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En la sala de Menesteres: Leyendo nuestro futuro — capítulo 15
—Así terminó el capítulo—dijo Alice sonriendo.
—Es mi turno de leer—comentó Frank, observando dulcemente a su esposa—El capítulo se llama " Gilderoy Lockhart ".
— ¿Por qué hay un capítulo de él? —Preguntó Sirius alzando las cejas—Por lo poco que hemos leído sobre el tipo, parece que no tiene muchas luces…
—Si empezamos, sabremos por qué hay un capítulo sobre él —señaló Frank, aunque estaba de acuerdo con el punto de vista de Sirius.
Lo primero que escucharon del capítulo, fue que, aunque Harry durmió contento la noche anterior, aquél día apenas si sonrió una vez.
Lily frunció el ceño, preocupada ante eso. No le gustaba que su hijo tuviera cualquier tipo de problema que le impidiera sonreír.
Lily parecía algo más animada que el día anterior, y observaba el libro de Hermione con aburrimiento.
A pesar de que Hermione había decidido perdonarla por la mañana, después de otro pequeño sermón, Lily no había podido evitar poner los ojos en blanco cuando Hermione le ignoró olímpicamente mientras leía su libro.
La frialdad con que Hermione les dijo «buenos días», hizo pensar a Harry que todavía les reprochaba la manera en que habían llegado al colegio.
— ¿Qué esperabas, Harry? —Preguntó Sirius sonriente— Pero no te preocupes, es solo cuestión de tiempo antes de que se olvide del asunto…
Neville Longbottom, por el contrario, les saludó alegremente.
Alice acarició inconscientemente su vientre delicadamente, con una enorme sonrisa en los labios.
—El correo llegará en cualquier momento —comentó Neville—; supongo que mi abuela me enviará las cosas que me he olvidado.
Ahora fue el turno de Frank de sonreír. Le alegraba que su madre cuidara de Neville, claro, aunque seguía deseando saber por qué él y su esposa no habían podido hacerlo…
Después de confirmar que las lechuzas estaban llegando, todos centraron su atención en una lechuza que volaba con aparente esfuerzo… Pero lo más importante de esa ave, era que llevaba un sobre rojo.
— ¡No puedo creerlo! —Exclamó Fabián divertido — ¡Enviste un howler Molly!
La aludida se limitó a gruñirle a su hermano, para luego seguir escuchando la lectura.
Pero Fabián no era el único que parecía divertido ante la idea de que Molly hubiera enviado un correo como ese. James, Sirius y Gideon parecían estar a punto de desternillarse de la risa al imaginar lo que vendría a continuación.
»¡No. ..! —exclamó Ron.
—No te preocupes, no está muerto —dijo Hermione, tocando a Errolcon la punta del dedo.
—No es por Errol por quien está preocupado…—comentó James en voz baja, casi para sí mismo, luchando con las ganas de reír a todo pulmón. ¡Eso sería algo realmente digno de escuchar!
—Me han enviado un howler—dijo Ron con un hilo de voz.
—Lo siento mucho por ti, Ron—murmuró Gideon con compasión, para luego susurrar en voz baja— Molly es toda una experta al gritar…
Lily alzó las cejas con curiosidad ante las expresiones de sus amigos mientras Harry contemplaba los rostros aterrorizados y luego el sobre rojo.
— ¿Qué es un howler? —dijo.
—Es tu peor pesadilla, si es que tu madre es propensa a gritar por cualquier cosa…—musitó Sirius recordando los muchos sobres rojos que había recibido a lo largo de su vida.
Todos escucharon, divididos entre la compasión y la diversión, como Ron salía apresuradamente del Gran Comedor, en un intento de ocultar el sobre rojo… Pero no funcionó.
—... ROBAR EL COCHE, NO ME HABRÍA EXTRAÑADO QUE TE EXPULSARAN; ESPERA A QUE TE COJA, SUPONGO QUE NO TE HAS PARADO A PENSAR LO QUE SUFRIMOS TU PADRE Y YO CUANDO VIMOS QUE EL COCHE NO ESTABA...
En respuesta a las muecas que tenían los rostros de Lily y Molly, James, Sirius, Gideon y Fabián decidieron que lo más prudente era no reír como locos en aquel momento, pero no pudieron reprimir una tímida sonrisa.
—... ESTA NOCHE LA CARTA DE DUMBLEDORE, CREÍ QUE TU PADRE SE MORÍA DE LA VERGUENZA, NO TE HEMOS CRIADO PARA QUE TE COMPORTES ASÍ, HARRY, LILY Y TÚ PODRÍAN HABERSE MATADO...
—En eso tengo mucha razón—comentó Molly serenamente, satisfecha con sus propias y futuras palabras, deseando que Ron comprendiera la gravedad que implicaban acciones como aquellas.
Harry se había estado preguntando cuándo aparecería su nombre. Lily se sentía culpable imaginando lo que sintió la señora Weasley, pero al igual que su hermano, intentó disimular.
— ¡Es exactamente lo que hacía Remus cuando tu madre nos mandaba el howler mensual…—recordó Sirius, sonriendo y dirigiéndose a James.
—¡Cierto! —corroboró James, dirigiéndole una mirada risueña a su amigo licántropo, que en aquel momento le estaba dedicando a él y a Sirius un gesto de impaciencia.
—... COMPLETAMENTE DISGUSTADO, EN EL TRABAJO DE TU PADRE ESTÁN HACIENDO INDAGACIONES, TODO POR CULPA TUYA, Y SI VUELVES A HACER OTRA, POR PEQUEÑA QUE SEA, TE SACAREMOS DEL COLEGIO.
—Bueno, creo que eso es todo…—comentó Fabian, sonriendo un poco.
Y, como había predicho, poco a poco el en Gran Comedor de reanudó el alboroto.
Hermione cerró el libro Viajes con los vampirosy miró a Ron, que seguía encogido.
—Aquí viene la típica frase " Te lo te merecías …"—anunció James, poniendo los ojos en blanco.
—Pues la verdad es que se lo merecían—le espetó Lily, que ya se había tranquilizado y ya no se encontraba enfadada—Al menos Harry y Ron.
—Bueno, no sé lo que esperabas, Ron, pero tú...
Lily puso discretamente los ojos en blanco, sabía perfectamente lo que su amiga se disponía a decir.
James sonrió por las acciones de su hija, pensando que tenía un carácter bastante parecido al de él mismo.
—No me digas que me lo merezco —atajó Ron.
Harry apartó su plato de gachas. El sentimiento de culpabilidad le revolvía las tripas.
—Oh, no te sientas culpable, Harry—murmuró Arthur—Estoy seguro de que el asunto no pasará a mayores…
Lily, al igual que si hijo, sentía una enorme culpa hacia los Weasley, así que se limitó a intentar sonreírle a Arthur por su comentario anterior.
Continuaron con la lectura, escuchando como los muchachos salían del Gran Comedor y se dirigían a Herbología.
—La Herbología siempre me ha gustado bastante—recordó Alice, con cierta nostalgia.
—Eso explica por qué Neville es tan bueno…—reflexionó Marlene sonriente.
El howlerhabía tenido al menos un efecto positivo: parecía que Hermione consideraba que ellos ya habían tenido suficiente castigo y volvía a mostrarse amable.
Varios sonrieron ante eso. Especialmente Remus, reconociendo la actitud de Hermione como la que él mismo había tenido alguna vez con sus amigos.
Oyeron como, ya en los invernaderos, se encontraron con la profesora Sprout, y también, con el profesor Lockhart.
—¡Hola, qué hay! —Saludó Lockhart, sonriendo—. Estaba explicando a la profesora Sprout la manera en que hay que curar a un sauce boxeador. ¡Pero no quiero que penséis que sé más que ella de botánica! Lo que pasa es que en mis viajes me he encontrado varias de estas especies exóticas y...
—No sé por qué, pero me cuesta mucho imaginar que alguien como él realizara esos viajes de los que tanto alardea…—comentó Edgar tranquilamente.
—Estoy de acuerdo contigo—dijo Edgar pensativo—No parece el tipo de hombre aventurero….
Después, cuando la profesora de Herbología anunció que trabajarían en el Invernadero 3, todos notaron lo disgustada que estaba por tener que hablar con Lockhart, y eso no era nada común en ella, para los que la conocían.
Un segundo después, escucharon que Lockhart divisaba a los dos hermanos Potter, de una manera muy parecida a como había sucedido en el callejón Diagon.
—¡Harry! Quería hablar contigo... Profesora Sprout, no le molestaría si retengo a Harry un par de minutos, ¿verdad? ¡Y por supuesto, Lily también querrá venir con nosotros! Estoy seguro de que uno o dos minutos no le importaran demasiado ¿o sí?
—Claro que van a importarle—repuso la profesora McGonagall, desaprobando el comportamiento del profesor. No estaba bien que sacara a dos niños de su primera clase de Herbología en el año…
A juzgar por la cara que puso la profesora Sprout, sí le importaba, pero Lockhart añadió:
—Sólo un momento —y le cerró la puerta del invernadero en las narices.
—¡Eso es de muy mala educación! —mustió Lily frunciendo el ceño. Ese profesor no le gustaba. Había algo en él, que le hacía sentirse incómoda.
Lily seguía a Lockhart, al igual que su hermano, y la niña pudo notar que Harry estaba igual de perpleja que él.
—Nunca nada me había impresionado tanto como esto, ¡llegar a Hogwarts volando en un coche! Claro que enseguida supe por qué lo habían hecho. Se veía a la legua…
— ¿A qué se refiere exactamente? —preguntó Remus, sintiendo que no le agradaba lo poco que conocía de aquel hombre.
Nadie supo contestar a la pregunta del joven licántropo, así que todos se limitaron a seguir escuchando.
—Les metí el gusanillo de la publicidad, ¿eh? —dijo Lockhart—. Le han encontrado el gusto. Se vieron compartiendo conmigo la primera página del periódico y no pudieron resistir salir de nuevo.
—¿Está hablando en serio? —inquirió Sirius con un ligero toque de incredulidad, fastidio y burla en la voz.
—Creo que el tipo es realmente tonto…—comentó James sin dar crédito a que alguien fuera engreído a tal punto de imaginar lo que Lockhart estaba suponiendo.
—Lo comprendo. —dijo Lockhart— Es natural querer probar un poco más una vez que uno le ha cogido el gusto. Miren, muchachos, no pueden ir volando en coche para convertirse en noticia. Tienen que tomárselo con calma, ¿de acuerdo? Ya tendrán tiempo para estas cosas cuando sean mayores. Sí, sí, ya sé lo que están pensando: « ¡Es muy fácil para él, siendo ya un mago de fama internacional!»
—Eso no es lo que yo estaría pensando si estuviera allí—rió Sirius burlonamente—Oficialmente creo que este tipo es un tonto. ¿Cómo puede creer que la genialidad de ir a Hogwarts en el coche fue impulsada por él?
Lily alzó las cejas, en aquél momento ella no había pensado en «lo fácil que era para él ser un mago de fama internacional»*.*Más bien, estaba comenzando a preguntarse cómo había llegado a ser profesor.
—Yo también me pregunto eso, Albus—murmuró McGonagall, todavía con un toque desaprobatorio en la voz— ¿Cómo es posible que alguien…bueno, alguien como ese hombre haya conseguido llegar a profesor?
—Creo, Minerva—respondió amablemente el anciano profesor—, que se debe principalmente a la dificultad que surge año tras año encontrar un profesor para Defensa contra las Artes Oscuras…
La explicación de Dumbledore no consiguió que la profesora se sintiera satisfecha, pero se limitó a asentir con la cabeza.
—Pero cuando yo tenía doce años—continuó—, era tan poco importante como ustedes ahora. ¡De hecho, creo que era menos importante! Quiero decir que hay gente que ha oído hablar de ustedes, ¿no?, por todo ese asunto con El-que-no-debe-ser-nombrado. Lo sé, lo sé, no es tanto como ganar cinco veces seguidas el Premio a la Sonrisa más Encantadora, concedido por la revista Corazónde bruja, como he hecho yo, pero por algo hay que empezar.
— ¿Dije que era tonto? —Preguntó Sirius riendo animadamente—Supongo que el termino adecuado era " idiota ".
— ¿Piensa que ganar un premio de revista es más importante que vencer a Voldemort? —añadió James, que también reía incrédulamente. Ese hombre necesitaba poner en orden sus prioridades y, si podía, también necesitaba una visita con alguno de esos muggles que curaban a la gente que estaba mal de la cabeza .
Lily parecía estar dividida entre la exasperación y las ganas de reír.
Todo el mundo comprendía perfectamente el sentimiento.
Finalmente, continuaron escuchando como Harry y Lily regresaban a la clase de Herbología, donde la profesora estaba haciendo preguntas sobre las mandrágoras. Y, por supuesto, la primera pregunta había sido contestada por Hermione. Hizo una nueva pregunta…
— ¿Alguien quiere apostar a que Hermione contesta otra vez? —preguntó Sirius animado.
—No, Canuto —replicó James soltando una risa—Todos sabemos que va a ser ella la que conteste.
Después de que Hermione explicara que las mandrágoras eran terribles para quien las escuchaba, y que la profesora Sprout indicara que por esa razón utilizarían orejeras, a los tres merodeadores de la habitación se les escapó una sonrisa.
Hubo un forcejeo porque todos querían coger las únicas que no eran ni de peluche ni de color rosa.
—Recuerdo la primera vez que trabajamos con mandrágoras—comentó James — ¡No puedo creer que esas orejeras sigan allí!
— ¡Es verdad! —Murmuró Sirius recordando, para luego echarse a reír. — ¡Y aquella vez, Remus y Peter tuvieron que usar las orejeras rosas!
—Ja,ja, Me muero de la risa —mustió Remus sarcásticamente— ¿Por qué no se callan y ponen atención a lo que estamos leyendo?
—Remus tiene razón—intervino Lily— ¡Cállense! Dejen de portarse como niños… ¡En especial tu, Sirius!
—Yo también te quiero, pelirroja—rió Sirius, poniendo los ojos en blanco.
James sin embargo, no contestó a su esposa, ya que la mención de Peter le había hecho preguntarse de nuevo por qué él no podía estar allí con ellos.
Harry, Ron, Lily y Hermione compartieron su bandeja con un muchacho de Hufflepuff.
—Justin Finch-Fletchley —dijo alegremente, dándole la mano a Harry—. Claro que sé quién eres, el famoso Harry Potter. Y tú eres Hermione Granger, siempre la primera en todo. La famosa Lily Potter. Y Ron Weasley. ¿No era tuyo el coche volador?
Ron no sonrió. Obviamente, todavía se acordaba del howler.
—Creo que lo has traumatizado, hermana—comentó Gideon en un claro tono de broma.
—Oh, sí—añadió Fabián, fingiendo que se cubría desesperadamente el rostro— ¡Jamás será el mismo de antes al abrir un sobre color rojo de nuvo!
—¿Quieren comportarse? —gruñó Molly dedicándoles una mirada enfadada.
—Ese Lockhart es famoso, ¿verdad? —dijo contento Justin—.¿Han leído sus libros? Yo me habría muerto de miedo si un hombre lobo me hubiera acorralado en una cabina de teléfonos, pero él se mantuvo sereno y ¡zas! Formidable.
Remus se sintió incomodo ante las palabras del muchacho. Y al darse cuenta de eso, Sirius le dedicó unas palmadas en la espalda, como diciendo 'no te preocupes, Lunático' . El joven licántropo sonrió. A pesar de que constantemente se quejaba de que Sirius tenía más de adolecente que de adulto, no podía evitar pensar que era fantástico que así fuera.
»Me habían reservado plaza en Eton, pero estoy muy contento de haber venido aquí.
— ¿Eton? —preguntó Alice sin comprender la palabra.
—Es una escuela muggle, una de las mejores—aclaró Lily—El chico debe tener padres muggles…
Continuaron escuchando como los muchachos comenzaban a trabajar con las plantas, sin tener más oportunidad de hablar.
Todo lo que Harry había aprendido el año anterior parecía habérsele ido de la cabeza durante el verano.
A pesar de que la profesora McGonagall se caracterizaba por controlar sus emociones, no pudo disimular el enfado que le provocaba aquello.
Y no era la única. Lily había fruncido los labios con fuerza y parecía estar luchando consigo misma para no ponerse a gritar. Por más que le daba vueltas al asunto, la actitud de su hermana le parecía inaceptable y, aunque ella no lo demostrara, le entristecía.
Tenía que convertir un escarabajo en un botón, pero no lo conseguía.
James pareció ligeramente decepcionado por el hecho de que su hijo no fuera tan bueno en transformaciones como él lo había sido en su momento.
A Ron aún le iba peor. Había recompuesto su varita con un poco de celo que le habían dado, pero parecía que la reparación no había sido suficiente.
—Oh, deberías pedirnos que te repusiéramos la varita, Ron—murmuró Molly preocupada por el hecho de que tal vez su hijo podría herirse si no tenía más cuidado.
A Lily por otro lado, no le iba tan mal como a su hermano, y le iba mucho mejor que a Ron. No había hecho grandes avances con su trabajo, pero claramente iba por un buen camino. La chica casi sonrió agradecida ante el hecho de que Hermione estudiara todas las noches, casi siempre en voz alta.
Algunos hicieron una mueca al imaginarse estudiando todas las noches, pero, al fin y al cabo, aparentemente eso estaba ayudando mucho a Lily.
Después, oyeron cómo los muchachos salían del lugar.
— ¿Qué hay esta tarde? —dijo Harry, cambiando de tema rápidamente.
—Defensa Contra las Artes Oscuras —dijo Hermione en el acto.
—Ahora veremos si Lockhart hace bien su trabajo—comentó Marlene—Aunque lo dudo muchísimo.
—¿Por qué —preguntó Ron, cogiéndole el horario— has rodeado todas las clases de Lockhart con corazoncitos?
No pudieron evitarlo. James, Sirius, Gideon y Fabián estallaron en carcajadas como si hubieran escuchado lo más gracioso del mundo. Remus, Frank y Edgar sonrieron, pero a diferencia de los otros, intentaron disimularlo lo más que pudieron.
Y finalmente Lily, Alice, Marlene, Molly y McGonagall les dedicaron una mirada severa a los jóvenes, que aún parecían estar ahogándose de la risa.
— ¡No encuentro lo gracioso, James! —Gruñó Lily— ¡Ya para!
—Cora...corazoncitos —rió James— ¡Corazoncitos!
— ¡Black! —Mustió la profesora McGonagall, en dirección al mago de ojos grises que seguía riendo— ¡Contrólese!
— ¡Gideon! ¡Fabián! —Exclamó Molly comenzando a molestarse— ¡Compórtense de acuerdo a la edad que tienen!
— ¿Pueden explicarme cuál es la gracia? —inquirió Marlene poniendo los ojos en blanco y sin recibir una respuesta.
—Hombres—bufó Alice, como si aquella palabra explicara el comportamiento de los magos.
Pasaron unos minutos antes de que los muchachos se tranquilizaran, aunque todos tenían una amplia sonrisa.
—Será mejor que sigamos leyendo—comentó Arthur, que veía como su esposa les dedicaba miradas de fastidio a sus hermanos.
Mientras leían, pasó algo extraño que desconcertó a varios. Escucharon como un niño le pedía a Harry permiso para tomarle una foto.
— ¿Me dejas, Harry? Soy... soy Colin Creevey —dijo entrecortadamente—. Estoy en Gryffindor también.
—¿Una foto? —Preguntó James extrañado— ¿Para qué quiere una foto?
—¿Por qué quieres una foto de Harry? —preguntó Lily alzando las cejas.
El chico dio una gran explicación demasiado rápida, para después casi suplicarle a Harry que, si dejaba que le tomara una foto, que se la firmara.
—Creo que este chico está fascinado con Harry—murmuró Hagrid sorprendido.
—Estoy de acuerdo…—asintió Edgar, algo desconcertado.
—¿Firmar fotos? ¿Te dedicas a firmar fotos, Potter?
En todo el patio resonó la voz potente y cáustica de Draco Malfoy.
—¡Aggh, genial!—masculló Sirius sarcásticamente. ¿Por qué siempre que había un problema o algo parecido, Malfoy aparecía en el lugar?
—Estúpido envidioso—gruñó James contrariado.
—No es verdad —dijo Harry de mal humor—. ¡Cállate, Malfoy!
—Sí, haz el favor de callarte, Malfoy—gruñó Lily, deseando que aquél mocoso se fuera a otro lado.
—Lo que pasa es que le tienes envidia —dijo Colin, cuyo cuerpo entero no era más grueso que el cuello de Crabbe.
—¡Bien dicho chico! —aprobó Sirius.
—¿Envidia? —dijo Malfoy—. ¿De qué? ¿De tener una asquerosa cicatriz en la frente? No, gracias. ¿Desde cuándo uno es más importante por tener la cabeza rajada por una cicatriz?
—Canuto ¿Recuerdas tu idea de arrojar a ese mocoso por la torre de Astronomía? —Preguntó Remus, con una nota de enfado obvia en la voz— ¡Me parece que sigue siendo una gran idea!
Algunos lo miraron sorprendidos, pero Sirius y James le dedicaron una enorme sonrisa.
—Y ¿Desde cuándo uno es más importante por ser un idiota descomunal? —replicó Lily, sacando aquella arrogancia en ella que solo salía a la luz cuando realmente estaba enojada.
— ¡Excelente, pequeña! —murmuró Sirius con orgullo.
—Lo de "idiota descomunal" estuvo bastante acertado—rió James.
—¿Qué pasa aquí? ¿Qué es lo que pasa aquí? —Gilderoy Lockhart caminaba hacia ellos a grandes zancadas—. ¿Quién firma fotos?
— ¿Hay un problema y lo único que se le ocurre decir es, "quién firma fotos" ?
—¡No sé por qué lo he preguntado! ¡Volvemos a las andadas, Harry!
—Idiota—dijo Gideon.
—Estúpido—le apoyó Fabián.
—Vamos, señor Creevey —dijo Lockhart, sonriendo a Colin—. Una foto de los dos será mucho mejor. Y te la firmaremos los dos.
—Este tipo es verdaderamente imbécil —musitó Edgar exasperado.
Escucharon como Colin fotografiaba a Harry y a Lockhart, para que luego este mandara a todos los alumnos a sus clases, mientras él se quedaba con Harry.
»Quisiera darte un consejo, Harry —le dijo Lockhart—Te he ayudado a pasar desapercibido con el joven Creevey, porque si me fotografiaba también a mí, tus compañeros no pensarían que te querías dar tanta importancia.
—Ay por Merlín—refunfuñó Alice incrédula— ¿Cómo puede existir alguien tan inepto?
Por supuesto, todo el mundo se daba cuenta de que si alguien tenía que elegir entre Lockhart, Harry o incluso Lily, todos mandarían al diablo a Lockhart, que estaba demostrando tener la misma cantidad de cerebro que un fósforo.
Finalmente, Harry se liberó de Lockhart, para luego ir apresuradamente a la clase de Defensa Contra las Artes Oscuras.
—Se podía freír un huevo en tu cara —dijo Ron—. Más te vale que Creevey y Ginny no se conozcan, porque fundarían el club de fans de Harry Potter.
—Eso suena genial…—comentó James sonriendo ante la idea.
—Cállate —le interrumpió Harry. Lo único que le faltaba es que a oídos de Lockhart llegaran las palabras «club de fans de Harry Potter».
—Seguramente se moriría de la envidia—rió Marlene animadamente, mientras todos los demás reían ante la posibilidad de que esa idea se realizara.
Después, escucharon como Lockhart entraba en el aula, para exasperación de muchos presentes.
—Yo —dijo— soy Gilderoy Lockhart, Caballero de la Orden de Merlín, de tercera clase, Miembro Honorario de la Liga para la Defensa Contra las Fuerzas Oscuras, y ganador en cinco ocasiones del Premio a la Sonrisa más Encantadora, otorgado por la revista Corazón de bruja, pero no quiero hablar de eso. ¡No fue con mi sonrisa con lo que me libré de la bansheeque presagiaba la muerte!
—¿Se suponía que eso era gracioso? —preguntó Frank, al que cada vez le desagradaba más Gilderoy Lockhart.
Y no era el único. A todos les parecía que Lockhart simplemente alardeaba y alardeaba de sí mismo, pero no mostraba ni una sola pizca de actitud mágica respetable.
Después de escuchar todas las cosas sin sentido que Lockhart decía, escucharon como todos los alumnos se disponían a realizar un cuestionario.
1.**¿Cuál es el color favorito de Gilderoy Lockhart?
—¿Qué clase de pregunta es esa? —inquirió McGonagall—Se supone que debería de hacer preguntas respecto a los argumentos del libro…
2.**¿Cuál es la ambición secreta de Gilderoy Lockhart?
— ¿A quién demonios le importa? —murmuró James burlonamente. ¿De qué le serviría a los muchachos saber cual era la ambición más grande el tipo?
3. ¿Cuál es, en tu opinión, el mayor logro hasta la fecha de Gilderoy Lockhart?
—Bueno, creo que "Mantener la boca cerrada por más de cinco minutos" podría considerarse un logro muy grande para él….—opinó Alice sonriendo de manera burlona.
Así seguía, a lo largo de tres páginas, hasta:
54. ¿Qué día es el cumpleaños de Gilderoy Lockhart, y cuál sería su regalo ideal?
— ¿Cincuenta y cuatro preguntas sobre un idiota? —Dijo Sirius incrédulo— ¡Pobres chicos!
Lily había observado incrédulamente la hoja. ¿Qué diablos tenía que ver todo aquello con Defensa Contra las Artes Oscuras?
— ¡No tiene absolutamente nada que ver con la materia!—gruñó la profesora McGonagall, que parecía escandalizada.
Suspiró. Tendría que inventarse las respuestas, ya que no tenía ni idea de que responder.
Después de que Lockhart declarara que la única que había respondido bien las preguntas había sido Hermione,( —Era de esperarse…—rió Sirius, negando con la cabeza.), les dijo que harían un ejercicio.
—Tengo la corazonada de que hará realmente tonto—comentó Hagrid.
—Espero que no tengas razón, Hagrid—repuso la profesora McGonagall—Por lo que he visto de él, me he dado cuenta de que este hombre no es apto para enseñar absolutamente nada. Y dudo que pueda manejar algo en caso de que la situación se salga de control.
Lily intentó distinguir algo. Neville se encogía en su asiento de la primera fila.
—No te preocupes, cariño—murmuró Alice tiernamente acariciando vientre—Dudo que Lockhart sea tan tonto como para traer algo peligroso en su primera clase…
Cuando toda la clase estaba con el corazón en un puño, Lockhart levantó la funda.
—Sí —dijo con entonación teatral—, duendecillos de Cornualles recién cogidos.
— ¿Está hablando en serio? —preguntó Edgar, en espera de que alguien dijera que había sido un chiste.
En el rostro de casi todos los presentes apareció una mueca de incredulidad y fastidio, que fueron suficiente respuesta a la pregunta de Edgar.
—Está bien —dijo Lockhart en voz alta—. ¡Veamos qué hacen con ellos! —Y abrió la jaula.
— ¡Merlín! ¿Qué tan imbécil puede ser una persona? —Mustió Lily enfadada— ¡Aunque sean inofensivos, los chicos no están preparados para arreglárselas con duendecillos!
Se armó un pandemónium. Los duendecillos salieron disparados como cohetes en todas direcciones. Dos cogieron a Neville por las orejas y lo alzaron en el aire.
— ¿Por qué tienen que lastimar a mi bebé? —Exclamó Alice horrorizada— ¡Déjenlo!
—Tranquilízate, cielo —dijo Frank, intentando calmar a su esposa—No va a ocurrirle nada malo, no puede sufrir mucho daño…
A pesar de las palabras que empleaba para tranquilizar a su esposa, Frank estaba deseando darle un golpe a Lockhart por semejante tontería.
—Vamos ya, rodéenlos, rodéenlos, sólo son duendecillos... —gritaba Lockhart.
—Es el profesor más inepto de la historia—exclamó Remus indignado— ¿En qué demonios estaba pensando?
Se remangó, blandió su varita mágica y gritó:
—¡Peskipiski Pestenomi!
— ¡Eso no existe! —Gritó McGonagall completamente furiosa— ¡No existe! ¿Si no sabe lo que tiene que hacer, cómo se le ocurre soltar a los duendecillos? ¡Idiota!
Muchos observaron sorprendidos a la profesora. Todos estaban enfadados con Lockhart, y habían llegado a la conclusión de que no tenía ni la menor idea de lo que era enseñar, pero no habían visto a la profesora perder los estribos de esa manera.
—Bueno, ustedes meterán en la jaula los que quedan. —Lockhart señaló a Harry, Lily, Hermione y a Ron. Salió y cerró la puerta.
— ¿Tengo su permiso para insultar a ese idiota con todo lo que se me ocurra, profesora? —preguntó Sirius, bastante contrariado, a McGonagall.
Ella pareció vacilar un momento, pero luego murmuró en voz baja:
—Tiene mi permiso, Black, solo asegúrese de que yo no escuche todo lo que diga.
Las palabras de la profesora lograron arrancar una sonrisa en todos los presentes. Y Sirius decidió que sería mejor despotricar contra Lockhart una vez acabado el capítulo.
—Sólo quiere que adquiramos experiencia práctica —dijo Hermione, inmovilizando a dos duendecillos a la vez con un útil hechizo congelador y metiéndolos en la jaula.
—¡Oh, vamos! ¿Experiencia práctica? —rió James—¡Estaba más perdido que nada, Hermione! ¡Tú serías mil veces mejor maestra que él!
Eso nadie podía discutirlo, por supuesto.
— ¿Experiencia práctica? —dijo Harry—. Hermione, él no tenía ni idea de lo que hacía.
James sonrió encantado. Le fascinaba cuando Harry decía cosas parecidas a él.
—Eso es verdad—le apoyó Lily—Lo único que nos enseñó es que no hay que abrir una jaula llena de duendecillos…ah, y que es un completo inútil.
Ahora todos sonreían. Al parecer la única que estaba en desacuerdo con que Lockhart era un idiota, era Hermione.
—Mentira —dijo Hermione—. Ya has leído sus libros, fíjate en todas las cosas asombrosas que ha hecho...
—Puedo asegurar, que esos libros son puras mentiras—murmuró Alice, dejando entrever una nota de resentimiento en la voz.
—Que él dice que ha hecho —añadió Ron.
—Que obviamente no ha hecho—señaló Alice, sonriendo.
—Bien, nos vemos más tarde, chicos—dijo Lily, antes de que Hermione pudiera discutir.
— ¿A dónde vas? —inquirió Harry curioso.
—Hoy son las pruebas para entrar en el equipo de quidditch—anunció la chica sonriendo—Me lo dijo Wood…
James, Sirius y Remus sonrieron ampliamente, los primeros dos parecían haber recibido la mejor noticia de sus vidas.
Harry se limitó a sonreírle a su hermana. Por lo menos, había recibido una buena noticia aquél día.