque este no parecía estar muy contento de que Lily le agradeciera.

—¿Cómo sabes eso? —inquirió Snape, que en verdad parecía molesto.

—Bien, pues Quirrel me lo dijo—contestó Lily, pensando que era mejor que el profesor no supiera que Harry también sabía que él le había salvado la vida.

El profesor Snape pareció enfadarse más, pero  soltó un suspiro y observó a Lily de nuevo.

—¿Segura que estas bien?

—Sí, no se preocupe y muchas gracias por venir a verme—murmuró Lily, dedicándole una sonrisa a Snape.

—No es nada, se supone que eso hacen los amigos—respondió el profesor, casi inconscientemente, sin percatarse de lo que decía.

James se quedó paralizado al escuchar eso. ¿Amigos? Bien, el comprendía que su hija le estuviera agradecida con Snape por haber salvado a Harry, incluso el mismo, a pesar de sí mismo, sentía un ligero y casi inexistente toque de gratitud hacia él, pero de eso…a que Snape y su hija fueran amigos…no le agradaba mucho la idea. Observó a Sirius y pudo notar que él pensaba exactamente lo mismo.

Pero a diferencia de ellos dos, Lily sonreía.

—Entonces somos amigos—dijo Lily sonriéndole ampliamente al profesor—Me agrada la idea.

En ese momento Snape pareció darse cuenta de que había dicho la palabra «amigos», pero a pesar de la ligera mueca que apareció en su rostro, Lily casi pudo jurar que iba a devolverle la sonrisa.

—Si se supone que somos amigos, deberás dejar de hablarme de usted—comentó Snape, haciendo un esfuerzo para pronunciar la palabra «amigos».

Sirius hizo una mueca al escuchar eso. No le gustaba en lo absoluto la idea de que Snape y la pequeña se llevaran tan bien.

—Me parece bien—dijo Lily asintiendo y sonriendo tranquilamente—Así que de ahora en adelante te diré Severus…

Sirius y James hicieron una mueca, pero no dijeron nada.

Unos minutos después de haber terminado de charlar con Severus, y tras pedirle muchas veces a la señora Pomfrey que le diera permiso de levantarse, Lily se dirigió al Gran Comedor. En el momento en que entró y se dirigió hacia la mesa de Gryffindor se escucharon de nuevo los mismos murmullos que con Harry, pero Lily no les prestó atención y se dirigió hacia donde estaban sus amigos y su hermano, que la recibieron con un fuerte abrazo y una sonrisa, aunque los murmullos iban en aumento.

Por suerte, Dumbledore llegó unos momentos después. Las conversaciones cesaron.

Nadie podía creer que el año había finalizado. Parecía que no había pasado mucho tiempo desde que habían comenzado con aquél primer capítulo, o desde que habían escuchado como Harry y Lily entraban en el andén nueve y tres cuartos, para luego subir al tren, o desde el primer partido de quidditch… Resultaba increíble como transcurría el tiempo.

—¡Otro año se va! —dijo alegremente Dumbledore—. ¡Qué año hemos te­nido! Bien, tengo entendido que hay que entregar la copa de la casa y los puntos ganados son: en cuarto lu­gar, Gryffindor, con trescientos doce puntos; en tercer lugar, Hufflepuff, con trescientos cincuenta y dos; Ravenclaw tiene cuatrocientos veintiséis, y Slytherin, cuatrocientos setenta y dos.

Todos hicieron una mueca desaprobación ante la distribución de los puntos, especialmente los merodeadores y McGonagall. Cuarto lugar. Sí, eso era deprimente, pero había que verle el lado positivo de la situación.

—Sí, sí, bien hecho, Slytherin —dijo Dumbledore—. Sin embargo, los acontecimientos recientes deben ser tenidos en cuenta.

Eso sonaba a que vendría algo genialmente estupendo para los miembros de Gryffindor. ¿Sería acaso posible que Dumbledore…?

No, era mejor no hacerse ilusiones y esperar a escuchar qué decía la lectura.

Todos se quedaron inmóviles. Las sonrisas de los Slythe­rin se apagaron un poco.

—Así que —dijo Dumbledore— tengo algunos puntos de última hora para agregar. Dejadme ver. Sí... Primero, para el señor Ronald Weasley...

—¡Oh, Si! —gritaron Gideon y  Fabián sonrientes. ¡Esto sí que sería genial!

—... por ser el mejor jugador de ajedrez que Hogwarts haya visto en muchos años, premio a la casa Gryffindor con cincuenta puntos.

—¡Ese es mi hijo! —gritó Molly con orgullo, sorprendiendo a algunos y haciendo sonreír a otros. ¡Ese era su hijo! Y sí, ¡era el mejor jugador de ajedrez que cualquiera haya visto en bastante tiempo!

—Segundo... a la señorita Hermione Granger... por el uso de la fría lógica al enfrentarse con el fuego, premio a la casa Gryffindor con cincuenta puntos.

—¡Felicidades Hermione! —gritaron Lily, Alice y Marlene, muy contentas por la niña. ¡Se lo merecía! Había sido una gran amiga para los muchachos, y eso no tenía ningún precio. ¡Hermione era realmente muy especial.

Hermione enterró la cara entre los brazos ( —¿Está llorando? —preguntó Sirius sin comprender la reacción de la niña.) y Lily le palmeó cariñosamente la espalda.

—Tercero... al señor Harry Potter... —continuó Dumble­dore.—... por todo su temple y sobresaliente valor y a la señorita Lily Potter, por su determinación e increíble habilidad para sopesar a las personas, premio a la casa Gryffindor con sesenta puntos.

En toda la Sala se escucharon exclamaciones de felicidad y alegría, que provenían principalmente de Sirius, Remus, James y Lily. La Sala estaba tan contenta, que cualquiera pensaría que todos estaban en un partido de quidditch.

El estrépito fue total. Los que pudieron sumar, además de gritar y aplaudir, se dieron cuenta de que Gryffindor tenía los mismos puntos que Slytherin, cuatrocientos setenta y dos.

¡Había faltado muy poco para ganar! Pero eso no era lo más importante en aquél momento. Todos estaban muy alegres por los resultados que habían tenido aquel año, así que no se preocuparían por la Copa de las Casas, aunque nadie podía negar que habría sido realmente genial el poder ganarla.

—Hay muchos tipos de valentía —dijo sonriendo Dum­bledore—. Hay que tener un gran coraje para oponerse a nuestros enemigos, pero hace falta el mismo valor para hacerlo con los amigos. Por lo tanto, premio con diez puntos al señor Neville Longbottom.

Una nueva oleada de gritos de alegría se escuchó en la Sala. Alice estaba simplemente eufórica y Frank gritaba "¡Ese es mi hijo! ¡Ese es mi hijo! " a cada  segundo. Una vez que terminaron las exclamaciones de felicidad, el profesor Dumbledore siguió leyendo.

Alguien que hubiera estado en la puerta del Gran Come­dor habría creído que se había producido una explosión, tan fuertes eran los gritos que salieron de la mesa de Gryffindor.

Eso era exactamente lo que estaba ocurriendo en la sala en aquél momento. ¡Todos estaban simplemente felices! ¡Nada podía haber ido mejor! ¡Era simplemente fantástico lo que ocurría!

Malfoy, que no podía haber estado más atónito y ho­rrorizado si le hubieran echado el maleficio de la Inmovili­dad Total.

—¡EN TU CARA IDIOTA! —gritaron James, Sirius y Frank, ganándose una mirada reprobatoria por parte de Lily y Alice, aunque las dos sonreían ampliamente.

La profesora McGonagall sonreía con satisfacción y orgullo. ¡Su casa había ganado la Copa!

 Snape captó la mirada de Harry y el muchacho supo de inmediato que los sentimientos de Snape hacia él no habían cambiado en absoluto.

Sirius y James sonrieron ante las palabras pronunciadas por el profesor Dumbledore. Pensando que al menos Harry seguía estando de su parte.

Continuaron escuchando como, finalmente, las cosas parecían volver a la normalidad.

Harry y Ron habían pasado el año con buenas notas y, Molly y Lily sonrieron con orgullo ante eso, mientras que Arthur y James soltaron una pequeña risa, ambos estaban muy contentos

Hermio­ne, por supuesto, fue la mejor del año.

—Obviamente—dijeron James, Sirius, Gideon, Edgar, Fabián y Frank, todos sonriendo.

Seguida de Lily, que había obtenido muy buenas notas, aunque no le diera demasiada importancia y dijera que todo se lo debía a que Hermione la había hecho estudiar como si su vida dependiera de ello, se notaba que la chica estaba contenta.

—¡Buen trabajo, Lily! —murmuró Remus sonriente.

Hasta Neville pasó a duras penas, pues sus buenas notas en Herbología compen­saron los desastres en Pociones.

Frank y Alice sonrieron ante eso, felices de que su hijo fuera bueno en herbología.

Finalmente, llegó el momento de regresar al mundo muggle en los trenes.

Antes irse, Lily le pidió unos minutos a Hagrid, que accedió sonriente.

—Solo quería darte las gracias, Hagrid, por el álbum de fotos—dijo la chica sonriendo—Ha sido un detalle muy bonito de tu parte.

—No fue nada, Lily, me alegra mucho que a ti y a Harry les gustara. —repuso Hagrid, ruborizándose ligeramente.

—Y también—agregó la chica—Me gustaría que le dijeras al señor Filch que va a necesitar muchos productos de limpieza.

—¿Para qué necesitará Filch productos de limpieza? —preguntó Hagrid sin comprender, pero todos los demás estaban tan sorprendidos como él.

—¿Para qué necesitará Filch productos de limpieza? —preguntó Hagrid extrañado.

Lily le sonrió ampliamente.

 —Está  bien, voy a contarte, pero promete que no dirás nada—murmuró la pelinegra riendo.

—Está bien—contestó Hagrid, que todavía no comprendía.

—Bien, verás cuando salí de la enfermería para ir al Gran Comedor me encontré a Fred y George…—Pero antes de que terminara de decir algo, la chica vio que el tren estaba a punto de salir, así que le dio un abrazo rápido a Hagrid y volteando a verlo le gritó—¡Ya te enteraras pronto!

—Creo que Fred y George le han enseñado a mi hija el arte de las bromas…—dijo James, sonriendo y fingiendo que se limpiaba una lagrima—¡Son increíbles!

El que su hija hiciera bromas le parecía realmente genial.

 Se sentaron en el expreso de Hogwarts, charlando y riendo, mientras el pai­saje campestre se volvía más verde y menos agreste. (Todos sonrieron contentos, imaginado lo realizados que se sentirían los chicos durante el trayecto de regreso a casa) Y bajaron en el an­dén nueve y tres cuartos de la estación King Cross.

—Oh, había olvidado que los chicos tienen que volver a casa de los Dusley para vacaciones—murmuró Lily haciendo una mueca, ganándose una mirada de comprensión por parte de todos.

—Tienen que venir y pasar el verano conmigo —dijo Ron—, los tres. Les enviaré una lechuza.

—¡Eso sería genial! —exclamó Sirius sonriendo—Así saldrán de la  casa de locos antes de tiempo…

—¡A nosotros nos encantaría recibirlos! —comentó Arthur contento.

—¡Será un placer! —corroboró Molly con un brillo maternal en sus ojos.

—Muchas gracias—dijo Lily sonriendo muy agradecida.

—Gracias —dijo Harry—. Vamos a necesitar alguna pers­pectiva agradable.

—Y así saldremos del manicomio antes de tiempo…—comentó Lily.

El comentario de la niña hizo sonreír ampliamente a Sirius.

— ¡Allí está él, mamá, allí está, míralo!

Era Ginny Weasley, la hermanita de Ron, pero no seña­laba a su hermano.

—Alguien está fascinada por Harry…—comenzó Sirius riendo, pero no terminó el comentario al sentir como una almohada le impactaba en el rostro, y minutos después se escuchaba la risa de dos pelirrojas.

—¡Harry Potter! —chilló—. ¡Mira, mamá! Puedo ver...

Nadie pudo evitar reír. Era divertido imaginarse a la pequeña Ginny Weasley riendo emocionada por estar viendo a Harry.

La señora Weasley les sonrió.

—¿Un año movido?

—¡Ni que lo digas, Molly! —exclamaron Gideon y Fabián a la vez. Su hermana jamás llegaría a imaginarse la razón que tenía.

—Mucho —dijo Harry—. Muchas gracias por el jersey y el pastel, señora Weasley

—Fue muy amable de su parte—añadió Lily sonriendo.

Lily asintió aprobadoramente. Le gustaba que sus hijos se mostraran agradecidos con Molly, que había tenido el lindo detalle de regalarles algo para navidad.

—¿Ya están listos?

Era tío Vernon, todavía con el rostro púrpura, todavía con bigotes y todavía con aire furioso ante la audacia de los hermanos. Detrás, estaban tía Petunia y Dudley, con aire aterrorizado ante la sola presencia de Harry y de Lily.

—Tal vez ahora los traten mejor…—murmuró Marlene esperanzada.

Pero nadie tenía las mismas esperanzas que ella. Todos dudaban mucho que en aquél lapso de tiempo Vernon, o Petunia hubieran cambiado si quiera un poco. Y eso era ligeramente preocupante, pero todos decidieron que lo mejor sería olvidarse de eso, por el momento.

—¡Usted debe de ser de la familia de Lily y de Harry! —dijo la se­ñora Weasley

Nadie hubiera utilizado el término "familia" para dirigirse a ellos, ya que nadie consideraba que aquellas personas trataran bien a los muchachos, pero de cualquier forma, y para exasperación de muchos, Molly tenía razón, ellos eran los únicos parientes que Harry y que Lily tenían.

—Por decirlo así —dijo tío Vernon—. Dense prisa, no tenemos todo el día. —Dio la vuelta para ir hacia la puerta.

—Idiota—susurró Edgar sin darse cuenta, a lo que Sirius y James sonrieron ampliamente.

Harry y Lily esperaron para despedirse de Ron y Hermione.

—Nos veremos durante el verano, entonces. —comentó Harry.

—Espero que no pase mucho tiempo hasta entonces—añadió Lily, mientras le daba un abrazo a Ron.

—Yo también espero lo mismo—suspiró Remus, pensando que los hermanos estarían algún tiempo ligeramente aburridos.

—Espero que... que tengan unas buenas vacaciones —dijo Hermione, mirando insegura a tío Vernon.

—Comprendo tu impresión—mustió Lily haciendo una mueca. Nadie nunca podía llevarse una sensación de confianza cuando tenía a alguien como Vernon cerca.

—Oh, lo serán —dijo Harry una sonrisa burlona que se extendía por su cara—. Ellos no saben que no nos permiten utilizar magia en casa. Vamos a di­vertirnos mucho este verano con Dudley…

— ¡Esa es la actitud! —Exclamó James sonriente.

—¡Serán unas vacaciones algo divertidas, entonces! —rió Sirius animado, sonriendo burlonamente.

—Ni que lo digas—le apoyó Lily, que también estaba sonriendo burlonamente—Serán unas vacaciones que nuestro querido primo nunca olvidará…

—Ese fue el final del libro—anunció el profesor Dumbledore, sonriendo tranquilamente.