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En la sala de Menesteres: Leyendo nuestro futuro — capítulo 9

—Ese fue el final del capítulo—dijo Marlene con un suspiro.

— ¿Creen que podamos comer algo antes de continuar? —preguntó Sirius, sonriendo esperanzado.

—Creo que es una buena idea—respondió Alice, acariciando su vientre— Tengo un poco de hambre…

El Profesor Dumbledore asintió con la cabeza y mandó a llamar a un elfo domestico para que les proporcionara algo de comida.

Durante el refrigerio que tomaron, todos se tomaron el tiempo para reflexionar sobre el capítulo anterior. Había sido muy interesante. Aunque también había sido realmente triste.

Pero, todos se fijaron con alivio, que al menos el espejo ya no estaría más al alcance de ninguno de los hermanos.

Cuando todos terminaron de comer, se dispusieron a leer de nuevo, era el turno de la profesora McGonagall, quien tomó el libro e  inmediatamente leyó:

—El siguiente capítulo se titula: " Nicolás Flamel "

—Vaya, lo han conseguido—dijo Sirius sonriendo con algo de orgullo, sabía que tarde o temprano los muchachos conseguirían averiguar quién era aquél personaje.

—Creo que no hay muchas cosas imposibles para esos chicos—añadió Frank divertido, realmente creyendo lo que decía. Estaba seguro de que si esos cuatro chicos se proponían algo, seguramente lo conseguirían.

Dumbledore había convencido a los hermanos  de que no buscaran otra vez el espejo de Oesed, y durante el resto de las vacacio­nes de Navidad la capa invisible permaneció doblada en el fondo del baúl de Harry.

James hizo una mueca al escuchar eso, mientras que Sirius negaba con la cabeza, estuvo a punto de decir algo cuando Lily le envió una mirada de advertencia, que claramente decía que lo más inteligente era callar.

Leyeron cómo Harry y Lily se habían visto realmente afectados por el espejo, cómo ambos habían estado soñando con una intensa luz verde. Eso sin duda, era algo preocupante. No estaba bien que dos niños tuvieran aquella imagen en su memoria.

—¿No es posible hacer nada para que no sueñen con eso? —preguntó Lily preocupada, el que sus hijos recordaran eso no le gustaba en lo absoluto.

—Me temo que no lo sé, Lily—respondió el profesor Dumbledore, sintiendo pena por la preocupación de la madre, sabiendo que probablemente las pesadillas no podrían cesar, ya que tenían una causa específica que el anciano director desconocía.

Algunos sonrieron contentos al escuchar que Hermione ya había regresado al colegio, y estuvieron muy divertidos ante su reacción cuando le contaron lo del espejo.

Siguieron escuchando, y se encontraron con que los entrenamientos de quidditch también estaban siendo muy estrictos.

Los Weasley se quejaban de que Wood se había convertido en un fanático, pero Harry esta­ba de acuerdo con Wood.

Lily no pudo evitar poner los ojos en blanco, por supuesto, pensó, tenía que ser un Potter. Al igual que el muchacho Wood y que Harry, James parecía completamente de acuerdo con las medidas disciplinarias para el equipo.

 Si ganaban el próximo partido contra Hufflepuff, podrían alcanzar a Slytherin en el campeo­nato de las casas, por primera vez en siete años.

La profesora McGonagall hizo una mueca al leer aquello, no le gustaba en lo absoluto la idea de no haber ganado la copa en siete años. Era algo… sumamente irritante imaginar que su casa había perdido tantas veces.

Y no fue la única, casi todos los chicos, principalmente James, hicieron una mueca que sugería que pasaban por un profundo dolor. ¿Cómo era que Gryffindor, la casa de los leones valientes, había sido vencida por Slytherin?

 Entonces, durante un entrenamiento,  Wood les dio una mala noti­cia. Se había enfadado mucho con los Weasley, que se tiraban en picado y fingían caerse de las escobas.

Molly pareció furiosa ante eso, ¿qué pretendían sus hijos? ¿Matarse o algo así? ¡No estaba bien que bromearan de esa manera! Podían lastimarse de verdad…  Pero decidió que era mejor no interrumpir, ya que todos parecían estar muy concentrados con el libro.

—¡Paren de hacer tonterías! —gritó—. ¡Ésas son exacta­mente las cosas que nos harán perder el partido! ¡Esta vez el árbitro será Snape, y buscará cualquier excusa para quitarnos puntos!

—¡¿Snape?! —preguntaron Sirius y James, los dos muy  molestos, al mismo tiempo.

— ¡Es una tontería! —gritó James furioso.

— ¡Un ultraje! —le apoyó Sirius en el mismo estado que James. ¿Qué demonios le pasaba al mundo?

—¡Ridículo! —añadió James exasperado.

—¿A quién en su sano juicio se le ocurriría poner a S.N.A.P.E de arbitro? —preguntó Sirius resaltando las siglas del apellido como si eso lo aclarara todo— ¡El sabe menos quidditch que un rábano, y con eso lo digo todo! ¡Será un partido de lo más injusto!

—¡Potter! ¡Black! ¿Quieren hacer el favor de callarse? — preguntó la profesora McGonagall molesta, a ella no le gustaba nada la idea de que Snape fuera el árbitro, pero tampoco le hacía gracia que la interrumpieran en la lectura.

Sirius y James hicieron una mueca, pero no dijeron nada más.

George Weasley, al oír esas palabras, casi se cayó de ver­dad de su escoba.

Lily puso los ojos en blanco, pensando que era ridículo que reaccionara de esa manera.

Sirius resopló molesto ante eso, no le gustaba que la pequeña defendiera a Quejicus. ¿Por qué diablos lo hacía?

Escucharon después, (con más satisfacción para James y para Sirius), que el resto del equipo de Gryffindor sí comprendía la gravedad del problema y que todos se quejaban sobre el hecho de que Snape fuera el maldito arbitro.

James y Sirius también se mostraron conformes con las reacciones de Ron y Hermione.

—Diles que estás enfermo — dijo de inmediato Ron.

Aunque a James no le gustaba ni un poco que su hijo se planteara la posibilidad de faltar a un partido de quidditch, le agradeció internamente a Ron por su preocupación.

—Finge que se te ha roto una pierna —sugirió Hermione.

Aquello no resultaría muy efectivo, pensó Sirius, sin duda algo divertido, ya que era muy poco probable que Harry  fingiera una lesión y que la señora Pomfrey no se ocupara inmediato de revisarlo.

—Rómpete una pierna de verdad —dijo Ron.

Muchos no pudieron evitar reír ante el comentario de Ron. ¡Aquello sí que era una ocurrencia muy divertida!

—Tengo una mejor sugerencia—dijo Lily que se había sentado junto a Hermione, parecía muy enojada— escúchenla, es lo mejor que pueden hacer: No sean idiotas. Ninguno de ustedes tiene pruebas de que el profesor Snape quiera hacer algo malo.

— ¿Por qué te empeñas en defenderlo, Pequeña? —inquirió Sirius enojado. James estaba simplemente furioso y no podía pronunciar palabras, pero Lily pensaba que su hija tenía razón, no tenían ninguna certeza de que Severus estuviera haciendo algo malo. Ella sabía que, al igual que su hija, las dos conservarían la esperanza de que el profesor de Pociones hubiera intentado salvar a Harry.

Harry estuvo a punto de discutir pero en aquel momento Neville cayó en la sala común. Sus piernas estaban pegadas jun­tas, con lo que reconocieron de inmediato el Maleficio de las Piernas Unidas.

— ¿Quién le hizo eso a mi hijo? —preguntó Alice echando chispas por los ojos. Nadie, absolutamente nadie podía hacerle eso a su Neville y esperar a quedarse tan tranquilo. ¿Quién podía ser tan… idiota, como para pensar que aquella manera de tratar a las personas era divertida?

Frank intentaba calmarla, pero el también estaba muy enojado, así que se le dificultó un poco. Los dos parecían simplemente furiosos, pero Frank pudo controlarlo un poco mejor. Una vez que tranquilizaron a Alice, la profesora McGonagall continuó la lectura.

Alice le dedicó una mirada de agradecimiento a Lily, cuando escuchó que la pequeña Lily y Hermione eran las únicas que no se habían reído de Neville, y que esta última había pronunciado el contra maleficio.

Lily  respondió con una sonrisa, que daba a entender que todo estaba bien.

—¿Qué ha sucedido? —preguntó Hermione, ayudándolo a sentarse junto a Harry y Ron.

—Malfoy —respondió Neville temblando—. Lo encontré fuera de la biblioteca. Dijo que estaba buscando a alguien para practicarlo.

Frank apretó los puños con furia.

—¡Voy a enseñarle a ese niño a no meterse con mi hijo! —dijo temblando de puro enojo. ¿Por qué Malfoy le había hecho eso a su hijo? ¡Era algo sumamente ridículo!

—Creo que este pequeño idiota se merece una venganza estilo Merodeador —dijo Sirius, pensando que el plan de arrojar a Malfoy desde la torre de Astronomía se hacía cada vez más atractivo.

—No puedo estar más de acuerdo contigo, Canuto—le apoyó James sonriendo de una forma maléficamente encantadora.

La profesora McGonagall los hubiera mandado a callar de no ser porque ella también estaba indignada contra el niño Malfoy, decidiendo que lo mejor era continuar la lectura, se apresuró a seguir.

—¡Tienes que hacerle frente, Neville! —dijo Ron—. Está acostumbrado a llevarse a todo el mundo por delante, pero ésa no es una razón para echarse al suelo a su paso y hacerle las cosas más fáciles.

Aquello era verdad, pensaron algunos, el niño mimado de Malfoy pensaba que podía hacer lo que quisiera sin que nadie se lo impidiera, y , por supuesto, la principal culpa de todo esto la tenía su padre, que, al parecer, siempre lo había malcriado, según todo lo que habían leído hasta ahora.

—No es necesario que me digas que no soy lo bastante valiente para pertenecer a Gryffindor; eso ya me lo dice Mal­foy —dijo Neville, atragantándose.

Alice comenzó a derramar lagrimas, sintiendo mucha tristeza de que su hijo pensara de esa forma. Ella no quería que su pequeño Neville se mostrara inseguro de sus propias virtudes, y mucho menos que un estúpido como Malfoy se aprovechara de él y lo hiciera sentir desdichado.

Harry buscó en los bolsillos de su túnica y sacó una rana de chocolate. Se la dio a Neville, que parecía estar a punto de llorar.

—Gracias—dijo Frank viendo a Lily y James. Mientras Alice intentaba sonreírles. Para ella era muy especial que alguien intentara subirle el ánimo a su hijo.

—Tú vales por doce Malfoys —dijo Harry—. ¿Acaso no te eligió para Gryffindor el Sombrero Seleccionador? ¿Y dónde está Malfoy? En la apestosa Slytherin.

—No pude haberlo dicho mejor—rió Sirius, completamente de acuerdo con cada una de las palabras que habían sido pronunciadas por su ahijado.

Muchos asintieron con él, en señal de que opinaban lo mismo.

—Además—dijo Lily sonriéndole a Neville—idiotas como el no valen la pena.

—No valen absolutamente nada—rectificó James— Idiotas como él solo saben causar problemas y hacer cosas estúpidas.

Neville dejó escapar una débil sonrisa.

—Gracias,.. Creo que me voy a la cama... ¿Quie­res el cromo? —preguntó a Harry—Tú los coleccionas, ¿no?

Mientras Neville se alejaba, Lily se dirigió hacia la puerta de la sala común.

—¿A dónde va? —preguntó Lily, con curiosidad, sin comprender muy bien qué era lo que estaba haciendo su hija.

—¿A dónde vas? —preguntó Hermione.

—A enseñarle al idiota de Malfoy a respetar—dijo Lily girándose para verla.

James y Sirius sonrieron de oreja a oreja, mientras que Remus sentía orgullo por la pequeña Lily ante el hecho de que defendiera a su amigo, un orgullo muy parecido al que sentía por Harry.

—Es muy tierno de su parte, pero es mejor que no lo haga, se meterá en problemas…—dijo Alice, contenta por el hecho de que los hijos de su amiga se preocuparan por su pequeño Neville.

— ¡Te meterás en problemas! —dijo Hermione cogiéndole de la mano.

—me quedaré con la satisfacción de causarle el mayor daño posible a Malfoy. —repuso Lily, encogiéndose de hombros.

Harry miró a su hermana, a él le encantaba la perspectiva de ir en busca de Malfoy, pero Hermione tenía razón, además, si los castigaban, perderían tiempo para buscar a Flamel.

Lily sonrió al darse cuenta de que su hijo tenía buen juicio para analizar las cosas, una característica propia de ella sin duda.

 —Lily, sabes que me encanta la idea de vengarnos de Malfoy—dijo Harry finalmente—pero creo que es mejor que nos concentremos en seguir buscando a Flamel.

Lily miró a Harry durante unos minutos. Suspiró. Harry tenía razón, asintió con la cabeza.

Harry sonrió ante el gesto y después de unos minutos añadió:

—Pero esto no quiere decir que una vez que sepamos lo de Flamel no podamos hacerle un pequeño recuerdo a Malfoy.

James y Sirius se mostraron completamente orgullosos ante la actitud de Harry, eso era sin duda algo muy  sensato de su parte. Hacer las cosas importantes primero y luego ocuparse del imbécil de Malfoy.

—Tienes un hijo muy inteligente—dijo Gideon a James riendo, mientras Fabian asentía con la cabeza.

Este se limitó a seguir sonriendo. Su hijo definitivamente tenía un digno espíritu de merodeador, jamás se cansaría de repetirlo.

Lily decidió que lo mejor que podía hacer era cambiar de tema para quitarse el enojo con Malfoy por haber tratado de esa forma a Neville, ya que aunque no eran  unidos ni nada por el estilo, Lily le consideraba su amigo. Para su suerte, Ron le preguntó algo a Harry que la distrajo de sus pensamientos.

—¿Quién te ha tocado en el cromo? —dijo, al parecer con la esperanza de que fuera Agripa.

— La verdad dudo mucho que sea agripa—comentó Fabian, recordando lo difícil que había sido para él encontrar  todos sus cromos.

    Harry miró el cromo de los Magos Famosos.

—Dumbledore otra vez —dijo— Él fue el primero que...

— ¡Por supuesto! —dijeron Lily, Remus y Frank al mismo tiempo.

Todos los demás los miraron interrogantes. ¿De qué se habían perdido?

—¿Qué sucede? —gruño Moody.

—¡ Tiene a Dumbledore! — dijo Remus emocionado— ¡ Fue allí donde lo leyeron!

Lily asintió, también muy emocionada.

—¿Se puede saber de qué hablan? —preguntó Edgar que todavía seguía sin comprender, lo mismo que a James, Sirius, Alice y casi todos los demás, a excepción del Profesor Dumbledore que sonrió de una forma que sugería que había comprendido lo que los muchachos estaban tratando de decir.

—Fue en el cromo de Dumbledore donde leyeron por primera vez a Nicolás Flamel— aclaró Frank sonriendo.

Bufó. Miró fijamente la parte de atrás de la tarjeta. Lue­go levantó la vista hacia Ron Hermione y Lily, que parecía   haberlo comprendido.

—¡Lo encontré! —susurró—. ¡Encontré a Flamel! Les dije que había leído ese nombre antes. Lo leí en el tren, viniendo hacia aquí.

—¡Que buena memoria! —se admiró Fabián. —, Mira que recordar con solo ver la cara de Dumbledore,….Me hubiera servido de mucho recordar así en los T.I.M.O.S. recordar de esa forma…

—Estudiar te habría dado los mismos resultados—repuso Molly fríamente, recordando las múltiples veces que ella les había dicho a sus hermanos que estudiaran.

—Vamos hermanita, no te enfades, te juro que estudiamos…—aseguró Gideon. —Si, claro—dijo Molly sarcásticamente. —¿Cuánto tiempo dedicaron a estudiar? ¿Cuarenta minutos a la semana? ¿Menos? ¿Veinte?

—En realidad, si—admitió Fabián sonriendo, sin las menores señales de arrepentimiento.

Todos reían ante la discusión de Molly con sus hermanos, especialmente James y Sirius, que pensaban que los hijos de Molly se parecían mucho a sus tíos. Y eso era fantástico.

Hermione dio un salto. No estaba tan excitada desde que le dieron la nota de su primer trabajo.

James y Sirius rieron, recordando a Remus con la nota de su primer trabajo. Aquél había sido una noche realmente inolvidable… Los dos merodeadores le sonrieron a Remus, de una forma burlona y al mismo tiempo amistosa.

El joven licántropo se limitó a pedirle a la profesora McGonagall que continuara la lectura, jamás lo admitiría, pero le divertía la actitud infantil de Sirius y James.

Escucharon cómo Hermione subía a su habitación, y regresaba con un enorme libro, con aspecto muy pesado.

—¡Nunca pensé en buscar aquí! —susurró excitada—. Lo saqué de la biblioteca hace semanas, para tener algo lige­ro para leer.

—¿Ligero? —preguntó Arthur haciendo referencia a la descripción del libro, mientras los demás sonreían incrédulamente.

Al parecer, Hermione estaba enfrascada en su lectura, buscando lo que sea que le aclarara lo de Flamel.

Al fin encontró lo que buscaba.

—¿Podemos hablar ahora? —dijo Ron con malhumor. Hermione hizo caso omiso de él.

—Nicolás Flamel —susurró con tono teatral— es el úni­co descubridor conocido de la Piedra Filosofal.

—Eso nos enseña a no subestimar la mente de un niño—dijo Moody, pensando que los chicos Potter y la niña Granger valdrían para futuros aurores.

—No podrías tener más razón, Alastor—dijo el profesor Dumbledore sonriendo, completamente de acuerdo.

La mente de un niño, era sana y pura, pero también podía llegar a se extremadamente ingeniosa.

Aquello no tuvo el efecto que ella esperaba.

—Obviamente—dijo James riendo como si la niña estuviera allí—Ellos no leen ese tipo de lectura ligera a la que tú estás acostumbrada, Hermione, no tienen ni la menor idea de lo que hablas.

—¿La qué? —dijeron  Lily, Harry y Ron.

Todos estuvieron de acuerdo en que eso probablemente desquiciaría a Hermione, lo cual le resultó a los presentes extrañamente divertido.

—¡Oh, no lo entiendo! ¿No saben leer? Miren, lean aquí. — Empujó el libro hacia ellos, y Lily, Harry y Ron leyeron:

Todos pusieron excepcional atención en lo que escucharon a continuación.

Escucharon, comprendiendo todo, que la Piedra Filosofal era aquella que podía hacer de una persona inmortal…

—¿Ven? —dijo Hermione—. El perro debe de estar custodiando la Piedra Filosofal de Flamel. Seguro que le pidió a Dumbledore que se la guar­dase, porque son amigos y porque debe de saber que alguien la busca.

—Por supuesto—murmuró Lily, mientras reflexionaba las cosas— Es muy lógico… todo encaja. Alguien quiere robar la piedra…—se detuvo súbitamente. Sabía que James, Sirius y quizá muchos otros pensarían que el ladrón en potencia era Snape, pero ella no creía eso, lo que significaba que el verdadero ladrón estaba suelto y sin ser descubierto.

—¡Una piedra que convierte en oro y hace que uno nunca muera! —dijo Harry—. ¡No es raro que Snape la busque! Cualquiera la querría.

— ¡Tiene razón! ¡Bien pensado Harry! —dijo James sonriendo, completamente satisfecho con el razonamiento de su hijo.

Ante eso Lily hizo una mueca.

Lily le puso mala cara, molesta por el hecho de que siguiera inculpando al profesor, cuando no tenía ninguna prueba, pero no dijo nada, pensando en que no deseaba discutir.

James puso en su rostro una expresión de impaciencia, la cual también se pudo distinguir en el semblante de Sirius.

—Chicos, yo creo que Lily podría tener razón—dijo Remus tranquilamente—No hay ninguna prueba de que Severus quiera robar la piedra…

—¡Merlín! ¡Tú no Remus! —dijo Sirius exasperado— ¿Cómo pudiste pasarte al lado oscuro? ¡Tienes que estar bromeando!

—Creo que lo mejor será continuar la lectura—intervino  Lily sabiendo que esto terminaría en una discusión, ya que James parecía a punto de expresarse de una forma exactamente igual a la de Sirius.

La profesora McGonagall asintió y continuó leyendo.

Escucharon como, de nuevo, volvían al tema del partido de quidditch.

—Jugaré —informó Harry—. Si no lo hago, todos los Slytherins pensarán que tengo miedo de enfrentar­me con Snape. Les voy a demostrar... les voy a borrar la son­risa de la cara si ganamos.

—¡Eso es hijo! —dijo James sonriendo con un orgullo incontenible—¡Demuéstrales quien es Harry Potter! ¡Y quién es el mejor buscador del mundo!

Lily sonrió orgullosa de su hermano, por más idiota que le pareciera la idea de que pudieran creer que el profesor Snape quería hacerle daño, no podía evitar pasar por alto el comentario de su hermano respecto a eso y fijarse en su última frase.

—Siempre y cuando no te borren a ti del terreno de juego —dijo Hermione.

—Que positiva eres Hermione—murmuró Sirius sarcásticamente, mientras ponía los ojos en blanco.

—Eres el positivismo personificado Hermione—dijo Lily sarcásticamente y después le dirigió una mirada a Harry y sonrió abiertamente—Tu puedes hacerlo, ¡Estoy segura de que ganaremos! Y ¿sabes? Se me ha ocurrido algo…Cuando  ganemos, le tomaré una fotografía a la cara de Malfoy y   la colgaré en la sala común.

— ¡Excelente idea! —rieron Gideon y Fabián al mismo tiempo, imaginándose el rostro de un Lucius Malfoy en pequeño, con una mueca de horror.

Harry supo, cuando le desearon suerte en la puerta de los vestuarios, la tarde siguiente, que Lily tenía una total confianza en que no ocurriría nada malo y  que Ron y Hermione se pre­guntaban si volverían a verlo con vida.

—Eso es bastante melodramático—dijo Arthur sonriendo ligeramente, el también estaba seguro de que no le ocurriría nada al niño.

—Tranquilo hijo, todo saldrá bien—dijo Lily acariciando su vientre con cariño, pensando que Harry no tenía por qué preocuparse.

Lo que Harry no sabía era que Ron y Hermione habían estado practicando en secreto el Maleficio de las Piernas Unidas. Se les ocurrió la idea cuando Malfoy lo utilizó con Neville, y estaban listos para utilizarlo con Snape, si daba al­guna señal de querer hacer daño a Harry.

—Eso es muy lindo de su parte—dijo Lily sonriendo viendo a Molly y a Arthur, realmente agradecida.

Ron y Hermione realmente eran grandes amigos, y Lily no podía pedir nada mejor para sus hijos.

—No te preocupes—repuso el pelirrojo—Estoy seguro de que Harry haría lo mismo por Ron.

Lily había insistido en que aquello era una autentica estupidez.

Sirius puso los ojos en blanco, pensando en que la pequeña era mil veces más terca que sus dos padres juntos. ¿Cómo podían hacerle entender, que Snape no era alguien bueno?

Siguieron esperando a que el partido comenzara, hasta que escucharon un comentario hecho por uno de los gemelos, que tranquilizó a todos.

—¡Todo el colegio está allí fuera! —dijo Fred Weasley, es­piando a través de la puerta—. Hasta... ¡Vaya, Dumbledore ha venido al partido!

El corazón de Harry dio un brinco.

—¿Dumbledore? —dijo, corriendo hasta la puerta para asegurarse. Fred tenía razón. Aquella barba plateada era in­confundible.

El profesor Dumbledore sonrió ante el último pensamiento del niño, pero en ese momento James y Sirius comenzaron a reír a carcajadas.

—¿Se puede saber qué es lo gracioso? —preguntó la profesora McGonagall molesta por el hecho de que la interrumpieran tan seguido.

—Dum..Duumble..¡Dumbledore está en el partido! —dijo James sin dejar de reír, apretándose el estomago.

—¡Quejicus no podrá lastimar a Harry! ¡Me encantaría ver su cara! —añadió Sirius, que también reía emocionado a carcajadas.

Lily y la profesora McGonagall hicieron un gesto de impaciencia y esta última continuó leyendo.

Harry tenía ganas de reírse a carcajadas, del alivio que sentía.

Sirius y James sonrieron ampliamente, pero sus sonrisas flaquearon al escuchar que, en los asientos, Malfoy aparecía y golpeaba a Ron en la parte de atrás de la cabeza.

—Oh, perdón, Weasley, no te había visto.

Malfoy sonrió burlonamente a Crabbe y Goyle.

—Idiota—dijo Edgar enfadado, haciendo eco de los pensamientos de casi todos los presentes en la sala, pero todos se alegraron al comprobar que ninguno de los muchachos le ponía atención a Malfoy, ya que todos estaban más concentrados en el partido.

—¿Sabén por qué creo que eligen a la gente para la casa de Gryffindor? —dijo Malfoy en voz, mientras Snape daba otro penalti a Hufflepuff, sin ningún motivo

—Estúpido Quejicus—dijo James molesto, ¡estaba haciendo eso a propósito! Seguramente pretendía que Gryffindor perdiera…

—. Es gente a la que le tienen lástima. Por ejemplo, estas tu Potter y tu hermano; que no tienen padres, luego los Weasley, que no tienen dinero... Y tú, Longbottom, que no tienes cerebro.

En toda la sala se escucharon muchas exclamaciones de indignación y enfado. Todos estaban furiosos por las palabras del muchacho. ¿Cómo era posible que un niño de once años fuera tan maleducado y tan insolente? ¡Aquello era indignante! ¿Cómo se atrevía?

Neville se puso rojo y se volvió en su asiento para enca­rarse con Malfoy

—Yo valgo por doce como tú, Malfoy —tartamudeó.

Frank sonrió con orgullo al escuchar a su hijo. ¡Ese era su Neville! Y aquello era completamente cierto: Neville valía muchísimo más que doce Malfoys.

—¡Así se habla Neville! —dijeron Fabián y Gideon al mismo tiempo sonriendo abiertamente.

Ron, sin quitar los ojos del partido, intervino.

—Así se habla, Neville.

—Longbottom, si tu cerebro fuera de oro serías más po­bre que Weasley, y con eso te digo todo.

—Puede que no tengamos mucho oro, pero si tenemos dignidad y educación, que es algo que les falta a gente como ustedes, Malfoy—dijo Arthur fríamente— El comportamiento de ese chiquillo muestra lo poco que le han enseñado sus padres a lo largo de toda su vida.

Lily, que no estaba de humor para escuchar las estupideces de Malfoy, se giró y le envió una mirada molesta.

—¿Y qué me dices de ti, Malfoy? —Preguntó la chica haciendo una gala de una arrogancia poco usual en ella— Puedes tener todo el sucio oro del mundo, pero tú no vales absolutamente nada.

Y luego, sin esperar respuesta, volvió a poner sus ojos en el partido.

— ¡Bien dicho, pequeña! —dijo Sirius sonriendo, y notando que le tenía un afecto inmenso a la niña.

— ¡Esa es mi hija! —dijo James acariciando el vientre de su esposa, le habría encantado poder ver la cara de imbécil que seguramente adquirió Malfoy en aquél momento.

Estaban todos atentos al partido, intentando no hacer caso de las exclamaciones de Malfoy, cuando, de pronto, se dieron cuenta de que Ron había perdido la paciencia.

Antes de que Malfoy supiera lo que estaba pasando, Ron estaba encima de él, tirándolo al suelo. Neville vaciló, pero luego se encaramó al respaldo de su silla para ayudar.

—¡Oh no! —dijo Alice preocupada, ¡no quería que Neville se pusiera a pelear con nadie de esa manera!

—¡Pueden hacerse daño! —exclamó Molly molesta. ¿Por qué Ron había cedido ante las obvias muestras de desprecio de Malfoy? ¡Ahora, realmente alguno de los muchachos podía salir lastimado!

Pero Frank y Arthur, a pesar de la preocupación y enfado de sus respectivas esposas, no pudieron evitar sentir orgullo por sus hijos.

Siguieron escuchando el partido y la pelea que se estaba llevando entre los jóvenes en el suelo de los asientos, hasta que finalmente todos escucharon que Harry había atrapado la snitch, (y aparentemente, Snape no estaba nada contento con eso).

— ¡SI! ¡GANAMOS! —Gritaron casi todos los hombres de la sala, en un coro que desprendía euforia.

—¡EN TU CARA QUEJICUS! —exclamó James que no cabía en sí de la emoción y la alegría. ¡Habían ganado! ¡Habían ganado el partido!

— ¡Oh, Si! ¡Eso le enseñará a Quejicus a no meterse con Harry! —decía Sirius riendo encantado. ¡Aquello era excelente! ¡Increíble!

—¡GANAMOS! ¡GANAMOS! ¡GANAMOS! —Reían Gideon y Fabián, haciendo un extraño baile, muy felices.

Las tribunas bullían. Aquello era un récord, nadie recor­daba que se hubiera atrapado tan rápido la snitch.

James parecía a punto de comenzar a llorar, estaba simplemente eufórico. ¿Estaría bien si de pronto iba a uno de esos lugares muggles a los que Lily jamás entraría y se hacía un tatuaje que dijera " I'M HARRY POTTER'S FATHER, OH YEAH"?

Harry saltó de su escoba, a centímetros del suelo. No po­día creerlo. Lo había conseguido... El partido había termina­do y apenas había durado cinco minutos.

James y Sirius se habían unido al baile de Gideon y Fabián, ante la mirada divertida de todos, y la mirada exasperada de la profesora McGonagall, que intentaba seguir leyendo. Unos minutos después, lo consiguió, así que narró cómo Snape no parecía nada feliz (para alegría de James y Sirius) y como Harry sentía que alguien le ponía una mano en el hombro.

—Bien hecho —dijo Dumbledore en voz baja—. Muy bueno que no buscaras ese espe­jo... que te mantuvieras ocupado... excelente...

— ¿Por qué le recuerda el espejo? —preguntó Remus curioso, sin comprender por qué el director hacía que el espejo regresara a la mente del niño.

—Supongo que mis razones tendré, señor Lupin—respondió el profesor Dumbledore amablemente.

Continuaron escuchando la alegría que embargaba a todos los miembros de Gryffindor y todos sonrieron encantados ante el reciente acontecimiento.

También disfrutaron escuchando los recuerdos que Harry tenía de aquellos momentos.

Lily  Ron y Hermione en la distancia, saltando como lo­cos, Ron vitoreando en medio de una gran hemorragia nasal...

Molly puso los ojos en blanco ante la "hemorragia nasal" de su hijo, mientras que Arthur y Frank sonreían con orgullo, este último preguntándose cómo estaría su hijo.

A continuación, escucharon como Lily y Harry estaban paseando por los terrenos de Hogwarts, tranquilamente, cerca de donde estaba la cabaña de Hagrid.

Escucharon como Harry estaba muy contento de haberle demostrado a Snape que era todo un jugador muy bueno de quidditch.

Y hablando de Snape.

Una figura encapuchada bajó sigilosamente los escalo­nes delanteros del castillo. Era evidente que no quería ser visto dirigiéndose a toda prisa hacia el bosque prohibido.

Todos se mostraron alertas ante eso. Así fuera bueno o malo, Snape estaba haciendo algo extraño y era mejor mostrarse cautelosos.

Muchos parecían estar desconfiando del profesor de Pociones, sin embargo, Lily estaba únicamente curiosa sobre qué era lo que estaba ocurriendo. ¿A dónde iba Severus?

¿Qué sucedía? Lily parecía hacerse la misma pregunta, pero a diferencia de Harry, ella no la hacía con desconfianza, sino con curiosidad.

— ¿Qué creen que esté haciendo? —preguntó Marlene preocupada, intentando no hacerse una idea apresurada sobre el comportamiento de Snape.

—Seguramente nada bueno—contestó Sirius, sin titubear ni un segundo, seguro de que las intenciones de Snape no podían ser buenas.

Harry saltó sobre su Nimbus 2.000 y de inmediato Lily se posó detrás de él, comprendiendo sus intenciones. Lo siguieron.

—¡No está bien que hagan eso! —murmuró Lily dividida entre el enfado y la preocupación, ella quería creer que Severus no era malo después de todo, pero le parecía que sus hijos tentaban la buena suerte que habían tenido hasta ahora. ¿Qué pretendían siguiendo a Severus?

—Tienes razón—la apoyó Alice— ¡Es mejor que regresen al castillo!

Escucharon como Harry y Lily se deslizaban entre los árboles y se detenían, ocultos, para escuchar lo que estaba pasando en el bosque.

Todos se sorprendieron cuando escucharon quienes estaban allí y lo que estaba ocurriendo.

—... n-no sé p-por qué querías ver-verme j-justo a-aquí, de entre t-todos los l-lugares, Severus...

—Oh, pensé que íbamos a mantener esto en privado —dijo Snape con voz  gélida—. Después de todo, los alumnos no deben saber nada sobre la Piedra Filosofal.

—Quejicus quiere robar la piedra—.dijo Sirius seguro—Es prácticamente obvio. Y Quirrel debe saber cómo conseguirla…

James asintió en señal de que estaba de acuerdo, mientras que todos los demás ponían una especial atención en lo que la profesora McGonagall leía.

Nadie deseaba seguir haciendo conjeturas hasta tener suficiente información.

—¿Ya has averiguado cómo burlar a esa bestia de Ha­grid?

—P-p-pero Severus, y-yo...

—Tú no querrás que yo sea tu enemigo, Quirrell —dijo Snape, dando un paso hacia él.

— ¡Quiere saber cómo burlar a Fluffy! —dijo Hagrid bastante consternado, mientras miraba el libro escandalizado. ¿Para qué quería Snape burlar a Fluffy?

—Supongo que quiere hacer que Quirrel le diga cómo hacerlo, ya que el no está enterado…—reflexionó Edgar, pensando cuál sería la razón de todo eso. ¿Estaría Snape tratando de robar la piedra?

—Y-yo no s-sé qué...

—Tú sabes perfectamente bien lo que quiero decir.

—P-pero y-yo no...

—Muy bien —lo interrumpió Snape—. Vamos a tener otra pequeña charla muy pronto, cuando hayas tenido tiem­po de pensar y decidir dónde están tus lealtades.

Aquello significó un momento de reflexión para muchos. Snape había señalado que volverían hablar cuando Quirrel hubiera decidido donde estaba su lealtad. Eso era un punto clave.

Para algunos, eso causaba confusión y para otros, principalmente James y Sirius entre ellos, aquello quería decir que Snape no era bueno, y estaba intentando coaccionar al profesor de Defensa Contra las Artes Oscuras.

Escucharon cómo Snape se alejaba y cómo los dos jóvenes Potter regresaban al castillo para hablar con Ron y Hermione.

—Ahora eso no importa —dijo Harry sin aliento—. Va­mos a buscar una habitación vacía, ya verán cuando oigan esto...

Lily suspiró, pensando que sería mejor que dejaran de meterse en el asunto de la Piedra. Le daba terror que algo pudiera pasarle a sus hijos.

Lily fue detrás de  Harry sin decir nada. Ella sabía lo que su hermano estaba pensando, pero ella no iba a creerlo.

—¡Por Merlín hija! —dijo James desesperado, y molesto ante la necedad de Lily. ¿Por qué era tan terca? ¡Parecía que disfrutaba llevándoles la contraria!

—Así que teníamos razón, es la Piedra Filosofal y Snape trata de obligar a Quirrell a que lo ayude a conseguirla. Le preguntó si sabía cómo pasar ante Fluffy y dijo algo sobre el «abracadabra» de Quirrell... Eso significa que hay otras co­sas custodiando la Piedra, además de Fluffy, probablemente cantidades de hechizos, y Quirrell puede haber hecho algu­nos encantamientos anti-Artes Oscuras que Snape necesita romper...

—Harry no podría tener más razón—apoyó James, esperando que su hija le hiciera caso, y que su esposa también lo comprendiera.

Snape no era bueno. Ellas tenían que comprenderlo de una buena vez.

—¿Quieres decir que la Piedra estará segura mientras Quirrell se oponga a Snape? —preguntó alarmada Hermione.

—Eso no da muchos ánimos ¿o sí? —preguntó Arthur negando con la cabeza, preocupado, haciendo notar que, al parecer y por lo que ya habían leído, Quirrel no era precisamente muy valiente.

 —En ese caso no durará mucho —dijo Ron.

—Hay que tener fe, Ron—susurró Molly, aunque no muy convencida de que Quirrel aguantara las supuestas coacciones de Snape.

Lily ya había escuchado suficiente. Se puso de pie y dijo rápidamente:

—Crean lo que quieran, pero yo confío en el profesor Snape, y creo más bien que de quien deberíamos de preocuparnos es de Quirrel. ¿Qué pruebas tienen de que no es él quien quiere robar la piedra? ¡Ya estoy cansada de esto!

Y sin más, se marchó sola a la sala común de Gryffindor.

—¿Qué más pruebas quieres, pequeña? —Dijo Sirius enojado— ¡Estas ciega! Prefieres creer cualquier cosa antes de pensar que Snape sigue siendo un maldito mortífago.

—La chica tiene razón—repuso de pronto Moody—deberían de buscar pruebas para tener la certeza de quien es el que desea robar la piedra.

Sirius bufó y James estaba tan enojado que ni siquiera quiso contestar, ¿por qué su hija se empeñaba en defender a Snape? ¿Por qué no comprendía?

Lily por otra parte, pensaba que su hija podía estar en lo cierto, y deseó de todo corazón que así fuera.

—Ese fue el final del capítulo—anunció la profesora McGonagall serenamente.

—Bien, es mi turno de leer—gruñó Moody. —El capitulo se llama " Norberto , el ridgeback noruego "

— ¡Un dragón! —dijo Hagrid emocionado, conociendo perfectamente bien la raza.

**—Sí, un dragón, pero ¿Cómo se relaciona un dragón llamado "Norberto"**con los chicos? —preguntó McGonagall, alzando las cejas con aire nervioso.

—Sin contar que están prohibidos—apuntó Remus, que, al igual que todos los demás, no encontraba una forma de relacionar al dragón, con los muchachos.

—Será mejor que nos apresuremos a leer—murmuró Lily impaciente. Lo único que le faltaba era que sus hijos hicieran algo ilegal con dragones.

Harry había quedado muy enfadado por la última discusión con su hermana, se reconciliaron al día siguiente, pero ambos con posturas completamente diferentes.

Lo que también sucedía en la sala. Todos se trataban de manera cordial, por supuesto, pero Lily, James y Sirius tenían opiniones totalmente distintas, y ninguno de los tres parecía dispuesto a ceder.

En opinión de Harry, Quirrell debía de ser más valiente de lo que habían pensado. En las semanas que siguieron se fue po­niendo cada vez más delgado y pálido, pero no parecía que su voluntad hubiera cedido.

—¡Todavía hay esperanza! —dijo Edgar contento, pensando que Harry tenía razón al pensar que Quirrel era más valiente de lo que aparentaba. Él, como James, Sirius y algunos otros, estaba convencido de que había algo extraño en Snape, y eso le hacía confiar en Quirrel.

Lily sin embargo, hacia todo lo contrario a ellos. Trataba al profesor Quirrel con frialdad y desconfianza. Mientras que parecía llevarse cada vez mejor con el profesor Snape, (para horror y disgusto de Harry), ya que a veces se quedaba después de clase en las mazamorras, ayudándole y conversando con él.

Sirius y James parecieron furiosos ante esa información. Pensando que Lily se arriesgaba demasiado al hacer eso. Una cosa era que Lily defendiera a Snape, y también que se negara a creer que era alguien en quien no se podía confiar, pero otra cosa muy diferente era que la muchacha estuviera estrechando relaciones con él. ¿Por qué demonios lo hacía?

Hermione, por otro lado, tenía en su mente otras cosas. Había comenzado a hacer ho­rarios para repasar y a subrayar con diferentes colores sus apuntes.

—Hey, Evans—dijo Sirius viendo a Lily— ¿Crees que no haya alguna posibilidad de que reencarnaras en Hermione? ¡Pareces tú en los exámenes! Siempre hacías lo mismo…

Lily le dirigió una mirada asesina, pero no contestó nada. Ya se vengaría más tarde de Sirius.

Continuaron leyendo como Hermione y Ron discutían por qué ella se había puesto a estudiar en un periodo de tiempo tan anticipado.

—¿Que para qué estoy repasando? ¿Estás loco? ¿Te has dado cuenta de que tenemos que pasar estos exámenes para entrar en segundo año? Tendría que ha­ber empezado a estudiar hace un mes, no sé lo que me pasó...

—Creo que esta chica es una combinación de Evans y Lunático—dijo Sirius negando con la cabeza, y con una sonrisa burlona en los labios.

Los aludidos le dedicaron una mirada de exasperación y luego, de la nada, apareció una almohada, Lily sonrió durante un segundo, y tomándola se la arrojó a Sirius.

—¿Qué diablos…?—preguntó el  mago extrañado y agarrando la almohada, sin comprender cómo había terminado golpeando su rostro.

—Es cierto eso de que esta sala te proporciona todo lo que necesitas—comentó Lily riendo, contenta por expresión de desconcierto de Sirius.

Pero desgraciadamente, los profesores parecían pensar lo mismo que Hermione.

Algunos se compadecieron de los muchachos, diciendo que comprendían lo estresante que era recibir tanta tarea.-

La profesora McGonagall, sin embargo,  puso los ojos en blanco, pero no replicó nada, no deseaba interrumpir la lectura.

Como bien habían asegurado algunos, se dieron cuenta que a Harry, Ron, Lily y Hermione les habían dejado montones de deberes para vacaciones y que además, pasaban todo el tiempo posible en la biblioteca.

Estaban leyendo una parte que decía que los cuatro se encontraban allí, cuando de pronto, Ron exclamó algo que muchos de los presentes no esperaban.

—¡Hagrid! ¿Qué estás haciendo en la biblioteca?

— ¿Qué haces en la biblioteca Hagrid? —preguntó McGonagall interrogativamente, comenzando a imaginar que " Norberto " estaba relacionado más con Hagrid, que con los cuatro muchachos.

—No tengo idea, profesora—respondió el semigigante, esperando que no se encontrara haciendo nada malo, o por lo menos nada que pusiera en un aprieto a los cuatro jovencitos de la historia.

Hagrid apareció con aire desmañado, escondiendo algo detrás de la espalda.

—Estaba mirando —dijo con una voz evasiva—. ¿Y ustedes qué hacen? —De pronto pare­ció sospechar algo—. No estarán buscando todavía a Nicolás Flamel, ¿no?

—Creo que te llevarás una sorpresa, Hagrid—comentó Lily, sonriendo un poco.  ¡Aquellos niños eran tremendos!

—Tienes razón, Lily—aceptó el guardabosques  meneando la cabeza. Jamás se le habría ocurrido que Harry, Lily, Hermione y Ron consiguieran averiguar lo de Flamel.

—Oh, lo encontramos hace siglos —dijo Ron con aire grandilocuente— Y también sabemos lo que custodia el pe­rro, es la Piedra Fi...

Molly suspiró ante eso, pensando que su hijo debería tener más prudencia. ¡Alguien podía escucharlo! No era seguro que estuviera diciendo eso en todos lados, sin prestar atención a si alguien podía escuchando.

—¡¡Shhh!! —Hagrid miró alrededor para ver si alguien los escuchaba—. No pueden ir por ahí diciéndolo a gritos. ¿Qué les pasa?

Eso era algo en lo que todos estaban de acuerdo, pero algunos no podían dejar de pensar que Ron, Lily, Hermione y Harry eran solo unos niños. Aún no tenían bien desarrollado el sentido de la prudencia absoluta con asuntos como esos.

—En realidad, hay unas pocas cosas que queremos pre­guntarte —dijo Harry— sobre qué cosas más custodian la Piedra, además de Fluffy...

—Deberías tener más cuidado, Harry—dijo Lily  poniendo los ojos en blanco, recordando de pronto a su esposo—Alguien podría oírte y eso sí que sería un gran problema.

—¡SHHHH! —dijo Hagrid otra vez—. Miren, vengan a ver­me más tarde, no anden por ahí hablando, los alumnos no deben saber nada. Van a pensar que yo les he contado...

Lily y Molly le dedicaron una mirada de disculpa a Hagrid, ya que se daban cuenta de que los muchachos lo estaban metiendo en un aprieto y le estaban causando muchas preocupaciones.

—No te preocupes, Hagrid—dijo Lily amablemente— no le diremos a nadie que lo sabemos y en caso de que nos escuchen, pues algo se nos ocurrirá…

Hagrid sonrió, agradecido ante las palabras de la niña.

—Te vemos más tarde, entonces —dijo Harry

Hagrid se escabulló.

Aquello les pareció extraño y coherente al mismo tiempo. Algunos en realidad estaban casi seguros que el título del capítulo tenía una gran relación con Hagrid.

Escucharon cómo Ron, Hermione, Lily y Harry hablaban sobre de qué podría ser el libro que Hagrid se había llevado, y el primero de los muchachos se ofreció a revisar en que sección estaba el libro que el guardabosques se había llevado.

—¡Dragones! —susurró—. ¡Hagrid estaba buscando co­sas sobre dragones!

—Bien, creo que ya sabemos cómo entra el dragón en todo esto…—dijo Arthur, sonriendo un poco, pensando que debieron imaginarlo desde el principio.

Casi todos dirigieron su vista a Hagrid, que estaba mitad emocionado por la perspectiva de tener un dragón y mitad preocupado por lo que eso podría significar.

—Hagrid siempre quiso tener un dragón, me lo dijo el día que lo conocimos—dijo Harry

Todos voltearon a ver incrédulamente al guardabosques. ¿Cómo demonios había conseguido un dragón? ¡Sin contar que era algo ilegal! No podían creer que aquello estuviera pasando…

—Pero va contra nuestras leyes —dijo Ron—. Criar dra­gones fue prohibido por la Convención de Magos de 1709, to­dos lo saben.

—Entonces ¿en qué está metido Hagrid? —dijo Hermione.

—Buena pregunta—dijo Sirius— ¿Cómo conseguiste un dragón Hagrid? ¡Y es un ridgeback noruego! Eso si que es una hazaña…

Hagrid se limitó a encogerse de hombros, ya que no tenía ni la menor idea de cómo había conseguido al dragón, aunque estaba tratando de formarse ideas sobre cómo lo había conseguido.

—No tengo idea—respondió Lily—pero espero que no sea nada peligroso.

Y eso era lo que algunos también estaban deseando, aunque dudaban seriamente que el hecho de tener un ridgeback noruego en una cabaña no fuera peligroso.

Como todos estaban ansiosos por escuchar, lo que estaban seguros sería una interesante historia de cómo Hagrid había conseguido un dragón, continuaron leyendo, y escucharon que los muchachos llegaban a la cabaña y que Hagrid, al parecer, estaba algo nervioso.

Luego escucharon cómo Harry le formulaba a Harry una pregunta, de si podía decirles si existía algo más que custodiara la piedra, además de Fluffy.

—Por supuesto que no puedo —dijo—. En primer lugar; no lo sé. Esa Piedra está aquí por un buen motivo. Casi la roban de Gringotts... Aunque eso ya lo sabían. Me gustaría saber cómo averiguaron lo de Fluffy.

—Dudo mucho que te cuenten eso ahora, Hagrid—comentó Alice, sabiendo que esos muchachos no dirían ni una sola palabra hasta que el guardabosques les contestara lo que los cuatro deseaban saber.

—Oh, vamos, Hagrid, puedes no querer contarnos, pero debes saberlo, tú sabes todo lo que sucede por aquí —dijo Hermione, con voz afectuosa—: Nos pre­guntábamos en quién más podía confiar Dumbledore lo sufi­ciente para pedirle ayuda, además de ti.

Sirius, James, Gideon, Fabián, Frank y Edgar sonrieron, pensando que la chica era muy inteligente y sospechando las intenciones ocultas que traían todas esos alagos.

Harry Lily y Ron miraron a Hermione con orgullo.

Hagrid hizo una mueca, pensando que debería tener mucho más cuidado con esos niños en un futuro.

—Bueno, supongo que no tiene nada de malo deciros esto... Yo le presté a Fluffy... luego algunos de los profesores hicieron encantamientos... el profesor Sprout, el profesor Flitwick, la profesora McGonagall —contó con los dedos—, el profesor Quirrell y el mismo Dumbledore, por su­puesto. Esperen,me he olvidado de alguien. Oh, claro, el pro­fesor Snape.

La sonrisa de todos los chicos se desvaneció de inmediato. De hecho, en los rostros de James, Sirius y algunos otros apareció una mueca  molesta y desconfiada.

¿En qué estaba pensando Dumbledore al confiar la seguridad de la piedra en Snape? Algunos realmente estaban comenzando a pensar que el director estaba muy loco…

James estuvo a punto de decir algo, pero la mirada enfadada de su esposa lo detuvo.

Lily sonrió con satisfacción.

Sirius soltó un bufido muy parecido al de un perro al escuchar de la sonrisa satisfecha de la pequeña. ¡A veces era tan parecida a su madre!

—¿Snape? —preguntó Harry.

—Ajá... No seguirán con eso todavía, ¿no? Mira, Snape ayudó a proteger la Piedra, no quiere robarla.

—No puedo creer que tú confíes en el Hagrid—dijo James molesto, sintiéndose casi traicionado por su semigigante amigo.

—Las personas pueden cambiar, James—comentó el profesor Dumbledore  amablemente al ver que Hagrid no contestaba, completamente seguro de lo que decía.

—Sí, pero Quejicus es una excepción a eso, profesor—replicó, obstinado Sirius, que estaba de acuerdo con James.

Finalmente, como todos leyeron un segundo después, quedó comprobado que ni  Harry, ni Ron, ni Hermione tenían la mínima intención de confiar en Snape, pero sin embargo, decidieron dejar el tema por un momento, después de que Hagrid les aseguró que él era el único que sabía como pasar a Fluffy.

James y Sirius sonrieron, pensando que por más que Lily defendiera a Snape, Harry estaba de parte de ellos.

Luego ocurrió otra cosa que llamó la atención de los muchachos, y eso fue, sin duda alguna, que, a pesar del calor sofocante que al parecer había en la cabaña, Hagrid se negaba a abrir las ventanas o cualquier medio de ventilación.

—Hagrid... ¿Qué es eso? —preguntó Lily acercándose.

Pero ya sabía lo que era. En el centro de la chimenea, de­bajo de la cazuela, había un enorme huevo negro.

—Oh Hagrid…—suspiró severa la profesora McGonagall cubriéndose la cara  con las manos. ¡Un huevo de dragón! ¿Cómo había sucedido eso?

¡Podría traer muchos problemas! Alguien podría resultar herido, o algo peor… La profesora negó con la cabeza, rogandole al cielo porque no ocurriera nada arriesgado.

—¿Dónde lo has conseguido, Hagrid? —preguntó Ron— Debe de haberte costado una fortuna.

—Eso es cierto—señaló Marlene— Debió haber sido realmente caro. Será mejor que, en el futuro, intenta no comprar ese huevo, Hagrid—le recomendó al semigigante— Es posible que tengas muchos problemas por él.

—Lo gané —explicó Hagrid—. La otra noche. Estaba en la aldea, tomando unas copas y me puse a jugar a las cartas con un desconocido.

—Hagrid—le reprendió la profesora McGonagall— ¡No debes ponerte a jugar cartas con desconocidos! ¡Puede ser cualquiera! Más aún si tenía un huevo de dragón…

El guardabosques asintió, ruborizado, a lo que la profesora decía.

—Pero ¿qué vas a hacer cuando salga del cascarón? —pre­guntó Hermione.

La explicación que Hagrid le dio a Hermione, hizo que algunos se preocuparan por el semigigante. Según él, mantendría caliente el huevo y cuando saliera, habría que alimentarlo con brandy y sangre de pollo cada media hora.

Parecía muy satisfecho de sí mismo, pero  ni Hermione ni Lily lo estaban.

—Creo que la pequeña a veces puede ser tan aguafiestas como tú, pelirroja—dijo Sirius riendo— y ¡No digamos Hermione!

Pero dejó de reír en el momento de que otra almohada le golpeo la cabeza y cuando vio reír a la pelirroja en cuestión.

—Se te está haciendo una mala costumbre eso de arrojarme almohadas…—gruñó Sirius, aunque todos los demás en la sala reían animadamente.

—Tú te lo buscaste, Black—repuso Lily encogiéndose de hombros— Además es muy des-estresante…

—Hagrid, tú vives en una casa de madera —dijo Hermione.

Pero Hagrid no la escuchaba. Canturreaba alegremente mientras alimentaba el fuego.

Todos estuvieron seguros de que

Así que ya tenían algo más de qué preocuparse: lo que podía sucederle a Hagrid si alguien descubría que ocultaba un dra­gón ilegal en su cabaña.

—Lo siento, chicos—dijo Hagrid como si Harry, Ron, Hermione y Lily pudieran escucharlo— No quise preocuparlos…

—Me pregunto cómo será tener una vida tranquila —sus­piró Ron, mientras noche tras noche luchaban con todo el trabajo extra que les daban los profesores.

Molly no pudo evitar poner los ojos en blanco. Ron no tenía ni idea de lo que lo que ' tener una vida tranquila' significaba.

Entonces, durante un desayuno, Hedwig entregó a los chicos otra nota de Hagrid. Sólo decía: «Está a punto de salir».

Esas simples palabras hicieron que los presentes se sorprendieran al extremo. ¿Estaba a punto de salir?

—¡Increíble! —Dijo Marlene— ¡Van a ver un dragón bebé! ¡Yo nunca he visto uno!

—Y no te pierdes de nada, créeme—repuso Edgar riendo, pensando en que no le gustaban mucho los dragones.

Ron  y querían faltar a la clase de Herbología e ir directa­mente a la cabaña. Hermione no quería ni oír hablar de eso.

Lily, McGonagall y Molly sonrieron con conformidad ante la actitud de la niña.

Pero casi todos los demás hubieran deseado que Hermione fuera un poco más flexible.

—¡Vamos Hermione! —dijo James—¿Cuántas veces verás a un dragón nacer? ¡Dudo mucho que tengas otra oportunidad como esta!

—Hermione, ¿cuántas veces en nuestra vida veremos a un dragón saliendo de su huevo? —preguntó Ron.

James sonrió, pensando que el amigo de su hijo le agradaba mucho. Mientras  Molly hacía un sonido de desaprobación.

—Tenemos clases, nos vamos a meter en líos y no vamos a poder hacer nada cuando alguien descubra lo que Hagrid está haciendo...

Muchas de las chicas asintieron, de acuerdo con el punto de vista de Hermione. No era una buena idea que se saltaran clases.

—¡Cállate! —susurró Harry

Malfoy estaba cerca de ellos y se había quedado inmóvil para escucharlos. ¿Cuánto había oído? A los chicos no les gustó la expresión de su cara.

—Este chico está acabando con mi paciencia—gruñó Gideon molesto, ¿por qué demonios se metía en donde no le llamaban?

—Con la mía también—contestaron Sirius, James, Edgar, Frank y Fabián al mismo tiempo, deseando que a la pequeña lagartija rastrera de Malfoy le cayera un mueble pesado encima.

Cuando al final de las clases sonó la campana del castillo, los tres dejaron sus trasplantadores y corrieron por el parque hasta el borde del bosque. Hagrid los recibió, excitado y ra­diante.

—Ya casi está fuera —dijo cuando entraron.

— ¿Sabes Hagrid? Creo que eso debería preocuparte más que ponerte de buenas…—comentó Alice meneando la cabeza. Tenía la sensación de que eso tarde o temprano resultaría un contratiempo.

—Ella está en lo cierto—apoyó Moody, que casi nunca hacia comentarios— Tener un dragón podría traerte muchos problemas.

A pesar de todo lo que le decían, Hagrid no podía dejar de emocionarse por su futuro dragón. ¡Tendría un dragón! El había soñado con eso dese hacía ya mucho tiempo…

Hagrid se emocionó aún más cuando escuchó la descripción del pequeño ser, que al parecer, para todos los presentes, no resultaba muy bonita.

—¿No es precioso? —murmuró Hagrid. Alargó una mano para acariciar la cabeza del dragón.

—Creo que " precioso " no es precisamente el adjetivo que yo usaría…—dijo James riendo.

Lily observó al dragón durante unos instantes, pensando que "precioso" era un adjetivo que ella sustituiría por «extraño» o «raro», pero a pesar de eso, no pudo dejar de pensar que era un bebé y le dedicó una mirada de ternura.

—¡Bendito sea! Miren, conoce a su mamá —dijo Hagrid.

Ahora muchos en la sala, principalmente los jóvenes, rieron ante el comentario. ¡Había sido realmente divertido!

—¿Mamá? —preguntó Sirius con voz ahogada—No conocía tu lado maternal, Hagrid…

Hagrid se limitó a imaginarse con cariño la imagen del dragón. ¡Estaba tan emocionado con la pequeña criatura!

—Hagrid —dijo Hermione—. ¿Cuánto tardan en crecer los ridgebacks noruegos?

—Es mejor que estén bien informados sobre eso—murmuró Alice, reflexionando lo que pasaría si el dragó crecía demasiado.

Hagrid iba a contestarle, cuando de golpe su rostro pali­deció. Se puso de pie de un salto y corrió hacia la ventana.

—¿Qué ocurre? —preguntaron varios al mismo tiempo, alarmados. Si alguien veía al dragón, Hagrid tendría muchos problemas.

—¿Qué sucede?

—Alguien estaba mirando por una rendija de la corti­na... Era un chico...

Ahora sí, todos estaban realmente preocupados. Hagrid se había metido en un problema muy grande si el chico que había visto a Norberto lo delataba.

Harry fue hasta la puerta y miró. Incluso a distancia, era inconfundible:

Malfoy había visto el dragón.

— ¡Maldición! —dijo Lily entre dientes.

—¡Ahora te meterás en problemas, Hagrid! —exclamó Marlene preocupada.

—Idiota Malfoy—dijeron Sirius, James y Remus al mismo tiempo. ¿Por qué diablos había tenido que ir a husmear en donde no lo llamaban?

Hagrid se removía en su asiento, preocupado. ¿Qué sucedería si lo descubrían con el pequeño Norberto? ¿Se lo llevarían? ¿Lo encerrarían a él en Azkaban?

Algo en la sonrisa burlona de Malfoy durante la semana si­guiente ponía nerviosos aHarry, Ron  Lily y Hermione.(Esto hizo que muchos de los presentes expresaran lo mucho que detestaban al chico Malfoy) Pasaban la mayor parte de su tiempo libre en la oscura cabaña de Ha­grid, tratando de hacerlo entrar en razón.

Todos supieron que probablemente eso sería un caso perdido, así que continuaron leyendo, todos nerviosos por Hagrid.

Escucharon como los muchachos iban a la cabaña de Hagrid e intentaban razonar con él, en repetidas ocasiones.

 Había botellas vacías de brandy y plu­mas de pollo por todo el suelo.

—Hagrid, creo que los chicos tienen razón, lo mejor sería dejarlo ir…—dijo Alice tristemente, sabiendo que al semigigante probablemente eso le afectaría mucho.

—He decidido llamarlo Norberto —dijo Hagrid, mirando al dragón con ojos húmedos—. Ya me reconoce, miren. ¡Nor­berto! ¡Norberto! ¿Dónde está mamá?

—Creo que esto de los dragones ha hecho que perdiera el juicio—murmuró en susurros Gideon a Fabián, que asentía disimuladamente con la cabeza. A

Aquella situación ya se estaba saliendo completamente de control.

—Ha perdido el juicio —murmuró Ron a Harry.

Gideon y Fabián sonrieron, pensando que las coincidencias que el libro tenía con lo que ellos pensaban eran geniales.

Siguieron escuchando como los muchachos trataban de que Hagrid buscara una manera de dejar en libertad a Norberto.

Hagrid se mordió el labio.

—Yo... yo sé que no puedo quedarme con él para siempre, pero no puedo echarlo, no puedo.

Harry se volvió hacia Ron súbitamente.

—Charlie —dijo.

— ¡Excelente idea! —exclamó Remus sonriendo, contento por la repentina idea de Harry, pensando que podría funcionar.

—Tienes razón, Remus—murmuró Lily sonriendo de igual forma, comprendiendo todo perfectamente.

—Odio esas conversaciones entre " Prefectos Perfectos " ¿saben? —dijo Sirius malhumorado, ya que no había comprendido a qué se referían sus amigos.

Remus y Lily se limitaron a poner los ojos en blanco mientras James rió por lo bajo, y Sirius le dedicaba una mirada envenenada.

—Tú también estás mal de la cabeza —dijo Ron—. Yo soy Ron, ¿recuerdas?

—No... Charlie, tu hermano. En Rumania. Estudiando dragones. Podemos enviarle a Norberto. ¡Charlie lo cuidará y luego lo dejará vivir en libertad!

—Mmm… tienes razón Lunático—dijo Sirius sonriendo—es una muy buena idea. ¿Lo ves James? Entre inteligentes—se señaló a sí mismo, a Lily y después a Remus—,nos entendemos bien.

Casi todos sonrieron por el comentario de Sirius, mientras que Remus negaba con la cabeza, pensando que su amigo nunca dejaría de ser un niño.

—¡Genial! —dijo Ron—. ¿Qué piensas de eso, Hagrid?

—¡No podrás negarte a eso, Hagrid! —exclamó la profesora McGonagall

Y al final, Hagrid aceptó que enviaran una lechuza para pedirle ayuda a Charlie.

—Gracias Merlín—suspiró Molly, pensando que la reciente tensión mejoraría cuando Norberto se fuera.

Finalmente, ansiosos por dejar de escuchar el nombre del dragón, ya que eso suponía una gran preocupación, continuaron leyendo de una forma un poco apresurada.

Tambien escucharon como Ron les contaba a Harry, Lily y Hermione que Norberto le había mordido y que Hagrid lo había hecho salir porque según él, Ron le había asustado. Y después Hagrid le había cantado una dulce canción a dragón.

—¡Lo mordió un dragón! —estalló Molly preocupada—¡Oh por todos los cielos!

—Tranquila, cariño—le dijo Arthur—Estoy seguro de que no es nada…

—¿Cantas canciones de cuna, Hagrid? —preguntó James, sonriendo ligeramente. Nadie podía negar que aquello era demasiado divertido.

El semigigante se ruborizó levemente, pero pensó que era hermoso tener un pequeño bebé en su casa.

Lily revisó tranquilamente la herida de Ron, y le sugirió que fuera a ver a la señora Pomfrey, pero este se negó, diciendo que no le dolía mucho.

Molly resopló desaprobadoramente ante la última oración leída. ¡Ron era muy descuidado consigo mismo y eso no le gustaba nada!

Se oyó un golpe en la ventana oscura.

—¡Es Hedwig! —dijo Harry, corriendo para dejarla en­trar—. ¡Debe de traer la respuesta de Charlie!

Escucharon atentamente como Charlie les avisaba a los muchachos que, en la media noche del sábado, algunos de sus amigos irían a la torre más alta para recoger al dragón.

Esto alivió mucho a los presentes. ¡Al fin, se librarían de Norberto!

—Tenemos la capa invisible —dijo Harry—. No será tan difícil... creo que la capa es suficientemente grande para cu­brir a Norberto y a dos de nosotros.

Eso sin duda era una ventaja, pero realmente todos estaban esperando ese feliz momento en el que escucharan cómo Norberto se iba a una vida mejor en otro lugar.

Se encontraron con un obstáculo. A la mañana siguiente, la mano mordida de Ron se había inflamado y tenía dos veces su tamaño normal.

—Mi pobre niño…—gimió Molly, esperando que la herida no tuviera consecuencias.

Alice le dedicó una sonrisa de comprensión, pensando que ella estaría igual si el dragón hubiera mordido a Neville.

La herida se había convertido en una horrible cosa verde. Parecía que los colmillos de Norberto tenían veneno. Así que Ron tuvo que ir con la enfermera.

Molly se cubrió la cara con las manos, dividida entre el enojo y la preocupación. ¿Qué pasaría si el veneno del dragón tenía otros efectos en Ron?

Al finalizar el día, Harry Lily  y Hermione fueron corriendo hasta el ala de la enfermería para visitar a Ron y lo encontra­ron en un estado terrible.

Molly pareció seriamente preocupada ante eso. Arthur tuvo que tranquilizarla varias veces para que pudieran continuar.

—No es sólo mi mano —susurró— aunque parece que se me vaya a caer a trozos. Malfoy le dijo a la señora Pomfrey que quería pedirme prestado un libro, y vino y se estuvo rien­do de mí. Me amenazó con decirle a ella quién me había mor­dido.

—¡Merlín! ¿Alguien ha conocido alguna vez a un chiquillo tan irritante? —preguntó Frank molesto—¡Me está volviendo loco!

Todos se mostraron de acuerdo con Frank, pensando que el chico Malfoy era insoportable. ¿No podía meterse en otro lado, donde sí quisieran su desagradable presencia, en lugar de seguirle arruinando todo a Harry, Ron, Lily y Hermione?

Harry  Lily y Hermione trataron de calmarlo.

—No te preocupes Ron—dijo Lily—¡Hiciste lo que creíste correcto! No te arrepientas, es más... ¿Alguien tiene una idea de cómo hacer que nuestro «queridoidiota Malfoy sufra un «accidente»?  ¡Me está volviendo loca! Unos días inconsciente no le hacen daño a nadie…

— ¡Tienes razón, Pequeña! —dijo Sirius sonriendo radiante ante la idea—¡A nadie le caen mal unos cuantos días en la enfermería…!

—O en San Mungo…—añadió James sonriendo con complicidad.

La profesora McGonagall, Lily, y Molly les dedicaron una mirada severa, sin embargo, eso no pareció aplacar en lo más mínimo el entusiasmo de los dos merodeadores.

—El día en que maduren será un día increíble…—murmuró finalmente Lily, cruzándose de brazos.

—Todo habrá terminado el sábado a medianoche —añadió Hermione, pero eso no lo tranquilizó.

Molly sintió compasión por su hijo, pensando en que estaba demasiado alterado.

—¡La medianoche del sábado! —dijo con voz ronca—. Oh, no, oh, no... acabo de acordarme... la carta de Charlie es­taba en el libro que se llevó Malfoy, se enterará de la forma en que nos libraremos de Norberto.

—Ahora sí que están en problemas—Dijo Marlene, nerviosa, mientras todos los demás se tensaban.

Malfoy sabía de sus planes, eso significaba serios problemas.

¿Qué harían ahora? ¡Malfoy abriría la boca a la menor oportunidad! O quizá buscaría la mejor forma de sacar provecho de la situación…

Pero de cualquier manera, que Malfoy supiera de sus planes era realmente alarmante.

Apareció la señora Pomfrey y los hizo salir; diciendo que Ron necesitaba dormir.

Molly agradeció internamente que alguien se preocupara por su hijo, aunque ella también estaba nerviosa por lo del chico Malfoy.

—Es muy tarde para cambiar los planes —dijo Harry a las chicas—. No tenemos tiempo de enviar a Charlie otra lechu­za y ésta puede ser nuestra única oportunidad de librarnos de Norberto. Tendremos que arriesgarnos. Y tenemos la capa invisible y Malfoy no lo sabe.

—¡Bendita sea la capa! —dijo James con cariño hacia su antiguo artefacto, preguntándose de nuevo quién se lo habría enviado a sus hijos.

—¡Siempre está en los mejores y peores momentos¡—añadió Sirius,  con ternura, recordando las mejores bromas de su vida, que sin duda habían estado acompañadas de esa capa.

Finalmente, llegaron a la parte que todos estaban esperando: el momento de decirle adiós a Norberto.

Hagrid tenía a Norberto listo y encerrado en una gran jaula.

—Tiene muchas ratas y algo de brandy para el viaje —dijo Hagrid con voz amable—. Y le puse su osito de peluche por si se siente solo.

A Hagrid se le llenaron los ojos de lágrimas, mientras que James, Sirius, Marlene, Edgar, Frank, Arthur y los gemelos Prewett luchaban por no echarse a reír. Nadie podía negar que aquello era realmente muy divertido.

Del interior de la jaula les llegaron unos sonidos, que hi­cieron pensar a los chicos que Norberto le estaba arrancando la cabeza al osito.

—Francamente Hagrid—dijo Molly viendo al gigante—creo que librarte de " Norberto " fue lo mejor que pudiste hacer.

Los chicos habían decidido que Lily se quedaría con Hagrid, mientras Hermione y Harry llevaban a Norberto al castillo, ya que no cabían todos en la capa.

—¡Adiós, Norberto! —sollozó Hagrid, mientras Harry y Hermione cubrían la jaula con la capa invisible y se metían dentro ellos también—. ¡Mamá nunca te olvidará!

Hagrid comenzó a sollozar a lágrima viva, mientras que James simulaba una tos para ocultar su risa, sentía pena por Hagrid, pero no podía evitar ver que la etapa "maternal" de Hagrid tenía mucha gracia.

Lily le dedicó unas palmadas de apoyo en el brazo a Hagrid, aunque en el fondo estaba esforzándose por no sonreír. La idea de Hagrid siendo mamá le causaba bastante gracia.

La idea de Hagrid de mamá no le hacía gracia únicamente a Lily, ya que todos en la sala estaban intentando no sonreír en muestra de solidaridad para el guardabosques.

Escucharon cómo, con mucho esfuerzo, Harry y Hermione se las arreglaron para llevar al dragón por el castillo, hasta que se toparon con personas inesperadas.

La profesora McGonagall, con una bata de tejido esco­cés y una redecilla en el pelo, tenía sujeto a Malfoy por la oreja.

Aunque algunos les desconcertó la escena, a varios les causó muchísima risa escuchar que la profesora llevaba a Malfoy de una oreja.

—¡Castigo! —gritaba—. ¡Y veinte puntos menos para Slytherin! Vagando en medio de la noche... ¿Cómo te atreves...?

—¡Así es, pequeño canalla! —rió Sirius animadamente— ¡Eso te pasa por andar vagando sin tener buenos fines en durante la noche!

—Usted no lo entiende, profesora, Harry Potter vendrá. ¡Y con un dragón!

—¡Qué absurda tontería! ¿Cómo te atreves a decir esas mentiras? Vamos, hablaré de ti con el profesor Snape... ¡Va­mos, Malfoy!

Casi todos en la sala estallaron en sonoras carcajadas, excepto los profesores, Molly y Lily, aunque estas últimas sonreían ligeramente.

Siguieron escuchando cómo Hermione y Harry seguían por la escalera de caracol, y cuando llegaron a la torre más alta.

Riéndose de Malfoy, esperaron, con Norberto moviéndo­se en su jaula. Diez minutos más tarde, cuatro escobas ate­rrizaron en la oscuridad.

Leyeron que los amigos de Charlie se ocupaban de colocar arneses para poder suspender en el aire a Norberto, y que fueron muy amables con los muchachos. Una vez Harry y Hermione les dieron las gracias, ellos partieron.

Por fin. Norberto se iba... se iba... se había ido.

Hagrid continuaba sollozando, pero casi todos los demás soltaron una exclamación de alivio.

Siguieron escuchando, todos contentos, como Harry y Hermione bajaban la escalera, realmente felices.

¿Qué podía estropear su felicidad?

—¡Nada! ¡ No podría haber nada que les estropeara el momento! —dijo Sirius sonriendo. Malfoy estaba castigado, Norberto estaba volando muy lejos y todo parecía perfecto.

La respuesta los esperaba al pie de la escalera. Cuando llegaron al pasillo, el rostro de Filch apareció súbitamente en la oscuridad.

Esa afirmación paralizó a todos por un momento. Ahora si se habían metido en un problema.

—Bien, bien, bien —susurró Harry—. Tenemos pro­blemas.

Habían dejado la capa invisible en la torre.