Tituladas 15.1% · 30,063 de 199,415 descubiertas
Rescatado 23.3% · 21,950 de 94,296 páginas identificadas · 21,944/22,652 caps con texto ☕ Invitanos un café

← En la sala de Menesteres: Leyendo nuestro futuro · de

En la sala de Menesteres: Leyendo nuestro futuro — capítulo 13

El problema era que ya había alguien sentado en ella.—Leyó Gideon—Ese fue el final del capítulo.

—¿Había alguien sentado en la cama? —preguntó Lily sin comprender. Eso no era nada normal.

—Creo que será mejor que sigamos leyendo—respondió Fabián tomando el libro y aclarándose la garganta—El nombre del capítulo es " La advertencia de Dobby "

—¿Dobby?—murmuró  Alice alzando las cejas—¿Quién es Dobby?

—Creo que es ese " alguien " que estaba en la cama—respondió Remus, pensando que tendría lógica que así fuera.

 Lily se quedó muy quieta observando, con los ojos bastante abiertos, de no haber sido por un puro instinto de supervivencia, probablemente hubiera gritado.

¿Qué era lo que estaba sucediendo?, se preguntaban todos en la sala. ¿Sería ese tal "Dobby" el que estaba en la cama? Y, de ser así, ¿Quién o qué, era?

 La pequeña criatura que yacía en la cama tenía unas grandes orejas y unos ojos verdes y saltones del tamaño de pelotas de tenis.

—Es un Elfo Domestico—aseguró Frank—Y era él quien vigilaba a los chicos en el jardín…

—¿Qué hace un Elfo Domestico en un barrio  muggle? —inquirió McGonagall, con cierto escepticismo.

Eso era algo que  nadie pudo contestar, aunque algunos hicieron sus propias conclusiones.

Remus, por ejemplo, había comenzado a pensar que el Elfo estaba allí para darles un mensaje a los hermanos, basándose en el título del capítulo.

Fabián se limitó a encogerse de hombros y continuar leyendo.

Escucharon cómo Harry y Lily tomaban una silla, y se sentaban cerca de la cama, aún sin decir nada. También notaron, con cierto fastidio, que la importante (y estúpida) cena de Vernon estaba comenzando.

—Harry y Lily Potter —dijo la criatura—, hace mucho tiempo que Dobby quería conocerles, se­ñores... Es un gran honor...

—¿Son famosos entre los Elfos? —preguntó James levantando ligeramente las comisuras de los labios.

—Increíble—murmuró Arthur, bastante sorprendido, ya que al parecer toda la comunidad mágica conocía los nombres de los niños.

 Lily le sonrió a la criatura.

—Gra-gracias —respondió Harry. Quiso preguntarle «¿Qué es usted?»,**(Lily hizo una mueca, en aquél momento recordó muy bien el cómo era James cuando niño…)**pero pensó que sonaría demasia­do grosero, así que dijo:

 —¿Quién es usted?

—Me parece bien que no olvides tus modales, Harry—aprobó Lily sonriendo encantada, pensando que después de todo, Harry era mucho más prudente que James— Es una suerte que en eso te parezcas a mí.

— ¡Oye! Yo soy educado. —replicó James haciendo una mueca, intentando parecer muy ofendido.

—Sí, no digo que no lo seas James, pero eres muy imprudente—aclaró la embarazada pelirroja acariciando la mejía de su esposo con una sonrisa divertida.

—Dobby, señor. Dobby a secas. Dobby, el elfo doméstico —contestó la criatura.

—Ya sabemos quién es Dobby—comentó Sirius, bastante interesado en el elfo. Era algo bastante raro que un elfo doméstico visitara un barrio muggle para hablar con unos niños.

—Sí, ya lo sabemos—corroboró Frank, sin embargo, algo no le quedaba claro… —Pero ¿Qué querrá advertirles?

—¡Vamos, Fabián! —le apremió Molly a su hermano, deseando que todo se aclarara— ¡Continúa!

Continuaron escuchando como Harry le preguntaba a Dobby si había llegado a aquella casa por algún motivo en especial, cosa que para los presentes, resultaba obvia.

 —Sí, señor —contestó Dobby con franqueza—. Dobby ha venido a decirles, señor..., no es fácil, señor...

La intriga iba creciendo a medida que Dobby hablaba. Todos deseaban saber ya por qué había ido a

—Siéntese —dijo Harry, señalando la cama.

Ahora Lily sonrió más ampliamente. Le alegraba que su hijo se mostrara hospitalario con el elfo doméstico.

Lily iba a sonreír de nuevo, cuando, para su sorpresa, el elfo rompió a llorar.

Ahora sí que todos estaban muy desconcertados. ¿Qué le había sucedido al elfo para reaccionar así?

—¡Sen-sentarme! —gimió—. Nunca, nunca en mi vida...

—¿Nunca le habían pedido que se sentara? —preguntó Lily frunciendo el ceño. Ese era un pequeño indicio de que Dobby pertenecía a una familia de magos nada agradable.

Después, como haciendo eco de los pensamientos de la mujer, leyeron como Dobby explicaba que jamás lo habían invitado a sentarse "como un igual"

—Creo que este Elfo vive en una casa donde no lo tratan muy bien que digamos…—comentó James.

—Creo que tienes razón, Cornamenta—corroboró Remus asintiendo con la cabeza.

 Lily le dio unas suaves palmadas en la espalda al elfo, de manera desesperada. Estaba segura de que todo aquél ruido se escuchaba abajo. Por fin, el elfo consiguió reprimirse y se quedó con los ojos fijos en los chicos, mirándoles con devoción.

Aquello se iba poniendo cada vez más interesante. Y la curiosidad de los presentes aumentó cuando Dobby comenzó a castigarse a sí mismo, después de confirmarle afirmativamente  a Harry que no había conocido a magos muy educados.

—Pobrecito—se apiadó Alice—Sus amos deben de tratarlo realmente mal.

— ¡Es horrible el tipo de esclavitud en el que viven los elfos! —exclamó Lily indignándose por lo último que había leído Fabián.

—No a todos los tratan así, Pelirroja—dijo Sirius en dirección a Lily—La mayoría de los elfos son amantes de la esclavitud.

Lily bufó en completo desacuerdo ante eso.

Lily hizo una mueca  ante eso. No podía creer que alguien tratara así a un ser vivo.

Siguieron poniendo atención a las palabras del elfo, que contaba todos los castigos y regaños que había tenido a lo largo de su vida.

— ¡Lo tratan horrible! —exclamó Alice sorprendida—¿Por qué alguien trataría así a un elfo?

 — ¡Eso es horrible! —murmuró Lily indignada.

Todos estaban completamente de acuerdo con eso, pero algunos sonrieron ligeramente un segundo después, cuando comprobaron la inocencia que los muchachos tenían sobre el mundo mágico en el momento en el que Harry le preguntó a Dobby por qué no abandonaba a "su familia"

Y algunos se divirtieron incluso un poco más, en el momento en el que Harry le preguntó al elfo si él y Lily podían hacer algo para ayudarle.

—Mmm… creo que no debió decir eso—comentó Sirius pensando en la posible reacción del elfo domestico. Y esforzándose por no comenzar a reír.

Dobby se deshizo de nuevo en gemidos de gratitud.

  —Tranquilícese—rogó Lily observando al elfo nerviosamente—Tranquilo…

James hizo una mueca de nerviosismo. Si los Dursley se enteraban de lo que estaba ocurriendo en la habitación de sus hijos, tendrían muchos problemas.

—Harry Potter pregunta si él y su hermana pueden ayudar a Dobby... Dobby estaba al tanto de su grandeza, señores, pero no cono­cía su bondad...

—Parece que en cualquier momento va a proponerles matrimonio…—rió Sirius ligeramente.

—Esto no es cuestión de risa, Sirius—replicó Lily dedicándole una mirada severa— ¡Pueden meterse en problemas por el ruido que Dobby está haciendo!

Harry, consciente de que se estaba ruborizando, dijo:

 —Sea lo que fuere lo que ha oído sobre mi grandeza, no son más que mentiras. Ni siquiera soy el primero de la clase en Hogwarts, es Hermione, ella...

Pero se detuvo, le dolía pensar en Hermione.

—Me sigue pareciendo extraño que no recibieran cartas ni de Ron ni de Hermione…—mustió James.

—A mi también—respondió Frank—No creo eso de que se olvidaron de escribirles….

Esa era una de las cuestiones más inquietantes que se habían presentado desde el inicio del libro.

Lily hizo una mueca ante las palabras de  su hermano. Jamás lo admitiría en presencia de Hermione, pero le hacían mucha falta todos sus regaños y sus insistencias sobre hacer lo correcto y estudiar todos los días.

Lily, Alice, Molly y McGonagall sonrieron con ternura ante eso. Ellas sabían que la amistad entre esas dos chicas era simplemente… única.

A Dobby se le llenaron los ojos de lágrimas.

Aquél elfo sin duda era extremadamente extraño.

—¡Ay, señores! —exclamó—. ¡Harry y Lily  Potter son valientes y arrojados! ¡Han afrontado ya muchos peli­gros! Pero Dobby ha venido a protegerlos, a ad­vertirles, aunque más tarde tenga que pillarse las orejas en la puerta del horno, de que Harry y Lily Potter no deben regresar a Hogwarts.

—¡¿Qué?!—exclamaron James, Sirius, y McGonagall al mismo tiempo.

—¿A qué se refiere con que no deben volver? —preguntó Lily frunciendo el ceño.

—¡Esto no me huele nada bien! —gruñó Moody.

—¡Ese elfo está loco! —aseguró James abriendo mucho los ojos—¿Cómo se le ocurre que mis hijos no deben volver a Hogwarts?

—Debe de haber una explicación coherente—intervino Remus, dirigiéndole una mirada al profesor Dumbledore, que aunque no hablaba demasiado, analizaba cada palabra que escuchaba— ¿Por qué cree que el elfo dice que no deben volver a Hogwarts?

—Me temo, que no lo sé, muchacho, pero creo que lo más prudente es que sigamos leyendo, quizá el elfo revele quién lo envía, así será más fácil deducir por qué no desea que los niños vuelvan al colegio. —murmuró el profesor serenamente.

—¿Qué-qué? —tartamudeó Harry—. Pero si tenemos que regresar. No per­tenecemos a esta casa, pertenecemos al mundo de Hogwarts.

—¡Bien dicho, Harry!  Tú y la pequeña pertenecen a Hogwarts. —dijo Sirius interrumpiendo la lectura. Él sabía lo que se sentía vivir en un lugar donde no se era bien recibido, ya que él mismo lo había vivido, y no podía imaginarse lo horrible que resultaría que en vez de poder ir a Hogwarts, donde estaban sus amigos; su verdadera familia, tuviera que quedarse encerrado en ésa casa.

—Debe haber un error—añadió Lily—Nosotros no podemos faltar a Hogwarts, y tampoco queremos hacerlo.

—De hecho, no van a hacerlo—aseguró James,  que estaba completamente convencido de que ni Harry ni Lily aceptarían quedarse en aquella casa.

—No, no, no —chilló Dobby—. Harry y Lily Potter deben estar donde no peligre su seguridad. Si Harry y Lily  Potter vuelven a Hogwarts, estarán en peligro mortal.

—¿Peligro mortal? —preguntó Lily asustada—¿Por qué estarán mis hijos en peligro mortal si vuelven a Hogwarts?

—¡Esto es ridículo! —afirmó la profesora McGonagall—¡Peligro mortal! ¡Incoherente! ¿Cómo van a estar en peligro mortal, con Dumbledore aquí?

James y Sirius sonrieron a la profesora, ambos de acuerdo con ella.

—Me halagas, Minerva—murmuró Dumbledore amablemente a la profesora—Pero aunque sabes que jamás dejaría que algo malo le pasara a mis estudiantes, no soy infalible.

McGonagall bufó, en señal de desacuerdo, pero asintió con la cabeza lentamente.

—Hay una conspiración. Una conspiración para hacer que este año sucedan las cosas más terribles en el Colegio Hogwarts de Magia —susurró Dobby—.Harry y Lily Potter no deben exponerse al peli­gro: ¡son  demasiado importantes, señor!

— ¿Una conspiración para que sucedan cosas terribles? —susurró Molly con un hilo de voz, ahora sí, bastante asustada.

Mientras que Alice y Lily se estremecían preocupadas.

— ¿Creen que diga la verdad? —preguntó Marlene, intentando analizar las cosas.

—No estoy seguro—contestó Edgar frunciendo el entrecejo. Aquello parecía algo realmente muy extraño.

Continuaron analizando palabra a palabra lo que escuchaban que Dobby decía. Y, aunque Dobby seguía haciendo mucho ruido, eso no fue lo que preocupó a los presentes principalmente, sino que fue ese momento en que Harry quiso saber si Voldemort estaba relacionado con aquella extraña y todavía no confirmada conspiración.

—¡Es verdad! —Susurró Lily con la voz temblorosa— ¡Voldemort podría tener algo que ver en esto!

—Tranquilízate, pelirroja—mustió Sirius, que no estaba seguro de qué pensar—Puede que el elfo se refiera a otra cosa.

—Sirius tiene razón, cariño—aseguró James—Estoy seguro de que no les ocurrirá nada malo.

 Dobby movió lentamente la cabeza de lado a lado.

—No, no se trata de Aquel-que-no-debe-ser-nombrado, señor.

—¿Entonces? —Preguntó Arthur confundido—¿Quién es el que planea la supuesta conspiración?

—Esto cada vez se pone más sospechoso…—reflexionó Gideon.

Siguieron escuchando la conversación, pero no pudieron encontrar más detalles trascendentales en ella, lo únicamente importante, y preocupante que sucedió, fue que en el piso inferior de la casa, aparentemente se había escuchado todo el ruido que había producido Dobby en la habitación.

Vernon no parecía nada contento, aunque aquello a nadie le interesaba.

—¡Dudley debe de haberse dejado otra vez el televisor encendido, el muy tunante!

—¿Qué es una televisión? —preguntó Hagrid sin comprender.

—Es un aparato muggle que muestra imágenes—aclaró Remus—A los muggles les encanta.

 —¡Maldición! —susurró Lily nerviosa, tomando un libro apresuradamente, para luego sentarse en la cama fingiendo que leía.

—¡Rápido! ¡En el ropero! —dijo Harry, empujando a Dobby, cerrando la puerta y echándose en la cama junto a Lily en el pre­ciso instante en que giraba el pomo de la puerta.

No parecía que aquello fuera a funcionar para distraer a Vernon, pero sería peor que hubieran sorprendido a Harry y a Lily charlando con un ruidoso y aparentemente trastornado elfo.

—¿Qué demonios están haciendo? —preguntó tío Vernon—¡Un ruido más, y desearán no haber nacido!

—¿Quién demonios se cree para amenazar a mis hijos? —Exclamó Lily furiosa—¡Que se atreva a hacerlo de nuevo, y será el él que deseará no haber nacido!

Al igual que ella, todos los demás en la Sala saltaron en exclamaciones de enfado y amenazas contra Vernon Dursley.

Tío Vernon salió de la habitación pisando fuerte con sus pies planos. Lily le dedicó una mirada de enfado al libro que sostenía en sus brazos mientras lo dejaba en su lugar.

Lily no era la única enfadada,  en aquella sala todos los presentes estaban deseando poder cruzar unas cuantas palabras con el esposo de Petunia.

Todos continuaron poniendo atención, pero lo único que sucedió fue que Harry trató de explicarle a Dobby que en Hogwarts era el único lugar donde él y Lily tenían amigos.

—¿Amigos que ni siquiera escriben a Harry y a Lily Potter? —preguntó Dobby maliciosamente.

—¡El interceptó la cartas!—exclamó Marlene.

—¡No debió hacerlo! —gruñó Lily molesta—¡Se han sentido olvidados todo el verano por no poder recibir sus cartas!

 —Supongo que habrán estado... ¡Un momento! —dijo Harry, mientras Lily le dirigía una mirada acusadora a Dobby—. ¿Cómo sabe usted que nuestros amigos no han escrito?

**¿Con qué propósito Dobby había interceptado las cartas de los muchachos?**Claro, seguramente él habría pensado que si no recibían alguna señal de vida de sus amigos… no querrían volver.

Luego de unos momentos, todos escucharon como Dobby trataba de explicarse y también como informaba que él tenía todas las cartas en su poder, allí mismo.

Ninguno de los dos  escuchaba. Se abalanzaron sobre las cartas, pero Dobby los esquivó.

—Harry y Lily Potter las tendrán, señores, si le dan a Dobby su pa­labra de que no volverán a Hogwarts. ¡Señores, es un riesgo que no deben afrontar! ¡Díganme que no irán!

—¡Está chantajeándolos! —murmuró McGonagall enojada.

—¡El elfo está muy mal de la cabeza si cree que los chicos dejarán de ir a Hogwarts! —aseguró James negando con la cabeza. ¡Algo no estaba bien con él, sin duda! ¿Por qué simplemente no dejaba que los muchachos estuvieran tranquilos con sus cartas, y con la ilusión de ir  a Hogwarts el próximo primero de Septiembre?

—¿Nos está chantajeando? —preguntó Lily comenzando a enfadarse.

—¡Irémos! —dijo Harry enojado—. ¡Dénos las cartas de nuestros amigos!

—Entonces, Harry y Lily  Potter no le dejan a Dobby otra opción —dijo apenado el elfo.

—Espera ¿Qué quiere decir con eso? —preguntó Lily nerviosa.

Un segundo después aquella pregunta fue completamente innecesaria, ya que escucharon como Dobby había salido de la habitación y bajaba las escaleras rápidamente.

—¡Oh, Merlín!—exclamó Alice preocupada—¡Va a meterlos en muchos problemas!

—¡Oh no! —dijo Lily con la voz entrecortada, presa del horror—¡Tenemos que hacer algo, Harry!

—¡Tienen que apresurarse! —suplicó Lily—¡Petunia y su esposo no deben ver a Dobby!

Pero, como los miembros de la Orden pudieron comprobar, ya era demasiado tarde cuando los chicos bajaron.

El pudín de tía Petunia, flotaba cerca del techo. Dobby estaba en cuclillas sobre el armario.

—¿En que está pensando el elfo? —chilló Molly.

—¡Más le vale no dejarlo caer! —murmuró Lily entrecortadamente.

—No—suplicó Lily con voz temblorosa—Baje de allí, por favor…, no cometa ninguna imprudencia, podemos arreglar esto sin necesidad de que Harry y yo tengamos que dormir en el cementerio esta noche…

Todos sabían que, si Dobby dejaba caer el pastel, los muchachos tendrían un problema realmente muy grave.

—Deben prometer que no irán al colegio…

—¡Que necio es! —exclamó Sirius exasperado—¡Los chicos irán a Hogwarts, le guste o no a ese elfo!

Después de que los dos niños respondieran algo realmente parecido a la exclamación del niño, todos se dieron cuenta de que ya no había nada que hacer.

El pudín cayó al suelo con un gran estrépito y Dobby desapareció.

—Oh, no—gimieron Molly, Alice, Marlene y Lily al mismo tiempo, todas presas del horror.

Tío Vernon entró de sopetón en la cocina.

Todos sintieron pena y preocupación por los dos chicos, imaginando el pleito que se les armaría a continuación.

Parecía que todo iba a crecer tanto, que sería un problema horrible.

Pero todo fue oficialmente un desastre en el momento en que llegó una advertencia del Ministerio de Magia, recordándoles a lo muchachos que no podían hacer magia fuera del colegio.

Lily sintió levemente que ella volvía a sus tiempos de escuela, ya que cuando era joven, había recibido una de esas…

La cuestión parecía no poder volverse más insostenible, pero luego escucharon que la persona que había leído la carta, había sido Vernon.

—Esto no puede empeorar más…—suplicó Remus, bastante preocupado por los chicos, recordando ligeramente cuando algún profesor los atrapaba a él, a Sirius, a James y a Peter en una de sus bromas.

—No nos habían dicho que no se les  permitía hacer ma­gia fuera del colegio —dijo tío Vernon, con ra­bia—. Olvidaron mencionarlo... Un grave descui­do, me atrevería a decir...

Nadie quería seguir escuchando la posible reprimenda que seguiría después de eso. Pero continuaron escuchando, con preocupación, lo que pasaba después de aquella exclamación furiosa de la, mejor conocida en la sala, como Elefante idiota con bigote.

—No tenemos muy buena memoria que digamos—respondió Lily en voz baja sin poder contenerse, no muy segura de si tío Vernon la había escuchado o no.

Sirius casi sonrió, recordando las respuestas que él le daba a su madre cuando esta lo reprendía por cada cosa "inadecuada" que el solía hacer mientras estaba en su casa.

—Bueno, muchachos, ¿saben qué les digo? Los voy a ence­rrar... Nunca regresarán a ese colegio... Nunca... Y si utilizan la magia para escaparse, ¡Los  expulsarán!

—¡No creerá que el colegio nos quedaremos sentados sin hacer nada al ver que los muchachos no llegan! —exclamó la profesora McGonagall con impaciencia.

—Gracias, profesora—le dijo Lily en un murmullo no muy fuerte, se notaba que estaba furiosa.

Tío Vernon fue tan duro como había prometi­do.

Todos escucharon indignados como había mandado a poner una reja en la ventana de los chicos, y encima una pequeña abertura en el suelo donde les pasaban una cantidad mezquina de comida.

— ¿Cómo se atreve? —Inquirió Molly indignada— ¡No puede tratar así a unos niños!

—¡Lo siento, pelirroja, pero voy a hacer que el idiota esposo de tu hermana me recuerde hasta el día en que muera! —exclamó Sirius evidentemente enojado.

—Que nos recuerde, querrás decir—contestó James con voz peligrosa, cargada de enfado.

Pero Lily no contestó, estaba tan furiosa que no podía pronunciar absolutamente nada. No podía creer que alguien de su familia, dejara que trataran de esa forma a sus hijos.

—Malditos y estúpidos Dursley—mustió James furioso—Van a lamentar tratar de esa forma a mis hijos.

—¡Voy a matarte Petunia! —gritó Lily, que parecía estaba a punto de echarse a llorar de frustración, en el momento en el que escuchaba como su hermana pasaba un plato con una miseria de sopa que no estaba en buenas condiciones.

Harry lo levantó y se dirigió hacia Lily, pero ella negó con la cabeza.

—Tómatela tu—murmuró con voz ronca, pensando en que al parecer Harry estaba diez veces más hambriento que ella—Yo no tengo hambre—mintió rápidamente, al ver que su hermano se disponía a discutir.

—¿Qué es lo que pretenden? —estalló Remus, increíblemente furioso—¿Matarlos de hambre? ¡Son solo unos niños!

—¿Por qué no pueden venir a vivir conmigo? ¿O con Remus? —preguntó Sirius, desesperado ante la vida que llevaban su ahijado y la pequeña en aquella casa.

Pero nadie supo contestar a esa pregunta, así que siguieron escuchando la lectura.

Escucharon como pasaba el tiempo, y como llegaba la noche y los muchachos se quedaban profundamente dormidos, pero aparentemente, no tenían sueños agradables.

—¡Para! —dijo Harry—. Déjame en paz... Basta ya..., estoy intentando dormir...

Abrió los ojos. La luz de la luna brillaba por entre los ba­rrotes de la ventana. Sin darse cuenta había despertado a Lily, que al parecer estaba enfadada.

James sonrió un poco. Recordaba lo mucho que le molestaba que le despertaran cuando estaba durmiendo plácidamente.

—¿Qué está pasando? —gruñó molesta, pero se calló de golpe al ver la ventana.

Parecía que había algo importante allí, pensaron muchos, intentando encontrar algún significado oculto en la aparente u cegadora luz de la luna…

 Alguien los miraba tras la reja: alguien con la cara llena de pecas, el pelo cobrizo y la nariz larga.

Muchos reaccionaron ante esa descripción. ¿Sería posible…?

—Ron Weasley estaba afuera en la ventana—Leyó Gideon.

—¿Qué? —dijeron Molly, Arthur, Lily, James, Sirius y Remus al mismo tiempo, incrédulos y en tonos de voz realmente distintos.

—¡Genial! —mustió Fabián, que al parecer estaba encantado con la idea.

—¡Increíble! —corroboró Gideon.

—¿Cómo es posible? —exclamó Sirius emocionado.

Molly estaba contenta por el hecho de que su hijo estuviera allí, seguramente intentando ayudar a los chicos, pero no dejaba de preocuparle, principalmente, cómo habían llegado hasta allí y cómo demonios estaban afuera de la ventana.

—El nombre del capítulo es " La Madriguera " —leyó Molly sonriendo ampliamente ante el título.

— ¿La Madriguera? —preguntó Lily sin comprender las sonrisas de Arthur y Molly.

—Es nuestra casa—aclaró Arthur con una sonrisa amable.

—¡Qué bien! ¡Eso quiere decir que dejaran  a los Dursley antes de tiempo! —exclamó Remus animado.

 —¡Ron! —Exclamó Harry, encaramándose a la ventana y abriéndola—. Ron, ¿cómo has logrado...? ¿Qué...?

Eso era exactamente lo que Molly habría dicho de haber estado en el lugar de Harry, claro, únicamente con la diferencia de que ella lo habría gritado y lo habría dicho con un tono de voz completamente furioso.

Lily se acercó a la ventana también muy rápido y se quedó de piedra cuando vio lo que había detrás de ella.

Arthur estaba comenzando a preguntarse qué sería lo que Lily había visto a través de la ventana, y también esperaba que no fuera nada que enfadara a su esposa…

Ron sacaba la cabeza por la ventanilla trasera de un viejo coche de color azul turquesa que estaba detenido ¡ni más ni menos que en el aire!

— ¡Yo quiero un coche así! —Murmuró James emocionado— ¿Dónde lo han conseguido?

— ¡Excelente! —exclamó Sirius contento y admirado con el coche.

Molly le dedicó una mirada severa a Arthur, estando casi segura de que el automóvil era de él.

Lily suspiró aliviada. Sus hijos saldrían de esa espantosa casa.

Sonriendo a los hermanos  desde los asientos delanteros, estaban Fred y George, los hermanos gemelos de Ron.

—Debí imaginarlo…—suspiró Molly dividida entre el enfado ligero con sus hijos, y la alegría de que Harry y Lily saldrían de Privet Drive.

Pero a diferencia de ella, James, Sirius y Remus sonreían encantados ante la perspectiva de que los gemelos tuvieran algo que ver con el escape de los chicos.

Escucharon como Ron preguntaba qué había sucedido, y también como decía que los había estado invitado algunas diez veces en cada una de sus cartas.

—Fue muy lindo de su parte invitarlos a su casa…—murmuró Lily, dirigiéndole una sonrisa a el matrimonio Weasley.

Después de que siguieron conversando por unos apresurados momentos, escucharon a Harry hacerle una petición realmente… sin sentido, a Ron. Aunque, la verdad para algunas chicas resultó tierna la inocencia del muchacho.

 —Mira, puedes decir en Hog­warts que los Dursley nos tienen encerrados y que no podremos volver al colegio…

—¡Oh, vamos Harry! —dijo Sirius riendo—No me digas que crees que únicamente fueron a saludarlos…

Lily le dedicó una mirada de impaciencia a su hermano. ¿De verdad pensaba que Ron y sus hermanos habían ido allí para hacerles una visita de cortesía a la mitad de la noche?

—Deja de decir tonterías —dijo Ron—. Hemos venido para llevarte a casa con nosotros.

— ¡Mil gracias, Ron! —Murmuró James sonriendo ampliamente—¡Tú y tus encantadores hermanos son los mejores!

—Pero tampoco ustedes pueden  utilizar la magia para sacarnos...

Algunos se percataron de que aquello podía ser un problema, ya que la ventana tenía rejas, y no era una opción salir por la puerta principal…

—No la necesitamos —repuso Ron, señalando con la ca­beza hacia los asientos delanteros y sonriendo—. Recuerden a quién he traído conmigo.

Gideon y Fabián se sintieron inmensamente complacidos al saber que los hijos de su hermana eran noblemente bromistas.

Y por primera vez, Molly se alegró de que así fuera, al igual que todos los demás en la Sala, incluida la profesora McGonagall.

—¡Estupendo! —murmuró Lily sonriendo emocionada por primera vez en todas las vacaciones.

Escucharon como Fred y George ataban y hacían varias cosas con la reja de la ventana y finalmente, con una exclamación de alegría por parte de todos los presentes, oyeron como la reja se desprendía. ¡Lo habían conseguido!

—Entren —dijo Ron.

—Pero todas nuestras cosas de Hogwarts... Las varitas mági­ca, mi escoba...

— ¡La escoba! —exclamó James, mientras su alegría flaqueaba levemente por la preocupación de que su hijo olvidara su magnífica escoba.

Lily le dedicó una mirada enfadada, pero no dijo nada y se limitó a seguir escuchando la lectura. Lo que sucedió a continuación, fue que Fred y George entraron en la habitación de los muchachos, y, aunque la puerta estaba con llave, George sacó una horquilla de su bolsillo, y comenzó a forzar la cerradura.

—Muchos magos creen que es una pérdida de tiempo aprender estos trucos muggles—observó Fred—, pero noso­tros opinamos que vale la pena adquirir estas habilidades, aunque sean un poco lentas.

—¡Bien dicho! —dijeron Sirius y James a la vez, ambos encantados con la habilidad de los gemelos. Aprender trucos muggles sin duda nunca estaba de mas.

Se oyó un ligero «clic» y la puerta se abrió.

Gideon y Fabián sonrieron con orgullo. Sus sobrinos eran lo máximo.

—¡Vamos! ¡Apresúrense! —dijo Lily nerviosa. La emoción de saber que sus hijos estaban a punto de salir de aquél lugar, le traía también la preocupación de imaginarse lo que pasaría si Vernon o Petunia se daban cuenta de que estaban tratando de escapar.

Después de unos minutos que pasaron de manera exageradamente apresurada, al fin, Lily se subió al coche, y Fred y George hicieron lo mismo.

Pero cuando Harry subía al alféizar de la ventana, se oyó un chillido detrás de él, seguido por la voz de tío Vernon.

—¡ESA MALDITA LECHUZA!

—¡Se olvidaban de Hedwig! —murmuró Hagrid desaprobadoramente.

Escucharon como Harry corría a través de la habitación y tomaba la jaula de Hedwig, para luego pasársela a Lily, pero en ese momento…

Tío Vernon aporreó la puer­ta, y ésta se abrió de par en par.

Lily contuvo la respiración durante un momento ¿Qué pasaría? Esperaba con todas sus fuerzas que los chicos lograran escapar.

Lily pudo ver desde la ventana a un furioso tío Vernon que, abalanzándose sobre Harry, lo agarró por un tobillo.

—¡Suelta a mi hijo, grandísimo cerdo mitad elefante! —Gritó Lily, volviendo a enfurecerse.

—Tranquilízate, Lily—dijo James intentando tranquilizar a su esposa— ¡Van a escapar de allí! ¡Ya verás!ç

Y, afortunadamente, como James lo había predicho, los muchachos consiguieron escapar después de que Vernon, Petunia y Dudley se quedaran parados de una manera estúpida frente a la ventana.

—¡SI! —gritaron James, Sirius, Gideon y Fabián sonrientes.

—¡Me encantaría ver sus caras! —rió James encantado.

—¡Hasta el próximo verano! —gritó Harry.

—¡Buena esa Harry! —exclamó Sirius, que al igual que el resto de los presentes, se estaba riendo a carcajadas.

Escucharon como los Weasley preguntaban que era lo que había sucedido.

Lily hizo una mueca recordando los últimos días en Privet Drive, así que se limitó a sonreír ampliamente al cielo nocturno a través de la ventana, imaginándose  lo que ocurría en la casa de sus tíos.

Sin duda alguna, la casa de los Dursley resultaría, por primera vez,  un lugar realmente divertido.

Continuaron escuchando como Harry les explicaba a los muchachos lo de Dobby y su advertencia.

—Muy sospechoso —dijo finalmente Fred.

—¿Tú crees? —preguntó Sirius sarcásticamente, ganándose una mirada envenenada de Molly.

Después todos escucharon como los muchachos llegaban a la conclusión de que talvez todo podría haber sido algo planeado por alguien que no quería que los muchachos volvieran al colegio.

—Draco Malfoy —dijo Harry—. Me odia.

—Nos odia—corrigió Lily con satisfacción.

—¿Creen que haya sido Malfoy? —preguntó Marlene.

—Pues yo creo que es perfectamente posible—respondió Sirius, analizando la situación.

—A mi me parece que decía la verdad…—reflexionó Lily—Si no ¿Por qué se castigaba tanto?

—Tienes razón—corroboró Remus—Pero creo que será más fácil enterarnos si seguimos leyendo.

—No sé si los Malfoy poseerán un elfo —dijo Harry.

—Claro que lo tienen—masculló Sirius haciendo una mueca—Todas las nobles, prestigiadas y estúpidas familias que se creen superiores por ser sangre pura tienen un elfo.

—Pero yo creo que el Dobby decía la verdad. —comentó  Alice con seguridad, recordando a la pobre criatura.

Lily, al igual que su hermano, se encontraba reflexionando sobre el asunto. Quizás Dobby fuera el elfo del idiota de Malfoy, pero a ella le pareció que decía la verdad.

Pero, finalmente, los muchachos terminaron cambiando de tema, y todos se concentraron en algo mucho más divertido.

—¿Su  padre sabe que se han llevado el coche? —preguntó Harry, adivinando la respuesta. Mientras Lily dejaba escapar una amplia sonrisa.

—Por supuesto que no lo está—rió Gideon animadamente. —Y Molly mucho menos.

—¡Claro que no! —Corroboró Fabián soltando una carcajada—¡Molly dejando que tres de sus hijos salir solos en la noche en un coche volador! ¡Sería más sensato decir que  Gideon y yo sacamos más T.I.M.O.S  juntos de los que Hermione conseguirá cuando este en quinto!

Molly les dedicó una mirada acecina, pero decidió que sería mejor seguir leyendo y después encargarse de sus hermanos.

Cuando todos escucharon la respuesta negativa de Ron, y además que este tenía la esperanza de que su madre no se enterara, nadie pudo reprimir una sonrisa.

—Demasiado tarde, Ron—dijo Sirius intentando no reírse—Tu madre ya lo sabe.

   Lily casi rió ante eso, no sabía por qué, pero tenía la corazonada de que la señora Weasley se enteraría de que el coche no estaba.

La conversación que todos escuchaban continuó con preguntas sobre la profesión del señor Weasley, y también de algunos otros temas.

—Vivimos un poco apartados del pueblo —explicó Geor­ge—. En Ottery Saint Catchpole.

—No lo conozco—comentó Lily dirigiéndose a Molly—¿Cómo es?

—Es un lugar hermoso—aseguró la mujer—está lleno de gnomos, claro, pero también tiene sus ventajas.

Al final, escucharon completamente sorprendidos, y encantados, la descripción de la casa.

…«La Madriguera».

Ese, era sin duda un nombre genial para una casa, pensó Sirius, pensando en la cara que pondría su madre si llegara a ver un lugar así.

—No es gran cosa.

—¡Aparentemente es increíble! —exclamó James contento, recordando la manera en que sus hijos vivían en Privet Drive.

—Es una maravilla —repuso Harry, contento.

Lily parecía encantada con el lugar, y no dejaba de admirar la casa, pensando en el ataque de nervios que le daría a tía Petunia de tan solo verla.

—Seguramente entraría en una crisis existencial—coincidió Lily  con su hija, sonriendo ampliamente.

—Ahora tenemos que subir las escaleras sin hacer el menor ruido —advirtió Fred—, y esperar a que mamá nos llame para el desayuno. Entonces tú, Ron, bajarás las esca­leras dando saltos y diciendo: «¡Mamá, mira quién ha llega­do esta noche!» Ella se pondrá muy contenta, y nadie tendrá que saber que hemos cogido el coche.

—Oh, sí, y eso funcionara—se burló James animadamente. —¡Es buena excusa, si no tienes fama de bromista!

—Tienes razón, Cornamenta—mustió Sirius, sonriente—Pero no tenían muchas opciones ¿Qué otra cosa podían decirle?

—Quizá que habían salido a caminar a dar un paseo de mañana y se encontraron casualmente a los chicos caminando por el pueblo…así que decidieron invitarlos a pasar unos días—sugirió Arthur ingenuamente, pero al darse cuenta de que su esposa estaba a su lado se arrepintió de haberlo dicho.

—Arthur—murmuró Molly tranquilamente, haciendo que su esposo se encogiera en su haciendo—Tu y yo hablaremos cuando volvamos a casa.

Y sin más, continuó leyendo.

De repente, Ron se puso de un color verdoso muy feo y clavó los ojos en la casa. Los otros cuatro se dieron la vuelta.

—Creo que aquí te veremos, Molly—comentó Sirius tratando de no reírse. Y como Sirius había predicho, Molly apareció en el libro, con una apariencia aparentemente aterradora.

—Así que... —dijo.

—Buenos días, mamá —saludó George, poniendo lo que él consideraba que era una voz alegre y encantadora.

—Eso no te servirá de nada—negó James, sonriente—Sirius y yo lo probamos con mi madre muchas veces.

—Tienes razón, Cornamenta—murmuró Sirius con nostalgia. —Oh si, que buenos tiempos…

Y, como si los "buenos tiempos" de James y Sirius hubieran vuelto de pronto, oyeron como Molly les reclamaba a sus hijos lo extremadamente preocupada que había estado.

—¡Las camas vacías! ¡Ni una nota! El coche no estaba... Creía que me volvía loca, pero no les importa, ¿verdad?... Nunca, en toda mi vida... Ya verán cuando llegue a casa su padre, un disgusto como éste nunca me lo dieron Bill, ni Charlie, ni Percy...

Molly encontró un ligero consuelo al escuchar que ni Bill, ni Percy ni Charlie le habían dado un problema tan grande… Claro, Fred y George seguramente se encargarían de compensar la ausencia de problemas con creces.

—Percy, el prefecto perfecto —murmuró Fred.

—No debiste decir eso…—comentó James, que al igual que Sirius, hacía un enorme esfuerzo por no reírse.

—¡PUES PODRÍAS SEGUIR SU EJEMPLO! —gritó la señora Weasley—. Po­drían haberse matado o podría haberlos visto alguien….

Molly parecía satisfecha con el regaño que le estaba dando a sus hijos, mientras Lily, Alice y McGonagall le dedicaban una mirada de comprensión.

Continuaron poniendo atención en cómo Molly seguía regañando a sus hijos, para después ponerse delante de los hermanos Potter.

—Me alegro de verte, Harry, cielo —dijo— ¡Y cómo has crecido, Lily querida! Pasen a desa­yunar.

Esto fue más de lo que Sirius y James pudieron soportar, y bajo las severas miradas de dos pelirrojas y McGonafall, comenzaron a reír a carcajadas.

—Es exactamente como hacía tu madre con nosotros, James—dijo Sirius, sin dejar de reírse— ¡Nos regañaba durante dos horas y luego le servía todo lo rico de la cena a Remus!

James asintió con la cabeza sonriendo.

— ¡Tienes razón! Cada vez que se dirigía a alguno de nosotros dos, nos dedicaba una mueca de " Deberían ser más sensatos, como Remus. El siempre sabe lo que no debe hacer y comprende los límites de lo que es una broma, y lo que es algo arriesgadamente pelirgoso " —contestó James sonriendo, haciendo una imitación muy buena de la voz de Dorea Potter, su madre.

—Y debieron hacerle caso—comentó un licántropo sonríete, recordando las visitas a casa de los señores Potter. ¡Recordaba especialmente las deliciosas cenas que la madre de su amigo preparaba! Sin duda alguna, aquellos habían sido tiempos maravillosos.

Continuaron escuchando, bastante divertidos, como Molly les decía a los hermanos Potter que no deseaba que se sintieran responsables por las acciones suicidas de sus tres hijos.

—Ustedes no tienen la culpa, corazones—aseguró—. Arthur y yo tam­bién hemos estado muy preocupados por ambos. Anoche mismo estuvimos comentando que si Ron seguía sin tener noticias suyas el viernes, iríamos a buscarlos para traerlos aquí.

—Muchas gracias por preocuparse por mis hijos…—murmuró Lily, observando a los Weasley agradecida—De verdad, es muy amable de su parte…

—No te preocupes, Lily—contestó Molly sonriendo—Tus hijos son un encanto, a demás estoy completamente segura de que tu y James harían lo mismo por Ron.

En aquel momento apareció en la cocina una personita bajita y pelirroja, que llevaba puesto un largo camisón y que, dando un grito, se volvió corriendo.

Todos comprendieron en aquél momento quién era esa personita, y algunos, especialmente Molly, no pudieron evitar soltar una enorme sonrisa.

—Es Ginny —dijo Ron a Harry en voz baja, mientras Lily le sonreía burlonamente—, mi her­mana. Se ha pasado el verano hablando de ti.

—Oh, el pequeño Harry tiene una admiradora…—rió Sirius burlonamente.

—Si vuelves a repetir algo como eso voy a lanzarte una maldición, Black—exclamó Lily enfadada— ¿No puedes calarte cuando a tu diminuto cerebro se le ocurra decir alguna tontería?

—Vamos, pelirroja, no te enfades—replicó Sirius sin dejar de sonreír.

—Estoy que reviento —dijo Fred, bostezando—. Creo que me iré a la cama y...

—Oh, vamos Freddie—rió James, negando con la cabeza—Tu madre me recuerda mucho a la mía, y estoy completamente seguro de que no dejará que vayas a acostarte cómodamente en tu cama…

—De eso nada —interrumpió la señora Weasley—. Si te has pasado toda la noche por ahí, ha sido culpa tuya. Así que ahora vete a desgnomizar el jardín.

—No seas tan dura con ellos, Molly—mustió Fabián a su hermana—¡Solo querían ayudar a los chicos!

Pero Molly lo ignoró olímpicamente y continuó leyendo. Y a continuación todos escucharon como los chicos salían al jardín, y como los Weasley les enseñaban a Harry y a Lily cómo se trataba a los gnomos del jardín y como se hacía para expulsarlos.

—¿Recuerdas cuando tu y yo desgnomizabamos el jardín de mi casa? —preguntó James sonriéndole a Sirius.

— ¡Por supuesto! —contestó este sonriendo— ¡Y yo siempre los hacía volar más lejos!

—Por supuesto que no.

—Por supuesto que sí.

—Que no.

—Que sí.

—No.

—Sí.

—No.

—Sí.

—¡Potter! ¡Black! ¿Quieren hacer el favor de callarse y poner atención en la lectura? —les regañó la profesora McGonagall con un toque de impaciencia en la voz, pero casi sonriendo al recordar las muchas veces que ella había utilizado  el principio esa oración.

En aquel momento se oyó la puerta principal de la casa.

Todos esperaron, atentos.

— ¡Ya ha llegado! —dijo George—. ¡Papá está en casa!

— ¡Apareceré en la lectura! —exclamó Arthur emocionado.

El señor Weasley estaba sentado en una silla de la coci­na. Era un hom­bre delgado, bastante calvo, pero el escaso pelo que le que­daba era tan rojo como el de sus hijos.

Muchos sonrieron al escuchar la descripción de Arthur, especialmente él mismo. Nadie pudo evitar sentir un poco de curiosidad, ya que las descripciones que el libro había dado hasta ahora eran muy exactas.

—¡Qué noche! —farfulló**—** Nueve redadas. ¡Nueve! Y el viejo Mundungus Fletcher intentó hacerme un maleficio cuando le volví la espalda.

— ¿Mundungus Fletcher? —Preguntó Sirius sonriendo ligeramente— ¡Yo lo conozco!

— ¿A si? —inquirió Arthur—Pues al parecer yo no le agrado mucho que digamos…

—No te lo tomes personal—murmuró Sirius sin dejar de sonreír—Es un sinvergüenza, ya sabes, ladrón y todo eso, pero es muy gracioso… y la verdad me agrada…

— ¿Te agrada? —preguntó Molly desaprobadoramente.

—Sí, bueno verás, mi madre lo detestaba—respondió el animago como si eso lo aclarara todo.

Molly suspiró murmurando un sarcástico "No me imagino por qué…"

Y continuó leyendo.

Lo que siguió a continuación, fue como Arthur le contaba a los presentes que estaban en su cada que había encontrado algunos objetos encantados con el único fin de atormentar a los muggles, y también que era increíble todo lo que los magos podían llegar a encantar…

—¿COMO COCHES, POR EJEMPLO?

—Más vale que tengas una buena excusa preparada, Arthur—comentó James mirando con divertido al pelirrojo, que ahora se encogía ante la mirada que le dedicaba su esposa.

—¿Co-coches, Molly cielo?

—Lo siento mucho por ti, Arthur—murmuró Sirius sin esforzarse en disimular su sonrisa. —Estas en grandes problemas.

—Molly va a matarte, cuñado—suspiró Gideon dedicándole una mirada divertida a Arthur.

—Oye una vez que mi dulce hermanita te asesine—añadió Fabián ignorando la mirada de furia que Molly les dirigía a su gemelo y a él—¿Crees que podrías heredarnos el coche? ¡Es fantástico!

Molly estaba a punto de explotar, pero decidió que era mejor seguir leyendo y luego tener una plática con sus hermanos.

—Sí, Arthur, coches —dijo la señora Weasley—. Imagínate que un mago se compra un viejo coche oxidado y le dice a su mujer que quiere llevárselo para ver cómo funciona, cuando en realidad lo está encan­tando para que vuele.

—****¿Eso hiciste? —le preguntó Gideon a Arthur riendo—Ahora sí que estás muerto.

Arthur le echó una mirada nerviosa a su esposa, sabiendo que Gideon tenía razón. Estaba oficialmente perdido, Molly lo mataría…

—Bueno, querida, creo que estarás de acuerdo conmigo en que no ha hecho nada en contra de la ley, aunque quizá debería haberle dicho la verdad a su mujer... El hecho de que el coche pueda volar no constitu­ye en sí...

James, Sirius, Gideon y Fabián se echaron a reír sin poder contenerse ante la excusa de Arthur, y ante la expresión que el rostro de Molly iba adquiriendo.

A diferencia de ellos, Lily, Alice, Marlene, Edgar y Remus le dedicaron una mirada de compasión a Arthur, que parecía aterrorizado.

Los únicos que permanecían impasibles eran el profesor Dumbledore, Moody y la profesora McGonagall, aunque miraban divertidos la escena.

—¡Señor Weasley ya se encargó personalmente de que existiera una laguna jurídica cuando usted redactó esa ley! —gritó la señora Weasley—. ¡Sólo para poder seguir jugan­do con todos esos cachivaches mugglesque tienes en el co­bertizo! ¡Y; para que lo sepas, Harry y Lily han llegado esta mañana en ese coche en el que tú no volaste!

Las risas, por supuesto, no se hicieron esperar. Todos, o la mayoría de los presentes encontraban realmente divertida la forma en la que Molly reprendía y le reclamaba a Arthur.

—¿Harry? —dijo el señor Weasley sin comprender—. ¿Qué Harry? ¿Y quién es Lily?

—Eres la primera persona que pregunta eso, amigo—comentó Sirius riendo— ¡Todo el mundo sabe quiénes sin Harry y Lily!

—¡Dios mío! ¿Es Harry Potter? Encantado de conocerte. Ron nos ha hablado mucho de ti...Y tú debes ser Lily, mucho gusto también.

Aquella fue considerada por todos como mucho más normal. No era que a los presentes les encantara que cada persona constituyente del mundo mágico supiera los nombres de Harry y Lily Potter, pero algunos ya se habían acostumbrado a eso.

—¡Esta noche, tus hijos han ido volando en el coche has­ta la casa de los niños y han vuelto! —gritó la señora Weas­ley—. ¿No tienes nada que comentar al respecto?

Muchos dudaron que Arthur fuera a reprender a los muchachos, pero esperaron a escuchar qué era lo que seguía de la lectura para sacar conclusiones.

—¿Es verdad que hicieron eso? —preguntó el señor Weasley, nervioso—. ¿Fue bien la cosa? Qui-quiero, que eso ha estado muy mal, muchachos, pero que muy mal...

A pesar de que muchos intentaron contenerse, no pudo evitarse escuchar las risas de casi todos los presentes en la Sala, los cuales le dedicaban una mirada divertida al matrimonio Weasley.

Al final, oyeron como Ron les decía a Harry y a Lily que dejaran que su madre y su padre se arreglaran entre ellos, para después subir por las escaleras encaminados a su habitación.

En el camino, para diversión de todos, se encontraron a un pequeño par de ojos espiando por una puerta.

—Ginny —dijo Ron—. No sabes lo raro que es que se muestre así de tímida. Normalmente nunca se esconde. Tu compartirás habitación con ella—añadió viendo a Lily, que sonrió.

Continuaron con la lectura. Escucharon como era la descripción de la habitación de Ron, que era pequeña, pero agradable. Estaba aparentemente llena de posters en movimiento del equipo favorito de Ron, los Chudley Cannons. Ron comentó que iban novenos en liga.

—¿De verdad? —preguntó James interesado ante lo que Ron decía—¡Increíble!

Después, escucharon como Harry y Lily se volteaban a ver a Ron, y este esperaba su opinión sobre la casa.

—Es una casa estupenda—aseguró Lily sonriendo.

A lo que los Weasley le devolvieron la sonrisa, agradecidos.

Harry  le dijo ampliando su sonrisa:

—Es la mejor casa que he visto nunca.

—¡Completamente de acuerdo! —exclamó James bastante contento de que sus hijos estuvieran en un lugar como aquel, en vez de en Privet Drive.

Ron se ruborizó hasta las orejas y les devolvió la sonrisa. Pasaron el resto del día hablando en la habitación de Ron y sin darse cuenta, llegó la noche. Ron le indicó a Lily el camino de vuelta al dormitorio de su hermana, Ginny.

Molly sonrió con ternura al pensar en su futura hija. Y Lily sonrió también, pensando en lo felices que debían sentirse sus hijos en aquél lugar. Se notaba plenamente la diferencia que existía entre los Weasley, y los Dursley.

La chica tocó la puerta dos veces y espero alguna respuesta, un segundo después, la chica pelirroja se encontraba en frente de ella.

 —Hola—saludó Lily sonriéndole—Ron me ha dicho que compartiré habitación contigo, si no te molesta, claro.

—No, está bien—contestó Ginny devolviéndole la sonrisa—Pasa.

Lily entro en la habitación lentamente y observando todo con atención. Era pequeña, pero bastante acogedora.

—Muchas gracias por dejar que me quede aquí contigo—dijo, todavía sonriéndole a la chica—Es muy amable de tu parte. Por cierto, creo que ya lo sabes, pero me llamo Lily.

—Soy Ginny—contestó ella, que tampoco había dejado de sonreír—Y no te preocupes, es un placer.

Y después de haber conversado por bastante tiempo con Ginny, y de haber respondido unas cuantas preguntas sobre su hermano, Lily durmió aquella noche sonriendo ante la perspectiva de que había hecho una nueva amiga.