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En la sala de Menesteres: Leyendo nuestro futuro — capítulo 12

— Ese fue el final del libro —anunció el profesor Dumbledore, sonriendo tranquilamente.

—¿De verdad? —preguntó Lily, algo extrañada.

—Así es Lily—respondió el anciano profesor.

—¿Y cuando comenzaremos con el siguiente libro? —dijo Molly, con bastante curiosidad.

Pero antes de que alguien pudiera decir o hacer algo, apareció una nota, muy parecida a la primera que habían recibido antes de leer la historia de los chicos y la piedra Filosofal.

El profesor Dumbledore la tomó y leyó:

"Felicidades. Han acabado con el primer libro. Ahora es tiempo de que vayan a descansar, mañana por la mañana podrán comenzar con la lectura del segundo libro. Que  tengan dulces sueños."

Todos se quedaron callados al escuchar lo que el profesor Dumbledore leía.

—Muy bien, creo que lo mejor será que obedezcamos la nota—comentó el director.

Y sin más, todos empezaron a despedirse y a irse a sus respectivas habitaciones.

Todos estaban ansiosos. Especialmente una mujer pelirroja que acariciaba dulcemente su vientre mientras cerraba la puerta de la habitación que compartía con su esposo.

—¿Crees que el siguiente libro sea más tranquilo que el primero, James? —preguntó, mientras se sentaba en la orilla de la cama— Quiero decir, ¿Crees que esta vez no correrán peligro o algo así?

James observó a su esposa durante un segundo, sin saber muy bien que contestar.

—Sea lo que sea que ocurra—dijo finalmente, acercándose y dándole un beso en la frente a Lily, que sonrió, agradecida—estoy seguro de que, al final, todo estará muy bien. Aunque he de admitir que espero que este año hagan más bromas…

—¡James! —bufó Lily mientras ponía los ojos en blanco— ¡Mejor duérmete! —le dio un beso en la mejía, y luego se recostó en la cama— Buenas noches, amor.

Al día siguiente, todos se prepararon para ver qué se encontrarían al estar listos para la lectura. Disfrutaron de un magnifico desayuno, el cual Sirius elogió cada cinco minutos, para la diversión y fastidio de Lily.

Al terminar, se pusieron cómodos en sus asientos y, para sorpresa de algunos, apareció un libro, el cual Gideon tomó, habían decidido leer con los mismos turnos que en el primer libro.

—El nombre del libro es…—comenzó, pero se pudo ver una expresión de sorpresa e incredulidad en su rostro antes de poder terminar con el título.

—¿Qué te ocurre? —preguntó Molly impaciente.

—El libro se llama " Harry y Lily Potter, y la Cámara Secreta ".

Ahora la mayoría de los presentes se encontraban estupefactos.

—¿La Cámara Secreta? —Preguntó James, sorprendido— ¿No es un mito?

—Por supuesto que lo es—contestó Sirius, igual de asombrado, como si estuviera hablando de algo completamente ilógico.

—Alguien podría decirme ¿Qué es " La Cámara Secreta "? —preguntó Lily, aumentando la sorpresa de todos.

— ¡Vaya pelirroja!—murmuró Sirius riendo, aunque un poco más sorprendido que antes—Jamás pensé que llegaría el día en que tu no supieras algo que yo sí…

—Haz el favor de callarte, Black—replicó Lily comenzando a enfadarse. ¿Estaría mal golpearlo antes de comenzar a leer…?

—La Cámara Secreta es una leyenda, Lily—intervino Alice—La historia  cuenta de que hace miles de años, Slytherin  y Gryffindor tuvieron una fuerte discusión y Slytherin abandonó Hogwarts, pero antes de hacerlo, dejo un monstro en una Cámara, la Cámara Secreta, y se dice que el único que puede encontrarla y abrirla es el autentico heredero de Slytherin.

Lily se quedó sin habla al escuchar eso. ¿Qué relación tenían sus hijos con la Cámara de Slytherin?

—Creo que lo mejor será que comencemos a leer—musitó la profesora McGonagall después de unos  minutos.

—Bien, en ese caso…—murmuró Gideon, que continuaba algo sorprendido—el nombre del primer capítulo es " El Peor Cumpleaños "

—Excelente. Voy a enojarme desde el principio del libro. —gruñó Lily, pensando en tener una larga y extendida platica con su hermana una vez que todo esto finalizara.

**Comenzaron el libro con un "**No era la primera vez que en el número 4 de Privet Drive es­tallaba una discusión durante el desayuno…"

Y, continuaron escuchando como primer dialogo, a el conocido, y nada querido Vernon Dursley, que al parecer estaba despotricando por el ulular que procedía de Hegdwig.

—¡Es la tercera vez esta semana! —Se quejó, sentado a la mesa—. ¡Si no pueden dominar a esa lechuza, tendrá que irse a otra parte!

Harry intentó explicarse una vez más, mientras le lanzaba una mirada de advertencia a su hermana, que al parecer, estaba a punto de comenzar a gritar.

—Sería razonable que lo hiciera—comentó Frank—Por lo poco que hemos leído, deduzco que no han pasado un verano muy agradable que digamos y que han tenido esta discusión más de una vez.

—Es que se aburre. Está acostumbrada a dar una vuel­ta por ahí. Si pudiéramos dejarla salir aunque sólo fuera de noche...

—¡¿No dejan salir a Hedwig?! —preguntó Hagrid indignado—¡Ese es maltrato animal!

—¿Acaso tengo cara de idiota? —gruñó tío Vernon y Lily tuvo que morderse la lengua para no contestar a aquella pregunta.

—Tal vez la pequeña no pueda contestarte, pero ya que preguntas, si, tienes cara de un idiota muy grande—dijo Sirius haciendo una mueca, y logrando que casi todos en la Sala rieran por su comentario.

  —Ya sé lo que ocu­rriría si saliera la lechuza.

—Mmm… déjame ver, pues si la lechuza saliera, lógicamente saldría a volar y cazar, ¡Qué gran descubrimiento! —murmuró James despectivamente y al igual que Sirius, logró que algunos en la Sala rieran.

Lily estuvo a punto de señalar que lo que la lechuza haría si pudiera salir, sería seguramente buscar comida, pero fue interrumpida por una exclamación nada agradable de su primo, Dudley.

—¡Quiero más beicon!

—Parece que sigue siendo igual de malcriado que en el primer libro…—comentó Alice, con cierto toque de fastidio en su voz.

—Queda más en la sartén, ricura —dijo tía PetuniaTenemos que alimen­tarte bien mientras podamos... No me gusta la pinta que tiene la comida del colegio...

—¿Alimentarlo más? —Preguntó Lily, bastante molesta— ¡No haces bien en cumplir cada capricho de tu hijo, Petunia! ¿Acaso no lo has visto? ¡No es sano que le cumplas cada exigencia que te hace!

—No digas tonterías, Petunia, yo nunca pasé hambre en Smeltings —dijo tío Vernon—. Dudley come lo suficiente, ¿verdad que sí, hijo?

—Oh, sí, claro… ¡Por supuesto!

—¡No interrumpas, Sirius! —gruñó Lily, sonriendo un poco, aunque tratando de ocultarlo— Ya todos sabemos que Vernon no tiene las mismas ideas de lo que "suficiente" es para nosotros.

—Creo que  tenemos diferentes conceptos de lo que «lo suficiente»  significa—comentó Lily en voz lo suficientemente baja para que ni sus tíos ni su primo la escucharan.

—Estoy de acuerdo contigo Lily—murmuró Remus, casi sonriendo.

Dudley se volvió hacia Harry.

—Pásame la sartén.

— ¡Un " por favor " no estaría de más! —dijo la profesora McGonagall con desaprobación. Aquél niño sin duda había empeorado desde la última vez que ella había leído de él.

—Se te han olvidado las palabras mágicas —repuso Harry de mal talante.

—No debió decir eso…—suspiró Lily, que a medida que Gideon leía, se iba enfadando cada vez más, pensando en que sus hijos se merecían unas vacaciones lindas y memorables, todo lo contrario a lo que la familia de su hermana les ofrecía.

Y como Lily predijo, Harry no debió decir eso, ya que todos escucharon como Dudley, Petunia y Vernon reaccionaban de una forma muy mala… y estúpida.

—¡Me refería a «por favor»! —dijo Harry inmediata­mente—. No me refería a...

— ¿Quién apuesta a que no lo dejan ni siquiera explicarse?

— ¡No empieces, Canuto!

—¿Qué tiene de malo, Lunático? ¡Solo quiero ponerle un poco de diversión y emoción al momento!

Remus no puso evitar poner los ojos en blanco. ¿Sería Sirius maduro, alguna vez?

—¿QUÉ LES TENGO DICHO —bramó el tío— ACERCA DE PRONUNCIAR LA PALABRA CON «M» EN ESTA CASA?

—¿La palabra con "M"? —Exclamó James incrédulo y enojado— ¿Ni siquiera pueden decir "Magia" con libertad?

—¡Nadie mencionó la estúpida palabra con «M»!—estalló Lily enojada.

James, Sirius y Remus sonrieron ampliamente ante semejante insolencia. Aunque esperaban que aquellas palabras no tuvieran un efecto muy negativo en la morsa… es decir, en Vernon.

—¡CÓMO TE ATREVES A ASUSTAR A DUDLEY! —dijo furio­so tío Vernon a Harry,  sin prestar atención a lo que la niña le decía y golpeando la mesa con el puño.

—Idiota—gruño Edgar, pensando que los muggles parecían haber empeorado con el tiempo.

—¡TE LO ADVERTÍ! ¡BAJO ESTE TECHO NO TOLERARÉ NINGUNA MENCIÓN A SU ANORMALIDAD!

—¡Mis hijos no son ningunos anormales! —gritó Lily furiosa. ¿Alguien podría golpear a aquél estúpido muggle por ella? ¡Ni siquiera habían comenzado el libro como Merlín manda! ¿Cómo era posible que Vernon ya empezara con sus tonterías?

Lily estuvo a punto de replicarle, pero se dio cuenta de que era más prudente callar.

—De acuerdo —dijo finalmente Harry—, de acuerdo...

Lily suspiró. Habían estado teniendo aquél tipo de discusiones desde que ella y Harry habían vuelo. En aquél momento, sabía como se estaría sintiendo Harry, ya que cada vez que sucedía algo similar a lo que había ocurrido en aquél momento, era sumamente exasperante.

Lily y James hicieron una mueca ante eso, pero decidieron seguir escuchando la lectura, sin interrumpir.

Añoraban tanto Hogwarts que estar lejos de allí era como tener un dolor de estómago permanente.

—Los comprendo, chicos, yo sentía lo mismo cada vez que volvía a la casa de mis padres en el verano—murmuró Sirius haciendo una mueca ante el recuerdo—Era horrible.

Continuaron escuchando todo lo que los muchachos añoraban de la magia, pero fue lo último mencionado, lo que consiguió conmover a la mayoría de hombres de la sala.

… Y, sobre todo, Harry añoraba el quidditch.

En ese momento se pudo ver una expresión de ternura y comprensión en los rostros de casi todos los hombres de la Sala. Pero ninguna era comparable con la de James, que parecía haber escuchado lo más triste y hermoso que sus hijos pudieran haber dicho.

En cuanto los chicos llegaron a la casa, tío Vernon les guardó en un baúl bajo llave, en la alacena, todo lo relacionado con magia y la escoba de primerísima calidad, la Nimbus 2.000 que pertenecía a Harry.

—¡Esto es inaceptable! ¡¿Qué demonios les pasa a esos muggles?! —preguntó McGonagall furiosa.

—Creo que en vez de usar el cerebro, utilizan un tostador para pensar—gruñó Lily, en el mismo estado en el que se encontraba la profesora, diciendo lo primero que se le vino a la mente—Únicamente que al parecer olvidaron encenderlo.

— ¿Qué es un tostador? —preguntaron Fabián, Sirius y James al mismo tiempo.

—Es un aparato muggle—contestó Arthur rápidamente, sonriendo—Se usa

Los Dursley ni siquiera se habían acordado de que aquel día los hermanos  cumplían doce años.

—¡Feliz cumpleaños, chicos! —exclamó James acariciando levemente el vientre de su esposa, que había adquirido cierto aire de tristeza. Doce años. Doce años y ni ella ni James estaban allí para celebrarlo junto a sus hijos.

 No es que alguno tuviera mu­chas esperanzas... Pero parecía que se habían olvidado de eso completamente...

—Pelirroja, cuando celebremos alguno de los cumpleaños de los chicos hay que hacerles el mejor pastel del mundo, así que, no te preocupes, mantendré a Cornamenta alejado hasta que termines. —aseguró Sirius sonriendo, y haciendo reír a casi todos los presentes, principalmente a Lily.

— ¡Oye! ¡Yo no cocino tan mal! —replicó James, fingiendo que estaba muy ofendido, pero sin poder contener una sonrisa.

—No puedo creer que voy a decir esto—comentó Remus sonriendo de oreja a oreja—Pero Sirius tiene razón, Cornamenta, es cien veces más saludable que te mantengas lejos de los alimentos, a menos que sea para comerlos.

—Gracias por tu apoyo, Remus—gruñó James sarcásticamente  en dirección al joven licántropo, luchando por no echarse a reír, como hacían el resto de los presentes.

En aquel instante, tío Vernon se aclaró la garganta y dijo:

—Bueno, como todos sabemos, hoy es un día muy im­portante.

—¿Escuché bien lo que dijo? —preguntó Sirius incrédulo.

—No lo sé, Sirius, pero yo escuche que decía " Hoy es un día muy importante "… —contestó Marlene con una estupefacción parecida a la del joven animago.

—¿Se acordaron de que hoy es el cumpleaños de los chicos? —susurró Lily con una esperanza mesclada con incredulidad.

—Puede que hoy sea el día en que cierre el trato más importante de toda mi vida profesional —dijo tío Vernon.

—Era demasiado increíble  para ser verdad—suspiro Lily, pasando de la esperanza al enojo.

—Estúpidos Muggles. —gruñó James casi inconscientemente.

Lily sintió el amargo deseo de echarse a reír a carcajadas.

Y muy pronto todos comprendieron que la razón de que Lily quisiera hacer eso, era por una cena en aquella casa, que se trataría de negocios, con un hombre rico y su esposa.

—Creo que deberíamos repasarlo todo otra vez —dijo tío Vernon—. Tendremos que estar en nuestros puestos a las ocho en punto. Petunia, ¿tú estarás...?

Escucharon como Petunia respondía increíblemente rápido que estaría en el salón, para más adelante escuchar a Dudley decir que estaría en la puerta para alagar hipócritamente a los invitados. (Por supuesto, aquello no fue con las mismas palabras…)

— ¡Les va a parecer adorable! —exclamó tía Petunia.

—Les va a parecer imbécil—contradijo Sirius burlonamente.

 —Excelente, Dudley —dijo tío Vernon. A continuación, se volvió hacia los hermanos—. ¿Y ustedes?

Todos esperaron, queriendo saber qué harían los muchachos durante aquella cena que, al parecer, era demasiado importante para Vernon.

—Le prenderé fuego a la cocina para darle un toque especial a la casa—recitó Lily, poniendo una expresión completamente seria— ¡Estaba bromeando!—se apresuró a explicar, antes de que tío Vernon explotara.

Y, sin duda, la broma funcionó excelentemente bien en la sala, ya que todos estaban riendo encantados. Luego de escuchar como Vernon balbuceaba durante cinco minutos cosas irrelevantes sobre por qué la magia era una anormalidad, escucharon lo que realmente harían los hermanos durante aquella cena.

—Nos quedaremos en nuestro dormitorio, sin hacer ruido para que no se note que estamos —dijo Harry, con voz inexpresiva mientras Lily ponía los ojos en blanco.

—¡No entiendo por qué los tratan así! —exclamó Lily, furiosa con su hermana y con el esposo de esta.

Continuaron escuchando como la no-estimada familia de la hermana de la pelirroja embarazada planeaba la cena de aquella noche, y también continuaron descubriendo qué tan desagradablemente falsa podía resultar una persona, especialmente en esos momentos en los que Dudley se comportaba de una manera realmente estúpida.

—¡Mi caballerito ideal! —suspiró tía Petunia.

—El idiota ideal—susurró Lily observando burlonamente a Dudley.

Casi todos sonrieron ante las palabras de la chica y James y Sirius soltaron una carcajada.

—¡Tienes razón, Pequeña! —murmuró Sirius una vez que pararon de reír—Es el idiota  ideal.

—¿Y ustedes? —preguntó tío Vernon.

— Nos quedaremos en nuestro dormitorio, sin hacer ruido para que no se note que estamos —recitó Harry de nuevo.

Lily gruñó furiosa, adquiriendo el tono de color de su cabello. No podía entender que unas personas se comportaran así con un par de niños, justo el día de su cumpleaños.

Lily no era la única indignada de la Sala, todos los demás mostraban en sus rostros expresiones de desaprobación.

Finalmente, escucharon como Vernon decía que si todo salía bien, terminarían viviendo en un departamento en Mallorca.

Harry no creía que los Dursley fueran a quererlos más en Mallorca que en Pri­vet Drive.

—Eso no tiene porque importarles—dijo Molly con el ceño fruncido—Ustedes ya tienen personas que los quieren.

— ¡Tienes razón, Molly! —le apoyó Remus fervientemente.

Lily les sonrió a ambos agradecida. Era verdad. Sus hijos no necesitaban el cariño de los Dursley, porque desde ese momento  ya habían muchos que los querían.

Lily tampoco creía que sus tíos les tuvieran más cariño en otro sitio, pero aquello no le importaba en lo más mínimo. El único cariño que ella necesitaba era el de su hermano y el de sus amigos.

Sirius, James y Remus sonrieron complacidos. Si la pequeña se mantenía con esa actitud, todo sería mucho más fácil.

Harry salió por la puerta de atrás, seguido por su hermana. Era un día radiante, soleado. Harry  se dejó caer en el banco del jardín y canturreó entre dientes: «Cumpleaños feliz..., cumpleaños feliz..., me deseo yo mismo...»

Lily sintió mucha tristeza al escuchar a su hijo cantándose " Cumpleaños feliz "  a sí mismo. En aquellos momentos uno de sus mayores deseos era poder estar allí, con sus dos hijos, celebrando que ya eran un año más grandes.

—No te desanimes, Harry—dijo Lily sentándose al lado de chico y observando el cielo—No falta mucho para que salgamos de aquí, ten paciencia. —le dedicó una sonrisa y luego añadió—Y yo te deseo un feliz cumpleaños.

Harry sonrió levemente, pero no pudo borrar por completo la mueca en su rostro. Tendrían que pasarse la noche fingiendo que no existían.

—Lo siento, Pelirroja—murmuró Sirius—Pero cada vez detesto más a tu hermana y a su porcino esposo.

—No te preocupes—respondió Lily exasperada—Yo siento exactamente lo mismo.

Lo siguiente que todos escucharon, fue que había algo en el mundo que los muchachos añoraban mucho más que el quidditch, y eso era, sin duda, a sus dos mejores amigos: Ron y Hermione.

Sirius sonrió comprensivamente. Cuando él se veía obligado a regresar a casa de sus padres cada verano, lo único que deseaba era regresar para poder estar con sus amigos.

  Pero ellos no parecían acordarse de los chicos.

—¿Qué quiere decir con eso? —preguntó Molly confundida.

—No tengo idea—le respondió Alice frunciendo el ceño.

 Ninguno de los dos les había escri­to en todo el verano.

—Esto no me agrada nada—comentó Arthur preocupado—¿Por qué no han recibido cartas?

Escucharon como los dos hermanos, haciendo un alarde de inteligencia, decidieron no enterar a sus tíos de que a los magos menores de edad no se les permitía hacer magia, y en consecuencia, descubrieron que una de las actividades que Harry realizaba para divertirse era murmurar cosas entre dientes para asustar a Dudley.

Casi todos soltaron una risa ante aquello, especialmente James, Sirius y para sorpresa de algunos, Remus, en los cuales se podía percibir un aire de orgullo.

 A Lily le encantaba que su hermano hiciera esto, ya que le hacía olvidar por un momento que estaban pasando unas vacaciones horribles y aburridas.

James hizo una mueca. Nunca habría pensado que sus hijos terminarían teniendo unas vacaciones tan… vacías.

Pero ahora Ron y Hermione se habían olvidado que era el cumpleaños de ambos cumpleaños.

—No creo que lo hayan olvidado—reflexionó Frank.

—Estoy de acuerdo contigo—le apoyó Lily—Tiene que haber una razón por la cual no han recibido las cartas.

 Lily recostó su cabeza sobre las piernas de su hermano, no le agradaba el calor de aquel día, pero era mil veces mejor que quedarse a dentro de la casa. De pronto, algo captó su atención.

—¿Qué ocurrió? —preguntó Marlene desconcertada ¿Qué podría captar la atención de la niña en un lugar como aquél jardín? — ¡Apresúrate a leer Gideon!

Entre las hojas habían aparecido dos grandes ojos verdes.

— ¿Quién creen que sea? —preguntó James pensativo.

—Y ¿Por qué se oculta tras el seto? —gruñó Moody con un toque de desconfianza en la voz.

Una voz burlona resonó y los chicos se pusieron de pie de un salto.

—Sé qué día es hoy —canturreó Dudley, acercándoseles.

—¿A quién le importa que sepas que día es? —dijo Sirius componiendo en su rostro una mueca de fastidio. El seto del jardín era cincuenta veces más interesante (e importante), que Dudley.

—Enhorabuena —respondió Harry—. ¡Por fin has apren­dido los días de la semana!

— ¡No puedo creerlo! ¡Es un milagro! —exclamó James burlonamente.

—Increíble—dijo Lily abriendo mucho los ojos y cubriéndose la boca con las manos, para luego reír burlonamente— ¡Esto es todo un acontecimiento, Dudley!

—¡Hay que celebrarlo! Deberíamos de ir a las Tres Escobas por un whiskey de Fuego, yo invito…

—Contrólate, Sirius—suspiró Remus, dividido entre la exasperación y la diversión por su amigo.

—Hoy es su cumpleaños —dijo Dudley—. ¿Cómo es que no han recibido postales de felicitación? ¿Ni siquiera en aquel monstruoso lugar han hecho amigos?

—Idiota—bufó Lily molesta— ¿Por qué no te vas a molestar a otra parte y dejas a mis hijos en paz?

 Lily le dirigió una mirada asesina a su primo. ¿La regañarían muy fuerte por golpearlo…?

—Probablemente sí, pero deberías de hacerlo de todos modos, hija…

—¡James! No empieces…

—¡Oh, vamos, Lily! Solo bromeo—sonrió de manera encantadora— Aunque a mi no me molestaría si lo golpeara, después de todo, se lo merece.

—¿Por qué miras el seto? —preguntó él con recelo.

—Estoy pensando cuál sería el mejor conjuro para pren­derle fuego —dijo Harry.

—¿Sabes Harry? Creo que podríamos prenderle fuego con Dudley adentro... sí, así podríamos ver quién de los dos de quema primero—añadió Lily, fingiendo estar analizando a su primo.

James, Sirius, Frank y los gemelos Prewett estallaron en risas al escuchar a los chicos, mientras que todos los demás en la sala componían una sonrisa.

En ese momento, escucharon como Dudley se alarmaba, y a todos les pareció excepcionalmente algo divertido.

—¡Abracadabra! —dijo Harry con voz enérgica mientras su hermana movía las manos rápidamente, conteniendo el impulso de reír.—. ¡Pata de cabra! ¡Patatum, patatam!

—¿Qué es lo que está diciendo? —preguntó James sin dejar de reír animadamente.

—En los cuentos muggles que tratan sobre magos, estas son las " palabras mágicas " que se utilizan para hacer magia, ya sabes, como los hechizos que nosotros usamos… —aclaró Remus sonriendo.

—¡Mamaaaaaaá! —vociferó Dudley—, ¡mamaaaaaaá! ¡Harry y Lily están haciendo lo que tú sabes!

—Oh, Maldición—gruñó Sirius—Ahora están en problemas.

Los chicos pagaron caro aquel instante de diversión. Tía Petunia sabía que no les dio tareas que hacer, asegurándoles que no comerían hasta que hubieran aca­bado.

—¡¿Cómo puedes hacerles esto Petunia?! —estalló Lily furiosa, adquiriendo de nuevo la tonalidad de su cabello en el rostro y al borde de derramar lagrimas de rabia— ¡Son solo niños! ¡Y hoy es su cumpleaños!

Escucharon indignados como los dos hermanos Potter trabajaban sin descanso limpiando y arreglando toda la parte exterior de la casa.

— ¡Mis hijos no tienen por qué estar haciendo esto! —exclamó James indignado y furioso a la vez, mientras intentaba controlar a su esposa, que se encontraba temblando de la rabia.

Lily le sacaba brillo a las ventanas del coche, la niña se encontraba muy enojada y estaba luchando con la tentación de arrojar una piedra a las ventanas que había pasado limpiando el último cuarto de hora.

Eran las siete de la tarde cuando finalmente, exhaustos, oyeron que los llamaba tía Petunia.

— ¿La siete de la tarde? —preguntó McGonagall indignada—¿Cómo se atreve a dejarlos sin comer hasta las siete de la tarde?

— ¡Entren! ¡Y pisen sobre los periódicos!

—¡Eres una arpía, Petunia! —murmuró Lily con resentimiento en la voz. Cuando viera a su hermana… ¡No podría controlar la tentación de verla para decirle todo lo que se merecía!

—¡Coman deprisa! ¡Los Mason no tardarán! —le dijo con brusquedad tía Petunia, señalando cuatro rebanadas de pan.

—¿Solo va a darles eso de comer? —inquirió Marlene escandalizada.

—¡Estuvieron trabajando por horas Petunia! —gritó Lily llegando al límite de la indignación  y el enfado—¡Vas a escucharme cuando te vea!

Finalmente, escucharon como Petunia hacía que los muchachos salieran rápidamente para que se encerraran en su habitación.

Al cruzar la puerta de la sala de estar, vieron a  tío Vernon y a Dudley con esmoquin y pajarita.

—Idiotas—comentó James sin darse cuenta.

—Patético—dijo Lily en voz baja, viendo a sus parientes.

—Realmente patético—suspiró James, estando completamente de acuerdo con el calificativo que su hija les había dado a los Dursley.

Al pie de la escalera apareció la cara furiosa de tío Vernon.

—Recuerden, muchachos: un solo ruido y...

—Voy a hacer que ese imbécil me recuerde toda la vida por amenazar a los chicos—exclamó Sirius imaginando la mejor venganza para Vernon Dursley.

Terminaron escuchando como Harry y Lily entraban silenciosamente a su dormitorio.

Harry cerró la puer­ta y se echó en la cama, ante una mirada de sorpresa por parte de su hermana, la cual el chico no entendió. Hasta que se percato de lo que ocurría…

El problema era que ya había alguien sentado en ella.